De Trato Bestial a Danny Chilean

Conversación con Jorge Baradit por Sergio Alejandro Amira

Sergio Alejandro Amira: En Latinoamericana existe una notable tradición de literatura fantástica con autores como Carpentier, Rulfo, García Márquez, Macedonio Fernández, Felisberto Hernández, Borges, Cortazar y Bioy Casares. Sin embargo y pese a esta notable tradición la narrativa chilena insiste en la maldita ficción testimonial, dejando de lado prácticamente la literatura de género. María Luisa Bombal, Braulio Arenas, Teófilo Cid, Hugo Correa, no alcanzan a ser suficientes como para marcar una tendencia. José Donoso decía que en Chile no se le perdona a ningún escritor que no sea realista. ¿Qué comentarios te merece todo esto?, ¿somos un país de poca imaginación, un país que le teme a la imaginación acaso?

Jorge Baradit: Creo que lo hemos comentado muchas veces. Tengo la impresión que la estrecha relación de los artistas chilenos con los movimientos de izquierda marcó a fuego la idea de arte como una actividad con fuerte compromiso social. El arraigo del arte a la cuestión social significó un fuerte arraigo del arte hacia la realidad. El arte es denuncia o es escapismo.

Además, somos un pueblo ordenadito y disciplinado con temor de la excepción. Nos asustamos con el que se sale de la fila, y la imaginación es salirse de la fila cada vez que se pueda.

Sergio Alejandro Amira: Sergei Esenin se cortó las venas y se ahorcó. Con su sangre escribió su último poema. ¿Si fueras a suicidarte, cómo lo harías? ¿Que rituales, si es que, implementarías? ¿Dejarías una nota, un texto críptico con tu sangre en una pared?

Jorge Baradit: El suicidio es algo personal, es la última conversación con uno mismo. Definitivamente no es una “puesta en escena”, al menos para mí. Recuerdo haber leído de una actriz mexicana que preparó una suite llena de flores para escenificar su muerte soñada entre almohadones, joyas y terciopelo. Pero las enchiladas le jugaron una mala pasada al combinarse con los barbitúricos y la encontraron muerta con la cabeza metida en el water.

Los grandes suicidios no responden a puestas en escena artificiales, el telón de fondo es el contexto histórico en el que deciden hacer su gran gesto final, como Salvador Allende, que convirtió su suicidio en la apoteosis y final de toda una época, al menos para nuestro país. Los chilenos tenemos ilustres suicidas: Balmaceda, Pablo de Rokha, La Violeta, Allende, y Arturo Prat, que se suicidó usando un barco completo en vez de pistola. Lástima que el suicida con el que todos soñamos haya decidido apagarse entre babeos y pañales para adulto en su hacienda de Bucalemu.

Los únicos que ganan muriendo son los héroes. Los poetas y “bleeding hearts” que se quitan la vida porque ya no soportan el mundo son una manga de mamones sin ningún honor.

Para responder tu pregunta. Si me suicido sería en el fragor de algo imprevisto que me quemara de urgencia y en pro de algo relevante, te aseguro que no tendría tiempo de escribir ningún mensaje en ningún lado.

Sergio Alejandro Amira: hay famosos artistas adictos a las drogas, al cigarrillo o al alcohol. Escritores como Poe o Dylan Thomas eran alcohólicos y murieron de esa forma. Dylan Thomas prácticamente se suicidó bebiendo y sin embargo no podríamos afirmar que su corta vida haya sido peor que la larga vida de cualquier vegetariano new age. ¿Prefieres, como Aquiles, elegir una vida breve y gloriosa a otra larga pero oscura?

Jorge Baradit: ¿Se puede elegir una vida larga y gloriosa?

Sergio Alejandro Amira: No, supongo que elegir una vida no es como elegir un tomate maduro en la vega, pero sin duda que Aquiles pudo elegir entre quedarse en casita y no ir a Troya. Permíteme reformular la pregunta: ¿Qué te parece el maldito estereotipo del artista suicida, del artista muerto joven?

Jorge Baradit: Nuestros más grandes artistas se murieron de viejos, después de una larga y hermosa vida llena de batallas y glorias donde murieron y renacieron varias veces. A veces me patea esa canonización automática que sufre el artista muerto joven independiente muchas veces de la calidad de su obra. En términos populares ni hablar del sobrevalorado Jim Morrison, alabado sólo por ser un alcohólico, limítrofe y suicida estrafalario. Hay que recordar que el más salvaje de todos los jóvenes, Rimbaud, huyó de la poesía y se fue a vivir lejos. El más terrible de todos huyó.

Sergio Alejandro Amira: El bosque de indicios donde el poeta surrealista permanece al acecho no es el bosque de símbolos donde Baudelaire permanece a la escucha… ¿A que bosque penetró Baradit para encontrar su árbol?

Jorge Baradit: Al único posible, al que queda adentro mío. Al bosque de Logres que cada uno tiene detrás de los ojos. Hoy escuché en el cine una frase que se quedó a vivir en mi interior: “Nunca, nunca abras la puerta que hay en el suelo…”. Ygdrasil es el nombre grabado en mi puerta del suelo.
Al decir “Bosque de Logres” recordé los libros de Joseph Campbell. Cuando decidí escribir Ygdrasil escogí la estructura de “quest” para la historia. La estructura más básica de todas y la más humana, quizá por lo mismo. La diferencia con el “Viaje del Héroe” de Campbell es que en Ygdrasil el arquetipo está torcido y las cosas ocurren entre engaños que no reivindican a nadie.

Ygdrasil es mi columna vertebral, ese árbol que distribuye con sus ramas los impulsos eléctricos de microintensidades que se transforman en imágenes desenfocadas de lo que ocurre en las profundidades de mi pandemonio.

Sergio Alejandro Amira: El Yggdrasil de la mitología nórdica es el mundo-árbol que alberga a los nueve reinos de Asgard, Ljossalfheim, Midgard, Svartalfheim, Hel Jötunheim, Muspelheim, Vanaheim y Nifelheim. Según tengo entendido su nombre significa “El Caballo del Terrible”, siendo este terrible no otro que Odín o Wotan. ¿Qué es Ygdrasil para ti?

Jorge Baradit: Ygdrasil es el árbol donde se colgó Wotan, pero también es el árbol del paraíso, donde primero colgó una serpiente que le otorgó visión al hijo de Jehová. El árbol desde el que se sacó la madera para que dios volviera a colgarse a sí mismo. El árbol que cada hombre tiene en su columna vertebral, por donde sube la misma serpiente kundalini a repetir la historia, a despertar al hijo del hombre de su sueño, para que se ilumine e intente una y otra vez traicionar a su creador recombinando las runas, inventando máquinas, intentando darle vida a torpes esbirros electrónicos en su afán de revancha.

Sergio Alejandro Amira: Hace algunas semanas atrás leí el libro de Víctor Frankl El hombre en busca de sentido. El libro entero me impactó mucho, pero sobre todo el siguiente párrafo: Algunos detalles, de una muy especial e íntima grandeza humana, acuden a mi mente; como la muerte de aquella joven de la que yo fui testigo en un campo de concentración. Es una historia sencilla; tiene poco que contar, y tal vez pueda parecer invención, pero a mí me suena como un poema.
Esta joven sabía que iba a morir a los pocos días; a pesar de ello, cuando yo hablé con ella estaba muy animada. “Estoy muy satisfecha de que el destino se haya cebado en mí con tanta fuerza”, me dijo. “En mi vida anterior yo era una niña malcriada y no cumplía en serio con mis deberes espirituales.” Señalando a la ventana del barracón me dijo: “Aquel árbol es el único amigo que tengo en esta soledad.” A través de la ventana podía ver justamente la rama de un castaño y en aquella rama había dos brotes de capullos. “Muchas veces hablo con el árbol”“, me dijo. Yo estaba atónito y no sabía cómo tomar sus palabras. ¿Deliraba? ¿Sufría alucinaciones? Ansiosamente le pregunté si el árbol le contestaba. “Sí” ¿Y qué le decía? Respondió: “Me dice: Estoy aquí, estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna.”
Esta muchacha me hizo pensar en Mariana, y el árbol con el que hablaba obviamente Ygdrasil.

Jorge Baradit: Mariana es una metáfora de la coniunctio. Hizo todo lo posible para huir de su destino pero le resultó imposible. El destino la clavó a ella misma. Su vida es un samsara reducido a una sola vida con muchas muertes. Un trabajo histérico del cosmos para hacerla entrar al nirvana en una sola vida, pero a un nirvana de eterno dolor. Los chips sufren dolor cuando son atravesados por las descargas eléctricas de microintensidades.

Sergio Alejandro Amira: Una de las películas que más me impacto de niño (y que tuve la suerte de ver en el cine) fue Pinocho pero no fue sino hasta el presente año que leí el libro de Carlo Collodi. Me sorprendió ver lo mucho que difería la historia real de Pinocho con su adaptación fílmica. Está llena de crueldad, de actos violentos y muerte, como Ygdrasil. Y es más, Pinocho es tallado por Geppetto a partir de un trozo de madera “que lloraba y reía como niño”. Esto me hace visualizar a Mariana como una suerte de Pinocho. Mariana y el árbol Ygdrasil parecieran no ser dos entidades separadas sino una.

Jorge Baradit: Mariana nació de un tronco, su madre mutilada. De un remedo de cuerpo. De un cuerpo purificado de sus excesos, preparado sólo para sostener la columna vertebral y el útero (pista de aterrizaje para su espíritu ingresando a nuestro plano). Luego, Mariana renació del tronco de un árbol cuando el selknam la reconstruye (la historia no lo dice pero era un fresno de 500 años, plantado por cabalistas con el único objetivo de servir como eventual nuevo útero para la hija de la rebelión). Finalmente, Mariana cuelga del árbol definitivo. Como una magdalena crucificada contra el sephirot algorítmico, diciendo: Yo soy un árbol. Mis pies se hunden en el inconsciente colectivo de la humanidad y mis brazos se extienden como dendritas infinitas hasta cubrir la curva del universo. Soy el eje en torno al que giran los pensamientos de dios, el procesador que administra su buenaventura”.

Sergio Alejandro Amira: Lo primero tuyo que leí fue Angélica, cuento que presentaste para el taller que Pablo Castro y yo dirigíamos. De seguro recordarás lo que te dije en aquella ocasión. Pues bien, Angélica era el segundo cuento de una trilogía con un interesante pie forzado que dictaminaba que cada relato debía terminar con tres personas en una habitación cerrada y un disparo que lo resolvía todo. En el tercer cuento, reaparecía supuestamente Angélica (no como protagonista) y se atarían los cabos sueltos. ¿Qué ocurrió con ese tercer cuento que iba a llamarse Soledad y luego cambiaste a Magdalena?

Jorge Baradit: ese tercer cuento comenzó a crecer desaforadamente y terminó convirtiéndose en ATACAMA, la segunda novela de la que ya tengo completa la estructura y sus contenidos y que sólo me resta tomar el lápiz y comenzar a escribir. Me gusta escribir con lápiz, en lo posible esos lápices gordos de pasta azul que te regalan con logotipos de empresas o detergentes. Lo ideal es escribir sobre un block de roneo marca COLÓN. Su superficie blanda y rosácea me hace sentir que estoy labrando con fuerza con un punzón sobre la piel de alguna mujer. Mis páginas tienen relieve, como los cuadros de Van Gogh: furia medida.

Sergio Alejandro Amira: Una anécdota de Angélica es que el malvado militar originalmente se llamaba Gabriel Mérida, pero tuviste que cambiarle el nombre a Gabriel Calatrava a petición de su homónimo en el mundo real. Posteriormente se levantó cierta polémica porque Gabriel utilizó el nombre de Pablo en uno de sus cuentos. Esto me hace pensar en la clásica advertencia de la ficción televisiva que dice “todo nombre con personas vivas o muertas es pura coincidencia, etc.” Esto no es una pregunta, sólo una nota al margen, sigamos.

Jorge Baradit: OK.

Sergio Alejandro Amira: Alguna vez te dije que ser promiscuo en la lectura es fundamental y estuviste de acuerdo, es más, aseguraste que la promiscuidad literaria te cruzaba a todo nivel y que el único factor aglutinante entre los géneros que consumías era la fantasía.

Jorge Baradit: Sí, me interesan todos los mundos nuevos que el arte puede crear. Surrealismo, fantasía, religión, ciencia ficción, psicología profunda, mitología, etc. Ese gran libro de literatura fantástica que es la Biblia, la maravillosa fantasmagoría de Miguel Serrano. Hallo placer en Camelot o Bespin. El Walhalla o Agharta.

Sergio Alejandro Amira: Has dicho que no has leído mucha ciencia ficción, también me dijiste que no conocías a los escritores chilenos publicados el último tiempo. ¿Has leído algo de los autores que reseñan Ygdrasil en su contratapa al menos?

Jorge Baradit: ni idea. Espero tener el placer de conocerlos algún día.

Sergio Alejandro Amira: Mencionaste a Miguel Serrano. Varios de nuestros amigos y compañeros de “generación” lo han leído y admiran su prosa cuando no está divulgando sus ideas nacional-socialista-hitleristas-esotérito-herméticas (y si lo hacen nunca lo admitirían en público). Justamente la época en que te conocí a ti y a Pablo Castro comenzó a gestarse una suerte de reconocimiento a Serrano, algo escribió Lafourcade en el Mercurio, Warnken lo entrevistó a propósito de ese bellísimo libro que es Las visitas de la Reina de Saba, la revista Paula le dedicó un reportaje… ¿Crees que algún día será reconocido Miguel Serrano como el gran escritor que es? ¿Crees que llegará el día en que aquellos influenciados por su obra no teman gritarlo a los cuatro vientos?

Jorge Baradit: Ya está comenzando a ocurrir, como tu bien dices. Y está sucediendo de la misma manera que con todas nuestras otras grandes plumas: Se toma su obra, se limpia muy bien de cualquier “impureza” poco académica o por lo menos poco “aconsejable” y se rescata un aspecto menor, el menos subversivo, el menos incendiario. A los grandes se les desactiva igual que a una bomba. ¿En qué se convirtió la gran desgarrada, la crítica y luchadora social de nombre Gabriela Mistral? Se convirtió en una autora de poemas para niños. ¿Parra? En un payaso de la contingencia. ¿Neruda? En un buey que arrastra poemitas de amor. ¿En qué están convirtiendo a Serrano? En el viejito excéntrico que escribió Las visitas de la Reina de Saba, prologado por un famoso. El resto de su obra será considerada “un mero desatino de este gran genio de la poesía críptica”. No me cabe duda.

Sobre lo que dice Serrano acerca de cada punto de la Historia no me merece ningún comentario. Soy sólo un espectador de sus mistificaciones y maravillas como alguien que mira un atardecer que estalla en naranjas y morados incendiarios. ¿Qué se puede opinar del Tigre? ¿Se puede opinar de su conveniencia o inconveniencia? ¿Sobre su derecho a existir o no? Al tigre solo se puede asistir con sorpresa y abismo. Que otros busquen significados y explicaciones.

Sergio Alejandro Amira: Eduardo Anguita observa que el chileno presenta una curiosa conducta que se muestra en dos formas opuestas y contradictorias que darían para un ensayo antropológico. Una. Todo lo chileno es extraordinario; hay que rechazar lo extranjero. Un ejemplo: un crítico santiaguino (que ya no vive) reprochó reiteradamente un ciclo de conferencias –y todas muy inteligentes– que se efectuó, durante dos o tres semanas , en conmemoración del Dante. “Mejor hay que preocuparse y estudiar a nuestros autores”, comentó. La otra actitud: Un poeta chileno ha terminado una obra de poesía: le confía a un amigo bastante inteligente: “Esto podría firmarlo Rilke”. Respuesta: una sonrisilla compasiva. ¡Cómo va a ser posible que éste, que yo veo casi todos los días, que estudió conmigo en la Universidad…!, etc. No. Imposible. Yo lo veo casi a diario. Curioso constatar como aquí siempre está lanzando “La primera convención de ciencia ficción y Fantasía”, “La primera novela chilena de ciencia ficción”, etc.

Sergio Alejandro Amira: El año 2002 tuvo lugar una curiosa tertulia que contó entre sus asistentes a la catedrática norteamericana Andrea Bell, Luis Saavedra, Rene Weber, Pablo Castro y este servidor. Durante el almuerzo celebrado en un restaurante italiano caro y malo (sugerido por Weber) se trató no sólo el tema de una ciencia ficción chilena, sino latinoamericana.

Quedó claro que para los amigos del país del norte la CF latina era más bien una “curiosidad” como los Innuits que ciertos científicos inescrupulosos llevaron com “muestra viva” al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York en 1897, curiosidad como lo fueron los tallados africanos para Picasso que hasta último momento negó haberlos visto previo a las Demoiselles de Avignon.

Durante dicho almuerzo pude ver por vez primera la portada del libro editado en EE.UU. que incluye el cuento de Pablo y debo decir que en una primera instancia me sentí ofendido por la representación de un maya sentado frente a un computador a la usanza de la iconografía precolombina. No tengo nada en contra de dicha iconografía, muy por el contrario, yo mismo me he servido de ella ampliamente en mi pintura y pasé por una fase de varios años que ahora denomino: “período influenciado por la imaginería precolombina”. Pero me ocurre lo mismo que a los afroamericanos que pueden decirse “niggers” entre ellos pero cuando un blanco ocupa la palabra ésta es ofensiva. Para mí la portada del libro fue ofensiva y me retrotrajo a mi estancia en Inglaterra donde todos mis profesores esperaban que yo pintara como Diego Rivera, Guayasamín o Frida Khalo por el simple hecho de ser un “indio”. Esto me significó varias peleas y hasta ser discriminado académicamente por no seguir el plan que me tenían delineado. Curiosamente no fue sino hasta que regresé a Chile y volví a entrar a la universidad que se despertó en mí el interés por los pueblos originarios y su arte.

Mi visión es que la gente de los estratos socioeconómicos medios y altos de Chile no se diferencia culturalmente de una forma tan radical a la de Estados Unidos. Por lo tanto, ¿por qué tendría que ser nuestra ciencia ficción tan distinta a la de ellos? Luis, o Pablo le señalaron a Andrea que si se cambiaban los nombres de los personajes de un cuento de Hugo Correa por ejemplo, sería imposible de identificar como chileno. Claro que hay temas que van a identificarnos y un investigador voluntarioso podrá identificar de seguro estos elementos y decir: la CF chilena es así o asá, pero esto no será más que un ejercicio taxonómico.

Lo que de verdad me molestó de la visión de Andrea Bell es esa búsqueda de “exotismo” propio de los conquistadores, esa imagen que la CF latinoamericana es un “indio con computador”, esa actitud de “miren, los indios también escriben CF, ¿que curioso, no?”

Puedo estar totalmente equivocado en mis apreciaciones, pero esa fue la impresión que obtuve de nuestros amigos norteamericanos durante dicha reunión. Una frase de la Sra. Bell aún me da vueltas: “ahora en Estados Unidos están interesados en la CF hecha por latinos, en el futuro podrá ser la CF escrita por los payasos”.

Jorge Baradit: Mmm… me habría encantado estar en esa reunión. América (nosotros) somos un pueblo en estado de formación. Todavía nuestros parientes del resto del mundo nos tratan como cuando miras a un bebé y dices -Uy, se parece a éste, o a éste otro- todavía no hay nada muy propio que decir. Entiendo perfecto tu molestia. Uno de los temas que más me ha interesado a lo largo de mi vida es el de la identidad americana. Nosotros, los americanos, que no somos ni indios ni europeos, estamos flotando sobre el territorio, ni siquiera sabemos los nombres reales de las montañas que vemos, los ríos que atravesamos o los valles que cultivamos, estamos en un entresueño. Vivimos mirando a nuestro padre que está lejos y que nos ve como hijo bastardo (Europa), y vivimos negando a nuestra madre que está debajo de nosotros y que no vemos por estar demasiado ocupados mirando hacia arriba, hacia el cielo, hacia la mente, hacia Europa (“no, si mi familia viene de Italia”). La otredad americana es una cazuela que recién tiene los ingredientes puestos en la olla, van a pasar 500 años más antes de ver qué sale de todo esto. Mientras tanto sólo nos resta patalear.

Yo también vi el monito de marras (paráfrasis de la losa mortuoria de Pacal Votan, sacerdote maya, y adoración de Erich Von Daniken porque sería un extraterrestre en su nave voladora). La encontré chistosa y cliché. Desgraciadamente, Sergio, SOMOS exóticos (Gracias a dios, Sergio, SOMOS exóticos). Contra lo que hay que luchar es contra la caricatura.

Cuando hablo de Ciencia Ficción a la chilena no pretendo poner a mapuches en x-wings. pero si insistir en que cultura tiene que ver con RESCATE de la cultura. La cultura es un ouroboros que se alimenta de ella misma. Los occidentales comos los únicos artistas parricidas que tenemos que matar lo anterior para construir lo nuevo entre las ruinas. Eso es lo que ha llevado al arte moderno al nivel de dispersión y muerte del que adolece hoy, donde la fealdad (y esto no es una crítica a las expresiones en sí. Siempre me ha parecido que el arte es, entre otras cosas, un “síntoma” libre de juicios morales) y el hedor son parte del paisaje de muerte que plantea el arte. Los japoneses, en cambio, no se rebelan contra sus padres y llevan miles de años levantando una estructura segura y sólida. Los manga, el animé, la arquitectura, la poesía, la ciencia ficción japonesa, abreva de sus mitos y las mismas visiones que los han atacado y seducido desde siempre. Ellos no buscan LO NUEVO, como lo novedoso, buscan la reinterpretación de sus mitos a través de AGREGAR, a la luz de lo contemporáneo. Hablo de “rescatar”. Y no de un “rescate museístico”. No somos mapuches. García Márquez no intentó rescribir el Popol Vuh cuando escribió Cien años de soledad. El rescató. Lo único que digo es: ¿por qué en vez de escuchar y aceptar tan fácilmente a los elfos, no escuchamos y trabajamos con los invunches? En vez de magos artúricos, conocer a los brujos chilotes. los chamanes, las meicas. Eso no es exotismo, eso es mirar lo que tenemos en frente y que despreciamos por tener “olor a chileno”, esa cosa pequeña de “lo de afuera es mejor”. No porque lo “de acá” sea mejor sino que porque, querámoslo o no, está dentro nuestro y eso, lo que está dentro, es la materia de trabajo de cualquier artista. No hablo de “folklore”, sino de aceptar lo que tenemos y elevarlo. Tampoco hablo sólo de rescatar “temas”. Sino de rescatar la poesía americana (la poesía es el lenguaje por excelencia de las eras épicas, como la que vive América desde su Independencia). De rescatar la escritura americana. Se que puede sonar sospechosa la palabra, pero hay toda una carga “mágica” en nuestra tierra que puede impregnar nuestra obra si nos dejamos seducir. NUNCA vamos a poder escribir como norteamericanos. Escribamos como americanos, entonces. Yo no soy mapuche, pero tampoco soy europeo, eso es lo único que sé. Soy un fantasma flotando sobre el territorio. Un alma que aún no se encarna. Detesto el “indigenismo”. Pero me acerco a ellos porque ellos tienen pueblo, nosotros no. Anduve por la sierra peruana y hay quechuas que con cueva se han enterado que todo esto ahora se llama América. Ellos siguen en lo suyo. Ellos saben dónde están, no tienen que andarse buscando como nosotros. En fin, tanta cháchara me habría gustado expulsarla en una mesa con ustedes, pero así están las cosas. Fue significativo, en todo caso, que para hablar de CF americana, los haya convocado una gringa.

Sergio Alejandro Amira: Varias veces para apoyar ciertos puntos de vista has citado a Philip K. Dick, desde tus declaraciones en el antiguo foro del Taller Fobos hasta la entrevista apócrifa de Vak y la autorizada de Gabo. Recuerdo la primera vez que nos reunimos tú, yo y Ángela fuera del contexto del taller, me confesaste haber leído muy poca cf y de Dick sólo un cuento de unos robots que me apresuré a indicarte era un capítulo de Galaxias como Granos de Arena de Aldiss. Pero de seguro si has visto varias de las adaptaciones de Dick al cine, que parece ser el escritor de CF más llevado a la pantalla grande (con resultados menos desastrosos al menos que el rey del terror Stephen King). ¿Hay alguna de estas películas que rescates? ¿Cuál es la mejor, cual la peor?

Jorge Baradit: Sería muy tonto si no te dijera que Blade Runner. Aunque te aseguro que no pude leer más de 20 páginas del libro y, si no me equivoco, Ridley Scott hizo un enorme y maravilloso trabajo de reinterpretación del texto original. Me encanta porque es la madurez de un género, la cf aparece como un contexto, no como el tema, pero lo maravilloso es que el tema surge desde el mundo de la cf: los androides y la pregunta de siempre: la permanencia, la existencia en el interior de estas réplicas. La capacidad de una máquina de ser más humana que el humano.

¿Cuál es la peor? No tengo idea porque no he leído a Dick. Te puedo decir cuál es la peor película basada en un cuento de Dick, definitivamente Paycheck, de John Woo. No se qué era peor: la trama, la química entre Ben Affleck y Uma Thurman o la decadencia de la rubia más linda del Universo, convertida en una escoba vieja sin ningún sex appeal.

Sergio Alejandro Amira: Nuestro amigo Gabriel Mérida escribió lo siguiente el 2003: el 90% de los escritores de ciencia ficción escribe y escriben sus voladas sin orden ni concierto, como si nunca hubieran leído literatura de verdad y les sale bien. Incluso los publican. Incluso los publican en la Fobos. Aunque es verdad que de ese des-orden y des-concierto salen joyas de la imaginación como Ygdrasil. En su momento esto te desconcertó y solicitaste un “extended play” del asunto. ¿Qué te parece la declaración de Gabo ahora que ha transcurrido el tiempo?

Jorge Baradit: Creo que Gabo es tan bocón como yo. A él también le gusta escucharse decir frases que suenen a aforismos.

Sergio Alejandro Amira: A propósito de aforismos, hay uno de Cioran que no me canso nunca de repetir: Nada seca tanto la inteligencia como la repugnancia a concebir ideas oscuras. Creo que compartes esta visión, como puede uno constatar al leer cualquiera de tus cuentos, como Karma Police, por ejemplo.

Jorge Baradit: Las frases son acumulaciones de letritas y no tienen ninguna importancia. Todos sabemos que hay maravillosas frases para apoyar las ideas más opuestas entre si. Además que cuando la palabra inteligencia sale en las conversaciones, me dan ganas de sacar mi revólver. No hay nada mas sobredimensionado en estos tiempos que la “inteligencia” en las personas, esa capacidad humana que te permite “imaginar” cómo matar a otra persona sin ser sorprendido, engañar y sacar provecho de los más débiles, idear la mejor manera de distribuir droga entre escolares y otras linduras por el estilo. La inteligencia produce bestias que pueden arar campos o arrasar poblados completos. Lo que me preocupa es la casi inexistencia de buenos administradores para las bestias que producen los “inteligentes”.
Las ideas oscuras no son producto de la inteligencia, sino de todo lo contrario. Sólo vaciando la cabeza de inteligencia les haces lugar a estos animales que suben lentamente desde el sótano a tomar su lugar entre las cosas de tu vida cotidiana.

Sergio Alejandro Amira: Alguna vez citando a mi gurú Steven Shaviro te dije que en el mundo posmoderno, los fragmentos y ruinas no son más recuerdos melancólicos de un orden perdido y se han transformado en las grotescas piezas de un juego de construcción colosal de un niño hiperactivo.

Jorge Baradit: Bueno, en ese entonces yo no sabía de la existencia de una “literatura postmoderna”. Siempre había considerado a la postmodernidad como una condición de la cultura toda, donde quizás algunas expresiones la transparentaban más o menos. Pero, cómo NO SER postmodernos hoy? Desde Madonna vistiéndose de diva de los años 1950s pero cantando pop de los 1990s hasta Aldiss con su Frankenstein Unbounded… Discrepo con esa visión apocalíptica de la postmodernidad. Concuerdo en que se trata de “fragmentos”, pero discrepo con que sólo sean “ruinas”. Adhiero más bien a esa visión que dice que la PM es el momento en que la cultura se volvió consciente de sí misma, dejó de avanzar creyendo ciegamente en el ideal de progreso (todo tiempo pasado fue peor), se detuvo y giró la vista hacia atrás para revalorarlo todo. Adhiero a esa visión de la PM que dice que la cultura giró y se encontró con toda la Historia a su disposición, al alcance de su mano para ser usada, reutilizada, reciclada y reordenada con plena libertad. Ahora, por qué giró? Ahí es donde el debate todavía no termina. De repente tenemos permiso para re entender las cosas y manipularlas a nuestro antojo, alegre e irresponsablemente. Por qué? No se, no voy a ser yo quien responda. Porque a veces se confunde el “por qué” con el “cómo”, sobre todo en nuestra cultura. Creo que los “por qué” son misteriosos e inexplicables, son metafísicos y resbaladizos. Los “cómo” son más fáciles y la humanidad se haya feliz respondiendo con “cómos” en vez de “por qués” desde hace harto rato, para qué molestarlos con angustias trascendentales, mejor me voy a jugar a armar castillos con mi “Lego” postmoderno.

A veces me pregunto si este resucitar de todos los muertos que es la posmodernidad (toda la historia está disponible), no será el equivalente al momento previo a la muerte donde toda la vida te pasa por delante.

Sergio Alejandro Amira: Volvamos a Mariana. Alguna vez me dijiste que era demasiado común que las mujeres de las historias sean o muy minas o muy masculinas y que casi siempre terminan siendo Rambos con grandes tetas a lo Simon Bisley. Entonces te pareció bien la idea de una mina muy carreteada, doliente y toda cagada, nada de Laras Crofts, ni Ripleys. Una junkie, que actúa por adrenalina y odio, descontrolada, en picada por la vida. También me dijiste que cada vez que pensabas en Mariana te daba pena…

Jorge Baradit: Quería una mujer real, nada más.

Sergio Alejandro Amira: Angélica en cambio es muy distinta a Mariana, se parece a Alita que es una ginoide que al comienzo se ve frágil pero resulta que es una temible arma de combate. Nihil novum sub sole. Aunque Angélica es una niña siempre asustada que no controla su poder, finalmente igual usa conscientemente su fuerza y es una Terminator de todas maneras. Pese a esto y al igual que Mariana, Angélica parece ser tu0 comentario sobre “la fragilidad femenina expuesta al poder masculino”.

Jorge Baradit: Sí, Todos mis cuentos tienen que ver con la penetración sexual en su sentido violento, la violación del cuerpo de un ser más frágil. Todos sabemos que no hay nada más despreciable ni más atractivo que eso.

Sergio Alejandro Amira: Por último, el personaje que cerraba la trilogía, que se iba a llamar Soledad y cambiaste por Magdalena, fue esbozada como la mujer pecadora que llora a los pies de NSJ. Me explicaste que Mariana era una espada, Angélica una katana (delgada, frágil, liviana pero mortífera) y Magdalena sería una daga… pero la daga que atraviesa el corazón de María en el icono cristiano. Una daga ritual. No dejo de pensar ene se dicho que indica que la mujer es una espada… más peligrosa cuando está desnuda, y tampoco puedo excluir el hecho que en tu casa tienes una espada y una katana a la vista, pero no una daga. Una vez no voy para ningún lado. Callejón sin salida.

Jorge Baradit: La daga todavía no me ha sido dada. La espada la soñé, la katana la encontré y la daga me tiene que ser dada. La daga es una condecoración, no la puedo comprar. Hay algo que debo hacer para que me sea entregada pero aún no me he topado con ese momento.

Sergio Alejandro Amira: ¿Recuerdas aquel ejercicio que comenzamos a fines del 2003 y que terminaste en el avión mientras viajabas a la vieja Europa? Se titulaba La Colmena y si bien no resultó el híbrido de aquella experiencia surgió uno de los cuentos tuyos que más me gusta: Los Vampiros, y mi cuento Caro data archangeli. Sin duda fue una experiencia provechosa y lamento que más de estos ejercicios no puedan realizarse. Recuerdo haber escuchado alguna vez de lo poco que interactuaban los músicos locales, Buddy Richards cantando con Los Tres es una rara excepción si comparamos la cantidad de duetos y colaboraciones en países como USA e Inglaterra. ¿Responderá esto a otra de nuestras características idiosincrásicas o como país pobre cada cual debe rascarse sus propias pulgas y luchar por su pedazo de carne?

Jorge Baradit: Creo que se hacen muchas colaboraciones. Pero también es evidente que somos un país de envidiosos. No nos gusta que otro suba más que nosotros. Quizá por eso nos cuesta cooperar para que otro crezca con “nuestras” ideas, como si las ideas tuvieran dueño.

Sergio Alejandro Amira: Armando Uribe cuenta que le pidió a Neruda que le dedicara un libro del gran editor italiano Tallone. ¿Cuál? le preguntó, ¿el mío? Le dijo no; este otro que tengo aquí, el purgatorio del Dante. “¡Pero como te lo voy a dedicar, si es de Dante! Ponle no más tu nombre en la primera página le dijo Uribe. Mientras lo escribía Neruda musitó: <>

Jorge Baradit: Je, je…las dos únicas veces que le he pedido a un autor que me firme un libro han sido de otros autores. Miguel Serrano me firmó de muy mala gana el artículo Wotan de C.G. Jung “En recuerdo del profesor Jung, Miguel Serrano”. A Jodorowsky le pedí que me firmara “La leyenda del Grial”, de Marie Louise Von Franz. Le expliqué que su biografía estaba muy cara y no la encontraba muy buena. El “payaso gurú” sonrió forzadamente y estampó su apellido en la primera página con una gran mueca de pregunta.

Ygdrasil es la expresión visible de un suelo mental común, la flor del inconsciente colectivo. No es que todos seamos el mismo, la humanidad está incompleta porque no somos el mismo, pero tendemos hacia allá. El día que estemos todos conectados como las hormigas, que no son una especie sino un solo gran animal hecho de muchas unidades, habrá llegado el reino de dios a la tierra. Quizá Internet sea un remedo de ese sueño o la semilla remota de una estructura mental futura donde todos seamos todos, en un éxtasis glorioso como un nirvana digital.

Sergio Alejandro Amira: Alguna vez aseguraste, de alguna forma escindiéndote de aquella entelequia que sería supuestamente nuestra generación. Que tú eras más contemporáneo que nosotros (entendiendo por nosotros a los que dirigíamos el taller) y acuñaste el término “dickeados” para referirnos. Dijiste estar influenciado, a diferencia de “nosotros”, no sólo por la literatura sino también por el cine, las multimedia, la Internet, la fragmentación informática, la animación, la junk-data y la música electrónica, el trance y la hiperactividad neuronal de las mentes de HOY. Todo esto por un comentario donde aventuré la hipótesis que tu literatura estaba más influenciada por el cine que por los libros, continuaste diciendo: Declarar que estamos más influenciado por lo que hemos visto que por lo que hemos leído tiene hasta un tinte peyorativo. Me he dado cuenta la manera ridícula como miras en menos el cine (onda, “no si yo voy muy poco al cine”, como si fuera pecado). Esa estupidez de considerar la literatura como una cosa mayor, más alta. Yo voy al cine y también leo, veo animación y me encanta el cine porno, sobre todo donde salen muchos negros tirándose a una jovencita, recojo todo lo que la cultura tira para ese lado. ASPIRO A SER UNA MENTE DE MI TIEMPO. Anda a ver Kill Bill, o mejor, lee Cock&Bull, una novela que está haciendo furor en Europa, y te vas a enterar de lo que estoy hablando. Ahí hay cine, literatura, cómic y animación mezclados. Uno entrando en el otro en una orgía sin limitaciones, una rave extática, intensa y predatoria, nada de dickeadas mamonas y melancólicas, “narrativas” y “literarias”. Lo curioso de tus acusaciones es que yo creo exactamente en lo mismo que tú, menos en lo de los negros tirándose a la jovencita ya que soy un católico muy conservador, y leyendo mis cuentos notarás como se suceden todo tipo de influencias. Gabo en casa de Armando dijo como para justificar mi “conducta”: él puede citar a Felipe Avello o Heidegger indistintamente, y estaba en lo correcto. Leo Las Ultimas Noticias por la mañana y la Summa Teológica por la tarde. Pero bueno, supongo que aquellas palabras fueron motivadas por una falta de conocimiento de mi producción literaria, ¿o no? Otra curiosidad, me invitabas a ver Kill Bill, la película que destrozaste en tu artículo para El Calabozo del Androide…

Jorge Baradit: Después de un año descubrí que Kill Bill me había hipnotizado con malas artes y que después de los 365 días el débil embrujo se había disipado sin dejar huellas, sólo un detestable olor a podrido. Dejo fuera la maravillosa secuencia de animación de Production IG.

Sergio Alejandro Amira: El domingo pasado mi hijo Bastian de 2 años y 8 meses fue impactado por un Jeep en lo que ha sido el momento más doloroso e impactante de mi vida. A Dios gracias tuvo nada más que unos rasguñotes y las mayores heridas quedaran para los adultos, quienes finalmente somos los responsables. Después de pasado el incidente recordé que en febrero 2004 un automóvil impactó tu moto y te salvaste sin que ni los médicos de la posta entendieran cómo dadas las características del accidente. Lo mismo que ocurrió con mi hijo, como si ambos fueran “unbreakables” como en la película de Shyamalan. Tú consideraste un milagro el haber salido caminando de la posta sin nada roto y sólo un par de heridas abrasivas considerando que un auto cruzó con luz roja y te impactó de lleno lanzándote con moto y todo directamente a la cresta. Yo tuve la misma sensación mientras abandonaba el siniestro hospital público de Viña deseando no tener que regresar nunca más en mi vida. Pero la de la moto no fue tu primera experiencia cercana a la muerte, la primera fué en el Qosqo (aka Cuzco).

Jorge Baradit: Sí, viajé solo durante el fenómeno del niño del ’99 (que paralizó perú con inundaciones y tormentas). Me intoxiqué con verduras a medio cocer. Comencé a sentirme mal como a las 9 de la noche, en la plaza de Cuzco, lo confundí con puna y me fui al hostal para darme una ducha de agua MUY FRIA. Salí de nuevo porque estaba mareado y el ambiente estaba gélido. Cuento corto, me vino un enfriamiento y terminé acostado en el segundo piso de un hostal que estaba vacío excepto por mí, con tercianas, sudor frío y mucha fiebre. A las doce de la noche comenzaron los vómitos y la diarrea acusando intoxicación. A las dos de la mañana descubrí que no podía moverme ni pedir ayuda. Los temblores eran violentos. Sentía un frío de muerte pero caché que estaba ardiendo en fiebre porque tenía taquicardia. Intenté calcular mi fiebre con el reloj (se supone que por cada grado de temperatura tu pulso sube 10 unidades). Como a las cuatro empecé con alucinaciones. Me levanté de la cama, movido por la adrenalina supongo, para buscar aterrorizado unos papeles que la policía de cuzco (que según yo estaba allanando todas las casa en esos instantes) me iba a exigir o sería expulsado a las llanuras de nieve que rodeaban la ciudad. Como a las 6 de la mañana recuperé la noción de realidad (supongo que eso ocurre cuando cachai que estabai pelando el cable, aunque suene a juego de palabras), pero era incapaz de moverme, estuve así, despierto e inmóvil, sintiendo que me desvanecía en cualquier instante (la imagen se me volvía un círculo lejano rodeado de negro), hasta las doce del día, absolutamente deshidratado y afiebrado, hasta que un niñito-guía (niños pobres de cuzco que hacen de guías turísticos informales a cambio de algún dinero) golpeó la puerta para acompañarme a conocer la famosa piedra de los = doce ángulos (el día anterior nos habíamos puesto “providencialmente” de acuerdo para ello). No podía contestarle a través de la puerta, menos abrirle así que emití un gruñido (no es hueveo) y él se asustó y fué a buscar a la dueña que abrió la puerta y me encontró en pelotas arriba de la cama. Desde ahí no recuerdo mucho hasta que estaba sentado sorbeteando un tecito envuelto en una frazada. Estuve con cero fuerza toda esa tarde. Al otro día fui caminando a un médico usando al niño como lazarillo. Me debo haber demorado horas porque me movía como un anciano de 90 años. El médico me dio antibióticos, una dieta mínima y el consejo de regresar a chile. Pero a los tres días estaba levantadito a las 6 de la mañana (con un cargamento de galletas de vainilla y mucha hoja de coca) esperando el bus que me llevaría a Ollantaitambo para comenzar el camino de cuatro días por la sierra peruana hacia la ciudadela de Macchu Pichu. Pero esa fue otra historia. El punto es que desde ese momento en que llegué a Macchu Pichu, después de cuatro días de mierda, me siento capaz de todo, de llegar a la luna si quiero.

Sergio Alejandro Amira: La otra experiencia fue en México…

Jorge Baradit: En México “algo” me atacó un punto de mi abdomen donde no tenemos nada en especial, después de visitar el complejo de Tula, en Hidalgo (la casa de los Toltecas), un recinto sumamente importante pero poco “turístico”, lugar de magos y chamanes hasta el día de hoy. El punto es que también pasé una noche asquerosa con alucinaciones extrañas (sentía que me “iba” por las esquinas de la habitación) y terminé en “urgencias” de un hospital mexicano donde me dejaron abandonado en un rincón, sin zapatos, sin lentes de contacto, sin dinero ni identificación. Los enfermeros estaban más preocupados del montón de tipos baleados y acuchillados que llegaban a cada rato que de un chileno desvanecido que hablaba huevadas. Fué otra noche de terror. Al otro día llegó Wash, hermano mexica, indio maravilloso, con todas mis cosas y me sacó de manos de los “carniceros” como les dijo. Este par de historias (muuuuy resumidas) hacen parecer bicoca lo de la moto. Aunque confieso que tuve temor de morir, pero más por morir a manos de un viejito asustado de 85 años que por el accidente mismo. Habría sido muy poco digno.

Sergio Alejandro Amira: A los quince años formé en Punta Arenas junto a un amigo apodado “Porno Rockett” la banda de punk-experimental Necroaxila, que se transformó en una verdadera institución en mi pequeño círculo de amistades. Tú también tuviste una banda, cuéntame de esa experiencia.

Jorge Baradit: Año 1986, plena dictadura. Adolescente entrando de cabeza a la guerra que le deparaba su generación. Bad idea: o eras de derecha o eras de izquierda ¿Punk de izquierda? olvídalo. Cero posibilidad de permanecer en la JJCC sin chaleco de lana y morral diaguita. ¿The Clash?… ummmm… ¿alienado pro-yanqui? En fin, tocábamos hardcore punk en lugares muy precarios, los pacos acechando, mucha violencia en el ambiente. Dead Kennedys, DRI. Yo tocaba bajo y cantaba, mis amigos el anfeta, el pelao y el bototo eran los que sabían tocar música de verdad.

Mi dudoso aporte a la resistencia por lo menos me crió la vena anti-dependencia tribal, porque los punkis también me consideraban “poco punki” y éramos discriminados por los más discriminados (¿habrá algo más patético?).

Sergio Alejandro Amira: ¿Cual era el nombre de tu banda?

Jorge Baradit: Trato Bestial. El peor nombre de la historia musical chilena, sólo superado por “Danny Chilean”.

Sergio Alejandro Amira: Como bien mencionas en la entrevista de Gabo, la literatura chilena tiende al “realismo”, la cosa social, y eso permea todos los ámbitos creativos sobretodo en el cine que tímidamente se ha ido abierto a otros géneros recientemente pero sin mayor éxito. Hasta la excelente serie en animación 3D Pulentos, la cual sigo y considero de muy buena factura, opta por una aproximación de “realismo social” como podríamos denominarlo. Recuerdo cuando vimos el primer capítulo con mi hermano y él exclamó: “¡Viven en nuestra pobla!”, porque yo en Concón vivo en una población de “blocks” de ladrillos rojos, almacenes con señoras ancianas y perros vagos por doquier. Como seremos de rascas que una vez hasta se robaron los cables del tendido telefónico. Bueno, el caso es que si por plantear un escenario identificable por la clase media-baja se trata, la serie lo hace magistralmente, pero está claro que tendrá que pasar un tiempo antes que veamos una serie de dibujos animados tipo Chicas Superpoderosas, Megas XLR o Bob Esponja. Recuerdo que tú tenías un proyecto de dibujo animado que compartiste conmigo y que encontré muy bueno. Sin descuidar lo “social” incorporaba los temas que te interesan, la magia de los pueblos originarios, la aventura… Cuando más me gustaba Mampato era cuando viajaba a esos futuros imaginados por Themo Lobos con Tortugas gigantes y Hombres-ñandúes, no cuando visitaba la época de la colonia, pero cuando hicieron la película que historia decidieron contar?, la de Rapa Nui. Aún en los cómics o en el dibujo animado, donde con menos recursos puedes crear escenarios, situaciones y personajes increíbles se sigue con el mismo enfoque social. Después e toda esta perorata, ¿qué opinas?

Jorge Baradit: Lo mismo que tú. En las producciones audiovisuales la lucha es por la identidad, como el único elemento diferenciador que nos puede agregar valor frente a los megaproductos gringos. Como cuando digo: ¿Para qué publicar a un chileno que escribe como P. K. Dick? Mejor publiquemos al original.

Sergio Alejandro Amira: Magritte, antes de alcanzar la fama, hacía “picassos”, no copiaba originales, sino que adoptaba el estilo picasiano de aquella particular época y colocaba la firma. ¿Crees que estas obras de arte son menos arte o menos meritorias acaso? Yo particularmente las considero lo más interesante de la obra de Magritte.

Jorge Baradit: Como dijo una amiga que ya no me quiere ni ver: Hoy día el arte puede ser cualquier huevada. Casi que arte es toda aquella actividad que se proclama como arte.

Sergio Alejandro Amiraa: Pasando a otro tema, la mayoría de las encuestas en Israel predicen que el primer ministro, Ariel Sharon, ganará el 28 de noviembre las elecciones primarias del Likud que elegirán el candidato del partido para las nuevas elecciones de primer ministro… ¿sabes?, Me parece curioso que en la mitología griega Charon (Caronte) sea el barquero de los muertos. Todo esto para preguntarte que opinas del conflicto entre Israel y Palestina.

Jorge Baradit: Lo mismo que todos y que nadie se atreve a decir: que es una patudez del mismo pueblo que sufrió persecución repetir la experiencia de esta manera tan brutal y a la vista de todo el planeta. Antes de la invención del Estado de Israel esos territorios se llamaban PALESTINA y vivían judíos, cristianos y musulmanes en relativa armonía, como colonia inglesa pero sin agarrarse a peñascazos entre ellos. Cuando llegaron los judíos europeos expulsaron a todos los palestinos que habían vivido en esas tierras desde siempre y expandieron sus fronteras violentamente a costa de los países vecinos. ¿Cómo crestas pretenden que los quieran y respeten?

Sergio Alejandro Amira: Adorno dijo que no se puede escribir poesía después de Auswichtz (aunque el mismo se refuta en su Mínima morallia). ¿Qué opinas de esta afirmación?

Jorge Baradit: Pura demagogia. Auschwitz es una cosa y la poesía es otra. La discusión Arte-Política es, además, una discusión que le tiene sin cuidado al mundo desde los años 70, es una cuestión añeja que ya no tiene cabida.

Sergio Alejandro Amira: Lo que yo creo que Adorno quiso decir es que no se puede tomar lo que pasó en Auswichtz como un hecho banal, no se puede analizar como un fenómeno más de la violencia en la historia. Yo creo interpretar eso en su pensamiento profundo. Tal vez responda a la relación entre literatura y política: hay cosas de la política que realmente tienen poco interés, como quién va a ganar una elección, pero hay momentos en que la política es el hombre en sociedad, y ese es un componente esencial. Hobbes no llamaba Leviatán al Estado sino a la sociedad. Lo político y lo metafísico están muy ligados, no se pueden separar. Personalmente yo no descreo de la política sino de los políticos.

Otros sujetos que me sacan de quicio tanto como los políticos son los denominados “ufólogos” ¿Has oído alguna vez a alguno de estos sujetos mencionar siquiera la Paradoja de Fermi? No son más que un montón de lunáticos, igual de locos que el que vocifera la llegada del anticristo en la plaza. Por supuesto que creo en el “fenómeno OVNI” pero no creo que se trate de naves tripuladas por extraterrestres…

Jorge Baradit: Puchas… ahí discrepamos. Yo no puedo no creer, esa una condición natural. Creo que los OVNI son extraterrestres, creo también que son los vimana nazi de Serrano, creo también que son humanos del futuro, creo que son los dioses que regresaron… creo que son ángeles… creo, creo…
Creo… porque… es más entretenido. Como no va a ser entretenido pensar que realmente existen alienígenas visitándonos, sean “grises” o “plutonianos”.
Creo que para mí todo es literatura fantástica, desde la Biblia y sus maravillosas matanzas con mares y rayos desbocados aplastando masas de seres humanos por la furia divina, hasta los “horizontes de eventos” en los agujeros negros. Creo en la Atlántida, en el jet bajo la pirámide de Keops y en que Elvis vive… pero en Marte. Creo en la conspiración para matar a Kennedy, en que Walt Disney está criogenizado y en que la Coca Cola contiene nanotecnología de la CIA para espionaje y esclavitud. Pero al final del día no creo en niuna huevá tampoco…es raro. Todo es literatura fantástica…incluso La Tercera (de El Mercurio ni hablar).
Por supuesto que los ufólogos son psicotipos (no se si existe esa palabra) primos hermanos de los Jimmy Swaggart, de los comunistas duros, de las tías pechoñas y los fascistas extáticos. Son fundamentalistas incapaces de ver lo que no coincide con lo que quieren ver. Son huevones capaces de reordenar la realidad de todo el planeta si eso les hace calzar sus teorías, por eso producen teorías tan hermosas, si no se tomaran en serio y escribieran mejor producirían las mejores novelas de cf del planeta.
Mi visión renuncia a ser científica (ops, que suena anacrónica esa palabrita). La ciencia se me hace una tabla de la que uno se agarra para sentirse seguro mientras flota en un mar infinito bajo un cielo infinito. He encontrado campos que permiten un jugueteo más liberador. He optado por tener una opinión filosófica, una científica, una religiosa, una poética, una lúdica, una política, …hasta una ética y una aética. Todas se contraponen y viven felices en mi cabecita en un eterno carrete, una orgía de proteos mentales porque todas saben que “para qué tanta huevá si no hay como cachar nada. para qué tanta huevá si somos todos hermanos. Transhumanismo extrópico?…Pase compadre, póngase al lado de la Ataraxia Epicúrea que le está agarrando el poto a la Panspermia exobiológica”. Pero ese soy yo y mi desorden y mi desconcierto. Mi incapacidad por tomar en serio alguna posición. Mi volubilidad geminiana. Pura tontera no más. Total, como escribí una vez por ahí acerca de mi manera de ver la vida: venimos de cabeza y nos vamos de espaldas. En ese salto apenas nos alcanza para un suspiro, dos o tres balbuceos y algún polvito. El resto, pura paja.
Mi personalidad toma esto y lo aquello…pero no se queda con ninguno. Mi interés por las certezas es igual de intenso que el de cualquier buscador de respuestas, lo único que ocurre es que igual tengo a un arúspice tras mi oreja (cual pepe grillo) diciéndome siempre que no hay UNA respuesta, que no hay una cosa SERIA, que no hay una forma de conocer al elefante completo en este mundo de ciegos que sólo ven una ínfima parte del espectro de ondas disponible. Entonces, en vez de angustiarme, hago una fiesta…pero nada más.

Sergio Alejandro Amira: Así como tú acuñaste el término “Dickeados”, nuestro amigo y Director de TauZero hizo lo propio con las “Baraditadas”, esto es lo que dice al respecto: Una Baraditada es algo que es bello de leer pero que carece de sentido cuando uno se la piensa dos veces. Una frase escrita en un lenguaje retorcidamente barroco, recargado. Tanto que a veces satura, pero que siempre desconcierta. Por otro lado, una Baraditada normalmente posee elementos ElectroEspirituOrgánicos, a veces condimentados con conceptos orientales. Una Baraditada es, por definición, muy original, pero en ocasiones muy recargada. Rmundaca finaliza su tesis recomendándote cautela en el uso de las Baraditadas, so pena de agotar la gallina de los huevos de oro y aburrir al lector con “más de lo mismo”. ¿Qué opinas de la hipótesis de Tino?

Jorge Baradit: Que tiene razón.

Sergio Alejandro Amira: Y ya que hablamos de rmundaca, la primera vez que supe de ti fue por Rodrigo, quien estaba muy impactado tras leer los 2 primeros capítulos de Ygdrasil que le enviaste para ser publicados en TauZero. ¿Crees que Tino aportó algo al brote público de Ygdrasil?

Jorge Baradit: Creo que Ygdrasil todavía no brota para ningún lado. Pero Tino es fundamental en la difusión de nuestros textos. Sin tipos como Tino los tipos como nosotros no tendríamos donde exhibir nuestras partes pudendas en público.

Sergio Alejandro Amira: Brindemos por Tino entonces, ¡salud!

Septiembre 2005

Crónica personal acerca del árbol de la vida

por A. César Osses

Esto ha sido un poco vertiginoso: de pronto surge este novel escritor a quien siempre vi entre los colaboradores de TauZero, desde antes que me animara a escribir una que otra cosa para el e-zine, causando revuelo y apareciendo en distintas páginas de diferentes diarios y revistas. Lo conocí hace tiempo, en una casa en Ñunoa [Santiago], en el marco de una reunión para divertirse, y no trabajar, del equipo de TauZero. En ese momento no supe bien de quién se trataba, y para ser honesto, no retuve su nombre. En realidad no retuve el nombre de nadie: era cerca de la medianoche de un viernes, y para el momento en que me fui, robándome a Rodrigo, que era quién me había llevado para allá, a las tres de la mañana, mi cerebro y sus cortezas estaban funcionando a base de fuerza de voluntad.

Desde entonces no volví a ver o saber de Baradit más allá de ver su nombre en TauZero de vez en cuando, o en el sitio web de Tau, más recientemente. Siempre lo recordaré como el muchacho (a pesar de su edad, es un muchacho; no se me malinteprete, Jorge no es tampoco un patriarca) que en el momento que me iba desde esa casa que no sabría cómo volver a ubicar, estaba diciendo algo sobre amebas a la anfitrona, una tímida y poco convencida escritora potencial. Se lo comenté después a Rodrigo y me dijo así habla él, lo que entonces me pareció raro o extravagante, y hoy, un día después de terminar de leer su novela, me parece absolutamente comprensible.

Hace poco, por comentarios de Rodrigo, supe que Baradit le había dado el palo al gato al publicar su primera novela. Los muchachos de TauZero, en especial Rodrigo están exultantes de entusiasmo por el logro de Jorge, tanto que se palpa y se me ha contagiado, en la medida en que un intercambio de mails y algunas llamadas telefónicas pueden hacerlo. Es por eso que aquí estoy, algunos días antes del lanzamiento oficial en un evento multitudinario de la primera novela de Jorge Baradit, publicada por Ediciones B en la colección Nova, escribiendo lo que se me venga a la mente en relación a la novela a la que se dedica este especial.

Cabe destacar que Jorge Baradit se ha anotado de una vez varios hitos en el terreno de la ciencia ficción chilena, que no va al caso enumerarlos, tal vez porque en esta edición especial de TauZero van a enumerarse hasta la saturación, y porque por otro lado, no creo que sea capaz de recitarlos de memoria. Para lo que interesa. En esta nota lo que importa es tratar de hacer una pequeña crónica de cómo llega la primogénita de Baradit a mis manos, y mi experiencia con ella.

Cuando Rodrigo me comentó que estaba ad portas la publicación de Ygdrasil, la primera novela de Jorge Baradit, el nombre me fue familiar. Claro, en algún comic del Hellboy de Mignola se mencionaba Yggdrasil (nótese la duplicidad de la letra g) como el árbol de la vida, elemento central en una de las aventuras de este héroe colorado y de cuernos limados. Asimilé esta noción y la deje en stand-by. Por el nombre me imaginaba una fantasía con sables, armaduras y magia (una suerte de dragonada), y aunque no estaba en los hechos muy lejos de la verdad, en la forma estaba, por decirlo amablemente, un poquillo perdido.

Cuando por el foro se da la noticia de que se publica Ygdrasil y que está disponible en la librería, yo, curioso, pregunto “¿de qué se trata?”. Me responde Rodrigo, diciéndome algo como que “es un ciberpunk chamánico esotérico, o, en una palabra, una baraditada (sic)” y dejándome igual que cuando se termina de bailar la cueca: ahí mismo. Como Ygdrasil se publicó por entregas en TauZero, parcialmente, dudo que Rodrigo no supiera lo suficiente como para hacer una descripción en forma de nanocuento de la trama de esta novela.

Ante todo le recalqué que una baraditada no me decía absolutamente nada, a diferencia de otros escritores de trayectoria, como podría ser una philipkdickada, gibsonada, asimovada, stephenkingada, jrrtolkienada, jkrowlingsada, o una vargasllosada, garcíamarquezada, lemebelada, cortazarada, bolañada. Claro, Jorge Baradit recién publica su primera novela, mientras los otros… algunos se han podido dar el gusto de publicar póstumamente, mientras que Baradit tiene sus mejores años y novelas por delante. No me cabe duda de que a futuro bastará con decir que tal o cual novela es una baraditada para tener en claro de qué trata, y saber de quién tomó la influencia el autor.

En mi caso, al aclarar el punto anterior se me recomienda amablemente revisar los archivos de TauZero para imbuirme de los significados asociados a tan sorprendente género literario. La verdad es que me dio flojera hacerlo, y en mi primera visita a una librería me vi buscando Ygdrasil por los estantes, como quien no quiere la cosa. Ya conocía la portada: un fondo café con dos Y rojas superpuestas y desfasadas en 180°. Entonces fue cuando la vi y al girar la solapa reconocí a Jorge y pude asociar nombre con rostro: Nice to meet you, nuevamente. De ahí a dirigirse a la caja con la mano en el bolsillo hubo un paso, y mi sorpresa (grata) afloró al recibir el precio. Hombre, esto está muy conveniente, pensé.

En un país donde la lectura no es fomentada mayormente y a través de un círculo vicioso los precios se vuelven prohibitivos, un libro que sin ser barato es accesible a un espectro mayor de lectores en potencia se transforma en un respiro de aire fresco, siendo a la vez un parcial disuasivo a la falsificación. Vale la pena la inversión: la calidad de la edición es coherente con los otros libros publicados por Editorial B, lo que por lo menos garantiza un elevado número de lecturas antes de terminar con las hojas en la mano o la cubierta mellada. Las páginas alcanzarán a superar la década antes de ponerse amarillas, imagino, y las letras no se borrarán a causa de la fricción.

La contraportada tiene citas de dos personas que no alcanzo a imaginar el mérito que tienen para poner sus palabras ahí, en una zona que en lo personal, cuando tiene texto entre comillas, se transforma automáticamente en el análogo de la nota de cata de los vinos: pierde interés. De todas maneras leí las genuflexiones entrecomilladas, que me produjeron el mismo efecto que el de una nota de cata: me dejaron total y absolutamente indiferente y desinformado respecto del contenido.

Después de todo tendría que leer Ygdrasil para saber de qué trataba, que en el fondo es lo que cualquier lector ávido debe hacer con un libro. Cuando abrí el libro a lo más sabía que se trataba de ciencia ficción. No sabía si era hard o no, no sabía si era una space opera o un policial ciberpunk, o si era una digresión acerca de quiénes somos y hacia dónde vamos, si una complicada metáfora acerca de la existencia de dios, con minúscula. Me lancé a la piscina sin antes probar el agua con el dedo gordo del pie izquierdo, sin comprobar los niveles tampoco.

Después de leer la novela, siento decepcionar: no he renacido, ni tampoco ha cambiado mi visión del mundo, ni soy un ser humano diferente ni tampoco he visto mis creencias tambalearse, mi líbido no sufrió ninguna variación ni he perdido más peso. Me liberé de sus hojas, lo que es diferente. Tal vez en un principio me costó entrar, y pudo ser circunstancial ya que empecé a leerla viajando en tren. Pero cuando me capturó, me dejó pensando y cuando me alejaba del libro, siempre tenía ganas de regresar. Prueba de ello es que me tomó 4 días en leerme el 90% restante de la novela, en semana laboral, pasando casi 12 horas fuera de casa, restándole tiempo al merecido sueño. Y sin llevármela al trabajo.

Se nota con bastante claridad la influencia de William Gibson en los pasajes oníricos, la claridad justa de las descripciones que obligan al lector a activar y operar bajo sobrecarga su coprocesador imaginativo. Para ser una novela de ciencia ficción no-hard, me resultó extraño no encontrar ningún Smith o James o Roberts. Suena extraño un relato de ciencia ficción entre cuyos personajes haya un ona, o que suceda en Latinoamérica y el Caribe. En la novela se mencionan invunches, lautaros, chamanes, fantasmas, mexicanos, tontos, médiums y políticos corruptos. A pesar de (o tal vez precisamente debido a) ello es que el relato entretiene. Nunca supe qué clase de carta tenía el autor bajo la manga al dar vuelta la página.

Si algo puede caracterizar Ygdrasil es el exceso. Las descripciones de muchas de las escenas rayan en la brutalidad, en el más absoluto y puro gore, el sadismo y el snuff. Es como inspirarse en “lo que pasó con la tripulación del Event Horizon en la otra dimensión” y Urutsukidoji para crear todas las sofisticadas formas de tortura y mutilación descritas. Si alguien quisiera llevar Ygdrasil al cine, el guionista encargado de la adaptación debiera prepararse sicológicamente para la tarea asesorado por profesionales, y los productores encargar un gran suministro adicional de sangre artificial, para hacer una buena adaptación, por lo menos. Y medio Fort Knox para sobornar a todos los entes calificadores del planeta, claro está.

A pesar de lo barroco y sanguinolento de las impactantes descripciones, lo excesivo de algunos pasajes, de la multitud de dobleces irreales a las leyes físicas y biológicas que las vuelven completamente desconocidas e insalubres, la novela primogénita de Baradit entretiene y captura al lector arrastrándolo en un viaje por lugares que no existen, no pueden o no deberían existir, y no se excede con evidentes citas oscuras y misteriosas referencias que terminan por desorientar y confundir, transformado un relato en un texto que busca hacer patente la inmensa erudición del autor frente a la supina ignorancia del lector.

Los abismos a los que Baradit expone inmisericordemente al lector de Ygdrasil tienen un aire familiar, un aroma a tacos, a empanadas, a mojitos, a tiple y charango, a sikus y pifilcas, a batá y kultrum. Amante de la palabra imposible, Baradit no tiene muy claro el concepto de dicho vocablo, y ahí está: ha publicado una novela de ciencia ficción latinoamericana, con una clara identidad, poseedora de una impronta que la distingue frente a otras novelas de CF que con el tiempo han ido pasando por mis manos.

011105 (addendum)

Asistí ayer al lanzamiento de Ygdrasil en la Feria Chilena del Libro, llevada a cabo en Santiago. Un hermoso día me permitió gozar con todos mis sentidos de la belleza femenina que merodeaba entre los estantes, buscando algo para leer. Objetivamente puedo decir que la Feria, a pesar de la impresionante cantidad de textos expuestos, sólo contaba con un reducido número de textos de CF, y entre ellos, el más original es Ygdrasil.

Jorge Baradit tuvo la deferencia de autografiar mis copias, después de un día propenso al síndrome de túnel carpiano dado el inmenso número de dedicatorias y firmas, todas ellas realizadas con pulcritud, dedicación, y por qué no decirlo, creo que hasta con placer. No tiene Baradit el talento de otros escritores de fama y renombre, que garrapatean asqueados algo más parecido a una receta escrita por un médico (por lo ilegible) para firmar la mayor cantidad de libros en el menor tiempo posible, sino que se daba el tiempo para producir texto manuscrito personalizado y claramente legible. Aunque Baradit haya firmado algunas copias – dicen – con su propia sangre, el resto las firmó con el corazón. (Si me permiten la licencia: de haber firmado con su sangre habría llegado a la anemia antes de la presentación.)

En la presentación habló la editora de Ediciones B, dos personas con cierto arrastre mediático, y el autor. La frase más repetida por la editora y el duo mediático-publicitario: “lanzarse a la piscina con Ygdrasil”. Concuerdo plenamente con el cliché, ya que desde el momento en que tuve el libro en mis manos la sensación fue la misma. Si para los editores, que ven el provecho comercial antes que otros méritos, fue una movida arriesgada, los lectores también corremos el mismo riesgo ya que desde las páginas acecha un texto original y malvado, listo para devorar a quien se atreva con él. A estas alturas, y después de ver en la caja de Ediciones B una cola de personas con la novela en sus manos, Ygdrasil debe estar masticando plácidamente varios lectores lo suficientemente valientes o incautos como para lanzarse a las fauces abiertas de la primogénita de Baradit.

Finalmente, lo que todos esperábamos (y por todos entiéndase todos los que alcanzamos a caber dentro de la sala destinada al efecto; algunos debieron oírla desde el pasillo): la presentación en sociedad de Ygdrasil y el speech de Baradit. Un contingente importante de bilbliófilos, frikis de la CF, admiradores de la editora de Ed. B, seguidores incondicionales de Baradit y uno que otro curioso o despistado que no tenía idea de dónde se metía guardaron respetuoso silencio mientras el autor hablaba. A ratos Hikaru, pequeño sobrino del autor, amenizaba la charla, de por sí amena, que como correspondía dejó reducidas a meras intrascendencias las intervenciones anteriores.

Baradit habló de Latinoamérica como un crisol, una cazuela sobre el fuego, con todos los ingredientes pero a medio cocer. Habló de no ser inventor de nada, declarándose culpable de magnificar con la lupa de su pluma y una “mente algo trastornada” lo que tenemos cotidianamente entre nosotros, y que por tenerlo a diario en portadas hemos dejado de verlo. Habló de la capacidad que todos tenemos de crear, de hacernos “estallar la cabeza” con ideas, de transformarnos en “úteros que parimos mundos”. (Unos asientos más allá, Rodrigo tomaba nota de las frases para el bronce grafitteando frenéticamente la pantalla de su handheld, mientras que desde atrás los flashes amateur inmortalizaban mil veces el cuarteto presidido por la estrella del momento.)

Espero (y tal vez me acompañen en el sentimiento otros ávidos lectores de CF) que, siguiendo los pasos de Baradit e Ygdrasil, las editoriales se atrevan a publicar a los escritores nacionales que ya son conocidos por un reducido grupo de lectores en el mundo (aún) under de la CF chilena e ignorados por todo el medio literario que se dedica a comercializar libros de autoayuda, de parrilla chilena (como si fuera mucha la ciencia de tirar un pedazo de carne con sal a una parrilla) y novelitas románticas con regusto dulzón a perfume de bisabuela, escritores a los que el autor se refirió como “próceres y mártires” de la CF chilena, hoy en pañales cuando hace tiempo que debe, y puede, vestir ropas de adulto.

por A. César Osses

Aquí yace el bug

por Daniel Vak Contreras

Escribo esta columna por encargo. Es casi como escribir un guión de teleserie o una tarjeta de navidad. Debo aclarar que la paga por este encargo es igual a cero. También es bueno aclarar desde un principio, que algunas que escribiré no serán del agrado de muchas personas, en especial de los grupies, que rondan como moscas en buenas y ricas tortas de cumpleaños.

Y en principio Ygdrasil es eso, una buena y exquisita torta. Claro que a mi, me gustan más las tortas que las cazuelas, y hago este ejemplo, esperando que las cazuelas no se pongan de moda. Otro punto que me gustaría dejar en claro es que Baradit escribe bastante bien y que en esta columna no hablaré de su técnica literaria ni la construcción de personajes, ni de los diálogos. Simplemente quiero hacer una reflexión respecto a lo que ha sucedido en el último mes en torno a Ygdrasil y su publicación.

Las preguntas y las respuestas pueden tener múltiples lecturas, y tal como en el oráculo de Delfos, hay que tener la mente muy abierta para saber preguntar y para saber que se nos esta preguntando.

¿La ciencia ficción es una mierda o simplemente una güeá?

En lo personal creo que la CF es una güeá. Es decir un constructo, un consenso, una marca registrada, que algún día fue impuesta a cierto tipo de literatura que usando alegorías científicas, relataba aventuras, criticas sociales, religiosas y que de una forma u otra intentaba mostrar un punto de vista diferente a los sucesos de una época determinada.

Dado este punto anterior, yo siempre me he considerado a mi mismo como un escritor de ciencia ficción, y como tal respeto el “género”, digamos estilo. Es por esta razón que la primera palabras que hizo que en mi mente se prendieran las alertas, fue la palabra “raro” que usó Andrea Palet para presentar la novela de Jorge Baradit.

Yo creo que las sociedades, cualquiera que sean, tienen cierto cupo de tolerancia para las “rarezas”, ya sea en la televisión (la mamá de Massu, o el pelo de Fernando Villegas) o el mismo Zombi en la radio, supongo que ustedes conocerán a los cientos de tipos raros que han tenido su minuto de gloria en la sociedad chilena. Asi espero que Ygdrasil no sea una de ellas, que no esté llenando el cupo de las cosas raras del mes y pase al olvido.

Antes de continuar, quiero reconocer dos cosas. La primera es que envidio a Baradit, y la segunda es que respeto el hecho de que él, a diferencia de muchos otros se dio el trabajo de terminar una novela de 200 o 400 páginas.

Puede ser que para los supuestos expertos chilenos, la novela sea algo rara, pero nuestro país tiene una larga historia de autores, y por cierto un público fiel, que se han acercado a la Ciencia ficción, la fantasía y el horror, de forma constante. Y desde este punto de vista comparto tal vez la idea de Luis Saavedra de que la publicación de Ygdrasil, más que un nuevo comienzo, o un punto de partida, es un hecho aislado.

¿Por que pienso que es un hecho aislado? Simplemente porque a lo largo de la historia de la CF chilena, los autores buenos y trabajadores siempre han sido publicados. Ya pasó en 1976 cuando Elena Aldunate, publica “La bella durmiente”. Es decir ejemplos como Jorge Baradit, hay bastantes. Pero la historia demuestras que estos autores son ejemplos aislados.

Y así como alguna vez fue Aldunate y Correa, esperemos que Ygdrasil no sea la excusa para las editoriales, para crear una manada de chicos ñoños ansiosos de comprar una literatura diferente, una historia que es, en palabras del propio Rodrigo Mundaca es “Una explosiva mezcla de animé, mitología americana, cyberpunk y violencia bizarra”.

Y para finalizar, yo admito que hay momentos en los cuales es bueno tomar distancia de ciertos fenómenos, no me considero ni amigo ni enemigo de Baradit, y tal vez por eso fueron elegidos Zombi y Ortega para presentar la obra. Pero honestamente esta movida comercial y de marketing, dejó a dos tipos que han apoyado 100% el nacimiento de Ygdrasil, y ellos son Rodrigo Mundaca y Luis Saavedra. Un aplauso para ellos, que debieron ser los presentadores de esta novela ciberpunk.

por Daniel Vak Contreas

Editorial TauZero #16

A los lectores de TauZero habituados a encontrar aquí las digresiones autoreferentes de rmundaca, debo decirles que nuestro director se ha tomado un descanso tras su paso por la Feria del Libro y la promoción y lanzamiento de la opera prima de nuestro amigo y colaborador Jorge Baradit. En ausencia de rmundaca, por lo tanto, tendrán que conformarse, conmigo. Pero no os preocupéis que ya me advirtieron que no escribiera “idioteces”.
Hablemos entonces de TauZero. ¿Que TauZero es una idiotez?, no usted se confunde tal vez con Fobos, “el fanzine estúpidamente gratuito hecho con la estupidez de unos pocos para deleite de muchos”, como rezaba su slogan. Sí, yo me conté dentro de esos estúpidos, pero no me desvíe del tema.
TauZero…
Nuestros lectores ya deben haber leído o estar en conocimiento al menos del especial dedicado a Ygdrasil. Lo que ocurrió estas últimas semanas en torno a la novela de Jorge es algo extraordinario que yo en el terreno de la literatura nunca había visto, pero el fenómeno que provocó en cuanto a TauZero si lo he presenciado antes. Para ser más precisos tres veces antes, y todas este año. Las lúcidas palabras de Gabriel Mérida lo expresan mejor de lo que yo podría: <<…vimos lo que ocurrió en torno a Ygdrasil, que por la fuerza de su multiplicidad de influencias apiñó en torno a sí, en pocos días, a múltiples voces nunca antes reunidas, desde el mundo del cómic, del cine, de la crítica literaria mainstream.>> Esas voces que por lo general permanecen calladas, también se alzaron entusiastas ante las convocatorias a los especiales TauZero de: La Venganza del Sith, Batman y Nanocuentos, respectivamente. Como editor, este es el sueño del pibe. Para el Especial Sith escribió gente que jamás había escrito para TauZero y que probablemente nunca vuelva a hacerlo (por opción propia). En el especial de Batman conseguimos que Juan Carlos Sánchez compartiera con nosotros por fin algo de su creación literaria (aunque su fanfic haya quedado inconcluso), y en el de nanocuentos, nos llegaron tantos que tuvimos que dejar algunos fuera y considerar un nuevo especial. Estos especiales (junto al dedicado a Ygdrasil) son las excepciones dentro de los veinte ezines publicados a la fecha. Los números “normales”, cuestan muchísimo sacarlos básicamente porque no contamos con material que publicar, y pese a que alguien aseguró lo contrario, no publicamos “cualquier cosa”. ¿Debería existir TauZero sólo cuando se alcance una masa crítica para hacer un “especial”? Esa y otras interrogantes más nos plantearemos el director, los colaboradores más cercanos y yo.
Y sobre los contenidos sólo mencionaré una cosa: el autor de la nota sobre Jansenius, viejo amigo mío que prefiere colaborar desde el cuasi-anonimato, deliberadamente escribe “papa” y “dios” con minúsculas, debido a razones iconoclastas que no termino de comprender pero respeto.
¿Rellené suficiente espacio? Parece que sí. Esperando no tener que molestarles nuevamente en una próxima editorial, se despide:
Sergio Alejandro Amira
Editor Tauzero
Santiago de Chile, 09 de Noviembre 2005

La Membrana de la Realidad

Si mi anterior reseña de Neuromante llegaba con algo más de dos décadas de atraso, ésta llega con un poco más de cuatro. Algo inaudito para los adalides de la modernidad, incondicionales de lo último, devotos del top-notch y state of the art. Total, para eso existen los best-sellers y quienes los reseñan en las solapas en términos de two thumbs up!!! o exaltadamente la mejor novela de acción fantástica desde [inserte nombre de otro best-seller de renombre] en la contratapa. Para ser justos con la verdad, algunos sí son buenos.
exxUn servidor aprendió a leer y a escribir en la década de los ‘80, y aunque fui siempre un lector ávido, recién a comienzos de los 90 empecé a leer ciencia ficción post-Verne, después de pasar por los clásicos sudamericanos y europeos. (A propósito, se siguen publicando reseñas de Los Miserables o El Cantar del Mío Cid, y hasta ahora no he oído a nadie decir que llegan con algunos siglos de atraso).
exxPor cierto, más de alguno de los lectores de Tau calza con el perfil de haber nacido en los 80 y estar recién empezando a apreciar la ciencia ficción; por supuesto que habrá lectores de Tau que podrán ser de la generación de los 80 o 90 y ser lectores hardcore de ciencia ficción dura, así como otros quienes tengan por sinónimo de ciencia ficción a Las Crónicas de Riddick.
exxPara aquellos que lentamente se empiezan a sumergir en las profundidades de este género literario, esta reseña con cuatro décadas de atraso podrá serles de utilidad. Si alguien más, por vasto que sea el universo de libros que haya leído, queda interesado por El Hombre en el Castillo de Philip K. Dick (publicada originalmente en 1963), esta reseña habrá cumplido su cometido.
Yo nací 14 años después de que se publicara, así que algo del mundo moderno (que últimamente tiene más de moderno que de mundo) influenciará mi apreciación de El Hombre. Recuerdo que hace no tantos años fui al cine a ver The Matrix. Poco después ví El Piso 13 (o como se llame originalmente), y ya puestos, The Truman Show. Y ya había leído los primeros cuatro volúmenes de La Torre Oscura. ¿Qué tienen en común con El Hombre en el Castillo?
Todos fueron posteriores y todos comparten la idea de realidades paralelas, artificiales o no. Sin embargo, El Hombre logra poner elementos o personajes familiares en realidades que no podrían o no deberían existir, de modo que logran parecer nuevos y desconocidos.
exxPhilip K. Dick mantiene su usual estilo de pluma ágil y entretenida, con descripciones de una profundidad exacta, lo suficiente para que el lector se moje sin sumergirse en el ambiente del relato: lo justamente necesario para que el resto del trabajo lo haga la fértil imaginación del lector. Es justamente éste estilo el que le ha permitido a Dick ser uno de los autores cuyas novelas y cuentos más se han adaptado al cine, con disparejos resultados. ¿Quién recuerda Impostor?
exxEn los momentos en que escribo ésto se está llevando a cabo la reunión de los G8 (o G7 + EEUU) en Escocia, y en la madrugada de ayer se produjeron una serie de mortíferas explosiones en Londres, tanto en el Underground como en los buses de dos pisos que todos conocemos. El número de muertos causados sigue en aumento.
exxSe piensa que el autor intelectual de estos atentados sería Osama Bin Laden, enemigo número uno de EEUU y socio comercial de la familia Bush, la familia del presidente de ese país. La tesis cobra fuerza porque el modus operandi es muy parecido al de los atentados del 11-M, en Madrid, que al igual que los de Londres revindican la salida de los invasores yankees de Irak. Al igual que en Madrid y New York, quedan muchas dudas en el aire.
exxToda esta escalada de miedo al terrorismo es auspiciada gratamente por los halcones de la Casa Blanca, puesto que sirve de apoyo a los intereses transnacionales de este gobierno, malcriado y falto de contrapeso desde el colapso de la URSS el ‘89. En rigor es desde el fin de la Segunda Guerra que el autodenominado “guardián de las democracias del mundo” (siempre y cuando les sean proclives) abiertamente se empieza a portar mal. Todo porque según sus propios historiadores, ganó la Guerra. ¿Y si la hubiese perdido?
Ésta es la situación que Dick explora en El Hombre, creando una posguerra distinta a la que conocemos. Los EEUU no son sino un territorio ocupado, repartido entre las dos grandes potencias mundiales: Japón y Alemania, el nunca extinto Tercer Reich. Así fijada la situación, Dick imagina el futuro potencial de cada imperio.
exxNaturalmente, si el autor no da en el clavo, pega muy cerca. Japón busca consolidar su dominio sobre su territorio mediante el comercio y los negocios. A su vez, el Reich es una potencia aeroespacial, que empieza a preparar una expedición a Marte. Por supuesto, Von Braun nunca emigró a EEUU, y ese país es literalmente nada.
exxEn la novela, EEUU se reduce a una delgada franja pobre y subdesarrollada entre los territorios ocupados por las potencias. El lado este es alemán, mientras que el lado oeste es japonés; el centro mantiene un estilo de vida rústico y campesino, sin aviones ni tecnología posguerra: una apología del country llevada al infinito.
exxEs la Guerra Fría, pero con otro sabor. Cada territorio ocupado, ex-EEUU, absorbe la cultura del invasor. Bye bye, american way of life, la pesadilla de Roosevelt hecha realidad. En el lado este del país no se ha terminado el antisemitismo, y en el lado oeste los antiguos ocupantes son ciudadanos de segunda categoría.
exxTambién, para mi sorpresa, el cargo de Reichsführer es ocupado por otro de los personajes reales que secundaron a Hitler, y la elección o designación de su sucesor revoluciona la diplomacia mundial, al igual que revolucionaron el mundo las últimas dos elecciones en EEUU.
exxEsta novela me deja la clara impresión que Dick está influido por los acontecimientos relativamente recientes de la historia de su país, tendiendo a mostrar a los japoneses, a pesar de su milenaria cultura y amplio protocolo, como personajes ruines. En cambio los alemanes son refinados, ciertamente globales y científicamente avanzados, una extrapolación de los verdaderos EEUU de los 60.
exxBajo esta situación de realidades alternativas cabe preguntarse si no estaremos viviendo un sueño (desde Calderón de la Barca a los hermanos Wachowski) o si coexistimos con infinidad de realidades marginalmente diferentes una de otra, cada una relativamente real respecto de las otras (desde Einstein a Stephen King). ¿Cuántas veces no habremos irrumpido inesperadamente en alguna de las otras realidades y no nos percatamos, sencillamente porque no pudimos notar las diferencias?
exxUn amigo me comentó que Philip K. Dick se inspiró en el I-Ching para escribir El Hombre en el Castillo, cosa verosímil ya que al prepararse para seguir cualquier curso de acción, los personajes del relato que habitan la costa oeste de norteamérica lo consultan profusamente, interpretando detenidamente los resultados obtenidos, evidenciando el conocimiento del autor en el I-Ching.
exxEste amigo también me contó que Dick habría consultado el oráculo preguntándole ¿cuál es la verdadera realidad? Mi informante dejó la respuesta del oráculo en suspenso, y sólo nos queda el remedio de fantasear con ella.

Ficha técnica:
Título original:El Hombre en el Castillo
Autor: Philip K. Dick
Editorial:Minotauro
Año de edición:2002

© 2005, A. César Osses Cobián.

Seis Películas

Tras un agotador primer semestre de vuelta en la Universidad tuve unas merecidas vacaciones y tiempo para arrendar algunos DVDs que me pareció interesante comentar en TauZero, independiente de no adscribirse todos dentro del binomio fantasía-cf que preocupa a este e-zine. El siguiente es un ejercicio del cual dejaré fuera los bonus que todo DVD trae como los comentarios del director, escenas eliminadas, etc. Comencemos entonces.

Resident Evil: Apocalypse (2004): Hollywood se ha alimentado desde sus inicios de la literatura para desarrollar sus proyectos fílmicos; novelas, cuentos y obras de teatro han sido sus principales fuentes. Siempre en busca de nuevas expresiones que explotar, Hollywood recurrió a una forma literaria “menor”, el cómic, durante la década de los 1980s. Las primeras versiones fílmicas del mundo de las viñetas fueron desastrosas y durante un tiempo fueron dejadas de lado al descubrir los ejecutivos una nueva vaca que ordeñar: los videojuegos. De esta experiencia de principios de los 1990s resultaron películas aún más desastrosas y Hollywood también prescindió de ellas durante un tiempo para regresar a las adaptaciones de los últimos best-sellers de Michael Chrichton y Tom Clancy. El panorama cambió junto a la llegada del nuevo milenio y comenzamos a recibir adaptaciones dignas y competentes tanto de cómics como de videojuegos. Resident Evil fue una de ellas.
Dirigida por Paul W.S. Anderson, Resident Evil fue una adaptación bastante libre del juego del mismo nombre que conservaba de su fuente tan sólo los zombies humanos y caninos. Puede que esa sea la fórmula de llevar los videojuegos al cine, dirán algunos, distanciarse lo más posible del material que tan bien funciona con un joystick en la mano, pero si es así, ¿para qué hacerlo? Pues para profitar de un nombre, de una marca conocida como Resident Evil y asegurarse desde ya un público para llenar las butacas con los chicos que han jugado el videogame. Resident Evil fue una película competente, sorpresivamente elegante y sobria tratándose de un filme de zombies, con un saborcillo europeo que se agradece y una banda sonora que incluían composiciones del siempre lúdico Marilyn Manson (¿alguien se toma a este tipo en serio?) y Marco Beltrami que también realizó la banda sonora de la excelente película de Guillermo del Toro, Blade 2.
Resident Evil: Apocalypse no pareció gustarle a ningún crítico “especializado” (mucho menos a los no-especializados), pero en lo que a mí respecta, me agradó bastante. No extrañé a Romero ni a Fulci conciente que el terror no era el combustible de esta película sino la acción. Y al ser la acción su elemento clave, obviamente que no podía contar con los tiempos y la atmósfera que se experimenta en el juego.
Los juegos de Resident Evil son ejercicios exploratorios de suspenso, más thriller que horror y se basan en la resolución de problemas con algunas esporádicas pizcas terroríficas. El personaje del jugador no es particularmente fuerte o ágil, contra zombies y monstruos físicamente está en clara desventaja, pero aún así puede derrotarlos por medio del intelecto, encontrando las soluciones, las herramientas adecuadas, la llave, los fósforos para encender la mecha de la bomba… Los juegos definitivamente no son de acción, y cualquiera sabe que llevar el ritmo pausado y hasta monótono del videogame al cine no habría sido rentable. ¿Qué es rentable?, pues lo que el director Alexander Witt hizo basándose en el screenplay original de Paul W.S. Anderson: peleas acrobáticas, explosiones, motos volando a través de vitrales, explosiones, disparos en cámara lenta, más explosiones y a cambio de una chica hermosa y ruda: dos chicas hermosas y rudas. Yo al menos no me aburrí, y hoy por hoy suelo conformarme con eso, que ciertamente no es poco.
Resident Evil: Apocalypse se basa en el juego de consola Resident Evil 3: Nemesis, o mejor dicho utiliza referencias del juego conciliándolas con los elementos de la primera película, o más bien con Alice. Es por esto que la sexy Jill Valentine (Sienna Guillory), no puede ser otra cosa sino un personaje secundario. Al igual que en la primera esta es la película de Mila Jojovich, de Alice, y está hecha para su lucimiento. Ahora, personalmente encuentro mucho más atractiva a Sienna Guillory que a Mila, pero eso ¿a quien le importa?
Cuando una película de esta clase (u obra literaria o lo que sea) se convierte en un aporte es cuando agrega algo nuevo al mito que trata. Por ejemplo, Ann Rice agregó algo nuevo al establecer que los vampiros podían enfermar si bebían la sangre de un muerto. Y si bien puede alegarse que los zombies de Apocalypse no son más que “carne de cañón” sí encontré algunos elementos nuevos como las prostitutas-zombies, los inquietantes niños-zombies y el cura que alimenta a su hermana-zombie con cadáveres (en Braindead de Peter Jackson el protagonista alimenta a los zombies pero no con humanos). También se agradece la presencia de Nemesis, algo así como un “super-zombie”, similar al Deathlock de Marvel.
La trama de la película más que al videojuego me recordó al clásico filme clase-b Escape de Nueva York de John Carpenter, una ciudad aislada convertida en prisión, un sujeto a ser rescatado a cambio de la libertad y la amenaza de una explosión atómica, todo condimentado con zombies de toda clase incluyendo a los clásicos (esos que se levantan de sus tumbas al más puro estilo Thriller de Michael Jackson).

American Splendor (2003): Esta es una película extraña, así como extraño puede parecer verla después de Resident Evil: Apocalypse. A diferencia de su predecesora (en el orden en que las vi) éste es un filme pretencioso, empaquetado desde un principio con esa odiosa etiqueta de cine-arte y obtuvo premios en el Festival Sundance y de Cannes, recibiendo tantos aplausos como abucheos Resident Evil.
American Splendor recurre a distintas técnicas narrativas y el resultado final es un pastiche que no pega ni junta. Siguiendo con las adaptaciones, American Splendor es una adaptación de la vida de Harvey Pekar y de su cómic homónimo iniciado en 1976 y publicado a partir de principios de los 1990s por Dark Horse.
La película comienza bastante bien, cinco niños pidiendo dulces en Halloween, la amable vecina que abre su puerta y les entrega golosina los felicita uno a uno por sus disfraces: <<aquí tenemos a Superman, y aquí a Batman y su sidekick Robin, y a Linterna Verde…>> Cuando llega al último niño, que no está disfrazado, le pregunta quien se supone que es: <<Soy Harvey Pekar, sólo un niño del barrio>> contesta el mocoso con una actitud de “entrégueme los malditos dulces o váyase al demonio”. Como la amable vecina parece no entender nada, el niño se aleja ante las burlas de los demás, arrojando su bolsa de caramelos al suelo y pateándola. Esto es sin duda lo mejor de la película y algo que en palabras del propio Pekar en los bonus “pudo haber pasado”, aunque sabemos que no fue así.
La película habría sido mucho mejor si hubiesen permitido a Paul Giamatti hacer su trabajo, es decir, representar a Pekar. El introducir al verdadero Harvey Pekar con fórceps en la película interrumpe la “suspensión de la incredulidad” con la que todo espectador se recubre antes de ver un filme y convierte al Pekar de Giamatti en una pálida imitación de su patético referente, sobretodo en lo que al footage de sus visitas al show de Letterman se refiere. Si bien el Pekar representado por Giamatti es un perdedor, un pobre diablo mediocre y fracasado, conserva algo de dignidad quijotesca, la que se va al cuerno cuando contemplamos al verdadero Pekar en sus intervenciones televisivas. Hay una escena incluso en que el Pekar de Giamatti y el actor que representa a su amigo “orgulloso de ser nerd” se retiran a descansar mientras los verdaderos discuten sobre los sabores de unos caramelos y sus correspondientes colores. Es cómo si los directores Shari Springer Berman y Robert Pulcini quisieran decirnos: “¡Mirénlos, estos freaks son reales, no los inventamos!”
Los intentos por emplear elementos de los cómics, por otro lado, están presentes, pero no son explotados en todo su potencial. En ese sentido la pésima película The Hulk de Ang Lee es mucho mejor en lo que a edición y montaje se refiere. Y si la intención de la película es “demostrarnos” que los cómics pueden ser inteligentes, maduros y tratar temas reales, pues esa es una batalla que hace tiempo se ganó con obras como Maus, Hate, etc.
Por último, la película falla en su retrato de Pekar como un perdedor, Pekar no es un perdedor, es un tipo que si bien tuvo un trabajo aburrido, trabajó, que fue amigo de artistas influyentes como Robert Crumb y que pudo hacer su cómic y convertirse en una figura mediática underground. Frente a todo eso yo sí que soy un verdadero perdedor, aunque por otro lado y medido con los estándares de otro puede que sea un hombre de éxito (aunque lo dudo).

Secret Window (2004): Lo primero que se me vino en mente al ver esta película fue otra adaptación de Stephen King al cine: The Dark Half dirigida en 1993 por la leyenda del cine de zombies, George Romero, así que hablaré primero de este filme.
De niño, a Thad Beaumont (Timothy Hutton) se le detectó un tumor cerebral que resultó ser los restos no-desarrollados de un hermano gemelo. Más de veinte años después Thad es un escritor exitoso casado y con dos hijos. Los libros que escribe con su nombre real son “literatura seria” pero para mantenerse escribe novelas violentas bajo el seudónimo George Stark. Cuando un chantajista lo amenaza con revelar su nomme de plumme, Beaumont sale del closet y “sepulta” a Stark, lo que desencadena una serie de asesinatos de los cuales el propio Beaumont es el principal sospechoso pese a que no tiene idea de lo que está pasando. El asesino es por supuesto George Stark, y la pregunta que se plantea es si Thad sufre de doble personalidad o acaso su doppelganger realmente ha tomado forma corpórea tras el entierro simbólico.
En lo que a adaptaciones fílmicas se refiere el nombre de Stephen King suele ser sinónimo de baja calidad con notables excepciones (como The Shining de Kubrik). Usualmente el Sr. King niega toda asociación con dichas películas como en el caso de Pet Sematary 2 y The Lawnmower Man, pero por otro lado y desconcertantemente tuvo un rol activo en una de las peores películas de 1992: Sleepwalkers. En ese sentido The Dark Half si bien no está a la altura de The Shining es bastante digna gracias al oficio de Romero y los actores principales.
En cuanto a Secret Window del escritor de guiones ahora convertido en director David Koepp (Jurassic Park, Panic Room, y Spider-Man), ésta película es tan similar a The Dark Half que hasta comparte un actor: Timothy Hutton (que de protagonista es reducido a secundario). La película está basada en el cuento Secret Window, Secret Garden que es una suerte de reelaboración que King hizo de The Dark Half en un momento en el que aparentemente estaba más escaso de ideas que nunca.
película está basada en el cuento Secret Window, Secret Garden que es una suerte de reelaboración que King hizo de The Dark Half en un momento en el que aparentemente estaba más escaso de ideas que nunca.
El protagonista es Johnny Depp, algo que podrá servir como gancho para el público pero que claramente atenta contra la credibilidad del filme. Y es que Johnny Depp ya es una “estrella” demasiado grande como para encarnar a otro personaje que no sea el mismo. Hace tiempo que dejé de creer en los personajes de Johnny Depp, aunque debo admitir que no ha caído en las bajezas de Robert de Niro, una patética caricatura de sí mismo interpretando a Travis Brickle perpetuamente hasta en fiascos como la película de Bullwinkle. Cuando veo una película de Johnny Depp pienso: “Ese es Depp de pirata, ese es Depp de escritor, ese es Depp de investigador psíquico” y lo que es peor, desde la Novena Puerta en adelante que el bueno de Johhny no deja de darme risa. Es como si tras Ed Wood todas sus películas fuesen comedias.
En Secret Window Johnny Depp interpreta al exitoso escritor Mort Raney. Tras descubrir a su esposa poniéndole los cuernos, Mort se recluye en su cabaña ubicada en uno de esos puebluchos boscosos que tanto gustan a King. Repentinamente es visitado por un tipo que se identifica como Jim Shooter (un John Turturro muy similar al predicador de Poltergeist II: The Other Side) que lo acusa de haberle robado su historia. <<You stole my story>> repite con su acento sureño cada vez que entra en escena. Pese a su negativa Mort compara las dos historias percatándose que son idénticas salvo por el final de Shooter, que según él es mejor. Todo este asunto no deja de ser preocupante para Mort ya que ha sido acusado de plagio en el pasado, pero su historia fue publicada antes que Shooter escribiera la suya, cosa que puede probar mostrándole la revista donde fue publicada la que está en su ex-casa, donde vive su ex-esposa con su amante. Entonces alguien mata al perro con un desatornillador, desaparece un vecino, se quema la casa, y muere más gente, todo a causa de la incompetencia de Mort por convencer a Shooter que no le ha plagiado. ¡Por supuesto que Mort no ha plagiado a Shooter!, ya que Mort es… Bueno, ya lo saben.
La escena que destaco de la película es la recreación del cuadro de Magritte que utilizamos como ilustración para el artículo de Sandra Leal Lo fantástico en el escenario de la vida (TauZero #4).

Lost in Translation (2003): He aquí una película que quise ver desde su estreno, por varias razones. La primera de ellas, porque estaba protagonizada por Bill Murray que ha sido uno de mis actores favoritos desde Ghostbusters, si bien su filmografía no es muy extensa ha estado presente en varias de las películas que más me han gustado como son El Día de la Marmota, Los Excéntricos Tennenbaum y Ed Wood. El papel que mejor realiza Murray es el de aquel tipo desencantado y aburrido de la vida, ese sujeto que está de vuelta de todo y que parece haber perdido cualquier seña de entusiasmo. Como señala Anton Bitel: <<Desde sus apariciones de mediados de los 1970s en Saturday Night Live, su expresión de resaca y martini-seco siempre lo hizo parecer de un cinismo más allá de sus años, y ahora que realmente es viejo, interpreta la crisis de la mediana-edad como si hubiese nacido para ello.>>
La segunda razón fue motivada por alguien que vio Lost in Translation y me dijo que me identificaría con Bob Harris, el personaje de Bill Murray, lo que fue totalmente cierto. La tercera razón consistía en ver a Murray cantando More Than This de Roxy Music, ya que sólo lo había escuchado en la radio aunque podía imaginarme perfectamente su expresión de derrota y hastío.
Lost in Translation de Sofia Coppola fue exactamente lo que yo esperaba que fuese y por lo tanto la sitúo dentro de mi lista de filmes favoritos de todos los tiempos. Ahora un poco de autorefencia de esa que tanto detesta el incompetente director de TauZero:
Estando en Inglaterra estudiando Arte & Diseño y llegado el fin del primer semestre, se organizó un viaje de estudios a Ámsterdam. Viajamos en bus, de noche, zarpamos en un enorme ferry desde un lugar llamado Felixtowe y finalmente llegamos a Holanda donde alojaríamos en el Hotel Lankaster. Estuvimos cinco días, durante los que a excepción de uno nunca me sentí más solo en toda mi vida.
Estaba inserto en un grupo de gente distante para quien no era más que el “extranjero” de procedencia indeterminada entre sus filas, en un país en el que a duras penas podía comprender lo que pasaba y cuyas peculiaridades y costumbres me eran tan extrañas como yo debía serlo para mis compañeros. Fui al Red Light District, miré boquiabierto a las chicas de las vitrinas pero sólo eso. Estuve en el Café Bob Marley y en el Café Pink Floyd pero no fumé marihuana, sólo tomé té. En el museo de Van Gogh me acerqué tanto a un cuadro para ver las pinceladas que comenzó a sonar una alarma y en dos segundos tenía un guardia encima, en las calles y cuando andaba con mis compañeros ingleses, yo era siempre a quien los traficantes se acercaban a ofrecer sus productos (incluso un tipo me pidió que le vendiera droga cierta ocasión que me quedé parado en una esquina más tiempo del requerido). Por las noches mis “amigos” se iban a beber o bailar y yo me quedaba en el dormitorio del hotel que compartía con dos de ellos. Sólo una vez me invitaron, durante la primera noche, ¿y a donde fueron?, a un pub inglés a beber one pint of lager y escuchar Queen y The Rolling Stones.
Al día siguiente me desperté completamente solo, mis compañeros de habitación no estaban. Bajé a desayunar y tampoco encontré a nadie, le pregunté al tipo de la recepción donde estaba todo el mundo y en un inglés más precario que el mío me explicó que se habían marchado en el bus a un paseo o algo así. “¿Por qué no estás con ellos?”, me preguntó. “nadie se molestó en despertarme”, le contesté. Así que regresé al bar-restaurant en busca de mi desayuno y fue entonces cuando la vi sentada en una mesa, bebiendo un jugo de naranja o algo por el estilo. Tenía rasgos asiáticos pero era británica, estaba acompañando a su padre que se encontraba en Holanda por asuntos de negocios y tras desayunar nos fuimos a recorrer las calles de Ámsterdam. Vimos muchas esculturas, desde los típicos bustos de próceres hasta las más vanguardistas, vimos un enorme molino, una estatua de piedra de un Tiranosaurio a escala natural y un galeón fuera del Museo Marítimo. Pasamos todo el día juntos, el mejor día de toda esa maldita semana, por la tarde nos despedimos y no la volví a ver nunca más. End of the story.

Collateral (2004): Hubo una película chilena que como suele ocurrir con todas las películas chilenas (espero que nadie me acuse de antipatriota por esto) no vi ni planeo ver: Taxi para Tres, que ganó un importante premio no sé donde. La premisa de éste filme era el “volante o maleta”, frase con la que ciertos delincuentes invitan al chofer de un taxi a participar del atraco previsto o meterse en el portamaletas a esperar que todo pase. El protagonista de Taxi para Tres elige “volante” y a partir de ese momento se desarrolla una estrecha colaboración con el par de criminales que lo involucran en sus fechorías hasta que estos descubren a Jesucristo y enmiendan sus vidas.
Bueno, la premisa de Collateral es parecida a la del filme chileno en lo que a un taxista obligado a convertirse en cómplice de actos criminales se refiere. La historia es bastante simple y va más o menos como sigue: Max (Jaime Foxx) ha sido taxista durante varios años en Los Angeles mientras espera ahorrar lo suficiente como para comenzar una compañía de limosinas. Max recoge a una pasajera con la que tiene “onda” que resulta ser una abogado (Jada Pinkett Smith) trabajando en un importante caso. Ella parece tener onda con él también y le deja su tarjeta. A continuación Max toma como pasajero al que parece ser un hombre de negocios elegantemente vestido, Vincent (Tom Cruise), quien le ofrece 600 dólares a cambio de llevarle a cinco distintas locaciones en L. A. donde atenderá sus reuniones de negocios. Y no nos habríamos enterado de cual era el negocio de Vincent si a éste en un inexplicable descuido no se le hubiese caído su primera víctima desde el cuarto piso y justo sobre el taxi de Max. A partir de ese momento el taxista es obligado a seguir con los planes del asesino a sueldo que contempla eliminar a cuatro sujetos más. Pronto la dupla tiene a la policía de Los Angeles, los Federales y a unos mafiosos tras ellos pero aun así Vincent se las arregla para cumplir con sus obligaciones, hasta que Max decide ponerse los pantalones y rebelarse.
No hay peor película para mí que aquellas que tienen potencial y se diluyen en una falsa promesa traicionándose a sí mismas. Prefiero una película mala que termine bien que una buena que termina mal.
xxMichael Mann no es el más prolífico de los directores, realiza una película cada tres o cinco años, pero sus filmes suelen valer la espera. No es el caso de Collateral, que pese a todos sus méritos falla estrepitosamente al recurrir a las manidas fórmulas hollywoodenses que uno francamente no espera de Mann. Tras una hora y media me sentí estafado, el Sr. Mann se burló de mí, me pasó gato por liebre y eso no lo tolero.
Resulta que la última potencial víctima de Vincent es justamente la bella abogado que ocupó el taxi antes que él y con la que Max tuvo “onda”, y a causa de eso es justamente que el taxista convertido en caballero de brillante armadura reúne el valor para enfrentarse al malvado asesino y derrotarlo para quedarse con la princesa que, además, es afronorteamericana como él (ya que a Hollywood no le gustan las parejas interraciales). Todos los otros testigos que Vincent elimina merecen morir porque son malos, el traficante latino menor, el abogado especialista en liberar a criminales, el oriental mafioso dueño de un club nocturno e inclusive el músico de jazz involucrado con la gente equivocada, todos menos la “bella abogado”. Ella es buena, no puede morir, ¿verdad?
La escena que rescato es aquella donde Max es obligado por Vincent a hacerse pasar por él frente al temible Felix (Javier Bardem). La metamorfosis de asustado cachorrito a fiero león que recita las mismas frases de Vincent es digna del oscar.

Dodgeball: A True Underdog’s Story (2004): No soy muy adepto a las comedias norteamericanas, a menos que Ben Stiller esté presente. Dodgeball (dirigida por un tal Rawson Marshall Thurber) no está a la altura de la hilarante Zoolander pero se defiende. Si en la película anterior Stiller hizo mofa del mundo del modelaje aquí su víctima son los gimnasios y la obsesión por mantenerse “en forma”. El sumamente vanidoso pero ingenuo y bienintencionado Derek Zoolander es reemplazado por White Goodman, igualmente vanidoso pero malévolamente ambicioso y vengativo. No sé si el Dodgeball sea un deporte que se esté practicando en Estados Unidos o cualquier otro lugar del mundo, pero sí seguramente sigue estando presente en los patios y gimnasios de los colegios. Cuando yo era un escolar jugaba bastante a una versión simplificada del Dodgeball que denominábamos “quemadas”. El juego consistía en “quemar” a los otros participantes de un pelotazo en cualquier parte del cuerpo, el quemado entonces cogía la pelota e intentaba a su vez conseguir un blanco que golpear. Por supuesto que este juego estaba diseñado para infringir dolor y era la perfecta oportunidad para que los sádicos hicieran de las suyas pero no recuerdo que nadie resultara herido, lo que no puede decirse de cuando jugábamos a Titanes del Ring (versión chilena de principios de los 1980s de la WWF), donde corrió harta sangre de narices y varias piezas dentales (aunque fuesen dientes de leche) fueron perdidas.
La película no vale la pena comentarla, es una completa idiotez que debe verse para disfrutarla. Sólo tengo una queja: Vince Vaughn, el actor que interpreta al antagonista de Stiller es el tipo más monótono y carente de entusiasmo que he visto en película alguna. Aburrido, inexpresivo, tieso, ha de haber sido el reemplazo de Owen Wilson que de seguro estaba ocupado en algún proyecto más “serio”.

Chronicles of Riddick (2004): La última película que vi durante mi ciclo de DVDs rentados y la única que podría considerarse auténtica ciencia ficción (que es el género que principalmente atañe a TauZero despues de todo).
No tenía mayores expectativas con este filme (a diferencia de Lost in Translation, por ejemplo) por lo que me agradó bastante pese a ser un flagrante refrito de varias otras cintas de acción, fantasía y cf (o tal vez a causa de ello). A estas alturas de mi artículo ya estoy algo cansado, por lo que me excusarán si recurro a una cita al comentario de Joaquín R. Fernández en la revista de cine La Butaca como introducción a mi crítica:
<<Más de cien millones de dólares es lo que se ha gastado la Universal en una película que pretende ser una continuación de otra que en su día recaudó poco más de cincuenta en las carteleras de todo el mundo (si bien en aquella ocasión su presupuesto era cinco veces menor que el de su secuela). Y es que Las Crónicas de Riddick toma al personaje más carismático de Pitch Black, aquella entretenida cinta de David Twohy que, al carecer de pretensión alguna, no molestó a casi nadie, y lo introduce en un mundo más vasto y pretencioso, transformando una pequeña obra de culto (o eso es lo que afirman algunos) en toda una superproducción de Hollywood.>>
No vi Pitch Black y ninguna película de Vin Diesel antes de Las Crónicas de Riddick. Por supuesto que estaba al tanto del asenso de Diesel como el nuevo héroe de acción llamado a ocupar el sitio vacante dejado por Schwarzenegger, Stallone y Bruce Willis (¿alguien recuerda a Jean Claude Van Damme?), aunque me sorprende que haya derivado tan pronto a las comedias familiares. Schwarzenegger, por ejemplo, hizo varias competentes películas de acción antes de derivar en este odioso género con filmes como Twins y Kindergarden Cop.
No voy a extenderme en la trama de Las Crónicas de Riddick ya que me parece un ejercicio mucho más interesante deglosar las influencias/citas/plagios/tropos que se articulan en ella, limitándome sólo a otras películas y series de televisión:
Superman: Riddick es el último miembro de una raza que ni el mismo conoce (aunque como suele ocurrir en estos casos no es del todo cierto, recordemos Superman II).
Dragon Ball Z: Lord Marshall, el poderoso líder de los Necromongers, teme a la profecía según la cual un Furian será quien lo derrote, razón por la cual destruye a toda esa raza, aunque conserva a unos cuantos a su servicio. Freezer, poderoso líder de una coalición de alienígenas dedicados a conquistar y vender planetas teme a la profecía según la cual un Saiyayin será quien lo derrote, razón por la cual destruye a toda esa raza, aunque conserva a unos cuantos a su servicio.
Duna: La estética de los Necromongers es muy similar a la del filme de David Lynch. Los Elementales son una suerte de Bene Gesserit y la lucha final entre Riddick y el Lord Marshall en el salón del trono es idéntica a la de Paul Atreides y el sobrino del Barón Harkonnen.
Conan: Inadvertidamente y agotado tras la lucha, Riddick se sienta en el trono del Lord Marshall convirtiéndose así en el líder de los Necromongers cuya máxima es: “Puedes conservar aquello que matas”. La pose y actitud meditativa de Riddick es igual a la de Schwarzenegger al final de la segunda parte de Conan.
Star Trek: Toda la secuencia en el planeta prisión Crematoria es muy similar al cautiverio del Capitán Kirk y el Dr. Bones McCoy en un gélido mundo Klingon. Los feroces perros con disfraz de los Klingons son reemplazados en Las Crónicas de Riddick por unos felinos escamosos generados por computador.
Escena destacable: El sacrificio del Purificador, un tipo que creíamos el más fundamentalista de los Necromongers resulta ser un Furian como Riddick.

© 2005, Sergio Alejandro Amira.

Padme: Mujer de Verdad

por Armando Rosselot

¿Que puedo decir de La Venganza del Sith que ya no se haya dicho? La verdad, que sí me gusto y más que por su despliegue de efectos y batallas espaciales de space opera fue la incorporación de un elemento muy importante en el cine y que hasta ahora esta saga no la había demostrado (sólo un poco en el Episodio V, que no fue precisamente dirigida por George Lucas) que es internarse un poco en el alma de los personajes, y al ser la más oscura de la nueva trilogía ayudó en ese cometido, esto indudablemente me pareció un gran acierto de Lucas para revindicarse aunque sea un poco. También disfruté al ver como cerró las dos trilogías inteligentemente uniéndolas esta vez en torno a la figura de Darth Vader, y no precisamente de los Jedis.

Pero lo que más me llamó la atención de esta entrega es la figura de Padmé Amidala interpretada por la hermosa Natalie Portman, por primera vez en lo que a mí respecta en esta saga, veo a una mujer de verdad, de carne y hueso, deseada, en conflicto y sufriendo (no tomo en cuenta a Leia en El Imperio Contraataca, ya que nunca me ha gustado mucho como actriz Carrie Fisher) se me hizo el único personaje REAL de la historia, sin quitarle méritos a algunos otros, aunque Christenssen estuvo muy bien en la parte final de la película. Para mí la mejor de las seis no sólo por su despliegue de efectos especiales, personajes e historia, y obviando los típicos errores de continuidad y guión de esta saga, sino porque me hizo soñar una vez más al igual que aquella muy pero muy lejana navidad de 1977 y eso, no tiene precio.

por Armando Rosselot

Lucas y la ansiedad de la influencia

por Sergio Alejandro Amira

La Guerra de las Galaxias o Una nueva esperanza (A New Hope) se estrenó el 25 de mayo de 1977 en los EE.UU., no tengo idea cuanto tardó en llegar a Chile ya que en aquél tiempo las películas se tomaban su buen tiempo en ser estrenadas por estos lares (hoy en día pareciera que eso sólo ocurre con la filmografía de David Lynch), pero creo haber contado con seis años cuando la vi por vez primera en el cine junto a mi abuelo. A continuación mis recuerdos entran en una nebulosa hasta 1980 y el estreno del Imperio Contraataca, junto al cual llegaron los anhelados juguetes. Recuerdo muy bien un helado de Savory llamado Láser junto al que te daban un sobre con láminas de los personajes para pegar en un póster y si te salía una premiada te ganabas el Halcón Milenario, un At-At o un Alas-X. Comenzó así mi compulsiva exigencia a mis padres por que me compraran las action-figures de Star Wars, lo que se prolongó hasta El Regreso del Jedi.

Cómo las figuras del primer episodio no llegaron nunca a Chile me sentía frustrado al no poder adquirir varias de las que aparecían al reverso de las cajas, sobretodo las de los alienígenas de la cantina de Mos Eisley como Hammer-Head. Con el tiempo llegué a poseer prácticamente toda la colección de action-figures tanto del Episodio V como el VII incluyendo el Slave-1, la nave de Bobba Fett y su Han Solo congelado en carbonita. Recuerdo que mi figura favorita era la del Almirante Ackbar, y lo mucho que me frustré cuando un “amigo” hurtó la insignificante vara que tenía por todo accesorio el Calamari (después recuperé el adminículo, luego que varios niños fuimos a protestar frente a la casa de éste ladrón de juguetes).

Conservé mi colección de Star Wars hasta los doce, cuando la vendí con todo y nave de Bobba Fett a un compañero de curso. ¿Qué hice con ese dinero? La verdad es que no lo recuerdo pero no debe haber sido nada que pudiese equiparar la pérdida de esa colección.

Para cuando tenía 13 años olvidé a Star Wars por completo.

Luego vinieron un par de olvidables películas protagonizadas por los ewoks que me vi obligado a ver por culpa de mi hermana menor, el vergonzoso especial navideño que vi por la tele y supe de la existencia de una serie de dibujos animados protagonizada por los peluches de la Luna de Endor y otra por C3P-O y R2D2, pese a que nunca seguí ninguna parecían del todo infantiles y olvidables (en esa época me parece que alucinaba con las aventuras del Agente Cobra y las voluptuosas figuras de Sabrina y Samantha Fox que cantaba Touch, touch me, I wanna feel your body).

Corte a: 1997, creo, y la reedición de la Trilogía original como preámbulo para La Amenaza Fantasma estrenada en mayo de 1999. Se reactiva mi interés por Star Wars justo cuando ingreso al Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile, para el curso de Metodología de simbolización Social escribo un paper donde menciono a Han Solo, Chewbacca y el Halcón Milenario, obtengo la calificación más alta (gracias, Federico).

Voy al estreno de La Amenaza Fantasma junto a gran parte de mi familia y salgo tan o más decepcionado como ellos (incluyendo a mi hermano menor que nada sabía de los episodios anteriores). La verdad es que más que decepcionado salí enfurecido, ¡cómo podía Lucas hacernos esto a los fans! Bueno, técnicamente yo no era un fan, pero me sentía igual de decepcionado (¿o acaso los fans no se defraudaron? La verdad es que nunca conocí alguno).

Sin lugar a dudas lo más defraudante de la película fue que no lograra brindarnos ni un solo personaje memorable como la primera, un lenguaraz y forzadamente amistoso Jar Jar Binks no le llegaba ni a los talones al gran Chewbacca, dotado de menos locuacidad pero de mucha más “presencia escénica” por decir lo menos. Y si de hablar poco se trata, Darth Maul se llevó el premio como un pobre sucedáneo de Vader por más sable-láser doble más piruetas que desplegara. Otro personaje que al igual que el anfibio Gungan había sido forzado hasta los límites del ridículo en su caracterización, si solo le faltó una cola terminada en flecha y las patas de chivo al oscuro Sith para ser la personificación más cliché de Satán. ¿Y que es eso que Darth Vader construyó a C3-PO? ¡Por favor, Lucas, está bien que quieras atar cabos pero ésta no es la forma! También me defraudó Yoda ya que el títere se veía más falso que el de El Imperio Contrataca y, además, le agregaron unas estúpidas patillas. Lo único memorable además de volver a encontrarme con Natalie Portman tras esa película con Jean Reno donde veía a los Dinobots en la tele fue el personaje del Senador Palpatine, que alguna gente cercana a mí (muy para mi sorpresa) nunca sospechó que era Darth Sidious. El actor escocés Ian McDiarmid logró dotar al Emperador en El Regreso del Jedi de una maldad que hacía que Vader pareciera un cachorrito y considero memorable y digno de aplaudir su desempeño en la nueva trilogía, tanto en su rol de benévolo canciller Palpatine como en el del oscuro Darth Sidious. Aunque no lo crean para mí fue más emocionante ver a McDiarmid convertirse por fin 100% en el Emperador que a Hayden Como-se-llame en un Darth Vader tan escuálido comparado al de David Prowse como resultó ser Chewacca al lado de los corpulentos wookies (aunque me agrada el pensar que Chewie fuese un debilucho enclenque de su raza, eso explicaría porqué andaba de mascota del perdedor nº1 de la galaxia –pero que al final se queda con la princesa, sí).

Con un precedente tan malo no es de extrañarse que El Ataque de los Clones me haya gustado tanto, lo extraño es que con el tiempo y a medida que veía una y otra vez La Amenaza Fantasma por el cable cada vez me desagradaba menos (incluso llegué a saltar de emoción cuando vi a dos ETs en el senado de la república por vez primera).

Ahora bien, como ya he confesado nunca me documenté de material anexo a las películas mismas, a excepción de las novelizaciones de la trilogía original que leí a partir de los 11 años, las cuales no estoy seguro a cargo de quien estuvieron pero que aportaban algunos datos extras que a la larga resultarían incoherentes (recuerdo muy bien cómo en la novela del Episodio IV se decía que Jabba había perdido el cabello a raíz de una “mezcolanza de enfermedades”), por lo que no se cuanto de ese enorme universo repartido entre novelas, cómics y videojuegos tomó en cuenta Lucas para la precuela (según Juan Carlos Sánchez, nada). Hablo por lo tanto desde mi ignorancia de no-fan pero sí desde el sentido común.

En El Ataque de los Clones me pareció genial la idea que los aludidos clones fueran los stormtroopers. Que el ejército de la república estuviese compuesto de clones de Jango Fett y que Bobba, a su vez, fuese un clon de éste, me pareció un tanto ilógico. ¿No podrían los estilizados y tecnológicamente superiores Kaminoanos crear un humano perfecto como el Adam Kádmon hebreo en vez de hacer duplicados del maorí Temuera Morrison?

Y si bien me encantan las criaturas alienígenas, ¿no era la escena del coliseo romano una especie de intento por sacar partido al resucitado género “peplum” traído a nosotros por Riddley Scott? (a quien parece la cf ha perdido para siempre, por lo demás).

Y sí, eso de Conde Dooku para el actor más recordado por interpretar al Conde Drácula después de Bela Lugosi me pareció más que un homenaje una obviedad tan sosa como el cura Tomas Aquinas de esa impresentable película donde Schwarzenneger harto de Depredadores y Terminators lucha contra Satán.

Lo mejor lejos: Yoda luchando con sable láser aunque se asemejara más bien al Zooboomafu en esteroides.

Y llegamos finalmente a La Venganza del Sith. Luis Saavedra se consiguió la adaptación al cómic de la película y tras una breve ojeada me dije a mi mismo “si éste cómic es sólo un resumen de la película va a ser la mejor de las seis”.

Tras verla puedo asegurar que al menos, es la mejor después de El Imperio Contraataca, mucho más sutil que éste espectáculo de pirotecnia e incluso gore.
Estoy de acuerdo con todo lo que elocuentemente expone Juan Carlos en el primer artículo de éste especial. Sobretodo en lo que se refiere a la “compasión” y el “amor” en los Jedis. …la idea de controlar la emotividad se contradice en numerosas ocasiones como en la primera parte con el furioso ataque de Obi Wan a Darth Maul luego que éste matara a su maestro… O como en la primera vez que vemos ser usado un sable láser en la cantina de Mos Eisley. De acuerdo, el doctorcillo ese y su amigo cara-de-morsa estaban molestando bastante a Luke, Obi Wan amablemente les pidió que desistieran, pero en vez de un comando psíquico (como el dado a los stormtroppers minutos antes) o uno de esos golpes telekinéticos con la palma abierta el viejo Obi Wan opta por su espada para mutilar a los malosos, supongo que principalmente para advertirles a los demás alienígenas que no se metan con ellos, aunque a nadie parece importarle mucho de cualquier forma.

La pregunta es ¿Era necesaria tanta brutalidad? Claro que sí, para que viéramos que el vejete era cool y que la espada podía servir como algo más que una linterna, pero en términos argumentales, no se justifica como no se justifica nada de lo que compone la filosofía pseudo New Age de los Jedis.

Hay una escena entre Yoda, el insoportable Mace Windu y Obi Wan donde se habla de la profecía aquella del “elegido” que supuestamente sería Anakin, “el que traería equilibrio a la Fuerza”. “Una profecía mal interpretada podría ser” dice Yoda y puede que sí, desde el punto de vista de los Jedis, pero no del mío a menos y disculpen el egocentrismo pero sólo puedo hacerme cargo de mis palabras.

Anakin efectivamente trajo aquel anhelado balance a la Fuerza, exterminando a la absurda orden Jedi en el Episodio III y a los Sith (con la ayuda de Luke) en el Episodio VI. Ese era el equilibrio que se necesitaba, que tanto Jedis como Sith se desvanecieran para siempre. Estoy seguro que no es así en los cientos de novelas y cómics posteriores a El Regreso del Jedi, pero confío en que Luke no fundó ninguna academia Jedi tras la muerte de su padre o que si efectivamente lo hizo, se trató de una nueva orden que combinaba lo mejor de ambas escuelas que según las propias palabra de Palpatine “no se diferenciaban prácticamente en nada la una de la otra”.

Antes de concluir debo quebrar una lanza por Luke. Jorge Baradit asegura que aquellos que …en el futuro vean la saga en orden no van a entender muy bien por qué a partir del capítulo IV se le dan tantos minutos en pantalla a ese pendejo rubio medio gil, cuando lo realmente interesante está detrás de esa máscara negra. Cabe notar que el pendejo rubio medio gil no tuvo un entrenamiento formal de Jedi en una Academia como su padre (¡que ya era considerado viejo para ser un padawan a los seis años!). Luke comenzó a entrenarse tardíamente, a la muy avanzada edad de 18 años que es lo que supongo el personaje tenía al momento de encontrarse con Obi Wan. ¿Y cuanto lo entrenó Obi Wan? Lo que toma el viaje en Halcón Milenario a la velocidad de la luz desde Tatooine hasta Alderan. Antes de partir a Dagobah a entrenar con Yoda suponemos que Luke ha sido un autodidacta, luego, cuando Yoda deja de hacerse el payaso cuanto tiempo lo entrena, ¿una semana? Y eso sería todo hasta que Luke aparece en el Palacio de Jabba demandando se le entregue a su amigo Han. ¿Se imaginan lo que éste “pendejo rubio” habría logrado con un entrenamiento Jedi formal? Y no dejemos de lado que acometió la mayor hazaña de todas, no cayó en el lado oscuro y venció al Jedi y Sith más poderoso de todos y más aún, como bien dice Jorge, lo redimió. Porque Anakin en esos últimos minutos de vida se ha arrepentido del camino doloroso al que fue empujado por los incompetentes Jedis y el astuto Emperador, y guste o no, desde un prisma cristiano y pese a ser el responsable de la muerte de miles y millones (incluyendo los pequeños padawans del templo y los hijos y mujeres de los moradores de las arenas) el “maligno” Darth Vader se arrepiente y todos sus pecados son perdonados al punto que se sitúa a la derecha en aquella Santa Trinidad Jedi compuesta por el Padre (Yoda), el Hijo (Anakin) y el Espíritu Santo (Obi Wan). Después de toda esa amalgama mitológica (que se comprende aún mejor tras leer El héroe de los mil rostros de Joseph Campbell), Lucas termina con una referencia cristiana que también sitúa al principio de la hexalogía al señalar que Anakin ha sido concebido por los midiclorianos que son la fuerza misma o el “dios” de este aparente universo ateo.

Por último cabe agregar que no encuentro necesariamente negativo el basarse, copiar, inspirarse, homenajear o dejarse seducir por eso que Harold Bloom denominó la “ansiedad de la influencia” (claro ejemplo de ello es el general Grievous, sospechosamente similar al Alcaudón de Dan Simmons y al Hierofante del juego House of the Dead 2 a un mismo tiempo), lo que importa es que de aquello emerja algo que pese a todo tenga un sello propio y cierta honestidad y coherencia, algo que la nueva trilogía de Star Wars, pese a sus muchos aciertos, no posee. De todas maneras me quedo con Las Guerras Clones de Tartakovsky.

por Sergio Alejandro Amira

Es genial pero… no la entiendo

Rodrigo Mundaca Contreras

Me gustó la película. Visualmente impecable, argumentalmente coherente. Completa la cadena con el eslabón más importante en la historia. Esa misma que se inició hace casi tres décadas y que de facto impuso un nuevo paradigma en la historia del cine de ciencia ficción.

Los fanáticos están dispensados para dedicarme sus más ponzoñosos epítetos cuando les diga que puedo resumir Star Wars en pocas frases. Podría decir, por ejemplo, que la segunda trilogía es la historia del descubrimiento de un héroe destinado a destruir la Maldad, la aventura que vive conforme va madurando y adquiriendo nuevas habilidades necesarias para su misión, y el enfrentamiento y ulterior triunfo sobre la Maldad.

La primera trilogía está centrada evidentemente en otro héroe, pero esta vez marcado con un sino desfavorable que lo lleva, finalmente, a convertirse en la Maldad, contra lo cual el héroe de la segunda trilogía debe enfrentarse. La motivación principal que impulsa a este héroe/antihéroe y que lo lleva a la perdición es lo que motiva a todo ser humano en algún momento de su vida: amor erótico y ansias de crecimiento personal/profesional.

Obviamente la película me entretuvo muchísimo. ¿Y a quién no? Ver todas esas naves espaciales disparando, esquivando, luchando, huyendo y destruyendo con un nivel de efectos especiales tal, que sencillamente uno se olvida que todo esas imágenes no tienen mayor realidad que la de un algoritmo computando soluciones (*).

Al cine fui con dos amigos. Uno de ellos a su vez fue con uno de sus hijos, de unos diez años de edad. Cuando las grandes y amarillas letras STAR WARS comenzaron a subir por la pantalla, uno de ellos me dio un pellizco en el brazo. Parecía no creer estar presenciando el capítulo final de una historia que, para él, había comenzado a la edad del crío de diez años que estaba sentado un poco más allá.

Yo, a mi vez, estaba impactado, pero lamentablemente no en la intensidad de mis amigos, ni tampoco por la mismas razones. Ellos, si se me permite la imbecilidad (**), “crecieron con Star Wars”, e imagino que poner punto final a esta historia, después de tanto tiempo, algún tipo de significado debía tener.

Como decía, yo estaba impactado, pero básicamente por la música y la vertiginosidad de la acción. Viendo esas imágenes era como transportarme a alguna de esas clásicas space ópera que tanto me gusta leer. Yo no crecí con Star Wars, y no vi las películas sino hasta cuando las estrenaron en la TV. Sólo me llamaba la atención aquel caballero oscuro de respirar dificultoso y, por supuesto, los sables láser.

Más de una vez he llegado a pensar que si bien existen millones de personas que van al cine a ver la saga, y rezan a sus respectivas divinidades pidiendo la buena salud de George Lucas, creo que la mayoría de ellas no entiende lo que está viendo. Creo que la mayoría no lee el texto que telonea cada película. Creo que la mayoría sólo recuerda la frase “yo soy tu padre” y que Harrison Ford aparece jovencito en las películas. Para decir esto me baso simplemente en mí mismo. No fue sino hasta hace poco tiempo que decidí entender la historia completa. Y aún ahora hay cabos que no he terminado de atar. El punto es que si yo, un ávido lector de ciencia ficción, apenas está enterado de la historia detrás del paradigma de la ciencia ficción parafernálica y multimillonaria, entonces la mayoría necesariamente debe tener un conocimiento aún menor. Todo esto, obviamente, no impide disfrutar del espectáculo que son las películas; del mismo modo que no es necesario entender por qué dos mujeres pelean en el barro: sólo importa el espectáculo y el placer visual.

por Rodrigo Mundaca Contreras

(*) De todas formas ¿quién conoce una definición satisfactoria de realidad?
(**) Nadie que sea saludable mentalmente crece con un show de TV.

Lord Vader

por David Mateo

A lo largo de estos años he escuchado críticas exacerbadas hacia la nueva trilogía escrita y dirigida por el Sr. Lucas. La verdad es que en parte tienen razón, sin embargo creo que al director californiano le han movido una serie de parámetros que le han servido para definir la psicología, la ascensión y el crecimiento de Anakin Skywalker (porque no nos engañemos, dejando a un lado Amidalas, Obi Wan Kenobis, Yodas y Maces Windus —véase que omito el nombre de Jar Jar Binks—, el personaje principal de esta primera trilogía es Anakin Skywalker, futuro Lord del Sith).

En La Amenaza Fantasma Lucas quería hacernos simpatizar con la etapa más inocente de Anakin, por tal causa nos muestra una historia más infantil y desenfadada, acorde a la edad del protagonista; no obstante véase que la trama principal de Star Wars está presente veladamente en los entresijos políticos del que será el futuro Emperador del Imperio: Palpatine. El Ataque de los Clones nos muestra a un Anakin adolescente y enamorado, quizás por eso la película está edulcorada por un tono romanticón que resulta demasiado empalagoso; no obstante el film va increscendo y contiene momentos grandiosos que nos hacen recordar al universo starwarsiano que todos conocemos.

Y por fin llegamos a la joya de la corona —para mí una película que bien podría establecerse en el nivel que muestra la vieja trilogía— La Venganza de los Sith. Anakin ya es un jedi, ya es adulto y está preparado para dar el paso definitivo e integrarse en el lado oscuro. Nos sobran niñerías y cursiladas (aunque en cierta manera hay que mantener el vínculo establecido con Padmé ya que es el amor, y no un poder más trascendental o egoísta, lo que provoca que caiga en desgracia), y nos muestra a un Anakin convertido en Darth Vader, capaz de asesinar a todos los niños de un templo Jedi, o enfrentarse en un duelo fraticida a su mentor y principal amigo: Obi Wan Kenobi. Personalmente creo que, lejos del interés que pueda proporcionar una u otra película, George Lucas ha sabido mostrarnos perfectamente el nacimiento y el perfil evolutivo de un gran personaje que quedará grabado en los anales de la historia de la fantasía y del cine (le pese a quién le pese): Darth Vader (cuyo título de “Lord” siempre debería ir por delante).

por David Mateo