Sistema Cerrado

A veces quiero un amanecer lluvioso, pero es la nave la que decide. Se supone que sabe lo que hace. Si hay mucho trabajo toca cielo despejado y uno de tres paisajes: montaña, ciudad o desierto. Los de montaña me gustan mucho pero son mejores los de ciudad, son más excitantes. Pierdes un poco de tiempo tratando de reconocer los edificios; al menos adivinar el país. La nave lo sabe. La nave no quiere que te pases el día con la duda en la cabeza y siempre al salir del baño te da los datos del amanecer. Estambul (Turquía), septiembre, por ejemplo. De vez en cuando es bueno para la moral ver ciudades y coches y casas y gente, pero hay que saber dosificar estas cosas o terminas deprimiéndote. Desesperándote. La nave lo sabe y por eso casi siempre tocan montañas o mar. Continúa leyendo Sistema Cerrado

El hombre que miraba al mar

Dicen que la casa del acantilado era habitada por la misma persona desde hacía más de cien años. Esas historias me impresionaban de pequeño igual que a todos los niños del pueblo. Cuentan que ese hombre salía todas las mañanas y se sentaba en un murito al borde del acantilado y se quedaba allí sin moverse hasta que se ponía el sol. Que lo único que hacía era mirar al mar. En el pueblo se manejaban todas las hipótesis posibles; decían que se había cansado de trabajar  y dedicaba su vida a la contemplación del mar, otros comentaban que miraba el mar porque éste se había cobrado la vida de su único amor, también se decía que estaba esperando el regreso de una persona importante o que cada uno puede hacer lo que quiera con su vida. La hipótesis dependía de a quién le preguntaras. Continúa leyendo El hombre que miraba al mar