Nacimiento

Un pinchazo. Ruido. Un escalofrío eléctrico recorre las sendas positrónicas asociadas a la percepción del entorno. Sistema aural: señales sinusoidales puras en frecuencias variables entre 20 Hz y 20 KHz. Las señales aurales se detienen, los registros señalan palabras binarias de 64 bits copando un tercio de la capacidad de memoria. Externamente el jack de datos abre un espacio de datos positivo, creando un flujo de información que copa los bancos de EEPROM disponibles. Silencio. Negrura. Pausa. La inmovilidad atemporal es alterada por una percepción tubular del sonido circundante. Del banco de memoria extrae muestras para comparar. Tras filtrar varias veces los sonidos muestreados, asocia el sonido con un movimiento distante de herramientas.

Nada.

POST: incompleto
Operación: 50%
Conecte dispositivo visual!
Giroscopios:
H: error
V: error
P: error
Bancos de datos: incompletos
Fuente de poder: externa
Motor de flujo axial 2: error
Motores de flujo axial 3: inexistente/desconectado
Motores de flujo axial 4: inexistente/desconectado
Salida de audio: inexistente/desconectado

Nada.

Silencio. Luz. Imagen. Ruido. Aplica flitros de enfoque, buscando el grado determinado. Filtrado del ruido, limpiando las imágenes; imposible de completar, contraste excesivo: hay una luz muy brillante pendiendo sobre el objetivo. Ajuste de la sensibilidad a K9300: objetivo detecta un plano cuadriculado, de bajo contraste. Limpieza ultrasónica del CMOS. Enfoque: error. Conexión objetivo: exitosa. Test: 10mm… 35mm… 50mm… 200mm… 400mm… f2.0… f3.8… f5.0… f11… test completo con éxito: plano de alta definición, encuadre perfecto. Balance de blancos: exponga gris neutro. Blancos en balance: detección de luces semiconductoras. Silencio. Imágenes de prueba. Distorsión de barril: compensada en post procesado. Viñeteado: compensado en post procesado. Aplicación de filtro antialias. Visión tubular!!!

Nada.

POST: incompleto
Operación: 75%
Giroscopios:
H: error
V: error
P: error
Bancos de datos: incompletos
Fuente de poder: externa
Motor de flujo axial 2: error
Salida de audio: inexistente/desconectado

Nada.

Imagen y sonido. Preaplicación de flitros establecidos. Enfoque. Detección de bordes. Reconocimiento de patrones. Ajuste en giroscopios: activo. Activo. Activo. Vertical: 90°. Horizontal: 0°. Plano: 12°. En el encuadre entra una imagen blanca coronada por una esfera oscura. Se retira y da paso a una imagen blanca coronada por un una esfera clara. Siente como manualmente trastean con el objetivo, logrando más enfoque. Autónomamente corre un POST secundario y detecta un chopper conectado a la fuente de poder externa. La frecuencia es baja, y siente los varios rectificadores conmutando cada tres o cuatro ciclos. El motor de flujo axial 2 no se detecta. Vuelve a correr el POST secundario, esta vez con el modificador –bg, para permitir que corra en forma permanente, ya que los resultados del primero no se almacenaron: falta un banco de memoria.

Recorre el entorno con los sensores que apropiadamente tiene instalados, y se descubre sobre un plano, plagado de pequeños obstáculos; descubre un plano inferior, uno superior, y a lo lejos planos perpendiculares. Hay numerosos errores en la detección del plano inferior. Uno de los errores se acerca hasta que en el encuadre entra la misma imagen blanca coronada por una esfera oscura. La asocia con el error percibido. Efectivamente, ningún error permanece mucho tiempo en el mismo lugar en el que fue detectado. El error más cercano trastea con algo muy cerca y de pronto, nada.

Nada.

POST: incompleto
Operación: 90%
Giroscopios:
H: 0°
V: 0°
P: 0°
EEPROM: programar!
Fuente de poder: cargando
Capacidad: 30°
Salida de audio: inexistente/desconectado

Nada.

Los sensores detectan los planos y el volumen disponible entre ellos, la luminosidad y los obstáculos. Hay silencio casi absoluto excepto por un chasqueo plástico constante. Siente el motor de flujo axial 2 operando correctamente; rectifica el registro de errores. Los errores de detección de los planos han disminuido, y algunos están inmóviles. Uno de los errores detectados se encuentra a 270° respecto del punto de visión, pero muy cerca. Siente un puerto de datos conectado a una de sus entradas y el protocolo serial le exige dedicar un bus de datos para insertar datos en la EEPROM. Lo hace. Tras unos pocos ciclos el bus de datos palpita con instrucciones.

bank.open(EEPROM){
set.baud=54e12;
format {
mem=ROM;
type=4ALPHA-K;
rows=540;
cols=12800;
depth=1024e15;
status==0; } }
for i=540 & j=12800 {
begin.rec(EEPROM);
notify(status); }
if notify(status)=1 & i==0 & j==0
then{
end.rec(EEPROM);
bank.close(EEPROM);}

Tras pasar las instrucciones por el intérprete, ejecuta las instrucciones y destina un espacio en la EEPROM según se le ordena, y empieza a ubicar bytes y bytes de información. Demora 12 kilociclos del rectificador 64p en localizar la información recibida y emitir status==1. Por el bus de datos fluye un nuevo bloque de instrucciones críptico:

clock.sync(base)=64p;
clock.sync(main)=base * 1e9;
clock.sync(op)=base * 0;
clock.sync(alt1)=base * 0;
clock.sync(alt2)=base * 0;
clock.sync(alt3)=base * 0;
clock.sync(alt4)=base * 0;
count.zero;
begin;

Nuevamente interpreta las instrucciones y sincroniza todos sus contadores con el rectificador 64p, y vuelve los contadores a cero antes de caer en

Nada.

POST: OK
Giroscopios:
H: 0°
V: 0°
P: 0°
EEPROM: OK
Fuente de poder: operando
Capacidad: 95°
Salida de audio: inexistente/desconectado

Nada.

Siente movimiento y en la imagen en foco entra una persona, vestida de blanco. Es un hombre, de unos 35 años. Lleva la cabeza afeitada y su piel es oscura. Se acerca y mientras extrae un objeto no reconocido de una caja, ejecuta una rutina de detección de bordes sobre un recuadro oscuro, colgado del ropaje blanco. Almacena la información retenida sobre el CMOS, ejecuta un filtro de enfoque, ejecuta una rutina de eliminación de ruido de tres pasos y sobre ello regula contraste y brillo al máximo. Alinea los bordes rectos. Traslada los datos a los registros de interpretación y el procesador anuncia el resultado: Q’aiser Remtulla.

Q’aiser se arrodilla saliendo del encuadre. Pero descubre algo que no estaba presente en los registros: la existencia de unos nanomotores de disco que permiten desplazar el cristalino de la lente, logrando mover el ángulo de visión más allá de lo que el encuadre neutro permite. Carga los controladores, ejecuta una rutina para fijar los parámetros de operación. Mueve el enfoque y descubre que Q’aiser Remtulla atornilla algo al chasis, para luego cerrar con un golpe una portezuela.

Se activa el registro principal de la salida de audio, y a través de su objetivo ve que Q’aiser mueve la boca. Carga los controladores de la salida de audio mientras asocia los movimientos con los ruidos que percibe, y activando las rutinas comparativas extrae las palabras de la EEPROM. El hombre le dice:

–Orden prioritaria: comprobación de sistemas. Ejecutar.

Mientras ejecuta la prioridad se logra oír por primera vez. Recita los parámetros indicados por la orden prioritaria, a continuación recita el estado de sus motores, bancos de memoria, batería y sistemas rectificadores. Q’aiser, atento a una pantalla que sostiene en sus manos asiente satisfechamente. Claro, Q’aiser no entiende nada del galimatías electrónico que emite por su salida de audio, pero por suerte la salida es lenguaje de máquina, fácilmente traducible por cualquier autómata intérprete. Se levanta, deja la pantalla a un lado y mira una pantalla más pequeña, adherida a su brazo, y dice:

–Orden prioritaria: modo de seguimiento. Ejecutar.

La orden obliga a formar un patrón de detección tridimensional, detectar los bordes de Q’aiser y mantener una distancia constante. Durante varias horas Q’aiser Remtulla se desplaza de un lado a otro y lo sigue. Sabe cuando esperar, y si Q’aiser se esconde detrás de una puerta lo sigue detectando. Durante el día recibe numerosas órdenes no prioritarias y las ejecuta perfectamente, tal como la programación almacenada en la EEPROM ordena. Al tener procesadores adaptivo-predictivos no almacena todos los datos obtenidos al ejecutar cada orden, sólo crea los engramas necesarios para reconstruirlos. Cada vez ejecuta las órdenes en formas más eficientes y breves, para satisfacción de Remtulla, que se entretiene emitiendo órdenes cada vez más complejas. Al final de doce horas Q’aiser ordena:

–Orden prioritaria máxima. Ejecutar. Sígueme.

En ese momento queda liberado de las obligaciones anteriores, y se activa su procesador de libre albedrío, sujeto a las órdenes que pueda recibir. Las rutinas de discernimiento ocupan naturalmente su espacio en la RAM, sin interferir con las rutinas de detección de bordes y reconocimiento de planos y volúmenes. Sin recibir ninguna orden activa su modo de seguimiento. Ordena al chopper aumentar la frecuencia de sus pulsos y como consecuencia aumenta el flujo en los motores. Acelera hasta alcanzar la distancia prudente establecida y se instala al lado de Q’aiser, regulando la velocidad hasta emparejarse con él.

Ambos siguen un pasillo difusamente iluminado, con muchas curvas. Superan algunas escaleras, cosa fácil para Q’aiser; sin embargo debe alterar su base tripoidal y operar durante unos instantes en modo bípode para sobrepasar el obstáculo. En su memoria locacional los engramas que reconstruirán con exactitud el plano de los lugares recorridos están siendo clasificados y asociados, los duplicados eliminados y los recurrentes resumidos.

Al doblar una esquina, Q’aiser se detiene delante de una puerta, se pasa las manos por la calva cabeza con nerviosismo, mira directamente hacia su objetivo, que ajusta sus lentes asféricas para mantener la imagen en foco, mete la mano a un bolsillo y saca un paño oscuro. Acto seguido se arrodilla y frota enérgicamente el chasis, tanto que los giroscopios indican variaciones en la posición vertical, y un mínimo desplazamiento horizontal: su cuerpo se tambalea.

Tras unos instantes se levanta, lo rodea y regresa a la posición inicial, satisfecho. Toca la puerta y (el interior es un volumen semicircular de bases planas, ocupado por una persona voluminosa sentada tras un plano semicircular) desde dentro se oye una voz. En realidad no oye, sino que muestrea y codifica sobre la marcha el sonido percibido, luego compara con las muestras tras filtrar y su intérprete vocal traduce:

–Adelante.

La puerta se abre y Q’aiser Remtulla entra; como el modo seguimiento está activo, lo sigue. La estancia es luminosa; ajusta la sensibilidad del CMOS y aplicando la misma rutina muestreo-codificación-interpretación escucha la siguiente conversación:

–Profesor Remtulla, bienvenido. Tenga usted salud esta tarde.
–Decano, la salud sea suya. He terminado mi trabajo, y he creído apropiado presentarle a usted el prototipo del androide multipropósito en el que he estado trabajando. R2-D, saluda al decano Q’rin Magulla.

Dispositivo Josephson

Para poder entrar de lleno al tema debo hacer referencia a la trilogía El Paralaje Neanderthal, de Robert Sawyer, cuya trama gira alrededor de un portal abierto entre dos dimensiones, producto de un computador cuántico en la otra dimensión, una copia de la tierra donde la especie dominante son los neanderthal y no los cromagnon.

En la nuestra se vienen desarrollando prototipos de computadores cuánticos desde hace tiempo, y en el momento en que sean viables darán un impulso al desarrollo tecnológico comparable al paso de la regla de cálculo a una Workstation de cuatro procesadores en paralelo y con una cantidad obscena de memoria RAM.

Procesando con cuántica
La computación cuántica comienza donde termina la Ley de Moore, que según cálculos se agotará alrededor del 2020, cuando la miniaturización llevará los circuitos al nivel de átomos y moléculas. Sin embargo, a diferencia del computador que abre el portal en El Paralaje, en esta dimensión tenemos computadores cuánticos bastante primitivos aún.

Uno de los renombrados en su tiempo fue el IBM Research5-qubit, que contiene cinco qubits: cinco átomos de flúor dentro de una molécula especialmente diseñada, de modo que los núcleos del flúor interactúen entre sí como bits de memoria. Para ponerla a prueba se empleó un problema conocido como “localización del orden”, que consiste en la localización del periodo de una función particular, lo cual es típico de muchos problemas matemáticos básicos necesarios para aplicaciones informáticas como la criptografía, por ejemplo.

El problema puede ejemplificarse considerando un número determinado de habitaciones y un mismo número de pasillos ubicados al azar, algunos de los cuales conducen a una misma habitación. Se supone que, en cierto momento, una persona que avance por los pasillos y recorra las habitaciones volverá al punto de partida. El problema consiste en calcular, con el menor número de iteraciones, el número mínimo de transiciones que se requerirían para volver al punto inicial. El computador cuántico resolvió el problema en un sólo paso, mientras que uno convencional requeriría de hasta cuatro pasos.

Si bien el potencial de la computación cuántica es inmenso, y los últimos avances han sido muy prometedores para su desarrollo, quedan aún enormes retos por delante, antes de que estas máquinas sean accesibles al público. Si bien los computadores cuánticos serán fundamentales para la elaboración de bases de datos y para resolver problemas matemáticos complejos, es improbable que puedan usarse para procesamiento de palabras, o para navegar por Internet.
Podría especularse que los computadores cuánticos aparecerán mucho más temprano que tarde en centros de alta tecnología y complejos militares, pero a pesar de todo su potencial los computadores cuánticos no serían nada sin casi un siglo de investigación y desarrollo en superconductores.

Los superconductores

Los superconductores son metales y aleaciones que presentan cero resistencia a la corriente eléctrica a temperaturas muy bajas, típicamente inferiores a 13°K. Los superconductores se han empleado para construir electroimanes poderosos, pero las temperaturas necesarias para que estos materiales presenten propiedades superconductoras son demasiado bajas, lo que ha impedido que su uso se haya difundido.

En 1911, el científico holandés Heike Kamerlingh Onnes de la Leiden University logró bajar la temperatura del mercurio a 4ºK y observó una extraña característica en él. Se dio cuenta que la resistencia eléctrica del mercurio a esa temperatura repentinamente desapareció, fenómeno que bautizó como superconductividad.

Años más tarde, en 1933, los científicos Walter Meissner y Robert Ochsenfeld descubrieron que los materiales superconductores tienen la capacidad de repeler un campo magnético actuando como material diamagnético. Esto fue conocido más tarde como Efecto Meissner, y se ha descubierto que es tan fuerte que puede hacer levitar un imán colocado sobre un superconductor.

El primer avance teórico ampliamente aceptado sobre la superconductividad fue hecho en 1957 por los físicos norteamericanos John Bardeen, Leon Cooper y John Schrieffer, el cual fue llamado la Teoría BCS (por las iniciales de cada apellido) y que les hizo merecedores del Premio Nobel en Física en el año 1972. Esta teoría explica la superconductividad de elementos y aleaciones simples con temperaturas cercanas al cero absoluto, pero no es válida en la explicación del fenómeno a temperaturas mayores.

Un descubrimiento increíble sobre superconductividad fue hecho en 1986, cuando Alex Müller y Georg Bednorz, investigadores del IBM Research Laboratory, crearon un compuesto cerámico superconductor con la más alta temperatura registrada hasta entonces: 30°K. Este descubrimiento, (que les hizo merecedores del Premio Nobel de Física en el año 1987), fue notable, ya que generalmente las cerámicas son empleadas como aisladores puesto que no conducen corriente eléctrica.

Fue así como una nueva época en la historia de los superconductores nació dando paso a los superconductores de alta temperatura. Investigadores de todo el mundo empezaron a “crear” cerámicas de cualquier posible combinación para obtener superconductores de mayor temperatura. Actualmente, el récord mundial de temperatura para un superconductor de alta temperatura (conocidos como HTS: High Temperature Superconductor) es de 138°K, pero ello será tema para un artículo posterior.

Brian D. Josephson

Maliciosamente omití en la sección anterior al físico británico Brian David Josephson, nacido en 1940 en Cardiff (Glamorgan, Gales), que predijo a los 22 años que la corriente eléctrica podría fluir entre dos materiales superconductores. Antes de obtener su doctorado en 1964, Josephson se interesó en la superconductividad, y empezó a explorar las propiedades de una juntura entre dos superconductores, que sería conocida después como Unión Josephson.

Josephson demostró teóricamente en 1962 que en este tipo de unión los pares de Cooper (la asociación de dos electrones), que dan al superconductor su resistencia nula, son capaces de pasar de un lado a otro a través del aislante por efecto túnel (fenómeno mediante el cual los electrones, operando como onda, pueden penetrar sólidos; había sido estudiado anteriormente por los físicos Esaki y Giaever).

El efecto túnel entre dos superconductores podía tener características muy especiales, como por ejemplo el flujo de electrones a través de una capa aislante sin la aplicación de voltaje; al aplicar un voltaje, la corriente deja de fluir y oscila a gran frecuencia; se puede decir que el conjunto se comporta como si fuese un nuevo superconductor más grande a pesar de la resistencia del aislante. Éste es el efecto Josephson y es aplicado en instrumentos capaces de detectar campos magnéticos muy débiles .

Cuando Josephson propuso esta idea, era tan increíble que ni siquiera su director de tesis quiso ser coautor. El artículo fue enviado a una revista que por aquel entonces era nueva, con la esperanza que ante la necesidad de material publicaran casi cualquier cosa; el artículo se publicó y más tarde Josephson recibiría el premio Nobel de física en 1973, junto a Esaki y Giaever.
La experimentación confirmó el efecto, y su aplicación a su vez reforzó la anterior Teoría BCS. Aplicando los descubrimientos de Josephson con superconductores, los investigadores de IBM habían ensamblado para 1980 un computador experimental de velocidades de cálculo de 10 a 100 veces superior que aquellas logradas con los chips de silicio convencionales de la época.

La unión Josephson

Como mencioné en el párrafo anterior, el efecto Josephson puede emplearse en la detección de campos magnéticos muy débiles. De hace un tiempo se han venido empleando uniones Josephson para medir campos magnéticos con extrema precisión, circuitos electrónicos, puertas lógicas, amplificadores y células de memoria entre otras aplicaciones.

En el régimen clásico la unión Josephson se comporta como un inductor (bobina), pero hace un tiempo se predijo que también se puede comportar como una capacitancia (condensador) si la unión es lo suficientemente pequeña.

Ahora Per Delsing y un equipo de la Universidad Tecnológica de Chalmers en Suecia, e independientemente, Pertti Hakonen y sus colaboradores de la Universidad Tecnológica de Helsinki y del Instituto Landau de Física Teórica de Moscú han observado este comportamiento capacitivo por primera vez.

Uno de los problemas de diseño de un computador cuántico es que las múltiples superposiciones de estado, que permitirían la ejecución de innumerables operaciones simultáneamente, son tan frágiles que el intento de leerlas las destruye. Este comportamiento capacitivo podría usarse para medir, sin destruirlo, el estado cuántico de los qubits en un futuro computador cuántico. De hecho, Hakonen ha usado este modelo para leer el valor de un qubit sin alterar su valor.
Según Mika Sillanpaa, en un futuro la unión Josephson podría usarse para operaciones a gran escala en ordenadores cuánticos; y la inductancia y capacitancia de la unión Josephson juntas podrían permitir la construcción de nuevos tipos de dispositivos electrónicos tales como amplificadores paramétricos de bajo ruido.

Límites actuales al rendimiento de los computadores

El progreso en la tecnología computacional basada en semiconductores ha sido espectacular en las últimas décadas. Pero mientras las densidades en los circuitos se verán incrementadas en el futuro, será más difícil mejorar la velocidad de procesamiento, y, en particular, el rendimiento de los sistemas. Ocurre así porque el calor generado por la operación de los chips semiconductores de alto rendimiento ya es tan grande que no puede ser transferido directamente desde el chip al fluido refrigerante (por ejemplo el aire, en un sistema de escritorio o un portátil).
El chip debe en cambio unirse a disipadores de calor para incrementar la interfase sólido—líquido (usualmente una placa en contacto con aire impulsado por un ventilador en los computadores actuales) y prevenir las fugas termales con temperaturas excesivas en el chip. Sin embargo los disipadores de calor son, por necesidad, voluminosos, y no permiten empaquetamientos densos en el chip.

Puesto que las señales eléctricas viajan a velocidad finita – de hecho, no más de 1.5 cm en 100 ps en líneas de transmisión – es evidente que las conexiones deben mantenerse pequeñas de forma que los retrasos de las señales dentro del chip y a través del circuito no disminuyan la alta velocidad de procesamiento del computador.

Puede decirse que mejoras en la velocidad de procesamiento bajo los 100 ps son inconsecuentes para sistemas computacionales de alto rendimiento, a menos que el enfriamiento y el empaquetamiento del chip pueda revolucionarse de forma similar. La unión Josephson, con su baja disipación de potencia y alta velocidad de procesamiento inherente, provee la respuesta a ambos problemas.

Potencial del efecto Josephson

El potencial de los hipotéticos computadores cuánticos basados en esta nueva tecnología desafía la imaginación: velocidades de cálculo más de diez veces superior a la velocidad actual de los computadores más rápidos de hoy día, con lógica miniaturizada que disipa menos de una milésima de la potencia de los actuales dispositivos basados en semiconductores VLSI (Very Large Scale Integration, integración a muy alta escala).

Dos atributos de los computadores cuánticos basados en el efecto Josephson tienen la clave de este gran potencial: velocidad de cálculo de 10 ps o menos y disipación de potencia para cada elemento medido en uW. Características impresionantes como estas no se consiguen fácilmente. Para alcanzar la superconductividad, los dispositivos Josephson deben enfriarse a 4ºK por inmersión en helio líquido. La física de estos dispositivos involucra una mezcla de mecánica cuántica, electromagnetismo y teoría de superconductores.

Gracias a su baja disipación de potencia, las uniones Josephson eliminan la necesidad de elaborar disipadores de calor, requeridos por los actuales chips semiconductores de alto rendimiento. Sin disipadores de calor, un empaquetamiento (integración) más denso puede ser logrado, resultando en una reducción tanto del tamaño general del computador como del retraso de la señal entre los chips.

La refrigeración directa de los dispositivos Josephson por inmersión en helio líquido, a pesar de requerir una ingeniería cuidadosa, es enteramente factible hoy en día: los criostatos de helio ya están actualmente en uso para una variedad de aplicaciones.

Pros y contras de la baja temperatura

Puesto que los dispositivos Josephson operan a sólo unos pocos grados sobre el cero absoluto, deben sumergirse en helio liquido. Hirviendo a presión atmosférica, el helio liquido mantiene una temperatura de 4.2ºK. La baja temperatura es a la vez beneficiosa y dañina.

Un aspecto beneficioso es que cables superconductores pueden ser usados muy delgados, lo que ayuda al proceso LSI. Otro beneficio de las temperaturas muy bajas es que el ruido (distorsión de las señales) a causa de la energía termal es aproximadamente 90 veces menor a 4ºK que a 350ºK, donde los dispositivos semiconductores usualmente operan.

Reacciones químicas y físicas tales como difusión, corrosión y electromigración están también virtualmente detenidas a 4ºK. Éstos y otros factores ofrecen el potencial para una operación ultraconfiable, a condición de que, por supuesto, no se presenten nuevos tipos de falla producidos por el ambiente de baja temperatura, tales como expansión termal: un potencial problema que puede resolverse eligiendo los materiales adecuados.

Por otra parte, la necesidad de ambientes de baja temperatura supone un costo agregado de mantenimiento por el criostato y los refrigeradores de helio liquido, además de los inconvenientes de mantener y dar servicio a computadores en un ambiente criogénico.

Volando sin red

Cuando la actual tecnología de superconductores de alta temperatura sea superada, requiriendo de temperaturas de 165-170ºK para operar (puede sonar mucho, pero no es menos que la temperatura de un congelador doméstico) podremos ver desarrollos que hoy son materia de ciencia ficción.

Podrá haber computadores lo suficientemente rápidos para albergar inteligencias artificiales que puedan interpretar simultáneamente o que puedan ejecutar software de interpretación de modo que reemplacen a las actuales secretarias, mucho más eficientes y menos adictas a conversar por teléfono.

Estos computadores podrán tener la suficiente capacidad de cálculo de modo de poder mantener proyecciones actualizadas al minuto de la economía mundial, y de todos los posibles escenarios dependiendo del movimiento de los índices económicos, así como proporcionar un análisis estadístico minucioso de las diferentes tendencias en el comercio mundial.

Tal vez podrá realizarse el proyecto del túnel submarino Nueva York – Londres, previamente simulado informáticamente para lograr el mejor diseño. Si alguna vez se ejecuta el proyecto de la pirámide de la bahía de Tokio, probablemente en su proyección se encontrará involucrado un computador cuántico.

Probablemente cuando los primeros computadores cuánticos entren en operación de forma confiable serán parecidos a UNIVAC, que ocupaba una gran habitación herméticamente sellada y que operaba a una temperatura constante de 50ºC: verdaderos mastodontes a los que el acceso estaba restringido a personas del mundo académico y militar. Nadie pensaba en esos años que muchas veces la capacidad de UNIVAC hoy podía encontrarse en algo tan diminuto como un reproductor de mp3, sumergido en las profundidades de un bolsillo o una cartera.

Tal vez un par de siglos después de la masificación de la computación cuántica, con superconductores a temperatura ambiente baratos y confiables, la humanidad será tan tecnodependiente que tal vez las decisiones importantes serán dejadas a cargo de un computador, que decidirá el rumbo de los países y de los proyectos científicos. La prensa escrita será de autoría de alguna IA, y la administración de pequeñas empresas y estados estará en manos de algún computador cuántico corporativo.

Si soñar no cuesta nada, probablemente todos llevaremos un computador cuántico en un implante que se dedique a grabar en forma permanente nuestro entorno, conectarse inalámbricamente a una base de datos, ordenar una pizza, interpretar simultáneamente cuando estemos visitando un país de lengua desconocida, dar aviso en caso de emergencia, recordar las citas y las fechas importantes, todo ello energizado por la temperatura corporal o por un generador hemodinámico.

Lo cierto es que cada vez que nuestra tecnología informática da un salto hacia delante, también el desarrollo da un gran paso; esperamos que la capacidad que proporcionen los computadores cuánticos sea empleada no para planear la obliteración del algún difuso y probablemente inexistente Eje del Mal, sino para el desarrollo de curas para enfermedades que hoy no son curables, para la recuperación del medio ambiente y la exploración de nuevos lugares.

El Ojo del Gato

El Ojo del Gato: un acercamiento empírico

Estoy sentado en mi oficina, cuando de pronto se me llena la casilla de correos urgentes. No dos ni tres, sino once. No señores, no ha habido ninguna explosión en la empresa ni tampoco nos hemos convertido súbitamente en una civilización tipo II. Tampoco me he sacado el premio de la lotería ni me avisan que me he muerto (aunque morir por un rato, con el dolor de cuello que me aqueja hace dos días no es una mala perspectiva, por lo menos hasta que se me pase la tortícolis –que es por dormir mal y no por andar girando la cabeza por la calle).

En realidad me escriben con desesperación el director y el editor, que piden que haga uso de mis habilidades (con urgencia, ya que parece que el debut largamente esperado de la primera TauZero de este año es ahora – ahora sí– inminente) con una nueva serie de animación chilena, en vez de usarlas para analizar el caso de los restaurantes Eladio, que deberemos presentar con mis compañeros en la cuarta clase de administración del MBA. Al parecer esta serie la transmitieron por primera vez el viernes pasado, cuando junto a mi grupo le dimos las últimas puntadas al caso que presentaríamos con relativo éxito al día siguiente.

Salgo así, pues, de mi retiro temporal, para contarles que no tenía idea de esta serie que se llama El Ojo del Gato, cuya característica más novedosa es ser a base de animaciones 3D, en el más puro estilo de la ya añeja Reboot y la olvidable Transformers: Beast Wars. El toque porteño (ocurre en Valparaíso, puerto principal) le da el sabor local, mientras que unos íconos egipcios que vi en el trailer parecen darle el toque místico necesario para cualquier epopeya que se precie.

Debo informarles que no me siento cómodo comentando algo de lo que no tengo referencias en amplitud, pero valga el intento, y juro solemnemente no inventar nada. El origen parece ser un niño que sale desde un talismán egipcio encontrado en el fondo del mar que después pasa a ser protegido y criado por un cura (que de todo corazón espero no se llame Cox de apellido). Este hombre de fe es atacado por una versión translúcida del Capitán Garfio, lo que desata una serie de místicas transformaciones en nuestro héroe, que parece un adolescente común y corriente. En el centro de un círculo azuloso rotatorio lleno de cruces egipcias el protagonista se contorsiona para terminar transformado en un gato antropomorfo, que imagino que es Gato, no el vino ni el fallecido cantante de Los Jaivas, sino que el primer superhéroe chileno en 3D, creado por CGI. Y esto todo en el único trailer que he visto, así que para las almas hambrientas que ya se perdieron –como yo– el primer capítulo, no hay peligro de spoiler.

Qué puedo decir de la calidad de las voces? No mucho, porque el primer trailer tiene gritos y gruñidos y unas pocas interjecciones, amén de unas pocas exclamaciones. Sin embargo, en el sitio web (ojodelgato.cl) de el o los creadores de tamaña proeza, se dice que los diálogos son en español neutro, de modo que pueda ser exportable (no como la otra serie animada 3D de lamentable factura, que usan de relleno entre los comerciales de golosinas en las tardes: Bacanes, Flaites, Pinganillas o comoquieraquesellame) y entre cuyo elenco cuenta con la voz de Sandro Larenas, que otros de mi generación recordarán como la voz del entrañable adicto a la lasagna que es Garfield.

La calidad de las imágenes, pues… partamos diciendo que está modelado en 3DMax, con un promedio de 70.000 polígonos por personaje. Para los menos geek, el recuento de polígonos indica qué tan redondito es el personaje, es decir, los personajes de esta serie son bastante decentes. Las texturas fueron creadas en Photoshop 7 y Deep Paint 3D, que aunque no son lo mejor de lo mejor, no me cabe duda que han sido explotados al máximo por los artistas de Ojo del Gato.

Esta serie es el esfuerzo de un equipo de 15 personas, entre actores, dibujantes, modeladores, texturizadores y animadores, además de la guionista, Elizabeth Carmona. Si bien puedo señalar deficiencias en el aspecto general de lo que pude ver en el primer trailer, también es cierto que una serie de animación no debe buscar ser hiperrealista, sino que tener historias divertidas (como Los Simpsons o South Park) y que puedan cautivar al espectador, aun siendo protagonizadas por caricaturas.

Aunque esta nueva serie animada parece estar orientada a un público infantil, por el horario en que se presenta (23:30 los viernes y 1:45 los domingos) me hace suponer una trama algo más adulta –o menos infantil, debiera decir. Tal vez me esté equivocando, pero el personaje, de energías místicas y antiguas –al parecer– tiene un potencial a la oscuridad que podría rivalizar tanto con el Batman de Burton o el Sandman de Gaiman, manteniendo las distancias, claro. En dinamismo y realidad de movimiento me pareció muy superior a otras series animadas que he podido ver de pasada en el último tiempo, y si en algún momento pueden usar captura de movimientos para animar sus personajes, le diría al equipo que lo hicieran sin dudar.

Un punto que debería no callar antes de irme: si la serie la orientan a un público infantil, aquel que ve una y otra vez los Looney Toons repetidos semana a semana y se ríe con los impromptus gay de Bugs Bunny, creo que tendrá poca vida. Si mantienen la estética de caricatura pero introducen capítulos orientados a los adolescentes mayores de 14 años y con sesgos para que los adultos también podamos disfrutar de lo que de otra forma podría convertirse en un entretenimiento pueril, creo que puede hacerse imperdible.
Al equipo me atrevería a sugerirle que no cayera en lo políticamente correcto, sino que dieran una dimensión real al personaje, explorando dilemas éticos en su cotidianeidad, evitando caer en la inflexible bondad gagá de los superhéroes light de barbilla con hoyuelo y mandíbula cuadrada que nos proporcionan las editoras de EEUU. Para no mantener estática la constelación de personajes pueden irse agregando otros héroes (pienso en Watchmen). Para darle algo más de tensión dramática a sus capítulos pueden matar alguno de los personajes principales de vez en cuando, destruyendo de pena al joven que encarna al héroe, o tal vez adaptando alguna de las tantas aventuras de Sherlock Holmes (estoy pensando en El Sabueso de los Baskerville). De esta forma creo que la serie puede tener un éxito prolongado en el tiempo. Vale decir, para perdurar tienen que darle una manito de gato a ésta, la primera serie de animación 3D chilena que parece tener méritos para ser recordada. Suerte, muchachos.