Unión de carne, sangre y huesos

Intentó abrazarla con todas sus fuerzas.

Su cabello que podía recordar claro, brillante y cálido a pesar del frío viento que venia del mar, ahora, teñido carmesí, estaba sumergido en un charco de sangre esparcida por la entrada trasera de la casa.

Como poder dilucidar tantos hechos que hubiesen derrumbado fácilmente a cualquiera. No era fácil asumir que toda su familia, yacía tumbada en las inmediaciones de la propiedad, sin explicación alguna, regadas como una caja de juguetes volcada por un infante, juguetes desarmados, cuyas partes jamás se volverían a juntar.
En el ambiente estaba ese hedor que le parecía familiar, pero no lograba identificar con exactitud, sólo le recordaba momentos o lugares, pero no conocía su procedencia. Podía imaginar aquel día, cuando tenía alrededor de once años, y su madre dijo encontrarlo abrazado a su perro, de cuya mitad trasera solo quedaba un rastro que cruzaba la carretera, y llegaba a la restante, entre los brazos del sollozante y embetunado niño. Era el apestoso olor a la tragedia, que en ese amanecer era más caliente y urticante que nunca. Sigue leyendo Unión de carne, sangre y huesos