Dormí cuatro horas y he despertado fresco como una lechuga. Me acompaña mi taza de café y estoy listo para continuar dónde nos quedamos anoche. Aquel día lunes en el briefing room del Precinto…
El sargento Conrad habló sobre varias denuncias llegadas durante la noche anterior relativas a Goosebump, quien pese a haber cumplido su condena aparentemente había vuelto a la andadas. Dada la naturaleza sobrenatural de este delincuente el sargento designó a Necrosis al caso junto a Sleepwalker. Eso me dejaba sin compañera y crucé los dedos para que no me endosaran a Continue reading «[Bitácora Metahumana]: Martes 19 julio 2005»
-¿Lo has hecho?
Josh se había sentido raro toda la mañana. Mejor dicho, toda la semana. Desde que habían hecho aquella última prueba en el laboratorio. Se sentía extraño. Ausente. Como si su vida fuera un déjà-vu constante. Le parecía haber visto antes al tipo de traje gris que les hablaba, pero claro, era un ejecutivo, y todos los ejecutivos que conocía usaban el mismo traje gris planchado y el mismo peinado engominado.
Erie Street 446, apartamento 513, quinto piso. Cuando gozo de algún tiempo libre me gusta ir caminando a la playa de la calle Ohio, sólo para contemplar el mar. Nunca entro al agua, sigo preguntándome cómo es que no sé nadar. Nadie se tomó la molestia en enseñarme y nunca creí que fuera útil, ¿para qué ir por debajo del agua si podías correr sobre ella?
Hay consenso en que lo que mejor caracteriza al mundo moderno, es el uso intensivo y masivo de la tecnología. Es tan amplia su penetración en la sociedad, que es difícil encontrar algún ámbito del quehacer humano en que se prescinda de ella, y entre los usuarios se genera un nivel de dependencia tal, que para muchos puede resultar inimaginable la existencia, si se ven privados de algunos de los tantos artilugios que nos acompañan en la vida cotidiana. Por otra parte, esta tecnología avanza a un ritmo tan vertiginoso, que nadie deja de sorprenderse -ni siquiera los especialistas- de la
El cuarto donde la niña estaba era un minúsculo cubículo sin ventanas donde apenas cabía el lecho donde permanecía postrada. Su existencia prolongándose tan solo debido al constante trabajo de máquinas a las que había estado conectada desde el momento de su nacimiento. Sumida en el silencio y la oscuridad, incapaz de mover un solo músculo, quizás destinada a una muerte temprana. Pero los años habían transcurrido y había vivido para llegar a ser testigo de esos días.
Confieso que hasta hace unas pocas semanas no tenía idea de la existencia de esta novela de 