por Cristián Arregui Berger

Hay un tiempo y un lugar donde la derrota no existe, Cabdeguur
hay zonas de nuestra mente que se abren y despiertan, más allá
de los laberintos de citas que repiten estas nostalgias y alegrías.
Son apenas la postrera imagen de otra imagen, nacida en luz
antes de cualquier dilatación. Esas penumbras más brillantes que el sol.
Hay un tiempo y un lugar donde la muerte no existe, Cabdeguur
Si podemos imaginarlo, entonces ES. Pero esa gnosis no se alcanza
con siniestros cálculos ni bienhechoras esperanzas.
La múltiple planicie sin planicie de la mente, la cuarta dimensión del deseo
los sephirot y las precisas notas que cada runa entona y enciende
en el oscuro concierto que somos. El bien total y absoluto, sin mancha
y el mal que nuestra sobrevivencia crea, como escoria. Hay matrices, Cabdeguur
que no vemos y que acaso sean alcanzables con fórmulas y sueños.
Exactitudes que deben buscarse e inventarse cada vez. Algo muta
desde el más allá y en el más adentro. Tú no eres tú, ni yo soy yo.
Somos una lejana inscripción en el Universo – en su Origen
y una expansión de onda que partió hace milenios.
Mira: las frutas ya están maduras, el té servido. Bebámoslo antes que el frío cumpla
con su programación y lo enfríe. Antes de que la cuenta regresiva del fruto
avance hasta un punto en que éste pierda su plenitud y gusto.
Mírame, Cabdeguur ¿por qué desesperar? La enfermedad que me aqueja
cumple también la lógica de su propio programa. Lejanos son los tiempos
en que el hombre persiguió el supremo bien y la estoica elegancia.
Te lo diré así: Dios es algo muy distinto a lo que las religiones han querido.
Pero aquí estamos y aquí debes luchar, descubrir cuál es el Enemigo verdadero
y cómo lograr la secreta conjunción de los opuestos, entrar
en el tabernáculo donde el rabbi y el ariya se reúnen.
Más allá de las fronteras del siglo, Cabdeguur, en el umbral
de una Era que casi no existe. Tanto es su futuro acumulado
tanta su expectación y profecía. Es el Juego de la Mónada por conocerse.
Somos otros y los mismos a la vez, en tiempos y espacios paralelos.
Tan cerca, Cabdeguur, que casi logro escuchar sus voces y vivir sus pasos.
No soy yo este cuerpo delgado y cansado que desea.
Nos han despojado de todo el Recuerdo; quizá la ciencia pueda retornarlo
siguiendo las sendas de la fantasía y del poema.
Cabdeguur, es tarde, es temprano. Ya es hora que me dejes. Sal tranquilo.
Afuera está Silvita y ella te abrirá la puerta. Pero escucha antes un momento –
en el jardín conversan las mujeres. Sus palabras parecen tan fugaces y bellas
como si el agua pasara de un cántaro a otro, y algo nos dijera
que están a punto de romperse. No te preocupes, no tengo frío.
Me he acercado al fuego sólo por costumbre. Ahora subiré a mi cuarto.
Que tengas un buen viaje, debo irme.
El Universo es completamente blanco ya.

© 2010, Cristián Arregui Berger.