Santiago Eximeno

La Caja

por Santiago Eximeno –Ábrelo –dijo ella, con voz dulce. Un bosque de gélidas sonrisas nació a su alrededor; ocultaban tantas sensaciones –cariño, respeto, curiosidad, envidia– que se sintió desnudo, abandonado en un baile de máscaras. Sus ojos serpentearon por la enorme mesa, recorriendo los rostros de todas aquellas personas: sus padres, sus hermanos, sus tíos, sus abuelos, sus primos… –Vamos, ábrelo. Notó un ligero tono de reproche en la voz