El Mutante como Mecanismo Argumental

por Sergio Alejandro Amira

Si la ciencia ficción es, como creo, una literatura de cambios, de infinitas posibilidades, el mutante es la quintaesencia del género al centrar tales cambios en el interior de cada uno de nosotros, en el propio plasma germinal humano.
–Robert Silverberg–

A la hora de referirse a este tema es imperioso contar con ciertas definiciones. En lo que al origen de los términos “mutación” y “mutante” se refiere, ambos se derivan del latín “mutare” (cambiar) y fueron acuñados por el genetista y botánico holandés Hugo de Vries a fines del siglo XIX.
Si un mutante es un sujeto que ha sufrido una mutación pues debemos contar con una definición científica de este proceso. Como soy un lego en la materia, me remito a la información que he encontrado en los Hipertextos del Área de Biología de la Universidad del Nordeste, Argentina, que me han parecido suficientemente confiables y que señalan lo siguiente:
Las mutaciones pueden ser cambios puntuales que cambien un solo nucleótido por otro, pueden implicar una deleción, duplicación o transposición de una porción de ADN o ser tan drásticos como cambios en el número de cromosomas. Que la mutación sea buena, neutral o dañina, depende de como afecte a la supervivencia del individuo y su éxito reproductivo, también depende del ambiente y como éste puede cambiar. Con respecto a la velocidad de mutación, ésta varía mucho entre las especies e incluso entre los genes de un individuo.
¿Y cual es la causa de las mutaciones? De acuerdo a Robert Silverberg en su introducción a la novela Tiempo de mutantes …las mutaciones son causadas por cambios químicos en el núcleo, alteraciones de la temperatura o rayos cósmicos que alcanzan al gen; también pueden ser producidas artificialmente sometiendo el núcleo a la acción de los rayos X, la luz ultravioleta y otras radiaciones duras.
Ahora bien, según La página de la Evolución Biológica (http://www.evolucion-biologica.cjb.net), en líneas generales los tipos de mutaciones se dividen en mutaciones génicas y mutaciones cromosómicas. Las mutaciones génicas ocurren cuando una secuencia de nucleótidos es alterada mientras que las cromosómicas afectan al número de cromosomas o a su estructura o configuración. Esta última clase de mutación es particularmente interesante (por lo menos para mí), sobretodo cuando aparecen genes duplicados y poliploidías (que puede dar origen a una nueva especie).
La película de quienes sean probablemente los mutantes mediáticos más famosos (los X-Men) nos informa que la mutación es la clave de nuestro proceso evolutivo, pero cabe señalar que los efectos en gran escala de una mutación se producen sólo cuando esta se combina con otros factores que alteren el conjunto de genes. Lamentablemente para los curiosos impacientes los procesos evolutivos son algo lentos y La tasa de mutaciones espontáneas baja. Tal y como nos informa La página de la Evolución Biológica, si bien es cierto que organismos con períodos muy cortos entre generaciones y ciclos haploides como los procariotas sólo pueden evolucionar rápidamente mediante mutaciones, …en la mayoría de los animales y vegetales, su condición diploide y sus ciclos de vida largos previenen que la mayoría de las mutaciones afecten de manera significativa a la variación de la población. Estos organismos dependen de la reproducción sexual para producir la variabilidad genética que hace posible la adaptación. Por lo tanto hemos de inferir que la evolución no depende exclusivamente de las mutaciones que surgen en cada generación, sino más bien de la acumulación de toda la variabilidad durante la evolución de las especies.
Como el presente artículo pretende ofrecer un acercamiento literario y no científico al tema del mutante sugiero a los interesados consultar cualquiera de las páginas citadas anteriormente o leer a Francisco J. Ayala (como me recomendaron a mí), que es una autoridad mundial en el tema.
Mutantes fundadores
El mutante como mecanismo argumental aparece tempranamente en la literatura con la publicación de The Telescopic Eye (1876) de W.H. Rodees y Un Autre Monde (1895) de J. H. Rosny, dos historias de niños con superpoderes (visión telescópica y visión extra-espectral respectivamente) pero no es sino hasta The Hampdenshire Wonder (1911) de J. D. Bereford, sin embargo, que las implicaciones sociológicas de un ser con habilidades superiores son plenamente abordadas.
La maravilla de Hampdenshire se llama Victor Stott y es un niño de cabeza enorme incapaz de hablar pero poseedor de una inteligencia prodigiosa y la habilidad de controlar a los demás con la mirada. En el mismo pueblo de Hampdenshire vive un sujeto con hidrocefalia de limitado intelecto pero inmune a los poderes coercitivos de Victor, quien a la larga será el causante de la muerte accidental por inmersión del mutante.
Una de las características que hace única a The Hampdenshire Wonder es que evita el sensacionalismo y la paranoia de textos posteriores tales como Jean Arlog, le Premier Surhomme (1921) de Georges Lebas, Gladiador (1930) de Philip Wylie –antecedente directo de Superman–, Juan Raro (1935) de Olaf Stapledon y Slan (1940) de A.E. Van Vogt.
Juan Raro es la historia de un mutante de extraordinarios poderes mentales que atormentado por la soledad usa sus habilidades para ganar grandes sumas de dinero y así dedicarse a la búsqueda de otros como él alrededor del mundo, estableciendo luego una colonia secreta en una isla de los Mares del Sur (los molestos lugareños son “coersionados” por los mutantes a cometer suicidio en masa). Una vez instalados los jóvenes mutantes organizan un Jardín del Edén tecnocrático eligiendo vivir rústicamente a pesar de poseer incluso energía atómica al ser capaces de abolir con sus poderes algunas fuerzas nucleares. Luego de esto los mutantes hicieron planes reproductivos, revisaron su posición relativa en el universo, alcanzaron una cuasi-Unidad trascendental llamada conciencia astronómica, abrazaron las mentalidades alienígenas que habitaban otros sistemas estelares y descubrieron que estaban condenados a muerte. Pese a los esfuerzos de camuflaje psíquico la isla es descubierta por un buque inglés, comienzan entonces las negociaciones entre homo sapiens y homo superior, mientras algunos países ven a la pequeña isla como una amenaza otras ambicionan sus logros. Finalmente las potencias mundiales deciden enviar asesinos para eliminar a los mutantes con tácticas de guerrilla. Estos, pese a contar con un haz de protones, deciden suicidarse ya que “no iba a haber paz hasta que domináramos el mundo”, lo que les hubiera tomado mucho tiempo, dejándolos “con el espíritu distorsionado.” Los mutantes reunidos enfocan sus poderes en su estación de energía atómica y hacen estallar la isla en una gigantesca bola de fuego. (Juan Raro es ampliamente citada en la Intervención de Julian May, volumen puente entre la Saga del Exilio en el Plioceno y la Trilogía del Medio Galáctico que narra la ascensión de los poderes metapsíquicos en la Tierra, bajo la atenta vigilancia extraterrestre).
Slan cuenta la historia de Jommy Cross, un huérfano de nueve años que al igual que sus asesinados padres es un “slan”, miembro de una raza mutante telepática y super-inteligente creada por el científico Samuel Lann. Al igual que los otros slans, Jommy sufre el odio de los humanos “normales”, alimentado por la propaganda gubernamental, y además descubre la existencia de toda una raza de mutantes no-telepáticos desprovistos de las características físicas que denotan a un verdadero “slan” (apéndices craneales parecidos a tentáculos). Estos pseudo-slans conforman una población de millones que desconfía tanto de los humanos como de los slans verdaderos, y que ha construido una vasta organización secreta con el propósito de dominar al mundo. Los verdaderos slans mientras tanto permanecen tan bien ocultos que ni el poderoso Jommy puede encontrar evidencia alguna de ellos, a excepción de una muchacha algo mayor que él que es mantenida “bajo observación”, por el dictador humano Kier Gray. Esta primera novela de A. E. van Vogt, publicada inicialmente por entregas en una revista, se convirtió en un clásico instantáneo a tal punto que los aficionados de la ciencia ficción pronto acuñaron la frase “los fans son slans”
Las mutaciones causadas por la radiación cobrarían aún mayor interés luego de las primeras explosiones atómicas en 1945 multiplicándose en la literatura de ciencia ficción los relatos de mutantes y apocalipsis atómicos que a su vez servirían de principal inspiración para los mutantes más famosos y mediáticos de todos; los X-Men.
Los chicos de Xavier
Uncanny X-Men puede haber sido un concepto original para los cómics pero es evidente que Lee y Kirby no hicieron otra cosa sino vestir de superhéroes a los mutantes de las novelas de ciencia ficción que trataban el tema, principalmente la serie Baldy (1945-1953) de Henry Kuttner y Children of the Atom (1948-1950) de Wilmar Shiraz. De Kuttner la legendaria dupla creativa de Marvel adoptó la visión paranoica de un futuro en que una facción de telépatas calvos (como el líder de los X-Men, Charles Xavier) luchan por prevenir que otro grupo de mutantes le declare abiertamente la guerra a los humanos, mientras que de Shiraz tomaron la idea de un grupo de mutantes superinteligentes que fundan su propia academia privada para así cobijar y entrenar a otros como ellos. Kirby sería reemplazado en el número 18 por Werner Roth y Lee en el número 20 por Roy Thomas. A Roth le seguirían Don Heck, Jim Steranko (dos números), Barry Windsor Smith (un número), Neal Adams, y Sal Buscema que dibujaría el último número regular de la primera etapa de Uncanny X-Men. Thomas sería relevado en los guiones por Gary Friedich que a su vez sería sucedido por Arnol Drake (creador de la Doom Patrol que guarda varias similitudes con los X-Men) hasta el regreso de Thomas.
Al parecer la propuesta de Uncanny X-Men era demasiado innovadora para los lectores de principios de los 1960’s (acostumbrándose recién a las notables innovaciones conceptuales que Marvel proporcionó al género de superhéroes) ya que el título sería cancelado en el número 65 de 1970.
Tras un lapsus de cinco años los mutantes marvelianos realizan un espectacular regreso con el clásico Giant Size X-Men #1 a cargo de Len Wein y Dave Cockrum. Este especial marca el término de la Edad de Plata del Universo Marvel e introduce a nuevos mutantes como Wolverine, Tormenta, Coloso, Banshee, Nightcrawler, Sunfire y Thunderbird. Tras su notable renovación del equipo mutante, Wein abandona los títulos-X dejando a cargo de los guiones a su asistente Chris Claremont que a partir del número 96 y hasta el 279 se encargaría durante diecisiete años de narrar las aventuras de los X-Men siendo asistido en el apartado gráfico, entre otros, por Dave Cockrum, John Byrne, John Romita Jr., Marc Silvestri y Jim Lee. A Claremont lo sucedió una larga lista de autores dentro de los cuales cabe destacar a Whilce Portacio, Scott Lodbell, Jim Lee, Fabian Nicieza, Steve Seagle y Chris Bachalo y Alan Davis que entregó el título el 2000 nuevamente a Chris Claremont quien tras una decepcionante temporada abandona el cómic para regresar una vez más en Uncanny X-Men #444 (julio 2004). Sería largo enumerar todos los spin-offs de Uncanny… y al sinnúmero de artistas y escritores que han trabajado en ellos pero cabe destacar a la etapa a cargo de Grant Morrison y Frank Quitely (cuando no estaba siendo reemplazado por Igor Kordey o Phil Jimenez) en New X-Men (julio 2001-mayo 2004).
Juan Raro, Slan y Uncanny X-Men expusieron muy bien la condición ambivalente del mutante, empleado por una parte para retratar los más profundos temores xenófobos y prejuicios sociales, y por otro para servir como promesa de un “Homo superior.” Una constante de este tipo de relatos es que no importa si el mutante es un héroe o un villano, siempre estará bajo sospecha y siempre será un marginado de una sociedad que le teme. ¿Siempre? Dentro de las innovaciones a las que Morrison sometió a los mutantes marvelianos se encuentra la asimilación de estos a la sociedad. Ya no hay sólo gente que les teme y desprecia, también hay quienes les idealizan, como demuestra que las t-shirts de Magneto sean las más vendidas entre la juventud norteamericana. Música mutante, estilos mutantes, ideas mutantes se están volviendo cada vez más y más populares, relata una lectora de noticias en New X-Men #118. Los mutantes de Morrison son una sub-cultura de moda, y no son pocos los que desean ser como ellos, particularmente los U-Men dirigidos secretamente por el millonario farmacéutico; portavoz del movimiento “transpecies” y autor del best-seller La tercera especie: John Sublime. Por qué le evolución debe ser para unos pocos, le elite genética en sus ajustados trajes y bikinis? ¿No podemos todos pertenecer a esa elite? Seguro, los mutantes tienen poderes especiales, pero la humanidad posee cirugía radical y nuevos procedimientos de modificaciones genéticas, explica Sublime a los X-Men en su oficina. El objetivo del movimiento de Sublime no es sólo dotar a humanos normales de poderes mutantes sino emular el comportamiento, la arrogancia y seguridad que según él poseen los “homo superiores”. Para lograr sus objetivos Sublime y sus U-Men recurren al tráfico de órganos y genes mutantes para dotar a sus clínicas clandestinas de transplantes.
Existe por lo menos una obra más, de la cual tengo conocimiento, en que humanos “normales” intentan convertirse en mutantes y formar parte de su cultura: la opera prima de Jack Womack, Ambiente (1987) que tal vez Morrison haya leído.

Ambientes

La novela de Womack describe un mundo en que las corporaciones dominan el planeta tras un masivo desastre económico conocido como la “Ebullición”que ha concentrado todo el dinero en las manos de una reducida elite. Los ambientes a los que alude el título son un grupo marginal de seres con horribles mutaciones producto de un accidente radioactivo que se destacan no solo por sus deformidades sino por su religión y su particular dialecto, una mezcla de inglés victoriano, spanglish y rasta jamaicano que abunda en adjetivos y metáforas. Los padres de los ambientes no tenían otra opción más que tenerlos ya que el aborto estaba penalizado con la pena de muerte y el Gobierno no les quitaba los ojos de encima. Poco después los progenitores de los ambientes desarrollaron cáncer y abandonaron la ciudad junto a sus hijos. Y así, mientras sus padres morían, uno a uno, las jóvenes maravillas intimaron rápidamente; tras asistir a las escuelas que sus padres idearon para ellos, todos se conocían, y eran fabulosamente brillantes. Cuando murió el ultimo de los padres, el grupo de la progenie estaba ya formado; ellos mismos se dieron su propio nombre.
Además de los ambientes “reales” están los “emulados”, gente normal que ha elegido deformarse y hacer propia la subcultura ambiente. Esto fue lo que vio O’Malley, el protagonista de la novela, en el lugar de congregación secreto de los ambientes: Vi a una muchacha con dos cuerpos unidos a una sola cabeza; un hombre con tres cabezas, ninguna completa del todo, como si el escultor hubiera olvidado dónde poner qué; una mujer, una autentica sirena, con sus miembros inferiores unidos, terminados en una ancha aleta; una mujer con tres piernas, balanceándose como si estuviera en un trípode; trillizos siameses; un tipo cuyos brazos terminaban en dos manos en ambas muñecas. Había ambientes voluntarios in ojos, narices, mandíbulas, brazos, piernas, manos o pies; había transis; había dos pequeños; gente a quien nunca había visto antes y a quienes deseé no haber visto nunca. No parecían más que puñados de uvas ambulantes y conscientes. Posteriormente es revelado que las malformaciones de los ambientes no son producto directo de la radiación sino de las píldoras antirradiación, cuyos efectos ya habían sido descubiertos por las autoridades, que decidieron repartirlas de todas maneras para estudiar dichos efectos colaterales, que podrían ser útiles en acciones militares.
Como bien queda demostrado en el número 4 del cómic Generation X (otro de los tantos spin-offs de los X-Men), ser deforme no es sinónimo de ser mutante y para ser justos Womack no emplea dicho término ni una sola vez en su libro. Los ambientes no son mutantes en el sentido que la mayoría de la ciencia ficción lo entiende, son sólo seres contrahechos, con una inteligencia sobresaliente eso sí, pero sin ninguna habilidad especial. Por lo general lo que define a un mutante son justamente estas “habilidades especiales”, que suelen estar relacionadas con los supuestos “poderes de la mente” y no sus atributos físicos. Esta diferenciación entre “fenómeno” y “mutante” es mejor ejemplificada en el siguiente diálogo que Henry Kuttner pone en boca del “Calvo” Al Burkhalter en su novela Mutante:
–Los míos vivieron cerca de Chicago después de la Explosión. Fue por eso.
–Oh –mirada fija–. Sé que fue debido a eso que hubo tantos… –pausa y alarma.
–…fenómenos o mutaciones. Hubo ambas cosas. Yo aún no sé a que categoría pertenezco –agregaba alarmándolos.
–¡Usted no es un fenómeno! –protestaban la mayoría de las veces.
–Bueno, de las zonas cercanas a los blancos de las bombas, afectadas por la radiactividad, salieron algunos especimenes sumamente extraños. Ocurrieron cosas raras en el plasma germinal. Se extinguieron en su mayoría; no podían reproducirse; pero todavía, en centros médicos, es posible hallar unas pocas criaturas… dos cabezas y todo eso, como usted sabe.
No obstante, los otros nunca dejaban de sentirse molestos.
–¿Quiere decir que usted puede leer mi mente… ahora?
–Podría, pero no lo hago. Es una tarea ardua, salvo cuando se hace con otro telépata. Y nosotros, los Calvos… bueno, no lo hacemos, eso es todo.

Poderes mutantes

En el Universo Marvel es el Factor-X el que proporciona a los mutantes sus extraordinarios poderes. Estos poderes se traducen en una suerte de control o manipulación de la realidad o del propio cuerpo en distintos niveles que se traducen en habilidades físicas (como la superfuerza, metamorfosis, invulnerabilidad, etc.) y habilidades psiónicas. Estas últimas son las que predominan en los mutantes literarios por lo cual las analizaremos más a fondo.
Los Espers, psiónicos o poderes psíquicos u extrasensoriales pertenecen a lo que se denomina pseudociencia. El termino psiónico deriva de psi que es una letra griega usada como símbolo para identificar cantidades desconocidas en formulas matemáticas. Hace medio siglo atrás, Robert H. Thouless, uno de los primeros investigadores de los llamados fenómenos paranormales, usó psi por primera vez para designar los fenómenos paranormales que intentaba cuantificar. En el ejemplar de Febrero de 1956 de Aoustanding Science Fiction/Science Fact, John W. Campbell Jr. Acuñó el término “psionic” que es una contración del término “psychic electronic” (mientras que esper lo es de “Extra Sensory Perception”).
Dentro de los poderes psiónicos más populares están la telepatía, la telekinesis, la levitación, la precognición, la clarividencia, la teleportación, la pirokinesis, la telempatía y el control mental o coherción. Cabe mencionar también la psicometría (habilidad para obtener información de determinado objeto con sólo tocarlo), la bilocación (habilidad para estar en dos o más sitios al mismo tiempo) y la aportación (teleportación en que el individuo atrae los objetos hacia sí).
Si bien los poderes psiónicos son moneda común en la ciencia ficción, el género es bastante parco a la hora de explicar el funcionamiento de estas habilidades, ligándola generalmente a la manipulación psíquica de campos electromagnéticos, lo que por supuesto sirve para explicar prácticamente cualquier cosa. Aún si aceptamos esta explicación queda la pregunta de como obtienen los mutantes la energía para realizar sus hazañas. La explicación más razonable para mi gusto es la que proporciona Robert A. Heinlein en su novela 7, donde los poderes mentales se explican mediante la capacidad de ciertos sujetos para desplegar energía de un universo paralelo, teoría que Marvel ha hecho suya para explicar de donde obtiene Bruce Banner la masa extra para convertirse en Hulk, por ejemplo.

Los mutantes de Dick

Campbell consideraba a los mutantes el “próximo paso evolutivo” de la humanidad y detestaba los relatos o novelas donde fuesen presentados como amenazas para el género humano. No todos los escritores de ciencia ficción congeniaban con la idea de Campbell por supuesto, Philip K. Dick era de estos últimos. Veamos lo que tiene que decir al respecto: A principios de los años cincuenta, una gran parte de la ciencia ficción norteamericana versaba sobre humanos mutantes y sus gloriosos superpoderes y superfacultades, los cuales conducirían a la humanidad hacia un estadio superior de la existencia, una especie de Tierra Prometida. John Campbell Jr., director de Analog, exigía que los relatos que compraba trataran de tales mutantes maravillosos, y también insistía en que los mutantes siempre debían ser presentados como 1) buenos y 2) al mando de la situación. Cuando escribí el hombre dorado intenté demostrar: 1) el mutante puede no ser bueno, al menos para el resto de la humanidad, los mortales ordinarios, y 2) que puede no estar al mando de la situación, sin que se esconde de nosotros como un bandido, un mutante malvado, más perjudicial que beneficioso para los humanos. Este era el punto de vista sobre los mutantes psíquicos que Campbell detestaba en particular, y el tema de ficción que se negaba a publicar…, de modo que mi relato apareció en If.
El Hombre Dorado (1953) propone un mundo en el que los mutantes son exterminados por un organismo internacional conocido como la ACD, la cual a podido dar buena cuenta de ochenta y siete tipos de desviaciones, “auténticos mutantes capaces de reproducirse, no meros fenómenos de feria”, hasta que encuentran al numero ochenta y ocho, al homo superior por definición, un ser sexualmente irrestible para las mujeres humanas con la capacidad de “ver” los distintos futuros resultantes de determinada acción. Un mutante con dos ventajas evolutivas insuperables (una muy reciente y la otra tan antigua como la vida misma), que sin embargo carece de lenguaje y lo que es más, no piensa. De hecho carece de lóbulo frontal ya que no lo necesita. …la inteligencia ha fracasado, declara uno de los personajes humanos. Somos los últimos de nuestra especie, como el dinosaurio. Hemos forzado la inteligencia al máximo. Demasiado, tal vez. Hemos llegado a un punto que de tanto saber, de tanto pensar, ya no podemos actuar. El hombre del pensamiento en este cuento de Dick es reemplazado por el hombre de acción, que carece de herramientas y que no construye ni utiliza nada fuera de su cuerpo, definición que por lo demás se ajusta muy bien a los superhéroes en general.
En Desajuste (1954), Dick propone un mundo en que los mutantes, o más bien dicho “paraquinéticos” son detectados mediante una red de control aleatoria ejecutada por agentes femeninos inmunes al “mal”. En efecto, los poderes psionicos en esta narración son descritos como una enfermedad mental siendo los paraquíneticos “lunáticos con la capacidad de reproducir sus sistemas delirantes en el espaciotiempo”, para lo cual deforman una zona limitada de su entorno para conformarla a sus conceptos excéntricos. Como uno de los personajes explica al protagonista: “El P-Q lleva a la práctica sus delirios. Por lo tanto, en cierto sentido no son delirios…, a menos que puedas distanciarte y comparar su zona deformada con el mundo real. ¿Como puede hacer eso un P-Q? Carece de patrón objetivo. No puede distanciarse de sí mismo y la deformación le sigue a donde va. Los P-Qs auténticamente peligrosos son los que piensan que todo el mundo puede animar piedras, convertirse en animales o transmutar minerales básicos. Si permitimos que un P-Q escape, si le permitimos madurar, procrear, formar una familia, tener mujeres e hijos, si dejamos que esta facultad paranormal se esparza…, si se convierte en un culto, llegará a ser una práctica institucionalizada socialmente.”
En Un Mundo de Talentos (1954), Dick plantea el surgimiento del Anti-Psi, un individuo inmune a los talentos psionicos. Como explica el protagonista Precog a la Anti-Psi opaca al sondeo telepático: El factor Anti-Psi es una restauración natural del equilibrio. Un insecto aprende a volar; por lo tanto, otro aprende a tejer telarañas para atraparlo. ¿Es lo mismo que no volar? Las almejas desarrollan conchas duras para protegerse; por lo tanto, las aves aprendieron a volar para elevarlas en el aire y dejarlas caer sobre una roca. En cierto sentido, eres una forma de vida depredadora de los Psis, y los Psis son una forma de vida depredadora de los Norms. Eso te convierte en amiga de la clase Norm. Equilibrio, el círculo cerrado, depredador y presa. Es un sistema eterno y, francamente, no se me ocurre la manera de mejorarlo. Existe también la posibilidad que las habilidades psionicas no sean en absoluto una ventaja evolutiva. En The Inheritors de William Golding (una de las pocas novelas de ciencia ficción escrita por un ganador del Premio Nobel), los telepáticos Neanderthales son desplazados por los no-telepáticos Homo Sapiens que, al no poder comunicarse mentalmente, se ven obligados a desarrollar el lenguaje y la tecnología.
Otro cuento de Dick sobre el tema digno de ser mencionado es ¡Cura a mi hija mutante! (1954.) Ambientado en un futuro post-nuclear en que las personas normales habitan en comunas amuralladas lejos de las ruinosas ciudades, esta es la historia de un reducido grupo de mutantes y su disyuntiva moral en relación con la supervivencia de los humanos. Jack, un mutante con la habilidad de viajar en el tiempo, intenta una y otra vez convencer al jefe de estado mayor de las fuerzas de los Estados Unidos a no desatar la guerra, mientras que los demás miembros de la Cofradía se dedican a curar y predecir el futuro de los humanos que acuden a la ciudad cada vez en mayores cantidades. El lema de los mutantes era mantenerse al margen y esperar y fue por ello que no intervinieron durante la guerra, y por lo que siguen esperando mientras discuten entre la posibilidad de someter a los humanos a un gobierno totalitario psiónico, o seguir esperando a que los normales soliciten por iniciativa propia el liderazgo del homo superior.

El electrón de los Dioses

Cabe recordar en lo que a la idea del “homo superior” respecta al principal ideólogo proto-nazi Joerg Lanz Von Liebenfels y su libro Theozoologie oder der Elektron der Goetter en el que establecía que los dioses Germánicos habían en realidad pertenecido a una antigua raza Ariana que poseía órganos eléctricos especiales que los dotaba de cierta forma de radio-telepatía, que habrían perdido al cruzarse con especies sub-humanas (en el venidero Reich, la restauración de estos órganos eléctricos sería un deber del estado).
Luego que Hitler ascendió al poder todas las sectas pre-nazis, incluyendo la de Liebenfels (de la cual el Fürer había adoptado su fascinación con la eugenesia e incluso la swastika), fueron prohibidas. Pese a esto las ideas de Liebenfels continuaron siendo de gran influencia, particularmente para los SS. El mismo Himmler estaba altamente interesado en el mesmerismo y la telepatía, existiendo rumores que apuntaban al hallazgo de cadáveres de lamas tibetanos en sus cuarteles una vez concluida la guerra (los nazis creían que la civilización tibetana, basada en principios Arianos, había logrado preservar los órganos eléctricos).
Como señala David Sivier en su artículo Mutants Season, un mutante como Magneto durante el Tercer Reich no habría sido considerado un enemigo de la raza sino todo lo contrario, esto si Erik Magnus Lehnsherr no hubiese pertenecido a una de las etnias perseguidas, como era el caso.
Los paralelos con el nazismo en los X-Men no se agotan en el personaje de Magneto siendo uno de los más potentes el propuesto por Chris Claremont en Días del Futuro Pasado (X-Men #141, 1980) que describe una Norteamérica del año 2013 en el que hay tres tipos de personas clasificados por letras. “H” para los humanos libres de genes mutantes y que pueden reproducirse; “A” para humanos anómalos, normales pero con potencial de tener genes mutantes a los que se les esteriliza; y “M” para los mutantes, la clase más baja. Parias perseguidos por el Acta de Control mutante de 1988 que son cazados y salvo raras excepciones, eliminados sin piedad por los robots gigantes conocidos como “Centinelas”, que además han tomado total control del país. Todo se inicia con el asesinato del senador Kelly a manos de la “Hermandad de mutantes malvados” liderada por Mystique. Kate “Kitty” Pride lo explica muy bien a sus compañeros de equipo luego de un viaje en el tiempo que la llevará a habitar su cuerpo adolescente: La hermandad lo mató (a Kelly) para enseñar a la humanidad a temer y respetar el poder del homo superior. Su plan fracasó y los mutantes fueron objeto de miedo y odio. Pensamos que la histeria paranoica pasaría, pero no fue así. En 1984, un furioso candidato antimutante, fue electo presidente. En un año se aprobó el Acta de Control Mutante; pero la Corte Suprema la consideró anticonstitucional. La administración respondió al reactivar a los Centinelas. Los robots tuvieron un programa abierto, con parámetros para eliminar a la amenaza mutante, de una vez por todas. Los Centinelas concluyeron que la mejor forma de lograrlo, era tomar el país. En el proceso, también destruyeron a los superhéroes no mutantes… tanto a héroes como villanos. Al final del siglo el continente norteamericano estaba completamente bajo su control.
Los X-Men logran frustar la muerte de Kelly en dicha ocasión evitando así el oscuro futuro del cual provenía Shadowcat, pero de cualquier forma el senador será asesinado, irónicamente por un humano “normal” que le consideraba un traidor a su raza (X-Men #108, 2001.)

Perro de estroncio

El subtexto de odio racial es aún más explicito en el cómic británico de mediados de los 1990’s Strontium Dog, de la revista 2000 AD. Strontium Dog transcurre tras una guerra nuclear que ha contaminado el material genético de gran parte de la población de Inglaterra, provocando la implementación de severas leyes eugenésicas y una política de genocidio para evitar el nacimiento de mutantes. El protagonista de este cómic, Johnny Alpha, posee visión de rayos-X y la habilidad de leer mentes e incluso interrogar a los muertos gracias a las ondas alfas emitidas por sus ojos. Johnny es uno de los pocos mutantes de Strontium Dog sin deformidades físicas considerables, como las de El Torso de Newcastle, por ejemplo (que no posee cabeza) y Nearly Normal Norman (cuyo rostro está dado vuelta hacia arriba). El Padre de Johnny, Nelson Bunker Kreelman, irónicamente era Líder Cívico del Sector Sudeste de Nueva Bretaña y pionero de la nueva legislación anti-mutante. Temeroso que su hijo mutante arruinara su carrera política Kreelman lo confinó durante toda su niñez al interior de su casa, convenciéndolo que padecía de una enfermedad ocular que podría causarle la muerte si sus ojos alguna vez eran expuestos a la luz. No sería sino hasta su primer día de clases, luego que unos compañeros decidieran molestarlo quitándole sus anteojos especiales, que Johnny descubriría la verdad sobre sus ojos. Johnny estaba feliz ante el descubrimiento de sus poderes especiales corrió a contarle a su padre. Este, temeroso por su carrera, decidió recluir nuevamente a su hijo en casa. Fue entonces cuando Johnny realmente aprendió a odiar a su padre. Kreelman había luchado dura y tenazmente para aprobar leyes que impidieran a los mutantes tener posesiones, trabajar e incluso vivir entre los “normales”. Todo esto mientras tenía a un mutante viviendo bajo su propio techo.
Johnny decidió escapar, había escuchado historias sobre un Ejercito Mutante y pensó que si se unía a ellos tal vez podría enmendar algunas de las terribles cosas que su padre había hecho. Como no podía decirles quien era realmente se bautizó como Johnny Alpha, y con solo 12 años se unió a sus filas. Kreelman dio a su hijo por muerto, mientras este se convertía en un líder entre el Ejercito Mutante. Kreelman implementó Campos de Labores Mutantes donde estos eran obligados a trabajar como esclavos en horrendas condiciones de vida. Los Ejércitos Mutantes de los distintos sectores de New Britain celebraron una reunión conjunta para discutir tácticas de guerra y decidieron atacar la fortaleza flotante de Upminister en un intento de tomar control del gobierno. Pese a la gran cantidad de bajas, los mutantes ganarían pero Kreelman les forzaría a rendirse bajo amenaza de matar 100 mutantes por hora. Johnny y los suyos acceden a la rendición y son condenados a muerte. La propia hermana de Johnny, a quien no había visto en años, se convirtió en una pieza clave en la derrota de Kreelman, ayudándole a escapar a él y los otros generales y revelando luego la verdad acerca del hijo mutante de Kreelman al Primer Ministro y al Rey. Esto proporcionó a los mutantes argumentos suficientes como para desacreditar a Kreelman y forzarlo a renunciar. El Ejercito Mutante hizo el resto, luchando duro para causar la máxima disrupción en el Programa de Exterminio Mutante. El Primer Ministro estuvo dispuesto a negociar y la infame ley fue depuesta. La policía secreta de Kreelman, los Kreelers fueron disueltos y nuevas áreas donde los mutantes pudieran vivir en paz fueron creadas. Los mutantes estaban muy lejos de llegar a un trato igualitario pero la era Kreelman había acabado. Johnny fue exiliado fuera del planeta, lo que no le molestó ya que había tenido más que suficiente de la Tierra y la gente que vivía allí. Justo en ese momento la Comisión Galáctica contra el Crimen estableció una agencia para caza-recompensas interplanetarios, un trabajo sucio y peligroso, ideal para mutantes. Johnny se enlistó de inmediato convirtiéndose en un Strontium Dog.

Mutatis mutandis

Podríamos continuar llenando páginas y páginas analizando las una y mil formas en que el concepto del mutante ha tomado cuerpo en la cf. Cómo olvidar al Mulo de Isaac Asimov, por ejemplo, que con su sola presencia pone en jaque a la psicohistoria y la primera Fundación; o a los mutantes de Galaxias como granos de arena de Brian Aldiss. ¿Recuerdan la serie de dibujos animados Thundercats? Pues estos gatos humanoides contaban dentro de sus enemigos a unos mutantes. ¿Por qué les llamaban mutantes si aparentemente eran criaturas que evolucionaron, como los mismos Thundercats, de especies distintas a los primates?, ¿Cuál era su mutación? Eso nunca lo tuve claro.
En Futurama también hay mutantes y en una sorprendente vuelta de tuerca fue revelado que Leela no era una extraterrestre como siempre se nos hizo creer sino la menos mutante de los mutantes. Los mutantes de Futurama viven en los túneles del desagüe y han construido toda una ciudad en base a los desperdicios arrojados por la gente de la superficie. Todos son verdes pero sus formas varían de unos a otros. Incluso los padres de Leela, pese a ser ambos cíclopes, poseen características distintas (la madre tiene tentáculos y cola de cabra mientras que la boca del padre está girada en 90º). Estos mutantes son una clara referencia a los morlocks de los X-Men que a su vez toman su nombre de los personajes del famoso libro de H.G. Wells La Máquina del tiempo.
No podemos dejar de mencionar tampoco a las Tortugas Ninjas (Teenage Mutant Ninja Turtles) que invadieron el mercado a principios de los noventas y que han protagonizado numerosas películas y series de televisión tanto animadas como con actores de carne y hueso (enfundados en trajes de goma). En este caso la mutación era provocada cuando un compuesto químico llamado Ooze era derramado sobre cualquier animal, “evolucionándolo” a una forma e inteligencia humanoide. En ese sentido estos mutantes no eran distintos a los archienemigos de los Thundercats.
Hoy en día y gracias a Pokemon, está más de moda hablar de evolución que mutación. Los pokemons evolucionan en criaturas más grandes y poderosas hasta dos y tres veces (puede que más, me declaro un semi-ignorante en esta materia). De seguro que si este hubiese sido un dibujo animado de los 1980’s o 90’s habrían “mutado” en vez de evolucionar, tal y como hicieron las tortugas ninjas. Pero hay una diferencia eso sí, mientras que un agente externo provocó que las tortugas “evolucionaran”, en los pokemons esto se da naturalmente y puede que allí radique la diferencia entre mutación y evolución, por lo menos en lo que al simplista mundo del molesto Pikachu se refiere.

2004, Sergio Alejandro Amira.

Cuestión de Medidas

por José Fco. Camacho A.

I. Cuestión de Medidas.

Sueños de niño Una vez, cuando niño, hice una pausa en mi vida y por motivos que ignoro me puse a meditar de manera casi filosófica. Me preguntaba sobre tantas cosas, sobre todo aquello que me llenaba de dudas, me cuestionaba sin llegar a responderme sobre muchas cosas que yo desconocía, tal vez debido a la cortedad de mi edad. Me preguntaba desde por qué las cosas caen y no vuelan, hasta por qué uno tenía que ir a la escuela. Muchas cosas eran banales, pero otras me llenaban de angustia (¿por qué vivimos?, ¿qué es la muerte?, ¿qué es existir?). Creo que todos en alguna parte de nuestra vida nos hacemos las mismas preguntas, y es razonable. El ser humano por naturaleza, desde que pisó por primera vez la faz de éste planeta, siempre se ha cuestionado sobre muchas cosas y entre ellas está el preguntarse de donde viene, por qué está aquí y a donde va. Desde cualquier individuo común y corriente, hasta los grandes filósofos se han venido haciendo las mismas preguntas así que yo no iba a ser la excepción de mis congéneres.Más no son esas dudas y sus posibles respuestas las que interesan en éste pequeño espacio. Después habrá oportunidad de divagar un poco sobre el tema, pero no ahora. A lo que iba es que entre tanto cuestionamiento, de vez en cuando me hacia algunas preguntas sobre lo que debía ser el Universo. En éste punto, tal vez pocas personas han tenido las mismas dudas, y posiblemente sean muchas las que ni les interese en absoluto esta área. Sólo aquellas personas que de niños han levantado su mirada al cielo nocturno y han querido saber cuan grande debía ser el Universo, de que estaba compuesto, por qué era negro y no de otro color, por qué había estrellas y cuán distantes estaban con respecto a nuestros hogares, podrán comprender todo esa avalancha de pensamientos y de dudas que se vertían en mi tierno razonar infantil. Una vez que fui creciendo y tomando más conciencia de que debía resolver mis dudas como buen ser humano que era, comencé a investigar parte de lo que cada noche al admirar el cielo plagado de estrellas venía a mi mente en forma de una pregunta. De primera instancia, me interesaba sobremanera la longitud del Universo, deseaba saber cuantos kilómetros medía. ¿Tal vez algunos cientos?, ¿miles de millones?, ¿infinito?, ¿qué significa infinito? Como pueden ver no tenía ni la más remota idea de la realidad. Incluso ante la casi seria necesidad de conocer eso y otras tantas cosas más, comenté en más de una ocasión a mis padres con suma formalidad infantil mi enorme deseo de ser astrónomo. Sostenía la firme postura de que anhelaba llegar a conocer y comprender al Universo en su vastedad. ¡Ja!, de verdad no sabía que estaba diciendo.

Nuevas medidas

Después de comentar mi sueño de niño de ser astrónomo, ahorre un poco de dinero con el que me fui haciendo de algunos libros relacionados con el increíble y fascinante tema de la astronomía y con paso lento y seguro fui comprendiendo muchas cosas. Al fin me enteré que medir el Universo con kilómetros era comparable con medir una ciudad con granos de arena fina, una tarea engorrosa y harto difícil. Así que alguien sacó de su cabeza la genial idea de utilizar una nueva unidad de longitud, y fue algo grandioso. Ahora, cualquiera que quiera decir que la Tierra está separada del Sol por aproximadamente 149,597,870 kilómetros, puede sólo mencionar su equivalente astronómico, es decir, que ambos cuerpos se separan por 8 minutos-luz. Se escucha más elegante y simple, ¿no lo creen así? Esta fabulosa medida consiste en medir una longitud por la distancia que recorre un haz de luz en un determinado período de tiempo. Por lo tanto, un segundo-luz equivale a 300,000 kilómetros, pues esa es la distancia que ha recorrido en un segundo. Un minuto-luz serían 18,000,000 kilómetros, un día-luz 25,920,000,000 kilómetros y un año-luz unos 9,460,000,000,000 kilómetros. En la escuela se nos enseña que la estrella más cercana a nuestro sistema solar es la llamada Alfa Centauri (la estrella alfa de la Constelación del Centauro). Ésta estrella está a unos 4.5 años-luz de distancia, o sea, unos 42,570, 000,000 kilómetros. La Vía Láctea, nuestra galaxia, tiene unos 97,800 años-luz de diámetro, algo así como unos 925,188,000,000,000,000 kilómetros. Notan que es más fácil decir noventa y siete mil ochocientos años-luz que novecientos veinticinco mil ciento ochenta y ocho billones de kilómetros. Y qué dirían si les dijera que nuestra galaxia forma, junto con otras veinte galaxias más, el denominado grupo Local, pero que existen otras agrupaciones denominadas en general cúmulos galácticos y que el más cercano (el cúmulo de Virgo) está a 65,200,000 años-luz de distancia, o sea, a 616,790,000,000,000,000,000 kilómetros (seiscientos dieciséis trillones, setecientos noventa mil billones Seiscientos dieciséis trillones, setecientos noventa mil billones). Realmente sorprendente.

Notación científica

Y en medidas así, que incluso los años-luz resultan insuficientes, los científicos han sacado a uso otra idea no menos maravillosa: la notación científica. Con ella, la distancia al Cúmulo de Virgo es de 65,2000,000 años-luz, o 6.52 x 10**7 años-luz. O también 6.16792 x 1020 kilómetros. Como se ve, éste sistema utiliza potencias de 10. El 107 del número 6.25 x 10**7 tiene dos componentes: el exponente, que es variable y en este caso está representado por el “7”, y la base, que siempre será 10 por ser potencia de 10. El exponente nos indica cuantos dígitos a la derecha del punto hay en una cifra. Así, en 6.25 x 10**7, se colocan 7 dígitos después del punto decimal, es decir, los números 2 y 5 y otros cinco ceros para completar lo expresado por el exponente. En 6.16792 x 10**20 el exponente es 20 y tenemos ya cinco cifras que son “16792” por lo que inmediatamente después de ellas se deben colocar quince ceros para completar lo dictado por el exponente. Algo más, 6.16792 x 10**20 puede expresarse sencillamente como 6.2 x 10**20, dado que es una aproximación a una distancia de la cual no sabemos con precisión la longitud real, y en un momento dado, puede ser “más precisa” que 6.16792 x 10**20.

¿Por qué es más correcta una cifra con apenas dos dígitos que una de seis? Sencillo, aquí es donde entra en juego el concepto de Cifras Significativas. Tomemos para explicarlas un ejemplo: tenemos una barra de metal y queremos medirla. También tenemos dos reglas, una que mide solo en centímetros y otra que lo hace en centímetros y en milímetros. Un tercer instrumento, un Vernier sencillo, nos puede dar medidas de hasta 0.1 milímetros. Hacemos la primera medición y vemos que la barra de metal mide con la regla de centímetros unos 7 cm. y un tercio de la distancia entre el centímetro 7 y el 8. Con la segunda regla, la de centímetros y milímetros, medimos y encontramos una medida de 7.3 cm., pero vemos que la longitud de la barra de metal está entre el milímetro 73 y el 74. Por último, utilizamos en Vernier y obtenemos una cifra igual a 7.34 cm. y, aún así, una buena observación, vemos que la longitud queda entre 0.4 y 0.5 mm. Y ya no tenemos más instrumentos para seguir adelante.

Tres medidas. La primera es inexacta, en su totalidad. La segunda se aproxima un poco más y la tercera es un tanto más certera. Nos indica tan solo una aproximación: la barra mide entre 7.33 y 7.35 cm. Suponiendo que tuviera una longitud real de 7.3478 cm., cae dentro de nuestra medición. Tomamos un cuarto instrumento que registra hasta 0.01 mm. y dado que la precisión de una medida depende tanto de las limitaciones del aparato que la mide, como de la habilidad con qué este instrumento se use, obtenemos una medida de 7.345 cm. Ello nos indica que la barra mide entre 7.344 y 7.346 cm., y ese intervalo no abarca la longitud real de 7.3478 cm. por lo que nuestra medición dejó de ser exacta.

El concepto de cifras significativas se refiere a todas las cifras que son conocidas con certidumbre, y además otra que es una aproximación. De esa forma, en 7.33 cm tenemos tres cifras significativas y donde estamos seguros de que sean 7.3 cm, y que el 0.03 cm es una aproximación. Por lo tanto, la distancia al cúmulo de Virgo se expresa mejor como 6.2 x 10**20 km que 6.16792 x 10**20 km en un momento dado. El 6.2 x 10**20 indica que puede estar a una distancia de 6.1 a 6.3 x 10**20, algo que a todas luces resulta más cómodo y “preciso” que un intervalo de 6.16791 x 1020 a 6.16793 x 10**20.

Existen cuatro reglas sencillas para determinar el número de cifras significativas en una medida registrada, y son las siguientes:

1. Todos los dígitos, o cifras, excepto el cero, son siempre significativos;

92: Dos cifras significativas.
93.3: Tres cifras significativas.

2. Uno o más ceros, utilizados después del punto decimal, son significativos;

4.700: Cuatro cifras significativas.

3. Los ceros colocados entre otros dígitos o cifras significativas siempre son significativos;

5.709 Cuatro cifras significativas.
509 Tres cifras significativas.

4. Los ceros que se utilizan únicamente para establecer el espacio del punto decimal no son significativos. Los ceros solo se utilizan para ocupar el lugar.

7,000 Una cifra significativa.
0.00689 Tres cifras significativas.

La astronomía es hermosa. Saber que existen muchos mundos distintos al nuestro, inexplorados y lejos de nuestras posibilidades de visita, tan distintos al nuestro nos hace volar la imaginación y comenzamos a fantasear sobre ellos. Todo el orden que hay en el Universo, cada objeto siguiendo al pie de la letra las Leyes Físicas conocidas y otras que apenas se vislumbran.
Allá afuera, lejos de nuestro hogar llamado planeta Tierra, existen cientos de miles de millones de galaxias, cada una con un promedio de unos miles de millones de estrellas conformándolas. Si quería ser astrónomo, tenía un vasto campo para estudiar. Por lo tanto, seguí abriendo los viejos librillos de astronomía para principiantes, tan sólo para saber un poco de las bases de lo que reina en el Universo y me decidí por ser, en definitiva, un pequeño astrónomo, pero aficionado, solamente. Únicamente lo haría por pasatiempo, sin jamás llegar a ser un profesional. Admiraría el cielo nocturno, sabría un pedazo de todo lo que significa, pero no me dejaría ser devorado por su abrumadora e incuantificable grandeza…

por José Fco. Camacho A.

¿Se nos Acabará el Universo?

por Rodrigo Mundaca Contreras

[…] El Mundo es tan exquisito, posee tanto amor y tal hondura moral, que no hay motivo para engañarnos con bellas historias respaldadas con escasas evidencias. Me parece mucho mejor mirar cara a cara la Muerte en nuestra vulnerabilidad y agradecer cada día las oportunidades breves y magníficas que brinda la vida […]
–Carl Sagan–

¿Cuál es el destino último de nuestro Universo? La reflexión sobre este tema, al igual que las interrogantes fundamentales (¿Cuál es mi lugar en el universo? ¿De dónde vengo? ¿Hacia donde voy?), normalmente es desechada por considerarse algo fuera del entendimiento, una inquietud sin importancia en la rutina diaria (después de todo, el tener la respuesta a este tipo de preguntas no sube el sueldo).
En otros casos la respuesta se obtiene de algún sistema de creencias religiosas o sectarias. Pero en esta situación no hay reflexión, sino simple aceptación de las ideas consignadas en libros considerados sagrados o provistas por personas iluminadas… y en otros muchos casos la respuesta es un simple, irreflexivo y desdeñoso encogimiento de hombros.
Pero la ciencia también tiene algo que decir al respecto. No ofrece “la respuesta última” a la interrogante ni proporciona la buscada “paz espiritual” (no es su labor). Lo que sí otorga es una respuesta (que puede ir evolucionado en la medida que el Conocimiento aumente) con la que se puede construir un sistema de referencia sobre la cual se pueden cimentar ulteriores reflexiones, sean éstas tranquilizadoras o no.
Basándose únicamente en argumentos matemáticos y físicos que conforman las teorías vigentes en la actualidad (2004 AD), se ha logrado construir el escenario que le espera al universo en un futuro lejanísimo.

Gravedad: La Gran Protagonista

La teoría aceptada en forma general para la aparición y evolución del universo es la del Big Bang. Según esta teoría el universo comenzó en una explosión inconmensurablemente grande hace unos 10 mil millones de años. A partir de entonces, el universo se expande en todas direcciones, creando el espacio a medida que crece. Por diversos procesos físicos se crearon las galaxias, estrellas, planetas… ¡y nosotros mismos!
Cabe destacar que la tasa de expansión del universo está determinada por la fuerza de gravedad. La fuerza de gravedad es la interacción que se produce entre los cuerpos materiales, esto es, que estén compuesto de átomos (por ejemplo, el planeta Tierra está compuesto por átomos, y la suma de las fuerzas ejercidas por todos ellos sobre los átomos de nuestro cuerpo es lo que causa que estemos pegados al suelo).
La gravedad es la más débil de las cuatro fuerzas fundamentales (las otras tres son: fuerza nuclear fuerte, fuerza nuclear débil y fuerza electromagnética), pero sus efectos son acumulativos a gran escala. Esta curiosa propiedad es la que la convierte en la protagonista principal de esta historia.
El destino final de nuestro universo depende de la cantidad de materia que éste posee. Para determinar esto es necesario “pesar” el universo, o sea, determinar cuanta materia tiene. Si tiene el peso suficiente, entonces en algún momento la expansión cósmica se detendrá y comenzará a contraerse (de forma análoga a cuando se lanza una piedra hacia el cielo, esta se va frenando, se detiene, y comienza a caer de vuelta). Por el contrario, si la materia en el universo no es suficiente, la expansión continuará por toda la eternidad (a un cohete que va hacia la luna no le sucede lo mismo que a la piedra: logra huir de la gravedad terrestre).
¿Cuales son los posibles destinos últimos del Universo? Son dos:
Universo Abierto. El universo se expandirá por toda la eternidad.
Universo Cerrado. El universo frenará su expansión en algún momento para comenzar a contraerse hasta alcanzar tamaño nulo en el evento llamado Big Crunch.

Universo Abierto: Universo por los siglos de los siglos… y más
Para construir una imagen de un universo que se expande para siempre, es imprescindible centrar la atención en las estructuras más estables conocidas. No se sabe dónde estarán los humanos en mil años, pero sí se sabe la respuesta cuando se trata de nuestro sol, por ejemplo.
Se analizarán los siguientes eventos:
* Muerte de Estrellas
* Muerte de los Agujeros Negros
* Decaimiento de la materia
* Muerte Energética del Universo

Colapso de Estrellas: El advenimiento de las Tinieblas

Las estrellas, aquellos puntitos luminosos en el cielo nocturno, son gigantescas bolas de gas en combustión. El origen de esta combustión consiste en, básicamente, reacciones de fusión nuclear entre los átomos ligeros de hidrógeno, en donde dos de ellos se fusionan para dar origen a un átomo de helio más energía que se transmite en forma de radiación electromagnética al espacio estelar.
Pero sucede que la cantidad de hidrogeno en una estrella no es infinita, de modo que, tarde o temprano, la estrella tiene que agotar el combustible que mantiene vivo el fuego estelar, con lo cual la estrella se apaga. Las estrellas se mueren en gigantescas explosiones conocidas como supernovas, se transforman en enanas blancas, estrellas de neutrones o colapsan en agujeros negros. Se forman nebulosas de polvo debido a la explosión y es posible (si se dan las condiciones adecuadas) que las estrellas vuelvan a crearse… y a morir. Este ciclo de creación-muerte tiene un tope cuando los elementos creados por las reacciones de fusión nuclear avanzan en la tabla periódica y se sintetiza un elemento estable como es el fierro. En este caso la producción de estrellas finaliza y ya no vuelve a encenderse ningún astro.
Cuando esta situación suceda para todas las estrellas del universo, éste se sumirá en la más oscura de las tinieblas.
Gran parte de la materia, no obstante, seguirá estando allí. Los agujeros negros absorberán mucha de esta materia, pero tal vez no toda, de modo que existirán cuerpos opacos como planetas, asteroides y cometas junto con agujeros negros que no pudieron capturarlos.
Ahora bien, se sabe que los agujeros negros emiten un tipo de radiación que eventualmente es capaz de evaporarlo. Para que esto ocurra hace falta una cantidad de tiempo inimaginablemente grande, pero ciertamente finita, de modo que en un universo en eterna expansión, hasta los agujeros negros mueren.

Evaporación de Agujeros Negros: La derrota del Asesino Cósmico

Stephen Hawking y Roger Penrose determinaron hacia 1970 una propiedad en los agujeros negros que implicaba que éstos no sólo podían “tragar»” materia, sino que también podían “vomitarla” de vuelta hacia el universo.
Este “vómito” ahora se conoce como “Radiación Hawking” y consiste en una radiación de origen cuántico.
¿Cómo es posible eso si se sabe que nada, ni siquiera la luz con toda su rapidez, puede escapar de un agujero negro?
El Principio de Incertidumbre de Heisenberg señala que no se puede conocer con absoluta precisión la posición y velocidad de una partícula. Cuanto con mayor precisión se conoce una de estas magnitudes, con menor precisión se conoce la otra. Este principio, aplicado a los agujeros negros, implica que el espacio “vacío” justo fuera del horizonte de sucesos de uno de estos objetos estelares, no está totalmente vacío. Tiene que existir fluctuaciones de algún tipo. Dichas fluctuaciones se manifiestan como pares de partículas-antipartículas virtuales de luz o de gravedad, de energía opuesta, que aparecen juntas en un instante determinado justo fuera del horizonte de sucesos, se separan, y luego se vuelven a reunir, aniquilándose entre sí, o siendo tragadas por el agujero negro. Puede suceder que sólo una de las partículas del par sea digerida por el agujero negro, dejando a la otra con libertad para escapar. Desde el punto de vista de un observador externo, el origen de esta partícula virtual sería el agujero negro.
El detalle es que las partículas que el agujero traga poseen, en algunos casos, energía negativa. Para compensar esto, la partícula que escapa tiene que tener energía positiva (de modo que la suma de ambas sea cero y así cumplir con la ley de conservación de la energía). Entonces, un flujo de partículas de energía negativas siendo tragadas por el agujero negro tiene como resultado una disminución de masa y entropía de éste.
Con el tiempo suficiente (recordemos que la Eternidad es un periodo de tiempo muuuuy largo) el agujero negro se encoge, se evapora y “muere” (asumiendo que el flujo de masa hacia dentro del agujero es nula o menor que la tasa de emisión de radiación Hawking).

Decaimiento de la Materia: ¿Es la materia 100% estable?

¿Y que ocurre con la materia que no cae en los agujeros negros?
La materia está compuesta por átomos, y éstos por protones, neutrones y electrones. Los protones son considerados como las partículas más estables que se conocen.
Un protón está compuesto por tres quarks. Estas partículas no pueden tener sus posiciones completamente definidas (estáticas) en la estructura del protón, pues violarían el Principio de Incertidumbre. En vez de ello su posición está dada por una “distribución de probabilidades”, de manera que se alejan y se acercan de modo completamente aleatorio. Por puro azar, en algún momento de la eternidad, los quarks pueden encontrarse más cerca que de costumbre, tan cerca que la fuerza de gravedad entre ellos predomine por sobre la fuerza nuclear fuerte. Si ese es el caso, la gravedad provocará que el protón colapse en un agujero negro subatómico y se evapore instantáneamente por efecto de la radiación Hawking.
Y así se tendría la muerte de un protón. El mecanismo de desintegración de las otras partículas es similar.
La Eternidad es muy larga y tiene mucha paciencia, de modo que habría tiempo suficiente para que toda la materia del universo colapse de esa manera.

Entropía: Crisis de Energía Universal

Existe un concepto en Termodinámica llamado “entropía”. Si bien está definido en forma matemática, puede ser interpretado como “la cantidad de desorden de un sistema”.
Para ejemplificar el concepto, imagínese la siguiente situación: Una persona toma un huevo crudo en la mano y la abre de modo que el huevo resbale de ella. ¿Qué se observa? El huevo cae al suelo y se rompe. En el estado inicial, la entropía o desorden del huevo en la mano es pequeña (el huevo está completo). El mismo huevo en el suelo y roto, tiene una entropía o cantidad de desorden alta. Pues bien, se ha determinado que los estados de los sistemas (de todos los sistemas en el universo conocido) siempre evolucionan desde un estado de baja entropía a un estado de alta entropía. El que no se vean huevos rotos saltando del suelo y reconstruyéndose solos en las manos es una confirmación de esto, fenómeno consignado en el enunciado de la segunda ley de la termodinámica, ley en donde se origina el concepto de entropía.
Para aprovechar la energía, es necesario que ésta tenga una distribución desigual. Siguiendo con el ejemplo del huevo roto en el suelo, lo más probable es que se tendrá que limpiar el suelo para que el desorden o la entropía del sistema huevo-cocina disminuya. Para poder llevar a cabo tal acción se necesita mover los músculos. Para que los músculos se muevan es necesario comer. La comida posee energía almacenada químicamente y por diversos procesos se transforma en energía disponible para ser usada por los músculos en forma mecánica. Ahora bien, el trabajo de limpieza puede ser extenuante y la persona que limpia puede acalorarse. El calor producido por la persona es energía, pero sucede que esta energía posee un alto contenido entrópico. Es decir, la disminución de la entropía del sistema huevo-cocina, se realizó a costa del ¡aumento de entropía de la persona que limpia el desastre!
Generalizando un poco, se puede decir que todos los procesos físicos que realizan intercambios de energía, producen aparte del trabajo útil, un residuo en forma de calor.
¿Qué relación tiene la entropía con la crisis energética universal?
El sol, nuestra estrella, transforma cada segundo toneladas de hidrógeno y helio en otros elementos produciendo mucha energía calórica que se emite en forma de radiación (basta asomarse a una playa en verano para sentirlo). Lo mismo vale para todas las estrellas del universo. Esto significa que la entropía del universo aumenta a cada instante, de forma irreversible.
Eventualmente todo tipo de energía, ya sea nuclear, química, potencial, elástica etc. se transformará en energía calórica y ya no se podrá seguir aprovechando de forma útil. Basta citar como ejemplo la energía calórica del mar: el mar ha recibido radiación solar durante millones de años, con lo cual la cantidad de energía que posee es fabulosa, sin embargo, la poca diferencia de temperatura que posee con la temperatura ambiente hace que sea imposible aprovechar su energía.
Cuando toda la energía del universo se transforme en calor, se podrá decir que el universo habrá muerto energéticamente. Y si eso ocurre, ningún ser vivo tal como lo conocemos puede vivir. Esto es debido a que los seres vivos realizan intercambios de energía con su ambiente, y esto sólo se realiza si existe un gradiente o diferencia energética entre el ser y su entorno. En un universo sin gradiente energético, el intercambio de energía es imposible.
El universo se convertirá en un lugar inimaginablemente grande, abismantemente vacío e impregnado de una aterradora y absoluta oscuridad, sin la menor posibilidad que se produzcan fenómenos físicos de ninguna especie.
¿Un panorama desolador, no?

Universo Cerrado. Apocalipsis lejano, pero inminente

El esquema presentado anteriormente corresponde al estado final de un universo en eterna expansión. Actualmente ese es el modelo que se asigna a nuestro universo, basado en la medición de la masa total. No obstante lo anterior, existen fundadas razones para creer que hay más materia de la que se ha medido. La fuerza de gravedad que se calcula que es necesaria para mantener estable a sistemas de estrellas múltiples (o incluso cúmulos de galaxias) que se han observado, es distinta a la que realmente se determina en forma experimental. Esto significa que existe “algo más” en esos sistemas que aporta con gravedad y que provoca, en definitiva, que los cúmulos estelares sean estables. Este “algo más” ya tiene nombre: se conoce como materia oscura, y si bien su existencia no tiene explicación bajo el paradigma actual de las ciencias físicas, su existencia sí ha sido confirmada por observaciones radioastronómicas, en particular por el CBI “Cosmic Background Imagen” (un radiotelescopio que funciona en Chile y en donde el CALTECH, el Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile, entre otras pocas instituciones, posee estudiantes investigando).
Si ocurre que la materia normal más energía oscura suman la cantidad de masa suficiente, el universo frenará su expansión y comenzar a contraerse. Y si ese es el caso, el fin del universo está sentenciado irremediablemente.
Si la tasa de desaceleración es muy lenta, entonces puede tomar una casi-eternidad el que se frene, y otra casi-eternidad el que disminuya de tamaño hasta llegar a tamaño nulo. Siendo este el caso, los eventos que se han descrito para el destino de estrellas, agujeros negros y materia en general, también tendría validez en el modelo de universo cerrado.
No obstante lo anterior, un universo en contracción tendrá sus propias características.
La radiación de fondo de microondas, el estertor agónico de la explosión del Big Bang, comenzará a aumentar su temperatura, producto del efecto Doppler. Esto se traducirá en un aumento de la temperatura del universo.
El color del universo dejará de ser negro para comenzar a tornarse de un escalofriante tono rojizo oscuro. Conforme se acelere la contracción, el color irá pasando por todo el espectro visible. Eventualmente se pondrá amarillo. Tiempo después, blanco.
En la eventualidad que aún existieran estrellas para ese entonces, el aumento de temperatura del universo será un problema para ellas. Ya se mencionó que un sistema físico que realice intercambio de calor con el ambiente necesita de un gradiente de temperatura. Si la temperatura del universo es igual o incluso mayor que la de la estrella, ésta será incapaz de eliminar el calor producido por las reacciones nucleares… y si esto ocurre la estrella finalmente explotará.
Los planetas no correrán mejor suerte. La radiación acabará con sus atmósferas, abrasará sus superficies, obligando a los hipotéticos y desdichados habitantes a refugiarse en el interior de sus planetas.
Pero de nada les serviría aquello, pues los efectos del calor serían cada vez peores.
Además, el Espacio se encoge.
La materia es comprimida a tal límite que los átomos de la materia son destruidos en sus componentes. Sólo hay quarks y agujeros negros en un entorno de altísimas temperaturas.
La gravedad finalmente aplasta todo.
Una explosión infinitamente potente destruye el Universo: Materia, Espacio y Tiempo mueren.
Este evento es lo que se conoce como Big Crunch, una suerte de Big Bang al revés.
El universo muere y ya no hay después.
No hay después…

por Rodrigo Mundaca Contreras

Hercólubus o Planeta Rojo: Me consta el final del planeta

Las historias sobre el Apocalipsis se han narrado en todas las culturas, en todas las épocas de la humanidad. La tesis que algún día el mundo sufrirá un cambio dramático que terminará con toda la vida del planeta se ha repetido cientos de veces, variando la violencia de la tragedia. Mientras para algunos sería un proceso lento, apenas perceptible, para otros sería un cataclismo de gran impacto, haciendo que toda la humanidad sufriera hasta lo indecible y se arrepintiera por su perversa existencia.

De la misma manera, se han creado miles de “recetas” para escapar de ese cruel e inexorable final. Una buena vía de escape es llevar una vida pastoril y libre de vanidades, comer sólo verduras, o hacer sacrificios a los dioses que corresponda. El viernes 17 de marzo de 2000, en Uganda, se registró el segundo suicidio masivo más grande registrado en los últimos 40 años, cuando más de 230 personas se inmolaron porque, según sus creencias, el Juicio Final estaba pronto a suceder y sólo con el fuego sus almas se salvarían. No todas las salidas son Continue reading «Hercólubus o Planeta Rojo: Me consta el final del planeta»

Editorial TauZero #4

por Rodrigo Mundaca Contreras

De un tiempo a esta parte he detectado un cambio en mi persona. No sabría decir con certeza si la naturaleza de tal cambio es positiva o no, pero el cambio en innegable.

El origen de la “mutación” no tiene otro origen que mi autoimpuesto oficio de Director de esta publicación. Mi labor principal como tal consiste en buscar, contactar y persuadir a potenciales colaboradores. Al principio de los tiempos, cuando era optimista, pensé que los escritores en formación aplaudirían el esfuerzo del team TauZero y ofrecerían sus textos por toneladas. Me equivoqué. Me di cuenta, una vez más, que las personas tienen una actitud pasiva por naturaleza. No sólo permanecen en el silencio y la oscuridad segura de su anonimato, sino que son renuentes a hacer público sus escritos. “Pánico escénico” diría mi yo diplomático. “Cobardía y corto de personalidad” diría mi yo conflictivo… en fin.

Lo bueno es que las personas que aceptan trabajar con nosotros son las que han pasado el filtro que muchos no se atreven a cruzar. Eso es bueno. Muy bueno. Lo malo es que son mucho menos de los que yo quisiera. Y es este pequeño número de personas sinérgicas lo que me obliga a redoblar mis esfuerzos para detectar a posibles candidatos a colaboradores… y a no dejarlos ir.

Y aquí es donde se manifiesta la mutación de la que hablaba. He analizado la personalidad (o al menos he tratado) de cada una de las personas que están en mi círculo de amistades, para tratar de determinar si califican o no para el proyecto TauZero. He tenido que averiguar cuáles son sus gustos personales y hobbies, y tratar de evaluar como esas preferencias pueden dirigirse hacia las letras. Cuando siento que la persona presenta una personalidad adecuada, le planteo la idea, junto con una serie de temas sobre las cuales dicha persona podría explayarse…

Y no sólo a mi círculo de amistades se ha limitado mi análisis, sino que también lo he extendido a todas las personas con las que de una u otra forma se relacionan conmigo. Si me doy cuenta que la conversación de una persona es interesante, le planteo el proyecto. Si una persona tiene un vocabulario extenso, también le planteo el proyecto (pues soy de la idea que las personas son lo que hablan, y si una persona habla bien, lo más seguro es que escriba bien y, en general, exprese ideas en forma asertiva). Si una persona cualquiera pregunta por mis gustos personales, aprovecho la oportunidad y trato de “venderle” el proyecto TauZero.

En definitiva, siento que estoy en un estado continuo de evaluación de las personas, clasificándolas en dos estados posibles: “sirven” o “no sirven”. Debido a esto es que no estoy seguro si la mutación es buena o mala, pues siento a ratos que me estoy transformando en un ente clasificador, al mejor estilo de un dios que administra vida y muerte a sus creaciones, en la medida que éstas sirven o no a sus propósitos.

Pero tal vez no deba preocuparme tanto, porque todas las personas en alguna medida evalúan a todos. Cuando alguien cumple el perfil de la empresa es contratado; cuando alguien es adecuado para ciertos propósitos decide ser su socio; cuando alguien cumple las expectativas de otro, se enamora. Y dado lo anterior, el que yo evalúe a las personas en función de si sirve o no para TauZero no sería sino un parámetro clasificador entre los millones a los que nos vemos sometidos en el transcurso de nuestras vidas…

Cambiando de tema, debo señalar que nuestra casilla de correo casi sufrió un colapso debido a los miles de millones de e-mails de protesta por la no-continuación de la entrega por partes de Ygdrasil. Lo único que puedo decir es que realmente lamento desde el fondo de mi corazón que la situación se haya dado de esta forma, pero la última palabra la tiene el autor del relato. A modo de reparación, Jorge nos ha cedido la publicación un par de cuentos basados en el universo Ygdrasil. En esta oportunidad le corresponde el turno a Mariana…

En Brainstorming, el siempre disponible Remigio Aras nos habla sobre los distintos tipos de viajes en el tiempo que se encuentran en la obra del Buen Doctor. Sandra Leal, por otro lado, nos da sus razones por las cuales cree que todos nosotros deberíamos tener desarrollado el sentido de lo fantástico o, usando sus palabras, “cazadores de lo anormal dentro de lo cotidiano”. Finalmente, nuestro amigo Pablo Castro Hermosilla nos expresa su opinión sobre la “trilogía” de Terminator. Dado que yo conozco personalmente a Pablo, les digo que sus opiniones en general (y no solo en cf) es algo a lo que hay que ponerle atención.
En la sección de ciencia, Eduardo Unda Sanzana, nos habla sobre falsacionismo y el como este concepto introducido por el filósofo Kart Popper nos ayuda a hacer ciencia.

Y para finalizar, decir que decidí reciclar un nuevo texto de divulgación, casi en contra de la voluntad de mi querido editor. La razón para querer publicar un texto de Carl Sagan es simplemente el tema que esta vez aborda: La posibilidad que el túnel luminoso que la gente moribunda dice ver, tenga una explicación sencilla. Ya sabemos que Sagan es un científico ateo y profundamente escéptico, pero por eso mismo, creo que su opinión objetiva debe ser leída. Después de todo, la objetividad es a un científico lo que la fe a un religioso.

Quiero que este artículo escéptico sea el preludio al material que se está preparando para los próximos números. Como siempre, si estás interesado/a en participar, tienes un espacio con nosotros…

Atentamente
Rodrigo Mundaca Contreras
Director

Mariana

por Jorge Baradit

Guiamos el desarrollo de la Web con sentido estético. Planeamos el desarrollo de Internet como una copia de la particular estructura neuronal de un santo. Cada nodo incorporado diariamente es una letra del conjuro definitivo. Y cuando la última palabra sea agregada, el altísimo tocará esta obra de sacra artesanía con su dedo hirviente y se alzará viva, cantando una letanía electrónica en nota sol, levitando sobre las cabezas de los hombres. Todas las mentes se sincronizarán a través del tono transmitido desde el cielo y serán infectados de amor a Dios. El alma de la humanidad emergerá y se hará carne y cable como gran insecto elevándose en una sola mente, cantando oraciones en código binario plenas de señales montadas en frecuencias standard, transmitiendo el infinito rostro de Dios directamente a la corteza cerebral.

(Oración del Klóketen, culto de “Los Hombres de las Cruces”. Ygdrasil. Año 18)

“Seguro que la droga estaba contaminada”
Mariana llevaba dos días sin comer. El “maíz” le había convertido la realidad en una borrosa película en blanco y negro editada a tijeretazos. Se sentía incapaz de distinguir el tiempo presente de entre el bosque de recuerdos inconexos que afloraban a su conciencia como cadáveres desde el fondo de un lago.
La habían intentado violar dos veces mientras se tambaleaba vomitando hacia el baño de la casona. Recuerda vagamente haberse defendido con pies y manos de agresores anónimos, de alientos podridos por el alcohol sintético de los traficantes.
“Contaminada con malos espíritus, quizás”.
Tenía señas de un golpe en la cabeza.
Tenía ese frío seco de las resacas del “maíz” clavándole los oídos.
Cada dolor estaba incrustado perfectamente de acuerdo al diagrama usual.
Sin embargo, la sensación de asfixia… sólo podía significar que la droga estaba contaminada.
El maíz es una droga muy sensible al medio ambiente psíquico. Si se expone cerca de una muerte violenta siempre resulta afectada. Además, también está el riesgo de adulteración con neurotoxinas vencidas, orina de gato, o cualquiera de esas porquerías que los chamanes junkies de los suburbios importan desde Bolivia. Las cosas estaban cada día más raras y a los 17 años ya podías ser un veterano completamente fuera de onda, con serio peligro de caerte por el borde del juego de puro desinformado.
Le dolían las encías.
La asfixia la paralizaba de terror como a un pez en el piso de un bote, viendo al mundo girar entre la neblina grasosa de la semi inconsciencia.
Una película de cine editada a tijeretazos…no había duda, seguro que la droga estaba contaminada.
–¿Ya contactaste a la “chilena”, Ramiro?.
–No personalmente, don Eugenio. Pero nuestro enlace asegura que mañana podremos entrevistarnos con ella y plantearle nuestro encargo.
–Y convenir el pago.
–Esa mujer es muy particular, señor. Sus servicios no son caros pero se reserva aceptar o no los trabajos de acuerdo a criterios que se nos aparecen incomprensibles.
–¿Es una excéntrica?.
–No, señor. Es una psicópata.

Eugenio Balandro era presidente del Partido Obrero Revolucionario desde los orígenes de la Segunda República. Por supuesto no era obrero y jamás había participado en revuelta alguna. Era el máximo dirigente de un movimiento en decadencia, aplastado por los sucesivos éxitos de su principal partido opositor, que pronto completaría un tercer exitoso e insoportable período en el poder.
El Partido Obrero había hecho todo lo posible para hacerlos fracasar, incluso boicotear secretamente los planes de ayuda a los más necesitados, pues no podían permitir que también les quitaran el amor de las grandes masas de hambrientos; siempre habían sido su mejor carta de negociación y hoy los necesitaban más desesperados, despojados y molestos que nunca.
Eugenio había sido reclutado a los 4 años de edad luego de un minucioso rastreo. El equipo psíquico del partido, más cuatro cibernautas nepaleses, habían scaneado durante años el plano astral con sus consolas–ouija buscando rastros de la esencia de un olvidado líder de masas de principios del siglo XX. Estafador, ladrón y finalmente dirigente sindical; instigador a sueldo de los levantamientos obreros financiados por el gobierno chileno en las plantas salitreras, asesinado luego por el mismo gobierno una vez que se hubo llegado a acuerdo con los dueños de la Industria del Salitre acerca del nuevo régimen de impuestos. Mártir de la causa obrera, se hicieron grandes esfuerzos para esconder que en sus últimos momentos había intentado vender las posiciones de los montoneros a cambio de inmunidad. Trato imposible de realizar porque, por supuesto, su muerte era uno de los requisitos de los inversionistas para cerrar las negociaciones.
Eugenio era el candidato perfecto para dirigir el partido en los años de cruenta guerra política que se vivían.
Cibernautas nepaleses adictos a la mescalina se frieron el cerebro año tras año conectados por los nervios ópticos a las consolas–ouija, scaneando los patrones de su sombra derivando por los meandros del plano astral. Hasta que un día nació nuevamente, sano y fuerte en Bérgamo, Italia, en el seno de una buena familia de campesinos que fue rápidamente eliminada, por supuesto.
Eugenio Balandro era genial. Todos estaban de acuerdo en que la decadencia del partido nada tenía que ver con su gestión. Estaban seguros de que tarde o temprano encontraría la manera de derrotar a sus oponentes y entonces podrían poner en práctica la propia visión de cómo dirigir un país y profitar sin llevarlo a la bancarrota. Les desesperaba ver a sus oponentes gozar de una mujer que consideraban de su propiedad.
Si, Eugenio Balandro encontraría la manera, no les cabía duda.
–Con su permiso, señor –dijo Ramiro Bermejo, secretario personal y enlace de Don Eugenio con el comité del partido–. Les comuniqué su decisión pero nadie considera que éste sea un momento adecuado para actuar en contra del Gobierno.
Eugenio ni siquiera lo miraba inclinado en su sillón, disfrutando a través de los ventanales de la increíble reproducción hi–fi de las costas del lago Carrera en la patagonia chilena.
–Nadie duda de su criterio, señor –agregó Ramiro con toda la humildad que pudo darle a sus palabras–, pero el gobierno ha alcanzado los índices de popularidad más altos en la historia de sus mandatos y….
–Y por eso van a ser derrotados –interrumpió Eugenio.
–Pero… no parece ser el momento, señor. Acaban de lanzar el Plan de Soberanía para el Ciberespacio, un proyecto aplaudido sin reservas por todos los sectores del país, señor –insistió cautelosamente.
–Y si fracasara sería la caída más estrepitosa de los últimos años, también. ¿No lo crees?
–No hemos encontrado fallas, señor. El proyecto ha demostrado ser 100% seguro a pesar de los temores de la gente.
–Los temores de la gente ¿Y no es eso acaso lo que finalmente importa? Si por alguna razón el miedo al proyecto se extiende y la gente no participa en él toda la enorme inversión del gobierno se irá al tarro de la basura, podremos acusarlos de dilapidar el dinero del pueblo financiando monstruos tecnológicos sin destino y comenzar nuestra ofensiva. No puedo creer que el comité no haya comprendido algo tan sencillo.
Ramiro se mantuvo en silencio ejercitando el deporte preferido de los subordinados, conjeturar el plan tras las palabras y el plan detrás del plan.
–Creo que el gobierno ya lo consideró, señor –agregó tímidamente– sabemos que pretenden “levantar” al presidente del Banco de México. Ese sería un gran golpe publicitario. Sería un claro mensaje para la gente que el Plan de Soberanía para el Ciberespacio es seguro.
Eugenio se puso violentamente de pie y caminó hacia un hermoso mueble de caoba lleno de carpetas. Era un hombre alto, de aspecto noble. Ramiro lo siguió con la mirada de respeto, envidia y temor con que se mira a un líder que se sabe superior.
–Encárgate de esto –dijo arrojándole una carpeta–, es el dossier de una asesina a sueldo de la peor clase. Tiene gran experiencia en asesinatos on–line, aunque es una junkie en caída libre un tanto impredecible. Le dicen “la chilena” –Ramiro lo miró alarmado–. Sólo imagínate el siguiente cuadro. Todo el país pendiente de la transmisión en vivo del “levantamiento” de la mente del presidente del Banco de México, principal accionista del proyecto. Todo el país recibiendo en directo las imágenes de sus patrones neurológicos de pronto inexplicablemente rojizos y sus repentinos alaridos sintetizados, el replay de su cerebro–data estallando en mil pedazos contra la nada. El primer plano del rostro del ministro de tecnología, desencajado. Todas las fichas del gobierno perdidas en una sola apuesta ¿No es perfecto?
Ramiro medía y calculaba. La idea parecía demasiado brutal y le encantaba.
–¿Cree que esta “chilena” podría hacer un trabajito así? Se trata del ciberespacio, no de un bar en las poblaciones, señor. Pero…si pudiera…sería maravilloso.
–Testéala, encárgate. Para eso estás aquí.

Mariana caminaba dando tumbos por un callejón de los suburbios con la cabeza llena de estática. Abrir y cerrar los ojos era como abrir y cerrar un canal de comunicaciones saturado de datos tóxicos y abrasivos.
La noche no tenía luna.
“No me hablen, no quiero escuchar”.
Mariana cierra los ojos y siente que dos serpientes, una roja y otra negra, penetran sus cuencas vacías para morderle el alma y sacarla afuera. Sus sinapsis están fuera de control, inundadas de “maíz”, la primera droga nanotecnológica producida artesanalmente.
“Y tú, pobre niño, ¿que haces aquí?”
“Tú, ¿eras un soldado?”
Las serpientes salen por su ano convertidas en plugs que se hunden en la tierra y la conectan al inconsciente colectivo del planeta.
–¡Ustedes están muertos! –grita agitando los brazos.
Silencio.
Estática.
De pronto está a tres calles de distancia sin la más mínima noción del transcurso.

“Una película editada a tijeretazos”.

Suspira hondo y trata de calmarse. Esos pasajes críticos son muy riesgosos, se comportan de la misma manera que las “detenciones seguras” que utiliza la policía contra los delincuentes más peligrosos. Un dardo tóxico que divide químicamente los cuerpos físico y astral del afectado, que se ve de pronto flotando a tres metros de altura mirando a los policias llevarse su cuerpo inerte, técnicamente muerto hasta que el equipo médico, compuesto de ingenieros y chamanes con consolas–ouija, lo traigan de regreso.

“Concéntrate, acuérdate”.

Se sentía rodeada de un agradable aroma a limones.
Caminó hasta un sitio eriazo en la mitad de una población suburbana.

Pensaba en el tatuaje de su muslo que, de pronto, se pone de pie frente a ella para hablarle sobre la soledad mientras cientos de hormigas trazan diagramas que lo explican todo. Mariana solloza, las hormigas se angustian por alguna razón y entran orando respetuosamente por sus fosas nasales.
“Los Pálidos. Tengo que matarlos”, y se le erizó el vello de la nuca.
De improviso toda una avalancha de datos irrumpe de golpe en su campo visual y sabe por qué está ahí.
Lleva tres días rastreando el punto donde “el Pálido quieto” y su gemelo idéntico harán contacto este año.
“Los Pálidos” eran los líderes de una red de narcotráfico de esas drogas forteanas que potencian químicamente la receptividad a los fenómenos paranormales, es decir, en el “vuelo” puedes ver a los muertos. Su principio psicoactivo es básicamente actividad poltergeist fijada como estática a placas microscópicas, montadas en insectos nanotecnológicos, que se inyectan directo al hipotálamo. La industria del arte y la investigación criminalística pagaban pequeñas fortunas por unas cuantas gotas.
La actividad poltergeist se obtenía asesinando violentamente a niños pre púberes en enormes tanques de aislamiento rodeados de placas de cobre que “recibían” y fijaban el horror y las altas cantidades de energía despedidas al momento de sus muertes.
En uno de esos tanques habían muerto 10 de las mejores prostitutas del “Machete”, prominente administrador de la “carne” local a quien, por supuesto, no le había gustado nada esa baja en sus activos. Así que mandó llamar a Mariana.

“El Pálido quieto”. 1187…11:87?..11/8/7?

“El Pálido quieto” era un cuerpo con dos cerebros completamente diferenciados dentro de su caja craneana. Era un hombre con dos almas que vivía para ofender la vista de dios. Tenía satélites naturales orbitándolo.
Su gemelo idéntico caminaba sin detenerse, en sentido contrario a la rotación terrestre, leyendo la frase escrita en el suelo que es necesario recitar para mantener la estabilidad de las cosas.
Ambos se alimentaban sólo de hostias consagradas.
Hoy se cruzarán y es el momento para matarlos.

“Hoy mataré a esos perros asquerosos”, piensa. Sus manos se crispan sobre los cuchillos y siente algo parecido a la excitación sexual. Instintivamente se agazapa y siente como se transforma en un jaguar.
“Voy a matar a esos perros, a esos cerdos cerebro de testículo”, murmura mientras aguza la vista sobre dos siluetas que se recortan contra los matorrales y la penumbra, “seguro violaban a las niñas con sus penes llenos de inmundicia los muy degenerados. Seguro las violaban a golpes mientras ellas les pedían que se detuvieran, los muy hijos de puta”.
Las dos siluetas avanzan una contra la otra.
“Los hombres son todos unos violadores. Cristo se abrió una vagina en el costado para comprendernos mejor. Las mujeres somos mártires atravesadas por la lanza de Longinos”, deliraba arrastrándose con las garras clavadas al polvo.
Las siluetas se encuentran y se abrazan. Un enorme cuchillo entra por la nuca de uno y sale a través del ojo del otro. Un demonio negro y metálico baila frenéticamente en torno a ellos cortando y hundiendo con maestría y ferocidad.
Mariana sangra de pies y manos.
Al cabo de unos segundos los gemelos yacen destrozados pero Mariana no se detiene en su rito, absolutamente transportada. Les abre una vagina bajo el escroto, se come sus testículos con recogimiento; les abre el estómago, extrae las vísceras, rellena el espacio con tierra y un escarabajo vivo, luego cose la herida con alambre y llora a gritos hasta que se duerme.

“No me hablen, no quiero escuchar”.

–Mariana, despierta.
Ramiro Bermejo la toca cautelosamente con su bastón.
Sus hombres ya habían limpiado el lugar y quemado los cadáveres con enzimas digestivas. Minutos más tarde cargaban a la mujer con evidente desagrado, tenía a lo menos un par de semanas sin conocer el jabón y la sangre seca en sus ropas indicaba que la fiesta de la noche anterior no había sido la única de los últimos días.
Cuando despertó, ya en instalaciones del partido, se mantuvo inmóvil y en silencio durante horas antes de comenzar un tenue monólogo sobre pasajes de su propia infancia. Ramiro intervino en el relato y comenzó un extraño diálogo entre desconocidos, fabricado de retazos. Hablaron de Valparaíso, de un viaje a Colombia, de la ciudad bajo la Cordillera de los Andes, hablaron sobre las profundas marcas de cuchillo en su espalda y de la manera más rápida de matar a un hombre. Hablaron de cierta persona que merecía morir, hablaron de la paga por degollarle la mente, hablaron del ciberespacio.
–Primero haremos una prueba de tus habilidades en la web. Tendrás que ingresar a la intranet del Hospital de Bogotá –dijo Ramiro–, nuestros técnicos nos aseguran que inyectándote un par de megabytes de entrenamiento no vas a tener ningún problema para manejarte en ese ambiente.
Mariana lo mira con ojos vidriosos, riéndose como una estúpida.
–Le voy a cortar el cuello con una botella.
–Hoy descansarás, mañana te injertarán y pasadomañana irás de cacería por el ciberespacio– dijo Ramiro, palmoteándola como a un perro de presa.
–¿Quién es ese al que tengo que matar?
–Un tipo accidentado en motocicleta. Recogieron los restos de masa encefálica y digitalizaron la información que contenían, la levantaron a su intranet y la montaron en una estructura neuronal standard. La próxima semana le van a injertar un cerebro nuevo y le imprimirán los fragmentos de su esencia. Tendrán que dotarlo de memoria sintética para llenar los vacíos, por supuesto. Inventar su infancia, su primer beso, parches de conocimientos académicos, etc. Su alma está irremediablemente perdida pero la transnacional dueña de su contrato exige revivir a este zombie por tratarse de un ingeniero clave en el desarrollo de ciertos proyectos de enorme valor comercial.
–Y tengo que matarlo.
–Es sólo un test, no te preocupes, El ya está muerto, lo que revivan será otro procesador de datos humano de esos que viven en las bodegas de las empresas. Sólo queremos verificar que seas capaz de asesinar on–line, luego te daremos tu objetivo real.

Dos días después Mariana se preparaba para ingresar a la Web. Se hincó frente a un agujero en la pared similar a un ano mecánico, introdujo la cabeza y un anillo se cerró en torno a su cuello. Una aguja entró por su frente inoculando mescalina hirviendo de microbios nanotecnológicos. Un tubo flexible entró por su boca y recorrió todo su sistema digestivo, salió por su esfínter y entró en su vagina desplegando dos garfios que se engancharon a sus ovarios. Por el interior del tubo comenzaron a circular escarabajos azules, caminando en hilera, con un mantra dibujado en sus élitros. El mismo mantra se comenzó a escuchar vibrando al unísono con las ondas encefálicas de Mariana y la máquina entró en trance.
Mariana cayó al agua.

>acceso a la web, autorizado

Mariana de pie frente al mar.
La construcción le impide girar demasiado hacia la izquierda o hacia la derecha. El cielo está más bajo de lo normal y gira velozmente. Las estrellas son agujeros que dejan ver la luz que hay más allá en las zonas caóticas del ciberespacio, al parecer cumplen la misma función que los agujeros de las antiguas tarjetas perforadas.
La Web había sido reestructurada completamente 50 años atrás a la manera de un océano. Tenía sus propias mareas numéricas, microclimas informáticos y tormentas que reordenaban aleatoriamente los distintos cardúmenes de datos sumergidos en el plancton que contenía el sistema operativo del software. Todo estaba administrado con criterios ecológicos estrictos. La Web se había convertido en un gran organismo océanico gobernado por la libre interacción de sus componentes en un circuito autoasistido casi biológico.
La playa era la plataforma de acceso.
El sonido del conjunto parecía sacado del corazón de una fábrica en plena Revolución Industrial. Émbolos y engranajes gruñendo en los sótanos del software, arrastrándose tras la escenografía de la playa.
“Cosas” asomaban a la superficie del mar y luego se hundían.
Mariana estira la mano y saca un pez abisal que le hace una pregunta. Lo abre por la panza y saca un cuchillo, lo entierra en el sol y pide acceso: “Solve et coagula”, murmura. El cielo se abre como un párpado y el mar detrás del cielo se revela como una masa de estática similar al ruido blanco de los monitores sin señal. Mariana calibra esa imagen y digita unos conjuros en voz baja con los ojos cerrados. Entre la niebla de la estática escucha inesperados lamentos que la sacan de su meditación, gemidos de textura magnetofónica arrastrándose por el suelo y una mano le toca el hombro.
“Esto no tiene nada que ver con el Hospital de Bogotá”, piensa sobresaltada haciendo esfuerzos para no dejarse llevar por las extrañas presencias que parecían brotar como hongos en las paredes de la programación del software.
“Concéntrate”.
La intranet del Hospital de Bogotá era una hermosa mujer con branquias recitando una pregunta de acceso con voz bellísima. Mariana la besó apasionadamente y pudo conectarse sin problemas, la pasión fue recíproca y la mujer la devoró con su boca de anaconda. Las paredes intestinales estaban escritas, el estómago de la serpiente parecía un árbol flotando en el centro de un universo de dimensiones reducidas, hecho de pequeños mosaicos de obsidiana. Dentro de un fruto encontró al paciente indicado. Los restos de su mente estaban montados sobre una estructura neuronal standard que parecía un panal de furibundas termitas trabajando afanosamente, llevando dendritas de aquí para allá, llorando con pequeños gritos espantosos en frecuencias agudísimas.
“Acupuntura sónica”, pensó la mujer.
Suspiró.
Cerró los ojos para mirar con el cuerpo.
Convirtió sus manos en uñas congeladas del largo de katanas y atacó.
La lucha contra las termitas fue corta y atlética. Mariana giraba y cortaba cabezas avanzando hacia el centro blando de la estructura. De un salto cortó las cabezas de las últimas termitas guardianes y quedó en cuclillas frente a un niño asustado, no dudó en hundirle una uña en la frente y ahogarle el grito degollándolo de un golpe.
Todo tomó coloración rojiza.
Huyó por la línea telefónica asociada a los monitores cardíacos hacia las lagunas de la empresa de telecomunicaciones Aotel, dueña de los empalmes.
Salió caminando hacia la playa de acceso, cayó hacia arriba y la sacaron como se saca a un recién nacido, a un bautizado húmedo de placenta y mescalina, inconsciente.
–Todo salió perfecto –murmuró Ramiro–. Déjenla descansar unas horas.
Las primeras horas de inconsciencia fueron tranquilas, pero pronto comenzaron a brotar infecciones neuronales adquiridas durante su permanencia en la red. Su conciencia fue atacada por gemidos. Gente muerta rasguñando el piso bajo ella, hablándole a través de grabaciones magnetofónicas, amenazando derramarse desde pantallas de televisión encendidas, insultándola imperceptiblemente desde los enchufes de corriente eléctrica. Mariana pudo escucharlos pidiendo ayuda desde las cintas de antiguas grabadoras dejadas encendidas al ambiente. Intentando comunicarse desesperadamente.
Una voz se separa y le susurra al oído un secreto terrible, Mariana llora.

El proyecto de Soberanía para el Ciberespacio se había convertido en la obsesión del Gobierno. Estaban convencidos que sería más importante que las estaciones en la luna o las bases de avanzada en el subsuelo antártico. Se trataba de la colonización de todo un nuevo continente de características ilimitadas.
El Gobierno pagaba importantes sumas de dinero a los voluntarios que aceptaban sumarse al programa. Incluso se sabía de tratos con criminales, blanqueo de papeles y reducciones de condena a cambio de aceptar ser “levantado” a la Web.
El concepto era sencillo. Se sometía al voluntario a un scaneo de sus patrones de memoria y se transferían sus funciones cerebrales, a través de una interface adecuada, directamente al ambiente del Ciberespacio. Las mentes “levantadas” eran asignadas a espacios de memoria protegidos y administrados por el Gobierno llamados “granjas”, donde desarrollaban tareas específicas diseñadas por los departamentos gubernamentales.
“Levantar” a un voluntario se hacía de por vida y se había convertido en todo un rito entre monástico y funerario al que acudía toda la familia en procesión hasta el edificio del proyecto. Allí el voluntario firmaba el contrato que lo separaría voluntariamente de nuestra realidad, se le cortaba un mechón de cabello y se tomaba una fotografía familiar. Luego ingresaba a través de unas puertas a un pasillo oscuro con una potente luz al fondo. Los parientes lloraban y vestían de negro al ir a entregarlo.
Los voluntarios eran inducidos al coma profundo y se les extraían brazos y piernas para reducir espacio. Los cuerpos eran mantenidos dentro de los úteros de cientos de yeguas inconscientes que colgaban de ganchos al interior de enormes galpones oscuros, en una enmarañada red de cables y fibra óptica. Doce clavos de cobre hundidos a lo largo de sus columnas vertebrales se conectaban al hipotálamo de las yeguas, desde allí se proyectaba un axón de calamar que entraba al tejido blando que cubría el techo de los galpones. El espectáculo era sombrío. Interminables aglomeraciones de cuerpos suspendidos caóticamente en la penumbra, destilando aceites y orina al piso enrejado. Respiraciones, uno que otro bufido inconsciente, en general silencio y olor a muerte.
Los parientes podían visitarlos sólo en el Web site de la compañía que administraba la señal, en una amigable interface que simulaba prados al atardecer.
Todo parecía perfecto. El Gobierno tendría “conciencias” administrando desde adentro los complejos procesos de flujo y análisis de datos. La eficiencia aumentaría a rangos impensados y la productividad de toda la red industrial crecería a niveles nunca antes vistos.
Pero un grave problema se cernía sobre el proyecto más ambicioso y revolucionario del Gobierno. Rumores sobre supuestas fallas en los sistemas de suspensión vital frenaron el entusiasmo de los ciudadanos por acogerse al programa. Todo el proyecto dependía de la masividad con que se llevaran a cabo los “uploads” de “conciencias” y sin una masa crítica de a lo menos dos millones de “levantados” el proyecto sería un fracaso, los inversionistas privados retirarían su dinero y su apoyo, comenzarían las auditorías, aparecerían los acreedores nerviosos, los periodistas y toda la fauna que parece brotar de las paredes cuando un animal herido es abandonado por la manada. El Gobierno podía desmoronarse en medio de un escándalo financiero en menos de seis meses.
Además, estaban los “hombres de las cruces”, secta fanática de perfil apocalíptico y escaso número pero de gran espectacularidad, que atraía la atención del público con sus manifestaciones ruidosas y melodramáticas. La gente los escuchaba y para desgracia del Gobierno el mensaje no era alentador para el programa. No podían acallarlos porque la prensa adoraba los escándalos de presión política, menos hacerlos desaparecer, la opinión pública sospecharía de inmediato empeorando aún más la situación.
Los “hombres de las cruces” predicaban en torno a una terrible revelación: la electricidad sería en realidad un demonio, que habría hecho un pacto con sectas alquímicas en los albores de la Revolución Tecnológica para dotar de espíritu a las creaciones humanas a cambio de espacio para manifestarse en nuestro plano. Su medio ambiente particular era el cobre (para los “hombres de las cruces” el cobre era un metal sagrado comparable a la sangre de Cristo). El hombre le había construído redes de carreteras a este demonio a cambio del misterio de la electricidad, la estática y los signos ocultos en las placas de circuitería.
Los “hombres de las cruces” recibían ese nombre por las enormes cruces de cobre que clavaban en puntos de acupuntura de la Tierra. Allí crucificaban a sus iniciados y les extirpaban el ojo izquierdo para conectarles receptores–kirlian directamente al nervio óptico. En torno a la cruz enterraban de cabeza a 4 médiums hasta la cintura, para que escucharan las transmisiones de dios que esa monstruosa antena captaba. En los páramos del desierto de Atacama se podían ver alineamientos de cruces hasta el horizonte. Siempre con obispos perilleando frenéticamente antiguos aparatos radioescuchas e interpretando la estática.
Los mensajes no eran alentadores. Decían que el cobre atrapaba en sus redes a espíritus, esencias y entidades que estaban en tránsito al más allá. El plano astral vibraba y luchaba atrapado en esas redes eléctricas buscando liberarse. Los “hombres de las cruces” profetizaban la apertura de las puertas del infierno, decían que los aparatos estaban a punto de salir de nuestro control y ser controlados “desde adentro”. Predicaban que el ciberespacio se estaba convirtiendo en un limbo para los que no estaban en la gracia de dios y que cualquier proyecto que pretendiera enviar personas vivas allá era producto de las conspiraciones del demiurgo y por lo tanto blasfemo. El ciberespacio era un misterio sacro, un nuevo “más allá” que no debía ser profanado so pena de aumentar el poder del demonio electricidad.
Por alguna razón, quizás por aburrimiento, la gente los escuchaba y su inquietud frente al programa de colonización del ciberespacio aumentaba.

–Espero que hayas descansado, Mariana –dijo Ramiro–. Llevamos dos días esperando que despiertes.
–Denme un poco de maíz, por favor –murmuró la mujer.
–No hasta después de entrevistarte con nuestro presidente. El te hará el encargo personalmente.
–Juro que tomaré sólo un poco –insistió jadeando–, juro que sólo un poco, por favor.
–Tienes que estar lúcida.
–¡No quiero estar lúcida! –gritó irguiéndose de la cama, dos guardias ingresaron a la habitación pero Ramiro los detuvo con un gesto–. Vi… algo. Me hablaron. No quiero recordarlo, por favor.
Ramiro la miró en silencio por algunos segundos, echó a los guardias fuera de la habitación y se sentó en el borde de la cama.
–Cuéntame quién te habló mientras estabas en la Web, dime qué escuchaste. Después te daré todo el maíz que quieras.

La mañana era espléndida. La llovizna de la noche anterior había disipado la eterna nube de contaminación que escondía a la ciudad de los ojos de dios. Hasta se podía ver el enorme cordón montañoso nevado, como una monstruosa ola congelada siempre a punto de reventar, inquietante y amenazador. Como si nos hubiéramos quedado a vivir en la mitad del mar rojo en vez de atravesarlo.

Ciudad peligrosa.

El edificio del partido se encontraba en una zona de las afueras de Santiago de Chile llamada Melipilla (“cuatro espíritus”, en mapudungún). Era una explanada de concreto con accesos vehiculares a los 4 niveles subterráneos donde estaban las oficinas administrativas. Eugenio Balandro se encontraba en el centro del nivel más profundo en una oficina circular con cuatro accesos que se bifurcaban hacia el resto de las instalaciones, incluidos los bnkers y las salas de la artillería antiaérea. El minotauro en su laberinto, el centro del mandala. Hasta allí condujeron a Mariana, o lo que quedaba de ella después de encontrarla en el suelo de su habitación con el maíz saliéndole por los oídos.
–Manténte de pie, ¡por dios! –murmuró Ramiro con dureza. La mujer se tambaleaba junto al secretario que, muy nervioso, esperaba que Eugenio Balandro abandonara sus papeles y les dirigiera su atención.
“Dónde estoy, acuérdate, acuérdate”.
–¿Este espantapájaros es la famosa “chilena”, Ramiro? –se burló Eugenio. Su cabello oscuro contrastaba con el paisaje blanco que se reproducía tras los falsos ventanales a su espalda: los hielos de la patagonia.
“Acuérdate, no te desmayes ¿Quién es este huevón?”.
–Que no le engañe su apariencia, señor. La destreza que demostró en el ciberespacio nos dejó en extremo satisfechos.
–¿Me entenderá si le hablo? –sonrió–. Mírala, apenas puede sostenerse en pie.
–Le va a entender perfectamente, señor.
“De qué están hablando. La cabeza me da vueltas. Los muertos si hablan. Acuérdate…acuérdate”.
Eugenio se puso de pie y caminó hasta ponerse delante de su escritorio.
–Señorita Mariana ¿Sabe Usted por qué han sido solicitados sus servicios?.
“¿De qué habla este huevón?… Dios, la estática se hace líquida. Si me muevo y la derramo se va a comer todo el edificio…algo va a ocurrir”.
–¿Mariana?
–¿Si?.
–¿Sabes por qué estás aquí?.
–Tengo que matar a alguien, creo.
–No hay por qué plantearlo de esa manera –sonrió–, tú eres el factor inesperado. El pedrusco que golpea los pies de barro del gigante.
Mariana luchaba por mantener el equilibrio afirmada en el vano de la puerta. La presión en su garganta comenzaba a ser molesta. Las imágenes se mezclaban mutando como en un sueño.
“Seguro que la droga estaba contaminada”.
–Tú no lo sabes pero vas a contribuir a cambiar la historia de este país –continuó–. Hoy en la mañana he hecho duras declaraciones a la prensa sobre la inseguridad del proyecto de Soberanía para el Ciberespacio del Gobierno. Insistí en el peligro latente para la ciudadanía, en los gastos excesivos y en la imposibilidad de asegurar la sobrevida de los individuos mantenidos en coma, de los “levantados”.
“Quiero vomitar”.
–Mañana a las 10:00 AM van a transmitir en directo, para todo el país, la ceremonia de “upload” de la mente del presidente del Banco de México. Debería ser el impulso definitivo para el éxito del programa. Pero tú vas a estar ahí, entre los pliegues del software con cuchillos digitales en vez de miradas, lista para degollarle la mente en cuanto asome la cabeza fuera del agua. Todo el planeta será testigo en vivo y en directo del fracaso total de nuestro Gobierno.
“¿De qué está hablando este imbécil? Si no para le voy a ensuciar la alfombra”.
La mujer estaba pálida. Sudaba y jadeaba mirando la escena tras un mareo lleno de náusea, palabras entrecortadas y todo ocurriendo a metros de distancia. La realidad pero más blanda, bajo el agua y mal editada.
–Señor –interrumpió inesperadamente Ramiro Bermejo–, tenemos información adicional de gran relevancia.
Eugenio le clavó una mirada de molestia.
–Entonces dímela de una vez.
–Señor, Mariana es una mujer extraordinariamente receptiva a las frecuencias del plano astral. Cuando entró al ciberespacio hizo contacto de alguna manera con “entidades” y “presencias” de naturaleza paranormal, señor –la mujer se afirmó ruidosamente de un mueble y tosió aguantando la náusea.
–Continúa.
–De los mensajes y restos de información que recibió de estas entidades podemos deducir que hay una marea síquica filtrándose hacia el ciberespacio, señor.
–¿“El movimiento en los sueños”? –sonrió–, has estado escuchando demasiado a los “hombres de las cruces”.
–Creemos que la contaminación del ciberespacio por estas entidades se encuentra en avanzado estado de infección, señor.
Mariana levanta bruscamente la cabeza con los ojos desorbitados –¡Tratan de salir por mis nervios ópticos!
–¡De qué habla esta mujer! –grita Eugenio cada vez más molesto.
–Las llamadas telefónicas siempre difieren en una letra, en un imperceptible cambio en la intención de la voz. Todo está orientado a producir necesidad de dios. Todo está manejado por el demonio de la electricidad– murmura la mujer.
–¡Ramiro, calla a esta loca!.
Mariana vomita sujeta a un mueble de archivos.
–Lo siento, señor –dice Ramiro.
“Vienen a través del cobre, van a salir por mis ojos”.
–Lo que averiguamos es de gran importancia, señor.
Eugenio le hizo un gesto indicándole continuar.
–Al parecer el departamento psíquico del gobierno hizo contacto con las entidades del “movimiento en los sueños”. Tenemos información que sugiere que el Proyecto de Soberanía para el Ciberespacio es un programa de alcances más allá de nuestro conocimiento, señor. Las mentes “levantadas” estarían creando un ambiente operativo compatible con la naturaleza de estas entidades síquicas para facilitar su ingreso y proliferación. La segunda etapa sería crearles una interface para salir, a través de puertos de datos, hacia periféricos que les permitan interactuar con nuestra realidad.
–Encarnarse en máquinas –murmuró Eugenio.
–Algo así, señor –continuó–. El proyecto es de un potencial ilimitado.
–¿Y en qué cambia eso nuestros planes? –dijo Eugenio.
Ramiro titubeó, bajó la mirada y observó a Mariana jadear. El vómito era blanquecino, le iba a hacer bien haber expulsado todo ese maíz de su organismo. –Quizás reenfocar nuestra estrategia, señor.
Eugenio guardó silencio, expectante.
–Creo que nuestro objetivo debiera ser desprestigiar al gobierno y no al Proyecto, señor. Los beneficios que podríamos obtener de él, una vez que lleguemos al poder, serían incalculables –Eugenio sonrió burlonamente meneando la cabeza–. ¿Y cómo “crees” que podríamos conseguir eso, Ramirito?
–Bien. Todos saben que usted es el principal opositor al proyecto. Todos saben que usted es responsable, en buena medida, del fracaso del proceso de reclutamiento de voluntarios. Usted es una gran piedra en sus zapatos y todos saben que al Gobierno le encantaría que usted… desapareciera del paisaje, señor.
–Entiendo –continuó Eugenio, muy serio–. Y si yo tuviera un “accidente” todos sospecharían con razón de los organismos de seguridad, se podrían proveer algunas pruebas y el escándalo se desataría. Sería considerado magnicidio, el desprestigio del Gobierno sería inmediato y todos se verían obligados a rechazar a una administración responsable de asesinato político, ¿cierto? –Ramiro bajó la mirada y Eugenio estalló como un volcán–. ¡Deberían desollarte vivo sólo por insinuar semejante estupidez, imbécil! ¡Es lo más descabellado que se le podría haber ocurrido a alguien! –Se detuvo de golpe y miró a Mariana que se ponía de pie, aún mareada. Se puso pálido y giró bruscamente hacia Ramiro.
–Pequeño imbécil… no estás bromeando –murmuró.
–No, señor.
–Mariana no vino a recibir un encargo sino a ejecutarlo.
–Así es, señor.
–Esto fue demasiado lejos. Voy a llamar a la guardia…
–Señor –interrumpió– las comunicaciones de la sala están cortadas.
Eugenio comenzaba a ponerse muy nervioso, la cabeza le funcionaba vertiginosamente buscando una salida, analizando la situación. Ramiro esperaba tranquilamente a que Mariana finalmente se recuperara.
–Pequeño ambicioso, ya entiendo –sonrió nerviosamente–, quieres nada más y nada menos que la presidencia del partido. Para tu información mi candidato es otro…jamás serías tú, pequeña rata.
–Todos saben que su candidato “secreto” es Pedro Alvarado, señor. El sería el principal beneficiado con su muerte y por lo mismo considerado como primer sospechoso de su asesinato.
–Entiendo, esa fue tu condición para ejecutar el proyecto. Que el inculpado fuera mi candidato, ¿cierto? Así te deshaces de él y limpias tu camino.
–Le inventaremos un historial de espionaje y una conexión secreta con organismos del Gobierno –continuó–. El se defenderá pero las pruebas serán concluyentes, además nadie podría creerle que nosotros mismos planeamos la muerte de nuestro presidente como parte de una estrategia política, sería demasiado monstruoso. En eso radica la genialidad de esta idea, señor.
Mariana meneó la cabeza intentando despejarse.
–¿“Le inventaremos un historial”? ¿Quieres decir que hay más gente involucrada en esta locura? Sólo espera a que el comité se entere, miserable idiota. Tú y tus cómplices van a pagar muy caro este desacato.
–Señor….
–¡Nada de “señor”, conchetumadre! ¡Cuando el comité te desenmascare no habrá lugar en la tierra para ti y tu familia! –gritó mientras intentaba activar su intercomunicador personal.
–Señor….
–Aquí, Eugenio Balandro. Solicito línea directa con el comité, de inmediato…
–¡Señor!.
–¡Cállate!.
Mariana se refregó la cara con las manos y resopló con energía, la niebla se disipaba.
–Fue el comité en pleno el que aprobó este procedimiento, señor. Y por unanimidad, no está de más decirlo. Todos consideraron la idea digna de elogio.
Eugenio quedó inmóvil, el rostro desencajado, la boca semi abierta. Durante un segundo le pareció que su mente se equilibraba precariamente sobre un acantilado brumoso. Mantuvo la mirada fija en Ramiro. Experimentó la sensación inédita de ser sólo un hombre indefenso, desnudo y frágil. Pensó en convencer, sobornar, finalmente rogar, pero era Ramiro Bermejo a quien tenía enfrente, imposible rebajarse. Pensó en el arma que guardaba en el cajón, pero Mariana sería más rápida, lo sabía bien pues él mismo la había seleccionado por su destreza.
Sus rodillas comenzaron a temblar y un involuntario rictus de dolor fue rápidamente controlado.
–Por favor, señor –dijo Ramiro un tanto incómodo– recuerde que las cámaras de seguridad lo están filmando. Eugenio bajó la cabeza y miró de reojo las puertas cerradas, el minotauro en su laberinto.
–Todos los accesos están bloqueados, le imploro dignidad, señor –dijo Ramiro inspeccionando con la mirada a Mariana.
–Perderán mucho con mi partida –dijo en un hilo de voz.
–En absoluto. Usted es la persona justa que necesitaremos “allá arriba” para que se entienda con “ellos”, señor.
Eugenio intentó sonreír. Repentinamente se arrojó con agilidad sobre su escritorio. Papeles y objetos metálicos saltaron en todas direcciones mientras abría un cajón intentando alcanzar el arma escondida bajo los archivos.
Mariana no entendía nada. Entre su mareo y las palabras inconexas que llegaba a escuchar vio el gesto de Ramiro indicándole a Eugenio y diciendo la palabra “mátalo”. Eso lo entendió perfectamente, algo se activó en su interior y todas sus partes calzaron automáticamente.
Eugenio alcanzó el arma pero cuando consiguió levantarla un cuchillo le había clavado la mano al escritorio y se encontró cara a cara con un demonio transfigurado.
–Cerdo inmundo, seguro has violado mujeres –lo tomó de los cabellos, le puso la hoja en la garganta y miró a Ramiro esperando su señal.
–Quiero que sepa que la idea fue mía, señor. Espero que se sienta orgulloso –dijo el secretario haciendo un gesto a Mariana y desviando la mirada.
Todo estaba terminando dolorosamente para Eugenio Balandro. Todo estaba comenzando para Ramiro Bermejo, nuevo presidente del Partido Obrero Revolucionario.
Mariana se acercó a él bañada en la sangre de Eugenio y con parte de su tráquea en la mano derecha, sonriendo.
–Lo hice rápido, creo que me dio lástima. Nunca me ha agradado matar a adolescentes, ¿qué edad tenía, 13 años? Me preocupa pensar que lo disfrutaste, Ramiro.
El secretario la miró con desprecio. Tendrían que eliminarla, el comité detestaba los cabos sueltos.
La mujer permaneció inmóvil frente a él, mirándolo a los ojos mientras una sonrisa congelada avanzaba en cámara lenta por sus mejillas salpicadas de sangre.
Ramiro tragó saliva.
Mariana avanzó dos pasos hacia él.
(El zumbido del sistema de ventilación).
–Tengo este regalo para ti –dijo y le hundió un cuchillo en el páncreas–. Es gratis –sonrió.
–¿¡Pero… –susurró con los ojos desorbitados por la sorpresa, deslizando lentamente la espalda por la pared hasta el suelo–… por qué!?.
–No se, creo que me das asco. A lo mejor sólo estoy cagada de la cabeza –sonrió rascándose la nuca–. Quizás… quizás me molestan los finales demasiado perfectos. Algo sobre cabos sueltos me dijeron, también…creo.
Ramiro la miraba hacia arriba con los ojos muy abiertos, como un pez ahogándose al fondo de un bote. Comprendió que una nueva decisión se había tomado en su ausencia y, entre la niebla de su desvanecimiento, la aceptó con amargura.

Mariana limpió los cuchillos en la solapa de seda del secretario muerto y sintió un agudo dolor en el centro de la frente.
“La droga me está matando”, pensó y salió de la habitación tambaleándose.

[FIN]

por Jorge Baradit

Asimov y los Viajes en el Tiempo

por Remigio Aras

Una de las primeras obras literarias en tratar el tema del viaje en el tiempo fue la moralizadoramente discursiva A Christmas Carol (1843) de Charles Dickens, un libro que jamás he leído pero con cuya historia estoy más que familiarizado amén de las innumerables versiones llevadas al cine y la televisión (recuerdo particularmente una de las primeras que vi de niño donde el putrefacto fantasma del ex-socio de Scrooge realmente daba miedo). La novela de Dickens por supuesto que no era ciencia ficción al no estar involucrado ningún artilugio tecnológico en el proceso de crondesplazamiento, por lo que el título de “primera obra literaria de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo” recae en Herbert George Wells y su The Time Machine (originalmente publicada como The Chronic Argonauts en el Science Schools Journal de 1888; expandida y revisada luego en 1895). Hay algunos quisquillosos que argumentan que Wells no fue el primero en idear una máquina del tiempo sino un tal Edward Page Mitchell que varios años antes propuso tal artefacto en Clock That Went Backward (1881), historia en que dos niños descubren un reloj roto que los transporta a la Holanda del siglo dieciséis, pero a esa gente le digo: no podemos considerar al reloj aquel cómo una verdadera máquina del tiempo sino como un objeto mágico, ¡estamos hablando de ciencia ficción aquí después de todo!
Es Wells y nadie más que Wells quien sentó las bases del viaje en el tiempo para la ciencia ficción, antes de él los viajeros estaban condenados a viajes sin regreso o de una sola vía a través de sueños, visitas de fantasmas, criogenia o larguísimas siestas. Al principio de The Time Machine el protagonista declara: “Existen en realidad cuatro dimensiones, tres a las que llamamos los tres planos del Espacio, y una cuarta, el Tiempo”, esto diez años antes que Einstein diera a conocer su Teoría Especial de la Relatividad, que, como señala Pedro Jorge Romero en su artículo El Viajero del tiempo aprende despacio, llevaría la idea del tiempo como una cuarta dimensión de una entidad superior conocida como el continuo espacio–tiempo (Pedro Jorge Romero se encargó de la traducción para la edición española de Las naves del tiempo, continuación de La máquina del tiempo de Stephen Baxter).
El escritor pulp Raymond Cummings fue el primero en expandir las bases propuestas por Wells en The Man Who Mastered Time (Argosy, 1924), The Shadow Girl (Argosy, 1929) y The Exile of Time (Argosy, 1931). Murray Leinster llevó la idea del viaje en el tiempo un paso más allá al crear “El Demostrador Tetradimensional” (1935), una maquina que duplicaba materia simplemente atrayendo el mismo objeto al presente desde el pasado. La popularidad de las historias de viajes en el tiempo se incrementó durante la edad de oro de los pulps pero como sus contrapartes del siglo XIX, los escritores estaban más interesados en la máquina del tiempo como una excusa para situar a sus personajes en mundos extraños que en especular sobre las paradojas resultantes de tal hazaña o el mecanismo de funcionamiento del prodigioso aparato. Son justamente estos aspectos los que me interesan destacar de la obra de Asimov. La cantidad de relatos y la diversidad de autores que han escrito sobre el tema desde que Wells publicara La Máquina del Tiempo da para más páginas de las que estoy dispuesto a escribir (soy muy perezoso), pero Asimov (quien dista mucho de ser uno de mis escritores favoritos) nos basta y sobra ya que escribió varios cuentos sobre el tópico desde diferentes ángulos y sin repetir mecanismos argumentales para el cronodesplazamiento, dejaré fuera las novelas como El Fin de la Eternidad y los cuentos donde no se especifique el mecanismo del viaje en el tiempo (como ocurre en El día de los cazadore, por ejemplo) asimismo como Las propiedades endocrónicas de la Thiotimolina Resublimada, que es muy aburrido.

El niño feo
En este cuento (tercero favorito de Asimov) un niño neanderthal es traído al presente por un equipo de investigadores que además le han echado el guante a rocas prehistóricas, trilobites y hasta un pequeño dinosaurio, todos almacenados en un complejo de habitaciones, cada una de ellas en una burbuja de Estasis, que están a su vez dentro de una burbuja invisible mayor que no forma parte de nuestro universo. Al igual que los otras muestras el niño es recogido en el pasado mediante una técnica de detección intertemporal de mesones. Los objetos al atravesar las líneas de fuerza temporales ganan potencial temporal por lo que deben permanecer en Estasis ya que introducirlos en el universo y la época de los investigadores absorbería energía suficiente para quemar todas las líneas de lugar.
Los objetos sujetados en Estasis son eventualmente regresados a su época y pueden arrastrar a otros objetos consigo si no se toman las precauciones adecuadas. Una vez que el objeto retrocede en el tiempo el enfoque original se pierde a menos que se planee retenerlo. Cada unidad de Estasis posee un dispositivo de perforación, es preciso pues cada unidad tiene su propio enfoque y debe funcionar de forma independiente. En cuanto a los cambios que podrían producirse en la historia ante la ausencia de las muestras extraídas del pasado estos en la práctica no ocurren. La matemática de la Estasis indica que los cambios son convergentes y disminuyen con el tiempo.
¿Quiere decir que la realidad se cura a sí misma?, pregunta la niñera del niño neanderthal, la señorita Fellows. “Por así decirlo”, “contesta el profesor Hoskins a cargo del proyecto. Extraiga un ser humano del tiempo o hágale retroceder, y la herida será más profunda. Si se trata de un individuo común, la herida aún puede curarse. Muchas personas nos escriben todos los días pidiéndonos que traigamos a Abraham Lincoln, a Mahoma o a Lenin. Eso no es posible, por supuesto. Aunque los encontráramos, el cambio producido en la realidad, al desplazar a uno de los que moldearon la historia, sería demasiado grande para poderse curar. Hay modos de calcular cuando un cambio tiene posibilidades de ser demasiado grande, y evitamos aproximarnos a ese limite.

La carrera de la Reina Roja
Este cuento remite a la teoría del viaje en el tiempo conocida como Causalidad Circular y trata sobre el envío de un texto científico (en forma de pergamino) desde el presente a la Antigua Grecia y nos prodiga varias elucidaciones en torno al viaje temporal. Si se toma una masa de materia y se le aplica traslación temporal, es decir, se la envía hacia atrás en el tiempo, se está creando materia en el punto del tiempo adonde se envía. Para ello, ha de utilizarse una cantidad de energía equivalente a la cantidad de materia creada. En otras palabras, para enviar un gramo de cualquier cosa hacia atrás en el tiempo, se debe desintegrar totalmente un gramo de materia, con el fin de suministrar la energía requerida.
Por decirlo con mayor rigor, se requiere que la energía se transforme en inercia temporal, y resulta que la energía en ergios necesaria para enviar una masa en gramos equivalente a esa masa al cuadrado de la velocidad de la luz en centímetros por segundo, que es la ecuación de equivalencia masa-energía de Einstein.
Si se envía el material quince minutos atrás, aparentemente se envía el material al mismo sitio en relación a la Tierra, a pesar de que en quince minutos la Tierra se ha desplazado veinticinco mil kilómetros alrededor del Sol, y el Sol, a su vez, mil quinientos kilómetros más y así sucesivamente.
El pergamino es enviado finalmente pero la historia de la humanidad no es alterada al incluir el traductor sólo los “pasajes que dieran cuenta de los raros jirones de conocimiento que los antiguos aparentemente obtuvieron de la nada.” “Ha sido una carrera de la Reina, señala el traductor. “Tal vez ustedes recuerden A través del espejo, de Lewis Carroll. En el país de la Reina Roja había que correr a toda prisa para permanecer en el mismo lugar.”

Una estatua para papá.
En este cuento el viaje al pasado se realiza a través de “cronoembudos”. Los cronoembudos son totalmente irracionales e incontrolables. Sólo presentan una distorsio´n ondulante, de algo más de medio metro de anchura como máximo, y que desaparece rapidamente. Tratar de enfocar el pasado es como tratar de enfocar una pluma en medio de un turbulento huracán.
Tras cincuenta años de intentos infructuosos (que incluian el sujetar el pasado con garfios que por lo general no resistían) el padre del protagonista convence al Gobierno que le suministre fondos para instalar un cronoembudo propio y tras algunos años durante los cuales no logra nada salvo perder las subvenciones consigue mantener el foco del cronoembudo por diez “largos” minutos. Por supuesto no teníamos ningún garfio a mano. Pero la baja permeabilidad permitió que algo se desplazara del “entonces” al “ahora”. Obnubilado, actuando por mero instinto, extendí el brazo y agarré aquello. Lo que el protagonista había extraído del pasado antes de perder el foco fue un puñado de barro duro y seco que contenía catorce huevos que tras diecinueve días de incubados produjeron catorce diminutos canguros con escamas verdosas, patas traseras con zarpas, muslos rechonchos y colas delgadas como látigos. El secreto del viaje en el tiempo jamás seria hallado, pero el descubrimiento accidental de la deliciosa carne de dinopollo convertiría en millonarios al protagonista y su padre.

Necrológica
En este cuento un científico abusivo con su esposa descubre la manera de “traer” cosas del futuro. El gran secreto que he descubierto es que la duplicación de un objeto en un punto del futuro requiere escasa energía si dicha energía se aplica correctamente. La esencia de esta proeza…, querida, es que al crear el duplicado y traerlo de vuelta he logrado el equivalente del viaje por el tiempo. El problema es que los seres vivos por alguna extraña razón llegan muertos. El científico entonces planea con la ayuda de su esposa una dramática demostración de su descubrimiento “regresándose” desde un futuro de tres días. Dentro de tres dias, llegaremos al instante en que se formó el “yo” duplicado, usando mi “yo” verdadero como modelo, y regreso muerto. Una vez que pasemos ese momento, el “yo” muerto desaparecerá y el vivo permanecerá., explica el ambiciosos científico. Cuando aparezca mi cadáver, el medico me declarará muerto, los periódicos anunciaran que estoy muerto, el sepulturero se dispondrá a enterrar el muerto. Luego, volveré a la vida y haré público como lo hice. Cuando eso ocurra seré algo más que el descubridor del viaje por el tiempo. Seré el hombre que regreso de la tumba. Esta situación es aprovechada por la esposa para cometer el “homicidio perfecto”.

He ahí, cuatro cuentos del buen doctor que recomiendo leer a todos lo fanáticos de los viajes en el tiempo (¿existirá tal cosa como un fanático de los viajes en el tiempo?). Dentro de mis historias favoritas referentes a este tópico está el relato All you Zombies de Heinlein, la novela de Tim Powers Las puertas de Anubis, la película Doce Monos de Tery Gillian (no, no vi la versión francesa original) y aquel episodio de Futurama donde Fry y los demás viajan al pasado y terminan originando el “incidente Roswell (además del hecho que Fry termina convirtiéndose en su propio abuelo).

por Remigio Aras

Terminator: El Amanecer de las Máquinas

por Pablo Castro Hermosilla

Terminator es, a mi juicio, una de las ideas conceptuales más potentes e interesantes del cine de ciencia ficción, aunque debería incluir en esta apreciación a “todo” el cine. El estreno de la tercera parte titulada La Rebelión de las Máquinas durante el año 2003 es la excusa perfecta para analizar lo que ha sido y es Terminator. Pero pensándolo mejor, creo que un análisis de las tres películas ya estrenadas es materia exigida al constatar la evolución de nuestra sociedad, en el cual las máquinas tienen cada un mayor y a veces peligroso protagonismo.
Ciertamente Terminator es sólo cine de acción, un producto creado en el país que ha convertido al comercio y a la economía en los estándares para juzgar toda actividad humana. Eso no se puede esconder. El valor de Terminator como película es una cosa, su valoración como concepto o metáfora es otra. Este artículo pretende moverse en ambas dimensiones.

The Terminator (1984)
La película de James Cameron estrenada en 1984 es todo un clásico, si es que entendemos a los clásicos como creaciones perdurables y que no necesitan de actualizaciones. Tuve la oportunidad de ver hace unas semanas atrás este filme en formato DVD y no me queda otra que aceptar la tremenda fuerza de este película que al momento de filmarse estaba muy lejana de lo que hoy consideramos un gran estreno o una gran superproducción.
Los cineastas jóvenes o aquellas personas que están hoy interesadas en nuestro país de hacer cine, deberían considerar a Terminator como una base de influencia constante. No tanto por su trama ni por sus efectos, sino por lo esencial que resulta ver cómo con pocos recursos y una gran idea, se puede hacer cine de categoría. Los recursos escasos son una norma no escrita en nuestra pobre producción cinematográfica, pero la imaginación y la capacidad para diseñar una trama notable escasean casi por mandato genético.

Dos cosas destacan inmediatamente de una buena película: el concepto que está detrás de ella y la forma como esa idea conceptual es tratada. En ese sentido Terminator no tiene fallas, y por el contrario el tiempo le hace justicia.
Cameron juntó dos elementos clásicos de la ciencia ficción: los viajes y paradojas temporales (mito antiguo) con la rebelión de las máquinas (mito más contemporáneo). A eso le agregó un mito muy presente en 1984: la hecatombe nuclear. Este elemento le otorgaba a Terminator todo el lado siniestro e inquietante, que funcionaba debido a que estaba basado en una premisa posible. Para 1984 la tensión nuclear entre EE.UU. y la URSS no era un tema menor y se tenía conciencia de que una guerra nuclear no era tan descabellada. Hábilmente Cameron mantuvo ese miedo y esa inquietud, pero cambió el enemigo potencial: ya nos serían los jerarcas soviéticos los que lanzarían misiles intercontinentales SS-18 sobre suelo americano, sino los propios sistemas de defensa computarizados, esto es, las propias computadoras creadas por EE.UU. para controlar sus sistemas de defensa y seguridad.
Es notable que en plena época de tensión política e ideológica, Cameron haya decidido introducir un enemigo nuevo, carente de política, ideología o sentimientos. Si los soviéticos vivían a miles de kilómetros de distancia, las máquinas estaban ya funcionando en pleno territorio americano. Esta premisa convirtió a mi juicio a Terminator en la primera película post Muro de Berlín que usaba dichos elementos.
Tenemos entonces un concepto: las máquinas provocarían una guerra nuclear para destruir al hombre. Pero un director debe también saber trasuntar a través de los elementos que otorga el cine esta idea conceptual. De esa forma Cameron, con una habilidad y sensibilidad asombrosa, construyó pasajes de ese mundo oscuro, donde máquinas y hombres combaten despiadadamente, usando alta tecnología. Esas imágenes nos llegan a través de flash backs y por lo mismo su fuerza es notable, pues es nuestra propia imaginación la que debe esforzarse por darle un sentido, esfuerzo que lleva a la comprensión y a la identificación.
Cameron usaría las mismas imágenes para mostrar una terrible realidad: el avance indestructible de las máquinas y la infiltración de cyborgs avanzados en los refugios de humanos. Para ello construye una escena memorable, donde el protagonista debe luchar contra un Terminator invencible que se infiltra en un subterráneo de una industria ya destruida. Lo notable de esto, es que dicha escena está construida con elementos mínimos, pero que son capaces de crear una atmósfera visual y emocional de primera categoría.
Ciertamente que Terminator adolece también de varias contradicciones, pero el resultado final es notable. Las actuaciones están bien logradas, los efectos visuales (sobre todo aquellos que muestran las escenas del futuro) están muy bien logrados y la trama funciona de maravilla. Aparte de las escenas ya descritas hay varias que son de antología, como el ataque del Terminator a la estación de policía o el primer encuentro entre los tres personajes principales en una discoteque. A eso yo le agregaría la característica música incidental, algo que es tan importante y consustancial como el oxígeno al agua. Si Schopenauer consideraba la música como el movimiento de ideas arquetípicas, la música de Brad Fiedel es prueba de ello.
Pero insisto, creo que lo mejor de Terminator, es el constatar como con una gran imaginación y puesta en escena se puede hacer gran cine y de paso transformarse en ícono de la cultura audiovisual

Terminator 2: Juicio Final (1991)
Tuvieron que pasar nueve años para que Cameron volviera a reditar su mito cinematográfico. Las expectativas eran enormes y confirmaban el legado de Terminator en el inconsciente colectivo cinematográfico. La película fue un éxito de taquilla, sentó las bases para nuevos efectos visuales y de paso le dio un poco de aire a la carrera del grupo Guns and Roses. Pero a mi juicio todo ello escondía una latente debilidad.
Juicio Final debía lidiar con dos problemas: primero, para 1991 la amenaza nuclear venía en descenso. El fin de la Guerra Fría y los primeros acuerdos sobre armas estratégicas diluyeron el fantasma de un holocausto nuclear. Esta percepción debía potenciar el hecho de que las máquinas eran los verdaderos enemigos del hombre y que podían lanzar armas nucleares sin distinción de ideologías o contextos políticos. Pero al colocar un Terminator como defensor del futuro líder de los humanos en su lucha en contra de las máquinas, el sentido de la lucha en sí comenzaba a perder su sustento psicológico. Era una apuesta arriesgada, pero toda apuesta en el cine es válida si se le otorga un conjunto de elementos capaces de sostener tal apuesta.
Aquí es donde Juicio Final falla inexorablemente: el terminator llega de pronto a salvar a John Connor sin que nadie sepa en realidad cómo fue posible tal cosa. Cameron pudo utilizar su técnica de flah backs, pero dejó esta explicación en los labios del terminator, cosa que a mi personalmente no me convenció, ni visual, ni inconscientemente. La película iba a ser entonces una lucha a muerte entre dos terminators, mientras de alguna forma se intentaba eliminar la posibilidad de una guerra nuclear.
Un buen director debe ser muy consciente de los elementos que permitieron hacer gran su película. Cameron no lo entendió de forma completa y Juicio Final trastabilla por momentos. Aunque las escenas de acción están bien delineadas hay una escasez de un elemento esencial en Terminator: la información que entrega claves fragmentadas por el tiempo y que apela a elementos que están en el pasado, es decir, en el presente de la historia. Es esa información la que le otorgaba a Terminator esa cuota de inquietud y miedo a lo desconocido, es decir, al futuro mismo. Juicio Final funciona precisamente cuando se nos entregan datos sobre Skynet y la forma como da comienzo a la guerra. Ahí la película adquiere momentos de duda y reflexión, donde el futuro puede ser modificado si alteramos ciertas decisiones.
Pero en Juicio Final esta información adquiere importancia cuando gran parte de la película ha pasado ya por nuestras retinas. No alcanza a tener la dimensión requerida, a pesar de que la sensación después de ver el filme es contraria. Sin embargo, Juicio Final no es una verdadera segunda parte, si no una extensión de la primera. La mejor prueba de esto es que si se revisan las escenas que Cameron no incluyó en Terminator se podrá ver que la idea de destruir el complejo cibernético donde se diseñan las máquinas estaba ya esbozada. Por eso para mí Juicio Final no agrega nada nuevo a la historia. Sólo se repite el mismo esquema de Terminator, con mejores efectos, con un terminator bueno tratando de salvar a Connor y uno malo tratando de matarlo. El peligro nuclear no alcanza a asustarnos, por más que esa escena del impacto de una bomba en Los Angeles sea tan vívida y terrorífica. Creo que fue una película tardía, una extensión temática de la primera, pero con muchas lagunas visuales e históricas.

Terminator 3: Rebelión de las Máquinas (2003)
No había mucha expectativa por Terminator 3. Pasaron 12 años y ya nadie se acordaba de Sarah o John Connor. Además todo parecía finiquitado en Juicio Final, así que no había muchas razones para volver con una nueva película. A eso hay que agregarle el descenso de los filmes de grandes presupuestos y el auge del cine independiente o de producciones con “contenido”, o basadas en obras literarias rimbombantes.
En sus años de lucidez, el escritor chileno Alberto Fuguet decía que lo mejor de las películas eran las sinopsis de éstas tiempo antes de su estreno. Y la verdad es que una mala sinopsis es tal vez la mejor señal de que una película estará muy por debajo de sus expectativas.
Yo tampoco esperaba casi de nada de Terminator 3. Pero cuando vi el primer trailer en enero del 2003, tuve la impresión de que la cosa venía en serio. Tres meses después cuando vi el trailer internacional no sólo confirmé esta apreciación, sino que después de muchos años volví a sentir esa ansiedad por el pronto estreno de la película.
Si ya poca gente cree en las segundas partes, menos en las terceras, a no ser que un director proclame a los cuatro vientos que está filmando una trilogía (el gran truco de Peter Jackson para vender su falsa epopeya heroica). Sin embargo John Mostow se tomó el desafío con tranquilidad y casi con mínima preocupación, tratando de apostar por una película bien hecha y con más de alguna sorpresa.
El resultado a mi juicio fue ampliamente satisfactorio: Terminator 3 es una muy buena película, pero difícil de apreciar para un público que se ha acostumbrado a otro cine. Esto no debería sorprender, porque visualmente Terminator 3 parece una película de los ochenta, con presupuesto infinito. Sin embargo tiene algo pocas visto en el cine actual: un guión armado a base de gran violencia pero dando espacio a paquetes de información sorprendentes y muy bien estructurados.
Mostow no intentó hacer una película de otro mundo, ni filmar escenas grandilocuentes, ni nada por el estilo. Muy por el contrario, respetó los códigos con los cuales Cameron filmó sus terminators. La gran diferencia es que eliminó cualquier pretensión por una cuota de elementos nuevos muy leales y congruentes con lo que es la historia de Terminator. Así nos topamos con una Terminator que viene a matar a los lugartenientes de Connor, al ser este último inubicable. Nos topamos con un Terminator que viene a proteger a Connor y a su futura esposa, quien es la que ha enviado al Terminator. Todos estos elementos junto a otros están muy, pero muy bien estructurados y se acoplan de maravilla con las circunstancias de la película (los que digan que no es gran cosa traten de escribir un guión o una novela que funcione así). Es un guión muy bien pensado, más allá que deje todo armado para una cuarta parte (que si es como la tercera, bien venida sea) cosa que no erosiona a la película misma. Por eso considero a Terminator 3 como una verdadera continuación de lo que fue Terminator, porque aporta elementos nuevos no predecibles y que tampoco resultan fantasiosos o forzados. Es más, todo el concepto de Terminator adquiere verdadera fuerza con estos elementos.
Se cree que un buen guión condensa una buena estructura narrativa junto a eficientes diálogos. Yo agregaría también la habilidad para entrelazar elementos que otorguen una continuidad intelectual. En ese sentido el guión de Terminator 3 me parece infinitamente mejor que el de Juicio Final. Por eso no me sorprende que sea lejos una mejor película, mucho más fiel al primer Terminator.
Quizás el único punto débil siga siendo todo lo relacionado con el amanecer de las máquinas, la forma como toman el control y desencadenan la guerra. Por un momento Terminador 3 llevaba muy bien la idea de una caída global de los sistemas (fin de mundo imperceptible) como preludio a un holocausto nuclear (fin de mundo y destrucción materiales) pero le faltó tiempo para desarrollar mejor esta idea, al igual que toda la secuencia de lanzamiento de misiles (que siempre pone los pelos de punta, sino vean El Día Después) o esa idea sobre la corrupción de las máquinas y su inmutabilidad más allá de cualquier programación.
Es claro que Mostow se guardó lo mejor para un Terminator 4, innecesario si Cameron hubiese hecho Juicio Final como correspondía. Sin embargo Mostow se dio el tiempo para crear un gran final que será apreciado con el tiempo. Esa secuencia donde Connor y su futura esposa se dan cuenta que la destrucción es inevitable mientras observan las computadoras anticuadas (y por lo tanto no conectadas a los sistemas infectados) en medio de ese salón donde la guerra nunca llegó y que emerge como imagen de un pasado lleno de miedos no irracionales, junto a las voces de radio que comienzan a pedir ayuda en medio de un silencio solemne me convencen de que Terminator 3 es una gran película que irá saliendo del capullo de simple secuela que los críticos insípidos de siempre le han conferido.

por Pablo Castro Hermosilla

Lo Fantástico en el Escenario de la Vida

Por Sandra Leal

Nada qué hacer, la organización del mundo sensible, la exigencia de lo material se ha convertido en un límite imposible de franquear. Ahí sentados frente al computador, pueden ver y sentir cómo la materia impide notar aquello que está más allá de lo puramente racional, esas sensaciones, esas cosas que intuimos pero no vemos, que sabemos están ahí pero no podemos cuantificar, alejadas de las leyes naturales que no hemos sido capaces de descubrir; aquellas que se pierden en el olvido y con las que se abandona algo superior, que está muy dentro nuestro como escondiéndose cada vez que las ignoramos.
Para vivir bien, digo, más allá de tener una casa bonita y una familia ideal, para concentrarnos en el simple y devaluado acto de vivir, todos deberíamos poseer el sentido de Lo Fantástico; así como lo tenían Cortázar, Borges, Cervantes, Dalí, Picasso, incluso Einstein y como lo tiene García Márquez y tantos otros seres humanos dignos de admiración, no por sus hazañas profesionales sino por su sentido de la vida. Ellos no caminaban, flotaban y aún flotan entre la realidad sensible y la realidad inexplicable; a pesar de estar muertos parecen gravitar en un universo alterno donde continúan ejerciendo su capacidad de sorprenderse, de encontrar lo nuevo en lo cotidiano. Pensar que hay personas incapaces de abrir sus ojos con sorpresa ni aunque les cayera un cohete encima. Meditar sobre esto es descubrirnos abrumados por el mundo actual copado, por la hiperrealidad y desconociendo a conciencia todo lo que no altera sus sentidos físicos.
Lamento, como muchos, mi herencia racional y lógica que me lleva a acoger las ideas con el fanatismo del ateo que después de negar sistemáticamente la existencia de Dios, da gracias a Dios por ello, ya que la verdad como dogma limita a la humanidad en su fuero más íntimo: en su curiosidad. Cómo Ortega y Gasset (1) decía:<>, siendo así podemos decir que lo peor no es creer sino no poder creer en nada, pero a la vez, creer en todo. Por curiosidad no más deberíamos preguntarnos a diario sobre la realidad de nuestra realidad, vivir en una eterna puya existencial sin saber si realmente se está vivo o sólo somos una imagen mental de alguien que en una dimensión diferente sueña nuestra existencia (2). Esto probablemente nos convierta en cazadores de vida, en cazadores de lo anormal dentro de lo cotidiano.
La vida es un continuum cuyos límites son Lo Fantástico y la realidad tangible que a diario nos atormenta. Entender la realidad práctica es aceptar sólo lo palpable por nuestros sentidos, aquello medible, perceptible y cuantificable de nuestro alrededor. Pero, qué pasa con todo aquello que no entra en estos términos, es decir, todo lo que puede ser imposible de identificar dentro del concepto de realidad pero que en ocasiones crea suficientes dudas razonables, como para hacernos creer en la presencia del elemento fantástico.
Hay varias formas de alcanzar Lo Fantástico en la vida diaria, quizás la más común y a la que más fácilmente podemos recurrir es a la del “extrañamiento”. Muchos lo han intentado, pero terminan por abandonar por varias razones; antes, expliquemos un poco qué es el extrañamiento: vivimos rodeados de objetos, de tanto verlos los consideramos parte del paisaje habitual, ya no brindan ningún significado a nuestras mentes acostumbradas a ellos, estos objetos han perdido su esencia ante nuestros ojos y así hemos llegado a ignorarlos por completo; los usamos pero no los entendemos, están por ejemplo, las alacenas de la cocina, diré las de mi cocina que hoy veo por segunda vez después de haberlas mandado a instalar hace varios años, son de puertas color lila y cajones grises, inamovibles rectángulos de tres dimensiones de los que apenas me percato, qué diré de los que visitan mi casa que ni siquiera recuerdan su color, ¿en qué ha convertido estos estantes el acto inconsciente de ignorarlos? En fantasmas tangibles.
Ahora que vuelvo a pensar en ellas es cuando me doy cuenta de que ese objeto ha perdido su esencia, es, pero no es. Así es como empieza el proceso de extrañamiento.
Si queremos re-conocer lo que hemos olvidado, primero se debe hacer una lista de las cosas que se han dejado de “ver” y a un lado escribir lo que recordamos de ellas, de sus orígenes y tratar de recordar el momento en que las dejamos de mirar, luego pensar en su funcionamiento, el uso que le damos, etc… Así se descubren secretos escondidos que antes nunca se habían notado. Yo lo hice y descubrí que mi cocina guarda más secretos de mi vida de los que yo misma tengo presentes, ella y sólo ella sabe cuándo mi novio me sorprendió por primera vez con un desayuno, lo que pensó aquel día y nunca me dijo; sabe del día que me senté a llorar mi primera derrota en la literatura, sabe que no como maní y que los estantes altos están vacíos no porque tengan algo malo sino porque no los alcanzo; ni aún mi mejor amiga conoce tantos secretos de mi persona. El propósito del extrañamiento es muy noble, es permitirles a las cosas abandonar ese halo de objetos fantasmagóricos que adquieren con el tiempo, para otorgarles vida propia, o devolvérselas, sólo que resulta muy dispendioso. Este proceso es aconsejable para las personas pacientes y con mucho tiempo libre, pero más que nada para personas que quieran entrar en el mundo añorado, escondido tras las cortinas de la realidad.
Lo Fantástico se debe separar del estereotipo en que se encuentra, no sólo es aquel misterio que ni los mejores detectives pueden resolver, ni aquel ser mágico que quisiéramos descubrir en nuestro patio, es todo y nada a la vez, es mucho más. El poeta Alfred Jarry (3) lo entendía bien, dedicó toda su vida a encontrar Lo Fantástico, como lo anota Cortázar en una conferencia que dio en la Universidad de Córdoba en su país natal: <<él buscaba esa realidad misteriosa y fantástica que valía la pena explorar, no esa que tenía que ver con lo esotérico o sobrenatural, sino ese sentimiento de Lo Fantástico en el que navegan de continuo algunas personas, quienes perciben con facilidad eso que no está en las leyes sino en la excepción de las leyes>>.
¿Cómo ser un experto en extrañamiento, o un cazador de Lo Fantástico? ¿Abandonándonos a nosotros mismos, olvidando nuestros conocimientos previos para aprender a “ver”, de nuevo, por primera vez las cosas y como pequeños niños recorrer el mundo con la visión de lo novedoso? Si fuera fácil muchos lo habrían hecho ya, pero quienes lo han intentado corren el peligro de caer en el error de siempre, que consiste en llenar la mente de datos, no de conocimientos, de esos que en lugar de aclarar confunden y el proceso de ignorar lo cotidiano se acentúa.
Para poder llegar a un acuerdo de lo que se debe trabajar para re-conocer y recordar, en primer lugar debemos tratar de aclarar lo que se entiende por Lo Fantástico, aunque al momento de recoger citas que avalen este concepto encontramos un fallo: no las hay. Por lo tanto le trataremos de explicar a los lectores qué diciendo lo que definitivamente NO es y así cada uno extraiga su propio concepto.

II
Algunos acusan a la literatura y a la religión de producir lo que se ha dado en llamar “alucinaciones de la razón”, sin que por ello Lo Fantástico sea una alucinación. Sin embargo, es obvio que las acciones y creaciones fuera de la cotidianidad han estado siempre entre nosotros, esto se explica a través de la existencia del mito (relatos de los actos de los Dioses) y de las leyendas (historias épicas de héroes auténticos) (4).
¿Cuándo el hombre se dio cuenta por primera vez de esta separación entre lo real y Lo Fantástico? Cualquier intento de respuesta es vano, sus orígenes se pierden en la espesura del tiempo y si sobrevive se debe a la curiosidad innata, al deseo de explicar el mundo y la sed permanente tanto de relatos como de aventuras que posee el género humano, el sueño de encontrar nuevos personajes e historias que nos digan que no sólo somos esa cáscara oscura que se proyecta sobre los espejos. Queremos ser más, queremos ser dioses; creemos ser más y en cierta medida lo hemos logrado a través de la ciencia, pero este es un campo excluyente al que sólo algunos privilegiados pueden entrar; creemos ser dioses a través de los libros, pero nosotros no queremos “creernos” dioses, queremos “ser” dioses y esto implica una gran diferencia. Es, entonces, cuando peleamos con nuestra mente y con nuestro espíritu porque nos obliga a batallar contra los límites de la debilidad humana.
En fin, explicar Lo Fantástico no es fácil, pero trataré. Primero que nada es una ciencia (si es que se puede llamar ciencia a aquello cuyo objeto de estudio está por definirse), o un sentimiento que abarca muchas probabilidades: están las visiones filosóficas, teológicas, sicológicas y literarias que tratan de aproximarse a un “real” sentido de Lo Fantástico.
Desde un punto de vista lexicográfico, la palabra como tal no existe en los viejos diccionarios. Sin embargo, en la versión del año 2000 del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en Colombia, encontramos lo siguiente:
Fantástico: Adj., quimérico, fingido, que no tiene realidad y consiste sólo en la imaginación.
Fantasía: imaginación, ficción, cuento.
Dejando así –para caer una vez más en los clichés– a Lo Fantástico como una mentira, algo alejado de la realidad, de las emociones y sentimientos de quienes lo perciben. Fantástico, por lo tanto, y en lo que a los diccionarios se refiere, sólo es una expresión para algo agradable, una forma de aprobar una propuesta sin base real dejando de lado cualquier otra posible explicación, como quien dice le doran la píldora a los que se sorprenden con la vida. El diccionario, por lo que se ve, aleja más que aclara cualquier cosa que tenga que ver con nuestro asunto de este momento.
Pasemos ahora al área de las definiciones literarias. De acuerdo a Todorov, en su libro Introducción a la literatura fantástica (5), Lo Fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural. Mmmmm, bien, no hay que negar que es una idea interesante, aunque su explicación es fácilmente rebatible dado que trata de definir sobre los mismos argumentos que soportan la existencia del material a definir, pues Lo Fantástico incluye y pertenece a lo sobrenatural, pero no sólo se refiere a eso, como ya lo dije antes también incluye lo cotidiano, aunque nuestro amigo Todorov se salva cuando dice aparentemente sobrenatural lo cual acerca un poco su posición a la de este ensayo.
Se entiende que lo sobrenatural es aquello que escapa a la explicación lógica, medible y cuantificable exigida por las mentes superracionales, para darle a todo una visión de realidad, pero no por ello lo inexplicable deja de tener realidad. Tal vez lo sobrenatural como Lo Fantástico, son las excepciones de las que hablaba Jarry.
Por otra parte, Adolfo Walsh en su libro Antología del cuento extraño, trata de materializar una definición abordada desde la semiología cuya expresión ha hecho pasar muchas noches en blanco a quienes la han tratado de comprender, él dice: <>. De acuerdo, es posible que la realidad de lo manifestado por la acción fantástica no se materialice como se materializa un sándwich, por ejemplo, ante esto sólo podemos replicar: quién nos dice que algo debe poseer una manifestación material para que sea real o para que su existencia entre en duda. ¿No existiría el tiempo sin los relojes? ¿Acaso no existía el tiempo aún antes de que alguien tratara de crear un aparato que lo midiera y no por esto carecía de realidad? ¿Y, no es acaso esa la idea más fantástica que todos tenemos a mano, la de la existencia del tiempo?
Pasemos a una autora relativamente nueva con nuevos conceptos que aportar. No hace mucho la lingüista e investigadora búlgara Irene Bessire, afirmaba que no existe un lenguaje de Lo Fantástico. Algo que puede ser verdad, pero que aquí sólo dejaremos registrado puesto que nuestro interés va en otra dirección. Ella no define Lo Fantástico en sí mismo sino en virtud del lenguaje que ella misma dice no existe, así se atreve a afirmar que <>. Bueno, tal vez haya algo de razón en ella, pero y qué. Usa muchas palabras para al final no decir gran cosa, pues en resumen refiere a Lo Fantástico a ser sólo un acto mental tamizado por las vivencias y creencias humanas, sin que por ello tenga un asidero en lo real.
¿Es eso Lo Fantástico? ¿Tan sólo un hecho mental? ¿La ciencia ficción miente cuando su creador más insigne, Julio Verne, analizó los conocimientos y virtudes de sus contemporáneos y proyectándolos en el tiempo profetizó el viaje a la Luna, o la vuelta al mundo, o un paseo por el fondo oceánico mucho antes de que existieran los cohetes o los submarinos? O cuando uno de sus mayores exponentes Isaac Asimov, liberó de los límites de la imaginación la posibilidad de crear vida artificial en el laboratorio; todo lo que ellos dijeron, en su momento, se convirtió en algo tan fantástico que no parecía caber dentro de los límites de la posibilidad y ahora, gracias a ellos, cualquier proyección por extraña que parezca nos parece poca. ¿Es un hecho real o una especulación mental las miles de comprobaciones que hay sobre los poderes ocultos de la mente? Cientos de hechos comprobados atestiguan la posibilidad de la transferencia mental de ideas, imágenes y hasta conceptos, lo que llamamos telepatía, si no es un acto que se realiza a conciencia es porque aún no somos capaces de hacerlo a voluntad, pero que existe, existe.
Ahora entremos en el espinoso campo de la religión, donde casi cualquier cosa es aceptada en virtud de la fe. ¿Existe Lo Fantástico en la religión? Pecando de pragmáticos podemos aceptar que no hay nada más lleno de este sentimiento (si podemos llamarlo así) que la religión, cualquiera que sea, ya que en todas encontramos una gran dosis de historias, mitos y leyendas basadas en historias reales tan antiguas que escapan a nuestra comprensión, pero definitivamente pertenecientes a la realidad tal y como la concebimos. No daré ejemplos, pero Lo Fantástico es inherente a todo sistema de creencias, ¿y por ello no están acompañadas de la verdad? No lo creo.
Si fuésemos capaces de viajar en el tiempo encontraríamos la verdad del mito. Se sabe, por ejemplo, que todas las historias que se encuentran consignadas en la Biblia ocurrieron hace cinco mil años o menos a personas tan reales como usted o como yo, lo demás, lo que las hace bíblicas es el problema de las interpretaciones donde todo cabe y todo se vale y aún así no dejan de estar preñadas de Lo Fantástico tanto en lo sobrenatural como en lo cotidiano.
Para citar un ejemplo de aquello sobrenatural y fantástico en la religión podemos mencionar al diablo, de él se ha hablado mucho a través de los siglos; sabemos que aquella figura extraña nació en la edad media y se desarrolló hasta su máxima expresión durante la época de la Inquisición. No hace muchos años el Papa Juan Pablo II dijo que sí existía, él cree en el diablo, pero no le creamos a él que está demasiado influenciado, creámonos a nosotros y a nuestras propias conjeturas, pues creer en el diablo es creer en la maldad de nuestra especie y siempre que escucho las noticias estoy convencida de que habita un pequeño diablo en cada uno de nosotros. Entonces, nunca estarán de más las especulaciones; según los “expertos” de la Edad Media, Satanás tiene cuernos de carnero, patas de caballo y cola de burro, un perfecto híbrido surgido de la reunión de distintos cuadrúpedos, que eran los únicos animales que ellos conocían ¿Podría existir algo así?
Por qué no y aquí es donde empezamos a trabajar el fenómeno del extrañamiento para descubrir algo nuevo dentro de lo viejo; después de todo, existe un animal que tiene cuerpo de topo, pico de pato, pelo de marta, pone huevos y es mamífero, quién más va a ser sino el ornitorrinco, un tranquilo animal que parece haberse escapado de un libro de monstruos fantásticos; si existe el ornitorrinco, un ser difícil de encasillar, por qué no ha de existir un animal semejante al que describieron los “Santos Padres” de la Inquisición, de todos modos entre más se investiga más entendemos lo poco que conocemos de nuestro mundo natural y nada impediría a un científico loco engendrar un híbrido de ese calibre; a la luz de todo lo anterior sólo cabe afirmar que, Lo Fantástico, también existe en la naturaleza.
Fuera de toda especulación nadie puede negar que dentro nuestro habita muy profundo, pero en todos está un pequeño demonio armado con cuernos dispuestos a atacar y a herir a aquellos que se atrevan a hacernos daño, aunque a veces ni siquiera necesita alguien hacernos daño y ni siquiera tenemos que odiarlo, en ocasiones lastimamos a los que amamos sin querer, sólo porque sí y qué mejor excusa que dotar ese mal comportamiento con un carácter y vida ajena a nuestra voluntad: “yo no quise hacerte daño, fue el diablo que me poseyó y me obligó”.
Como se anota, en cada uno de nosotros hay un resquicio por donde aflora Lo Fantástico que habita en nuestra mente y cuerpo. Bueno sería que todos fuéramos capaces de disfrutar más de esa pequeña grieta y reencontrar nuestra capacidad de asombro, perdida no se sabe hace cuánto tiempo, ¿dónde habrá quedado esa capacidad, entre los libros, en los salones de clase o junto al televisor?
Ahora, en pleno siglo XXI entra un nuevo campo de definición para Lo Fantástico, el ciberespacio. Slavoj Zizek, en su libro El acoso de la fantasía, dice: <>. Hasta aquí Zizek. Literariamente hablando es verdad lo que él dice, pero dentro de ese mundo olvidado o perdido y en ocasiones desconocido al que queremos acceder, la entrada exclusiva a un espacio externo se invalida si vemos cómo Lo Fantástico está en todo y crea un diálogo interno, auténtico, que se materializa en la mente de todo el que converja en él, no sólo en su mente sino con todas las vivencias que se generen alrededor y que de quererlo lo puede compartir a través del diálogo directo o de una actividad artística.

III
Bueno, tal vez no sea fácil definir qué es Lo Fantástico, pero si siempre ha estado ahí como muchos dicen, dónde está, cómo lo podemos encontrar, qué podemos hacer para vivenciarlo.
Convivimos con Lo Fantástico de muchas maneras, pero como ocurre con las cosas, en el cotidiano fantástico también se elabora un proceso de extrañamiento cuando perdemos en el camino de la costumbre cosas como el concepto y el goce del tiempo, habitante primigenio del mundo fantástico. Hemos olvidado lo esencial del tiempo (a este también le quitamos su esencia cuando aparecieron los relojes) porque vivimos siempre pensando en el siguiente instante, no en el ahora, corremos siempre deseosos de alcanzar un plazo determinado tan sólo para empezar a preocuparnos por el siguiente (no queremos que se nos vaya el bus, que nos cierren el banco o llegar tarde al trabajo).
El olvido de Lo Fantástico se genera en el día a día, en la lidia contra nuestros demonios internos para no estrellarnos con el mundo bajamos la cabeza para dejarlo pasar y continuar ignorándolo, así creemos librarnos de otro problema en nuestra vida y reunir armamento para soportar lo que venga con actitud recia, con carácter, como suponemos le corresponde a la gente competitiva, dura e inteligente que se educó para sobrevivir al reto del progreso.
Muchas de las cosas buenas que nos ocurren se atribuyen a una mera y muy pequeña casualidad, en lugar de apreciarlas las dejamos pasar, cuando algo bueno ocurre es importante detenerse y disfrutarlo, gozar con su novedad, arrancarle la cotidianidad y reconocer que fue importante por insignificante que sea. Las líneas del destino, los azares de la fortuna, están ahí para que los conozcamos; querámoslo o no existen y pertenecen al terreno de Lo Fantástico en lo cotidiano, cosas que son abiertamente ignoradas por todos.
Estamos rodeados de cosas, personas y hechos fantásticos sólo que nos tocan la vida tan tangencialmente que no lo notamos, por eso su realidad nos parece tan precaria y lejana a lo que somos. Anhelamos vivir más a fondo, de niños soñamos con estar en un mundo lleno de posibilidades donde lo extraordinario nos rodee, pues todos comprendemos que una vida penetrada por Lo Fantástico nos ofrece más caras de la misma moneda que la que nos deja ver la realidad rutinaria. Pero todo cambia cuando crecemos, tanta razón, tantos conocimientos, tantos datos contradictorios, tanto luchar para mantenernos a flote, nos convierte en personas rudas con la mirada focalizada en un sólo sentido y nada nos permite alejarnos de ese axioma que parece regir nuestras vidas, “seamos realistas”.
¿Cuándo empezó esta disensión con Lo Fantástico? Probablemente cuando abandonamos la vida nómada, cuando el individuo se dejó de preguntar y aceptó como verdad lo que otros le decían sobre sí mismo y su entorno sin cuestionamientos, olvidó incluso la posibilidad de que los supuestamente sabios se podían equivocar o que aquello que era verdad para unos no necesariamente debía ser verdad para él, así el ser humano perdió en gran medida sus propiedades de observación y sorpresa.
Qué es el hombre de este tiempo sino un acumulador de referencias, un repetidor de datos e informaciones, no controla nada, todo lo controla a él. Acepta ciegamente que la verdad la tienen los otros, pero la verdad en este tiempo es tanta para ser procesada que no tendrá nunca ocasión para objetarla. El mundo tecnológico y social cambia tan rápido que, piensa, “para qué asombrarse”, además quien se asombra pierde. Asombrarse hoy en día denota falta de conocimiento, caducidad y es esta presión social por mantenernos a la vanguardia la que más nos está afectando; ya nadie se deja absorber por el simple hecho de vivir, no hay disfrute, lo novedoso no es novedad y lo nuevo tiende a viejo desde el momento en que aparece. Lo Fantástico desaparece en nuestras vidas, muy pocos reconocen el servicio de las cosas que hay a su alrededor o dialogan con el espíritu de ellas, por simple que sea, muy pocos son capaces de disfrutar lo que no puede ver y se sienten incapaces de descubrir algo nuevo. Qué somos sino máquinas controlando máquinas, compitiendo con ellas, casi anhelando estar dentro de ellas. Ya no queremos ser simples mortales de carne y hueso.
Admiramos a quienes crean su propia mitología, a quienes establecen leyenda a su alrededor y admirarlos es reconocer en otros Lo Fantástico. Como dice el poeta colombiano Armando Orozco, quien se pasa la vida tratando de dar explicación a sus múltiples parecidos físicos; hay quienes dicen se parece a Castro, otros a Facundo Cabral, incluso se parece al Ché Guevara, pero nadie dice que se parece a Armando Orozco; por eso se pregunta con jactancia: “cuando será que yo me pareceré a mí mismo”. Y no es que le moleste la confusión, al contrario, se aprovecha de ella y retoma ese halo de grandeza de los personajes con que lo confunden para crear su propia gloria. Saber esto hace que nos preguntemos: cuándo será que los humanos dejaremos de darle importancia a los otros y nos empezaremos a parecernos a aquellos personajes y seres fantásticos que hemos reconocido, creado y endiosado a lo largo de la historia, los mismos que después de creada la leyenda nos empeñamos en ignorar para no tener que soportar las odiosas comparaciones.
Quiénes somos sino el reflejo del vacío interior que hay en cada uno de nuestros contemporáneos, dejamos de creer, dejamos de soñar y ahora vagamos perdidos en la bruma de una realidad física que armamos para nosotros, ignorando otras realidades no menos reales pero sí más sutiles. Qué son los humanos sino seres anhelantes de encontrar la ventana que les permita ver, por fin, entre los resquicios de las leyes naturales, pero, de tanto ver el mismo muro estamos ciegos a ella. ¿Dónde está Lo Fantástico? Sería atrevido decir que está dentro de nosotros, pero somos los Hellen Keller del universo, ciegos y sordos a lo maravilloso, a lo inexplicado, a lo silente e intangible, al sentimiento y a la realidad de Lo Fantástico.

Citas
(1) ORTEGA Y GASSET, JOSÉ. La deshumanización del arte.
(2) BORGES, JORGE LUIS. Borges, el otro, el mismo.
(3) JARRY, ALFRED. Ubu rey.
(4) BESIERE, IRENE. El cuento fantástico.
(5) TODOROV, TZVETAN. Introducción a la Literatura Fantástica

Karl Popper y el Falsacionismo

En ciencias naturales pensamos que no inventamos las reglas de la Naturaleza sino que las descubrimos. Para la gente de ciencia el mundo está «allá afuera», no en nuestra mente, siendo percibido a través de sentidos y analizado usando la razón. ¿Hay dudas respecto a esto? Sí. Al menos tan antigua como Hume (1711-1766) es la objeción de que no podemos tener certeza de que el mundo realmente existe «allá afuera», pues podría ser una ilusión. Cuando escribo este artículo, ¿cómo descartar que mi cerebro esté conectado a cables alimentándole información equivalente a la que tendría si pudiera Continue reading «Karl Popper y el Falsacionismo»