La Ficción es Ciencia

Hace rato que la ciencia ficción viene haciendo ruido en las letras chilenas. El Púgil de Mike Wilson, es el último ejemplo: la historia de un boxeador argentino que oye hablar a su refrigerador, mientras una nube negra cubre Buenos Aires. Una novela post-apocalíptica que bebe más de películas como Donnie Darko y la música de Joy Division que de la ciencia ficción dura, y cuyo extracto puedes leer acá.

Por Antonio Díaz Oliva (*)

Mike Wilson

PEGA FUERTE

“Los dos intentaban rehacerse a sí mismos y rehacer el universo entero. Y por eso la ciencia ficción constituía una tan gran ayuda para ellos”.Kurt Vonnegut, Matadero Cinco (1969).

Art cae de rodillas y se pone a llorar en medio del cuadrilátero. Su carrera como boxeador se acaba. Al otro día, en su casa, mientras lee cómo los periódicos se ríen de su papelón en el ring, el refrigerador le habla.

El artefacto le da algunas pistas e indicaciones y Art le hace caso. Termina deambulando por un Buenos Aires retro, topándose con personajes que van desde un clon de Orson Welles y un tintorero japonés que podría encajar en el mundo de Tarantino, hasta un grupo de nerds que juega rol dentro de una ballena varada.

Eso y otras cosas bizarras hay en El Púgil (08), la novela del argentino-estadounidense y residente en Chile, Mike Wilson Reginato (34). “Una historia del fin del mundo en el fin del mundo”, como se afirma en la portada, y que vendría a ser prima-hermana de Caja Negra (06)de Álvaro Bisama. O como dice el mismo Mike: “…que funcionan como prótesis”.

Como sea, ambos libros son de un tipo de ciencia ficción donde lo raro suple el fetichismo tecnológico, una corriente que ha cobrado fuerza acá desde Ygdrasil (05), la novela de Jorge Baradit que se convirtió en el punto de partida para que mucha gente se interesara y se atreviera con libros como el de Mike Wilson.

Aunque –hay que advertirlo- salir de El Púgil cuesta bastante. Pero ingresar no, porque está tan plagado de referentes pop que es imposible no agarrase de algo como puerta de entrada. Sin ir más lejos, el epígrafe de la novela es un trozo de “Transmission” de Joy Division. La mejor señal de la dirección y estética del libro.

Dentro de los links que hay en El Púgil, una constante es Donnie Darko (01). Tanto la película de Richard Nelly como la novela de Wilson, comparten cierta estética oscura y transmiten una sensación onírica en que no se sabe si uno está soñando o despierto.

“El Púgil tiene el mismo efecto que Donnie Darko: lo puedes tomar como una película de ciencia ficción o una sicológica. Me gusta harto la angustia metafísica del personaje Donnie, quien tiene esquizofrenia y por eso nunca sabemos qué elementos son realidad y cuáles no. En El Púgil pasa algo similar con Art, el protagonista, un veterano de las Malvinas que tiene su trauma sicológico, lo que le da cierta ambigüedad al asunto”, dice el autor.

Y también hay citas a Inteligencia Artificial (01) que se repiten bastante…

“Sí, para mí es una película que no se le dio la atención que merecía. Una de esas criaturas raras dentro del cine porque era una cinta de Kubrick pero de Spielberg igualmente. Y al final se convirtió en un ejercicio de comparar quién es mejor: Kubrick o Spielberg,y no se fijaron bien en la historia. Pero lo que me interesa de la película es el concepto de artificialidad, que es algo presente en mi novela”.

Además de las referencias cinematográficas, la música es un elemento importante en la novela. De Joy Division a Radiohead.

“Me interesa Joy Division porque El Púgil es una novela apocalíptica, y para mí Joy Division siempre ha sido música apocalíptica. Tiene un ritmo holocaustico y sentía que encajaba bastante bien, como el protagonista deambulaba con la ciudad y va ingresando a un infierno urbano”.

¿Desde dónde crees que se sitúa esta nueva corriente de ciencia ficción chilena?

“Hace poco alguien me preguntó cómo era escribir ciencia ficción desde acá, el tercer mundo. Y alguien habló de un “nuevo realismo mágico” para describirlo. Pero no sé, el realismo mágico salía de Latinoamérica servido en bandeja para que lo entendiera el lector internacional. Lo que se escribe dentro de esta literatura frik viene con furia, más violencia y no es lo que se espera que provenga desde acá”.

Además choca con la típica imagen que la gente tiene…

“Muchos piensan, cuando le hablas de ciencia ficción, en Star Wars o Star Trek; o sea algo en el espacio y con mucha tecnología. Y esa noción es bastante distinta a lo que se escribe en estos momentos. Como pasa con Ygdrasil, por ejemplo”.

En la solapa del libro Edmundo Paz Soldán dice: “la mejor ciencia ficción en castellano se está hoy escribiendo en Chile”. ¿Te parece que este tipo de literatura viene a ser un relevo en el género?

“Lo aparecido ahora no es ciencia ficción tradicional, es un pastiche. Y eso tiene que ver con la generación mediática y con la cultura pop. Es muy distinto a lo que se escribía en la escuela de la ciencia ficción hard, porque ahora uno se basa en experiencias como el cine -que aunque no sea de acá y provenga de Japón- es parte con lo que uno se crió. O la música, películas clase b, TV basura, ese tipo de cosas.

Al final lo que cualquier tradición narrativa necesita, es que aparezcan tumores que desvíen e irrumpan en el futuro que se supone que iba a tener esa tradición”.

Y los tumores ya están aquí.

A continuación, nuestros cinco autores recomendados para ingresar a la ciencia ficción:

1.- PHILIP K. DICK

Conocido por escribir el libro en que se basó la película Blade Runner (1982), también fue el gestor de novelas notables como El Hombre en el Castillo (1962), donde se narra una realidad alternativa en que parte de Estados Unidos es controlado por los nazis desde la Segunda Guerra Mundial.

Tiene varios cuentos notables, los cuales escribió frenéticamente mientras consumía una gran cantidad de anfetaminas. Murió casi con lo puesto, y su reconocimiento fuera de los circuitos de la ciencia ficción fue posterior. Por latitudes latinoamericanas, escritores como Ricardo Piglia, Bolaño y Fresán son algunos de sus fans devotos.

En Biblioteca de Santiago se encuentran los Cuentos completos volumen 1 y 3 además de la novela Ubik.

En Bibliometro se encuentran las novelas Lotería Solar (1955), El Hombre en el Castillo (1962), Valis (1981) y la compilación de cuentos El Padre-Cosa.

2.- J.G. BALLARD

Famoso gracias a Crash (1973) -el libro preferido de Ian Curtis-, donde cuenta la historia de un grupo de personas que se excitan con los choques en auto, y que tuvo una adaptación al cine a manos de David Cronenberg.

Ballard es autor de una serie de novelas y cuentos en que más que experimentar sobre el espacio exterior, se enfoca en los conflictos sicológicos del hombre de clase media inmerso en una sociedad de consumo. Hace poco publicó una autobiografía donde anuncia su inminente muerte por culpa de un cáncer a la próstata.

Parece que la copia de Crash (1973) de la Biblioteca de Santiago ha sido todo un éxito. La están restaurando y estaría disponible nuevamente en un mes.

3.- WILLIAM GIBSON

Gibson es el padre del término cyberpunkque fue tan famoso en los ochentas y noventa. Su obra más reconocida, e inicio de su primera trilogía, es Neuromante (1984), donde tempranamente se anuncian términos como ciberespacio o realidad virtual. Y donde los manejos o robos de información y los hackers, hacen las primeras apariciones en la literatura. Un autor al cual Matrix le debe más de lo que los hermanos Wachowski se atreverían a reconocer.

En biblioteca de Santiago se encuentra su novela Conde Cero (1986) perteneciente a la trilogía del Sprawl.

4.- HUGO CORREA

Mientras en Chile el realismo seguía siendo la corriente literaria, Hugo Correase dedicaba a escribir sobre invasiones de extraterrestres en el campo o apariciones de Satanás en obras como Los Ojos del Diablo (1972) o su clásico Los Altísimos (1959). Tan bien le fue que terminó colaborando en revistas norteamericanas con el apoyo de Ray Bradbury.

Acaba de morir, días después del deceso de otra pluma grande de la ciencia ficción: Arthur C. Clarke (2001: Odisea en el espacio). A la espera de rediciones de su trabajo, las librerías de viejos son la mejor opción para encontrar algo de su autoría.

5.- JORGE BARADIT

Su novela Ygdrasil (05) fue la primera bomba de ciencia ficción chilena en detonar, el adelanto de una serie de explosiones que se sentían venir en las letras locales.

Robándole más estética a los videos de Nine Inch Nails y a la animación japonesa que a la ciencia ficción de tomo y lomo, Baradit ya es un referente local e hispano dentro del género. Junto con otros escritores maneja el blog Ucroníadonde en cápsulas narrativas fantasean sobre pasados y futuros alternativos referentes a la historia chilena.

“Ygdrasil” está disponible en Bibliometro y Biblioteca de Santiago.

(*)Publicado originalmente en http://www.zona.cl/memorystick/

Queremos de vuelta el Viernes de Tubos!!!

Así es. Tal como las productoras negocian contratos para sus programas estrella con los diferentes canales, al parecer la Productora CaDaZauRus/Fobos ha llegado a acuerdo con nuestra estación hermana Calabozo del Androide, para llevar su genial programa semanal “Viernes de Tubos” a dicha frecuencia.

Viernes de Tubos” es parte de la historia de este blog, y llamamos a la Productora CaDaZauRus/Fobos a no dejarse llevar solo por los suculentos billetes verdes que el Amo del Calabozo debe haber puesto sobre la mesa.

Creemos que perfectamente puedey debe este exitoso programa transmitirse, aunque sea en diferido, también en nuestra estación TauZero.

Una pérdida que esperamos no sea irreparable para los miles y miles de fanáticos que buscan desesperadamente el minuto cultural de los viernes, desde las manos del maestro del tiempo libre/google/youtube.

Queremos de vuelta el “Viernes de Tubos!!

Escucha nuestro llamado, Fobos que estás en todas partes….

Por mientras…un videillo que no le llega a los talones a los “Viernes de Tubos“, pero es entretenido.

El simbolismo en 2001, Una Odisea Espacial

Monolito

Para finalizar nuestro homenaje a Arthur Clarke, creemos importante recordar un muy interesante artículo escrito por Omar Vega para TauZero #18, en donde se refiere a la simbología oculta en 2001, desde la perspectiva masónica.

Hace algunos años me tocó preparar un trabajo sobre el contenido esotérico de la película 2001: Odisea en el Espacio. Eran tiempos de intensos estudios humanistas y de búsqueda del patrimonio esotérico occidental perdido en el mundo moderno. En esa época era miembro activo de una institución fundamental para Occidente, en cuyo atanor se hornearon los valores más elevados de nuestra sociedad, y acaso de nosotros mismos: la Masonería.

Éste artículo está reciclado, ampliado y retocado para hacerlo más ágil. Además, tuve especial cuidado de quitarle cualquier indicio de conocimientos que deben permanecer secretos. Pues bien, dadas las explicaciones del caso, les invito al estudio de la simbología de la película 2001, Odisea en el Espacio.

Antes de comenzar, debo destacar que éstos no son todos los símbolos ocultos que tiene la película, sino sólo aquellos que pude descubrir. Puede haber muchos más a la espera del espectador sagaz.

Leer el artículo

Arthur C. Clarke entra al monolito

Clarke
Fue un autor de ciencia ficción hard y hoy – sin embargo – es recordado por 2001, Una odisea espacial. Ya muerto, sir Arthur bien podría ingresar a ese monumento lleno de estrellas que es símbolo de esta obra metafisica.

por Jorge Baradit (*)

Arthur C. Clarke ha muerto. Me resulta extraño escribir la frase. Es como si se muriera la Luna, algo que siempre ha estado ahí. Algo impensable. Como si se hubiera muerto el futuro.

Con la partida de Clarke, se va uno de los últimos grandes nombres de la era dorada de la ciencia ficción, aquellos que veían el futuro como un gran espacio en blanco donde todo era posible, donde se podían escribir las mejores páginas de la historia de la humidad gracias al entonces aún pristino espíritu cientifico. Un futuro pleno de avances que sanarían todas las enfermedades, acortarían el tiempo y las distancias con una visión más parecida a la que guió la conquista del oeste norteamericano o a los viajeros del Renacimiento, que enfrentaban el infinito en lugar de mirarlo protegidos a través de una ventanita de LCD, como lo hacen los geek emo de hoy.

Clarke fue un hombre del siglo XX. Nació en 1917, cuando todavía no se apagada el fuego en las trincheras de la gran guerra, vivio el asedio de los fascismos y participó en la segunda guerra mundial como instructor de radar para la RAF. Una vez terminado el conflicto, entró al King’s Collage, Londres, en 1948, terminando con honores sus estudios en física y matemáticas, listo para enfrentar la gran aventura que en esos años parecía abrirse para la humanidad: el espacio y un futuro de bienestar, expresado en el inagotable avance de la ciencia y la tecnología.

Fue un autor prolífico, No hubo aspecto de la ciencia ficción que no abordara con éxito, sobre todo en sus relatos cortos, donde desplegó lo mejor de su talento. Cuentos como Los nueve mil millones de nombres de Dios, Encuentro con Medusa y, por supuesto, El Centinela, son joyas del género plagiadas hasta el cansancio por generaciones de autores fanáticos.

Clarke - ArmstrongSin duda, el momento que marcó a Arthur C. Clarke como un autor que transcendió el cerrado mundo de la ciencia ficción fue su colaboración con Stanley Kubrick para 2001, Una Odisea Espacial. No todos saben que la novela fue escrita a la par de la película y que incluso puede decirse que el libro es una novelización de la obra de Kubrick. Convertido en la personificación de la ciencia ficción, fue elegido para narrar misiones Apollo y presentar programas sobre futurología y tecnología de punta hasta bien avanzada la década de los 90.

Es quizá este último aspecto el que más me llama la atención, personalmente y como escritor de ciencia ficción. El autor a quien se considera uno de los más preclaros exponentes de la ciencia ficción hard (preocupada de la coherencia científica de sus creaciones), incluso reconocido por haber inventado el concepto de transmisiones globales a través de satélites geoestacionarios, fue finalmente reconocido, por el público fuera de género, como el autor preocupado por las profundidades metafísicas e incluso religiosas que podían detonar los avances tecnológicos. 2001, Una Odisea Espacial, es una obra plagada de signos y símbolos religiosos, cabalísticos y esotéricos, donde las preguntas acerca de la divinidad, la vida artificial y lo humano trascienden las aparentes preocupaciones por la acuciosidad científica; desarrollando viajes que más parecen experiencias con ácido, y encuentros con inteligencias extraterrestres que parecen teofanías o estados alterados de conciencia. Clarke es para mí el paradigma divulgador científico del siglo XX, que abrazó la ciencia como la gran dadora de respuestas sólo para chocar con la frontera del espíritu, ese gran dador de preguntas, y descubrir que ni la ciencia, ni la tecnología, ni el progreso son la solución par las preguntas del alma.

Lo siento por quienes detestan los lugares comunes en los obituarios, pero no puedo dejar de pensar en que en una de las últimas escenas de 2001 vemos a un anciano enjuto, tullido en una silla de ruedas, tan enfermo como el mismo Clarke vivió sus últimos años, enfrentándose por fin al infinito, entrando en él y encontrando todas las respuestas que seguramente nunca pudo tener en vida. Es decir, mi yo niño, que alucinó con sus historias, desea con todo el corazón que Clarke haya podido entrar en el monolito lleno de estrellas, que no me cabe duda flota ahí en el espacio, en la órbita de Saturno.

(*) Publicado en La Tercera Cultura, sábado 22 de marzo de 2008.

CF @ FILSA 2007: éxito total :)

Que Tino escriba la reseña, yo me conformo con mandar las fotos.

Un abrazo a todos!!

Bien, haciendo eco de este llamado, procedo. Como ya se había mencionado en otro post, el 1 de noviembre fue el día de la literatura fantástica en la FILSA 2007.

¿Qué vimos? Después de tres años, finalmente un evento transversal de editoriales en donde sus autores dieron cuenta del estado actual del género fantástico chileno. Se hizo el recuento de obras y de autores, que no fueron pocos. Se contaron los planes a futuro, que no son pocos ni de visión corta. Y la sala, que en los dos años anteriores fue algo pequeña, ahora tenía el doble de tamaño y el triple de asistentes.

Se notaba que los autores estaban en su salsa hablando usando jerga del género, sobretodo Ortega. Menciono esto comparando la actividad con la del día anterior, en donde el mismo Ortega, junto a Fuguet y Gonzalo Martínez, presentaron la novela gráfica “Road Story”. La gente llegó a la presentación principalmente arrastrada por la fama de Fuguet, sólo para constatar que el susodicho confesaba públicamente casi no haber participado del proyecto. Ortega leyó lo suyo y Martínez resultaba incomprensible a causa de su excesivo nerviosismo. La actividad no duró más de veinte minutos y honradamente no hubo nada memorable en ella, a excepción de la divertidas menciones ñoñas de Ortega.

El nerviosismo y la falta de discurso acá estaba desterrado. Tanto los autores (Solar, Baradit y Ortega) como el antologador (Novoa), dieron muestras de buenas habilidades comunicacionales. Fracisca y Marcelo destacaron, ante todo y curiosamente, que el ambiente que se vive en esta área de la literatura se caracteriza por la buena onda, la sinergia y la amabilidad, a diferencia del mundo literario maintream y de la poesía, en donde las envidias, los chaqueteos y el secretismo es pan de cada día.

Cada uno de los panelistas tenía mucho que decir. Claramente hubieran estado toda la tarde conversando, riendo, interactuando con el público asistente, pero fue inevitable tener que finalizar. El fandom, compuesto por escritores amateurs, lectores y activistas (o gestores culturales como se les dice ahora), estaba allí para apoyar y celebrar los logros de los amigos. Y esta vez no fue la excepción.

Si bien la razón “formal” de la reunión fue el lanzamiento del increíble nuevo triunfo de Jorge Baradit, el UPC 2006, no fue solo esa la razón para celebrar. Había unión, había caras nuevas, había energía. Se vieron académicos con pokemones, fanáticos del fanfic al lado de vampiros….había una fauna fantástica (sin olvidar al Tolkien Chileno sentado al fondo, tal vez buscando nuevos personajes imaginarios reales para sus futuras obras).

Se recordaron a todos los autores y creadores, sin egoismos. Sergio Alejandro Amira, Teobaldo Mercado, Sergio Meier, Bley…notable tambíen el aplauso, sincero y afectuoso, de todos al nombrar a Luis Saavedra, el eterno “gestor ausente”.

La actividad que comenzó en la FILSA terminó en un pub de calle Lastarria, en donde integrantes de Goetia, Mortis y Tau compartimos, divagamos y reímos. Pura buena onda.

¿Que viene para lo que resta del año y el próximo? pues siga en sintonía con este sitio web para conocer oportunamente las novedades.

La guerrilla de la literatura fantástica parte por cada uno. Comienza por existir, militar, opinar, postear, comentar y reirse. Para ser serio y pesimista, el tiempo sobra. ¿Interesad@s en pedalear con nosotros para hacer avanzar el cohete a pedales? Inscríbase en el foro. Lea y opine sobre el evento, Comente en el blog. Escriba reseñas. Sea escéptico. Compre libros. Léalos. Corra la voz. Enlace nuestro sitio. Proponga ideas y escríbanos un email. ¿Necesita un email? pídanos uno. Deje la autocomplacencia y haga cosas. El éxito es de la gente que se mueve. Las cuatro personas de más arriba son testimonio de eso.

Para finalizar, cito una frase de Fran Solar: “Lean Ucronía. Lean TauZero“.

¿No le van a dar el gusto?

(fotos: FILSA 2007, FILSA 2006)

Slipstream: El Frankenstein Literario

slipstream

Hace unos días cité un artículo acerca de “Leviatán”, de Paul Auster, en una reunión. Una vocecilla aguda rompió el silencio con una frase sorpresiva, “esa es una novela slipstream”, se escuchó desde la oscuridad tras un schop. Silencio sepulcral.

“Perdone, ¿cómo dijo?”.

La conversación posterior derivó en cosas usuales y domésticas como de qué color eran los órganos interiores de un klingon o si el continente americano había sido en realidad un animal vivo antes de la conquista española, quizá ese mismo leviatán bíblico que los heroicos cristianos de Castilla vinieron secretamente a matar en nombre de todo lo santo.

El asunto es que llegando a la casa me puse a investigar acerca del término y me encontré con sorpresas.

En el año 1989, Bruce Sterling (Mr. cyberpunk y amigote de William Gibson, Master cyberpunk) publicó un artículo llamado Slipstream, donde vislumbra una curiosa agrupación acercándose entre la niebla, un grupo de escritores que estaban convirtiendo en movimiento un fenómeno que se había dado aisladamente en la literatura del siglo XX: el cruce deliberado y masivo de géneros en una misma obra literaria.

Bruce dice del Slipstream en su artículo: “Es una forma contemporánea de escritura que se enfrenta contra la realidad consensuada. Es fantástica, surreal a veces, especulativa en ocasiones…simplemente te hace sentir muy extraño; de la manera en que vivir en los últimos años del siglo XX te hace sentir…Marcada por la manera de abordar el material literario…La Historia, el periodismo, la ciencia…son tratados irrespetuosamente no como “hechos de la vida real”, sino como cosas, material crudo para un trabajo de collage”.

Este último punto es el que finalmente predominó en esta definición: material crudo para un trabajo de collage. El Slipstream, parodiando al Mainstream, lentamente comenzó a revelarse no como un movimiento, sino como una tendencia generalizada, parte del zeitgeist de toda una era. La generación que finalmente trascendió los metarrelatos y armó sus propios muros con los fragmentos de ese otro muro único que parecía definitivo. Los que atravesaron las fronteras e ignoraron graciosamente las “lineas marcadas en el suelo” que, se suponía, no podían atravesar, mezclando bastardamente la alta y la baja cultura, armando su propio patchwork, su propio manual de instrucciones con los retazos de cuanta cosa le habían metido en la cabeza a la generación que más información había absorbido en la completa historia de la humanidad, con desparpajo y toda la libertad que los ideólogos y profetas de la posmodernidad nunca tuvieron realmente. Finalmente los aduaneros se quedaron solos fiscalizando las fronteras de los géneros y por supuesto, no les quedó otra que hacer lo que sabían hacer: ponerle una etiqueta a lo inetiquetable. Slipstream.

Haruki Murakami, Rodrigo Fresán, Chuck Palahniuk, Kurt Vonnegut, China Mièville, Paul Auster, Douglas Coupland, Charlie Kauffman (por qué no), Warren Ellis (por qué no). En definitiva, guerrilleros que triunfaron en la meta de convertirse en mutantes transgénicos literarios, el brazo armado de la cruda realidad, más deforme que cualquier fantasía si se la mira con el lente macro, el gps, la fotografía satelital, la resonancia magnética, los psicotrópicos de diseño y todas las herramientas para escudriñar la realidad que fracasan una y otra vez, como Heisenberg intentando un primer plano de un electrón. La paradoja de contar con todos los medios para atrapar la realidad para solo darse cuenta que el fractal se torna más y más desquiciado con cada acercamiento. Un escritor como un Action figure, descubriendo a Baudrillard y Matrix, “there is no spoon”, y entonces…”what the fuck!!”…”armemos nuestra propia realidad, que quizá resulte más real que la verdadera”…porque quieren tocar la temperatura de la verdadera realidad de una vez por todas, por eso se desquician, echando mano al realismo literario más crudo, a la ciencia ficción más hard, al surrealismo más desquiciado, a la violencia televisiva más tóxica, a la fantasía más volátil, a la cruza de formas de mirar las cosas para, por sumatoria, acercarse un poquito más a lo inefable.

Porque, ¿acaso no es así la realidad? ¿Acaso no adquirimos SIDA y le mandamos la verdad en mensajes digitales a nuestra pareja lesbiana en Bután a través de satélites, mientras vemos de reojo Los Simpsons, antes de meditar en posición zen y para despertar luego llorando de una pesadilla jurando que los fantasmas de nuestros abuelos rondan la casa para llevarnos de este mundo? ¿Acaso la realidad no es es el trago más freak y mal mezclado de múltiples licores que podamos experimentar? Ellos, the freaks ones, solo hacen el realismo literario más carnicero de todos, borrando fronteras que en la realidad no existen, convirtiendo a los géneros en lo que siempre debieron haber sido: ingredientes radioactivos para cocinar una metaliteratura al servicio del escritor y sus cosmos internos y no al revés.

Versión original del artículo publicado originalmente en Cultura, de La Tercera. sábado 28 de julio de 2007

Cronopaisajes, o como trascender las barreras del tiempo

El tiempo en nuestras vidas es una variable que avanza inexorablemente, siendo imposible detener ese constante “tic tac”. Desde antaño el hombre ha soñado con poder controlar esta variable, ya sea volviendo al pasado para evitar o bien provocar acontecimientos catastróficos… o simplemente por diversión. En su defecto, viaja al futuro, mostrando generalmente un final bastante apocalíptico de la vida sobre el planeta tierra, asociado a una condición inconscientemente destructiva del ser humano.

El pionero y más homenajeado escritor de viajes en el tiempo es H.G Wells con su novela “La máquina del tiempo” (1895), novela que se ha llevado a la pantalla grande en más de una ocasión. Posteriormente, muchos novelistas continuaron especulando y asombrándonos con historias donde nos sitúan en el jurásico o nos llevan a conocer el fin del planeta tierra.

Einstein, dentro de sus investigaciones, nos aportó una luz de esperanza sobre esta materia, sosteniendo que si se logra viajar a grandes velocidades sería posible ir al pasado, especulando también sobre los “agujeros negros” y “agujeros de gusano”, objetos que absorben tanto materia como luz, logrando que sus campos gravitacionales sean tan grandes que podrían invertir el flujo del tiempo. Stephen Hawking, continuó con los estudios del físico más aplaudido del siglo XX, complementando sus teorías donde agrega que “si se combina la teoría general de relatividad de Einstein con la teoría cuántica, el viaje en el tiempo comienza a parecer una posibilidad”.

En vista que aún no es posible manejar el tiempo, la alternativa que nos queda es soñar, y para ello nada mejor que los 26 relatos que Peter Haining y Miquel Barceló antologan en “Cronopaisajes, historias de viajes en el tiempo”. Cuidado con confundir esta antología con la novela “Cronopaisaje” (Timescape en el original) de Gregory Benford.

Haining y Barceló compilan relatos en donde se muestra las múltiples posibilidades de los viajes en el tiempo, inclsuo en momentos nos sitúa en líneas de tiempo que varían de la nuestra en tan sólo tres minutos, como en “Hombre en su tiempo” de Brian W. Aldiss. Aquí se presenta un astronauta, que regresa de una expedición a Marte, con una línea de tiempo desfasada con la terrestre.

Nos percatamos que la máquina del tiempo no es él único medio para poder viajar. Kathy Benedict, en “Del tiempo y Kathy Benedict” (William F. Nolan) puede dar fe de eso, pues producto de una gran ola que azotó su bote, viaja 100 años al pasado. En “Nelly tiró de la punta” (Richard Hughes), el tiempo se encuentra colgando de un árbol y Nelly puede invertirlo con solo tirar de la punta.

Para realizar viajes premeditados a otras épocas, claramente es necesario algún medio de transporte, que en su gran mayoría es de altos costos. Puede presentarse la persona que enfoque su viaje a mejorar la calidad de vida del ser humano, aunque a veces este deseo podría acarrear consecuencias nefastas, como sucede en “La mortal misión de Phineas Snodgrass” (Frederik Poul). Phineas pretende mejorar la salud de nuestros ancestros romanos enseñándoles a mejorar la calidad de vida, pero no piensa que 2.000 a 3.000 años más tarde la población del mundo será tan alta que la superficie terrestre no soportará tal cantidad de habitantes. También podemos utilizar la máquina como el enlace a un lugar de recreación e irse un fin de semana a cazar dinosaurios, llevando al presente el trofeo. En “Un arma para un dinosaurio” nos encontramos con la esencia del hombre, la cacería, ese deporte tan antiguo que comenzó por instinto de supervivencia, y que hoy en día es considerado un deporte exótico y exclusivo. L. Sprague de Camp logra hacernos recapacitar con respecto a esta práctica, el que puede ocasionar de forma irremediable la extinción de especies, y nos muestra una alternativa para poder continuar ejerciendo este deporte: viajar ya sea al cenozoico, triácico o jurásico. Otros personajes viajan al pasado intentando cambiar la historia, eliminando figuras y monumentos emblemáticos o bien retroceden en el tiempo intentando eliminar la progenie de su esposa, pero los protagonistas de “Los hombres que asesinaron a Mahoma” (Alfred Bester) no tienen conocimiento de que todos los cambios que realicen en el pasado no repercutirán en el futuro y que finalmente tendrán un amargo desenlace.

El ladrón y estafador continuará existiendo, ya sea en el siglo XX o XXV, donde lo plasma C.M Kornbluth en “Estafador Temporal”. Otro de los tópicos del viaje en el tiempo es encontrarse con grandes poetas o artistas. En “Misterio Mayor” (José Mallorquí) Tooth viaja a encontrarse con Shakespeare para dilucidar el verdadero origen de sus obras, sin saber que eso iba a traer consigo confusiones mayores. Grendel Briaton en “A través del tiempo y el espacio con Ferdinand Feghoot” sitúa a Wagner en el futuro, acusándolo de plagiador.

Las razones para viajar por el tiempo son muchas, pues atienden a los gustos y necesidades de cada individuo, siendo la mayoría de ellos premeditados. A.C Clarke en “Todo el tiempo del mundo” nos envía viajeros para poder rescatar escritos de la tierra, trayendo consigo un collar de perlas que permite detener el tiempo de aquel que la utiliza. A nivel astronómico Asimov se da el gusto de manejar el futuro. En “La inestabilidad” juega con la expansión y contracción del universo, produciendo un mortal cambio temporal.

El atractivo que genera teorizar sobre los viajes en el tiempo es enorme. Se han generado un sinnúmero de películas y series televisivas que lo tienen como tema central. Esa magia de encontrarse con paradojas tales como encontrarse vivo y muerto a la vez o convertirse en su propio abuelo, han situado al viaje en el tiempo en uno de los tópicos más utilizados en la ciencia ficción.

Tras descubrir el mundo de Cronopaisajes nos encontramos con los temores, tristezas y esperanzas de la humanidad, buscando a través del tiempo una solución a estas problemáticas.

No me queda más que invitarlos a abrocharse el cinturón y viajar en esta fantástica cápsula temporal.

Recuerdos del futuro

Poster Blade Runner
Baradit ha publicado una columna de opinión en La Nacion Domingo, relativa a Blade Runner y la celebración de los 25 años de la película cuya novela me resultó un tanto insípida…

(En general no comulgo con los fans de P.K.D. pero mejor no sigo porque ya siento el olor a petróleo y el rumor lejano de antorchas, jejeje)

Recuerdos del futuro

“Blade Runner” no se trata de replicantes, se trata de la memoria. Nos recuerda que somos lo que recordamos. Eso era lo que Roy Batty, Leon, Zhora y Prissy sabían. Y eso era lo que buscaban al escapar a la Tierra, sostener la memoria.

Por Jorge Baradit

¿Existe alguna película que haya sido capaz de superar al libro en que se basa? ¿Pueden?, quizá “Spartacus”, quizá “Gone With the Wind”, quizá “2001, A Space Oddisey”. Definitivamente no “El Perfume”… no la penosa adaptación de la increíble novela de Patrick Süskind (cuando una película como la de Tom Twyker, de reciente estreno, debe recurrir a 15 minutos de voz en off iniciales para explicar su contenido, hay algo que funciona mal).

En fin, el punto es que siempre usamos la palabra quizás buscando una novela superada por su versión cinematográfica, sin embargo no es éste el caso. La obra en que se basa la maravillosa “Blade Runner”, “Do the androids dream with electric sheep?”, del recurrente Philip K. Dick, es una soberana lata que me ha resultado imposible atacar jamás. Siempre me he preguntado de dónde sacó Ridley Scott la genialidad para producir una metamorfosis semejante desde un texto laxo, aburrido y carente de todo brillo. De dónde obtuvo esos Recuerdos del futuro, esa sensación de estar asistiendo a un mundo real lleno de información irrelevante (como es la realidad) y no a una maqueta pobre, diseñada y perfecta salida de la mente de un tipo al que le puedes reconocer perfectamente el estilo. ¿De dónde sacó en 1982 esa certeza que entonces no era más que una locura?: el futuro estaba a la vuelta de la esquina e iba a consistir en la acumulación de culturas, en la estratificación de tecnologías, en la convivencia de lo obsoleto con lo ultramoderno. En la convivencia de dios y la computadora, con dios en la computadora cuestionando al universo. La corbata y el auto volador, el híbrido y la comida china, la suciedad y la ingeniería genética. El futuro y la desesperanza. Por primera vez el futuro y la desesperanza. El futuro y el alcoholismo, el futuro y la soledad en medio de las multitudes.

CELEBRAR LA NADA

“Blade Runner” cumple 25 años y toda la maquinaria Hollywoodense se prepara para estrujar una vez más a este hijo pródigo, rechazado al nacer (obviamente por no producir de inmediato los dólares necesarios) y celebrado con posterioridad como uno de los hitos cinematográficos más importantes de la década de los 80.

Pero “Blade Runner” ya es presente y no entiendo muy bien qué es lo que hay que celebrar. La cinta de Ridley Scott nos recuerda que el futuro llegó y que no fue distribuido, que el hacinamiento, la falta de energía, el tráfico de órganos, la manipulación tecnológica encubierta y la desesperanza son la verdadera promesa detrás del progreso ilustrado. Basta con ir este domingo al Persa Bío-bío y verán hacinamiento, pequeños puestos envueltos en humo de aceite de empanadas y olor a incienso, motherboards y chips junto a imágenes de Buda y atún chino, teclados Apple de última generación junto a hierbas para sahumerios y brujería. Y sabrán con certeza que “Blade Runner” está aquí. Y que en realidad no hay mucho que celebrar.

MALDITA MEMORIA

Desde la primera vez que la vi, a los 14 años, ha ido creciendo en mi interior. Desde un primer acercamiento frustrante (¿disparos de revólver en el futuro?…dónde estaban los lasers y los alienígenas, por dios!!) hasta una extraña simbiosis en que los diálogos y sus imágenes se han ido convirtiendo en parte de mis diálogos y mis imágenes, ocupando un gran porcentaje de esos recuerdos fabricados con cine que anidan en nuestros corazones. Porque “Blade Runner” no se trata de replicantes, se trata de la memoria, se trata de aquello que nos hace humanos, de aquello que nos hace ser. Nos recuerda que lo que nos define no es una fecha de nacimiento, unos padres definidos o un lugar de origen, ni siquiera la materia de la que estamos hechos, sino aquello que recordamos. La particular estructura de recuerdos que generan una luminosa red de temores, amores, dolores, colores y olores asociados a números, letras, encuadres y puntos de vista; que consiguen armar ese discurso único, esa dirección de cámara en tiempo real nebulosa y difusa que es la memoria de cada uno. Somos lo que recordamos, y los recuerdos se mezclan, hacen el amor entre personas, tienen hijos y se reproducen hasta que ya no sabemos bien a quién pertenecía que en ese punto lejano en el pasado en que los hechos dieron a luz un momento, que lentamente se irá convirtiendo en recuerdo. Pueden ser un atado de fotografías en el cajón de un mueble, pueden ser las improbables historias de cualquiera que terminamos haciendo nuestras. Eso nos hace humanos. Eso era lo que Roy Batty, Leon, Zhora y Prissy sabían. Y eso era lo que buscaban al escapar a la Tierra, sostener la memoria. La sobrevida pero como sostén de la memoria, no sus cuerpos de tejido sintético próximo a caducar.

Ellos no querían olvidar, hundirse en la noche sin fondo del olvido, como cualquier ser humano ¿No es eso acaso lo que también persigue Ridley Scott al retocar una y otra vez esta gran fotografía de 117 minutos que parece no dejarlo tranquilo, aún después de 25 años? Todavía hoy busca pulir su obra para dejarla prístina como un recuerdo grabado en DVD. Ridley lucha contra la naturaleza misma de los recuerdos que es avanzar, mezclarse y morir. Todavía no encuentra la paz que si halló Roy Batty segundos antes de morir, cuando comprendió que no se puede luchar contra el olvido de otra manera que no sea la más antigua y humana de todas, entregarle sus propios recuerdos a otro ser humano, sentado en el suelo como frente a una fogata para que tome la posta y su vida haya valido en algo la pena. Hay un dicho normando antiquísimo que reza así: “Todos los hombres son mortales. Pero existe algo eterno: la gloria en el recuerdo de un hecho grandioso”. Finalmente eso era lo que buscaba Roy Batty, permanecer en el recuerdo ya que no en la carne y quiero creer que lo consiguió cuando nos regala su maravillosa letanía final:

“He visto cosas que ustedes no creerían.
Naves de ataque envueltas en llamas, fuera del hombro de Orión.
Vi rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Ahora es tiempo de morir”
.

¿Ya no hay shock del futuro?

Oh My Fracking God!El 25 de abril de 2007 el mundo recibió la noticia de la Super Tierra, un planeta de composición similar al nuestro, de entre 3 y 5 veces la masa terrestre. La noticia fue divulgada en todos los medios de comunicación en forma pródiga. Al final del día, toda persona medianamente informada conocía la existencia de este nuevo exoplaneta.

Y listo. eso fue todo.

Reflexionando con el Team, quisimos tratar de tomarle el real peso a la noticia. Y sacamos algunas conclusiones.

Es curioso constatar, en primer lugar, que una noticia que décadas atrás hubiera espantado a más conservador, actualmente sea recibida casi con un simple encogimiento de hombros. Algo similar ocurrió con los cambios que la Iglesia católica introdujo en el Dogma al eliminar Cielo, Infierno, Purgatorio y Limbo (el último de ellos hace pocas semanas). Lo mismo con todo el asunto de la clonación. producimos animales en serie y comemos alimentos trangénicos. Se ha descubierto agua en la luna y marte y el turismo espacial hace rato que comenzó. Tenemos comunicación instantánea hacia cualquier lugar del planeta. Y todas estas cosas que leíamos en nuestras novelitas hard, pulp y *punk son aceptadas con la mayor de las naturalidades. ¿Apatía? ¿resignación frente a lo inevitable? ¿O simplemente el acostumbramiento a los cambios de paradigmas a los que nos somete la sociedad actual cada día?

Alvin Tofler señalaba en su libro de 1970, El Shock del Futuro, que las personas son intrínsecamente renuente a los cambios. Las personas no quieren cambios en sus vidas, y la construyen de la forma en que se minimice la incertidumbre. Pero para bien o para mal, actualmente el cambio en las condiciones del medio es lo normal. Y nosotros, como la especie animal con la mayor capacidad de adaptabilidad, nos hemos adaptado. Prueba de ello entonces sería, en mi opinión, el que cambios fundamentales a los dogmas, el anuncio de descubrimientos asombrosos y la puesta en el mercado de productos increíbles sean aceptados con el mismo sentimiento: naturalidad completamente desprovista de asombro.

En los 90’s la humanidad descubrió el primer exoplaneta. Fue un importante paso en el proceso iniciado por Copérnico, quien nos quitó el lugar preferente en la Creación del Universo. Al constatar, sin posiblidad de cuestionamientos, que existen planetas orbitando estrellas ajenas, nuestra fe en la Ecuación de Drake se incrementó en varios órdenes de magnitud 🙂

A la fecha se han descubierto un par de centenas de planetas, y la novedad de estos eventos hace rato dejó de ser noticia. ¿Y qué hizo entonces que la Super Tierra fuese distinta? Simple: es el primer planeta que reproduce aproximadamente las condiciones climáticas de nuestro planeta. Y si esas condiciones dieron origen a una plétora de formas vivientes en la Tierra, entonces no es absurdo pensar que allá también. Esa posibilidad es la que implícitamente es noticia. Por otro lado, dada la cercanía de aquel planeta, 25 mil años luz, hay que comenzar a pensar que los planetas tipo-Tierra (o clase M para los ñoños) son más comunes de lo que se había supuesto.

De ahora en adelante, con el refinamiento de la técnica de detección y el lanzamiento de interferómetros espaciales, más pronto que tarde se obtendrán fotografías del planeta. Incluso es posible que con el adecuado nivel de resolución se pueda determinar si hay trazas de civilización!!.

En la eventualidad que ello ocurra, será la constatación definitiva que la Humanidad no está sola en el universo. Lo que ignoro es si aquella certeza tendrá un impacto muy profundo en nuestras vidas. Tal vez las personas unicamente se limiten a comentar el descubrimiento en la oficina como quien comenta lo lluvioso de la jornada. Cambios fundamentales en la manera de conducir nuestras vidas, nuestras creencias, nuestra escala valórica, dudo que suceda.

Lo que sí ocurrirá, con absoluta certeza, serán Retcon’s en masa por parte de muchas religiones y sectas para ajustarse a las nuevas condiciones del universo. Pero dudo que aquello sea un cambio traumático. Después de todo, ya no tenemos cielo ni infierno y la civilización tal y como la conocemos no ha cambiado.

Y bueno, aun cuando a nivel doméstico lo que impere es la apatía, siempre existirá en los lugares adecuados el nivel suficiente de curiosidad, de afán exploratorio. La sed de conocimiento que la Humanidad ha tenido como distintivo fundamental se hará presente. Se desarrollará tecnología para alcanzar esos planetas, en pocas generaciones podríamos estar enviando nuestra primera expedición. Podríamos especular sobre el tipo de aquella: una simple sonda con un disco de oro, astronautas criogenizados, androides antropomorfos, naves generacionales o incluso embriones humanos que se gestarían artificialmente un par de décadas antes del arribo al planeta. Para lograr alguno de estos objetivos, la cantidad de I+D lateral necesario sería comparable a lo sucedido durante la 1era carrera espacial.

Para terminar, una frase de nuestro santo Patrono Isaac Newton:

“[…] me comparo a un niño jugando a la orilla del mar, recogiendo aquí y allá una piedra más o me nos lisa, o una concha de rara belleza, mientras el gran océano de la verdad permanece completamente invisible a sus ojos.[…]”

Polución Lumínica en Antofagasta

Tomado de Marcapasos

No sé si las grúas iluminadas instaladas en la costa de Antofagasta violan la Norma de Emisión para la Regulacion de la Contaminación Lumínica. La Oficina de Protección de la Calidad del Cielo determinará esto. De ser así, la ciudad deberá pagar una multa y nuestro alcalde tendrá que explicar por qué decidió faltar a la ley y comprometer nuestros ya magros recursos al hacerlo.

Más allá de aquello me preocupa oír del líder de la capital astronómica del mundo que Paranal no ha dado nada a la ciudad o a él. Discrepo, pero incluso si nuestro alcalde tuviera razón ¿sería ello una razón para despreciar el problema de la CL (contaminación lumínica) generada por nuestra ciudad? Los cielos de la II Región son los más claros del planeta. Cada haz luminoso enviado hacia ellos los ensucia un poco. Hacerlo es como arrojar petróleo a las aguas más limpias del globo, o como poner un vertedero de basura en la Antártica, o como talar cada día un par de árboles de los bosques del Amazonas. Cada una de esas reservas naturales custodia un patrimonio planetario. ¿Quién debe cuidarlas sino quienes viven en torno a ellas? En el país más rico del mundo no gozan de cielos más limpios que los que tenemos a escasos kilómetros de nuestra casa, y por lo tanto nadie en la Tierra está más cerca de la puerta de entrada al Universo que quienes habitamos en esta región. Podemos mantener abierta esa puerta o cerrarla, pero si la cerramos lo haremos no sólo para la gente de nuestra zona sino para el planeta completo. ¿Queremos esta negra fama mundial?

grua con polucion luminica

Nuestro alcalde sugiere que preocuparse de la CL significa un retorno a recursos del pasado. Con ironía se pregunta si acaso debería iluminar los monumentos con chonchones. Nada de eso. Preocuparse de la CL significa un paso al futuro. Abordar el problema de la iluminación urbana desechando luminarias ineficientes que desperdician la mitad de la energía que consumen; utilizar distanciamientos apropiados para no sobreiluminar espacios; apagar o atenuar luminarias en horas en que nadie transita para usarlas; estudiar los ángulos de iluminación de monumentos para lograr un equilibrio entre estética y una CL controlada; todo esto es un problema complejo, dificil, que teniendo un efecto directo en nuestra calidad de vida pide que nuestras autoridades se informen y se asesoren de equipos técnicos de alto nivel. Otras maneras son fáciles y cortoplacistas; vestidas de modernidad en realidad encierran métodos anticuados y soluciones mal diseñadas. ¿Le importa esto a la señora Juanita en su casa? Seguro. La siguiente vez que atravesemos una situación de racionamiento energético o que nos suban la cuenta de la electricidad debiéramos preguntarnos si habiendo usado la energía de manera más eficiente ello se podría haber evitado.

Aún creo que Antofagasta está a la altura del desafío que su situación de privilegio a nivel mundial le plantea. Esperemos que nuestras autoridades así lo prueben.

(Carta enviada a El Mercurio de Antofagasta el 24 de abril de 2007)