Marlon

Pepe Kurtz: Recuerdo queríamos a Brando acá en el bote, queríamos recuperar a Brando, que llevaba siete años de prenda de guerra encarcelado en la Capilla Sextina, convertida en celda de la conciencia por los disciplinantes milenaristas. Pero los milenaristas no lo querían soltar. Estaban embelesados con la captura de Brando y lo hacían pasearse mirando el techo. Con la primera bajada de cuello amenazaban con agregarlo al Juicio Final. Mientras, afuera rodeábamos cómo sacarlo, cómo irrumpíamos sin rozar la capilla. Mas, seguido de arduas comidas privadas, de bajas recíprocas y de graves daños -y con atentados colosales durante los postres donde las llamas ensanchaban las sacristías- canjeamos a Brando por un Tiziano guardado en el mar bajo armamento, para cubrir expensas de gustos caros. Así, subimos a Brando al Harrier y le abrazamos la papada en la nave. Pero Brando venía difícil y contrariado. Venía con la boca mordida de ayunos y, al posarnos suave en la cubierta del Cittá Felice, mandó a escobillar su abrigo de sacos y soltó el racimo que traía en la lengua: Prescindiré de recepciones ni cancillerías. Prescindiré del alcohol, de las pastas, de los helados de asiento de alcachofa, de los propensos excesos al desengaño y de mis mujeres que me han crucificado. Pero no cruzaré el desierto para hacerme perdonar el oro del dolor que he infligido. No fornicaré, no me deleitaré. Ni me pondrán de rodillas. No quiero ni demostrar, ni sorprender, ni divertir, ni persuadir. Aspiro al fin de mí mismo en vida y sin la constatación de mi muerte. Nadie me volverá a ver en mil milenios. El tiempo se está acabando. Es serio: los dura sangre y las orugas de la miseria no cejarán hasta devastarme. Lo sé. A un mimo como yo no puede permitírsele vivo.

*Maquieira, Diego. Biografía oral del futuro de Chile. San Camilo Press, La Cruz, 2028.

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