ZOMBIE 85

México: El 19 de septiembre de 1985 a las 07:19 hrs, un sismo de intensidad máxima del grado 8.1 en la escala de Richter se sintió en la zona centro de México.

Chile: El 3 de Marzo de 1985 a las 19:47 hrs, un sismo de intensidad máxima del grado 7,7 en la escala de Richter se sintió entre la II y la IX regiones del país.

México: La zona más afectada fue El Distrito Federal.

Chile: La zona más afectada fue San Antonio (V Región).

México: Los daños materiales se calcularon en 4.000 millones de dólares.

Chile: Los daños se avaluaron en 1.046 millones de dólares.

México: El recuento final de víctimas arrojó el saldo de 35 mil muertos (aunque hay fuentes que aseguran que la cifra rebasó los 40 mil).

Chile: El recuento final de víctimas arrojó el saldo de 177 muertos.

México: Los muertos permanecieron muertos.

Chile: Los muertos se levantaron de entre los escombros exhibiendo conductas antropófagas.

Subterráneo

Recuerdo que apenas teníamos doce o trece años. Recuerdo que en aquel tiempo no era necesario recordar nada, porque todo estaba pasando, porque no hay más presente que el de la infancia. Luego se viene la nostalgia y darse cuenta de que la niñez ya está lejos y que ahora no eres más que un reflejo del pasado es algo inevitable. Estábamos los tres: Javiera, Claudio y yo. Paseábamos por la entrada de la Casa de Gobierno, jugando Invasores Extraterrestres. Era nuestro juego favorito. En él, Javiera era una capitana de curvas siniestras –al menos así la imaginábamos con Claudio, pese a que Javiera era de una delgadez de niña absoluta- que nos guiaba a nosotros, su comando, por una tierra apocalíptica en busca de tropas marcianas. Nos pasábamos horas en ese juego. Pero aquella vez que recurre ahora a mi memoria algo pasó que decidimos buscar un nuevo escenario. Fue así como, con el sol golpeándonos las frentes, llegamos al “Agujero”. Sabíamos que era zona prohibida. De hecho así lo decían sendos letreros a su entrada. No había guardias. De todas formas nunca los habíamos visto. Así que entramos con esa excitación de niños rompiendo reglas, bajamos sus escalas. Mi madre me había contado sobre la existencia de una ciudad subterránea muchas veces, algo de un proyecto de los años sesenta en donde la gente podía circular bajo el suelo, bajo Santiago. En unas máquinas gigantescas como cuncunas robóticas. Pero luego todo se pudrió. Empezaron a haber accidentes y explosiones, gente electrocutada y máquinas fuera de control. Duró cerca de cinco años y se decretó el cierre del proyecto. El subSantiago era una especie de utopía abandonada. Circuitos oxidados y suelo húmedo por meados. Todo era oscuridad. Nos entró cierto temor pero nadie lo manifestó por miedo a ser acusado de cobarde. Seguimos avanzando olvidando completamente Invasores Extraterrestres, ahora el juego era otro. Javiera seguía siendo nuestra capitana. La ciudad del subSantiago estaba estructurada por dos veredas paralelas y un riel grueso en el centro de la ciudad. El olor era fatal. Pero seguíamos nuestro camino a ninguna parte. Javiera tomó la delantera. Claudio se me acercó y me dijo que Javiera tenía buenas tetas. Lo quedé mirando sin comprender sobre todo porque nunca le vi pechos a Javiera y porque era la primera vez que Claudio decía algo de ese tipo. Asentí para no quedar mal. Javiera saltó al riel y la imitamos en cuestión de segundos. Seguimos por algo que debe haber sido una especie de gran túnel, porque realmente ahí sí que no se veía nada de nada. Hasta que logramos dar con una aldea vecina, igualmente abandonada. Yo estaba feliz, era demasiado parecido a lo que imaginaba como un escenario perfecto para Invasores Extraterrestres. Demasiado parecido a los libros que más me gustaba leer después del colegio. Deben haber sido unos cuarenta minutos, recorriendo, jugando. Hasta que dimos con la zona púrpura. Eran una luz ultravioleta, que nos iluminaba completamente. No logramos dar con el lugar puntual de dónde provenía pero sentíamos que ya habíamos dado con el clímax de nuestro paseo. No fue así. Escuchamos una suerte de chirrido electrónico al fondo del lugar, muy similar al que hace el televisor que guarda mi padre cuando lo enciende para recordar cómo era la televisión, objeto con el que creció y se educó, otro de los proyectos fallidos de la tecnología, cuando aún se creía en ella. Acudimos al ruido, guiados por el oído y el instinto. Dimos con él. La imagen fue demasiado impactante. Nos quedamos en silencio observándola. Era un cuerpo. No podría decir que era un cuerpo sin vida porque nunca llegué a tal deducción. Era una máquina. Una máquina en agonía. Era las dos cosas a la vez: una máquina y un hombre. La mitad humana estaba en evidente estado de putrefacción, la electrónica en cambio, se resistía a la muerte. Claudio se decidió a hablar. Hola, le dijo. La mitad de la cara izquierda era la parte máquina, como la gran parte izquierda del monstruo. No tenía extremidades. Sólo cables cortados. Se le iluminó el ojo izquierdo de un color rojo intenso y sintético. Nos quería decir algo. Sin embargo no logró soltar mensaje. Aumentaron los chirridos. Se silenció. Nos alejamos. Observamos más detalladamente el salón púrpura. Estaba lleno de extremidades mitad humanas, mitad máquinas. Nos miramos. Decidimos que era hora de volver. Tardamos el doble, quizás el triple. Y justo cuando dábamos con la salida me di vuelta para mirar el imperio escondido por última vez. Javiera y Claudio me llamaron. Les hice un gesto para que continuaran ellos. No miento, pensé en quedarme para siempre. Llegar al fondo de todo esto. Sentí un grito. Un grito de Javiera los conocía demasiado bien. Asustado caminé despacio y atento a la salida. Vi a dos militares tomando en brazos a Javiera y a Claudio y adormeciédolos con una fuerte luz blanca proveniente de una pequeña máquina cuadrada. Tuve que esperar cerca de media hora para salir. No había militares. Corrí a casa. Le conté solo el episodio final a mi madre. La parte de los militares. Extraño. Mi madre parecía desconocer completamente a Javiera y a Claudio. Más extraño. Javiera y Claudio habían sido borrados de la memoria de todo el mundo, incluso de sus propios padres. Yo decidí contar toda la historia para que alguien hiciera algo por mis amigos. Fui a dar al psicólogo por el resto de mi infancia. Al parecer mezclaba mis fantasías con la experiencias reales. Acudí al “Agujero” cientos de veces pero ya no había nada en su lugar. En mi adolescencia pasé de ser un niño con problemas mentales a un posible anarquista. Un profeta del Caos. Así es que me la pasé en hogares de menores y en sitios de reclusión por el resto de mi vida. Mi nombre hoy está escrito en el libro negro del Estado. Mi nombre es Edmundo Gallegos. Tengo treintaidós años. Lucho por una utopía enterrada. Y mi revolución recién empieza.

Temblor

Lo soñé anoche. Fue uno de esos sueños que sabes que se volverán realidad y que luego olvidas hasta que se realiza… y te parece un deja-vu.
Pero esta vez no lo olvidé, cómo podría…
Todo comenzaba con un “extra” en TVN, una ola de temblores de diversa graduación en la escala de Mercalli en Coyhaique y mar adentro; la población está encaramada en las montañas. Un periodista en directo está entrevistando al representante de la Onemi en la zona cuando ocurre un gran terremoto, una explosión en el mar a espaldas del periodista y el fin de la transmisión.
No es cualquier terremoto. Es el surgimiento de un volcán submarino. Nada muy terrible, no ha habido muertos.
Las ondas subterráneas viajan sin mover ni un candelabro.
Ese mismo día ocurre lo impensado, un terremoto grado ocho en la escala de Righter, en pleno desierto de atacama. Miles de heridos, un centenar de muertos y una larga lista de desaparecidos.
Pero eso no es lo peor.
Como si el desastre hubiera sido diseñado por una mente siniestra, las ondas de ambos terremotos se reúnen, se hermanan, se liquidan mutuamene bajo los pies de los ignorantes santiaguinos, potenciándose.
En un segundo la tierra se eleva diez metros, empujando los cuerpos al suelo y golpeándolos como gelatina. Desde cualquier zona se pueden ver las olas, verdaderas olas de tierra, edificios y gente, elevándose y avanzando, pulverizando todo, machacando la carne.
Cuando la onda baja, las personas que antes habían golpeado el suelo ahora se encuentran repentinamente en caída libre. La onda vuelve a subir golpeándolos e regreso. Los huesos se rompen.
El fenómeno dura apenas treinta segundos. Tres olas monstruosas recorren el valle central y rebotan contra los cerros y la cordillera. La sangre recorre las calles como un río.
No queda nada de pie. El Cerro San Cristóbal está quebrado. Sólo la virgen sigue erguida, sus “piernas” colapsadas.
Y creo que no fui el único que lo soñó…

Insomnio

03:30 am

Los ojos están abiertos. La respiración agitada. Los oídos agudos. Millones de ideas cruzan mi cabeza. Millones de personajes oscuros y sin nombre. También pienso en tí. Busco en todas partes el interruptor para ponerlo en “off”, pero no lo encuentro.

04:15 am

Me levanto y busco un poco de agua. Todo está en silencio. Me siento un rato en el sofá. Espero (no se que) y regreso.

04:30 am

Tomo el reloj. El tiempo pasa lento. Recuerdo lo que quería decir y hacer y no hice ni dije. Sentí verguenza otra vez y sonreí al mismo tiempo. Luego volví a mirar el reloj. La hora no avanza.

05:25 am

La cabeza me pesa, igual que los párpados. Las sábanas me asfixian. Pienso en ayer, pienso en mañana. Afortunadamente es Domingo. Pienso en porque cresta no puedo dormir.

05:30

Escucho las olas rugir. Las sirenas suenan. Las alarmas de los autos. La tierra tiembla como nunca. Cierro los ojos. Espero…

Foto de mi ojo

Polaroid Doomsday

Una fotografía de seis aves y un globo es hallada junto al cadáver de un hombre indigente. Su cuerpo fue descubierto en Providencia, a veinte metros de profundidad en la excavación del Costanera Center. Su carne no se ha deteriorado.
Lo curioso es lo escrito al dorso de la imagen. Está fechada el 16 de octubre de 2008. Abajo lee: Santiago. El último ciudadano de nuestra ciudad yace muerto en el canasto de un globo. Sus restos sobrevuelan la desolación, muerte y pestilencia de la capital.
Alguien menciona algo de 12 monos o La jetee, no entiendo. Se ríen… algo de una foto del futuro.
No sé… quisiera reírme también.

El traslado

Esta mañana la comuna de Puente Alto se vio conmocionada con la aparición de un círculo boscoso perfecto de exactamente un kilómetro de diámetro, en donde antes habían casas, plazas, calles y colegios.
El lugar ha sido acordonado, y personal de Carabineros así como del Sag y Conaf están investigando el extraño círculo.
Desde el aire se ve como un punto verde en medio de la ciudad. Las casas que colindan con el extraño bosque fueron cortadas a la perfección, tanto muros como muebles y electrodomésticos. No se ha reportado ningún fallecimiento.
Nuestra mayor preocupación es… ¿dónde están las casas y pobladores que solían estar donde ahora hay un tupido bosque?

Nacimiento, Capítulo III


Llevo 3 semanas y 5 días caminando a través de Santiago, o mejor dicho, lo que queda de Santiago…

En varias ocasiones me he encontrado con una alfombra de cuerpos inertes sobre el pavimento. Mujeres, niños, perros, abuelos, carabineros, oficinistas, políticos, nadie se salvó.

He gritado por toda la ciudad (y en la carretera), no hay respuesta, sólo el silencio, este maldito silencio…

-¿Será posible de que sea el único?-

He llorado varias veces, pero ya no de pena ni de rabia, sino para que el sonido de mi llanto acompañe mis pasos…

Iré al sur, alguna vez escuché que sería un lugar seguro en caso de un desastre nuclear, aunque dudo que eso haya sido lo que pasó.

Si no hay nada intentaré cruzar a Argentina y de ahí seguir al norte, hasta que encuentre a alguien, alguien que me explique que cresta está pasando o para que simplemente me haga compañía.

Recogí unas latas de comida y unas botellas de agua de las ruinas de un Líder y unos trozos de pan con sésamo que encontré en un Mac Donald. Antes de partir dejé un mensaje con unas latas de pintura en la Alameda, en los túneles del metro y en el monumento de la Plaza Italia que, extrañamente, aún se mantenía erguido.

“Seguí al sur por la carretera, no he encontrado a nadie, esperaré un par de semanas en Osorno antes de seguir”

Puse mi nombre y lo que creo que es la fecha de hoy 14/01/07.

Recordé el tema de la película “Midnight Cowboy”, comienzo a silbarlo mientras aparece la carretera en el horizonte…

Capítulo I
Capítulo II

Nacimiento, capítulo II

-¡Conchetumadre, estoy muerto!- Fué lo primero que dije al despertar, la cabeza duele demasiado, el cuerpo apenas responde. Cuando logré enfocar algo quise estar realmente muerto. No había nada, no vi a nadie. Los pensamientos se confunden, apenas recuerdo mi nombre…Raúl, me llamo Raúl. –GRITO-. No hay respuesta, definitivamente no queda nadie acá. Las cenizas se cuelan por mis calcetines. El cielo está gris. -¿Cómo sobreviví?.- Recuerdo el gran árbol, la crisálida, su voz, el grito,
-arrepientanse- dijo, (creo que me arrepentí) luego una gran explosión… y silencio, un silencio terrible.
Valparaíso ya no existe. Caminaré hacia Santiago, tal vez allá quede algo…lo dudo…
Una mariposa de látex se posa sobre mi hombro.

Capítulo I