La noche del Caperuzo

11 de septiembre 2007

18.30
Subcomisaría Pudahuel Sur, Calle Oceanía 425.
–Se viene movida la cosa, guatón –le dijo el sargento segundo José Ferrada a su amigo, el cabo primero Andrés Rojas-Murphy, quien estaba sentado frente a él en la mesa del comedor de la subcomisaría.
–Lo mismo de todos los años –respondió Rojas-Murphy mientras comía con desgano su plato de tallarines. Llevaba trabajado un turno de 12 horas ese día y tenía la noche libre pero la idea de irse a su casa dejando solos a sus compañeros de unidad le incomodaba.
–Francamente no sé porque no la cortan con la hueá –murmuró Ferrada–. Hasta cuando siguen armando huevéo pal 11…
–Hace harto rato que esto dejó de tratarse de política –replicó Rojas-Murphy–. El 11 es la excusa perfecta para que los malandras saquen sus juguetitos nuevos a la calle. Esto es un gallito, quieren ver quien tiene más fuerza, sí nosotros o ellos.
–¿Qué estay diciendo guatón?, esos rechuchasumadre nunca van a poder igualarse a nosotros.
–No lo sé, supe por un amigo rati que los narcos han estado trayendo armas clandestinas de última generación…
–¡Y qué! No creo que tengan nada mejor que las viejas kalashnikov que sacaron el año pasado.
En ese momento el capitán Jorge Morales se hizo presente en el comedor y todos los hombres callaron ante su imponente presencia.
–Ya se armó la casa de puta en Pudahuel Sur –dijo el capitán–. Vamos andando, y recuerden, no queremos héroes.
Los hombres de Morales abandonaron el comedor como una estampida, todos menos Rojas-Murphy.
–¿Y usted, por que no se va a su casa? –le preguntó Morales.
–Capitán, solicito autorización para acompañar a mi unidad. Creo que será necesaria toda la ayuda posible.
–Tiene razón, cabo. La jornada de hoy se prefigura mucho más violenta que en años anteriores, ¿ha escuchado hablar del Caperuzo?
A Rojas-Murphy se le heló la sangre al escuchar ese nombre. El Caperucito o Caperuzo era un delincuente de poca monta que en menos de un año había ascendido en el mundo del hampa hasta controlar gran parte del microtráfico, prostitución y asesinos a sueldo de Santiago. Su apodo se debía a una ridícula capa roja con capucha que usaba todo el tiempo y que según rezaba el folklore popular, le permitía hacerse invisible (pero sólo mientras aguantaba la respiración).
–¿Qué pasa con el Caperuzo, capitán? –preguntó Rojas-Murphy adivinando la respuesta.
–Se dice que estará en persona en la Villa Laguna Sur, «defendiendo sus dominios».
–Sí, algo escuché al respecto. Con su permiso entonces, capitán…
Rojas Murphy pasó junto a Morales, y este lo detuvo colocándole su mano sobre el hombro derecho.
–¿Esas historias que cuentan sobre el Caperuzo, cabo? Son ciertas. Recuerde, cumpla con su obligación pero, nada de heroísmos.
–Nada de heroísmos, capitán –repitió Rojas-Murphy–, no se preocupe.

LA LIGA DE LOS EXTRAORDINARIOS CHILOTES

Sucedió poco después de que el Capitán Urdemales capturara El Caleuche a las fuerzas de la Recta Provincia. Sin su nave insignia, los brujos quedaron desamparados y el mundo disfrutó de un corto periodo de paz. Pero los Rectos, como se hacían llamar, no se quedaron tranquilos y no demoraron en unir sus fuerzas con los primigenios de la sumergida R’Lyeh y con los tripodes marcianos, ahora dominados por el despiadado Ming, regente de Mongo, para coordinar un ataque final contra la humanidad y así controlar los secretos del mundo, sobre todo los poderes ancestrales ocultos en el congelado centro hueco del mundo. Pero los Rectos se fueron con cuidado, sabían que ni los cefalópodos de R´Lyeh, ni Ming y sus trípodes marcianos eran de fiar, pero el fin era más grande y los brujos tenían más de una carta bajo la manga, una de las cuales les aseguraba el control sobre los Primigenios y las fuerzas de Mongo-Marte. Kuanyip, ultimo guardián de la Ciudad de los Cesares, tenía claro que los nuevos tiempos que se avecinaban requerían de un nuevo tipo de acción. Junto al capitán Urdemales buscaron la tripulación ideal para el Caleuche, mercenarios poderosos, relacionados a los poderes ancestrales de la Patagonia y la isla grande, que estuvieran dispuestos a enfrentarse a la sombra que se avecinaba. En un principio se mostraron reticentes, pero con el paso del tiempo comprendieron lo trascendente de su misión y sus hazañas se hicieron mito. Y los escogidos fueron: Imbunche, el gigante con manos de piedra; Pincoya, la señora de las aguas; Trauko, el duende de los bosques, señor de la naturaleza; Basilisco, el hombre reptil, vastago de la antigua raza Lemuriana; Fiura, una vieja bruja ciega, expulsada de la Recta Provincia y Pihuchen, señor de los No-Muertos del sur. Estas son sus aventuras…

Ganadores de los premios Andrómeda 2007

libro andromedaAntes que comiencen a leer esta noticia, hay que destacar que no aparece ningún chileno en la lista de cuentos ni novela, porque estaban todos preocupados del Premio TauZero. Sólo por eso.

Lo que no capto es por qué en las estadísticas al final aparecen Chile y Colombia hermanados con 5 envíos en total. Muy raras esas estadísticas.

ACTAS DE LOS PREMIOS ANDRÓMEDA DE FICCIÓN ESPECULATIVA 2007

CATEGORÍA DE RELATO.
TEMA: La astronomía y el universo.

Reunidos en la ciudad de Mataró, el día 13 de septiembre de 2007, el jurado
compuesto por Judith Vives, Abel Rogés, Pedro Linares, Jordi Lopesino, Isidre
Fontanet y Claudio Landete en relación a los 116 relatos aspirantes en esta
convocatoria y después de las deliberaciones pertinentes, acuerdan:

1.- Reconocer como relato vencedor a:

Los niños de las estrellas de José Sorribas Orth (Granollers,
Barcelona)

2.- Declarar como finalistas por igual a:

Un trébol de cuatro hojas de José Luis Scarpelli (Argentina)

Sidereus Nuncius de José L. Baños Vegas (Salamanca)

Por presentar habilidades narrativas, teorías científicas o hipótesis especulativas dignas de acreditación, se hace mención de honor de los siguientes trabajos:

* Recuerdos de un futuro improbable de Leonardo Ropero Serrano (Mera, La
Coruña)

* Ne frusta vixise videar de José Ramón Vila Martínez (Bilbao,
Vizcaya)

* El vuelo de la libélula de Gilberto Rendón Ortiz (México)

* Piloto espacial de Rafael Avendaño (Barcelona)

* Instrumentos operativos de Antonio Moreno Álvarez (Sevilla)

Asimismo de acuerdo con las bases de la convocatoria se indica que han
llegado a la fase final y por tanto se considera que también deben ser editadas,
al encontrar elementos de valía en sus originales, las obras presentadas a
concurso por los siguientes escritores:

* Juan Fernando Uribe Arcila (Colombia)

* Rebeca Mata Sandoval (México)

* Cora Frerking (Argentina)

Todo lo decidido sin perjuicio de que el editor de la colección Libro
Andrómeda, a título personal, decida previa consulta a los autores
correspondientes, incluir algún texto más en la antología que publicará estos
trabajos, dado que tanto la calidad como cantidad de los textos recibidos ha
sido elevada.

CATEGORÍA DE NOVELA.
TEMA: Libre

Reunidos en la ciudad de Mataró, el día 13 de septiembre de 2007, el jurado
compuesto por: Francisco Mayorga, Ferran García, Juan Trujillo e Isidre
Fontanet, en equipo de trabajo independiente de la anterior categoría, en
relación a las 47 novelas aspirantes en esta convocatoria y después de las
deliberaciones pertinentes, acuerdan:

1.- Reconocer como novela ganadora a:

La Réxol y el Proyecto Amanecer de Juan Moro Lumbreras (San Sebastián,
Guipúzcoa)

El editor de la colección, a nivel personal, aconsejará al autor la
publicación de esta obra con el título de «El Proyecto Amanecer».

Este equipo de trabajo considera que debe hacerse mención especial en el
acta del autor:

* Juan Herranz Pérez del Arpa (Zaragoza)

por encontrar en su obra presentada a concurso habilidades narrativas,
teorías científicas o hipótesis especulativas dignas de acreditación.

DATOS ESTADÍSTICOS:

La organización de este concurso agradece muy sinceramente el interés
manifestado por las 163 obras recibidas en conjunto, según detalle: España (74); Argentina (40); México (17); Chile, Colombia (5); Perú (4); Cuba, Venezuela (3); Alemania, EEUU, Uruguay (2); Bolivia, Brasil, Canadá, Francia, Honduras y Reino Unido (1).

El día 30 de octubre se hacen públicas las bases de los Premios Andrómeda
2008 de ficción especulativa en categorías de de relato y novela. Esperamos
seguir contando con su participación y confianza.

EL CALEUCHE

Veinte años después de que el mundo lo creyera tragado por el Maelstrom, Nemo ordenó a sus hombre sacar al Nautilus de su escondite, una enorme cueva submarina bajo la isla grande. Les dijo que los tiempos habían cambiado, que ahora estaban viejos y la nave oxidada. Que ahora lo mejor era navegar en silencio, evitar enfrentamientos y subir a la superficie sólo de noche. Y precisamente esa noche fue la primera vez en que el Nautilus emergió sobre los canales chilotes. Y lo hizo con sus faros alumbrando al máximo, para que si alguien los veía desde la costa, sólo distinguira una luces blancas flotando sobre el agua. Para Nemo no era algo nuevo, hacía rato que se había acostumbrado a comandar un barco fantasma…

KILLING GAME 0.73

Esto no es una Ucronía. Porque la historia no es de nadie, y tampoco la escriben los pueblos. ¿Quién es el pueblo? ¿La gente emprendedora y sacrificada? ¿Los tengo-una-pistola-y-mato-total-mañana-soy-un-hombre-libre-para-correr-por-la-alameda?
Las grandes alamedas no se abren, se contruyen con paz y responsabilidad. ¡Si no es por la ley será por la violencia revolucionaria! Palabras de un ex – Presidente, adicto a los Kalashnikov. La ley de control de armas, un papel doblado, para que la mesa de las reuniones de gabinete no cojee.
Los programas del futuro video-juego de Chile se escribieron hace mucho. Carabineros: 500 puntos. Asaltos: 300. Niño muerto por balas locas: vida extra. Para seguir disparando, para dejar la escopeta hechiza, obtener armas nuevas y avanzar por la pantalla tejida de pixeles diminutos y resentidos.
Insert coin
Elige personalidad
Joven combatiente / Narco / Lumpen tech / Sharp
Elige nivel
Santiago 2007 / Santiago 1973 / Santiago 2052
Ahora te mueves en la oscuridad del juego, joven combatiente, siempre presente.
Apuntas a una patrulla.
Años atrás alguien te programó para que lo hicieras.
Tiras a matar.

Si no es por la ley…

periodismo gonzo: 11-9-2006


-El frasco cuesta ciento cincuenta lucas- dice Mini Hitler y luego deletrea lentamente- C-I-N-C-U-E-N-T-A.
Estoy en una fuente de soda de la Estación Central esperando que sea la hora para confirmar un rumor insistente sobre la nueva droga que circula. Algo elítico y aterrador cuyos detalles por ahora omitiré, concentrándome en quien me acompaña ahora, alguien que simplemente se hace llamar Mini Hitler. Mini Hitler tiene 32 años y, obvio, es nazi. Sabe karate, maneja armas de fuego y, según él, puede traducir con algo de esfuerzo Mein Kampf. No trabaja y vive de una escuálida mesada que su madre anciana le manda desde Temuco. Su currículum es más impresionante por lo que omite que por lo hace: lo echaron de RN, lo echaron de la UDI y en lo que queda de Patria y Libertad no lo quieren de vuelta. En la calle se comenta que meterse con él es «comprar un boleto para la rifa».
Mide un metro cincuenta, por cierto.

Y ahora me tomo una cerveza con él.

Bien.
Cada día mejor.
Mira la hora.
-Sígueme – dice – vamos por el paquete.
En el auto cuelga una svástica del espejo retrovisor. El motor del escarabajo tose asmáticamente mientras atravesamos Santiago, dejamos el humo gris de los edificios públicos del centro y como una flecha por Providencia para luego Apoquindo llegar al metro Escuela Militar.

-¿Vamos al Hyatt?-pregunto medio en broma.
No responde. Estaciona el auto y con una seña me dice que los acompañe. Su desdén no me sorprende. Si estoy con él es porque le paga el favor a una vieja amiga que, ventura, me debe uno a mí. Bajamos la estación y caminamos entre oficinistas, estudiantes de diseño apuradas y vagos de la capital que tienen el suficiente dinero para que su única ocupación sea un look alternativo que ya no sorprende a nadie. En esta parte de la ciudad los que toman el metro son indigentes. Nadie viene acá por placer. Este es el territorio del enemigo. La imagen del Chile que debemos adorar, venerar y pagar. Aquí andar a pie es sinónimo de pobreza y el bufido del metro algo parecido a la campana de un comedor común del Hogar de Cristo. Así que mientras el calor se coagula en las vitrinas de la casi desierta galería subterránea y la cerveza se me repite, sigo a un nazi para combrobar un dato no confirmado sobre la droga más dura de la capital. No sé de dónde el nazi ha sacado la plata.
La mujer nos espera apoyada en una baranda cerca de las cajas. Mini Hitler me dice que no hable. Grabo en la mente la imagen de la mujer: vestido de oficinista, pelo tomado hacia atrás, una cartera de cuero falso. Algo entre evangélico y frígido.
Mini Hitler hace una reverencia y luego hablan entre susurros. Ella le entrega un frasquito y él mete un sobre en uno de los bolsillos de la chaqueta de ella. Nada más. Eso es todo. Cero conversación. Ella ni siquiera me mira pero intuyo que la he visto de alguna parte. No puedo decidir dónde.
Hacemos el camino de vuelta. Mini Hitler me lleva a un departamento mugroso de San Diego, cerca de unos casi vacíos juegos Diana. Su casa. Pido permiso para entrar y mientra cruzo la puerta entro a un living que tiene muebles de mimbre una foto de una de los shows de luces de Albert Speer y una estantería en donde destacan Los diarios de Turner, La raza chilena y los textos menos esotéricos de Miguel Serrano. Hay una bandera chilena doblada y metida en una caja de vidrio. Está comida por las polillas y casi no tiene color.
-Es del Seguro Obrero. Los agujeros son de bala.
Ah.
Dejo de mirar. Mini Hitler abre el paquete y saca un frasquito mínimo con líquido blanco. Lo pone a contraluz y lo mira como si fuera un prisma.
-¿Es verdadero?-pregunto
-Saliva de Pinochet. Corvo. Recogida en la mañana. Mientras más reciente más efectiva.
-¿Cuántas veces lo has hecho?
-Tres. Dos el mes pasado. Una éste. La última vez estuvo complicado.
-¿Qué pasó?
-Cosas. Revelaciones.
-¿Qué produce?
-Alucinaciones. Viaje temporal. Regresión. Imágenes. El ruido de la historia.
El ruido de la historia. Mini Hitler saca del refrigerador una cerveza y me ofrece. Hace calor. Acepto la cerveza.
Bebemos en silencio. Afuera suenan las micros. Recuerdo una canción de los Prisioneros. Mini Hitler acaba su cerveza y se levanta.
-Ahora-dice.
Saco del bolso la cámara de video. Verifico el estado de la cinta.
OK.
Se saca el cinturón del pantalón y se aplica un torniquete en el brazo.
Detalle: la droga de la derecha va a entrar por el brazo izquierdo.
Mientras se le hinchan las venas abre el frasquito y sobre una cuchara calienta el líquido. Lo que viene es exactamente igual al ritual de la heroína. Mini Hitler mete llena la jeringa con la saliva del dictador y luego, lentamente la introduce en su brazo. Aspira un poco de sangre, que tiñe de rosado la sustancia. Tiene los ojos irrigados y respira de manera entrecortada. La grabadora hace un ruido mecánico mientras corre la cinta. No digo nada. Mini Hitler espera medio minuto y luego aprieta el émbolo con suavidad. La saliva rosada entra lentamente en su flujo sanguíneo. Cuando la jeringa está vacía, Mini Hitler afloja el cinturón y se tira hacia atrás en el sillón.
Pasa un rato de silencio luego el corvo hace efecta. Yo grabo mientras Mini Hitler habla sobre la dominación mundial y una colección de cintas porno ecuatorianas.
Luego babea.
Y se mea.
Y vomita.
Y baila.
Y desfila.
Y luego se apaga.
Como un peluche que funciona a pilas.
Todo con los ojos cerrados.
Luego Mini Hitler se duerme.
Cuando despierta yo sigo ahí. Le muestro parte de la grabación. Mini Hitler la mira con estupor.
-¿Cuánto duró?
Digo: una hora y media.
Mini Hitler no dice nada salvo: «Un mal viaje». Le queda la mitad del frasquito. Le pregunto si va a ocuparlo. Me pregunta si me atrevo. Le digo que no. Me dice que sabía que era un cobarde y luego me mira con la infinita superioridad de la raza aria mapuche y me dice que me vaya.
En la calle camino por San Diego rumbo a la Alameda.Tomo el metro en Universidad de Chile. Llego a casa. Miro la cinta de nuevo. Por un rato pienso en borrarla. Siento una pizca de arrepentimiento por no haberme inyectado pero luego se me pasa. Luego me da sueño. Sorprendentemente, no tengo pesadillas.

Al día siguiente, borro la cinta.

Bajo el hielo

Encontré al viejo en un baño abandonado debajo del subsuelo de la Torre Santa María. Me dijo que hacía años que no bajaba nadie. Le pregunté quién era. Me dijo que lo habían contratado para mantener el baño en el año cuarenta, justo durante la guerra.
-¿Qué guerra? -pregunté.
Me miró extrañado
-¿Cómo qué guerra? La Gran Guerra Polar.
-¿Eh?
-¿Ya no les enseñan nada en los colegios? Supongo que has oído de la Batalla Glaciar… Vamos, tú sabes, ese batallón de Punta Arenas que combatió ferozmente contra los Sub-Antárticos. Quedaron sólo tres para contar lo ocurrido.
-Em…
No tenía la más mínima idea de lo que me hablaba.
-¿Me estás tomando el pelo? A ver, todos saben de la Batalla Cero Absoluto del ’38. Yo mismo estuve presente, navegando un submarino y avanzando cientos de kilómetros bajo la capa polar hasta llegar a unas cavernas submarinas donde se hallaba el núcleo de los Sub-Antárticos. Fuimos victoriosos ese día, pero a qué precio… perdimos cuatrocientos valientes… ¿Y tú me traes alguna noticia? ¿Se ha acabado por fin?
No supe qué decir. Sonreí patéticamente.
De pronto el anciano dejó de hablar, inclinó la cabeza y su mirada se perdió en el vacío.
Me fui.
Mientras me sentaba en el tren del metro, planifiqué mi fin de semana largo. Pediré unos días más en la oficina… unos cuántos días. Los necesitaré. Iré al sur. Extremo sur. Esperan refuerzos.

Imagen: Murnau Last Laugh

CAMBIO DE ESTRATEGIA


LIMA.- El Presidente de Perú, Alan García, agradeció hoy las 20 toneladas de ayuda humanitaria enviada por Chile para los afectados por el terremoto y descartó un clima de tensión entre ambas naciones.

«Es una muestra de fraternidad y acercamiento que valoramos mucho», destacó el Mandatario, quien dijo haber agradecido telefónicamente a la Jefa de Estado Michelle Bachelet.

Acto seguido, en una maniobra que ha provocado todo tipo de reacciones, el presidente García señaló que «El Gobierno Peruano, velando ante todo por los intereses de sus ciudadanos, desiste de sus intentos por reclamar soberanía y acepta la de Chile en la zona marítima que ha estado en disputa en el último tiempo. Con estas palabras, hermanos chilenos, queremos decir que el Perú acepta sin condiciones el tratado de 1929».

No se conocen exactamente los motivos que gatillaron esta decisión. Algunos especulan que el aparataje logístico del vecino país no podrá satisfacer las urgentes necesidades de sus ciudadanos damnificados con el terremoto, con lo cual la ayuda humanitaria de Chile es una arista que no puede ignorar. Desistir de sus intentos por reclamar soberanía en el mar del norte sería una forma de agradecer el gesto chileno.

«Las cosas en su sitio: no nos veamos nunca como enemigos, no estamos tensionados», acotó el Presidente peruano.

El terremoto que afectó el centro sur de Perú el miércoles por la noche dejó posiblemente más de 500 muertos, según García.

Las localidades de Ica, Chincha, Cañete y Pisco, fueron las más golpeadas por el sismo, que hasta ahora produjo más de 300 réplicas.

* * *

– García no es tonto. Recibió el mensaje correctamente.

– En efecto, ahora sabe que el próximo blanco puede no ser algún pueblito menor, sino Lima directamente.

– Un terremoto de 9.5 grados en Lima colapsaría al país y a su gobierno ¿realmente queremos eso?

– Lo que queremos es que no se nos pase a llevar nunca más. Hemos sido débiles en el pasado. Recuerda Campos de Hielo.

– Tienes razón, demasiado hemos cedido. Pero ahora, finalmente, tenemos un elemento disuasivo de primer nivel. ¿En qué teoría dijiste que se basa el dispositivo?

– Dinámica Newtoniana Modificada. Elimina la inercia de zonas geográficas localizadas detonando ciertos fenómenos dinámicos que aún no entendemos del todo, pero que no nos impide apreciar sus efectos físicos… y ahora políticos…

– Es imperativo investigar y dominar esta tecnología. ¿Cuándo inicias la segunda fase de la investigación?

– Cuando apruebes los fondos para la expedición que ampliará los laboratorios. Ya sabes, viajar a la antártida no es trivial… ni barato.

– Ok, te asignaré los fondos que necesitas. Pasando a temas más placenteros ¿Hasta cuándo te quedas?

– Mañana debo estar en Valdivia para atender ciertos asuntos con uno de mis alumnos del doctorado. No puedo quedarme mucho.

– Me conformo con esta tarde… hoy todos están algo distraídos en Palacio y no notarán mi ausencia… ahora acércate…

ALSINO RELOADED

Extracto o adelanto de Historia Chilena del Siglo XX. Novela corta de quien escribe esto.

PERO LA HISTORIA de Alsino, pasó a la historia –valga la redundancia– por ser la primera gran tragedia en nuestra continuidad enmascarada. Dos meses después de ser enviada la carta que acabamos de reproducir, el cuerpo del joven vigilante alado fue encontrado sin vida y flotando, en el Río Mapocho, frente al Museo de Bellas Artes. El muchacho había recibido tres balazos: dos en el estómago y uno a la altura del pecho, además de una serie de puñaladas en la espalda. De acuerdo a lo aparecido en la prensa amarilla de la época, antes de ser asesinado, el muchacho fue sometido a toda clase de torturas, incluso una nunca corroborada castración. Pero el hecho, en contra de lo imaginado, no causó un cese en la actividad superheroica nacional, por lo contrario, a partir de ese caso, el número de vigilantes enmascarados en las calles de Santiago y otras ciudades chilenas comenzó a multiplicarse. Máximo Metrópolis, en sus memorias , lo señala: “A pesar de lo dramático del suceso, es indudable que el asesinato de Alsino marca el verdadero comienzo de la Edad de Oro chilena. Incluso más que la primera aparición de El Sereno. Porque, aunque nos duela, lo de Alsino fue un hito concreto, escrito con sangre. Y es cosa de revisar nuestra historia para descubrir que Chile es un país que se ha fundado en la sangre de sus héroes”.
Alsino fue identificado como Pedro Prado hijo, de 21 años, estudiante de leyes de la Universidad de Chile. Sus profesores lo definían como un joven esforzado, pero en extremo distraído, lo que le ocasionaba un rendimiento académico mediocre que lo había llevado a estar en repetidas ocasiones en causal de eliminación de su casa de estudios. Eso, sin embargo, parecía no importarle, ya que en su diario de vida, revelado tras su muerte –y hoy posesión de su familia– confesaba que con o sin el título de abogado, él se iba a encargar de que en Chile se hiciera justicia. Alsino era el hijo menor de Pedro Prado, poeta desconocido de la historia literaria nacional, quien en 1920 publicó un ya olvidado poema en prosa titulado precisamente Alsino, suerte de fantasía rural y fantástica acerca de las penurias de un adolescente campesino que tras sufrir un accidente le brotaban alas en su espalda. El don del niño se transformó en su maldición, historia que finalmente se convertiría en el sino de su propio hijo. Pintor y arquitecto, además de poeta, Pedro Prado padre murió en 1952, culpándose toda la vida del destino de su muchacho.
“Decía que de no haber escrito ese libro, Pedrito nunca se habría transformado en ese ángel urbano”, señaló a uno de los autores de este texto, Alberto Prado, sobrino de Alsino y nieto del poeta.
“El abuelo murió creyendo que la responsabilidad de la muerte de mi tío había sido culpa suya”.
Los diario de Pedro Prado hijo, recalcan bastante de su idea de justicia.
“Es la clave de sus memorias. Alsino, y permita que lo llame así, partió creyendo en la ley y la justicia como sinónimos. Pero a medida que estudiaba se dio cuenta que eran dos cuestiones muy distintas. A él le interesaba la justicia, no las leyes, por ello su bajo rendimiento académico. Y por ello también la actividad que escogió realizar por las noches”
Ser superhéroe
“Vigilante urbano. Justiciero enmascarado. Escoja una de ambas, superhéroe es demasiado peyorativo”
Alsino vino del libro de su padre.
“Es obvio. Mi abuelo nunca fue un poeta exitoso, pero Alsino fue un libro que tuvo muy buena acogida entre los críticos e intelectuales de la época. Quizás no vendió bien y no se hizo famoso, pero en su época se habló muy favorablemente del texto. Además la imagen que Pedro Prado padre creó, la del niño alado, es tremendamente poderosa. Un ángel del lado que se le mire”
Y Alsino se convirtió en Alsino…
“El que el libro no fuera tan popular le facilitó las cosas. Nadie hizo la asociación»
Excepto Pedro Prado padre
“Excepto él. Pero el viejo estaba orgulloso de su hijo”
Tras la muerte de Alsino, el libro tuvo una segunda oportunidad…
“Y terminó convertido en lectura obligatoria en algunos colegios. La vida es muy irónica, cierto”
No era eso lo que quería preguntarle, sino la opinión de su abuelo frente al hecho de que el asesinato de su hijo lo convirtió en un exitoso escritor…
“No pregunte estupideces. Alsino era su hijo”
Alsino también.
“No voy a contestarle”
El asesinato de Alsino fue un hecho terrible…
“Si, pero tampoco voy a hablarle de eso”
Alberto Prado, terminó molesto ante este cuestionario y se negó a mostrarnos los diarios de Alsino, única prueba testimonial de las reales motivaciones de este personaje.

2022 (Isabel)

Isabel A: Había un tipo en el sanatorio, mamá. Cuando llegó tenía la cabeza recién rapada. Lo habían mandado ahí después de que su mujer había muerto de leucemia.. Estaba deshecho. Como yo. O más que yo. Como si tuviera los todos huesos rotos, esa clase de impresión daba. Le daban pastillas. Las mismas que a mí, las azules. Lo sé porque el tipo se las guardaba bajo la lengua y después me las mostraba. No eran muy puntillosos con ese aspecto de la terapia, mamá, no mucho. Pero lo que importa es el tipo. Se llamaba Germán y era profesor. Eso me contó. Hacía clases en un instituto. Era experto en historia de Chile, me dijo. Pero no hablaba de eso mucho. Decía que esa parte de su vida se había ido cuando ella se había muerto. Borrado de un plumazo, decía Germán. A negro. No puedo penetrar más allá de cierto momento porque el dolor me ciega, decía mientras tomábamos té. El dolor no me deja pensar, no me deja respirar y el cuerpo se me paraliza, decía y yo lo escuchaba mientras bebíamos ese té, sentados en el comedor del sanatorio, mirando por los ventanales el desierto al atardecer. Eso decía Germán y luego sacaba un cuaderno y me leía sus poemas. Era raro escucharlo, mamá. Sus poemas no parecían poemas. Sus poemas no estaban escritos en verso. Hablaban de refrigeradores y lavadoras. Había uno que detallaba la cantidad de los botones del delantal de una de las monjas. Y él iba así, botón por botón, hablando del blanco, de las arrugas y pliegues de la ropa. Era como si compusiera un rostro o el mapa de una ciudad. Así eran los poemas de Germán, mamá. Fríos, como cadáveres pero se trataba de cosas, de objetos y él los hacía lucir como cadáveres, como cuerpos muertos. A mí, a veces, me daba risa. Él venía en las tardes y me leía uno. Escribía con lápiz Bic en una pequeña libreta. Tenía una letra mínima, inentendible. Era un ritual que se repetía día a día: todos esos atardecer amarillos del norte yo escuchaba poemas sobre bicicletas o cubos de basura como si fueran acuarelas o imágenes de personas muertas. Por supuesto, al principio no entendía nada pero, con el tiempo, llegaron a gustarme: veía como le crecía lentamente el pelo a Germán y pensaba que eso tenía que ver con los poemas. El pelo y que me gustaran. Eso pasaba casi todo el tiempo. Sólo una vez Germán me leyó otra cosa: un día domingo, de invierno. Se había largado a llover. Una de esas lluvias que en el norte destruyen todo. Una lluvia casi bíblica, mamá. En la tele mostraban a la gente anegada en el sur, personas arriba del techo de sus casas con los brazos extendidos y esperando ser rescatadas por helicópteros de la inundación. En el norte no era para tanto, pero el temporal transformaba el desierto en un mar de barro. En el sanatorio habían goteras. Las monjas colocaban basureros de plástico para recoger el agua. Mientras llovía, mirábamos el agua caer y comíamos pan con palta con Germán, de eso me acuerdo, cuando él sacó la libretita y se puso a leer. Era un poema largo, de varias páginas, escrito con esa letra chiquitita y apretada con la que anotaba todo. Estábamos frente a frente. Yo podía ver las hojas de Germán y ver cómo, a veces, más allá, en el borde de la página el lápiz se le disparaba, las líneas se le transformaban en rayas, borrones, palabras tachadas. Germán no me miraba al leerlo. No recuerdo el título, ni sus palabras exactas sino de lo que hablaba, mamá. El poema de Germán se refería a un viaje por el metro en Santiago y detallaba las caras de la gente muda, que subía y bajaba estaciones en silencio mientras miraba la publicidad amarillenta, desvaída y escuchaba las ruedas, pisando la mugre del suelo, esquivando la basura que se acumulaba en las esquinas de las boleterías. Germán narraba cómo era un día cualquiera en Santiago mientras tomaba el trayecto que hacía de su casa al trabajo todos los días. No parecía un poema frío sino más bien como una película. O una teleserie, mamá. Una teleserie mal filmada, como esas escenas de relleno que ponen para demostrar que el tiempo avanza, que la cosa va para alguna parte. Germán lo leía sin exaltarse, como respirando hacia dentro. Algunas palabras no se le entendían, yo me las perdía. De eso hablaba hasta casi el final. O los dos tercios. Porque luego el poema daba un giro. Se doblaba como se dobla un papel. O se quebraba tal y como se quiebra el ala de un pájaro. Un sonido hueco, lleno de aire que se desvanece en el acto. Así cambiaba: porque el que hablaba, que era Germán, que debía ser Germán, decidía no ir a trabajar y metía en una iglesia donde velaban a alguien. Y en el poema Germán contaba que el que velaban era un amigo suyo de infancia, que se había suicidado luego de haber incendiado su casa para luego saltar por la ventana. Trabajaba de actor pero no le iba muy bien en la vida, en general. Había ido a la tele, a un programa de concursos y se había burlado de él un animador con cabeza de cerdo. Alguna vez había sido una promesa en el mundo del radioteatro. El poema decía que la cabeza de cerdo era literal, que no metaforizaba nada. Pero también podía ser una máscara teatral. A su amigo muerto, cuando estaba vivo, la mujer con los hijos lo habían abandonado. Y en el poema, en la vida, Germán miraba la cara de su amigo en el ataúd. Su amigo, por cierto, había recitado un poema de Gabriela Mistral en la televisión. En la iglesia no más había deudos que él. Hacía frío, decía Germán en el poema. Hacía frío, me decía Germán y en el poema él miraba la cara de su amigo y se quedaba allí un rato. Ahí terminaba el poema. En Santiago, con el paisaje helado, en una mañana cualquiera, con un muerto a la vuelta de la esquina. Un día en la vida. Pero sabes qué creo, mamá: creo que Germán hablaba de mi papá. Podía ser él. Y yo me lo imaginé así. Así de lejos. Así de cerca porque me di cuenta de que, aunque no lo conociera, Germán hablaba de mi papá. Que mi papá era ese amigo suyo que estaba en el ataúd en esa iglesia vacía. Era a mi papá al que Germán miraba en silencio mientras su propio poema terminaba, mientras el desierto nos cubría con su lluvia, transformándose en un lodazal lejano que amenazaba con convertirse en un aluvión de fango que podía venir desde el horizonte a sepultarnos una vez que llegara la noche, mamá.