Nacer muriendo

Una luz deslumbrante, una sensación de felicidad ilimitada y amor omnipresente. Tomado por dos seres luminosos, me arrancan de este estado y me absorbe un túnel oscuro. La luz maravillosa se aleja y siento que lo abandono para siempre. No siento pánico, todo es una deliciosa indolencia.

Los entes me sueltan. Me hallo al lado de mi cuerpo. Estoy quieto, observo. Me muestro desinteresado como si observara un aburrida exposición de museo. Intempestivamente algo me empuja al cuerpo, y entonces mi actitud frente a él se cambia diametralmente. Muero. Estoy tumbado en la acera y siento un dolor fuerte en el pecho. Agonizo. Aparezco en el mundo sufriendo un infarto al miocardio. Continúa leyendo Nacer muriendo

La miserable suerte de Wieslawo

Vampiro. Eso suena soberbio!

¡Dios mío, qué disparate de mierda!

Si oyendo la palabra Vampiro pensáis: “un mozo buenísimo de mejillas pálidas”, os equivocáis. No hay nada peor, nada más humillante que ser un vampiro. Un vampiro no es ni más ni menos que un simple adicto, que si no toma su “porción purpúrea”, le da un puto ataque de convulsiones.

¡Un drogadicto, un cualquiera, la hez del pueblo!

Sí, soy yo. Sí, sí, me llamo Wieslawo y soy un sangrómano… soy un vampiro.

¿Cómo sucedió?

Me agarró un tal vampirito todavía con sed, un muertejo pálido que todavía tenía ganitas de chupar sangrita. Y se bebió pero ¡natural-joder-mente no acabó! No me había chupado como debería hacerlo ¡Hasta el final! Continúa leyendo La miserable suerte de Wieslawo