por Patricio Robles

En una noche de primavera de 2008, a la hora de cenar con mi esposa después de una jornada de nuestro trabajo, tratando de sintonizar un canal de televisión que transmitiera algún programa relacionado con arte o cultura, me encontré con Cristián Warnken que en su programa Una belleza Nueva, entrevistaba a un personaje que nunca había visto antes. Usaba lentes, un chaleco corto sin mangas y un reloj de cadena que salía de su bolsillo. Parecía un escritor o intelectual de una película ambientada a fines del siglo XIX, sin duda una época que me imagino fue muy romántica e idealista.

Siempre me ha atraído la física, la filosofía y la literatura, a pesar que no tengo conocimientos profundos de las dos últimas disciplinas y solo de la primera creo conocer más por la actividades de docencia e investigación que hago en esa área de la ciencia, en la que nunca se deja de aprender si se trabaja con entusiasmo y en forma sistemática.

Después de escuchar un poco la forma y contenido de lo que expresaba el entrevistado de Cristián Warnken, no me pude despegar del televisor. Era un lenguaje que me atrajo de sobremanera porque mezclaba la poesía, la literatura y la ciencia en una forma que nunca antes había escuchado. No solo era un lenguaje hermoso sino que los temas los abordaba con suma claridad conceptual y en una forma accesible para no especialistas en estos temas.

Después que terminó la entrevista y supe que el nombre de ese entrevistado era Sergio Meier, busqué en internet información sobre este personaje y encontré su dirección de correo electrónico. De inmediato le envié un mail manifestándole mi enorme interés por una oportunidad para conversar con él y pidiéndole una entrevista.

Al día siguiente me contestó y me dijo que podíamos juntarnos a tomar un café en Valparaíso. Por supuesto que no dejé pasar esa oportunidad y me presenté a un café ubicado frente a la plaza Anibal Pinto, un lugar muy típico de Valparaíso que a pesar de la apariencia actual, que para mi gusto denota decadencia, me proyecta a otras épocas imaginarias en que este lugar debe haber sido muy hermoso y representativo de una importante ciudad como lo era nuestro querido Valparaíso a fines del siglo XIX y en la primera parte del siglo XX.

En torno a una mesa estaba el personaje de aquella inolvidable entrevista del programa de la televisión y me acerqué con cierta timidez a presentarme. Pero Sergio Meier era un hombre muy cálido que no requería de presentaciones formales y de inmediato me invitó a tomar asiento y compartir junto a un café, una interesantísima conversación de casi tres horas. Allí se inició una profunda amistad que duraría menos de un año, por la repentina partida de Sergio Meier hacia otros planos o universos paralelos como diría él.

Entre todo lo que conversamos, nos pusimos de acuerdo en organizar en conjunto un coloquio en que trataran los temas que él abordó en esa entrevista. Este coloquio se efectuó en Enero de 2009 en el Palacio Carrasco de Viña del Mar con una cantidad de asistentes que sobrepasó la capacidad de espacio del salón de conferencias. El público que asistió y pudo escuchar el coloquio (muchas personas interesadas tuvieron que conformarse con escucharlo desde la puerta de la sala) siguió con enorme interés la exposición de Sergio y al final se produjo un debate de ideas de tal profundidad y entusiasmos que motivó a Sergio a organizar conmigo un segundo coloquio, el que habría de hacerse en abril de 2010.

Pero en marzo de ese año me visitó Sergio y a pesar que mostró el mismo entusiasmo de siempre, se veía muy delgado y demacrado. Le pregunté qué le pasaba y sólo me dijo que había estado enfermo del estómago pero que ya se estaba mejorando. Esa fue la última vez que le ví y pude conversar con él. La última conversación fue telefónica y la tuve casi un mes antes que falleciera. Sin decirme directamente que su enfermedad era irreversible, percibí que implícitamente se estaba despidiendo de mí.

Además de organizar este segundo coloquio que no se hizo, teníamos varios proyectos de trabajo conjunto, entre ellos de escribir un libro sobre la relación entre literatura y física. Hasta ahora el único acercamiento que he logrado tener a ese proyecto que quedó inconcluso, ha sido un coloquio sobre ciencia y literatura en la obra de Sergio Meier que se efectuó en mayo de este año en el salón de exposiciones del Enjoy de Viña del Mar, con la participación de Sergio Alejandro Amira y Omar Vega quienes trabajaron en forma muy estrecha con Sergio.

Mi propósito es seguir trabajando en ese proyecto de libro y colaborando a que se sigan efectuando coloquios en que se produzca un diálogo entre distintas disciplinas como lo son la literatura y las ciencias. Creo que hay mucho que se puede hacer al respecto y muchas personas interesadas en estos temas.

© 2010, Patricio Robles.