La realidad es monstruosa

¿Qué es lo que cuenta Lewis Carroll En Alicia en el País de las Maravillas? ¿De dónde sacó estas ideas tan descabelladas y dementes acerca de mundos desquiciados que se doblan sobre sí mismos, repletos de significados torcidos y realidades rabiosamente alteradas? La primera lección que hay que sacar de este libro, que originalmente iba a llamarse Las aventuras subterráneas de Alicia, es confirmar que los textos que exploran la ficción son generalmente los que más se acercan a la realidad como la conocemos. La ciencia ficción, por ejemplo, se comporta naturalmente como una metáfora muy nítida del contexto histórico y la fantasía es un reflejo ampliado de nuestra realidad más cercana. Continúa leyendo La realidad es monstruosa

Watchmen y Star Trek: Crónica de una noche con el nerd-set

El 15 de enero asistimos a ver 30 minutos de Watchmen y otros más de Star Trek. Invitados por la United Pictures International, le llevó rico cocktail y la sorpresa de encontrarse con algo que Miguel Ferrada definió iluminadamente como “el nerd-set criollo” en pleno: Alejandro Lecaros, Pancho Ortega, Salfate, Bisama, el mismo Ferrada, Francisca Solar, el Dr. Zombi, y una pléyade de luminarias que seguramente tenían algo en común: en algún momento de sus vidas jugaron con un sable láser (quizá algunos todavía jueguen con uno cuando nadie los ve). La verdad es que parecía un jardín infantil o la versión grown up de los Rugrats Continúa leyendo Watchmen y Star Trek: Crónica de una noche con el nerd-set

Battlestar Galactica nos habla de nosotros mismos

A ver, dicho en fácil, alto y claro (¿están todos escuchando?), aquí va: Battlestar Galactica es la mejor serie de ciencia ficción de toda la historia conocida, sin duda. El capitán Kirk puede ir al bar a llorar en compañía de Darth Vader y el Doctor Who, porque lo que es aún peor, Battlestar Galactica (BSG de ahora en adelante) no sólo ocurre en una galaxia “far, far away” llena de naves, lasers, guiones espectaculares y androides cyborg, sino que ha ido “dónde ningún otro ha ido antes” en complejidad, dramatismo y temática. Ahí donde otras series se preocupan del traje de lycra y el aparatito intercomunicador, BSG se interesa en las dinámicas internas de una tropa atravesada por el dolor y el heroísmo, la bajeza y la cobardía. Continúa leyendo Battlestar Galactica nos habla de nosotros mismos

SYNCO: Fragmentos selectos

Fragmento 01
CCC.t-Syn-0923.scl 21:54:18

«The coup that failed. Pinochet vs. Merino, confronted archetypes in latin american military history», Time, article by Mike Wilson, 1976.

«Al parecer, alguien al interior del Ejército, que nunca ha logrado ser identificado, alertó a la Armada de los inusuales movimientos de tropas durante la madrugada del 10 de septiembre, todos en dirección a la costa. Continúa leyendo SYNCO: Fragmentos selectos

Eclipse de Stephenie Meyer: Un mito degradado

Eclipse - Stephenie MeyerDebería comenzar hablando de Stephenie Meyer y de su libro Eclipse, pero voy a empezar hablando de HP Lovecraft y Buffy, la cazavampiros.(*)

Lovecraft dice en El horror en la literatura que todos los arquetido del terror tiene un inicio ominoso, en las profundidades más oscuras al interior de las cavernas del ser; con el tiempo se convierten en mitos conscientes personificados en mitologías y religiones y luego pasan al estado de leyendas rurales, para terminar como materia de aventuras y, finalmente, como parodias inofensivas de sí mismos. Nada mejor que los vampiros para ejemplificar esta debacle natural. Lo que comenzó como el terror del hombre de ser absorbido síquica y físicamente por alguna entidad cósmica, hasta verse convertido en el esclavo eterno de lo maligno, continuó como el horrible mito de los Nosferatus eslavos, derivó en vampiros literarios, en un Christopher Lee vestido de frac, hasta llegar a Buffy, serie de televisión -y originalmente una película- acerca de una adolescente preocupada de la ropa y sus espinillas. Continúa leyendo Eclipse de Stephenie Meyer: Un mito degradado

Arthur C. Clarke entra al monolito

Clarke
Fue un autor de ciencia ficción hard y hoy – sin embargo – es recordado por 2001, Una odisea espacial. Ya muerto, sir Arthur bien podría ingresar a ese monumento lleno de estrellas que es símbolo de esta obra metafisica.

por Jorge Baradit (*)

Arthur C. Clarke ha muerto. Me resulta extraño escribir la frase. Es como si se muriera la Luna, algo que siempre ha estado ahí. Algo impensable. Como si se hubiera muerto el futuro.

Con la partida de Clarke, se va uno de los últimos grandes nombres de la era dorada de la ciencia ficción, aquellos que veían el futuro como un gran espacio en blanco donde todo era posible, donde se podían escribir las mejores páginas de la historia de la humidad gracias al entonces aún pristino espíritu cientifico. Un futuro pleno de avances que sanarían todas las enfermedades, acortarían el tiempo y las distancias con una visión más parecida a la que guió la conquista del oeste norteamericano o a los viajeros del Renacimiento, que enfrentaban el infinito en lugar de mirarlo protegidos a través de una ventanita de LCD, como lo hacen los geek emo de hoy.

Clarke fue un hombre del siglo XX. Nació en 1917, cuando todavía no se apagada el fuego en las trincheras de la gran guerra, vivio el asedio de los fascismos y participó en la segunda guerra mundial como instructor de radar para la RAF. Una vez terminado el conflicto, entró al King’s Collage, Londres, en 1948, terminando con honores sus estudios en física y matemáticas, listo para enfrentar la gran aventura que en esos años parecía abrirse para la humanidad: el espacio y un futuro de bienestar, expresado en el inagotable avance de la ciencia y la tecnología.

Fue un autor prolífico, No hubo aspecto de la ciencia ficción que no abordara con éxito, sobre todo en sus relatos cortos, donde desplegó lo mejor de su talento. Cuentos como Los nueve mil millones de nombres de Dios, Encuentro con Medusa y, por supuesto, El Centinela, son joyas del género plagiadas hasta el cansancio por generaciones de autores fanáticos.

Clarke - ArmstrongSin duda, el momento que marcó a Arthur C. Clarke como un autor que transcendió el cerrado mundo de la ciencia ficción fue su colaboración con Stanley Kubrick para 2001, Una Odisea Espacial. No todos saben que la novela fue escrita a la par de la película y que incluso puede decirse que el libro es una novelización de la obra de Kubrick. Convertido en la personificación de la ciencia ficción, fue elegido para narrar misiones Apollo y presentar programas sobre futurología y tecnología de punta hasta bien avanzada la década de los 90.

Es quizá este último aspecto el que más me llama la atención, personalmente y como escritor de ciencia ficción. El autor a quien se considera uno de los más preclaros exponentes de la ciencia ficción hard (preocupada de la coherencia científica de sus creaciones), incluso reconocido por haber inventado el concepto de transmisiones globales a través de satélites geoestacionarios, fue finalmente reconocido, por el público fuera de género, como el autor preocupado por las profundidades metafísicas e incluso religiosas que podían detonar los avances tecnológicos. 2001, Una Odisea Espacial, es una obra plagada de signos y símbolos religiosos, cabalísticos y esotéricos, donde las preguntas acerca de la divinidad, la vida artificial y lo humano trascienden las aparentes preocupaciones por la acuciosidad científica; desarrollando viajes que más parecen experiencias con ácido, y encuentros con inteligencias extraterrestres que parecen teofanías o estados alterados de conciencia. Clarke es para mí el paradigma divulgador científico del siglo XX, que abrazó la ciencia como la gran dadora de respuestas sólo para chocar con la frontera del espíritu, ese gran dador de preguntas, y descubrir que ni la ciencia, ni la tecnología, ni el progreso son la solución par las preguntas del alma.

Lo siento por quienes detestan los lugares comunes en los obituarios, pero no puedo dejar de pensar en que en una de las últimas escenas de 2001 vemos a un anciano enjuto, tullido en una silla de ruedas, tan enfermo como el mismo Clarke vivió sus últimos años, enfrentándose por fin al infinito, entrando en él y encontrando todas las respuestas que seguramente nunca pudo tener en vida. Es decir, mi yo niño, que alucinó con sus historias, desea con todo el corazón que Clarke haya podido entrar en el monolito lleno de estrellas, que no me cabe duda flota ahí en el espacio, en la órbita de Saturno.

(*) Publicado en La Tercera Cultura, sábado 22 de marzo de 2008.

Chile se apaga

La nacion cultura domingo
Nuestro contertulio y amigo Jorge Baradit ha publicado un relato en el suplemento La Cultura Domingo (LCD). Hay que señalar, necesariamente, que desde hace varios años que no se publicaban cuentos en LCD. Con la creación de Jorge, se ha reiniciado el proceso. Tema no menor.

Desde la trinchera del fandom deseamos muchas felicidades a Jorge por este nuevo poroto anotado en el libro del activismo de género.

El relato, a continuación:

Finalmente el ansiado día, esperado por todos, llegó.

Hoy, a las 9:30 de la mañana, el presidente de la República, don Gabriel Aukamán Santander, apagó el último motor a combustión fósil que quedaba en funcionamiento en la capital de Chile. La ceremonia se llevó a cabo en la maestranza de aceros de Peldehue, donde hace dos meses se realizó la última de las conversiones integrales Kaifman-González, de acuerdo al plan estatal a 30 años, para convertir a Santiago en la primera capital de Latinoamérica completamente movida por electricidad. En unos años más, el país completo adquirirá la categoría inédita de “País limpio, nivel uno”.

Lejos quedaron los oscuros días posteriores a la instauración de la Segunda República, cuando la insurrección y los grupos paramilitares se habían tomado los suburbios, producto del enorme descontento por los racionamientos energéticos y la debacle económica. La guerra con Argentina por los campos petrolíferos de la Patagonia motivó alianzas internacionales que impusieron un embargo asfixiante a Chile, que estranguló lentamente nuestra economía, absolutamente dependiente de la energía que llegaba desde el exterior.

La rendición de nuestras tropas en el sur, la caída del gobierno y un posterior período de anarquía hizo necesaria la intervención de fuerzas humanitarias de la ONU, asegurando un gobierno provisional encabezado por el entonces obispo de la Región Metropolitana, S.S. Luis Saavedra Canelo, prohombre de indiscutida honestidad que consiguió aunar en torno a su liderazgo a las primeras fuerzas políticas nobles capaces de levantar a un país que había tocado fondo. Fue el primero en hablar de la necesidad de una “segunda independencia de la República”, sólo alcanzable con el absoluto autoabastecimiento de energía para nuestro país. “La energía es como la sangre de un país, es un regalo de Dios, no una mercancía para esclavizar a los pueblos”, dijo en la recordada “Declaración de Antofagasta”, en el décimo aniversario del conflicto que dejó al país de regreso en su antigua frontera norte. La enorme herida que la guerra había dejado en nuestra sociedad motivó la firme convicción de avanzar en esa “segunda independencia”, a veces con demasiado ímpetu, otras de modos desesperados y descabellados. Nadie olvida la polémica decisión del sucesor de S.S. Luis Saavedra, el decano de la Universidad de Chile, Dr. Ernesto Guevara, de instalar enormes ruedas de hámsters en las cárceles para que los reos pagaran en voltios sus crímenes contra la sociedad. O la excéntrica solución del ministro Ortega de instalar monstruosos galpones alrededor de Santiago llenos de caballos corriendo sobre bandas sin fin, día y noche. Cientos de seudoinventores con las ideas más descabelladas hacían fila en las afueras del Ministerio de la Energía, todos con la firme intención de revolucionar la producción energética con golondrinas, explosivos, camarones de río o supuestos acumuladores que atrapaban la ira de perros rabiosos en celdas voltaicas.

PEDALEANDO

Fueron años duros para nuestra sociedad. Caudillo tras caudillo se sucedían en los peores años para nuestra República. El “Caso Chile” era materia de estudio en cursos sobre política internacional. Lo cierto es que éramos el ejemplo perfecto para hablar del fracaso.

Pronto comenzó el tráfico de energía. Mafias internacionales robaban generadores mecánicos en las postas rurales de Argentina para pasarlos de contrabando a los pueblos fronterizos chilenos. Una familia completa podía vivir decentemente generando energía clandestina para sus vecinos a través de cables subterráneos, pedaleando en la bicicleta de poleas día y noche, padres e hijos, en turnos agotadores. También estaba la mafia tailandesa que contrabandeaba baterías de automóvil y químicos activos venenosos que reemplazaban la iluminación de las casas.

Pasaron muchos años antes que la administración estatal se diera cuenta del gran error que habían estado cometiendo. La implementación de un GRAN PLAN a escala nacional era el equivalente a los enormes, pesados e inoperantes computadores de los albores de la informática. Lo que realmente se necesitaba era una red de esfuerzos locales interconectados. Que cada zona del país aportara con sus particularidades en la tarea. Para ello vinieron técnicos de todo el mundo respondiendo al desafío de construir una sociedad energéticamente limpia. Otro tipo de revolución impulsaba a jóvenes idealistas a cruzar el orbe y a instalarse en un país agonizante del tercer mundo.

RED LUZ

Repentinamente las lluvias dejaron de llegar como de costumbre y las represas dejaron de funcionar adecuadamente. El cambio climático se hizo realidad. Los países comenzaron a gastar sus exiguas reservas de petróleo en carísimos y muy contaminantes sistemas de generación por motores de combustión. Pronto llegaron las guerras por el control de las últimas reservas viables. Enormes movilizaciones de material bélico avanzaban como una plaga de langostas sobre pequeños países, que habían sido maldecidos por estar sentados sobre mares de esa melaza negra y maloliente, la “Venganza de los dinosaurios”, como le llamaban sus detractores.

Mientras las grandes potencias se peleaban por el dominio de los nuevos pozos en el Índico, Chile llevaba décadas desarrollando el programa Kaifman-Gonzalez, en honor al equipo chileno-austríaco que desarrolló la Red Transversal de Esfuerzos Diversos o simplemente la Red Luz, como la conocía el ciudadano común.

Hoy en la mañana, mientras los reportes de las agencias internacionales son desalentadores acerca de los bombardeos sobre Barcelona y Frankfurt, nuestro país indica el camino del futuro. Decenas de residentes extranjeros de las potencias observaban desde lejos el acto del presidente Aukamán (ninguno aceptó sentarse en el mismo acto con sus contrapartes), comisionados por sus gobiernos para observar la experiencia chilena. El “Caso Chile” ha tomado una nueva connotación.

La mañana estuvo preciosa, la brisa de septiembre fue el mejor marco para la celebración. En el exterior de la maestranza, cientos de ciudadanos celebraban la ocasión. Para ellos se habían desplegado enormes origamis sintéticos de plasma que proyectaban nítidas imágenes del primer proyecto exitoso: las “Turbinas Niemand”, enormes brazos flotantes que se extendían kilómetros mar afuera para capturar el ímpetu de la corriente de Humboldt. Su perfil orgánico, similar a tentáculos meciéndose con la corriente, era visible incluso desde aviones que volaban a grandes altitudes. Nuestro país parecía tener un hermoso cabello ondulando en las mareas del Pacífico. También aparecieron las inconfundibles “Flores Enkeli”, esos prados infinitos de enormes hélices plateadas que cubren con su resplandor las pampas de la Patagonia chilena. Fundiéndose en hermosos tonos violeta, entraron a cuadro las exitosas “Unidades Fassler-Mundaca”, cómodas unidades de arriendo inspiradas en los generadores mecánicos clandestinos, capaces de proveer a comunidades aisladas mediante tracción animal. Pero sin duda el proyecto más querido por la ciudadanía era “El jardín de los diaguitas”, una construcción diseñada por un grupo de escultores, poetas, niños de ocho años, sacerdotes, un asesino convicto y dos profetas colombianos, que dibujaba imágenes y palabras en el desierto de Atacama utilizando miles de pozos de un kilómetro de diámetro, cubiertos con una tapa negra opaca de tungsteno. La energía geotermal producía gases que escapaban a enorme velocidad, moviendo paletas que generaban electricidad y mecían a la vez maravillosos móviles de madera y latón de hermosos colores tornasolados. La delegación británica invitada a la inauguración, dijo en su momento que esta obra era la primera piedra de lo que estaba llamado a ser “El nuevo Medio Oriente”, “The sun is your new cupper, and here, in Atacama desert, is more powerful than in anyplace. You have here your new great wealth”.

ESTUPIDEZ HUMANA

El presidente Aukamán, vestido con su impecable traje colector Armani, fabricado con microceldillas solares capaces de generar energía para un teléfono móvil y un hand PC, reveló el siguiente gran proyecto en el que el Estado invertiría todo su esfuerzo: hacer productiva la red de volcanes cordilleranos. Observó que prácticamente ningún país del planeta contaba con una fuente de energía tan potente, limpia y disponible como ésa. Habló con emoción acerca de la manera cómo finalmente la Pachamama nos regalaba todo su amor. De cuánto nos habíamos demorado en entender que debíamos respetarla, agradecerle y venerarla como el origen de toda vida y bondad por la manera desinteresada en que ella nos entregaba su sangre en la forma de energía sana, luminosa y transparente. Lo feliz que estaba de que finalmente nos hubiéramos unido a ella y trabajáramos juntos, no contra ella.

Cuando finalizó su intervención, todos aplaudieron rabiosamente. Siguieron con expectación las maniobras de la grúa que levantaba el vetusto motor a combustión y lo depositaba en un nicho preparado especialmente para la ocasión, tras unos gruesos vidrios que lo protegerían del deterioro. Porque quedaría allí, para siempre, como un mudo recordatorio de la estupidez humana. Para que nuestros nietos pudieran preguntarse en qué estaban pensando nuestros abuelos cuando envenenaban conscientemente el mismo aire que respiraban sus propios hijos.

publicado originalmente en LCD la cultura domingo.

FILSA 2007: La venganza de los nerds

No me canso de citar la increíblemente lúcida frase de Jorge David, Dr. Zombie: “Son los ñoños postergados de ayer los que están haciendo las cosas entretenidas hoy. Los buenos para el fútbol y para las minas están detrás de sus escritorios viviendo una vida de mierda”. Por supuesto, como todo, esa frase ha mutado, ha derivado y quizá nisiquiera Zombie recuerde bien qué fue exactamente lo que dijo, pero no me cabe duda que la versión que el inconsciente colectivo ha ido depurando con el tiempo hasta convertirla en estandarte de batalla, refleja a cabalidad lo vivido el pasado 1 de noviembre en la Feria Internacional del libro de Santiago. La venganza de los nerds.

Hagamos un poco de historia. Corría el año 2005 y la literatura fantástica chilena era un fantasma, un cadáver tan muerto como el último bastión del fandom noventero que el año anterior mismo había dejado de respirar definitivamente, la revista FOBOS, de Luis Saavedra. Lo curioso es que ese año 2004 también había ocurrido en paralelo un hecho secreto que tomaría la posta sin habérselo propuesto: Andrea Palet, editora de Ediciones B, estaba a la caza de “algo” que pudiera remover un poco la literatura chilena, cansada, aburrida, llena de polvo y atragantada de sushi, hamburguesas y fomedad urbana cool. El punto es que gracias a ella, ese noviembre de 2005 habíamos tres pelagatos en la inauguración de la FILSA de ese año: la Enkeli, Rodrigo Mundaca y yo. Nos tomamos una foto con nuestras poleras de merchandising y nos lanzamos al mar de gente dentro de la estación Mapocho a repartir volantes, si señores, como promotores cualquiera repartiendo folletitos y volantes a personas desinteresadas de todo, ese era el profético espíritu en medio del desierto de la indiferencia generalizada.
Continúa leyendo FILSA 2007: La venganza de los nerds

La Brújula Dorada

Brujula doradaPor Jorge Baradit (*)

Es cierto, la historia de una niña y sus aventuras junto a un animal que habla ya fue contada, la epopeya del niño elegido que va en busca de su destino usando artilugios mágicos es casi un template de “curso de guión, uno”. Pero no nos engañemos. Como decía Borges, solo existe una cantidad limitada de historias para contar y lo que disfrutamos son variaciones de arquetipos eternos. Lo que tenemos en “La Brújula Dorada”, de Philip Pullman, es una de esas historias que ofrecen una variación maravillosa y llena de vitalidad de un arquetipo eterno. Sus páginas no se limitan a repetir la fórmula fantástico-épica tan en boga, sino a ofrecer párrafos llenos de creatividad y sorpresa en un lenguaje accesible para el público al que es dirigido. Pullman es capaz de ofrecer un mundo novedoso cuando parecía que los mundos novedosos habían sido todos descritos y redescritos hasta el cansancio, aburridos de tanto elfo y mundos celtas lejanos plagados de nombres altisonantes y descripciones de batallas eternas y genealogías latas. Apelando a la cruza de géneros en un ejercicio lleno de valentía, Pullman hila una historia fantástica aderezada con ciencia ficción, magia, conjura política, aventura y thriller de misterio. Hay monstruos y brujas tanto como energías ambáricas y poder atómico; hay conjuras teológicas oscuras y aventuras veloces sobre trineos siberianos; hay fantasmas decimonónicos y cuerpos astrales directamente salidos de los mundos de la esoteria y la pseudociencia. Hay riqueza y creatividad en un ejercicio de la aventura dinámico, incesante y maravilloso. No estamos hablando de literatura para la literatura, está claro, estamos hablando del lenguaje al servicio de una historia, a la manera más antigua de todas: el relato de una aventura maravillosa que pudo haber ocurrido en un tiempo y lugar indefinido. La palabra retrocediendo hasta desaparecer, para dejar en su lugar una sucesión de diálogos e imágenes poderosas y soprendentes que te hacen desear estar ahí y acompañar a los protagonistas en su aventura.

La historia parte con la pequeña Lyra, ese arquetipo de la niña valiente en el umbral de la juventud tan caro a Hayao Miyazaki que recuerda a Naausicaa y a Mononoke, entrando a la aventura a través de un accidente. Escondida en un armario junto a su daimonion (porque en este mundo todas las personas tienen una personificación de su alma en la forma de un animal) y descubriendo un complot asesino contra Lord Asriel, tío de Lyra y encarnación de todo lo admirable por ella. Lord Asriel logra huir del atentado gracias a la ayuda de la niña y como resultado ésta queda enterada de un misterio que implica el secuestro de cientos de niños por una organización teológica fundamentalista, su traslado hacia algún punto cercano al polo norte y su relación con macabros experimentos relacionados con un misterioso “polvo”, producto al parecer de la actividad de partículas subatómicas relacionadas con las auroras boreales. Por supuesto la niña termina embarcada en la aventura de rescatar a los niños del poder de la Junta de Oblación y a su tío Asriel de las garras de los poderosos panserbjoerne, osos acorazados inteligentes, con la ayuda de sus valientes amigos giptanos. Todo en una especie de mundo paralelo ucrónico, una tierra donde nunca hubo revolución industrial y los zeppelines a hidrógeno cruzan el mismo cielo que brujas montadas en escobas.

El libro da origen a una superproducción fílmica que ha abierto una polémica al menos en Estados Unidos. Según alguna institución conservadora ligada a la iglesia, el libro y la película incitarían a los niños a descreer de dios y deberíamos abstenernos de exponer a nuestros hijos a semejante peligro. Como buena institución fundamentalista cree que dios y ellos son lo mismo y se sienten con derecho de interpretar sus deseos con pasmosa claridad. Es cierto que el libro despliega imaginería gnóstica y pagana, pero no menos que otros relatos mucho más famosos que éste. También es cierto que presenta a una institución religiosa dogmática involucrada en secuestro de niños, pero personalmente tiendo a celebrar ese cuestionamiento de las agrupaciones fundamentalistas que tanto daño ocasionan y han ocasionado más que criticarlo. La verdad es que juzgar al libro de esta manera nos llevaría a revisar casi todas las historias para niños existentes. Ya veo mañana a PETA manifestándose en contra de Caperucita Roja por incitar al odio hacia los lobos o a alguna asociación de “gente pequeña” a eliminar a los enanos del cuento de Blancanieves por considerarlos vejatorios. La Brújula Dorada es una gran historia de aventura e intriga con un grado de complejidad interesante para un best seller infantil entre diez a catorce años. Es una gran oportunidad para acostumbrar a los niños a leer la historia antes de verla en el cine, ejercicio estimulante y enriquecedor. La verdad, si alguien hubiera puesto este libro en mis manos cuando yo tenía doce años lo habría amado con todo mi corazón y, lo más importante, habría querido leer más.

—-

Philip Pullman, inglés nacido en 1946, vivió de pequeño en Zimbawe y Australia a raíz del trabajo de sus padres. A los diez años leyó El Paraíso Perdido, de John Milton, que se convertiría en una gran influencia en sus obras en particular de la saga de la Materia Oscura, de la que La Brújula Dorada es su primer tomo y su obra más premiada.

(*) Comentario publicado originalmente en Cultura, diario La Tercera 08-12-2007

Editorial TauZero #21

…“O, como me vi metido en esto de puro bocón y agrandado”

Luego del reposo estival, comenzaron los reclamos estacionales de rigor. Miles de ñoños antorcha en mano golpeando las puertas de la mansión del Director de TauZero en actitud desafiante, transantiaguizados, los ojos rojos, la ira pintada en sus poco agraciados rostros.

El Director escuchaba al pueblo tras sus paredes.

Muchos pidieron la cabeza del seguro responsable de tanta ignominia. Esbozaron planes espantosos y sonrieron bajo las capas manchadas de sangre urdiendo sabotajes impensables.

Pero el Director no aparecía.

De pronto uno de los zombis, bendecido con la boca más prominente de todas, lanzó al aire la frase decidora: “¡¡¡Yo lo haría mejor que vos!!!”. Al instante las puertas de palacio rechinaron e hizo su aparición magnánima el Director que, apuntando con su portentoso dedo, dijo a los cuatro vientos: “Yapoh, a ver si te la podís”. Y me cagó.

Ahora son las 12 de la noche de un día laboral y estoy frente al computador escribiendo esta editorial mientras el Director se solaza en todo, echadito para atrás en su hogar humilde hogar.

En fin.

Pensé durante un par de días en hacer lo que haría cualquiera con un juguete nuevo: jugar. Perpetrar un Tau de autor, un TAU BARADIT, donde se entrevistaría a Adam Parfrey, autor de Apocalypse Culture; donde se le harían reportajes a oscuros sadomaso evangélicos creyentes en los OVNI, o a la anciana que escribe historias eróticas acerca de polillas vampiro que fabrican licor de aceite humano en los baños turcos de calle Marín; un Tau que incluyera tortura y una corona de clavos oxidados para armar, en esta semana santa de año terminado en siete; recetas para cocinar embriones humanos y ejercicios respiratorios para las mujeres que quieren menstruar por la boca.

Pero.

Después lo pensé mejor y decidí hacer lo correcto (changos!..). Un Tau con tres objetivos: el primero, a raíz del lanzamiento a librerías españolas del número “Premio UPC’06”, Colección NOVA, celebrar que por primera vez en nuestra historia un latinoamericano gana el premio más importante en lengua castellana de Ciencia Ficción (sí sé que viene de muy cerca, pero de haber obviado este acontecimiento histórico me habría ganado otro galardón que ya le pertenece a Boris Quercia. Asi que el que quiera acusarme de egoico, acá tendrá un festín). TRINIDAD, la única novela participante venida desde Chile, gana ex aequo el Primer lugar del Premio UPC’06 de novela corta, año 2006. Incluso Miquel Barceló (castañas!!) nos envió, muy amablemente como es su costumbre, la introducción que incluirá la edición de este año como absoluta primicia.

El segundo punto, es celebrar que nuestro país pedalea con más y más ganas para hacer despegar este cohete a pedales que es el Fantástico nacional. Para ello reportear en distintas áreas los esfuerzos y logros de nuestros compatriotas: Martín Cáceres en comic, Luis “Altair” Saavedra en animación, Sergio Meier en narrativa y la incorporación de un nuevo nombre en ilustración (nuevo al menos para nosotros), Sergio “Kenshin” Quijada, colaborador en DIABLO, HUMAN KIND y CALEUCHE.

El tercer objetivo es mantener viva la chispa de la ciencia pura y dura (marca de nacimiento de TauZero) con un notable artículo de Andrés Corona acerca de nuestro astro Rey.

Para finalizar agradecer a todo el ámbito Tauzeriano por el apoyo, especialmente a Gabo Mérida, a la Enkeli, al propio Tino, a Sergio Amira, Luis Saavedra y tooodo el resto de los que siempre aparecen en la fotografía que nos tomamos una y otra vez en tertulias organizadas de trasnoche, en lugares de dudosa reputación, alrededor de Santiago.

El bonus track es really amazing. Para hablar de lo que significa ganar el UPC y la ciencia ficción, nada menos que otro ganador del UPC, quizá el más notable de todos. Este TauZero incluye una entrevista exclusiva a Robert J. Sawyer, que tuvo la amabilidad de darnos parte de su tiempo para responder nuestras inquietudes, desde acá, desde el very culo del mundo.

Una advertencia. A raíz de la enorme cantidad de material, opté por una diagramación que privilegia los “chorizos” de texto interminable. Al que no le guste leer, que vaya a comprarse el Condorito.

Tau Zero, OTROS MUNDOS…Enjoy this!!

Jorge Baradit, Marzo de 2007.