En la forja de América se han dado muchos casos de caudillismo psico- trópico, ninguno tal como la historia de Evo Mauricio. Venido desde la identidad babilónica Testar en su vimana ofreció una solución definitiva al sufrimiento panindígena: huir hacia el futuro.
Era un momento (1920) en que Baricia, un pequeño pueblo del interior de América, se declaraba en bancarrota. La Confederación de Máquinas de Neumann (CoMaN), el verdadero dueño del país, decidió activar la Repartición de Pobreza. Enviando el contrato de propiedad, que había sido firmado el año 1320 d.c. por el emperador Groucho I, al organismo rector del comercio geológico-semántico, el Magisterio de Ladrones (Nantes, Francia), la CoMaN se aseguraba ejecutar las cláusulas 51 y 52, que eliminaba la magnetósfera que impedía el ingreso de tecnología de la Confederación. Mediante poderosos pulsos electromagnéticos ingresó y ordenó la expulsión inmediata de los nigromantes sepias, verdes y blancos. Con ello, también se entregaba el territorio para emplazamiento de un gigantesco astropuerto.

Evo Mauricio fue uno de los nigromantes sepias, alertado de su expulsión por el Vórtice de la Estrella, en Testar. Apenado consultó el Árbol de Sangre y concibió el futuro de su pueblo bebiendo de su savia roja. En su visión, Baricia no era más Baricia, no existía, y su gente dormía en su buche, frente a un precipicio, a salvo. Esperanzado volvió al país en su artefacto no-euclidiano, atravesando los cuatro mares temporales de la Antrosfera. Al llegar se encontró con una tierra asediada por zancudos y voladores eléctricos, que devoraban las montañas y bebían las lagunas, destrozándolo todo. Enfurecido, los eliminó con un mantra de secuencia infinita. Luego de convencer a otros nigromantes sepias, Jor-Gél, de Al’paz, Ardevass, de Suez, Cassotr, de Hletri, y Ramira, de Tierra-2, pudieron expulsar la invasión invocando entidades intraterrestres e irradiando con Beta-R a los invasores hasta la muerte. No obstante era inútil tal esfuerzo. La entidad de la Gran Mano bajó sobre el corazón de América y anuló la nigromancia, ensombreciendo vastos territorios psíquicos e inutilizando los colores sepias, verdes, blancos. Incluso el negro, el color más poderoso, tuvo su retirada hacia las esferas concéntricas del Alma.

Sabiéndose asediado, pero tranquilo, Evo Mauricio soñó un sueño gestáltico. Arropándose en la energía chamánica, que cada bariciano ostenta en forma potencial, les habló a todos para que vistieran la prenda que les regalaba a cada uno. Al despertar todos los habitantes se aplicaron el parche psico-temporal que los desmaterializó hacia un universo de bolsillo creado por Mauricio, despoblando Baricia y burlando La Gran Mano. La Confederación, materialista y poco dada a la reflexión inútil, se apoderó de Baricia en un festín de terraformación que duró sesenta años.

Evo Mauricio se transmutó en un gran sapo cornudo con la ayuda de sus amigos sepias, en otras latitudes. En el estanque de su universo de bolsillo, engulló a cada larva bariciana. Setenta millones de almas en gestación. Con un poderoso salto se proyectó al futuro, hacia el fin del mundo. Allí regurgitó la Ciudad del Borde, hecha de fibra de metal de araña, mirando hacia el cenit, despeñándose en la fractura del mundo que lleva hacia el corazón de diamante de la Tierra. Detenido el tiempo, la caída es irrelevante. Evo Mauricio y su pueblo duermen en la Ciudad del Borde del Fin del Mundo, respirando una vez cada cinco millones de años.