La primera novela steampunk chilena

Texto de Sergio Meier publicado originalmente en su blog. Octubre 2007.

¿Qué pasaría si el más grande de los científicos de la historia, Isaac Newton, viviera en un Universo paralelo dominado por la realidad virtual, astronaves mutantes y ordenadores cuánticos? ¿Qué obra revolucionaria sería capaz de concebir su mente?

Esta es la premisa que da pie a la trama de “La Segunda Enciclopedia de Tlön”, la primera novela steampunk publicada en Chile. Construida como una Babel de Universos Paralelos, el sueño o la pesadilla borgiana es desatada en un imperio barroco de alta técnica, en que se combinan anárquicamente diversas épocas, ciencias y filosofías. El romanticismo del siglo XIX, el pensamiento iluminista del siglo XVIII, la magia medieval y renacentista, las teorías de cuerdas y de membranas, el paradigma holográfico, el metapensamiento, y una relectura científica, en clave de física cuántica, de la alucinante mitología de William Blake.

La trama:

Una gigantesca astronave art-decó mutante se materealiza fuera de las rutas conocidas en la galaxia. Su capitán, como una especie de nuevo Achab, navega junto a su tripulación desde hace muchos años estelares, buscando en lo profundo del espacio una vasija que contiene al misterioso dios de una cultura extraterrestre…

Mientras tanto, en otra realidad alterna a principios del siglo XXI, en la Tierra, Quillota (una oscura provincia perdida al fin del mundo), un grupo de misteriosos personajes, conocidos como “Los alquimistas de la Matriz”, buscan escapar del laberinto sin fin de mundos soñados en que constantemente despiertan.

Otro Borges, mencionado aquí como “el Maestro”, guía con su obra (desperdigada a propósito entre las páginas de diversos libros antiguos) a los “Alquimistas de la Matriz” (que combinan tecnología de punta con viejos códices de filosofía idealista).

En la realidad primaria de la novela, Isaac Newton, cuando niño uno de los escasos sobrevivientes a la explosión de un crucero interplanetario (una especie de catástrofe del “Hindenburg”, en el que parecen estar involucradas Inteligencias Artificiales), no sólo ha logrado descubrir el mecanismo para que las naves viajen de forma segura a través del hiperespacio, sino que ahora ha enviado la primera sonda de exploración a un verdadero agujero negro en el centro de la galaxia, y su hipótesis de lo que encontrará allí causa revuelo en la Real Sociedad Científica (a la que pertenecen, entre otros, su mejor amigo, el cardenal Halley y su archienemigo intelectual, el místico Gottfried W. Leibnitz).

Huérfano tras la destrucción del “Ciudad de Argel”, Newton ha sido educado por la Sociedad Científica del Imperio, siendo vigilado cuidadosamente por las I.A., que pretenden valerse de su genio para sus propios y oscuros fines. Leibnitz (que tiempo atrás llegara por otras vías a resultados similares a los de Newton y sus Matrices de Realidad Virtual) ha desarrollado, valiéndose de la antiquísima cábala hebrea, una teoría revolucionaria sobre la existencia de la conciencia y el verdadero funcionamiento del Universo, a la que llama “Mónada Holográfica”.

Una mujer, miembro de los Alquimistas de la Matriz, desaparece misteriosamente, pero deja un rastro hacia el universo original y definitivo anunciado por el Maestro. Es seguida por un grupo de escogidos (los Hablantes y los Trazantes ), desembocando en un Londres decimonónico en el que enfrentarán -bajo la forma múltiple de Jack el Destripador, un niño prisionero de la segunda guerra mundial, un monstruo de fuego y el doctor Smith de “Perdidos en el espacio”- a un personaje virtual del mundo superior, y que les conducirá hasta un estado sobrehumano de conciencia.

La búsqueda de los tripulantes de la astronave mutante llegará a su fin, cuando enfrenten cara a cara al dios extraterrestre… En la realidad primaria, Newton y Leibnitz alcanzan a confirmar las más demenciales teorías sobre la estructura del cosmos y por último se transmutan en verdaderos demiurgos, a partir de una extraña mixtura de tecnología, física y los secretos de la cábala. Finalmente se producirá una lucha de ángeles y demonios, liderados por los dos genios. La épica batalla final (a la que arribarán también los Alquimistas de la matriz), a nivel de múltiples membranas de universos, remite a la barroca imaginería de Blake, añadiéndose revolucionarios conceptos cosmológicos sobre el principio y el fin de la Creación.

El paradigma holográfico en “La Segunda Enciclopedia de Tlön”

Thomas S. Kuhn, el célebre historiador y sociólogo de las ciencias, hablaba del cambio de paradigma en la perspectiva científica; pues bien, en “La Segunda Enciclopedia de Tlön” está ejemplificado literariamente dicho cambio. Parafraseando la “Mónada Jeroglífica” de John Dee, el concepto de la “Mónada Holográfica” que hemos acuñado es una síntesis para el sentido final del universo, de nuestra conciencia.

En los últimos años se ha ido perfilando la idea de que la materia puede estar formada por ondas electromagnéticas (teoría de cuerdas), que nuestros cerebros interpretarían como una realidad “sólida” del entorno, cuando de hecho se trataría de una serie de impulsos que generan ante nuestros sentidos una realidad virtual, de manera casi idéntica a como lo hacen los ordenadores.

Desde que el neurocirujano Karl Pribram II observara que la memoria estaría almacenada de forma holográfica en el cerebro humano, y de acuerdo a que la naturaleza reproduce a distintos niveles su estructura, los científicos empezaron a suponer que el universo entero podría tratarse también de un holograma.

Fue al encontrarse Pribram con la obra del gran físico y discípulo de Einstein, David Bohm, cuando el paradigma holográfico comenzó a tomar fuerza. Lo que le fascinó al neurocirujano fue el aspecto del “holomovimiento” descrito por Bohm: “Desde Galilei hemos observado el mundo a través de lupas: con telescopios y microscopios. Nuestra propia tendencia a objetivar modifica aquello que esperamos ver. Queremos ver los contornos de un objeto, que por un momento la aparente realidad se detenga, aunque su verdadera naturaleza pertenece a otro orden de realidad, a otra dimensión en la que las “cosas” no existen. Es como si enfocáramos nítidamente lo “observado” como si fuera una diapositiva, aunque, en realidad, la representación más exacta sea borrosa.”

Las consecuencias del encuentro de estas dos teorías, una de la estructura del universo, y otra del funcionamiento del cerebro, son absolutamente revolucionarias, pues aúnan la física, la filosofía y la religión como nunca antes en la historia, permitiéndonos tener acceso a un “metapensamiento”, es decir, a la capacidad de “sintonizar” nuestra mente (holográfica) con la información total del Universo (también holográfico), convirtiéndonos literalmente en una especie de conciencia conectada a la información contenida no sólo en nuestro universo, sino además a la de todos los demás universos paralelos…

La revolución del steampunk

Muchos aún se confunden con la estética del steampunk, considerándola simplemente como una reposición o relectura de las tempranas incursiones de la ciencia-ficción a finales del siglo XIX.

La diferencia entre la obra de Wells y Verne con el steampunk, estriba en que los primeros estaban creando una obra absolutamente moderna para su época, y donde su estética, con esotéricas maquinarias de hierro, cobre y latón, a hélice y a vapor, era igualmente futurista. El steampunk, en cambio, pervierte conscientemente aquella edad, creando una provocadora nueva estética, al combinar la tecnología más avanzada de nuestra era con aquellos escenarios de un pasado idealizado; un metarromanticismo, si se quiere, que subvierte todos los géneros artísticos, en combinaciones insospechadas hasta ahora.

La actual corriente del Steampunk (junto a todos sus derivados) nos ofrece nuevos códigos de referencia para saber cuál será la tendencia de la literatura del siglo XXI.

Para empezar, podemos postular que toda la literatura se convirtió en ciencia-ficción desde hace cerca de doscientos años, cuando se introduce el actual paradigma de la ciencia en la novela “Frankenstein”, de Mary Shelly (primera obra que populariza el término “científico”, en contraposición al hasta entonces en boga “filósofo natural”).

Este nuevo paradigma “científico”, que vino a separar lo material de lo espiritual, lo visible de lo invisible, condicionó la narrativa, permitiendo la aparición del naturalismo y del realismo. Desde este punto de vista, la literatura de ficción, la forma de contar los mitos, quedó determinada por tal forma de ver el mundo, convirtiéndose en su totalidad en ficción “científica”(o ciencia-ficción, en definitiva). Hoy en día, a principios del tercer milenio podemos detectar las señales de un nuevo cambio de paradigma, de weltenchauung, a partir de las últimas teorías de cuerdas y de membranas, el cambio de la percepción del tiempo debido a Internet, y los borrosos límites entre lo que es verdadero y falso por el auge de la realidad virtual.

Una alteración en la conciencia del cosmos que nos rodea se está produciendo, un nuevo paradigma en la historia de la evolución humana parece estar manifestándose: el paradigma holográfico.

Este nuevo modelo en la visión del universo parece concretar finalmente una explicación a las grandes preguntas de la humanidad: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos? ¿Qué estamos haciendo aquí?…

El Steampunk, en su irrealidad, su forma anárquica de contar los mitos, es el marco de expresión perfecto para hacernos tomar conciencia del nuevo paradigma, de que el universo es una proyección, y que el metapensamiento lo puede manipular, comenzar a cambiar, fundiéndonos a la inteligencia superior subyacente en él.

Bajo estas premisas, si existe un Dios, nosotros seríamos sus ángeles, destinados a ayudarle a completar la creación.

Newton, Leibnitz y el “paradigma holográfico”

Los personajes de Newton y Leibnitz no fueron escogidos al azar para ser los protagonistas de la novela.

El concepto del paradigma holográfico ofrece cierta similitud notable con la tradicional tesis de la Monadología del Leibnitz histórico. Específicamente, la concepción del filósofo plantea que todo lo existente está formado por agregados de mónadas (unidades), todas distinguibles y que pueden ser categorizadas desde las que no tienen conciencia hasta las que sí la poseen en diversos grados, reflejando cada una de ellas, desde un determinado punto de vista, la totalidad del universo.

Si rompemos una imagen holográfica en varios fragmentos, nos encontraremos con que cada uno de esos fragmentos reproduce la imagen original completa. De acuerdo al nuevo paradigma, cualquier aspecto del universo sería en sí mismo un Ser completo, un sistema independiente que contiene una memoria completa sobre sí mismo.

Sin embargo, el paradigma holográfico difiere en un punto importante con la monadología del Leibnitz real, ya que él considera que “las mónadas no tienen ventanas”. No hay comunicación intersubstancial, porque las Mónadas son materiales y sus movimientos son internos, psíquicos.

En cambio en el paradigma holográfico, “puesto que cualquier aspecto del universo se expresa mediante vibraciones y todas las formas de expresión en forma de onda se mezclan dentro del holograma principal, todo aspecto del universo tiene conocimiento del todo. Puesto que, además, cualquier expresión vibratoria de cada una de las unidades holográficas también es una manifestación de pura información, es de presuponer que cada uno de los aspectos tenga conocimiento íntimo de todos los demás aspectos individuales del holograma principal” (Fergusson).

En oposición a Leibnitz, y para alcanzar a descubrir y manipular los últimos secretos del Universo, alcanzando un próximo paso en la evolución mental y biológica, era necesario un genio de la talla de Isaac Newton. Sólo el padre de las leyes físicas básicas que permitieron el real desarrollo de la tecnología para la conquista del aire, el mar, la tierra y el espacio, sería capaz de semejante empresa.

© 2007, Sergio Meier.