Por un instante de vida

Nadie diría que esta tarde no es una tarde cualquiera. Los últimos rayos de Sol despuntan entre los tejados, tiñendo de reflejos dorados las cristaleras de algunos bloques. Una pareja de amantes disfruta del frescor crepuscular entre los arbolillos del paseo. En compañía de un perrito achacoso —el único amor de su vida—, una anciana alimenta a las palomas, que no pueden concebir mayor placer que el de ser beneficiarias de su soledad. Algunos amigotes se dirigen hacia su cervecería habitual, deleitándose en la perspectiva de una borrachera inminente. Mientras tanto, ajena a los ires y venires de la humanidad, la fuente de las ranitas de piedra continúa con su gorgoteo, llamando la atención de algunos niños por su aspecto resultón. Definitivamente, nadie diría que este anochecer es diferente… Continúa leyendo Por un instante de vida

Anatema, Neal Stephenson

“La evolución de nuestras mentes a partir de fragmentos inanimados de materia es más hermosa y extraordinaria que cualquier milagro catalogado por todas las religiones del mundo en cualquier época.” – Fra Paphlagon

Anatema es básicamente el diario o bitácora escrito por un fraile en un monasterio futurista (aunque con muchas características medievales) de un planeta (Arbres) similar a la Tierra, mientras va descubriendo que todo lo que consideraba rígido y seguro se tambalea (en todos los niveles posibles, desde el más personal al más cósmico).

Eso, básicamente.

Pero el Criptonomicón es básicamente la historia de un matemático y un soldado durante la Segunda Guerra Mundial, y sus descendientes en la actualidad. Cualquiera que lo haya leído sabe que hay mucho más, terabytes de información y tramas y subtramas. Y aquí pasa lo mismo. Continúa leyendo Anatema, Neal Stephenson

Nunca he visto una araña

A veces, cuando estoy triste, vuelvo a escuchar las conversaciones. Es un arma de doble filo, porque cuando se acaban el silencio es más asfixiante que nunca, la soledad casi insoportable. Son grabaciones viejas, de hace diez años, incrustadas en preciosa cinta magnética, y cada vez que pongo una a correr me estremezco al pensar que pueda ser la última, que la cinta se rompa y toda una tarde de Sami hablando se esfume para siempre. Todo lo demás, la música y las películas, los libros y protocolos y fotografías, todo esta archivado y rearchivado y respaldado hasta la saciedad en las cajas de datos de la estación, pero la voz de Sami, su risa, sus suspiros, las palabras que saltaron el vacío hasta aquí, eso está en las cintas. Viejas cintas de cuando la estación fue inaugurada. Mucho antes del Fin. Continúa leyendo Nunca he visto una araña