[Bitácora Metahumana]: Lunes 18 julio de 2005

Erie Street 446, apartamento 513, quinto piso. Cuando gozo de algún tiempo libre me gusta ir caminando a la playa de la calle Ohio, sólo para contemplar el mar. Nunca entro al agua, sigo preguntándome cómo es que no sé nadar. Nadie se tomó la molestia en enseñarme y nunca creí que fuera útil, ¿para qué ir por debajo del agua si podías correr sobre ella?

Me siento extraño sin mi uniforme, me siento vacío cuando no estoy trabajando. En la esquina de mi edificio está aquel loco de la pancarta que vive pregonando el advenimiento del Götterdämmerung. Alguna vez fue ministro de la Iglesia de Continue reading «[Bitácora Metahumana]: Lunes 18 julio de 2005»

Centinela de la noche y el silencio

El cuarto donde la niña estaba era un minúsculo cubículo sin ventanas donde apenas cabía el lecho donde permanecía postrada. Su existencia prolongándose tan solo debido al constante trabajo de máquinas a las que había estado conectada desde el momento de su nacimiento. Sumida en el silencio y la oscuridad, incapaz de mover un solo músculo, quizás destinada a una muerte temprana. Pero los años habían transcurrido y había vivido para llegar a ser testigo de esos días.

Pues podía contemplar la enorme flota destacada nítidamente a la luz de un sol Continue reading «Centinela de la noche y el silencio»

No me miren

«La noche es un monstruo hecho de ojos»
G. K. Chesterton

Una secretaria pasó por afuera de la oficina del Jefe Cárdenas llevando unos papeles. Al pasar frente al ventanal, le echó una mirada breve y coqueta a Ibarra y López, los detectives. El ojo izquierdo era verde. El ojo derecho, color miel.

—Está de moda, definitivamente —dijo el Genio a sus espaldas, sonriendo desde atrás de sus gafas.
—Si el Doctor Forrester hubiera tenido razón —gruñó el Jefe Cárdenas detrás de su escritorio—, ahora tendríamos más de la mitad de Continue reading «No me miren»

El productor de suicidios

La última vez que lo vi chupaba con desesperación el cañón amargo de un revólver, finalmente decidido pero incapaz de apretar el gatillo por segunda vez. La sangre se acumulaba en su oreja y formaba un charco negro en el suelo, del que todos se alejaban más con asco que con compasión. La primera bala había esquivado el cerebro como había podido, arañando sólo el lóbulo parietal derecho y haciendo astillas el hueso al salir del cráneo. Sus ojos permanecían abiertos, pero no creo que viera algo más que las baldosas azules y blancas del piso del comedor. Con la lengua enroscada en torno al Continue reading «El productor de suicidios»

La Ciudad

Primero fueron los perros.

Al principio todos guardaron silencio. Pero con el correr de los días sus aullidos comenzaron a cubrir la ciudad. Era como un clamor general lanzado desde los más secretos rincones. Era como si estuviesen llamando a sus amos, los que tuvieron, otros simplemente se unían al coro. Los callejeros deambulaban por las calles y de vez en cuando tomaban un cuerpo y saciaban su hambre. Los que estaban en los departamentos simplemente quedaron encerrados hasta morir de inanición. Los que estaban en casas y jardines, corrieron hasta el cansancio y Continue reading «La Ciudad»

La Hermandad del Viento [Fragmento]

Todo permanecía en silencio, hasta que sobrevino el caos. Al unísono, las tres enormes puertas del templo de Trepal estallaron convertidas en una tormenta de fuego, madera y metal, asustando a todos los animales de la isla. La mayoría de los Monjes Púrpura cayeron al suelo, en medio del humo y los fragmentos incandescentes. Estaban perdidos.

Durante tres días, el templo más sagrado de la Orden había resistido un incesante ataque con flechas incendiarias, proyectiles lanzados desde catapultas y arietes que intentaban una y otra vez derribar alguna de sus tres centenarias puertas. Y finalmente Continue reading «La Hermandad del Viento [Fragmento]»

Los niños (o La bella durmiente y los siete enanitos)

Rolando había logrado infiltrarse en la prisión-fábrica a través de una abertura encontrada en una alambrada en mal estado. Su misión era destruir las máquinas de azúcar, nombre común de la potente droga que significaba el corrupto sustento de esa nación. El sector carecía de guardias. De todas formas buscó donde ocultarse. Caminó extensamente entre basura y escombros buscando un lugar adecuado, siempre agazapado. El viento corría helado haciendo tremolar el extremo del largo abrigo. Las nubes grises navegaban suavemente y lo cubrían todo, como si el cielo entendiera la depresión en que se Continue reading «Los niños (o La bella durmiente y los siete enanitos)»

Los dos soles del ocaso

Two suns in the sunset
could be the human race is done?
Roger Waters

1

Y los hombres se dieron cuenta de que las leyendas eran ciertas: hubo un inicio y habrá un fin.

En una noche futura.

Siempre todo transcurría en el pasado o en el futuro, hasta que la noche prometida por fin llegó.

2

En algún lugar del Asia menor, a la hora en que el sol comenzaba a descender en el poniente, en el oriente del cielo apareció una estrella nueva Continue reading «Los dos soles del ocaso»

Melek Taus

En tan sólo dos meses La Plaga cobró la vida de algo así como tres billones y medio de personas (…) Los cadáveres se acumulaban interminablemente en plazas y avenidas. La infección flotaba sobre las ciudades y la Tierra se convirtió, de la noche a la mañana, en un gigantesco cementerio planetario (..) De pronto, tras un instante en que hasta las olas se detuvieron, bajaron de entre las nubes ingentes bandadas de seres andróginos, esbeltos y pálidos, de negros e inexpresivos ojos abisales y enormes alas emplumadas que batían desde sus omóplatos (…) los arcángeles dieron cuenta de los cuerpos sin vida que cubrían la tierra devorándolos con Continue reading «Melek Taus»

Confesiones de un semidiós agobiado

¿Que por qué temo al compromiso y la responsabilidad, dices? Nena, ¿cómo quieres que te cuente eso? Que es una cosa tan íntima como el perfume que usa uno, el recuerdo de su primer amor o la marca de esa crema depilatoria que le deja las piernas tersas como el culito de un bebé recién salido de su baño de la mañana. Y esas son cosas muy íntimas, no sé si me quieres entender…

Oh, está bien: ya que siempre te empeñas en tratar de sonsacarme por qué tengo tanto miedito al asunto de la paternidad esa, te lo explicaré ahora que estás tan rica, dormidita con Continue reading «Confesiones de un semidiós agobiado»