Genocidio

El mundo haciéndose pedazos ante mis ojos. En mis manos, deshaciéndose como un terrón de azúcar al apretar los dedos, los granos pegajosos se adhieren a la piel, causándome escalofríos de placer y desagrado. Luego el viento sideral se lleva todo vestigio de la existencia de la tierra. Al fin queda el vacío, el silencio, la paz. Un intenso dolor en la espalda. Humedad de saliva en mi antebrazo. Despierto

Pisadas

Hacia las afueras de Punta de Piedra hay un bar, allá lejos, en la extensión agreste que separa al pueblo de la carretera que va a Castillos. Se trata del único lugar que conozco ubicado la vez en más de un universo; mi abuelo iba a veces a tomar grappa con yuyos, acompañado casi siempre por uno de nuestros vecinos, un dentista cincuentón y viudo por el que yo tenía

El Primer Contacto

El gran momento había llegado. Sobre la amplia explanada habili­tada a propósito en las afueras de Nueva York, flotando ingrávidamente a sólo medio metro de altura, el gran disco volador aguardaba, indiferente hacia todo aquello que tenía lugar en torno suyo, a que llegara la hora del primer contacto físico entre la humanidad y una civilización extraterrestre.