Sistema Cerrado

A veces quiero un amanecer lluvioso, pero es la nave la que decide. Se supone que sabe lo que hace. Si hay mucho trabajo toca cielo despejado y uno de tres paisajes: montaña, ciudad o desierto. Los de montaña me gustan mucho pero son mejores los de ciudad, son más excitantes. Pierdes un poco de tiempo tratando de reconocer los edificios; al menos adivinar el país. La nave lo sabe. La nave no quiere que te pases el día con la duda en la cabeza y siempre al salir del baño te da los datos del amanecer. Estambul (Turquía), septiembre, por ejemplo. De vez en cuando es bueno para la moral ver ciudades y coches y casas y gente, pero hay que saber dosificar estas cosas o terminas deprimiéndote. Desesperándote. La nave lo sabe y por eso casi siempre tocan montañas o mar. Continúa leyendo Sistema Cerrado

Fallo de Inteligencia

– Deberíamos esperar un poco, hasta estar 100% seguros -dijo el Capitán Ghrttsk.
– ¡Pero no estaremos 100% seguros hasta que ataquemos! ¡Es obvio! -replicó el Capitán Tkpplws cambiando de color, exasperado.

El resto de los presentes guardó un silencio respetuoso, aunque expectante. Tkpplws recuperó la compostura. Relajó sus tentáculos, enrollándolos bajo el cuerpo, y suavizó la textura de su cabeza. De espaldas a la mesa, observando el envolvente movimiento de la atmósfera joviana a través del hidrocristal, el General Swdppk consideró sus opciones. Continúa leyendo Fallo de Inteligencia

Un punto azul pálido

Mañana: alguna tontería en la NASA. Mil años más tarde: la revelación, el golpe. Un universo infinito, sondas y telescopios olfateando entre las estrellas. Hombres en Marte, en Ganímedes, en la negrura. Ciudades y plataformas, granjas solares, Mundos Anillos en obras, la Luna muerta, la Tierra herida, y sin embargo vida. Vida con un pero: sólo la nuestra. Ninguna respuesta desde ningún sitio, nada de nada. Solos. Completamente solos. Una bacteria en un asteroide, de vez en cuando, ¿pero y las naves? ¿Los invasores? ¿Los dioses, los monstruos y los misterios? Polvo y red shifting, y nada más. Resulta al cabo que somos los primeros. Las ruinas y las civilizaciones perdidas, los mensajes que flotan galaxia adentro, galaxia afuera, son todas nuestras, son todos nuestros. Depresión y existencialismo. Solos, solos, solos. Vacío y agujeros negros. Saberlo todo, y para nada. ¿Cuántos millones de años, hasta que haya otros? ¿Cuánto se puede esperar por alguien?

Por Guayec Perdomo.

Momentos Kodak

semaforoMath me apuntó a la cabeza y apretó el gatillo.

Y entonces vi el agua del río alzándose hacia mí, y con un sonoro chapuzón caí en las heladas fauces del Apuleyo.

Cuesta bastante hacer un salto tan repentino. Tengo una memoria bien entrenada (me he pasado una vida y media adiestrándola), pero aun así pensé que tendría suerte si sólo habían sido unos cuantos meses. La tensión del momento y el terror clavándome las uñas en el cerebro no me habían dejado otra opción que aferrarme al primer recuerdo perdido. Por eso trato de llenar mi vida de momentos intensos, más o menos a razón de uno por semana. Sé que es un don maravilloso el que tengo, pero estarán de acuerdo en que no es ninguna gracia pasarse otros cuatro años en la preparatoria. Sobretodo en mi preparatoria. Continúa leyendo Momentos Kodak

Anatema, Neal Stephenson

“La evolución de nuestras mentes a partir de fragmentos inanimados de materia es más hermosa y extraordinaria que cualquier milagro catalogado por todas las religiones del mundo en cualquier época.” – Fra Paphlagon

Anatema es básicamente el diario o bitácora escrito por un fraile en un monasterio futurista (aunque con muchas características medievales) de un planeta (Arbres) similar a la Tierra, mientras va descubriendo que todo lo que consideraba rígido y seguro se tambalea (en todos los niveles posibles, desde el más personal al más cósmico).

Eso, básicamente.

Pero el Criptonomicón es básicamente la historia de un matemático y un soldado durante la Segunda Guerra Mundial, y sus descendientes en la actualidad. Cualquiera que lo haya leído sabe que hay mucho más, terabytes de información y tramas y subtramas. Y aquí pasa lo mismo. Continúa leyendo Anatema, Neal Stephenson

Nunca he visto una araña

A veces, cuando estoy triste, vuelvo a escuchar las conversaciones. Es un arma de doble filo, porque cuando se acaban el silencio es más asfixiante que nunca, la soledad casi insoportable. Son grabaciones viejas, de hace diez años, incrustadas en preciosa cinta magnética, y cada vez que pongo una a correr me estremezco al pensar que pueda ser la última, que la cinta se rompa y toda una tarde de Sami hablando se esfume para siempre. Todo lo demás, la música y las películas, los libros y protocolos y fotografías, todo esta archivado y rearchivado y respaldado hasta la saciedad en las cajas de datos de la estación, pero la voz de Sami, su risa, sus suspiros, las palabras que saltaron el vacío hasta aquí, eso está en las cintas. Viejas cintas de cuando la estación fue inaugurada. Mucho antes del Fin. Continúa leyendo Nunca he visto una araña

Viejo papel amarillento

Cuando termine esta carta voy a matarme.

Ya llevaré muerto un tiempo cuando empieces a leerlo. Aquí o en otra época, pero muerto.

Mucha gente odia a los suicidas, y casi todo el mundo odia a los asesinos. Yo soy ambas cosas, pero no desperdicies tu odio en un muerto. El odio es para los vivos.

Discúlpame. Tener ochenta y tres años y ser un viajero del tiempo me han vuelto confuso y fragmentario. Empezaré por el principio.

Nací en 1979. En 1994 descubrí que soy capaz de viajar al pasado. Sólo hacia el pasado. Cierro los ojos y eso es todo, cuando los vuelvo a abrir estoy en el mismo lugar, un minuto o un año o un siglo antes. El viaje de regreso tengo que hacerlo un día a la vez, como cualquier hijo de vecino. No me pregunten los detalles, nunca me he encontrado conmigo mismo. De todos modos sólo una vez salté a una fecha en que estaba vivo. Continúa leyendo Viejo papel amarillento

El Proyecto

Josh se había sentido raro toda la mañana. Mejor dicho, toda la semana. Desde que habían hecho aquella última prueba en el laboratorio. Se sentía extraño. Ausente. Como si su vida fuera un déjà-vu constante. Le parecía haber visto antes al tipo de traje gris que les hablaba, pero claro, era un ejecutivo, y todos los ejecutivos que conocía usaban el mismo traje gris planchado y el mismo peinado engominado.

– Señores, lamento informarles que la junta directiva ha decidido no aprobar el presupuesto. El proyecto ha sido cancelado. Continúa leyendo El Proyecto

El productor de suicidios

La última vez que lo vi chupaba con desesperación el cañón amargo de un revólver, finalmente decidido pero incapaz de apretar el gatillo por segunda vez. La sangre se acumulaba en su oreja y formaba un charco negro en el suelo, del que todos se alejaban más con asco que con compasión. La primera bala había esquivado el cerebro como había podido, arañando sólo el lóbulo parietal derecho y haciendo astillas el hueso al salir del cráneo. Sus ojos permanecían abiertos, pero no creo que viera algo más que las baldosas azules y blancas del piso del comedor. Con la lengua enroscada en torno al Continúa leyendo El productor de suicidios

Jaula para Marmotas

El 21 de julio del año 2003, una joven secretaria se dirigía como todos los días, a su trabajo en las oficinas del consulado italiano en Boston. Junto a los escalones de la entrada, una baldosa suelta llamó su atención. Al percatarse de que bajo el mármol había un paquete oculto, se puso muy nerviosa. Pensó que se trataba de un nuevo atentado terrorista. Avisó inmediatamente a la policía y pronto todo fue un caos.

Pero no era una bomba: en el interior de una caja metálica envuelta en plástico, los expertos del escuadrón antibombas encontraron varios cuadernos llenos de notas, algunos recortes de Continúa leyendo Jaula para Marmotas