No tenemos nada que envidiar, querido

Punto de inflexión: En marzo de 1951 Ronald Richter comunicó al presidente Juan Domingo Perón que los experimentos habían tenido éxito y el gobierno argentino anunció:

“El 16 de febrero de 1951 en la Planta Piloto de Energía Atómica en la Isla Huemul, de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica.”

-“Perú, Nueva sede del Peronismo”-Leyó el general en el periódico- ¿Qué te parece? El juego de palabras de Peruanos- Peronistas era algo que se veía inevitable, che. Continúa leyendo No tenemos nada que envidiar, querido

Gatos y zombies

Estuvo a punto de volarse los sesos a veinte metros de haber salido a cumplir su última misión. No lo hizo. No podía ser tan débil e imbécil. Tenía que vengarse de una vez, y no le importaba ni un comino la promesa de los mil años de paz. Se los podían meter por donde quisieran.

Las calles estaban vacías y, lo que había sido hermosas carreteras y ordenadas pasos residenciales, se asemejaban a senderos en el medio de un desolado desierto. “Sólo faltaban los pajarracos grandes para hacerlos Continúa leyendo Gatos y zombies

Vórtice

– Daniel, llévate a tu hermana en la camioneta…
– Pero papá, si yo no se…
– Ya se que en la noche sacabas las llaves. No vamos a discutir eso en este momento. Ándate con tu hermana  y cuando esto se calme nos juntamos.
– No quiero dejarlos, vámonos todos.
– Hazme caso que todo se va a arreglar.

Daniel sabía muy bien que no volvería a ver a sus padres con vida. La muerte de la madre era inminente. La infección del tobillo había derrotado a cada uno de los antibióticos administrados, esparciendo su color necrótico por toda la pierna hasta la zona de la ingle. Daniel también sabía que, lo que la había mordido no fue un perro. Continúa leyendo Vórtice

Algunos de los otros

Solía frecuentar la librería, además de por todas las rarezas inconseguibles, por el café y la comodidad de los sillones. Al entrar uno se encontraba con aquel espacio tan acogedor, la mesa de novedades, la bandeja con galletitas, los asientos con almohadones mullidos, y el mundo parecía cancelarse de repente, ahogado el ruido de la calle por las últimas reverberaciones de la campanilla de la puerta. Entonces saludaba al librero, elegía dos o tres libros y me sentaba a examinarlos en paz. Solía pasar por allí los viernes por la tarde, a veces –las menos, porque no me caían bien los clientes que iban ese día- los domingos pasadas la una o una y media, en los últimos remanentes de la Feria. Continúa leyendo Algunos de los otros

Un punto azul pálido

Mañana: alguna tontería en la NASA. Mil años más tarde: la revelación, el golpe. Un universo infinito, sondas y telescopios olfateando entre las estrellas. Hombres en Marte, en Ganímedes, en la negrura. Ciudades y plataformas, granjas solares, Mundos Anillos en obras, la Luna muerta, la Tierra herida, y sin embargo vida. Vida con un pero: sólo la nuestra. Ninguna respuesta desde ningún sitio, nada de nada. Solos. Completamente solos. Una bacteria en un asteroide, de vez en cuando, ¿pero y las naves? ¿Los invasores? ¿Los dioses, los monstruos y los misterios? Polvo y red shifting, y nada más. Resulta al cabo que somos los primeros. Las ruinas y las civilizaciones perdidas, los mensajes que flotan galaxia adentro, galaxia afuera, son todas nuestras, son todos nuestros. Depresión y existencialismo. Solos, solos, solos. Vacío y agujeros negros. Saberlo todo, y para nada. ¿Cuántos millones de años, hasta que haya otros? ¿Cuánto se puede esperar por alguien?

Por Guayec Perdomo.