Saludo Navideño

Tres meses después del matrimonio, María seguía siendo virgen. Como si ser viejo y pobre no fuera suficiente, José era no sólo estéril, sino impotente, desde que una astilla de cedro se le había clavado justo allí (una lesión más común de lo que uno creería entre los carpinteros nazarenos).

Durante meses, la miserable pareja había rezado fervientemente por un favor divino, y esa noche por fin sus plegarias tuvieron respuesta. Al alzar sus rostros al cielo para alabar al Dios de Israel, una brillante luz verde llamó su atención. Vieron una estrella caer a la Tierra, literalmente (también la vieron unos pastores cercanos, y, mucho más lejos, tres sabios observaron el mismo fenómeno), a sólo unos kilómetros de distancia, en las afueras de Belén. Continúa leyendo Saludo Navideño