Esta entrevista la realizó Gabriel Mérida en el marco de la visita de Miquel Barceló a nuestro país el pasado noviembre de 2006.

Catalán irreductible y famosísimo editor de la COLECCION NOVA, la más importante del mundo para la Ciencia Ficción en castellano.
Por variadas razones no habíamos podido entregárselas con anterioridad, pero se dió naturalmente hacerlo en este número de celebración. Es bastante extensa, pero estamos seguro que la ocasión, el invitado y el contenido lo ameritan con creces.
La visita de Miquel Barceló a Chile es un hito histórico en el registro de la CF nacional. No todos los días puedes contar con la presencia del más importante de todos en tu pueblo, cenar con él, conversar y discutir alegremente sobre los temas que nos unen.
Esta conversación tuvo lugar antes de conocerse el resultado del UPC y antes de que Ediciones B de España decidiera publicar YGDRASIL en esas tierras, así que algunas reflexiones podrán sonar un poco fuera de tiempo, pero nada de eso le quita brillo al conjunto.

Con mucho orgullo, les entregamos este diálogo histórico entre Miquel y Gabo entre los andenes de la Estación Mapocho, durante el viernes 3 de noviembre del 2006.

enjoy it!!!

M: Partamos ¿Por qué dices que Ygdrasil es la revolución de la ciencia ficción en español?

B: He leído bastante de la ciencia ficción que se hace al menos en España, entonces cuando lees Ygdrasil te das cuenta de que hay un tono distinto. Desde el punto de vista literario, desde el punto de vista de la temática, la novela sorprende mucho. Es una ruptura, casi una revolución. Me parece sumamente original, porque a veces se copian modelos anglosajones, y otras veces se hacen modelos autóctonos, pero no con el poder y la fuerza de escritura que tiene Jorge Baradit.

M: Temáticamente, ¿qué fue lo que más te gustó de la novela?

B: Hay una cosa que sorprende, eso llamado cyberchamanismo. Yo creo que es una etiqueta, pero no la describe totalmente. Hay cyber, hay algo de chamanismo, y hay una interrelación curiosa de política con tecnología y religión… Hay muchas cosas que hacen muy rica la novela.

M: Como editor, ¿qué ocurre cuando te gusta una obra pero no estás seguro de publicarla?

B: El problema es que en España Jorge Baradit es un nombre que no pertenece al fandom español, con lo cual no lo van a acoger necesariamente bien, porque a pesar de todo, somos muy egoístas. Resulta que podrán decir: “¿Por qué publicas a un tío de Chile y no a un tío de España?” Mi respuesta es: porque la novela del tío de Chile me gusta más. Pero ahí puede haber un hueco, y el problema es que si yo me arriesgo a publicar Ygdrasil en España y vende menos de lo que ha vendido en Chile, sería un fracaso. Pero lo estoy pensando, le estoy dando vueltas.

Toda la CF

M: Hoy la ciencia ficción es un nicho de mercado. ¿Eso la perjudica o le otorga riqueza?

B: Como literatura la perjudica, porque el lector habitual de mainstream no quiere condescender a leer ciencia ficción. Le parece algo inferior, lo que no es cierto. Dan Simmons, Connie Willis, Neal Stephenson, William Gibson, no son literatura inferior ni mucho menos. Pero ese estigma queda. Y por otra parte, desde el punto de vista de un editor, la etiqueta, al menos en ciertos países, garantiza un umbral mínimo de ventas. Hay un núcleo de lectores que suelen leer toda la ciencia ficción que se publica, con lo cual es difícil que un libro sea un fracaso absoluto. Digamos que hay libros de literatura general, estilísticamente muy buenos, que se presentan en el mercado, y venden quinientos ejemplares en España, lo que es un fracaso. Incluso el que menos me ha vendido de autor español ha superado los mil ejemplares. Cualquier libro del género debería vender en España un mínimo de dos mil ejemplares. Pero además tiene un techo: conseguir que un libro de ciencia ficción supere los diez mil ejemplares, ocurre en casos muy especiales.


M: ¿Qué opinas sobre el cruce reciente entre la literatura más realista y la ciencia ficción? Pienso en Houellebecq, en Ishiguro, en Philip Roth, considerados “serios” por los críticos.

B: Hay quien decía hace unos años “la ciencia ficción ha muerto”, por la caída de todas las predicciones que se habían hecho. De alguna manera la realidad tecnocientífica va llegando y tomando esos campos, por lo que deja de ser ciencia ficción y pasa a ser mainstream. Se entiende que algunos lectores que nunca quisieran aceptar ser etiquetados toman temas de ciencia ficción y lo ponen en sus novelas. Ya lo hacía Doris Lessing, ya lo hacía Margaret Atwood, por qué no han de hacerlo otros. También ocurre que en ciencia ficción mucha gente tiene miedo a hacer especulaciones a doscientos años vista, porque el ritmo de cambio tecnológico y social es tan alto, que cualquier especulación va a quedar ridícula en seguida. Incluso se está especializando en lo que llaman near-fiction, el futuro cercano. Si la ciencia ficción hace eso, qué menos que la gente que trate de la novela de hoy, mainstream, digamos, movido por los grandes cambios tecnocientíficos (pero también sociológicos condicionados por la tecnociencia), de alguna manera también se metan con temas de la ciencia ficción.

M: ¿De dónde pueden venir nuevas fuentes para refrescar el género?

De cosas raras, como el cyberchamanismo de Baradit, o de gente queriendo recuperar su propia cultura. En todo el mundo hay dos maneras de escribir ciencia ficción: una a la estadounidense, y otra utilizando la cosmogonía, la cosmovisión y la cultura propia. Eso es algo que puede venir de fuera de Estados Unidos, pero lo que pasa es que estamos muy colonizados por el imperialismo, vemos su cine, vemos su televisión, tomamos su Coca-Cola, comemos sus hamburguesas, y también leemos sus libros. Pero incluso en el mundo de los estadounidenses lo que a mí me interesa más es la ciencia ficción que escriben las mujeres, en la línea que empezó tal vez Ursula K. Le Guin con La mano izquierda de la oscuridad, siguió Joanna Russ con El hombre hembra, y que han seguido gente como Sheri Tepper, o Eleanor Arnason con Círculo de espadas.

M: ¿Se trata de ciencia ficción más femenina?

B: Yo no diría eso. Diría una ciencia ficción que especula con futuros o con sociedades distintas. donde el reparto de poder no es el que se da en nuestra sociedad. En nuestra sociedad hay un dominio del varón bastante claro. Aunque las mujeres como parte de la revolución feminista del siglo XX están llegando a círculos de poder, están llegando haciéndose masculinas. Entonces hay gente que dice que hay que contemplar otro tipo de sociedades, que no sean de raíz patriarcal, como es la nuestra. Y en esto hay algunas mujeres que lo están haciendo brillantemente. Además, si la ciencia ficción tiene que hacer lo que a mí me interesa, provocar al lector, sugerirle ideas, hacerle pensar que su mundo no es el único que puede haber, que hay otras alternativas, que la alternativa tenga en cuenta al cincuenta por ciento del género humano me parece muy importante.

M: ¿Hay diferencias de calidad entre la ciencia ficción en español y la anglosajona?

B: Para mí hay sólo una diferencia, en calidad no tiene por qué haberla.
Lo que ocurre es que en el mundo anglosajón hay profesionales. Robert Sawyer sólo vive para escribir ciencia ficción. Puede escribir una novela al año, y en su vida publicará, pongamos por caso, cuarenta, cinco podrán ser obras maestras, cinco más que serán mediocres y otras que serán muy malas. El autor que escribe en español que suele tener una profesión y escribe como un hobby, tiene un problema muy serio, y es que, o le suena la flauta por casualidad a la primera vez, o bien no publica el segundo libro. Esa profesionalización del mundo anglosajón en España no se ha conseguido. El autor español ya puede estar contento si publica veinte novelas. En España sólo tenemos a Domingo Santos, que empezó a escribir en los años sesenta, es un poco nuestro prócer, como Hugo Correa puede serlo aquí.

M: ¿Qué ves en las dragonadas que se están lanzando, orientadas principalmente al público juvenil?

B: Hay un problema con eso. La fantasía heroica como género surgió de la ciencia ficción. El señor de los anillos no, pero sí DarkOver de Marion Zimmer Bradley y Terramar de Ursula K. Le Guin. En algún momento los editores de Estados Unidos se dan cuenta de que pueden separarlos. Muchos de esos son dragonadas, copias malas de Tolkien, pero hay muchas otras que están muy bien; de hecho en Nova a principios de los noventa en España sacamos una colección que se llamaba Nova Fantasía, llegamos a publicar treinta títulos, más pensados para adultos que lo que hacía la Dragonlance o lo que publicaba Timun Mas. En ese momento no es lo que pedía el mercado, lo que ocurre es que ha ido cambiando, y ahora el mercado pide fantasía, los editores de ciencia ficción en España están orientándose más a lo que llamarías fantasía, y te encuentras con que autores de los más nuevos que escriben fantasía. Javier Negrete, que publicó La mirada de las furias, que se tradujo incluso al francés, lo último que ha publicado es Los Señores del Olimpo, porque él es profesor de griego en el Instituto, habla de Zeus y de los dioses. Rafael Marín ha publicado Bienvenido Mr. Chaplin, que va de Charlotte y de Sherlock Holmes, y lo último publicado es Jugalar, sobre el Mío Cid, y es un autor de ciencia ficción que publica novela histórica. León Arsenal, que ganó el premio Minotauro hace tres años, ahora acaba de publicar un libro sobre las sociedades secretas. Supongo que intenta profesionalizarse y ampliar el mercado. De todas formas soy de los que creen que la ciencia ficción da para mucho más, intelectualmente y especulativamente, que la propia fantasía.

M: ¿Conoces más del panorama de la ciencia ficción en Latinoamérica, fuera de España?

B: Hace tiempo que no se conoce demasiado. Yo conozco cosas de Argentina, o las conocía más hace quince o veinte años. Ahora no tengo contacto más que con una o dos personas. De Chile ahora he tenido que estudiar un poco en los últimos tres meses de cara a este viaje. De alguna manera conozco algo de México, estuve hace un par de años allí con gente del género, y en principio diría que no soy en absoluto experto de la ciencia ficción latinoamericana. Diría que tuvo momentos mejores, al menos si hablamos de Argentina o México. Así como en Chile parece que hay una cierta efervescencia, un cierto rebrotar, me parece que en otros sitios no está tan claro.

M: ¿Qué te pareció la publicación de Cosmos Latinos, de Andrea Bell?

B: No la he leído entera, aunque he visto algunas cosas. Lo que me parece muy valioso es que es latino, y en Estados Unidos hay muchos latinos. Los más egoístas son los estadounidenses, les cuesta mucho adaptar o intentar entender cosas de otra cultura. Tienen esa visión de que el mundo se acaba en ellos mismos. Orson Scott Card hace cinco años intentó hacer un proyecto de publicar una colección con novelas de otros países, traducidas, pues él viajaba mucho, conocía otra gente. Y una persona como Card, con el peso que tiene en el mundo editorial, con lo bien que se venden sus libros, no sólo en el mundo anglosajón, no lo consiguió. Porque a los norteamericanos lo que se haga fuera de Norteamérica no les importa. Entonces el libro este, Cosmos Latinos, tiene la ventaja de que se refiere a algo cada vez más creciente, si los latinos están creciendo cada vez más y en Nueva York se pueden leer todos los anuncios en español. Entiendo lo de Cosmos Latinos; me sorprendería mucho más si publicaran un libro de ciencia ficción francesa o italiana o alemana.

M: ¿Qué sorpresa o decepciones o impresiones te causó la lectura de Años Luz?

B: Me parece que está muy bien construido, está haciendo un panorama amplio de la ciencia ficción chilena. Yo entiendo que lo de las primeras décadas es una proto ciencia ficción, con autores de literatura más bien general, que tocan temas que son raros en la literatura general y por eso tienen la etiqueta de ciencia ficción. Me parece que en el mundo latinoamericano partir desde los años ’50 o ’60 se da el género como tal. A mí me parece que es muy rico, ofrece como treinta autores, y que empieza con gente que está muerta y con gente terriblemente joven que todavía tiene mucho camino por correr. Han procurado hacer una selección literariamente decente. En la ciencia ficción, demasiadas veces por desgracia, en pro de la idea se pierde la mínima calidad literaria. Pero este libro da una idea bastante clara de la ciencia ficción chilena, y sobre todo en el último período da un poco la línea de las tendencias de lo que se está haciendo ahora, de lo que esta probando, digamos gente como tú, como Soledad Véliz, como el mismo Baradit y otra gente.

Autores de Ciencia Ficción

M: Eso de que se pierda el espesor literario en busca de la idea, ¿es algo muy dado en la ciencia ficción?

B: La propia ciencia ficción nació como género con Hugo Gernsback y la revista Amazing Stories, que comienza a hacer relatos que en el fondo son los mismos que él había metido en las revistas de electrónica, en donde decidió que también podía ir un cuento mostrándonos el futuro con maravillas tecnológicas. Esa es la ingenuidad del técnico que quiere escribir una narración, y entonces ésta está vinculada a potenciar la idea. Esto sigue con las revistas pulp que son bastante así, Asimov, Clarke, los grandes padres que conoce todo el mundo. Y cambia en los sesenta con la revolución de la New Wave que dice que hay que atender también a lo literario. Hoy tienes a gente como Gibson, como Dan Simmons, como Neil Stephenson, como Connie Willis: ese nivel literario existe. Fíjate que estoy citando siempre autores anglosajones, porque son un referente común de todo el mundo, porque vosotros en Chile seguramente no conocéis a los autores españoles, como la mayoría de los españoles no conocen a los autores de Chile. Claro, me habré leído un par de cuentos de Correa publicados en Nueva Dimensión, habré leído Ygdrasil, habré leído los cuentos de Años Luz, pero eso no quiere decir que pueda etiquetar su nivel.

M: Recomiéndanos tres o cuatro autores del mundo español, ojalá jóvenes.

B: En España a los autores jóvenes no los conozco tanto, conozco más a los de cuarenta, aparte de a los viejos del lugar, como Domingo Santos que sigue escribiendo. Eso como clásico, Gabriel Bermúdez Castillo como otro clásico. Los ya asentados y conocidos que incluso ya han escapado de la ciencia ficción y se han dedicado a publicar en otro tipo de género, para ampliar el mercado. Elia Barceló, César Valentín. Y que se mantuvieran hasta hace poco en la ciencia ficción, pues está Elías Javier Negrete, Rafael Marín, Rudy –Rodolfo- Martínez, y el que a mí me parece más potente, Juan Miguel Aguilera. Es el único autor que he publicado en Nova que ha vendido tanto o más que cualquier novela de autor estadounidense. Es La Locura de Dios, de la que luego vendimos los derechos en Francia, y sus novelas salen ahora antes en francés que en español, lo que es inédito.


Derecho de autor y edición

M: Hay muchos aficionados que leen libros en formato electrónico, ¿qué opinas del tema de los derechos de autor en la época actual, debería revisarse?

B: Además de editor y de escritor de ciencia ficción soy profesor en la universidad y precisamente uno de los temas que trato con los estudiantes de la facultad de informática es el impacto social, la ética. Uno de los tema que cada cuatrimestre discutimos es el derecho de propiedad intelectual. En el fondo, estos se siguen basando en el convenio de Berna de 1887, que está referido a una tecnología distinta. Walter Benjamin, ya en 1931, hizo un opúsculo hablando de los derechos y del arte, La época de la reproducción automática. Como de un cuadro se puede hacer una reproducción casi tan fidedigna como un cuadro, el mercado del arte depende de esa individualidad del cuadro, entonces cuando tienes una reproducción hecha con medios tecnológicos, de la misma calidad… Yo creo que todo esto va a tener que cambiar. Lo que hizo Shawn Fanning con Napster en 1999 cambió las reglas del juego, primero en la música y luego en el cine, en los libros. Ahora hay movimientos, Google está intentando crear una biblioteca universal, escaneando libros, está el problema de los copyrights, pero los libros que ya no tienen derechos de autor se pueden encontrar. Falta perspectiva histórica, pero va a haber cambios para las leyes de propiedad intelectual. Claro, como editor eso me puede caer mal, pero la realidad es la realidad, uno no puede negarla, y eso va a cambiar seguro. En la Universidad estamos usando cada vez más el tipo de licencia Creative Commons, por el tema académico, por artículos. Yo entiendo que las grandes multinacionales del cine, del disco, se puedan defender, pero me parece que tienen difícil defensa. Estamos hablando de un concepto de propiedad intelectual que es obsoleto para la tecnología de hoy.

M: Esta amenaza también podría servir como oportunidad, para que los escritores se encuentren con sus lectores además de la publicación en grandes editoriales. ¿Qué rol juegan en esto las editoriales pequeñas y la autoedición?

B: A todo autor profesional no le gusta la autoedición, porque significa que nadie como editor externo ha alabado mi obra como para publicarla, entonces yo me la publico. El tema es que en internet hay muchas cosas, lo que no significa que la gente las pueda encontrar. Por ejemplo hasta hace dos meses yo no sabía que había una cosa llamada TauZero en Chile. Posiblemente va a crear un problema pero por otro lado dará la oportunidad de que algo que estaba reducido a un círculo de amigos se pueda difundir en un círculo de amigos no tan reducido, reducido pero global.

M: A grandes rasgos, ¿cómo se realiza el proceso de selección y edición de libros en Nova?

B: Yo no suelo preocuparme por lo que digan los agentes, pues estoy bastante contento con el mundillo de la ciencia ficción, entonces cuando aparece un título que me parece interesante en cualquier parte del mundo, pues lo pido. Me leo el libro, con lo que mi hobby está satisfecho. Entonces debo decidir si este libro es publicable en España. Tengo un cupo de diez libros al año, uno por mes, descontando agosto y enero. De una oferta muy grande, entonces, debo seleccionar. Hay libros que no me gustan y no publico. Luego también hay libros que me gustan y no publico, como te comentaba sobre Ygdrasil de Jorge Baradit, que me gusta, pero el hecho de que a mí me guste no garantiza que se vendan los 4 o 5 mil ejemplares que Ediciones B quiere que se vendan. Y es lógico: el libro es un objeto de arte, porque vehicula una posible obra de arte, pero también es un objeto que se vende en el mercado, donde alguien ha invertido un capital y quiere obtener unos réditos, y punto. Si se hace toda la operación y el libro sale al mercado y vende quinientos o mil ejemplares, es un fracaso. Yo suelo pensar que el lector es tan inteligente como yo, y que si yo lo paso bien leyendo un libro, por qué el lector no, entendiendo que hay libros más fáciles y más difíciles.

M: De esos diez libros que se venden, ¿la mayoría son extranjeros?

B: En Estados Unidos sacan 250 títulos al año, entre ciencia ficción y fantasía, yo de los diez saco el premio UPC, que es lo que permite que muchos autores hispanos (no sólo españoles) puedan ser publicados. Otra es que como Nova salió en el año ‘87, busco clásicos, o sea el clásico de Nova que ha salido hace veinte años y que acá no se ha publicado. Yo creo que de los 200 que llevamos, tenemos 15 o 16 libros de autor español, son títulos que se venden menos que los otros. Ahora estoy publicando uno cada dos años. Pues sé que un libro de Scott Card va a vender cerca de diez mil ejemplares y tiene un coste de edición igual al de un autor español que va a vender menos. Mi problema es que yo no arriesgo mi dinero, arriesgo el dinero de Ediciones B, y debo ser honesto con ellos, tengo que hacerles ganar dinero. Tengo que comerme el hobby para pasar a ser un editor profesional que mira el mercado. Hubo una época en que saca uno de autor español cada año, hasta que me dijeron, oye, éstos vende menos, y tuve que pasar a publicar uno cada dos años, pero claro, voy intentando hacerlo. Ahora me pasa que material de autor español no me llega, porque la mayoría están escribiendo más cosas fantásticas, y de estos diez libros yo estoy publicando uno de fantasía casi cada año, incluso me parece que el 2007 serán dos. Pero claro, la mayoría proviene del mercado anglosajón. El premio UPC que comenzó en 1991, son quince volúmenes, unos 50 o 60 títulos de obras. De ellos habrá diez que vienen de inglés, pero los demás proceden de finalistas argentinos, españoles o mexicanos.

M: ¿Has encontrado buenas sorpresas en el UPC?

B: Sí, pero no hay continuidad, y ahí va lo que decíamos sobre la profesionalidad. Robert Sawyer, un canadiense que es profesional, un año envió un título y quedó segundo del premio UPC, al año siguiente envió otro y ganó premio ex aequo, al año siguiente envió otro y ganó. Por ejemplo, de México me llegó una historia bonita, ganó premio, pero luego no he vuelto a saber de este hombre. Lo que habría que hacer sería proponer estas cosas, o seguirse presentando al premio.

M: ¿Y las ventas, en comparación con la literatura “seria”?

B: Depende, la literatura muy seria puede vender de quinientos ejemplares hasta cien mil. El mercado del libro nadie lo entiende. Cuando te digo que una cifra normal para Nova es cuatro o seis mil, bueno, El juego de Ender debe llevar cien mil, el Criptonomicón debe llevar ochenta mil. Y algunos llevan quince mil. Y otros, desgraciadamente de autor español, llevan 1500 o 2000. La conjura de los necios había pasado sin pena ni gloria, hasta el día en que Truman Capote escribió en una crítica que era muy bueno, y se convirtió en un best-seller mundial. Es una cosa muy rara.

Definiciones

M: La CF es una definición, un límite, o un referente. ¿Pueden convivir distintas visiones?

B: La CF es básicamente una tradición. No me gusta citar a Nietzsche, pero él dijo que no se puede definir a aquello que tiene historia pues ha cambiado, y ninguna de las definiciones le puede ajustar a cada momento. Si tú dices ciencia ficción es Frankenstein de Mary Shelley, el Viaje a la Luna de Verne, el Hombre invisible o La máquina del tiempo de Welles, Fundación de Asimov, Cita con Rama de Clarke, pero también dices Neuromante de Gibson, o La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, o Hyperion de Dan Simmons. ¿Qué tienen de común esos libros? Pues que se enmarcan en una tradición de literatura especulativa que por razones históricas ha dado en llamarse ciencia ficción.

M: ¿Y tu punto de vista personal, ese que dice la ciencia ficción debiera provocar con nuevas ideas?

B: A mí lo que me interesa de la ciencia ficción, a veces, es que sirve para el aprendizaje del futuro. Cuando salió lo de la oveja Dolly clonada todo el mundo comenzó a escandalizarse, pero los editores y autores de ciencia ficción hacía décadas que hablábamos de esa posibilidad, pues te entrena para vivir un futuro del que lo único que sabes es que no será como el presente que tienes, ni como el pasado porque el ritmo de cambio es muy acelerado. Entonces uno ha de aprender que la sociedad en que vive es de cierta manera coyuntural, con toda una historia, claro, pero que podría ser distinta. No sé, vosotros mismos o nosotros en España hemos pasado por períodos políticos que ponen una condicionante determinada sobre la vida de la gente, y la gente vive con una sensación o con otra. La ciencia ficción te permite un cierto relativismo cultural, cuando te describe otra sociedad te das cuenta de que la tuya no es la única posible, lo cual no deja de ser un fermento de cambio posible.

El fandom

M: Tú trabajaste algún tiempo con gente de fanzines y asociaciones. ¿Cómo está tu relación ahora con el fandom español?

B: Yo creo que en principio bien, pero tengo conciencia de que tengo una edad, y que la mayoría de la gente del fandom son más jóvenes, quienes deben integrarlo son los de veinte, treinta, cuarenta años. Ahora no estoy haciendo muchas cosas, aparte del UPC. El fandom como tal en España hoy en día se vincula a través de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, que ha tenido sus altibajos. Se montó en un encuentro en la Haya en 1990, y ahí algunos aprovechamos de poner en contacto a los grupos, se creo la Asociación. y los estatutos. Ahora, al cabo de quince o dieciséis años, por la AEFCFT ha pasado bastante gente y ha tenido bastantes orientaciones distintas. Yo pertenezco a ella, soy uno de los números más bajos de la lista, pero nunca he estado en la junta directiva porque era editor de Nova, y me pareció que no era bueno. Sí he tenido contacto con algunos grupos de directores de ella. Y siempre me he puesto a disposición de todo el mundo, cada vez que se hace una Hispacon yo me ofrezco para dar una charla, una mesa redonda, y siempre colaboro, y si hay que ayudar a traer un invitado de afuera que yo conozca, ayudo. Lo que sí es que la AEFCFT publica una antología, Visiones, que fabrica un antologista designado por la asamblea cada año, y ese antologista tiene el derecho de pedir textos a quien quiera. Esto empezó así, pero de alguna manera empezó a parecer que dependiendo de quien fuera el antologista de ese año, salían sus amigos y no salían sus enemigos, etcétera. Entonces pareció que era bueno hacer otra antología de lo mejor publicado, y ésa es la idea de Fabricantes de Sueños.
El fandom funciona bien porque la Asociación le está dando continuidad. Otra cosa es que el fandom está creciendo mucho por los sitios en internet. Ahí yo reconozco que no me estoy metiendo por un problema de horas. Y también ocurre que Nova, tras casi veinte años de existencia y doscientos títulos, ha sido mucho tiempo un referente, y entonces mucha gente joven tiene que hacer este papel freudiano de matar al padre, y en este caso el padre es Nova y Miquel Barceló.

M: El tema de los fanzines, revistas especializadas, concursos, ¿crees que pueda ser un buen campo de cultivo para eso?

B: Eso siempre. La tradición dice que los autores de ciencia ficción aprendieron a escribir cuentos y luego pasaron a la novela. Escribir una novela larga es complicado, se deben ver defectos de estructura, de montaje, ese tipo de cosas. Lo dijiste tú mismo: esto es escritura de gente del fandom para que la lea gente del fandom. Entonces el problema es cuántos son del fandom, por ejemplo, Espiral y 500 ejemplares de un libro, ese es el mundo del fandom, cuatro librerías especializadas y por correspondencia. Una editorial como Ediciones B, si no vende tres mil ejemplares, no vale. Pero por ejemplo Factoría de Ideas está publicando mucho, Gigamesh, el grupo de A. J. E. C. de Granada, igual publican 2000 ejemplares y también reditan. El único problema de Visiones, de Fabricantes de Sueños, de los Fanzines, es que es una publicación que da salida al ego del autor pero que no está claro que lo hayan leído más de 50 o 100 personas. Entonces lo que el fandom acepte como bueno quizás el mercado no tenga por qué aceptarlo, el fandom es un lector muy especializado que va a estar más entrenado a leer un montón de cosas que el lector general del mercado, que lee ciencia ficción y un montón de cosas más, a quien quizás no le va a interesar tanto.

M: Aquí en Chile decimos que el problema con la literatura de género es que es endogámica, se lee a sí misma, se copia a sí misma y no recibe fuentes exteriores.

B: En el fandom de ciencia ficción tenemos la tendencia a creer que somos distintos a los demás, y lo somos: la gente que escribe policiales o romances no tienen convenciones donde los escritores se pueden encontrar con los lectores quienes les dicen qué les ha gustado y qué no, y hay feedback. Somos un género curioso con una vida interna curiosa. El fandom nació en la ciencia ficción, pero también tiene este problema: el lector unidimensional que sólo lee ciencia ficción, y sólo un tipo de ciencia ficción. Pero eso ha ocurrido siempre: las camarillas de escritores o de poetas que se recitan los poemas a sí mismos, pero nunca los publican para ver que opina el resto del mundo, eso ha ocurrido siempre. En el mundo científico también pasa eso, me temo que no es del fandom: es humano. Claro que en esa característica del fandom es mala (en la ciencia también) porque está dando una limitación de puntos de vista. En la literatura hay más cosas.

M: Para la efervescencia que has notado en Chile y en otros países de Latinoamérica, ¿qué consejos les darías a los escritores de ciencia ficción en el plano creativo?

B: No sirvo para dar consejos, pero la cosa es que yo pienso que un escritor es una especie de ser extraño, con la sensación de que tiene la necesidad de escribir y los otros la obligación de leerlo, lo que no es en absoluto cierto. Un escritor tiene que escribir porque él lo quiere, pero si además quiere publicar, tiene que pensar qué es lo que a los demás les puede interesar leer. Es una cosa que el mundo de los profesionales de Estados Unidos tienen muy claro, de vez en cuando se permiten escribir lo que les sale del corazón, pero matizado para que funcione afuera. Entonces, si uno vive sólo en un círculo de amigos y de escritores donde Fulano lee lo de Zutano y viceversa, eso va a tirar así mucho tiempo. Pero si se quiere salir de ese agujero, que alguien ha llamado ghetto, no sólo de la ciencia ficción sino del círculo cerrado del fandom tal vez, entonces hay que tener en cuenta un poco a los demás. En la literatura se produce siempre un enfrentamiento entre lo que el lector quiere leer y lo que el escritor quiere escribir. Se dice que el escritor acaba escribiendo el libro que él no ha podido encontrar y leer, y por eso lo escribe él, pero esos son sus gustos. Yo creo que habría que hacer es intentar abrirse, acudir a concursos, ser conocido por los demás. Yo siempre digo: ofrezco el premio UPC, que te garantiza que no se va a quedar en el mundo del fandom, se va a comercializar. Lo importante es que tú puedas publicar lo que tú quieres, y que luego puedas ver el juicio que da la gente de la calle, los otros lectores. Ese sería el único backup que de alguna manera te pueda hacer crecer en tus propias idiosincrasias, en tus propias manías y gustos.

M: Y para terminar, Miquel, ¿cómo lo has pasado en Chile?

B: Ah, pero muy bien, ayer lo comentábamos con mi esposa y mi hijo que también han venido. Para nosotros Chile es algo que aprendimos mucho, sobre todo la gente de mi generación, el 4 de septiembre cuando gana Allende, y el 11 de Septiembre cuando Pinochet lo mató. O pasó lo que pasó. Por ejemplo, haber ido a La Moneda y encontrarse que gracias a Lagos se puede entrar ahí, y te emocionas. Para mi generación fue una manera de decir que la Izquierda difícilmente podía llegar al poder sólo por las urnas. Bueno, para mí Chile tenía ese referente, y para mí Chile era Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún, la Cantata de Santa María de Iquique, Pablo Neruda. Y un poco la referencia de que hay un tipo llamado Hugo Correa que escribe ciencia ficción en Chile. Cuando supe que tenía que venir, me enteré de que el país era largo y estrecho, y aunque en el medio había Santiago, Valparaíso y Viña del Mar, y tendría que dejar para después ir a Iquique o Antofagasta, o Punta Arenas, intentaremos volver. Pero muy agradable, muy bien todo.

Hay una canción de la que alguien citó parte de la letra, y anoche me acordé de que la había escuchado en el colegio en Madrid, el año 67, 68, “si vas para Chile, ya verás viajero como cuidan en Chile, al amigo cuando es forastero”. Y es verdad, lo cuidáis muy bien, yo estoy muy contento y bien.

M: También estamos contentos de recibirte, Miquel.[x]