La Torre


1981. Los que realmente tienen el poder no necesitan grandes despliegues de recursos para dar golpes de estado y reorientar la historia.
Ese día, el hijo mayor de Pinochet debía asistir a una reunión en las oficinas que el Chase Manhattan Bank tenía en la Torre Santa María. Pero en la mañana, recibió una llamada anónima a su línea privada ordenándole no asistir al meeting. Cuando Augusto hijo replicó con dureza, exigiendo saber quiénes lo amedrentaban, preguntando si acaso no sabían quién era él, desde el otro lado le respondió la voz de su propio hijo mayor, “los tíos preguntan si me pueden llevar ellos a la casa”.
El hijo mayor, del hijo mayor, del hijo mayor.
Ese año entró en vigencia la nueva Constitución de Chile, con unas pequeñas modificaciones de última hora referentes a una sutil frase que dejaba poco clara la jurisdicción del Estado sobre grandes extensiones de territorios adquiridos por privados.
Augusto hijo no murió, pero la señal era clara. Ese año Pinochet ingresaba a un Palacio de La Moneda restaurado y los poderes detrás del poder le recordaban que en cualquier momento podían hacer arder Chile de nuevo.

Cuatro cadáveres calcinados fueron encontrados entre los escombros del décimo piso. Eran los sobrinos mayores de cada edecán de Augusto Pinochet. Todos tenían una runa labrada con un objeto punzante en la frente, estaban amarrados con alambre de púas y sentados en el centro de una habitación que miraba hacia el oriente. En sus estómagos encontraron tierra de la décima región y las balas que debían usar para matar ritualmente a 7 integrantes del MIR en Neltume, Valdivia, de un balazo en la nuca como homenaje y señal de respeto.
La prensa de esos años nunca preguntaba por las demoras, falta de acceso a los lugares de los hechos y carencia de información de los organismos oficiales, y esa vez no fue la excepción.

2 comentarios en “La Torre”

  1. muy bueno eso de la tierra en sus vientres, the undead, los “creatures of the night” deben descansar en tierra natal, por lo cual siempre llevan consigo tierra de su lugar de origen… aca, en cambio, la tierra descansa en en ellos.
    ortega tiene razon…. muy adictivo esto.
    saludos

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