Neuromante, la lírica del silicio

por A. César Osses Cobián

Hace una pila de años, el bizarro cantante inglés punk-pop (o pop-punk, o soft-pop-punk), famosillo en los tempranos 1980, William Michael Albert Broad alias Billy Idol, sacaba varios videos que aunque trataban de ser rupturistas, a mi me recuerdan inevitablemente, sobre todo por los vestuarios, a la película Dune. En rigor eran una suerte de confusa y disparatada mezcla entre Dune y el video de Thriller, de Michael Jackson. Antes de desaparecer por un largo tiempo de las estanterías de las disqueras, Billy Idol grabó el 1993 un álbum llamado Cyberpunk. Curiosamente, contenía un track llamado Neuromancer.

Hoy Billy tiene un nuevo álbum, pero si lo menciono aquí es únicamente porque fue gracias a una reseña de ese álbum (que nunca escuché, dicho sea de paso) leída por esos años en el diario peruano El Comercio, que supe que existía una palabra que definía un género literario, y que una de las canciones llevaba por nombre el título de una de las grandes novelas de quien es conocido como el padre del cyberpunk.

Pero ¿qué es cyberpunk? preguntarán algunos. Sin considerarme un experto, puedo decir que es un subgénero de la ciencia ficción. Elementos comunes: implantes hi-tech, prótesis avanzadísimas, avances en medicina que muy bien podrían ser reales en un par de cientos de años más (si el planeta logra resistir hasta entonces).

Llegué de casualidad a Neuromante. Hace bastantes años atrás era un ávido coleccionista de cómics, y rebuscando ociosamente una tarde entre las novedades aún no expuestas de la tienda (debo observar que era cliente frecuente, de ahí la confianza) me di de narices con uno enorme, titulado Neuromante. Viñetas pintadas con pinceles y pintura; creo que era anterior a las separaciones digitales. Una belleza.

Pero me alejo del tema. El cómic se basa con bastante realismo en el primer tercio del libro de Gibson. Para hacerse una idea general de la ubicación, del ambiente, recuerden Blade Runner, de Ridley Scott. Cuentan que cuando William Gibson terminó de escribir Neuromante salió al cine, a distenderse, y para ello eligió Blade Runner. Salió aterrorizado a los quince minutos, temiendo que lo acusaran de plagio.

El protagonista central de la historia es un “cowboy”, llamado Case, que en un tiempo anterior, por querer pasarse de listo, pagó con su sistema nervioso tal atrevimiento. Este personaje sería el equivalente de comienzos de los 1980 de nuestros modernos hackers, y para navegar por el ciberespacio (que dicho sea de paso, es un término que pertenece a William Gibson) no se sienta frente a un PC sino que se conecta a nivel sensorial, por lo que la integridad del sistema nervioso es primordial.

Al quedarse sin su principal herramienta para trabajar, empieza a descender aceleradamente por la escala social, llegando a ser un matón barato. En estas condiciones es reclutado por el enigmático Armitage, por intermedio de Molly. Ella es una asesina a sueldo modificada tanto física como genéticamente, alcanzando así el extremo de la performance humana para lograr ser lo más letal posible.

A Case se le restaura quirúrgicamente el sistema nervioso y le proporcionan el equipamiento necesario para volver a entrar al ciberespacio, todo con cargo a la aparente infinitamente profunda billetera de Armitage. El plan es simple: reclutar una serie de miembros para una secreta misión, y cuya finalidad es desconocida; para ello, cada nuevo miembro reclutado será parte activa en el reclutamiento del siguiente.

En ese futuro las inteligencias artificiales son comunes, empleadas por las grandes corporaciones transnacionales para resolver asuntos estratégicos y de negocios. Existe un encargado de evitar que las inteligencias artificiales se vuelvan… bueno, “inteligentes”; es el caso de la mente detrás de todo, una IA que es lo suficientemente inteligente para percatarse de que sin ayuda no podrá evolucionar.

“¿Cuando una inteligencia es artificial?” parece ser la pregunta de fondo de esta novela. Y vaya que es complicada la respuesta; no es sencillo descubrirla leyendo entre líneas, ya que no es una novela fácil de leer. Esta novela demanda del lector una imaginación fértil, una capacidad de concentración muy ejercitada y por sobre todo, voluntad para abandonar la lectura.

Lo último no tanto por lo adictivo de la trama o por lo trepidante de la acción, sino porque resulta bastante difícil poder seguir los vericuetos de razonamiento del autor si se lee de a pocos, de unas pocas páginas cada vez. Además el texto está plagado de nombres hoy conocidos mezclados con otros, fruto de la imaginación de Gibson.

Los lectores del ámbito de la electrónica o informática podrán sonreír socarronamente al leer varios de estos nombres, ya sea por su uso en un contexto erróneo o por designar algo completamente diferente. Sin embargo… ¿quién dice que el futuro no puede llegar a ser así? Gibson construye un futuro bastante plausible, y no muy complicado de creer, ya que es completamente consistente y que no da la sensación de estar navegando en las páginas de una novela de J.K. Rowling.

He tenido la oportunidad de percatarme de la influencia de esta novela en muchos ámbitos. En anime, en el caso de Ghost in the Shell, se pueden ver varios elementos familiares una vez que ya se ha leído Neuromante. También en / de Greg Bear puede notarse cierta influencia cyberpunk gibsoniana, tanto por los implantes, como por otras piezas tecnológicas vistas por primera vez en Neuromante. Johnny Mnemonic, personaje central de la película del mismo nombre, también es mencionado, curiosamente, de pasada.

En resumidas cuentas, tras leer lo que se ha dado en considerar la piedra angular de la literatura cyberpunk, puede decirse que tanto los microchips como el ciberespacio tienen cabida dentro del lirismo de la pluma de Gibson, así como los ambientes densos y recargados de elementos familiares y extraños, yuxtapuestos sin ningún orden ni concierto en una melodiosa cacofonía.

por A. César Osses Cobián

El Gran Pez(cador)

por Marcelo López

“Dedicado a José Luis Álvarez López, abuelo de Sergio Alejandro Amira y un gran contador de historias ”

Durante mis treinta y cuatro años de supervivencia, una de las más clásicas frases clichés que me ha tocado escuchar ha sido: “La realidad siempre supera a la ficción”. Con el paso del tiempo, y algo de experiencia ganada en este complicado caminar por la vida, he ido acumulando un rechazo parido a esta premisa que todo los intelectuales no dudan en repetir en sesudas conversaciones o en extensos discursos de adoración sublime a la “bendita supremacía” de aquella limitada realidad que tanto admiran. Mis dudas sobre la veracidad de aquella cita fue creciendo a medida que ingresaba en los caminos infinitos de la Literatura, en especial de grandes escritores como Franz Kafka, James Ballard y Philip Dick, quienes deformaron a voluntad los sagrados postulados de la realidad y la reinventaron en cada una de sus obras.

En el Cómic este tratamiento sublime lo realiza de manera impecable el creador de Sandman, Neil Gaiman, una especie de Tim Burton de la Literatura gráfica, con hermosas historias de fantasía que no rehuyen a la realidad, complementándola y enriqueciéndola en cada viñeta que escribe. Pero esta modificación de los preceptos considerados reales no había tenido su gran oportunidad en las obras cinematográficas, salvo algunas honrosas excepciones, como son las obras de David Lynch y David Cronenberg, quienes siempre buscaron una relación de normalidad entre la fantasía o Psiquis y los actos de sus personajes. Sin embargo, no existía una película que concentrara todo lo que implica el inequívoco lazo entre lo real y lo fantástico, como caras de una misma moneda.

La película de Tim Burton, El Gran Pez, sintetiza, de manera sencilla y emotiva, aquella natural relación; convirtiéndola en un Manifiesto que representa toda la intencionalidad de sus anteriores películas, en especial, Edward Manos de Tijera, lo que se agradece de sobre manera, ya que no solamente se le puede considerar el gran Manifiesto de su pensamiento cinematográfico, sino que también es una excelente fábula sobre la importancia de la ficción como coadyuvante en la comprensión del mundo que nos rodea. Repito, aquí no se trata de una competencia entre realidad y ficción, sólo de una simbiosis que jamás debería ser olvidada; de lo contrario, nos encontraríamos con honrosos documentales, amputados de toda la magia e irracionalidad que le imprime la imaginación a los hechos del diario vivir. Quizás la presión de los medios y el injusto tratamiento que se le ha ido adjudicando a la fantasía ha extendido una percepción errónea de lo que significa la ficción.

Edward Bloom, el eximio contador de historias de la cinta en cuestión, se alza desde un principio como un espécimen que no se deja capturar por los anzuelos que otros le ofrecen, y a cambio, se propone adornar su azarosa vida con preciosos toques de magia que agudizan los oídos de sus receptores. En esta peligrosa elección, que comienza con el alejamiento de su pueblo natal, él decide tomar el camino más difícil, simbolizado en la elección que hace, entre el nuevo camino pavimentado y el viejo sendero que comunican a su pueblo con el resto del país. En aquella simple elección se resume el largo trayecto que deberá recorrer en su vida, dejando atrás la seguridad de su fama de “héroe pueblerino” y enfrentándose al anonimato que le deparaba su arriesgada elección. Mientras escribo estas palabras se me viene a la memoria una de las pocas, y quizás, la única conversación que logré tener con mi abuelo, allá en mi tierra natal, Antofagasta. El anciano empresario habló durante horas sobre su esforzada vida de comerciante, dándome todo lujo de detalles sobre las personalidades políticas que había conocido y del gran atractivo que ejercía en las mujeres de la época. Sus historias eran una enervante sumatoria de eventos que siempre tenían al signo peso como introducción. Una metódica descripción de hechos reales que estaban vacíos de toda humanidad. Al final intentó darme una moraleja sobre lo exitosa que había sido su vida, vanagloriándose de que sus únicas preocupaciones siempre estuvieron dirigidas a salvaguardar la estabilidad de su estrecho círculo familiar, a saber, una hija de su segundo matrimonio, la hija de esta y su segunda esposa; dejando de lado, como si nada, a seis nietos, dos hijos y a su primera mujer. “Cada uno debe rascarse con sus propias uñas”, era la premisa que había elaborado en sus cincuenta años de trabajo. Gran moraleja. Gran egoísmo. Ciertamente que mi abuelo no se parece en absoluto a Edward Bloom.

Dejemos mi vida privada y regresemos a la película. Edward no se amilana en su empeño, y aunque las cosas no siempre son como esperaba, su persistente entrega lo llevan a conocer la más variada gama de seres humanos, cuyas personalidades sobresalen a todo el ardid fantasioso que les ponía alrededor. La magia de sus descripciones representan los estados y características más relevantes de los personajes que conoce, desde el empresario-licántropo, interpretado por Danny Devito, hasta el ambicioso poeta sin inspiración que termina convertido en millonario.

Afortunadamente, la patética competencia entre realidad y ficción no es un tema en la película ya que ambas constituyen una parte esencial en la representación de la realidad vivida por Edward Bloom. Ambos elementos no podrían existir por separado, ya que permiten una perfecta asimilación de las motivaciones de cada uno de los personajes involucrados, describiendo su complejidad con simples notas de imaginación que funcionan como letales anzuelos con los cuales el protagonista logra atrapar el interés de sus amigos y en especial de su incrédulo hijo. Finalmente, Edward Bloom, El Gran Pez, se convierte en un Gran Pescador que atrapa con su candidez y logra transformar las aletargadas vidas de quienes lo rodean, aunque sea por unos minutos.

Agradezco la posibilidad de haber disfrutado esta película, que con el habitual estilo de Burton, nos lleva a contemplar la esencia misma de las historias, desprovistas de toda la parafernalia simplista que muchos otros nos muestran. Un placer, que afortunadamente, se puede repetir muchas veces con la buena Literatura, y que mucha gente opta por no conocer. Una lástima por ellos, pero una gran felicidad para nosotros, los que aún somos capaces de elegir el camino más difícil, creando hermosos anzuelos en cada historia que leemos, escribimos o dibujamos.

Quizás de eso se trata la vida, de un complejo y enmarañado reflejo de humanidad que nunca dejará de arroparse con el sentimiento verdadero y de esa dignidad entretenida que pocos pueden visualizar con el paso del tiempo. En mi incipiente camino hacia la madurez existen premisas que ya comienzan a elevarse por sobre todas las patéticas reflexiones convencionales que me ha tocado conocer, y la primera de ellas podría traducirse en una frase enseñada por un hombre que deja huella, una frase simple pero con una magnitud que abarca casi la totalidad de la existencia: “La vita comentti domani. Domanni notropo tardi”

Nota: No es fácil escribir sobre una película que vi por primera ve hace unos cincuenta años atrás, sin embargo, creo conveniente hacerlo hoy, a minutos de reunirme con mis grandes amigos de la tercera edad: Lucho, Sergio, Pablo, Jorge, Gabriel, Soledad, Marcelo, Julio, Rodrigo y otros tantos que llegarán. Que el vino nos ilumine y que las historias dibujen nuevamente la hermosa silueta de nuestras vidas.

Marcelo Francisco López González.
(Octogenario lector y porfiado escritor de Ciencia-Ficción)

La Utopía y el Descubrimiento Austral

por Pedro Diaz Bustamante

En una pequeña librería de Punta Arenas, ubicada en calle Ignacio Carrera Pinto, encontramos un libro que nos llamó la atención por su título: El Descubrimiento Austral por un Hombre Volador o El Dédalo Francés y que pertenece a la serie Curiosa Americana y está clasificada como Novela Filosófica. Restif de la Bretonne (1734-1806) es el autor de esta obra, “oscuro tipógrafo y polígrafo fecundísimo que cultivó la novela autobiográfica, la tesis filosófica, el ensayo libertino y, siguiendo la moda de su tiempo, abordó temas referentes a la moral de las costumbres”, de acuerdo a lo señalado en la introducción.

El libro se publicó póstumamente y la edición impresa en Chile (1962) cuenta con prólogo y traducción de Eugenio Pereira Salas.
La novela relata la saga de Victorino, hijo de un procurador fiscal, enamorado de Cristina, hija de su señor. Su amor transformado en verdadero martirio a causa de su diferencia de clases, hace de él un joven dado a la ensoñación, hasta que traba amistad con Jean Vezinier, un empleado doméstico, de malas costumbres, pero gran lector. Juntos construyen una maquinaria de madera que movía dos alas de seda. Lograron así sus primeros vuelos experimentales, que terminan trágicamente con la muerte de Vezinier ahogado en un pantano. Victorino destruye las alas para que el invento no pueda ser reconocido. Posteriormente se dedica a perfeccionarlo y logra su objetivo: instalado en la colina, subió a un pequeño promontorio y dando a las alas el movimiento rápido de la perdiz se elevó con facilidad.

El hombre-volador asombró a toda la región. Muchos lo creían un demonio y Victorino mantuvo en secreto su identidad. Descubrió un lugar idílico llamado el monte inaccesible, hasta allí trasladó a aquellas personas que no eran apreciadas en el condado y les otorgó diversos oficios. Con el paso del tiempo había organizado todo un pueblo, que vivía en franca prosperidad y regido por el respeto y la igualdad de oportunidades.

El amante decide culminar su plan secuestrando a Cristina, que no le era indiferente. Cometido el rapto viven en la comunidad del monte inaccesible, los jóvenes contraen matrimonio. Pronto nacen sus hijos que se desarrollan en medio de un paisaje idílico, sin embargo la población había aumentado en gran número y se hace necesario explorar a otros territorios. Victorino y sus hijos, los únicos dotados con la capacidad de volar, para sus propósitos buscan una isla o continente que esté deshabitado o al menos no hayan sido colonizados por grandes potencias.

Inician sus viajes descubriendo numerosas islas. A partir de ese momento lo que parecía una novela fútil, deja paso a un libro de aventuras, recordándonos los antiguos textos de los exploradores y adelantados que llegaron a América y que enfrentan por primera vez un mundo desconocido, que los maravilla por una fauna y flora que se ofrece exuberante a sus ojos.

En la primera isla, a la que bautizan con el nombre de Cristina, se encuentran con los hombres de la noche. Seres primitivos que podían ver en la oscuridad y poseían un lenguaje gutural semejante al ruido de los murciélagos. Los habitantes del monte inaccesible son trasladados por los hombres voladores y habitan en comunidad con los hombres nocturnos, para ello Victorino dicta leyes que los protejan.

En la segunda isla, los habitantes de la Victorica, nombre con que se bautizó a la isla grande, son de raza patagónica, gigantes de unos doce o quince pies de altura. Son pacíficos, nunca pelean entre ellos, con los cuales traban una gran amistad, de tal modo que Alejandro, hijo de Victorino, contrae matrimonio con una joven patagónica dando origen a una nueva raza. Al mismo tiempo, fortalecen los lazos de amistad y el intercambio comercial entre ambos pueblos.

En la tercera isla, Alejandro advirtió la presencia de un animal velludo, muy parecido al mono, que se aproximaba a su padre. Lanzó un grito de alerta, y gracias a las rápidas alas, se elevaron a unos veinte pies, desde donde pudieron contemplar entre los árboles un grupo de animales semejantes a los otros, que se paraban en sus patas traseras. Sólo entonces se dieron cuenta que estos animales velludos, eran una especie de ser intermediario entre el hombre y el mono. En las islas siguientes encuentran diferentes razas de hombres-animales; simiescos, oseznos, caninos, porcinos, cornúpetos (a los que en la antigua grecia llamaban Serastas), de los que tomaban una pareja, para educarlos en la isla Cristina. Aquí el autor adopta una posición crítica con respecto a las acciones realizadas por los conquistadores españoles.

Fue una suerte inmensa que los hombres-animales del Polo Austral no hayan sido descubiertos por los feroces conquistadores de México y del Perú. Sin duda alguna, contemplando la enorme talla de los patagones, los hubieran masacrado. Y aún más, si en vez de tratarlos como bestias, hubieran advertido en ellos un principio racional, entonces los hubieran quemado en la hoguera por Súcubos e Incubos, sobrevivientes de un primitivo bestialismo.

Los hombres voladores continuaron sus exploraciones descubriendo nuevas especies de hombres-animales, las que integraban a su sociedad. Sin embargo, sabían de la existencia de tierras situadas al oriente, a la altura del grado 00, de clima frígido, pero favorable al desarrollo de una raza fuerte.

Al iniciar la exploración de estas tierras, se sorprenden de la similitud geográfica con Europa, con paisajes similares a Italia, España y Gran Bretaña. Con el único contraste de las dimensiones, pues el continente austral era de tamaño reducido.

Los exploradores habían llegado a la Megapatagonia. A su arribo el pueblo acude a recibirlos para ofrecerles hospedaje y todo lo que necesitaran, gesto hecho sin ostentación sino con el corazón abierto. Los hombres voladores encuentran en los megapatagones una nación civilizada, desarrollada en los vastos conocimientos de la ciencia, del arte y la filosofia. La base de todos sus principios es el orden y la igualdad. Su ley fundamental en pocas palabras es:

1.- Sé justo con tus hermanos; es decir no exijas nada, no le hagas nada que tú no quieres que te hagan a ti mismo;
2.- Sé justo con los animales, lo mismo que tú quisieras que fueran contigo los animales superiores al hombre;
3.- Somos iguales entre iguales;
4. – Cada cual debe trabajar por el bien general, y
5.- Cada cual debe participar en el bienestar general.
Los megapatagones sostienen que los pueblos no necesitan más que estas leyes. Quienes no lo creen así, son opresores o esclavos, que estarán dispuestos a legitimar la injusticia, la desigualdad y la tiranía de algunos de sus miembros sobre la comunidad.

El Descubrimiento Austral, es un libro interesante, lleno de aristas que debemos explorar con la misma diligencia que Victorino y su grupo familiar. Finalmente nos quedamos con las reflexiones de Pedro Gamma en el Imaginario Geográfico Austral Contemporáneo (Impactos Nº 73). No sólo somos lo que pretendemos o creemos ser, sino también como nos imaginan. El Dédalo Francés, es una novela que reúne lo feérico y la utopía para permitirnos una nueva lectura en nuestra presencia patagónica.

por Jorge Diaz Bustamante
Puerto Natales, noviembre de 1995.
Publicado originalmente en Impactos #75

Carl Sagan y Michio Kaku: Escepticismo a Prueba de Balas y Optimismo Desbordante

por Rodrigo Mundaca Contreras

Uno de mis pasatiempos es recorrer las librerías. Es una actividad que conforme pasa el tiempo me gusta cada vez más. En las librerías de usados, ubicadas fuera de la vista de la mayoría, busco joyitas de ciencia ficción, preferentemente de la mítica colección Nebulae. En las librerías pomposas, ubicadas en los malls y grandes centros comerciales, busco libros de divulgación científica. Stephen Hawking, Roger Penrose, Paul Davis, Stephen Jay Gould y Carl Sagan, entre otros pocos, son los nombres a los que principalmente estoy atento.
En esta oportunidad comentaré dos libros que he encontrado en excursiones de esta naturaleza. Ambos son debidos a la pluma de científicos. Uno de ellos fue astrónomo y eminente divulgador científico. El otro, un físico teórico de renombre y también un divulgador. El uno es Carl Sagan. El otro, Michio Kaku. Sus libros: El Cerebro de Broca y Visiones, respectivamente.

Sagan, el paradigma de Escéptico

El Cerebro de Broca es un libro muy del estilo de Carl Sagan. Exuda escepticismo por donde se lo lea. Personalmente, creo que dicha actitud lejos de ser intrínsecamente diabólica (como mucha gente dogmática intenta hacer parecer), es una actitud no sólo sintomática de amplitud mental, sino de sanidad. Una persona que duda es una persona que piensa, que no acepta las cosas tal y como le son planteadas. Una persona que duda es una persona que procesa la información que le llega y que sólo después de analizar la internaliza, o la desecha. Una persona que duda es “una persona”, de otro modo es simplemente un títere.
Sagan es uno de mis divulgadores favoritos. Lamentablemente, no he tenido la oportunidad de acceder a su bibliografía completa, por una cuestión de nula disponibilidad en el comercio. Por eso, cada vez que encuentro algún libro de él, lo compro a ojos cerrados.

El Cerebro de Broca

El cerebro de Broca fue una de esas compras a ojos cerrados. Y no me he arrepentido por ello. El libro está dividido en cinco partes.
La primera de ellas es una suerte de oda a la ciencia. Hay un fragmento que personalmente me fascina mucho y que ejemplifica muy bien el trabajo de la ciencia en buscar relaciones y leyes en la naturaleza. El fragmento, extraído de las páginas 31, 32 y 33, es el siguiente:

Planteemos de momento una pregunta mucho más modesta. No nos preguntemos si podemos conocer la naturaleza del universo, la Vía Láctea, una estrella o un mundo sino si nos es dado conocer, en última instancia y de forma pormenorizada, la naturaleza de un grano de sal. Consideremos un microgramo de sal de mesa, una partícula apenas lo suficientemente grande como para que alguien con una vista muy aguda pueda detectarlo sin la ayuda de un microscopio. En este grano de sal hay alrededor de 1E+16 millones de átomos de cloro y sodio, es decir, 10.000 billones de átomos. Si deseamos conocer la estructura de este grano de sal, necesitamos determinar como mínimo las coordenadas tridimensionales de cada uno de sus átomos. (De hecho precisamos conocer muchas mas cosas, como por ejemplo la naturaleza de las fuerzas con que se interaccionan los átomos, pero para el caso nos contentaremos con cálculos de gran modestia). Pues bien, ¿la cifra indicada es mayor o menor que el número de cosas que puede llegar a conocer el cerebro humano?

¿Cual es el límite de informaciones que puede albergar el cerebro? En nuestro cerebro quizá haya un total de 1E+11 neuronas, los circuitos elementales y conexiones responsables de las actividades química y eléctrica que hacen funcionar nuestras mentes. Una neurona típica tiene como mucho un millar de pequeñas terminaciones, las dendritas, que establecen su conexión con las contiguas. Si, como parece ser, a cada una de tales conexiones le corresponde el almacenamiento de un bit de información, el numero total de cosas cognoscibles por el cerebro humano no excede de 1E+14 es decir, la cifra de los 100 billones. En otros términos, algo así como el 1% del numero de átomos que contiene una pequeña partícula de sal.

Desde tal punto de vista el universo se nos convierte en inabordable, asombrosamente inmune a todo intento humano de alcanzar su completo conocimiento. Si a este nivel no nos es dado comprender la exacta naturaleza de un grano de sal, mucho menos lo será determinar la del universo.
Pero observemos con mayor atención nuestro microgramo de sal. La sal es un cristal que, a excepción de eventuales defectos que puedan presentarse en su estructura reticular, mantiene posiciones bien predeterminadas para cada uno de los átomos de sodio y de cloro que lo integran. Si pudiésemos contraernos hasta posibilitar nuestra incursión en tal mundo cristalino, podríamos ver, fila tras fila, una ordenada formación de átomos, una estructura regularmente alternante de átomos de sodio y cloro, con lo que tendríamos especificada por completo la capa de átomos sobre la que estuviésemos colocados y todas las demás situadas por encima y por debajo de ella. Un cristal de sal absolutamente puro tendría completamente especificada la posición de cada uno de sus átomos con unos 10 bits de información.

Evidentemente, tal estado de cosas no abrumaría en lo más mínimo la capacidad de almacenar información propia del cerebro humano.
Si el universo tiene un comportamiento regulado por leyes naturales con un orden de regularidad similar al que determina la estructura de un cristal de sal común, es obvia nuestra capacidad para abordar su conocimiento. Incluso en el supuesto de que existan muchas de tales leyes, de considerable complejidad cada una de ellas, los seres humanos gozan de la necesaria capacidad para comprenderlas todas. Y en el supuesto de que los conocimientos precisos sobrepasaran la capacidad de almacenamiento de información de nuestros cerebros, quedaría la posibilidad de almacenar información adicional fuera de nuestros propios cuerpos –por ejemplo, en libros o en memorias magnéticas de computadora–, de modo que, en cierto sentido, seguiría siendo posible el conocimiento del universo.

El fragmento anterior lo considero genial. Por un momento Sagan logra que uno se abrume ante la vastedad del universo, al darnos cuenta que un simple e insignificante grano de sal puede resultar de alguna forma inaccesible para el entendimiento humano. Pero entonces hacen su aparición las leyes de la ciencia, que reúnen en poco mucho conocimiento. De esta forma, encontrando relaciones en la naturaleza, podemos emprender la tarea de tratar de comprenderlo, soslayando nuestra limitada capacidad.

En la segunda parte Sagan se refiere a la seudociencia. Señala que los timadores han existido en la humanidad desde siempre, y que su éxito se debe tanto a sus habilidades como a la credulidad de la gente. Expone varios ejemplos que lo demuestran.

La segunda parte finaliza con un muy interesante capítulo dedicado a la ciencia ficción (1). En él confiesa que de niño leía con avidez las novelas del género. Pero conforme iba adquiriendo conocimientos y un pensamiento crítico, comenzó a encontrarle errores que no estuvo dispuesto a perdonarle. Señala que a través de la ciencia ficción llegó a la ciencia, y que considera ésta …más sutil, más complicada y más aterradora que gran parte de la ciencia ficción. OK, ok, si uno se pone a pensar profundamente en esto, terminará por darle la razón a Sagan. Si lo que uno busca es maravillarse, en vez de leer ciencia ficción es mejor asomarse a la ventana y observar la naturaleza… personalmente, el observar una noche estrellada, ya sea a simple vista o a través de un telescopio, siempre-siempre-siempre logra conmoverme… Pero si lo que uno busca es literatura en donde se exploren alternativas poco comunes, entonces lo que uno necesita es ciencia ficción (o fantasía). La literatura clásica no ofrece historias en donde la trama gire en torno de problemas político-religiosos de la sociedad humana dispersa por el cosmos, por ejemplo. La ciencia ficción sí. (Ahí están la serie de Duna, la saga de Hyperion, la saga del Centro Galáctico y el ciclo de la Cultura, por mencionar a vuelo de pájaro algunos relatos con este perfil).

La tercera parte habla sobre el sistema solar. Nos relata la historia del origen de las curiosas denominaciones de los mares y cráteres lunares. Lo mismo con los volcanes y cráteres marcianos. Y finalmente, con la forma de denominar las lunas de los distintos planetas del sistema solar. Dedica un capítulo a hablar de Titán, la luna de Saturno que posee una interesante composición atmosférica, como el lugar más prometedor para albergar vida extraterrestre; también sobre el cómo se manifestaría la vida en otros planetas.

En la cuarta parte Sagan especula un poco sobre el futuro de la humanidad en el espacio. Hace un recorrido por los medios de transporte que hemos tenido como especie. Desde la rueda hasta las naves espaciales. Dedica un capítulo a Robert Goddard, el científico que desarrolló la ciencia de la cohetería norteamericana y que de alguna forma indujo, en décadas posteriores, el desarrollo y la exploración de la Luna y Marte y el resto del universo.

También se refiere a la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Para quienes no sepan, mencionar que Sagan fue uno de los impulsores del proyecto S.E.T.I. para la búsqueda de marcianitos en el espacio. Relata la naturaleza de tal búsqueda, a través de la radioastronomía (y no a través del análisis de supuestas abducciones de adolescentes en edad de merecer o de fotografías de dudosa honorabilidad). Trata de responder, mediante argumentos estadísticos, el número de civilizaciones que teóricamente deberían estar allá afuera. Finalmente, aborda la natural inquietud que muchos nos hacemos: Si el espacio es tan vasto y con tantas posibilidades de vida, ¿por qué dicha vida no se ha presentado ante nosotros?

En la última parte, mi favorita dicho sea de paso, se permite apuntar sus dardos hacia la religión. Históricamente la religión y la ciencia han sido enemigos. Esta enemistad se basa en los paradigmas que las hacen funcionar. En un caso el paradigma es la fe; en el otro, el cuestionamiento de todo. Una promueve verdades eternas; la otra continuamente se corrige a sí misma. Las religiones siempre han visto con malos ojos a la ciencia y por eso históricamente se ha vetado a aquellos que revelaban verdades científicas.

Sagan alude a las religiones. Las considera de hecho …descaradamente deshonestas… y despreciativas de la inteligencia de sus adeptos… Señala varios comportamientos de las religiones que dejan en evidencia esto. Como ejemplo señala el caso de la religión que en 1914 anunció el fin del mundo…
Finalmente, dedica un capítulo a explicar, desde el punto de vista escéptico, la clásica ECM (experiencia cercana a la muerte) que consiste en que el moribundo ve un túnel de luz a la vez que siente una gran paz con el mundo (2).
Me agrada el estilo narrativo de Sagan. Uno no se da cuenta que está recibiendo información a una tasa elevada. Sus escritos, aparte de destilar escepticismo, están impregnados de ironía. No pocas veces sus opiniones llevan implícitas un profundo sarcasmo, que más de alguna sonrisa cómplice me ha inducido.

Recomiendo la lectura de los escritos de Carl Sagan, sobretodo a aquellas personas que no estén familiarizadas con la actitud escéptica. Como dije al principio, creo que dicha actitud es síntoma de sanidad mental, y creo que todos deberíamos manifestar escepticismo en las distintas esferas de nuestras vidas. Sagan no pretende vendernos un producto, ni nos ofrece tranquilidad espiritual. Tampoco quiere nuestro dinero o que renunciemos a nuestra fe. Lo único que pretende es que la gente utilice su cerebro. Después de todo, si aquel nos fue regalado por Dios, sería de mal agradecido el no utilizarlo y estirarlo, aunque sea sólo un poco.

Con Sagan uno estira el cerebro.

Kaku, “vendedor de ungüentos milagrosos”

A Michio Kaku lo conocí por un artículo que leí hace años en Internet. En aquel texto trataba de explicar el concepto de “dimensión” haciendo diversas analogías con el mundo cotidiano. El texto me encantó y, por supuesto, me di la tarea de buscar libros de este autor. Para dejar en evidencia lo deficiente del mercado chileno, he de señalar que demoré cinco años en encontrar un libro de Michio Kaku. Durante aquellos cinco años, sin embargo, lo vi muchas veces en Discovery Channel, en diversos programas de divulgación científica. Siempre tomaba la actitud de oráculo de la ciencia, hablando de los adelantos que vendrían, de la evolución de la sociedad de acuerdo a los nuevos descubrimientos e inventos. Tantas veces lo vi en aquel rol, que llegué a caricaturizar su imagen como la de un charlatán que intenta vender a toda costa su ungüento de la eterna juventud. En todo caso, Kaku dista mucho de ser un charlatán. Es el científico co-fundador de la teoría de las supercuerdas, aquella teoría que intenta ser la teoría de la Gran Unificación de las Fuerzas Fundamentales que Einstein no pudo encontrar. Siendo ese el caso, uno necesariamente debe tomar en serio las palabras de Kaku, o al menos con un escéptico respeto.

La Visiones de Kaku

Visiones lo hallé en la más improbable de las casualidades, en una relativamente anónima librería del centro de Santiago de Chile. Leía los lomos de los libros en los estantes cuando me encontré, inesperadamente, con este libro. Recordé cuanto tiempo había estado esperando por un libro de Kaku. Pensé que oportunidades como esta no se dan todos los días. Afortunadamente mis finanzas siempre están dispuestas a estirarse un poco más cuando se trata de libros, de modo que lo adquirí sin remordimientos.

Visiones trata …del futuro sin límites de la ciencia y la tecnología, centrándose en los próximos cien años y más allá de ese período… Es un libro que se lee en forma vertiginosa. El estilo de escritura sugiere la sensación que uno está en una montaña rusa con pendientes pronunciadas, curvas cerradas y alta velocidad. Al igual que los documentales del Discovery Channel en los que aparece, el libro está impregnado con Optimismo. En una época en la que parece estar de moda el chaquetear (3) los logros de la ciencia y los avances tecnológicos, erigiéndolos como culpables de las desdichas de la sociedad moderna, el leer el texto de Kaku definitivamente sube el ánimo a las personas que, como yo, comparten su visión optimista del futuro y que creen en el rol positivo de la ciencia y la tecnología.

El libro se divide en cuatro partes. En la primera de ellas, a modo de introducción, Kaku justifica el tema que trata el libro, un intento de predicción de lo que vendrá en base a lo que actualmente se puede apreciar en la sociedad. Kaku expresa que los cambios más significativos provendrán de tres revoluciones: la informática, la biomolecular y la cuántica. De paso, señala que las personas más adecuadas para realizar predicciones sobre el futuro de la sociedad son los científicos, puesto que éstos son los “gestores” de los descubrimientos que, en definitiva, redundan en la sociedad completa. Expresa, además, su extrañeza ante el hecho que normalmente sea otro tipo de profesionales (periodistas, escritores, artistas, entre otros) las personas consultadas para realizar una extrapolación de la sociedad.
La segunda parte se centra en la revolución informática. Kaku señala que, entre la ley de Moore (aquella que señala que la capacidades de procesamiento de los procesadores que salen al mercado se duplican cada 18 meses) y la “moda” de la interconexión, puede desencadenar en que todos, absolutamente todos los artefactos de nuestro hogares tengan algún grado de inteligencia, y que se comuniquen unos con otros, con el objeto de hacer más cómoda la vida del consumidor. Y puedo esto no sólo se limite a los artefactos hogareños: se señala como ejemplo extremo la posibilidad de utilizar el calzado como lugar en donde almacenar fuentes de poder y unidades de almacenamiento para el hipotéticos nanocomputadores que llevaremos incrustados en la ropa…

Se dedica a extrapolar la evolución de Internet. Kaku vaticina que se convertirá en algo omnipresente, como un espejo mágico al que uno le podría hacer cualquier pregunta y obtener respuesta inmediata. Leyendo la descripción que Kaku hace de la Internet del futuro, se me viene a la mente la “Esfera de Datos” y la “Megaesfera”, conceptos ambos utilizados habilidosamente en la saga de Hyperion (de Dan Simmons).

La evolución de las máquinas y las comunicaciones entre las personas van a modificar las relaciones entre ellas, ello redundará en profundos cambios en la economía global, en los empleos, en la forma del ocio… Kaku vaticina cuales serán los empleos que tendrán un gran auge, y cuales están destinados a desaparecer.

El Detalle freak

Quisiera detenerme un momento para hacer un comentario paralelo relativo a un detalle que hallé. En el capítulo seis, llamado Reflexiones ¿Quedará obsoleto el ser humano?, Kaku habla, entre otras cosas, del peligro potencial de robots autoconcientes. Señala a HAL 9000, la I.A. de 2001, una odisea espacial, como ejemplo del peligro potencial para los humanos. Luego se refiere a las tres leyes de la robótica de Asimov, y aquí Kaku comete un error… un detalle freak, pero un error al fin y al cabo.

Veamos…

Las leyes de la robótica de Asimov son:

1.- Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por su inacción, permitir que un humano sea dañado.

2.- Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la primera ley.

3.- Un robot debe proteger su propia existencia en tanto en cuanto esa protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

En base al análisis de estas leyes, Kaku lanza una verborrea sobre el alcance de éstas. Señala que puede darse el caso que un robot al cumplir con las tres leyes, ponga en peligro a la humanidad. Nos regala como ejemplo un elocuente paralelo con la burocracia soviética para dejar en claro su argumento (la burocacria soviética fue muy eficiente en competir con los norteamericanos en la carrera espacial, pero puso en peligro la estabilidad económica del país). Y la verdad es que Kaku tiene razón, sin embargo olvida un detalle: la Ley Zero de la Robótica, introducida posteriormente por Asimov precisamente para evitar el problema que indica Kaku.

La Ley Zero, que precede en jerarquía a las tres leyes originales, señala:

0.- Un robot no debe herir a la humanidad, o pasivamente, permitir que la humanidad sufra daño.

El error de Kaku es el haber pasado por alto la ley Zero que, dicho sea de paso, hace su aparición en la Saga de la Fundación, más precisamente en la novela Fundación e Imperio, publicada en 1983. Tirón de orejas para nuestro oriental divulgador, que habla de robots sin haberse leído los libros de Asimov, el autor-paradigma de relatos de esta naturaleza.

Siguen las Visiones

La tercera parte está dedicada a la revolución biomolecular. Con el proyecto Genoma del Humano, la obtención del mapa de genes del ser humano y su posterior desciframiento, la humanidad obtendrá un conocimiento sobre sí misma de una magnitud nunca antes vista. Dicho conocimiento podrá utilizarse para realizar nuevos tipos de diagnóstico de enfermedades. Se podrán curar enfermedades que históricamente han presentado tenaz resistencia; se alargará la vida: ¿seremos inmortales?… En definitiva, Kaku analiza todas las alternativas que la revolución biomolecular, de mano del conocimiento del genoma humano, serán dadas a la humanidad.

La última parte se trata la revolución cuántica. Kaku se explaya sobre las nano-máquinas y motores de alto rendimiento; aumento del consumo energético, nuevos medios de transporte; expansión hacia las estrellas y evolución de la humanidad hacia el estado de civilización planetaria.

Sobre la validez de sus visiones

Al principio señalé que Michio Kaku es co-fundador de la teoría de las supercuerdas, teoría que pretende ser la Teoría del Campo Unificado, una suerte de Santo Grial de la Física Moderna.

Decir que el desarrollo de la física cuántica ha sido la responsable directa de los vertiginosos cambios de la sociedad del siglo XX. La revolución de la electrónica, que actualmente se traduce en sorprendentes gadgets estilo Star Trek, sería sólo ciencia ficción de no ser por la Teoría Cuántica. Ídem para el desarrollo médico (el procesamiento de datos médicos está ligado a los computadores, y éstos, ligados a la teoría cuántica).

Dado lo anterior, podría explicarse las palabras de Kaku cuando señala que son los científicos los autorizados a aventurar predicciones sobre el futuro, dado que ellos, de alguna forma son los responsables.

Personalmente, no estoy del todo de acuerdo con Kaku, considerando que creo conocer al “científico estándar”: una persona un tanto extraña, preocupada de realizar cálculos, viviendo en un mundo abstracto. Atento a sus proyectos de investigación, a escribir papers. Yo no he visto mucha reflexión social en los científicos. Finalmente, los científicos sólo producen las leyes de la ciencia, pero su trabajo no trasciende de allí, según mi óptica.

Por otro lado, los ingenieros son los artesanos que, tomando las leyes de la ciencia, las tuercen para determinar hasta donde es posible sacarle jugo a la naturaleza, y a partir de ahí producen los artefactos que nos maravillan. Los ingenieros laboran inmersos en la sociedad (al igual que los periodistas, los filósofos y los artistas), a diferencia del científico que de alguna forma se automargina al vivir en un estado abstracto. Siendo así las cosas, yo no hablaría de quien está autorizado o no para hacer predicciones sobre el futuro.

Yo diría que cada profesional puede realizar predicciones de acuerdo al área que domina. Un científico puede decirnos mucho sobre las teorías hipotéticas que deben llenar los vacíos teóricos actuales, pero nada puede señalarnos sobre la evolución del mercado, o de las nuevas relaciones sociales que se crean en la medida que aparecen nuevos medios de comunicación. Esto último es pasto para los economistas y los antropólogos, respectivamente.

A pesar de sus palabras, Kaku hace eco de lo que acabo de mencionar. Cuando advierte sobre lo complejo de predecir el futuro, dado lo vertiginoso de los cambios de la sociedad, señala que ha realizado un intento por soslayar aquel problema consultando la opinión de personas que están a la vanguardia en sus respectivos campos de acción. Así, la lista de entrevistados por Kaku incluye a varios premios Nobel y a eminentes profesores e investigadores de universidades e institutos de mucho prestigio (dejando fuera a artistas y filósofos). De esta forma, Kaku intenta minimizar el error en sus predicciones.

El último juez de las predicciones es el tiempo. Por mi parte pretendo que Visiones se quede en mi biblioteca durante el tiempo necesario hasta que sus visiones se transformen o en una realidad cotidiana o en una añeja e infantil predicción.

Notas:
(1) Capítulo 9. Ciencia Ficción: un punto de vista personal. Reproducido (sin permiso de la editorial y sin ánimos de lucro) en TauZero #1
(2) Capítulo 25. El universo Amniótico. Reproducido (sin permiso de la editorial y sin ánimos de lucro) en TauZero #6
(3) Chaquetear: Literalmente: tirar de la chaqueta de alguien, hacia abajo. Festinar, desmerecer.

Fichas Bibliográficas

Título: El Cerebro de Broca
Título Original: Broca’s Brain
Autor: Carl Sagan
Traducción: Doménec Bergada (cap. 1 al 7) y José Chabás (cap. 8 al 25) de la 1ª. Edición de Random House, Inc., New York, 1979.
ISBN: 968-419-420-X
© 1974, 1975, 1976, 1977, 1978, 1979 Carl Sagan
© 1981 Ediciones Grijalbo, S.A.
© 1984 Editorial Grijalbo, S.A. de C.V.

Titulo: Visiones. Cómo la Ciencia revolucionará la materia, la vida y la mente en el siglo XXI
Título Original: Visions. How Science will revolutionize
Autor: Michio Kaku
Traducción: Fabián Chueca
ISBN: 84-8306-123-6
©1997 Michio Kaku
©1998 Editorial Debate, S.A.

El Código Da Vinci: A la caza del Santo Grial

Por A. César Osses Cobián

Esta novela había estado en las estanterías cuanta librería he recorrido en este último tiempo, hasta que decidí comprarla. Todo ello gracias a los curas católicos conservadores. Fue tanto el polvo que levantaron los señores de las sotanas negras (no tanto como el que se levantó al saber el gusto de estos bueyes viejos por el pasto tierno), criticando sin haber leído, alzando sus rosarios y cruces al viento para impedir que leyéramos, que me dije: El escritor tiene que haberles puesto el dedo en la llaga. Y con sal.

Para ser honesto, el libro no me había llamado la atención, al extremo de ni siquiera levantarlo para leer las solapas. El título del libro no me decía mucho, así como tampoco el nombre del autor: Dan Brown, hijo de un matemático y una cantante de música sacra, un perfecto desconocido para quien, como yo, no es muy amigo de los best sellers. Algunos he leído, pero prefiero leer textos más demandantes: algún clásico, algo de Chomsky, algo de ciencia ficción dura (Greg Bear) y reciente/tardíamente he descubierto a Sagan transmitiendo en frecuencias que hace ya un tiempo escucho.

El Libro

La portada no dice mucho: unas puertas cerradas sobre un fondo rojo con facsímiles en bermellón de la escritura invertida de Leonardo Da Vinci y, bajo ellas, la intrigante mirada de la Giocconda. Nada. La versión en inglés contiene un secreto oculto en la tapa, en forma de unas coordenadas, las que puestas en un buscador (en Internet), entregarán una pista para la siguiente novela de Brown, que se cree verá la luz en 2005. No me he fijado si la edición de Umbriel (la que se vende en Chile) tiene esta misteriosa clave oculta en su portada.
El día en que compré el libro leí finalmente las solapas, en las cuales pude informarme que Dan Brown ya ha escrito (con éste) cuatro best sellers, todos ellos basados en investigación para representar hechos y lugares con acuciosidad. En mi opinión, investigación para poder relatar acertadamente la forma en que los curadores de los museos marcan las obras que van a ser restauradas, o la ubicación de las calles en París o Londres, de forma que si un curador o un parisino/londinense leen el libro no hallen divergencias con la realidad. Pese a lo anterior, Dan Brown escribe best sellers, al fin y al cabo.
La novela es un buen thriller. Entiéndase que thriller es sinónimo de acción y suspenso, no actividad intelectual. Brown trata el misterio mediante el recurso de ocultar/retener información al lector, aunque no es necesario un CI muy elevado para adelantarse un poco a los acontecimientos.

No es Dan Brown un Arthur Conan Doyle moderno, ni tampoco un Hitchcock en términos del suspenso de su historia, o un Neruda, en el lirismo de su pluma. El final puede ser dual: imaginado/inesperado. No es un mal final, aunque podría ser mejor; si consideramos que la próxima novela de Brown partirá donde termina El Código Da Vinci, el final tiene otro aspecto dual: final/principio.
El Código Da Vinci es pródigo en persecuciones, y bastará decir que los personajes principales son una criptóloga y un simbólogo, para entender que hay códigos, y muchos. A lo largo de la historia se tienen que ir resolviendo, entregando un acertijo que contiene en sí mismo la pista para su respuesta. Invariablemente.

Casi todos los acertijos son duales: acertijo/respuesta. Las respuestas en sí mismas son duales: respuesta/pregunta. Este es un aspecto de la novela que Dan Brown explota muy bien: la dualidad de las cosas. No es que los símbolos/claves/pistas sean ambívocos: por lo general su significado es uno solo, pero el símbolo/pista/clave es a la vez otra cosa, así como algunos de los personajes también son duales.

Sin embargo, y aquí empezaré a referirme al fondo, las pistas para resolver los acertijos/códigos/claves son milenarias, centenarias, y están en las obras de Da Vinci (La Virgen de las Rocas, la que está expuesta en el Museo del Louvre, y no la Galería Nacional de Londres, o La Última Cena, por ejemplo), de Newton, Disney (sí, sale mencionado), Botticelli y Víctor Hugo, entre otros.

La Historia

La trama del libro gira sobre la existencia del Priorato de Sión, organización que tuvo como tropas de choque a los Caballeros Templarios, y cuya misión es proteger un secreto que los hace muy poderosos; secreto que la iglesia católica quiere para sí, para proteger la integridad de una fe que hace agua por todos lados.

Esta organización secreta europea, fundada en 1099, ha sido presidida en tiempos
antiguos por los notables que he mencionado anteriormente, amén de otras figuras no tan notables pero por ello no menos importantes. Sus nombres fueron conocidos cuando, en 1975, la Bibliothèque Nationale de París descubrió los documentos llamados Les Dossiers Secrets.

El secreto del Priorato es la identidad del Santo Grial, que no es un cáliz (aquel en que se supone Jesús bebió vino durante la última cena) sino una persona: María Magdalena. Y aquí es donde las sotanas se agitaron, los curas alzaron sus breviarios, y no me cabe duda que algunos incluso se convulsionaron en un éxtasis paranoide, temiendo una conspiración (ya que está de moda) del ateísmo y laicismo internacionales para desprestigiar a la iglesia católica. Nótese que la escribo con minúsculas.

María Magdalena fue la esposa de Jesús, y con Jesús tuvo hijos e hijas. María no era prostituta, sino que la iglesia católica desprestigió de esta forma la imagen femenina, desterrando de esta forma a la mujer en la nueva (en ese entonces) religión, hasta los días de hoy. Esta religión, creada por un emperador romano, amalgamando ritos y creencias de religiones mucho más antiguas y de distinta procedencia, fue diseñada a medida para unificar un imperio que se caía a pedazos.

Paréntesis

Tengo que hacer una pequeña disgresión, y referirme al satanismo. Todos conocen la iconografía del satanismo: pentáculos, altares de piedra, personas en túnicas negras, antorchas, ritos circulares. Todos se imaginan que el diablo tiene pezuñas, y cachos, y barba, y porta un tridente. Todo esto es, para resumir en una sola palabra todos estos conceptos, pagano.

¿Qué es pagano? Pagano viene de la palabra latina pagan, que significa campesino; éstos tenían sus rituales, todos centrados en la divinidad de lo femenino, en la fertilidad de la tierra, y sus símbolos son los que la iglesia desprestigió asociándolos a la máxima expresión de maldad: Satanás, también llamado Baphomet (nombre original del dios pagano de la fertilidad). El tridente pertenece a Neptuno/Poseidón, por si acaso: no es inventado.

Así, desprestigiando la imagen de la religión que adoraba a la mujer como divinidad procreadora de vida, desprestigiando a la mujer de Jesús, la religión católica se formó en base a la premisa de que Jesús era un ser divino; la existencia de María Magdalena, casada con Jesús, y madre de sus hijos echaría por suelos la teoría del Jesús hijo de un dios, y daría pie a la más racional idea de un Jesús muy especial, pero humano al fin y al cabo, y no divino.

Reflexiones

No sé cuánto del libro es realidad y cuánto fantasía: los mismos sacerdotes (y sus respectivas alimañas) que denostan esta novela ni siquiera la han leído antes de decidir que sus corderos no deben leerla, antes de vetarla porque pareciera que el contenido no les gustará (o podría descorrerles el velo). La verdad es que esta novela no provocará que un creyente convencido o un fanático deje de lado sus creencias ni que un agnóstico sea más ateo; simplemente entrega una visión de Jesús, distinta a la monopolizada por el Vaticano. Y la tomas o la dejas.

El gran elogio que puede hacérsele a este libro, al margen de las obvias críticas, es que expone en forma amena y cautivante la existencia del Priorato y la historia de los Caballeros Templarios, la existencia de una imagen de Jesús alternativa a la que venden los curas, se da vueltas por los terrenos de la simbología en las obras de Da Vinci, la verdad de las Cruzadas (tal vez) y los diversos mitos que rodean al Santo Grial y su búsqueda. Es decir, expone un conocimiento existente y soterrado en forma accesible al pueblo.

En esencia, la historia que relata Dan Brown resulta ser una moderna búsqueda del Santo Grial, que empieza en París, se extiende a Londres y regresa a París. Insisto, no sé cuánto de lo contado es realidad, y cuánto es ficción; da la impresión de estar bastante documentado, pero para creerle completamente, falta algo muy importante: las referencias. Así que se me ocurrió visitar el sitio web de Dan Brown (www.danbrown.com). Los resultados los presento al final. De hecho, las pinturas, ubicaciones, los documentos históricos y las organizaciones descritas en la novela existen realmente.

Es interesante la dualidad del libro, como vehículo de entretención/difusión, libro/puerta. Puerta para que quienes se sientan interesados por lo que los personajes del libro relatan, puedan adentrarse por su cuenta a profundizar en textos que investigan a los Templarios, o que profundizan en la simbología presente en las distintas obras artísticas contemporáneas o pasadas. Incluso puedan llegar a encontrar textos acerca del contenido de los pergaminos del Mar Muerto, que también son mencionados, aunque de pasada, en El Código Da Vinci.
A pesar de (o tal vez debido a) las quejas de tanto religioso de sotana y capello, El Código Da Vinci se está volviendo un éxito de ventas. No hay que olvidar que es un producto de la imaginación del autor, y que como tal puede tener imprecisiones o errores; sin embargo es un texto que cautiva desde las primeras páginas, y se lee como una adicción. Léanlo, que nadie va a excomulgarlos por ello.

Bibliografía parcial de El Código Da Vinci

* The History of the Knights Templars, Charles G. Addison
* Rosslyn: Guardians of the Secret of the Holy Grail, Tim Wallace – Murphy
* The Woman With The Alabaster Jar: Mary Magdalene and the Holy Grail, Margaret Starbird
* The Templar Revelation: Secret Guardians of the True Identity of Christ, Lynn Picknett & Clive Prince
* The Goddess in the Gospels: Reclaiming the Sacred Feminine, Margaret Starbird
Holy Blood, Holy Grail, Michael Baigent, Richard Leigh & Henry Lincoln
* The Search for the Holy Grail and the Precious Blood, Deike Begg
* The Messianic Legacy, Michael Baigent
* The Knights Templar and their Myth, Peter Partner
* The Dead Sea Bible. The Oldest Known Bible, Martin G. Abegg
* The Dead Sea Deception, Michael Baigent, Richard Leigh & Henry Lincoln
* The Nag Hammadi Library in English, James M. Robinson
* Jesus and the Lost Goddess: The Secret Teachings of the Original Christians, Timothy Freke & Peter Gandy
* When God was a Woman, Merlin Stone
* The Chalice and the Blade. Our History, our Future, Riane Eisler
* Born in Blood, John J. Robinson
* The Malleus Maleficarum, Heinrich Kramer & James Sprenger
* The Notebooks of Leonardo da Vinci, Leonardo da Vinci
* Prophecies, Leonardo da Vinci
* Leonardo da Vinci: Scientist, Inventor, Artist, Otto Letze
* Leonardo: The Artist and the Man, Serge Bramly & Sian Reynolds
* Their Kingdom Come: Inside the secret world of Opus Dei, Robert A. Hutchison
* Beyond the Threshold: A Life in Opus Dei, Maria Del Carmen Tapia
* The Pope’s Armada: Unlocking the Secrets of Mysterious and Powerful New Sects in the Church, Gordon Urguhart
* Opus Dei: An Investigation into the Secret Society Struggling for Power Within the Roman Catholic Church, Michael Walsh
* I. M. Pei: A Profile in American Architecture, Carter Wiseman
* Conversations With I. M. Pei: Light Is the Key, Gero Von Boehm

Hercólubus o Planeta Rojo: Me consta el final del planeta

Las historias sobre el Apocalipsis se han narrado en todas las culturas, en todas las épocas de la humanidad. La tesis que algún día el mundo sufrirá un cambio dramático que terminará con toda la vida del planeta se ha repetido cientos de veces, variando la violencia de la tragedia. Mientras para algunos sería un proceso lento, apenas perceptible, para otros sería un cataclismo de gran impacto, haciendo que toda la humanidad sufriera hasta lo indecible y se arrepintiera por su perversa existencia.

De la misma manera, se han creado miles de “recetas” para escapar de ese cruel e inexorable final. Una buena vía de escape es llevar una vida pastoril y libre de vanidades, comer sólo verduras, o hacer sacrificios a los dioses que corresponda. El viernes 17 de marzo de 2000, en Uganda, se registró el segundo suicidio masivo más grande registrado en los últimos 40 años, cuando más de 230 personas se inmolaron porque, según sus creencias, el Juicio Final estaba pronto a suceder y sólo con el fuego sus almas se salvarían. No todas las salidas son Continúa leyendo Hercólubus o Planeta Rojo: Me consta el final del planeta

Enfermedad del Futuro

por Carolina Nishii

Comentario del libro “El Shock del Futuro”, de Alvin Toffler.

El Shock del Futuro fue publicado en inglés en 1970. A partir de esta fecha ha sido re-editado varias veces y traducido a muchos idiomas (algunas de sus últimas ediciones en español: Plaza & Janes 1981, Bantam Doubleday Dell Publishing Group 1984, Plaza & Janes 1993).

Toffler, norteamericano, fue entrenado como periodista y actualmente se desempeña en su propia empresa como futurólogo (los futurólogos, de forma similar a un oráculo, proyectan un futuro posible basándose en análisis de las características más relevantes actuales).
En su libro, Toffler nos explica con sólidos argumentos las razones por las cuales la sociedad actual puede sufrir de la enfermedad del Shock del futuro; nos cuenta las consecuencias que el futuro nos acarrea física, psicológica e intelectualmente. Finalmente, Toffler nos enumera cuales son los posibles focos de infección de la enfermedad del futuro. Tal vez, si se conocen dichos focos infecciosos, se puede prevenir el contagio…

A) Desarrollo

Si hemos de separar los pasos del hombre hacia su desarrollo, debemos decir que la agricultura fue el primero. El segundo paso está marcado por el industrialismo y el tercer paso es el que estamos viviendo en la actualidad y es el superindustrialismo. La tecnología es el motor que ha generado el cambio a este tercer paso. Podría decirse que a mayor tecnología, mayor es el conocimiento que se adquiere y este conocimiento a su vez alimenta nuevamente a la tecnología, en un círculo que se refuerza a sí mismo. Esta cantidad de conocimientos es muchas veces mayor al que poseía la sociedad hace tan solo 200 años atrás.

B) Brecha Generacional

En la actualidad el 70% de la población está viviendo en el pasado, dependiendo de la agricultura. Un 25% lo forma la sociedad industrializada, desde la primera mitad del siglo XX, moldeados por la mecanización y educados en masa. El restante son sólo algunos millones que viven en los centros de cambio tecnológico y forman la sociedad del futuro. Esta diversidad de sociedades en un mismo espacio puede ser causa de conflictos entre generaciones, padres e hijos, maridos y esposas, pues todos reaccionamos diferente frente a los cambios y la aceleración del ritmo de vida.

C) Duración y transitoriedad

La duración de los productos que nos rodea es cada vez menor, por ejemplo: las envolturas de los alimentos sólo sirven una vez, la duración media de las viviendas ha variado notablemente (hoy vemos un edificio y en un mes ya lo han destruido y construido uno nuevo), tenemos pañales desechables, pañuelos de papel, platos y cubiertos desechables…etc.

Por otro lado, la tecnología ha logrado bajar los costos de fabricación rápidamente y a su vez logra mejorar los objetos con el paso del tiempo. Si, por ejemplo, se descompone un aparato electrodoméstico, resulta más económico y mucho mejor comprar uno nuevo que tenga más ventajas sobre el modelo antiguo y cuyo precio es menor al de la reparación.

D) Movimiento

Para muchos millones de personas y en particular para la “gente del futuro” el hogar está donde cada cual lo encuentre. La economía exige movilidad, obligando a buscar nuevos empleos y dejar atrás las antiguas viviendas para obtenerlos. Este traslado destruye una serie de relaciones antiguas, estableciendo nuevas. Este cambio origina la pérdida del sentido de compromiso. No sólo se cambia de casa, sino de peluquería, supermercado, parada de autobús y junto con este, las relaciones del lugar.

E) Duración de relaciones humanas

Los lazos humanos han alcanzado un carácter temporal, la duración media de las relaciones humanas se ha visto disminuida aumentando las relaciones con una parte de la persona, con un módulo de su personalidad. Cada personalidad tiene miles de módulos los cuales podemos cambiar. Nos interesa un zapatero en cuanto a su eficiencia en satisfacer nuestras necesidades, pero no nos interesa sus sueños, esperanzas o frustraciones, este hombre será plenamente intercambiable con cualquier otro zapatero igualmente competente.

Una relación de duración larga es aquella en la que exigimos y se nos exige mayor comprensión y mayor compenetración con la otra persona, pero no es así en una relación modular o de corta duración en la que nos da igual si el zapatero profesa nuestra religión, nuestra doctrina política, si es heterosexual o no.

El paso acelerado de personas por la vida implica no sólo el atar lazos, sino también el romperlos. Esta capacidad de hacer y deshacer amistades, de tomarlas como simples “conocidos”, es la habilidad de adaptación para la cual algunos parecen más capaces que otros.

F) Organización e información

No sólo hemos encontrado aceleración en el ritmo de cambio de las situaciones, de las cosas, lugares y personas, también existe el cambio en las organizaciones, las cuales en su gran mayoría son burocráticas, es decir, se caracterizan por la permanencia, la jerarquía y la división del trabajo. Sin embargo existe otra forma de organizar a la gente. Hoy en día las organizaciones cambian de forma interior con mucha frecuencia, cambian los títulos, se transforman los cargos, se desplazan responsabilidades. El cambio se puede apreciar con mayor facilidad en lo que se denomina actualmente “proyecto” o “unidad organizada”, los cuales son grupos de trabajo formados para determinada función, la cual una vez terminada, el equipo se disuelve también. En la estructura administrativa, como en la arquitectónica pasamos de formas duraderas a temporales, de permanencia a transitoriedad. Pasamos de la burocracia a la ad-hocracia. El hombre superindustrial no se encasilla permanentemente ni realiza tareas rutinarias cumpliendo órdenes, sino que siente la necesidad de asumir responsabilidades y tomar decisiones. Necesita ser emprendedor.

Tenemos también la información que nos llega por medio de los mensajes que recibimos, ya sea por medio de los medios de difusión o por las personas que nos rodean, las celebridades cambian y se destruyen velozmente, los libros pueden ser traducidos y editados con mayor rapidez que antaño, la música ha aumentado la cantidad de información auditiva que transmite durante un período de tiempo dado, el lenguaje es bombardeado continuamente con jergas que cambian constantemente y todo este cambio en el mundo exterior nos obliga a aprender de nuevo el medio que nos rodea, exigiendo más al sistema nervioso así como un nuevo nivel de adaptación.

G) Novedad

Los cambios que se suceden están creando una nueva sociedad. Nuevas fuentes de energía, nuevos medios de transporte, nuevos alimentos son algunos de los indicios de lo que se avecina. En la ciencia se logrará criar animales especializados o quizá robots domésticos para servirnos, se podrá integrar tejidos vivos en procesos de mecanismos físicos, se podrá lograr la clonación, se podrá transplantar nuevos miembros (como el cerebro) de un cuerpo a otro y no podremos negarnos ante el cambio.

Cuanto mejor se satisfagan las necesidades materiales básicas del consumidor, mayor energía económica se invertirá en satisfacer sutilezas variadas y personales. Se podrá escoger viajar en un avión con características romanas, francesas o inglesas, se podrá experimentar con ambientes simulados que brindarán aventura, peligro o excitación sexual sin poner en verdadero riesgo la vida o la reputación.

La familia no se salvará de los cambios, los optimistas dicen que con el tiempo sobrante que dispondrá la familia se estrecharan los lazos, pero los pesimistas dicen que la familia servirá tan sólo para procrear y criar por tan solo los tres primeros años de vida de la persona.

El industrialismo requería trabajadores capaces de trasladarse cuando el empleo lo requería, y la familia numerosa se transformó en la familia “nuclear” formada por los padres y un número pequeño de hijos. Pero el superindustrialismo exige una mayor movilidad, lo que nos lleva a pensar que las personas del futuro opten por reducir a la familia en un hombre y una mujer.

Las parejas aplazarán la tarea de criar hijos hasta después del retiro, o podrían engendrar y confiar la tarea del cuidado de los niños a grupos padre-madre preparados para desempeñar ese trabajo. No se puede pedir que en estas condiciones el amor dure indefinidamente, la transitoriedad y la novedad se han vuelto contra éste, pues ahora vemos que los matrimonios también se han vuelto temporales.

H) Exceso de opciones

Corremos hacia un exceso de opciones, la decisión del comprador ya no será tan sólo individualizada, sino compleja. La producción material y la nueva tecnología, más que fomentar la estandarización, nos lleva a la diversidad superindustrial. Asimismo la educación ayudada por las computadoras, la instrucción programada y otras técnicas aumentarían la diversidad en las aulas.

Por otro lado, hay un sinfín de segmentación en el mercado, encontramos locales para homosexuales, películas para niños, discotecas para mujeres, etc.

Infinidad de especialistas han nacido, especialistas que tienden a agruparse con los de su propia clase, formando sub-cultos. Podemos ver sub-cultos dentro de científicos, dentro de médicos, incluso formamos grupos de acuerdo a la edad, de acuerdo a los hobbies, de acuerdo a las creencias.

El estilo de vida que se ha decidido seguir, impone un orden, una serie de principios o criterios en las opciones a tomar.
No sabemos el origen de estos modelos que seguimos, que pasan desde James Bond, a los yupies, los hippies o las celebridades, pero esta decisión ayuda a reducir el campo de alternativas con las que nos enfrentamos al futuro.

I) Estrategias de supervivencia

Algunas personas parecen anhelar los cambios más que otras, una casa nueva, un carro nuevo, otro trabajo y más cambios sin que les parezca afectar, pero al analizarlos encontramos zonas de estabilidad en sus vidas: algunas relaciones duraderas cuidadosamente mantenidas a pesar de cualquier otro cambio. Esta quizá es una táctica personal que amortigua de cierta manera la exposición de los cambios, por ejemplo tenemos una persona que puede cambiar de trabajo o de casa o de novia con facilidad, pero que se aferra a su antiguo y viejo auto.

Así como el amortiguador del shock del cambio, del shock del futuro, se deberían crear en general para la sociedad. Un ejemplo de este amortiguador, es llevado a cabo en algunos sistemas carcelarios, en los cuales el reo antes de re-integrarse a la vida en libertad, se le traslada a una institución intermedia donde regresa en las noches luego de trabajar fuera. Se podría usar algo parecido para aquellos que se deban jubilar, para no realizar un cambio tan brusco en sus vidas o se podrían crear clubes de ayuda para aquellas personas que se encuentran a las puertas de un gran cambio en sus vidas, ya sea el cambio de trabajo, el cambio de domicilio o el cambio de estado civil, esta visto que con tan solo encontrarse con personas que también sufrirán o han sufrido un contratiempo similar, ayudará a asimilar mejor el cambio. O quizá la creación de lugares en los que se pueda experimentar por etapas los futuros cambios, quizá ver en tercera dimensión la nueva casa a la que se mudará el futuro gerente, los nuevos vecinos, el lugar de la oficina, el nuevo colegio para ir aceptando poco a poco las cosas nuevas que sucederán.
En cuanto a la educación tanto padres como maestros saben que la educación es el medio que ayudará a los niños en el mundo del mañana, pero las escuelas basan sus enseñanzas mirando al pasado cuando ninguna de esas experiencias servirá a la persona en la toma de las decisiones del futuro.

Entre otros puntos como el fomentar la adaptabilidad enseñando al estudiante a aprender y olvidar y volver a aprender para dar lugar a los nuevos conocimientos que reemplazan a los conocimientos perecederos. Otro punto podría ser el educarlos en el problema del exceso de opciones.

Una de las estrategias del futuro será fomentar el sentido del futuro. Forzándolos a imaginar como serán ellos, sus padres, la gente que los rodea en 20 o 30 años. Citando textualmente el libro encontramos:

«…No tenemos una literatura del futuro para su empleo en estos cursos, pero sí que tenemos una literatura sobre el futuro, consistente no sólo en las grandes utopías, sino también en la ciencia-ficción contemporánea. La ciencia ficción es considerada como una rama desdeñable de la literatura, y tal vez se merece este desprecio crítico. Pero si la consideramos como una especie de sociología del futuro, más que como literatura, la ciencia ficción tiene un valor inmenso como ejercicio mental para la creación del hábito de anticipación. Nuestros hijos deberían estudiar a Arthur C. Clarke, William Tenn, Robert Heinlein, Ray Bradbury y Robert Sheckley, no por lo que éstos puedan decirles acerca de naves espaciales y máquinas del tiempo, sino porque pueden guiar a las mentes juveniles en una imaginaria exploración de la jungla de problemas políticos, sociales, psicológicos y éticos con que habrán de enfrentarse estos niños en la edad adulta. La ciencia ficción debería ser asignatura del primer curso de Futuro…»

La ciencia ficción es una de las puertas para preparar a los estudiantes poniéndolos en situaciones que quizá no sucedan, pero que son un excelente ejercicio para poder hacer frente a lo que les depare el futuro.

No sólo este es el camino, también se debe prever los efectos que podrían producir lanzar al mercado nuevos productos, nuevas ideas o nuevas edificaciones, debemos plantearnos situaciones futuras de la sociedad, reacciones negativas o positivas que nos harán crecer junto al futuro o que nos harán sentir invadidos o amenazados por el futuro, pues nadie gobierna a la tecnología y esta debe ser de alguna manera canalizada, fomentando aquellas tecnologías que sean inofensivas y socialmente deseadas y que sirvan como un instrumento para el mañana y no un beneficio inmediato sin pensar en las consecuencias.

Por último, cito nuevamente a Tofler: «…No es fácil tratar este crecimiento desenfrenado, este cáncer de la Historia. Tampoco existe una pócima mágica para curar la nueva enfermedad que es su secuela: el «shock» del futuro. Yo he sugerido paliativos para el individuo agobiado por el cambio y procedimientos más radicalmente curativos para la sociedad: nuevos servicios sociales, un sistema de educación con vistas al futuro, nuevas maneras de regular la tecnología, y una estrategia para conseguir el control del cambio. Pueden encontrarse otros medios…»

No nos abrumemos por un futuro que amenaza con devorarnos, debemos utilizar los recursos del futuro para canalizar el futuro.

Ecos de Capanna: Comentario sobre el sentido de la Ciencia Ficción

Por Pancho Drake

Con algunos momentos de obra filosófica, otros de obra de historia y otros aún de crítica literaria, no resulta sencillo comentar el libro El sentido de la ciencia ficción de Pablo Capanna (Editorial Columba, Bs. As. 1966), dado su carácter multifacético.

En su afán por definir lo que la ciencia ficción es, el autor aborda la cuestión desde diferentes ángulos:

Hace la crítica del nombre “ciencia-ficción” [s-f]; Realiza una genealogía del “género”, considerando como fundamentador a Platón, y como fundador a H. G. Wells; Historiza las características y el desarrollo de la s-f en diferentes países (Inglaterra, Francia, USA, Rusia, etc.); Cuestiona las principales definiciones que de la s-f se han dado; Se detiene en comentar la obra de varios autores destacados; Analiza las distintas formas que adopta el “genero” (space-opera, gadget story, utopías positivas y negativas, ucronías, etc.); Sintetiza, en unos pocos rasgos, el carácter del aficionado a la lectura de s-f; Llega a poner en duda la pertenencia de la s-f a la literatura, ubicándola en un platónico campo de confluencia entre el mito y la teoría. De todo este sustancioso recorrido, opino que este último punto es lo medular de su planteo y lo que hace que esta obra sobre s-f, publicada en 1966, esté destinada a no perder vigencia.

Ciencia Ficción y Mito

La s-f, según sostiene Capanna, antes que una manifestación literaria, sería un mito experimental en donde se expresaría, a nivel popular, el impacto del imperio actual de la ciencia y de la técnica en la existencia humana.

La s-f no sería literatura, en el sentido clásico, porque no predomina en ella la caracterización de personajes, a partir de los cuales se despliega una historia ambientada en un determinado contexto espacio-temporal. Lo importante no son los problemas humanos, en cuanto individuales, sino las vicisitudes que pueda atravesar el ser humano en cuanto especie: En s-f, a la inversa de la literatura convencional, cuenta más el Hombre que los hombres, el asunto que la trama, el tema que los personajes. El espíritu científico, del cual está imbuida, provocaría en el género la predominancia de lo universal, es decir, de la ley respecto del caso individual, lo que haría dudar si la s-f es propiamente una manifestación literaria o es algo que habría que ubicar entre el mito y la teoría. De ahí la denominación mito experimental.

Al hablar de “mito”, Capanna no se refiere a lo que habitualmente se conoce como tal, sino que apunta a ese recurso metodológico utilizado profusamente por Platón y que es, más bien, del orden de la “alegoría”. Se trata de recursos imaginarios que posibilitan una mejor intuición de conceptos sumamente abstractos. Así, Platón nos describe en el Critias la Atlántida como modelo de Estado, cuyos principios había establecido en la República. De forma similar, en la s-f se trataría de relatos que permitirían, al hombre común, hacer imaginables los efectos de la técnica tanto en la propia existencia como en la existencia de las futuras generaciones. Los mitos platónicos serían un modelo para toda utopía y para toda obra de s-f.

La diferencia fundamental entre el mito tradicional y el platónico, entre mitología y s-f, hace evidente una profunda diferencia entre la posición existencial del hombre antiguo y el hombre moderno. El mito arcaico manifiesta una posición existencial que implica una visión del mundo cerrada, para la cual el tiempo está ligado al ciclo cósmico, fijado en ciertas formas que remiten siempre al momento inicial de la creación. El presente debe ser recreado de acuerdo a lo establecido en el origen, estando garantida su permanencia en la fidelidad de tal recreación; y el futuro solo tiene sentido como repetición del pasado. En cambio, la s-f no parte de ninguna certeza, sino que trata, a partir de lo problemático hoy, dar cuenta de lo que nos puede suceder mañana: la resolución, incierta, queda proyectada al futuro. Diferencia entre certeza y posibilidad, entre Repetición y Progreso.

¿Qué es Ciencia Ficción?

El término “science fiction” (s-f) nace en USA con la fundación en 1926, por parte de Gernsback, de la primer revista especializada: Amazing Stories. Con él se pretendía nombrar un tipo de literatura fantástica que tomaba como tema la ciencia, los científicos y el método.

En castellano, la mejor traducción sería “ficción científica”, pero terminó por imponerse “ciencia ficción”, que llega a través de la editorial Minotauro, a imitación del francés. Término bastardo, discordante, que transforma el “science” inglés de especie o adjetivo en género o sustantivo: no es la ciencia que califica a un tipo de ficción, sino la ficción que califica a un tipo de ciencia.
Lo fortuito del nombre “ciencia-ficción” es en parte responsable de interminables discusiones sobre la definición del género. Judith Merril, compiladora de algunas de las mejores antologías, intenta desenmarañar la polémica haciendo algunas distinciones: acepta y emplea la sigla s-f (science-fiction) haciendo la salvedad de que la “S” puede significar tanto “ciencia” (science) como “especulación” (speculation) y la “F” abarca tanto “ficción” (fiction) como “fantasía” (fantasy) o “hechos” (facts).
También es de esta autora la definición de s-f que Capanna hace suya: ciencia-ficción es la literatura de la imaginación disciplinada. Desde esta perspectiva, lo específico de la s f sería cierta actitud metódica y cierta lógica consecuente, de corte científico, para tratar aun las hipótesis más descabelladas o agotar las posibilidades implícitas en una situación dada.

Lo que caracteriza a una teoría científica, en cuanto tal, no es su capacidad de explicar hechos sino, más bien, el predecir los hechos que se producirán de acuerdo con ella: el método científico se caracteriza por la predicción. Y es esta pretensión de predecir lo que emparentaría a la ciencia con la s-f que, entonces, no se definiría tanto por la cientificidad de sus temas, sino por el modo en que los trata. Lo cual marca su diferencia con otros géneros cercanos, tales como la literatura fantástica.

Es por eso que se podría hacer s-f sin necesidad de tratar temas científicos, sino simples relaciones humanas, y aún tratando temas que tradicionalmente son fantásticos. Lo cientíifico no es el contenido sino la actitud, fundada en el método científico, que exige imaginación y el empleo de una cierta lógica (por ej., los condicionales contrafácticos) y cierto método (por ej., la “extensión al absurdo” o la extrapolación lógica).

Quizás lo más interesante, y al mismo tiempo dificil de captar, es que Capanna no propone una clasificación sino una definición de la s-f que abarca muchas de las temáticas en que se ha intentado clasificar el género, e incluso muchas de las definiciones que de él se han dado. De hecho, bajo su definición, entran productos tan disímiles como la Atlántida de Platón, Utopía de Moro, Frankestein de Shelley, 1984 de Orwell, La Naranja Mécanica de Burgess… y por supuesto, todo lo que se entiende habitualmente por s-f. Y queda fuera, entre otros, la mayoría de lo que se ha denominado “space opera”, es decir novelas de aventuras ambientadas en el espacio y/o en el futuro.

Por ejemplo, dentro de este último rubro quedaría ubicada The dragon masters, novela de Jack Vance, dado que una historia que trate de guerras con extraterrestres y participen naves espaciales no significa que sea una obra de s-f. Sin embargo, alguién podría opinar que el relato pormenorizado que se hace de la cría de dragones, y del lugar que ocupa la misma en la economía de la civilización relatada por Vance, la hace merecedora de ser considerada dentro del género de la s-f.

Estamos aquí en un punto crucial: si sostenemos que el tema de la cría de dragones está tratado con coherencia y consistencia lógica, si se deriva en forma verosimil de lo que sabemos de la condición humana, y si nos permite ver desde una nueva perspectiva tal condición, entonces deberemos concluir que la novela de Vance pertenece al campo de la s-f. Según mi criterio, el tema de la cría de dragones no cumple, por lo menos, con la tercera condición.
A mi entender, la clave de lo propuesto por Capanna está en cierta lógica y cierta metodología que la s-f toma de la ciencia, y que apunta a la pretensión de predicción, ya sea con el fin de anticipar el porvenir, o con el fin de construir el escenario para una mirada crítica hacia la evolución de la humanidad. Es decir, que la pretensión de predicción, inherente a la s-f, es tal en la medida que nos incita y nos posibilita saborear con nuevas sensaciones alguna cuestión relativa a lo fáctico de nuestra existencia humana. Lo cual la diferencia netamente de la literatura fantástica.
Para finalizar, sólo me resta recomendarles con entusiasmo la lectura del libro.

Pancho Drake