Vida y muerte de Sergio Meier

por Karlés Llord

En el origen de un hipotético ‘canon oculto’ de la literatura chilena, veo a una monja, Ursula Suarez, llevada por la alucinación de escribir, en un ambiente inquisitorial y jesuítico. En el epígrafe Materialidad de la confección, de su prólogo a la Relación Autobiográfica de sor Ursula, Mario Ferreccio Podesta explica cómo “Ursula relata su vida a instancias de confesor y con los recados de escribir -papel, pluma, tinta- que éste le proporciona. El papel se le entrega en la forma de hojas de formato aproximadamente de oficio, usualmente en número de cuatro y plegadas, constituyendo así cuadernillos de ocho hojas y dieciséis páginas. Agotado el papel de que disponía, éste era retirado por el confesor y se le suministraba nuevo material. Tal ritmo de avance llega a hacerse tan determinante de la redacción, que el cuadernillo pasa a convertirse en unidad de medida interna de la materia narrada.” Asimismo, al parecer la libertad de expresión de sor Ursula quedaba restringida en más de un sentido. “Ursula da clara seña de no tener delante en su poder los cuadernillos ya escritos, como cuando manifiesta no estar segura de si el paso que se propone relatar ya está narrado. ‘Paréseme que esto no está en los otros cuadernos’; de haberlos tenido delante, bien hubiera podido verificarlo para no arriesgarse a repetir lo ya dicho.” El confesor, al parecer, guardaba los papeles ya escritos, con celo digno de personaje en situación kafkiana, donde la parte es más importante que el todo, y no solo es más importante, sino que impone primacía tiránica sobre el todo desinflado y descontextualizado. Y así el confesor, el albacea, adquiere un rango infinitamente superior al autor, cuyo rol se reduce al de ser un esclavizado transcriptor al servicio de un poder parasitario, cuya autoridad moral se impone por el don de la humillación, consagrado institucionalmente. En el estudio preliminar de Armando de Ramón, descubrimos que sor Ursula, a lo largo de sus escritos, ‘juró e insistió que había sido forzada a escribir la Relación de las singulares misericordias por orden de su confesor. Así lo dijo en el título con que encabezó su relato y así lo reiteró en diversas partes del texto manifestando su repugnancia a escribir y confesando que debió luchar tenazmente consigo misma para obligarse a revelar los sucesos de su vida…” Continúa leyendo Vida y muerte de Sergio Meier