Santiago

Nadie los vio venir. Solo unos silbidos lejanos, que fueron haciéndose cada vez más audibles. Un rumor que hizo que los santiaguinos salieran a sus balcones buscando un lejano avión, o un temblor quizá, de esos tan comunes en estas tierras. De pronto esos mismos santiaguinos se vieron envueltos en monstruosas bolas de fuego que […]