Galileo Galilei: científico, ingeniero e inventor

Con frecuencia se percibe a la ciencia y a la tecnología como actividades similares, responsables ambas, del vertiginoso avance del conocimiento de la humanidad y del progreso material que caracteriza a la vida moderna. Sin embargo, se trata de dos disciplinas diferentes, tanto en su forma como en su esencia. La ciencia es una actividad humana que centra sus esfuerzos en el descubrimiento de las leyes que gobiernan a la Naturaleza, a diferencia de la tecnología, la cual utilizando el conocimiento que genera la ciencia, crea aplicaciones concretas que permiten el desarrollo de la humanidad.

Por tratarse de dos actividades diferentes pero cercanas, es inevitable que surja la discusión acerca de cuál de las dos es más importante. Incluso muchos profesionales de ambas áreas se afanan en destacar la relevancia de su propio quehacer, como lo hacía Theodor von Kármán (ingeniero aeronáutico norteamericano de origen húngaro) quien acuñó una frase célebre que refleja esa supuesta rivalidad: “el científico descubre lo que es; el ingeniero crea lo que nunca ha sido”. Pero la controversia sobre la preeminencia de alguna de ellas carece de sentido, ya que lo relevante es que ambas disciplinas se complementan, y son las dos, trabajando en conjunto, las que permiten el avance de la civilización.

Por otra parte, y a pesar de las claras diferencias que existen entre la ciencia y la tecnología, muchas veces la frontera que las separa no es muy evidente. Así, es posible ver a tecnólogos haciendo descubrimientos y a científicos realizando inventos, aunque esta dualidad actualmente no es un hecho frecuente, debido al alto nivel de especialización que ha alcanzado el conocimiento humano. Pero en los orígenes de la ciencia moderna (a partir del siglo XVII) la situación era distinta. En esa época era habitual que los científicos, filósofos de la naturaleza como se les llamaba entonces, tuvieran que inventar sus propias herramientas para abrirse camino en ese desconocido territorio que comenzaban a explorar. Basta con recordar a Isaac Newton y su telescopio reflector, a Christian Huygens y su reloj de péndulo o la calculadora universal de Gottfried Wilhelm Leibniz, entre innumerables otros ejemplos.

El genio de Galileo Galilei

Sin embargo, entre los pioneros de la ciencia hay un caso especial, y este corresponde a Galileo Galilei (1564-1642). Este físico, matemático, astrónomo y filósofo italiano, unánimemente considerado el fundador de la física experimental (quizá si el primer científico moderno), fue también un brillante ingeniero e inventor. Y lo que resulta particularmente interesante es el hecho que muchas de sus invenciones no estaban circunscritas a la esfera de su quehacer científico inmediato (como ocurría con sus otros colegas), sino que correspondían a creaciones para uso cotidiano, destinadas a facilitar la vida de las personas.

Galileo Galilei nació en Pisa, en el seno de una familia más bien modesta, y desde pequeño se destacó no sólo por su brillante inteligencia, sino también por poseer una gran creatividad y un innegable talento para las actividades manuales. A los once años de edad, cuando estuvo internado como alumno en la abadía de Santa María di Vallombrosa, se entretenía arreglando relojes y otros artilugios mecánicos. Esta habilidad lo acompañará por el resto de su vida y lo transformará – junto con alcanzar las más altas cimas del saber en las ciencias físico-matemáticas – en un fecundo inventor. Una balanza hidrostática (bilancetta) que medía la densidad de fluidos y metales; un mecanismo hidráulico que permitía elevar el agua para facilitar el riego, el termoscopio (antecesor del termómetro); la transformación del “tubo mágico” inventado por los holandeses en el telescopio; nuevas herramientas y formas de trabajo en los arsenales de Venecia, entre muchas otras realizaciones, son un muestra de su extraordinario talento creativo.

Inventos notables

Sin embargo, de todas sus invenciones hay dos que se destacan de manera especial. Uno de ellos, a la vez curioso y poco conocido, fue el Celatone, un extraño casco-máscara provisto de un pequeño telescopio (dispuesto en uno de los orificios oculares) destinado a observar al planeta Júpiter, y que permitía calcular la Longitud terrestre, mediante el cronometraje de los eclipses de las cuatro principales lunas jovianas (Io, Europa, Ganímedes y Calisto). Estos satélites fueron descubiertos por Galileo utilizando el telescopio, y después de estudiar su movimiento durante meses, pudo determinar con tanta precisión sus órbitas y eclipses, que podían ser utilizados como candelas estelares, para el cálculo horario necesario en la determinación de la Longitud terrestre.

El otro invento relevante fue el Compás Geométrico Militar un instrumento que permitía hacer cálculos matemáticos (se puede considerar un lejano antecesor de nuestras calculadoras). Se trataba de un compás de dos brazos, con varias escalas graduadas que permitían realizar una infinidad de operaciones aritméticas y geométricas. Fue tal el éxito de este instrumento que junto con patentarlo, lo produjo comercialmente, contratando a un operario que trabajaba a tiempo completo en su fabricación. Además dictaba cursos para enseñar su manejo y publicó un manual para explicar su uso. Con gran olfato comercial y publicitario, regaló el Compás a gobernantes y a encumbrados personajes, dándolo a conocer en otros países, lo que redundó en un incremento importante en las ventas y en la demanda por capacitación. Pero el éxito del Compás despertó el apetito de inescrupulosos, lo que envolvió a Galileo en una ácida disputa legal, cuando fue acusado de plagio por un ex alumno que intentó apropiarse de su invención. Afortunadamente en la corte triunfó la verdad, y el verdadero plagiador fue expulsado de la ciudad y obligado a pagar las costas del proceso.

A la luz de todos estos antecedentes, vemos que la aguda genialidad de Galileo Galilei excedía con creces al plano exclusivamente científico, destacándose también como un preclaro ingeniero e inventor. Y por desenvolverse con propiedad y excelencia en ambos mundos, en justicia, no sólo debe ser reconocido como el fundador de la ciencia moderna, sino también como uno de los precursores de la moderna tecnología.

Imagen: Men of Science Past and Present