No me miren

“La noche es un monstruo hecho de ojos”
G. K. Chesterton

Una secretaria pasó por afuera de la oficina del Jefe Cárdenas llevando unos papeles. Al pasar frente al ventanal, le echó una mirada breve y coqueta a Ibarra y López, los detectives. El ojo izquierdo era verde. El ojo derecho, color miel.

—Está de moda, definitivamente —dijo el Genio a sus espaldas, sonriendo desde atrás de sus gafas.
—Si el Doctor Forrester hubiera tenido razón —gruñó el Jefe Cárdenas detrás de su escritorio—, ahora tendríamos más de la mitad de Continúa leyendo No me miren

De cuentista a guionista: el proyecto “Los que no vuelven”

Para casi-casi completar la historia de los escasos relatos que he publicado, va un resumen de los vericuetos de mi historia favorita. Se llama “Los que no vuelven”, es muy íntima y breve, y está ambientada en el Chile del año 2030.

Creo que no voy a contar nada del cuento en este post, salvo que hay agua por todas partes, y que los referentes directos fueron “Un mundo sumergido” de Ballard, el video clip de “Pyramid Song” de Radiohead (aunque vi el video después de escribir el cuento, pero eso da lo mismo) y la primera página de “El americano impasible” de Continúa leyendo De cuentista a guionista: el proyecto “Los que no vuelven”

Los dos soles del ocaso

Two suns in the sunset
could be the human race is done?
Roger Waters

1

Y los hombres se dieron cuenta de que las leyendas eran ciertas: hubo un inicio y habrá un fin.

En una noche futura.

Siempre todo transcurría en el pasado o en el futuro, hasta que la noche prometida por fin llegó.

2

En algún lugar del Asia menor, a la hora en que el sol comenzaba a descender en el poniente, en el oriente del cielo apareció una estrella nueva Continúa leyendo Los dos soles del ocaso

Reflexiones en la filmación del booktrailer de SYNCO

El escenario es la tranquilísima comuna de Ñuñoa a pleno sol un sábado a mediodía, los actores son mi amiga Ana Rodríguez y mi amigo Jorge Baradit que están corriendo como locos detrás de la cámara de Raúl Pinto y el auto de Bárbara Cano. Época actual, pero todos estamos imaginando que es 1976, año donde transcurre “Synco”, la novela que Baradit va a lanzar en un par de semanas y de la que se ha hablado más que bastante en la prensa nacional. Continúa leyendo Reflexiones en la filmación del booktrailer de SYNCO

Trailer de "Iron Sky": el ataque de los Nazis del espacio

No sé por qué esto me suena conocido…

Al parecer la historia no fue bien contada. En 1945 los nazis escaparon al lado oscuro de la luna desde sus bases secretas en la Antártida. Desarrollando tecnología durante décadas, escondidos de la supervisión de rusos, chinos y americanos. En el año 2018 se sienten con el poderío militar suficiente para comenzar la invasión de la tierra y así instaurar el IV Reich.

Es el argumento de “Iron Sky”, la próxima película de los muchachos de Wreck a Movie, un sitio para crear una película de forma comunitaria (“the communal moviemaking site”). En el sitio está el trailer, que cortesmente y como muestra de mi regreso al posteo regular en este blog, incluyo acá. Ojalá les guste.

vía ALT1040

Miquel Barceló en Chile

Esta entrevista la realizó Gabriel Mérida en el marco de la visita de Miquel Barceló a nuestro país el pasado noviembre de 2006.

Catalán irreductible y famosísimo editor de la COLECCION NOVA, la más importante del mundo para la Ciencia Ficción en castellano.
Por variadas razones no habíamos podido entregárselas con anterioridad, pero se dió naturalmente hacerlo en este número de celebración. Es bastante extensa, pero estamos seguro que la ocasión, el invitado y el contenido lo ameritan con creces.
La visita de Miquel Barceló a Chile es un hito histórico en el registro de la CF nacional. No todos los días puedes contar con la presencia del más importante de todos en tu pueblo, cenar con él, conversar y discutir alegremente sobre los temas que nos unen.
Esta conversación tuvo lugar antes de conocerse el resultado del UPC y antes de que Ediciones B de España decidiera publicar YGDRASIL en esas tierras, así que algunas reflexiones podrán sonar un poco fuera de tiempo, pero nada de eso le quita brillo al conjunto.

Con mucho orgullo, les entregamos este diálogo histórico entre Miquel y Gabo entre los andenes de la Estación Mapocho, durante el viernes 3 de noviembre del 2006.

enjoy it!!!

M: Partamos ¿Por qué dices que Ygdrasil es la revolución de la ciencia ficción en español?

B: He leído bastante de la ciencia ficción que se hace al menos en España, entonces cuando lees Ygdrasil te das cuenta de que hay un tono distinto. Desde el punto de vista literario, desde el punto de vista de la temática, la novela sorprende mucho. Es una ruptura, casi una revolución. Me parece sumamente original, porque a veces se copian modelos anglosajones, y otras veces se hacen modelos autóctonos, pero no con el poder y la fuerza de escritura que tiene Jorge Baradit.

M: Temáticamente, ¿qué fue lo que más te gustó de la novela?

B: Hay una cosa que sorprende, eso llamado cyberchamanismo. Yo creo que es una etiqueta, pero no la describe totalmente. Hay cyber, hay algo de chamanismo, y hay una interrelación curiosa de política con tecnología y religión… Hay muchas cosas que hacen muy rica la novela.

M: Como editor, ¿qué ocurre cuando te gusta una obra pero no estás seguro de publicarla?

B: El problema es que en España Jorge Baradit es un nombre que no pertenece al fandom español, con lo cual no lo van a acoger necesariamente bien, porque a pesar de todo, somos muy egoístas. Resulta que podrán decir: “¿Por qué publicas a un tío de Chile y no a un tío de España?” Mi respuesta es: porque la novela del tío de Chile me gusta más. Pero ahí puede haber un hueco, y el problema es que si yo me arriesgo a publicar Ygdrasil en España y vende menos de lo que ha vendido en Chile, sería un fracaso. Pero lo estoy pensando, le estoy dando vueltas.

Toda la CF

M: Hoy la ciencia ficción es un nicho de mercado. ¿Eso la perjudica o le otorga riqueza?

B: Como literatura la perjudica, porque el lector habitual de mainstream no quiere condescender a leer ciencia ficción. Le parece algo inferior, lo que no es cierto. Dan Simmons, Connie Willis, Neal Stephenson, William Gibson, no son literatura inferior ni mucho menos. Pero ese estigma queda. Y por otra parte, desde el punto de vista de un editor, la etiqueta, al menos en ciertos países, garantiza un umbral mínimo de ventas. Hay un núcleo de lectores que suelen leer toda la ciencia ficción que se publica, con lo cual es difícil que un libro sea un fracaso absoluto. Digamos que hay libros de literatura general, estilísticamente muy buenos, que se presentan en el mercado, y venden quinientos ejemplares en España, lo que es un fracaso. Incluso el que menos me ha vendido de autor español ha superado los mil ejemplares. Cualquier libro del género debería vender en España un mínimo de dos mil ejemplares. Pero además tiene un techo: conseguir que un libro de ciencia ficción supere los diez mil ejemplares, ocurre en casos muy especiales.


M: ¿Qué opinas sobre el cruce reciente entre la literatura más realista y la ciencia ficción? Pienso en Houellebecq, en Ishiguro, en Philip Roth, considerados “serios” por los críticos.

B: Hay quien decía hace unos años “la ciencia ficción ha muerto”, por la caída de todas las predicciones que se habían hecho. De alguna manera la realidad tecnocientífica va llegando y tomando esos campos, por lo que deja de ser ciencia ficción y pasa a ser mainstream. Se entiende que algunos lectores que nunca quisieran aceptar ser etiquetados toman temas de ciencia ficción y lo ponen en sus novelas. Ya lo hacía Doris Lessing, ya lo hacía Margaret Atwood, por qué no han de hacerlo otros. También ocurre que en ciencia ficción mucha gente tiene miedo a hacer especulaciones a doscientos años vista, porque el ritmo de cambio tecnológico y social es tan alto, que cualquier especulación va a quedar ridícula en seguida. Incluso se está especializando en lo que llaman near-fiction, el futuro cercano. Si la ciencia ficción hace eso, qué menos que la gente que trate de la novela de hoy, mainstream, digamos, movido por los grandes cambios tecnocientíficos (pero también sociológicos condicionados por la tecnociencia), de alguna manera también se metan con temas de la ciencia ficción.

M: ¿De dónde pueden venir nuevas fuentes para refrescar el género?

De cosas raras, como el cyberchamanismo de Baradit, o de gente queriendo recuperar su propia cultura. En todo el mundo hay dos maneras de escribir ciencia ficción: una a la estadounidense, y otra utilizando la cosmogonía, la cosmovisión y la cultura propia. Eso es algo que puede venir de fuera de Estados Unidos, pero lo que pasa es que estamos muy colonizados por el imperialismo, vemos su cine, vemos su televisión, tomamos su Coca-Cola, comemos sus hamburguesas, y también leemos sus libros. Pero incluso en el mundo de los estadounidenses lo que a mí me interesa más es la ciencia ficción que escriben las mujeres, en la línea que empezó tal vez Ursula K. Le Guin con La mano izquierda de la oscuridad, siguió Joanna Russ con El hombre hembra, y que han seguido gente como Sheri Tepper, o Eleanor Arnason con Círculo de espadas.

M: ¿Se trata de ciencia ficción más femenina?

B: Yo no diría eso. Diría una ciencia ficción que especula con futuros o con sociedades distintas. donde el reparto de poder no es el que se da en nuestra sociedad. En nuestra sociedad hay un dominio del varón bastante claro. Aunque las mujeres como parte de la revolución feminista del siglo XX están llegando a círculos de poder, están llegando haciéndose masculinas. Entonces hay gente que dice que hay que contemplar otro tipo de sociedades, que no sean de raíz patriarcal, como es la nuestra. Y en esto hay algunas mujeres que lo están haciendo brillantemente. Además, si la ciencia ficción tiene que hacer lo que a mí me interesa, provocar al lector, sugerirle ideas, hacerle pensar que su mundo no es el único que puede haber, que hay otras alternativas, que la alternativa tenga en cuenta al cincuenta por ciento del género humano me parece muy importante.

M: ¿Hay diferencias de calidad entre la ciencia ficción en español y la anglosajona?

B: Para mí hay sólo una diferencia, en calidad no tiene por qué haberla.
Lo que ocurre es que en el mundo anglosajón hay profesionales. Robert Sawyer sólo vive para escribir ciencia ficción. Puede escribir una novela al año, y en su vida publicará, pongamos por caso, cuarenta, cinco podrán ser obras maestras, cinco más que serán mediocres y otras que serán muy malas. El autor que escribe en español que suele tener una profesión y escribe como un hobby, tiene un problema muy serio, y es que, o le suena la flauta por casualidad a la primera vez, o bien no publica el segundo libro. Esa profesionalización del mundo anglosajón en España no se ha conseguido. El autor español ya puede estar contento si publica veinte novelas. En España sólo tenemos a Domingo Santos, que empezó a escribir en los años sesenta, es un poco nuestro prócer, como Hugo Correa puede serlo aquí.

M: ¿Qué ves en las dragonadas que se están lanzando, orientadas principalmente al público juvenil?

B: Hay un problema con eso. La fantasía heroica como género surgió de la ciencia ficción. El señor de los anillos no, pero sí DarkOver de Marion Zimmer Bradley y Terramar de Ursula K. Le Guin. En algún momento los editores de Estados Unidos se dan cuenta de que pueden separarlos. Muchos de esos son dragonadas, copias malas de Tolkien, pero hay muchas otras que están muy bien; de hecho en Nova a principios de los noventa en España sacamos una colección que se llamaba Nova Fantasía, llegamos a publicar treinta títulos, más pensados para adultos que lo que hacía la Dragonlance o lo que publicaba Timun Mas. En ese momento no es lo que pedía el mercado, lo que ocurre es que ha ido cambiando, y ahora el mercado pide fantasía, los editores de ciencia ficción en España están orientándose más a lo que llamarías fantasía, y te encuentras con que autores de los más nuevos que escriben fantasía. Javier Negrete, que publicó La mirada de las furias, que se tradujo incluso al francés, lo último que ha publicado es Los Señores del Olimpo, porque él es profesor de griego en el Instituto, habla de Zeus y de los dioses. Rafael Marín ha publicado Bienvenido Mr. Chaplin, que va de Charlotte y de Sherlock Holmes, y lo último publicado es Jugalar, sobre el Mío Cid, y es un autor de ciencia ficción que publica novela histórica. León Arsenal, que ganó el premio Minotauro hace tres años, ahora acaba de publicar un libro sobre las sociedades secretas. Supongo que intenta profesionalizarse y ampliar el mercado. De todas formas soy de los que creen que la ciencia ficción da para mucho más, intelectualmente y especulativamente, que la propia fantasía.

M: ¿Conoces más del panorama de la ciencia ficción en Latinoamérica, fuera de España?

B: Hace tiempo que no se conoce demasiado. Yo conozco cosas de Argentina, o las conocía más hace quince o veinte años. Ahora no tengo contacto más que con una o dos personas. De Chile ahora he tenido que estudiar un poco en los últimos tres meses de cara a este viaje. De alguna manera conozco algo de México, estuve hace un par de años allí con gente del género, y en principio diría que no soy en absoluto experto de la ciencia ficción latinoamericana. Diría que tuvo momentos mejores, al menos si hablamos de Argentina o México. Así como en Chile parece que hay una cierta efervescencia, un cierto rebrotar, me parece que en otros sitios no está tan claro.

M: ¿Qué te pareció la publicación de Cosmos Latinos, de Andrea Bell?

B: No la he leído entera, aunque he visto algunas cosas. Lo que me parece muy valioso es que es latino, y en Estados Unidos hay muchos latinos. Los más egoístas son los estadounidenses, les cuesta mucho adaptar o intentar entender cosas de otra cultura. Tienen esa visión de que el mundo se acaba en ellos mismos. Orson Scott Card hace cinco años intentó hacer un proyecto de publicar una colección con novelas de otros países, traducidas, pues él viajaba mucho, conocía otra gente. Y una persona como Card, con el peso que tiene en el mundo editorial, con lo bien que se venden sus libros, no sólo en el mundo anglosajón, no lo consiguió. Porque a los norteamericanos lo que se haga fuera de Norteamérica no les importa. Entonces el libro este, Cosmos Latinos, tiene la ventaja de que se refiere a algo cada vez más creciente, si los latinos están creciendo cada vez más y en Nueva York se pueden leer todos los anuncios en español. Entiendo lo de Cosmos Latinos; me sorprendería mucho más si publicaran un libro de ciencia ficción francesa o italiana o alemana.

M: ¿Qué sorpresa o decepciones o impresiones te causó la lectura de Años Luz?

B: Me parece que está muy bien construido, está haciendo un panorama amplio de la ciencia ficción chilena. Yo entiendo que lo de las primeras décadas es una proto ciencia ficción, con autores de literatura más bien general, que tocan temas que son raros en la literatura general y por eso tienen la etiqueta de ciencia ficción. Me parece que en el mundo latinoamericano partir desde los años ’50 o ’60 se da el género como tal. A mí me parece que es muy rico, ofrece como treinta autores, y que empieza con gente que está muerta y con gente terriblemente joven que todavía tiene mucho camino por correr. Han procurado hacer una selección literariamente decente. En la ciencia ficción, demasiadas veces por desgracia, en pro de la idea se pierde la mínima calidad literaria. Pero este libro da una idea bastante clara de la ciencia ficción chilena, y sobre todo en el último período da un poco la línea de las tendencias de lo que se está haciendo ahora, de lo que esta probando, digamos gente como tú, como Soledad Véliz, como el mismo Baradit y otra gente.

Autores de Ciencia Ficción

M: Eso de que se pierda el espesor literario en busca de la idea, ¿es algo muy dado en la ciencia ficción?

B: La propia ciencia ficción nació como género con Hugo Gernsback y la revista Amazing Stories, que comienza a hacer relatos que en el fondo son los mismos que él había metido en las revistas de electrónica, en donde decidió que también podía ir un cuento mostrándonos el futuro con maravillas tecnológicas. Esa es la ingenuidad del técnico que quiere escribir una narración, y entonces ésta está vinculada a potenciar la idea. Esto sigue con las revistas pulp que son bastante así, Asimov, Clarke, los grandes padres que conoce todo el mundo. Y cambia en los sesenta con la revolución de la New Wave que dice que hay que atender también a lo literario. Hoy tienes a gente como Gibson, como Dan Simmons, como Neil Stephenson, como Connie Willis: ese nivel literario existe. Fíjate que estoy citando siempre autores anglosajones, porque son un referente común de todo el mundo, porque vosotros en Chile seguramente no conocéis a los autores españoles, como la mayoría de los españoles no conocen a los autores de Chile. Claro, me habré leído un par de cuentos de Correa publicados en Nueva Dimensión, habré leído Ygdrasil, habré leído los cuentos de Años Luz, pero eso no quiere decir que pueda etiquetar su nivel.

M: Recomiéndanos tres o cuatro autores del mundo español, ojalá jóvenes.

B: En España a los autores jóvenes no los conozco tanto, conozco más a los de cuarenta, aparte de a los viejos del lugar, como Domingo Santos que sigue escribiendo. Eso como clásico, Gabriel Bermúdez Castillo como otro clásico. Los ya asentados y conocidos que incluso ya han escapado de la ciencia ficción y se han dedicado a publicar en otro tipo de género, para ampliar el mercado. Elia Barceló, César Valentín. Y que se mantuvieran hasta hace poco en la ciencia ficción, pues está Elías Javier Negrete, Rafael Marín, Rudy –Rodolfo- Martínez, y el que a mí me parece más potente, Juan Miguel Aguilera. Es el único autor que he publicado en Nova que ha vendido tanto o más que cualquier novela de autor estadounidense. Es La Locura de Dios, de la que luego vendimos los derechos en Francia, y sus novelas salen ahora antes en francés que en español, lo que es inédito.


Derecho de autor y edición

M: Hay muchos aficionados que leen libros en formato electrónico, ¿qué opinas del tema de los derechos de autor en la época actual, debería revisarse?

B: Además de editor y de escritor de ciencia ficción soy profesor en la universidad y precisamente uno de los temas que trato con los estudiantes de la facultad de informática es el impacto social, la ética. Uno de los tema que cada cuatrimestre discutimos es el derecho de propiedad intelectual. En el fondo, estos se siguen basando en el convenio de Berna de 1887, que está referido a una tecnología distinta. Walter Benjamin, ya en 1931, hizo un opúsculo hablando de los derechos y del arte, La época de la reproducción automática. Como de un cuadro se puede hacer una reproducción casi tan fidedigna como un cuadro, el mercado del arte depende de esa individualidad del cuadro, entonces cuando tienes una reproducción hecha con medios tecnológicos, de la misma calidad… Yo creo que todo esto va a tener que cambiar. Lo que hizo Shawn Fanning con Napster en 1999 cambió las reglas del juego, primero en la música y luego en el cine, en los libros. Ahora hay movimientos, Google está intentando crear una biblioteca universal, escaneando libros, está el problema de los copyrights, pero los libros que ya no tienen derechos de autor se pueden encontrar. Falta perspectiva histórica, pero va a haber cambios para las leyes de propiedad intelectual. Claro, como editor eso me puede caer mal, pero la realidad es la realidad, uno no puede negarla, y eso va a cambiar seguro. En la Universidad estamos usando cada vez más el tipo de licencia Creative Commons, por el tema académico, por artículos. Yo entiendo que las grandes multinacionales del cine, del disco, se puedan defender, pero me parece que tienen difícil defensa. Estamos hablando de un concepto de propiedad intelectual que es obsoleto para la tecnología de hoy.

M: Esta amenaza también podría servir como oportunidad, para que los escritores se encuentren con sus lectores además de la publicación en grandes editoriales. ¿Qué rol juegan en esto las editoriales pequeñas y la autoedición?

B: A todo autor profesional no le gusta la autoedición, porque significa que nadie como editor externo ha alabado mi obra como para publicarla, entonces yo me la publico. El tema es que en internet hay muchas cosas, lo que no significa que la gente las pueda encontrar. Por ejemplo hasta hace dos meses yo no sabía que había una cosa llamada TauZero en Chile. Posiblemente va a crear un problema pero por otro lado dará la oportunidad de que algo que estaba reducido a un círculo de amigos se pueda difundir en un círculo de amigos no tan reducido, reducido pero global.

M: A grandes rasgos, ¿cómo se realiza el proceso de selección y edición de libros en Nova?

B: Yo no suelo preocuparme por lo que digan los agentes, pues estoy bastante contento con el mundillo de la ciencia ficción, entonces cuando aparece un título que me parece interesante en cualquier parte del mundo, pues lo pido. Me leo el libro, con lo que mi hobby está satisfecho. Entonces debo decidir si este libro es publicable en España. Tengo un cupo de diez libros al año, uno por mes, descontando agosto y enero. De una oferta muy grande, entonces, debo seleccionar. Hay libros que no me gustan y no publico. Luego también hay libros que me gustan y no publico, como te comentaba sobre Ygdrasil de Jorge Baradit, que me gusta, pero el hecho de que a mí me guste no garantiza que se vendan los 4 o 5 mil ejemplares que Ediciones B quiere que se vendan. Y es lógico: el libro es un objeto de arte, porque vehicula una posible obra de arte, pero también es un objeto que se vende en el mercado, donde alguien ha invertido un capital y quiere obtener unos réditos, y punto. Si se hace toda la operación y el libro sale al mercado y vende quinientos o mil ejemplares, es un fracaso. Yo suelo pensar que el lector es tan inteligente como yo, y que si yo lo paso bien leyendo un libro, por qué el lector no, entendiendo que hay libros más fáciles y más difíciles.

M: De esos diez libros que se venden, ¿la mayoría son extranjeros?

B: En Estados Unidos sacan 250 títulos al año, entre ciencia ficción y fantasía, yo de los diez saco el premio UPC, que es lo que permite que muchos autores hispanos (no sólo españoles) puedan ser publicados. Otra es que como Nova salió en el año ‘87, busco clásicos, o sea el clásico de Nova que ha salido hace veinte años y que acá no se ha publicado. Yo creo que de los 200 que llevamos, tenemos 15 o 16 libros de autor español, son títulos que se venden menos que los otros. Ahora estoy publicando uno cada dos años. Pues sé que un libro de Scott Card va a vender cerca de diez mil ejemplares y tiene un coste de edición igual al de un autor español que va a vender menos. Mi problema es que yo no arriesgo mi dinero, arriesgo el dinero de Ediciones B, y debo ser honesto con ellos, tengo que hacerles ganar dinero. Tengo que comerme el hobby para pasar a ser un editor profesional que mira el mercado. Hubo una época en que saca uno de autor español cada año, hasta que me dijeron, oye, éstos vende menos, y tuve que pasar a publicar uno cada dos años, pero claro, voy intentando hacerlo. Ahora me pasa que material de autor español no me llega, porque la mayoría están escribiendo más cosas fantásticas, y de estos diez libros yo estoy publicando uno de fantasía casi cada año, incluso me parece que el 2007 serán dos. Pero claro, la mayoría proviene del mercado anglosajón. El premio UPC que comenzó en 1991, son quince volúmenes, unos 50 o 60 títulos de obras. De ellos habrá diez que vienen de inglés, pero los demás proceden de finalistas argentinos, españoles o mexicanos.

M: ¿Has encontrado buenas sorpresas en el UPC?

B: Sí, pero no hay continuidad, y ahí va lo que decíamos sobre la profesionalidad. Robert Sawyer, un canadiense que es profesional, un año envió un título y quedó segundo del premio UPC, al año siguiente envió otro y ganó premio ex aequo, al año siguiente envió otro y ganó. Por ejemplo, de México me llegó una historia bonita, ganó premio, pero luego no he vuelto a saber de este hombre. Lo que habría que hacer sería proponer estas cosas, o seguirse presentando al premio.

M: ¿Y las ventas, en comparación con la literatura “seria”?

B: Depende, la literatura muy seria puede vender de quinientos ejemplares hasta cien mil. El mercado del libro nadie lo entiende. Cuando te digo que una cifra normal para Nova es cuatro o seis mil, bueno, El juego de Ender debe llevar cien mil, el Criptonomicón debe llevar ochenta mil. Y algunos llevan quince mil. Y otros, desgraciadamente de autor español, llevan 1500 o 2000. La conjura de los necios había pasado sin pena ni gloria, hasta el día en que Truman Capote escribió en una crítica que era muy bueno, y se convirtió en un best-seller mundial. Es una cosa muy rara.

Definiciones

M: La CF es una definición, un límite, o un referente. ¿Pueden convivir distintas visiones?

B: La CF es básicamente una tradición. No me gusta citar a Nietzsche, pero él dijo que no se puede definir a aquello que tiene historia pues ha cambiado, y ninguna de las definiciones le puede ajustar a cada momento. Si tú dices ciencia ficción es Frankenstein de Mary Shelley, el Viaje a la Luna de Verne, el Hombre invisible o La máquina del tiempo de Welles, Fundación de Asimov, Cita con Rama de Clarke, pero también dices Neuromante de Gibson, o La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin, o Hyperion de Dan Simmons. ¿Qué tienen de común esos libros? Pues que se enmarcan en una tradición de literatura especulativa que por razones históricas ha dado en llamarse ciencia ficción.

M: ¿Y tu punto de vista personal, ese que dice la ciencia ficción debiera provocar con nuevas ideas?

B: A mí lo que me interesa de la ciencia ficción, a veces, es que sirve para el aprendizaje del futuro. Cuando salió lo de la oveja Dolly clonada todo el mundo comenzó a escandalizarse, pero los editores y autores de ciencia ficción hacía décadas que hablábamos de esa posibilidad, pues te entrena para vivir un futuro del que lo único que sabes es que no será como el presente que tienes, ni como el pasado porque el ritmo de cambio es muy acelerado. Entonces uno ha de aprender que la sociedad en que vive es de cierta manera coyuntural, con toda una historia, claro, pero que podría ser distinta. No sé, vosotros mismos o nosotros en España hemos pasado por períodos políticos que ponen una condicionante determinada sobre la vida de la gente, y la gente vive con una sensación o con otra. La ciencia ficción te permite un cierto relativismo cultural, cuando te describe otra sociedad te das cuenta de que la tuya no es la única posible, lo cual no deja de ser un fermento de cambio posible.

El fandom

M: Tú trabajaste algún tiempo con gente de fanzines y asociaciones. ¿Cómo está tu relación ahora con el fandom español?

B: Yo creo que en principio bien, pero tengo conciencia de que tengo una edad, y que la mayoría de la gente del fandom son más jóvenes, quienes deben integrarlo son los de veinte, treinta, cuarenta años. Ahora no estoy haciendo muchas cosas, aparte del UPC. El fandom como tal en España hoy en día se vincula a través de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, que ha tenido sus altibajos. Se montó en un encuentro en la Haya en 1990, y ahí algunos aprovechamos de poner en contacto a los grupos, se creo la Asociación. y los estatutos. Ahora, al cabo de quince o dieciséis años, por la AEFCFT ha pasado bastante gente y ha tenido bastantes orientaciones distintas. Yo pertenezco a ella, soy uno de los números más bajos de la lista, pero nunca he estado en la junta directiva porque era editor de Nova, y me pareció que no era bueno. Sí he tenido contacto con algunos grupos de directores de ella. Y siempre me he puesto a disposición de todo el mundo, cada vez que se hace una Hispacon yo me ofrezco para dar una charla, una mesa redonda, y siempre colaboro, y si hay que ayudar a traer un invitado de afuera que yo conozca, ayudo. Lo que sí es que la AEFCFT publica una antología, Visiones, que fabrica un antologista designado por la asamblea cada año, y ese antologista tiene el derecho de pedir textos a quien quiera. Esto empezó así, pero de alguna manera empezó a parecer que dependiendo de quien fuera el antologista de ese año, salían sus amigos y no salían sus enemigos, etcétera. Entonces pareció que era bueno hacer otra antología de lo mejor publicado, y ésa es la idea de Fabricantes de Sueños.
El fandom funciona bien porque la Asociación le está dando continuidad. Otra cosa es que el fandom está creciendo mucho por los sitios en internet. Ahí yo reconozco que no me estoy metiendo por un problema de horas. Y también ocurre que Nova, tras casi veinte años de existencia y doscientos títulos, ha sido mucho tiempo un referente, y entonces mucha gente joven tiene que hacer este papel freudiano de matar al padre, y en este caso el padre es Nova y Miquel Barceló.

M: El tema de los fanzines, revistas especializadas, concursos, ¿crees que pueda ser un buen campo de cultivo para eso?

B: Eso siempre. La tradición dice que los autores de ciencia ficción aprendieron a escribir cuentos y luego pasaron a la novela. Escribir una novela larga es complicado, se deben ver defectos de estructura, de montaje, ese tipo de cosas. Lo dijiste tú mismo: esto es escritura de gente del fandom para que la lea gente del fandom. Entonces el problema es cuántos son del fandom, por ejemplo, Espiral y 500 ejemplares de un libro, ese es el mundo del fandom, cuatro librerías especializadas y por correspondencia. Una editorial como Ediciones B, si no vende tres mil ejemplares, no vale. Pero por ejemplo Factoría de Ideas está publicando mucho, Gigamesh, el grupo de A. J. E. C. de Granada, igual publican 2000 ejemplares y también reditan. El único problema de Visiones, de Fabricantes de Sueños, de los Fanzines, es que es una publicación que da salida al ego del autor pero que no está claro que lo hayan leído más de 50 o 100 personas. Entonces lo que el fandom acepte como bueno quizás el mercado no tenga por qué aceptarlo, el fandom es un lector muy especializado que va a estar más entrenado a leer un montón de cosas que el lector general del mercado, que lee ciencia ficción y un montón de cosas más, a quien quizás no le va a interesar tanto.

M: Aquí en Chile decimos que el problema con la literatura de género es que es endogámica, se lee a sí misma, se copia a sí misma y no recibe fuentes exteriores.

B: En el fandom de ciencia ficción tenemos la tendencia a creer que somos distintos a los demás, y lo somos: la gente que escribe policiales o romances no tienen convenciones donde los escritores se pueden encontrar con los lectores quienes les dicen qué les ha gustado y qué no, y hay feedback. Somos un género curioso con una vida interna curiosa. El fandom nació en la ciencia ficción, pero también tiene este problema: el lector unidimensional que sólo lee ciencia ficción, y sólo un tipo de ciencia ficción. Pero eso ha ocurrido siempre: las camarillas de escritores o de poetas que se recitan los poemas a sí mismos, pero nunca los publican para ver que opina el resto del mundo, eso ha ocurrido siempre. En el mundo científico también pasa eso, me temo que no es del fandom: es humano. Claro que en esa característica del fandom es mala (en la ciencia también) porque está dando una limitación de puntos de vista. En la literatura hay más cosas.

M: Para la efervescencia que has notado en Chile y en otros países de Latinoamérica, ¿qué consejos les darías a los escritores de ciencia ficción en el plano creativo?

B: No sirvo para dar consejos, pero la cosa es que yo pienso que un escritor es una especie de ser extraño, con la sensación de que tiene la necesidad de escribir y los otros la obligación de leerlo, lo que no es en absoluto cierto. Un escritor tiene que escribir porque él lo quiere, pero si además quiere publicar, tiene que pensar qué es lo que a los demás les puede interesar leer. Es una cosa que el mundo de los profesionales de Estados Unidos tienen muy claro, de vez en cuando se permiten escribir lo que les sale del corazón, pero matizado para que funcione afuera. Entonces, si uno vive sólo en un círculo de amigos y de escritores donde Fulano lee lo de Zutano y viceversa, eso va a tirar así mucho tiempo. Pero si se quiere salir de ese agujero, que alguien ha llamado ghetto, no sólo de la ciencia ficción sino del círculo cerrado del fandom tal vez, entonces hay que tener en cuenta un poco a los demás. En la literatura se produce siempre un enfrentamiento entre lo que el lector quiere leer y lo que el escritor quiere escribir. Se dice que el escritor acaba escribiendo el libro que él no ha podido encontrar y leer, y por eso lo escribe él, pero esos son sus gustos. Yo creo que habría que hacer es intentar abrirse, acudir a concursos, ser conocido por los demás. Yo siempre digo: ofrezco el premio UPC, que te garantiza que no se va a quedar en el mundo del fandom, se va a comercializar. Lo importante es que tú puedas publicar lo que tú quieres, y que luego puedas ver el juicio que da la gente de la calle, los otros lectores. Ese sería el único backup que de alguna manera te pueda hacer crecer en tus propias idiosincrasias, en tus propias manías y gustos.

M: Y para terminar, Miquel, ¿cómo lo has pasado en Chile?

B: Ah, pero muy bien, ayer lo comentábamos con mi esposa y mi hijo que también han venido. Para nosotros Chile es algo que aprendimos mucho, sobre todo la gente de mi generación, el 4 de septiembre cuando gana Allende, y el 11 de Septiembre cuando Pinochet lo mató. O pasó lo que pasó. Por ejemplo, haber ido a La Moneda y encontrarse que gracias a Lagos se puede entrar ahí, y te emocionas. Para mi generación fue una manera de decir que la Izquierda difícilmente podía llegar al poder sólo por las urnas. Bueno, para mí Chile tenía ese referente, y para mí Chile era Violeta Parra, Víctor Jara, Quilapayún, la Cantata de Santa María de Iquique, Pablo Neruda. Y un poco la referencia de que hay un tipo llamado Hugo Correa que escribe ciencia ficción en Chile. Cuando supe que tenía que venir, me enteré de que el país era largo y estrecho, y aunque en el medio había Santiago, Valparaíso y Viña del Mar, y tendría que dejar para después ir a Iquique o Antofagasta, o Punta Arenas, intentaremos volver. Pero muy agradable, muy bien todo.

Hay una canción de la que alguien citó parte de la letra, y anoche me acordé de que la había escuchado en el colegio en Madrid, el año 67, 68, “si vas para Chile, ya verás viajero como cuidan en Chile, al amigo cuando es forastero”. Y es verdad, lo cuidáis muy bien, yo estoy muy contento y bien.

M: También estamos contentos de recibirte, Miquel.[x]

Trinidad, ganadora del Premio UPC 2006

Pensamos que sería una buena idea incluir un fragmento de TRINIDAD, para sentirle el gustillo mientras esperamos la llegada del libro editado, que saldría a fines de Abril en España. Antes, unas preguntas lanzadas al email por Gabriel Mérida para dilucidar un par de interrogantes.
Aquí va, enjoy it!!


M: ¿De qué va Trinidad, Jorge?

B: Trinidad es una nouvelle en tres actos. Cad uno protagonizado por una mujer: Mariana, una asesina junkie, protagonista de Ygdrasil; Angélica, una Inteligencia Artificial en el cuerpo de una niña de trece años; y Magdalena, una policía con desequilibrios mentales muy particulares.

Cada cuento es autoconclusivo e independiente, pero hay una historia subyacente, la del “Proyecto para la ciudadanía del ciberespacio”, que parte como una iniciativa del gobierno para levantar mentes de modo permanente al ciberespacio de manera de potenciar las labores informáticas, pero que deriva en un desastre de proporciones cuando se descubre que en realidad se está preparando el regreso de entidades muertas hace siglos (por supuesto malignas) usando el ciberespacio como emulador sintético del más allá. El fondo es un proyecto, el “Proyecto Aurora”, desarrollado en el más allá por los primeros físicos cuánticos muertos que, en la post guerra, comenzaron a investigar la posibilidad de establecer comunicaciones con nuestro plano de realidad. Primero comenzaron usando transcomunicación (grabaciones magnetofónicas al aire libre, televisores en señal muerta, etc). Luego fueron desarrollando sistemas cada vez más complejos, hasta que fueron descubiertos por una organización biológica compleja, hecha de retazos de nazis, anarquistas, asesinos en serie y esquizofrénicos muertos violentamente que buscaron tomar el control del proyecto buscando regresar a nuestro plano.


M: ¿Cómo se relaciona con el universo presentado en Ygdrasil y en la precuela que tienes pensado publicar, Atacama?

B: TRINIDAD es antes de ATACAMA. Los hechos que relata TRINIDAD, son la base del desarrollo de la bestia ATACAMA y ésta, a su vez, el embrión del YGDRASIL.


M:Libro en Chile, premio en España. ¿Qué opinas?

Sorprendente. Hace dos años el panorama era paupérrimo para la Literatura Fantástica Nacional y de pronto tenemos nuestro primer ganador del UPC en la historia, el primer latinoamericano publicado en la colección regular de Colección Nova y toda la prensa haciendo eco del tema. De verdad creo que estos dos años, con la aparición de YGDRASIL, los libros de Teo Mercado, el NUMERO KAIFMAN, la antología AÑOS LUZ y el UPC, han sido los años más exitosos de la ciencia ficción chilena en su historia.

M: ¿Hay alguna relación entre la visita a Chile de Miquel Barceló y el premio?

Si. Cuando lo invitaron y me puse en contacto con él, me preguntó qué iba a venir a hacer a Chile, si desde acá nunca le llegaban participantes para el premio UPC. Entonces me puse nervioso, escribí TRINIDAD y la envié, en el anonimato junto a otros cientos de participantes. Sin esa presión, nunca habríamos conseguido el premio.

Ahora, vamos a lo importante.

Trailer de “199 recetas para ser feliz”

No, no es una película de ciencia ficción. Es sólo otra película chilena sobre lo complicadas que son las emociones en este mundo post-todo. Pero el trailer me gustó. Bueno: me gustan estos temas. Aunque no me gustan los trailers que no anuncian de qué va la historia, la secuencia final de éste (varias, en realidad) me convencieron.

No está en YouTube (¡¿¡¿por qué no?!?!), así que sigan el link: 199 recetas para ser feliz.

El director es Andrés Waissbluth, el mismo de Los Debutantes.

Sobre Chobits, manga del estudio CLAMP

por Gabriel Mérida

Las chicas bicentenarias

Escribo porque me lo exigió Tino Mundaca, el bienamado y venerable emperador de TauZero, en una discusión sobre el futuro de la ciencia ficción. Un futuro cada vez más dudoso, por más cruel que sea decir eso sobre una literatura que vive, precisamente, del futuro. El punto es que predecimos algo como el fin de los géneros, la disipación de las fronteras, espectadores multimediales que busquen ideas sorprendentes en un novelón criptográfico por la mañana, un cómic de superhéroes por la tarde y una serie de televisión en la noche.
Buscando ideas sorprendentes, aburrido de los relatos con aire pueblerino que buscan desesperadamente una variación nueva provocada por la tecnología (¿what if el planeta rota 2,5 veces más despacio, cómo sería tener días de cincuenta horas?), me encontré con Chobits, una serie de anime responsabilidad del Estudio CLAMP, las creadoras de Card Captor Sakura, X, Angelic Layer y Clover, entre otros éxitos del manga de exportación de Japón. A primera vista (y a todas, en verdad) un producto para adolescentes, que habla sobre el despertar sexual y las relaciones sentimentales de gente entre quince y veintiún años. Pero en medio, afortunadamente, hay un pequeño cambio. ¿Qué pasaría si la IBM dejara de manufacturar los computadores personales como cruza entre máquina de escribir y televisor, y decidiera fabricarlos con forma de supermodelos adolescentes?

La historia. Hideki, un adolescente tipo que va al preuniversitario y ha llegado hace poco del campo, encuentra casualmente una persocon, estos computadores con forma femenina, que sólo sabe pronunciar Chi. Se la lleva a casa, y se da cuenta de las ventajas de tener una hermosa y dulce muñeca inflable con Internet Explorer incorporado. Cualquiera de nosotros se habría follado a Chi hasta el cansancio preocupándose sólo de que no se le agotara la batería, pero Hideki es the nice guy. Y se hace todo el tiempo la pregunta sobre la humanidad de Chi, la que además de exquisita y bella es buena y toma como objetivo de vida el hacer feliz a Hideki.

Como ven, estamos de vuelta en el Hombre Bicentenario de Asimov, retomando el punto que olvidó el Neruda de la CF: ¿qué pasa si te enamoras de la tostadora? El problema personal de Hideki, que al principio es sólo una comedia de equívocos sobre un adolescente que no quiere acostarse con la chica de la película, pronto pasa a ser una reflexión generacional. En efecto, las y los persocons han pasado a ser parte imprescindible del entramado social, generando dependencia, obsesión y, finalmente, soledad.

Entre medio, los sentimientos de Chi, su propia preocupación ante el destino, y la pregunta sobre la conjunción entre almas. Digamos que ella está enamorada de Hideki, el que sólo es un tipo como cualquier otro, y su angustia por no ser correspondida es al mismo tiempo el rubor del primer amor de niña soñadora y la búsqueda del andrógino en una sociedad demasiado egoísta como para atreverse a no estar sola.

Las cosas no paran acá, porque el guión tiene refinamientos poco usuales en los relatos que leo habitualmente, en las antologías de la actual ciencia ficción hispanoamericana. Por ejemplo, el doble, utilizado como un recurso argumental antes que como un tema en sí. Chi, la Chi ignorante de su pasado y vestida de colores claros, presiente en sus deslizamientos por Tokio a una doble oscura de ella, que posee la clave para despertar sus recuerdos. También hay una historia alternativa donde el destino de los persocons y de los humanos son leídos y prefigurados en clave de un dibujo para niños de parvulario.

También hay una trama más grande que engloba las aventuras de Chi, nacida obviamente de su oscuro origen (recordemos que Hideki la halla casualmente), y del misterio que significa que Chi, a diferencia de todas las otras persocons, no tenga número de serie ni marca de fabricante. En torno a ese misterio se alinean las preguntas que hacen avanza la trama y que abren espacio para que Hideki y Chi dejen de ser un par de personajes casuales y sugieren rasgos mesiánicos…

¿Qué más? La presencia de historias secundarias, como la del niño genio poseedor de una amplia colección de persocons que lo cuidan, el enmudecido coro griego de los foros de internet donde los usuarios intercambian datos sobre persocons, la multitud de personajes incidentales donde se adivina la tristeza por la pérdida de una persocons o la pérdida de un ser querido en manos de una persocon. ¿No era eso lo que pasaba en Fahrenheit 451, el mundo feliz donde cada pocas páginas alguien se suicidaba?
Resumiendo, Chobits es ciencia ficción clásica. Una sociedad en un futuro imaginario cuyo único rasgo “profético” son estos computadores de forma humana, y todas las preguntas que surgen en torno a ellas. Retomando la pregunta fundadora del género, es decir la relación entre el creador y la creatura, podemos revisitar aspectos olvidados entre tanta pregunta hard que no parece llevar a ningún lado. ¿Será esto una consecuencia de la visión femenina aportada por las creadoras del estudio CLAMP? Puede ser, aunque por supuesto el machismo es una solución fácil para responder sobre el talento de estas artistas en crear escenas llenas de tensión, ternura y angustia.

¿Mencioné que no soy ni lejanamente entendido en manga ni anime? Sobre la calidad del dibujo, sólo puedo decir, brutalmente honesto, que son muy bonitos. Algunos entendidos coinciden conmigo. Y como elogio final, debo decir que tanto Chi como todas las otras persocons son extremedamente RICAS. ¿Tendremos en el futuro viviendo con nosotros a clones de María José Prieto con Messenger incluido? Semejante perspectiva me empuja a volver a creer en el progreso de la ciencia, sin duda.

por Gabriel Mérida

Jorge Baradit: “La crueldad en Ygdrasil es abrir los demonios y ver cómo se comportan”

por Gabriel Mérida

Jorge Baradit vive cerca de la Plaza Ñuñoa. Está casado. Declara ser feliz. En su living hay dos espadas. Aunque alguien le regaló uno de esos grandes juegos de comedor con seis sillas, él y su esposa Ángela González siguen tomando once en una mesa de madera, de treinta centímetros de altura, sentados en el suelo o en pequeños banquitos. Bato, el gato gris que hasta hace pocas semanas era gata y se llamaba Bathory, se enreda a veces en mis piernas. Prendemos la grabadora.

Vamos a partir con algo simple: ¿Quién es Jorge Baradit?

¿Simple?
Nací el año 1969, en junio. Dato relevante es haber nacido miércoles, ser Géminis, y de signo Gallo. El signo géminis es un signo súper mental, al que le falta cuerpo. El gallo es una dominancia, un ego. Lo mismo que Géminis. El Géminis en realidad es uno, lo que pasa es que se está mirando a sí mismo. Lo que les importa es lo que está entre ellos. Y haber nacido en invierno es súper bueno porque nací en el nadir del mundo, y es linda la promesa de llegar a la luz, en vez de haber nacido en la luz y tener que caer a la oscuridad.

Naciste en Valparaíso, ¿cierto?

Sí, al lado océano más grande del mundo. Eso se me hizo súper relevante porque uno es como un gigante con las patitas en el agua. Valparaíso es como un anfiteatro; uno tiene la altura de un cerro en Valparaíso. Y ve el mar desde una perspectiva desde la que normalmente no se ve. El mar para la gente es la espuma de la ola, blanca, y algo que se ve más allá en el horizonte. Para mí es una alfombra enorme, y siempre me cautivó la idea de que más allá estaba Japón. Es como vivir en el borde de un abismo, sólo que este abismo está lleno de agua. En el abismo tú ves los demonios que andan volando por entre el barro. Acá no sabes qué cosa hay detrás de los arrecifes.

¿Eras lana o punk, alguna tribu urbana?

No, y ése era el principal problema. Desde chico, siempre fui el hueón medio raro. Por algún misterio, en todos los colegios terminaba con el mismo apodo: el marciano. El cuatro ojos era normal: usaba lentes. Pero el marciano era raro, se repetía. Parece que uno viene con cosas, y una de las cosas con las que yo venía era amor por lo extraño, amor por la fantasía, en el fondo amor por el mundo que no es éste, o por las posibilidades que tiene este mundo de doblarse en algo insólito. Entonces… me regalaron un libro sobre platillos voladores, y yo rayé. Mi viejo, sin querer, me trajo un libro sobre mitología griega… y aparece un tipo que se come a sus hijos, aparece un hombre que tiene relaciones con una mujer en la forma de una lluvia de oro, y fue maravilloso. Y esa cuestión, que al principio fue mala, después me dio cierta fuerza para pararme como raro, y no podarme. Estaba acostumbrado a que los chicos me dijeran raro.

¿Eras muy bueno para leer en ese tiempo?

Más que la cresta. Súper bueno para leer, porque además yo era el flaquito de lentes, introvertido. No hacía deportes, me podían pegar, era medio temeroso, desarrollaba mundo interior, tenía harto tiempo, no tenía muchos amigos: leía. Y comía libros como desaforado, de todo. Como no tuve una guía al respecto…

¿Había biblioteca en tu casa?

No. Cuando yo tuve mi primer libro, en mi casa había un almanaque, dos tomos de la enciclopedia Monitor, y un libro de mi abuela, que era de historias religiosas. Eso era todo. No había biblioteca. Leía en el colegio, y al final siempre pensé que era un lector omnívoro. Me costó caleta darme cuenta que había un denominador común, y era súper obvio: me gustaba leer historias religiosas, también me gustaba leer Julio Verne, me gustaba leer historias sobre las cruzadas, sobre el Rey Arturo, me gustaba leer sobre los platillos voladores, me gustaba leer sobre asuntos de Von Daniken. Me interesaba también la magia, me interesaba el mundo de los espíritus, las historias de fantasmas, todo eso. Al final el factor denominador común era la fantasía. La Biblia me interesaba como un libro de literatura fantástica, lo mismo los libros de ciencia ficción. No creo en la reencarnación, pero me encantan los libros al respecto. No creo en el karma, en la vida, en el cielo, en ninguna hueá, pero me fascinan esos temas.

A pesar de leer mucho, entraste a estudiar Arquitectura, en la Católica de Valparaíso. ¿Qué pasó ahí?

La decisión fue producto de la irresponsabilidad adolescente. Sentía que tenía una especie de brazo de tenista con el tema de la literatura. Es decir, extrema introversión, full mundo interior, poco contacto con el mundo sensorial, de la piel para afuera. Entonces, como en esa época mi adolescencia irresponsable decía que lo que uno tenía que perseguir era ser completo consigo mismo, y tenía en la pared esa frase de Demian, que decía que uno tenía que buscarse a sí mismo, sin importar el fin al que te pueda llevar. Estaba súper hipertrofiado del cráneo para adentro, y me quise desarrollar del cráneo para afuera, y entré a estudiar una carrera para la que no tenía, suponía yo, aptitudes: arquitectura. De ahí me terminé convirtiendo en un buen diseñador gráfico.

¿Eras un tipo blando en ese tiempo?

Súper blando, sensible, llorón, débil, muy poco fuerte, consentido, mañoso. Sólo sabía cosas, manejaba datos, y hacía malabarismos mentales delante de mis tíos que me aplaudían, y yo pensaba que de eso se trataba la hueá. No, yo quería un poquito más. Quería cambiar, y lo hacía a punta de voluntad. Y hacía ejercicios súper hueones…

¿Como forzarte a hacer algo?

Pliegos de 110 x 77 cms. Me obligaba a llenarlos con pelotitas de dos milímetros con un lápiz de mina. Y los llenaba. O a pasar frío. Me iba con muy poca ropa, me subía a una micro, se demoraba cuarenta minutos en llegar a mi casa. Me iba en el asiento de atrás, donde se abría la puerta, y yo pasaba frío. Y la idea era no mover un músculo… tonteras así. Muchos ejercicios para criar voluntad.

¿Pero eso al final funcionó?

O sea, por lo menos me hicieron fuerte, me hicieron más fuerte. La última locura que hice, que fue como la definitiva, fue viajar al Cuzco cuando hubo Corriente del Niño, cuando los caminos estaban cortados, y había muerto un chileno incluso. El año anterior habían muerto un montón en este accidente de avión. Irme solo al Cuzco a hacer el Camino del Inca. No sabía lo que me iba a pasar. Digo que fue la última vez, porque de ahí para atrás, cada vez que emprendía algo era con temor, pero lo hacía igual. De esa vez en adelante sentí que ya había matado al dragón.

¿A qué cosas tienes miedo?

No me lo pregunto. Creo que ni siquiera le tengo miedo a perder lo más valioso que tengo, que es la Ángela. Igual, que no se confunda: es lo último que quisiera. Pero no tengo miedo.

Cuéntame de esa experiencia posterior que tuviste en México.

Eso fue el año 99. Viajé a México, y terminé metido en una ceremonia. Fue insólito. Terminé metido en una ceremonia en la celebración del aniversario de la muerte de nuestro señor Cuauhtémoc, el último tlatoani azteca. En febrero se hace la ceremonia del aniversario de su fallecimiento. Me vi metido de repente en una iglesia, donde estaban bailando cheyenne, mayas, indios pueblo, gente de la América roja, y yo metido ahí entre medio. De repente veo que el séquito avanza, que hay tambores, saltos, mucho humo de incienso, de copal, y cuando llego adelante y se abre la primera línea frente a mí, descubro que le estoy danzando a un esqueleto que está acostado, en muy mal estado. Lleno de honguitos, lleno de musgo, muy deteriorado. Se supone que la tradición dice que es el esqueleto de Cuauhtémoc.

¿Qué pasó, cómo quedaste?

Me puse a llorar, y en ese momento perdí algo… pero que es bueno que lo haya perdido, porque era una fantasía. Era esta idea de que yo podía pertenecer a América, de verdad. Esta búsqueda en las imágenes americanas, esta búsqueda en las historias, en los mitos, estas ganas de sumergirme en lo americano. En ese momento todas esas ganas se esfumaron, porque descubrí que en realidad soy americano, y que eso significa que no tengo pueblo. Los mexica, los cheyenne, los Mapuches, los aymara que están metidos por ahí, ellos tienen pueblo. Ellos se llaman de una manera, se ven de una manera, tienen ceremonia, tienen toda una estructura ritual y social que los constituye como pueblo. Pertenecen. Y yo no, yo nunca voy a pertenecer, siempre voy a ser un invitado a esas cosas. Porque soy americano.

“La soledad debe ser la peor experiencia de todas”

¿Cuándo terminaste tu novela?

La novela la terminé el año 2002.

¿Y cuándo la comenzaste?

El 2001. La novela se escribió en nueve meses.

En tus cuentos y novela aparecen estas mujeres jóvenes, aparentemente frágiles. ¿Por qué son así tus personajes?

Siempre me fascinó esta idea de los poderosos manejando las sociedades. Hemos llegado a un punto donde poca gente es capaz de decidir, de manera bien escabrosa, lo que le pasa a millones de personas. Y me cautiva el que muchos, casi todos, no se dan cuenta de la manera en que los están manejando. A qué voy: a cosas tan simples como la manera cómo se decide, en un momento, cómo se va a contar la Historia de Chile. En un momento se decidió cómo te vamos a contar a ti la Guerra del Pacífico. Con objetivos súper claros: generarte nacionalismo, producirte rechazo hacia los vecinos, esconder tus falencias, mostrar heroísmo.

O sea, controlar el pasado para controlar el futuro.

Claro, y cómo los bolivianos, los peruanos escogieron mostrárselo a sus propios hijos. Desde eso hasta cómo se deciden las políticas públicas, cómo alguien decide de pronto que es bueno que alguien muera, para que otra cosa ocurra. En el fondo mis personajes son frágiles porque todos somos frágiles frente al poder. Yo lo veo desde un punto de vista súper fatalista: es que no tienes nada que hacer con el poder, porque finalmente si te organizas en contra de él, de todas maneras esa organización se convierte en una estructura de poder. Y el tipo que la encabeza es un tipo que quiere el poder. Y los que quieren el poder en el fondo tienen dinámicas similares. Mis figuras son frágiles porque se mueven en estas mareas de poder, no tienen capacidad de decisión; hagan lo que hagan, están de alguna manera manejadas.

Esos son otros personajes que aparecen en Ygdrasil: personajes con mucho poder pero que al final son parte de la fragilidad.

Claro, finalmente es el espejismo, porque el que tiene poder acá está envuelto en otra red más grande que lo maneja a él, y así sucesivamente.

Hay una frase que leí en tu blog, que es tu cuaderno de apuntes. Dice: “Alguien lo suficientemente solo como para ser capaz de traicionar a toda la humanidad por un poco de calor”. ¿Qué pasa con ese personaje, y qué pasa con esa traición?

(Piensa mucho.) Yo, en algún momento de mi vida, llegué a experimentar una soledad muy profunda, una soledad tan grande que la primera vez después de un rato en que alguien me abrazó, yo me puse a llorar. La soledad debe ser lo peor, debe ser la peor experiencia de todas. Cuando escribí eso estaba pensando que no me extrañaría que alguien fuera capaz de traicionar al mundo entero. De hecho, uno de los personajes también traiciona a Mariana, porque no podía quitarse la idea de que lo podía abandonar, se podía alejar de él, entonces la traiciona. Entonces es tan fuerte la soledad que no me extrañaría que alguien fuera capaz de traicionar al mundo completo por un segundito de calor. Nada más que eso. ¿Razones para la traición? De todas, me parece la menos grave. No es plata, no es poder.

Mariana, esta asesina junkie chilena que vive en México, tiene su propio cuento y también es la protagonista de Ygdrasil. ¿Qué nos puedes decir de ella?

Mariana es una Cristo mujer. Mariana es una Virgen, Mariana es una figura doliente… Mariana es la Magdalena también. A veces pienso que Magdalena y Jesús eran la misma persona, el andrógino. Mariana es la mujer pasada a llevar, es la fragilidad encarnada capaz de reaccionar violentamente, dejar la escoba, dañarse a sí misma… es un animalito. Es el espíritu del hombre de nuestro tiempo, un tipo presionado hasta tal punto que cuando estalla deja la escoba, contra sus hijos, o contra su mujer, o choca o mata a alguien en la calle… estalla de distintas maneras, y con distintos grados de espectacularidad.

¿Y los malos de la película, esos villanos sobrehumanos?

Si tú te fijas, los malos de mi historia son tipos que no sienten compasión. El malo es el tipo que no es capaz de sentir el dolor del otro. En mi novela son todos más o menos caricaturas. Algunos son personajes bien cardboard box, maqueteados. Porque me interesa tenerlos así, me interesa por otras razones. Por ejemplo, cuando el milico es estereotípicamente malo, de esa manera el lector, a las dos líneas de leer de este milico, ya cacha perfectamente quien es, porque lo ha visto muchas otras veces en otras historias. Mientras que para Mariana, que es un poquito más compleja, me doy todo el tiempo del mundo. Cuento su historia, cuento su infancia, y se perfila de una manera diferente.

¿Por qué está esa estructura de cajas chinas y vueltas de tuerca en tu novela?

Es por la dinámica del descubrimiento, nomás. Yo tengo una necesidad por conocer, no sé por qué. No es un mérito: vine con eso. Tengo ganas de saber, soy sapo. Entonces siempre me pasa que cuando me acerco a algo descubro una primera red de relaciones que hacen que esa cosa sea. Generalmente descubro que tiene una red que lo estructura, que le permite ser, que es tremenda.

Mucha gente opina que Auschwitz es la cúspide de la modernidad, de la razón que fue el mismo movimiento que conquistó América, que desarrolló los trenes y todas esas cosas. Y el mundo Ygdrasil parece sumarse a echar por tierra todo ese positivismo. ¿Es a propósito?

No. Ygdrasil es un hijo de los tiempos nomás. Las cosas son así hoy día. Es el mundo donde un presidente decide hacerle la guerra y arrasar otro país, exclusivamente porque cree que pueden llegar a ser un riesgo. Y nadie puede hacer nada en contra de eso. Es un país donde un tipo decide que otros tienen que morir… y ocurre. Y frente a todos, y con la oposición de todos. Y es reelecto. La realidad de hoy es distinta a la de antes, donde se guardaban las formas. Hoy día no, hoy día las cosas se hacen a la luz del día, se ven, hay un cinismo galopante. La realidad de hoy es el desparpajo.

“Los milagros no existen, pero funcionan”

Ygdrasil tiene la capacidad de reunir fuentes casi irreconciliables. Por ejemplo, dar el nombre de la tribu del sur de Chile a unos seres de una dimensión diferente. ¿Qué otras fuentes están presentes en Ygdrasil?
Al final hay tres. Tienes la magia de los indígenas, tienes la magia de la tecnología, y tienes el mundo astral. Yo creo que esas son las tres vertientes más importantes. No sé, podrías hablar de las raíces, podrías hablar de lo indígena, de la cosa mágica, de la maravilla. Podrías hablar de la tecnología, que también es magia, hay un velo sobre ella.

¿Es ritual la tecnología?

Claro que sí. Todo el mundo piensa: el avión vuela. Son doscientas toneladas, y están sosteniéndose en el aire. Tú lo ves lentito levantarse. ¿No es eso magia? No, porque hay unas leyes. ¿Las entiendes? ¿Entiendes realmente por qué la luna no se cae sobre la tierra? ¿Entiendes realmente por qué cuando sueltas una manzana, cae? Uno no entiende nada, uno se refugió detrás de las explicaciones, pero en realidad es magia.

¿Y el mundo astral? ¿Tú crees en él?

No sé. Yo creo y no creo… Sé que existen, pero sé que no existen. Es como los milagros, uno dice: claro, los milagros no existen. Pero tú dices: funciona. No existen, pero funcionan. Al final llego a una especie de: ya, OK, sí existen, pero en realidad no creo. Y otras veces digo: creo, pero no existen. Soy como re flexible conmigo mismo, no me presiono.

Tú citas siempre a Matta, que no es surrealista, es realista del sur. Eso de mezclar lo de los pueblos originarios con la tecnología de cierta manera es el enfrentamiento entre Latinoamérica y la vieja Europa que llegó a colonizar. ¿Por qué aparece este encuentro en tu obra?

Yo creo que la gente sigue en sus trincheras. Siempre están mirando hacia los orígenes. Entonces si tú miras hacia la tecnología, miras hacia Europa, la industrialización, la Ilustración. Y el americanista o el indigenista se va al chancho, y quiere que volvamos a la tierra, y no quiere celulares. Sienten que son irreconciliables. Sin embargo un médico le da en su casa el remedio a su hijo y se persigna. O como mi mamá, que me daba el remedio y me decía: por Dios y la Virgen. Dos mundos que están conviviendo todo el rato. Siento que los tipos no se dan cuenta que en realidad dentro de sus corazones están más mezclados que la cresta… y hace rato. No lo han asumido nomás.

Oye, si está ahí, todo el rato. En México, en el Zócalo, había dos mundos. Había un curandero huichol, vestido como huichol, con su bolsito, con su cosita con copal encendido, sentadito ahí con un zarape puesto al frente, lleno de ofrendas. Y por otro lado de la calle venía caminando un tipo, hablando por celular, con un maletín, seguramente con un laptop, vestido impecable, dirigiéndose seguramente a su oficina, en el piso veinte de no sé qué edificio. De repente se cruzan, el oficinista llega ante el huichol, deja el maletín en la mano, guarda el celular, y abre los brazos, mira hacia el cielo en posición de rezo. El huichol se levanta, toma el copal y comienza a sahumar a este tipo, mientras el tipo está rezando no supe qué. Y el huichol le pasaba la mano por el traje, lo sahumó entero, le tocó la frente, rezó unas cosas, dejó el sahumador en el suelo. El tipo oficinista juntó las manos, bajó la mirada, y le pasó un billete y se fue.

Pareciera que ahora todo es ciencia ficción, o que la ciencia ficción ya no tiene la exclusividad de ciertos temas.

Lo que pasa es que creo que ya hace rato (creo, no sé porque tampoco conozco mucho) pasamos el límite de que cuando tú escribías ciencia ficción escribías temas de ciencia ficción. Por lo menos desde William Gibson (creo) se empezaron a escribir novelas con fondo de ciencia ficción. No soy un erudito en el tema.
Hay mucha hibridación, mucho estilo que incorpora la ciencia ficción como quien incorporó el género policial.
Yo prefiero que, guardando las monstruosas distancias, vean que Ygdrasil es una novela de ciencia ficción tanto como “El jardín de los senderos que se bifurcan” es una historia policial.

Y a propósito de esa cita a Borges, ¿cuánto de él hay en tu novela? En una parte está la participación explícita de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.

Lo que hizo Borges fue… Siempre uso la misma imagen: imagínate que alguien hubiera vivido toda una vida dentro de una casa, y a los trece años, cuando él hubiera estado desesperado por alcanzar el techo, alguien lo saca al patio, le muestra el cielo estrellado y le dice: allá está realmente el techo. Esa fue más o menos la crisis que me produjo Borges. El darme cuenta que lo maravilloso es infinito, que lo maravilloso es inconmensurable, es cósmico, tiene el tamaño de todo, que es un laberinto infinito, para usar su misma imagen. En el fondo me partió la cabeza en mil pedazos y los disparó a los cuatro puntos del cielo: eso es lo que hizo Borges.

En la literatura pareciera el tema de la referencia no está tan incorporado como en otras vertientes del arte.

Mi educación no va por el lado de la literatura. Quizás por eso me ha sido tan fácil experimentar y romper… y no tenerle miedo a no ser escritor. Mi educación va por el lado del arte, donde lo importante es la introspección, lo que produce la persona. Si son pesadillas, si tienen esta forma o tienen esta otra, no importa. Lo importante es la búsqueda. Nunca he tenido formación académica, por eso es que también me cuesta usar esa palabra tan grande para mí. Yo no soy escritor: yo escribí.

“La creación no puede existir sin fisura”

¿Qué tipos te han inspirado, ya sea en la literatura o el arte?

Antonin Artaud. Por su capacidad pictórica, por su capacidad de usar las palabras de un modo sinestésico. Que utiliza una palabra para producir una imagen, un color o un dolor… Por la violencia que le imprime a sus textos. Por su capacidad de enhebrar en prosa discursos descabellados pero con un bajo continuo súper coherente. Él en particular. Borges, el vacío cósmico, más por él que por otra cosa.

Me mostraste cosas de Joel-Peter Witkin. Has ilustrado cuentos con sus fotografías.

Joel-Peter Witkin, sí. Lo que pasa es que él tiene mucho que ver con los demonios. A mí en general lo que más me influye no es la literatura, son los textos religiosos: los Upanishads, el Ramayana, la Biblia, los textos de Swedenborg, Sor Teresa de Ávila, los iluminados. Todos estos tipos rayados que en el fondo son esquizofrénicos. Tipos que ven más allá, y los que son capaces de volver los puedes llamar poetas. Capaces de reorganizar la realidad como no se ha organizado antes. Vicente Huidobro también, por su capacidad de convertir la poesía en cosa literal. Por ejemplo cuando dice que busca las líneas de la frontera entre el pasto. Esa imagen siempre me ha perturbado, porque el tipo convierte un sentido figurado en algo literal. O como en el Cid Campeador, cuando dice que Ximena se marea, cae y rueda por la página hasta el final del párrafo. Esa soltura para mezclar la literalidad con el sentido figurado abre mundos, desgarra algo en la mente. Algo producen. Ese instante lo percibo así. Y es una constante también.

Sobre los poetas… Tienes un cuadro de Rimbaud aquí en tu casa. ¿Qué significa él para ti?

La rabia, la líbido. Cuando un instrumento viene bien afinado de fábrica, la tremenda potencia de los diecisiete años produce una música como no la va a producir a los treinta. Pero esos instrumentos bien afinados de fábrica son contados con los dedos de la mano. Me gusta también que haya podido escapar de eso. Me encanta que haya botado esa vida, me gusta. Porque Artaud no lo hizo… se murió loco, hueón, en medio de electro shocks, tratamientos médicos, y la verdad es que a mí me encanta que Rimbaud se haya ido a África, y se haya culiado a unas negras, que lo haya pasado bien.

Pero dicen que no lo pasó tan bien, que seguía buscando, aunque ya no a través de las palabras.

El que está cagado está cagado. El que está roto… Lo que pasa es que la creación no puede existir sin fisura, o sea, la única razón por la que existe el mundo es porque… No sé, voy a decir una cabeza de pescado, pero la única razón por la que existe el mundo es porque existe Pi, un número que es infinito. Si no existiera Pi, si la matemática fuera realmente perfecta, nunca habríamos salido del círculo cerrado.

Del huevo cósmico…
Claro, y es necesaria la fisura para que la cosa se abra, es necesario que el círculo no sea perfecto cuando se dibuja, cosa de poder generar una espiral, y que crezca. Entonces la fisura y la grieta y todas estas cosas son las que iluminan. Si no, no hay cómo.

“Me gusta que haya un grado de ofensa”

Sigamos un rato con las preguntas por tu obra. Ahora va a salir publicada Ygdrasil, pero hay otros cuentos que son parte del mismo universo. Lo primero que leí tuyo fue “La Conquista Mágica de América”. ¿Por qué no nos resumes de qué se trata?

“La Conquista Mágica de América” se trata de suponer que la conquista de América tuvo otro objetivo. No habían venido a buscar oro. Esto a partir de una frase alquímica que es “aurum nostrum non est aurum vulgo”: nuestro oro no es el oro vulgar. Plantea que en realidad los conquistadores trajeron tras de sí una secta o un grupo de magos, cabalistas europeos que venían en la búsqueda de otra cosa, un tipo de poder que se había desarrollado en América. En vez de una lucha de fuerzas, una lucha de guerreros, me llamaba mucho la atención plantear cómo habría sido una lucha mágica, entre los magos europeos y los chamanes americanos. Esa era la perspectiva.

Ahí aparece ya una re-interpretación de la historia, que juega mucho con lo que está detrás. Esa lucha está detrás de la historia, de modo que aunque parece fantasía, podría ser una explicación alternativa.

De hecho yo creo que es una metáfora de lo que hizo la Iglesia Católica. Hubo una lucha mágica que todavía se libra, entre “créele a la meica o me creís a mí”.

Lo mismo que hicieron en Europa, con los celtas…

Claro, con los Germanos también. Y que siempre tiene malos resultados. Porque en el fondo es neurosis, lo que estas haciendo es reemplazar un significado por otro. El significado originario igual subyace, y quiere salir. Ese tipo de sentimientos, ese tipo de divinidades, si no se les presta atención, se convierten en un demonio. O dicho de una manera más psicológica, esas figuras o esos entes, si no les das salida, empiezan a buscarla solos, y se abren paso a dentelladas. Eso es lo que le pasó a los alemanes, en el fondo el movimiento nazi es un movimiento pagano.

Te quiero preguntar de donde salieron ciertas escenas, que son como un botón de muestra del mundo Ygdrasil. En un ritual alguien penetra a cierto personaje, la viola, pero a través de una herida en el costado, como la de Cristo por la lanza de Longinos?

Como mi cultura proviene con mucha fuerza del arte moderno, hay una cosa que son las instalaciones… En realidad estoy nada más que mezclando palabras. Están las palabras Cristo mujer, penetración, imágenes y palabras que son caras para mí. Y lo que hago yo es combinarlas en una composición, nada más. Cuando tengo que pensar en que a esta mujer le ofrecen un último sacramento antes de matarla, pienso en cuál es el sacramento más grande que le pueden ofrendar, mezclado con tortura, con violencia, y pienso que es una mujer, que es una violación, que es la cultura mística, que es la crucifixión, pienso que es la tortura física y pienso en una herida, y en la cabeza se me arma como una composición, nada más. De la misma manera como seguramente David Lachapelle compone sus fotos: pone un piso acá, un zapato aquí, los pone en una fuente de soda gringa, y qué sé yo. Es la misma dinámica: una composición, con elementos son relevantes para mí, ordenada la frase de una manera que diga lo que estoy queriendo decir en ese minuto. El nivel de violencia o el nivel de ofensa que pueda haber no me interesa. Es más, me gusta. O sea, me gusta que haya un grado de ofensa.

¿Y la crueldad?

Por supuesto que hay un factor de provocación ahí. Pero no es lo más relevante. Es placer. Es el placer que siento mientras lo estoy escribiendo. Que es el placer que uno siente… es tanto como el placer que siente cualquier hombre cuando se habla de una violación, que tú sabes que es negativo sentir placer, pero lo sientes igual. En la violencia con la mujer, que la reprimes, es lo natural.

¿Por eso aparece tanta crueldad explícita en Ygdrasil?

Es desatar algo. Es abrir los demonios y ver cómo se comportan. Es abrir la puerta del sótano y ver como arman estas orgías, mirarlos, como espectador. Total, sé que no van a salir de la página.

“No conozco la literatura chilena”

¿Cómo fue que tu novela llega a publicarse?

Siempre todo esto tiene que ver con retos, como te contaba recién. Primero el reto fue escribirla. Cuando se terminó de escribir, me dijeron: ¿por qué no la publicas? La verdad, yo pensé que nadie la iba a querer publicar, primero porque es un género que no se publica en Chile, segundo porque había tópicos en la novela que consideraba medio incompatibles con los criterios de edición en general. Y porque la verdad no me sentía un escritor, no tenía la necesidad de ver editado mi trabajo. Después vi un concurso de cuentos que estaba realizando Luis [Saavedra, director del fanzine Fobos, único espacio para la ciencia ficción literaria en Chile a finales de los noventa y principios del siglo XXI], y dije: a ver, veamos si puedo escribir un cuento. Lo mandé y obtuve una mención honrosa, y me sirvió para contactarme con este grupo de gente de Fobos.

Ahí nos conocimos tú y yo.

Claro. De ahí conocí a Sergio Amira [que acaba de ser publicado en la Antología Visiones 2005, en España], a Pablo Castro [el único autor chileno de ciencia ficción de los últimos años publicado en inglés, con traducciones de su cuento en Cosmos Latinos, antología del género en Latinoamérica]. Y como en el calor de ese grupo me hice a la idea que quizás sí era un autor de ciencia ficción. Al rato caché que en realidad no. Y empezó a surgir esta posibilidad. ¿Por qué no publicar? Incluso pensé en publicarla online, pero desistí. Quedó guardada hasta que ocurrió el milagro. Conocí a un tipo que había publicado en Ediciones B, en Ficcionario, Carlos Labbé, autor del Libro de Plumas. Él me dijo: ¿y por qué no se la pasas a la editora? Finalmente parece que las razones por las que yo pensaba que no se iba a publicar son justamente las que hicieron que se publicara.

¿Sientes que tienes algo en común con otros escritores de Chile actual?

No, nada. Con ninguno.

No sueles leer literatura chilena.

No. Primero no conozco la literatura chilena, y la que conozco me parece súper lejana a lo que a mí me interesa. Ese afán, ese amor por el realismo del arte chileno… lo único que hace es alejarme. A mí me interesa lo maravilloso, a mí me interesa la fantasía. Y esta como herencia izquierdosa que carga el arte chileno todavía, lo hace apegarse a la cosa social, andar con la palabra escapismo muy a flor de labios.

Son pocos los que han logrado escaparse de eso, en Chile se menciona ahora el nombre de Bolaño.

Bueno, no he leído a Bolaño. Pero eso me llama la atención: estamos en un país rodeado del mar más grande del planeta, la cadena montañosa más larga del mundo, el desierto más seco, los hielos más antiguos, con unos pueblos que vivían casi en la edad de piedra en el sur, con unas cosmologías y mitologías alucinantes. Y como en toda América, con nuestros pueblos originales vivos, ahí. A diferencia de Europa, donde los tienes que ir a ver a los museos, nosotros nos cruzamos con ellos. Y a pesar de todo eso, a pesar de toda esa carga mágica, nuestra literatura fantástica es pobrísima, nuestra producción fantástica es…

¿Y Jodorowski?

Jodorowski, pero él no es chileno… Jodorowski, demás que sí. El es un tipo que ya hizo mezclas entre tecnología y culturas mágicas hace harto rato. A lo mejor es una veta que se va a ir explotando cada vez más…

¿No lo consideras un precursor de lo tuyo?

No, no, porque… esto va a sonar como disculpa, pero es cierto que yo nunca leí nada de Jodorowski que tuviera relación con esto, antes de publicar Ygdrasil. De hecho, todavía no leo ni el Incal, ni la Casta de los Metabarones. Pero supongo que yo debo haber bebido las mismas aguas donde bebió él, y nací en Chile, donde nació él, y a lo mejor hay un… De nuevo, sin atreverme siquiera a hacer un paralelo, algo en común habrá. Me siento cercano a dos tipos, pero no los puedo considerar escritores chilenos. Me siento cercano a Jodorowski y Miguel Serrano.

¿Cuál es tu relación con Serrano? ¿Cuál es tu valoración de su obra?

La misma que hay con la Biblia. Me interesa su lado… me interesan esos libros como literatura fantástica, mucho. Su obra, su imaginería, como alguien dijo, su maravillosa fantasmagoría, es alucinante. Ajena a su proselitismo, a sus inclinaciones políticas particulares, el tipo es alucinante.

¿No te sientes en la línea de gente como Hugo Correa u otros que han hecho literatura fantástica?

Primero no tengo idea, porque no los conozco. Nunca he leído a Hugo Correa. Con suerte he leído a autores de ciencia ficción extranjeros. Autores chilenos he leído; porque fui a su taller, leí algo de lo que escribió Pablo Castro… Pero en general, lo que me pasa con los escritores de ciencia ficción chilenos que he conocido es que, en general, tratan de escribir ciencia ficción, y es como propio de estas comunidades que son medias endogámicas. Leen lo que lee el otro, entonces cuando escriben, escriben más o menos lo mismo, porque se alimentan de pocas hueás. Terminan dándose vuelta en un universo súper diminuto. Y la producción termina siendo re similar. Entonces para qué voy a leer a alguien que escribe muy parecido a Philip K. Dick. Mejor leo a Philip K. Dick. No me interesa, no tengo tiempo para eso.

Tu libro se venderá como ciencia ficción, pero parece que a ti no te gusta leer del género.

La verdad es que no me interesa si un libro es de ciencia ficción o no. Si es raro, lo leo. Leí Neuromante, me gustó. Leí Solaris, me encantó. Pero no voy a leer ciencia ficción sólo porque es ciencia ficción. Eso tiene este género: genera unas adhesiones medio fanáticas.

¿Qué estás leyendo ahora?

He podido leer poco los últimos meses, porque he tenido más pega que la chucha. Pero estoy leyendo ahora lo que te he comentado: un libro sobre las raíces históricas, políticas, sociales del nazismo. Estoy leyendo “Tú eres eso”, que es un libro de Joseph Campbell, el autor de “El héroe de las mil caras”, donde el tipo analiza desde un punto de vista psicoanalítico los mitos judeocristianos. Y estaba leyendo, pero hace como dos semanas que no lo pesco, “El Cielo y el Infierno” de Emanuel Swedenborg. Lo tengo en el baño. También tengo ahí, pero todavía no los leo, “La era neobarroca”, de Omar Calabrese. Un diccionario… en realidad no es un diccionario, es como un compendio de herejías occitanas. Me interesa mucho el período entre el siglo XI y el XII, en Europa. Un período de una explosión mística terrible, algo pasó ahí, un continente completo se movilizó con el sueño de ir a recuperar el sepulcro de Cristo, se generaron una cantidad de herejías y religiones alternativas y sectas en torno al cristianismo, tremendas, algunas extrañísimas. Se persiguió, se quemó, se torturó en nombre de Dios… una época increíble. Extrañísima.

Desde aquí veo un libro de la Anaïs Nin. ¿Te gusta la literatura erótica?

Ah, un libro de cuentos de ella que se llamaba “Pajaritos”. También un comic, un manga dibujado por una japonesa, y el guión de un chico francés, “Mariko Parade”. Me gusta la literatura erótica, pero no soy asiduo lector. Prefiero la pornografía en video, dura. No me atrae mucho la poesía en torno al tema.
Por alguna razón, nunca me he sentido movido a leer ningún escritor chileno. Creo que esto le pasa a muchas personas. No son súper ventas ni mucho menos, no creo que porque no tengan buena promoción o qué sé yo. Los que me interesan son los poetas chilenos. Adoro a Gonzalo Rojas, me encanta Huidobro, me encanta Mahfud Massís, Enrique Lihn. Y el mejor libro de ciencia ficción que se ha escrito en Chile: “Los Sea Harrier” de Diego Maquieira. Increíble, increíble. Le tengo por ahí un homenaje también en Ygdrasil, medio escondido. Ese libro me encantó.

¿La redacción de Ygdrasil es toda tuya?

No, no es toda mía. Ningún problema con decirlo. Como yo no tengo formación académica, la novela no estaba bien escrita. Aunque no estaba tan mal tampoco. Se la entregué el Caco Labbé, para que la corrigiera. Su intervención se remitió a cambiar comas por puntos seguidos, y puntos apartes, y muchas comas y puntos y comas. Pero no hubo un párrafo que se moviera, ni una oración que se moviera. Salvo una de esas… ¿hipérbaton? Cuando una parte de la oración no está en el lugar que corresponde. Ediciones B tampoco tuvo ningún grado de intervención.
¿Qué cosas te han criticado de la novela, cuáles son sus puntos débiles?
El mayor punto débil que tiene la novela no es la novela en sí, sino el mundo. Es un mundo particular que puede aburrir. Es recurrente, tiene una manera súper reconocible, al que le guste le va a gustar mucho, y al que no, se va a aburrir mucho. Y eso me parece muy bien, porque como comunicador, trabajo en publicidad, sé que lo que le gusta a muchas personas no es bueno.

Hay gente que ha dicho que se nota que no eres un escritor. ¿Lo tuyo son las palabras o las imágenes? ¿Te sientes cómodo haciendo algo sólo con palabras?

Lo que pasa es que para mí son inseparables. Es como, por deformación gráfica. Yo pongo la imagen y el texto, y en este libro, en los cuentos, se me juntan las dos. No concibo no ser “cinematográfico” en mis cuentos, cuando hay una voz en off y una imagen que se está mostrando. ¿Qué es lo mío, la palabra o la imagen? La palabra sola la encuentro muy latera. Esto típico de los escritores chilenos, esta voz introspectiva, que habla, de lo que le ocurre, me latea. Y tampoco es pura imagen, tampoco es un video clip. Pero creo que está por ahí entre medio.

¿Por qué razones crees que una editorial decidió publicarte?

Creo que justamente porque es una manera distinta de enfrentar el tema de la ciencia ficción. Una de las críticas que le hizo uno de los lectores encargados de evaluar la novela, fue que esta novela respondía a la pregunta acerca de cómo escribir ciencia ficción desde estas latitudes. Eso le parecía a él. Creo que como en todo el resto del mundo del arte, esto se trata de encontrar la propia voz, y no de parecerse a otra voz. Se trata de, solito, con su propia imaginería, con su propia producción, aislado, aunque nadie te pesque, producir algo tan propio que no se parezca a nada más. Que es un poco uno de los paradigmas del arte moderno: que el tipo se sumerja tan hondo en sí mismo que sea imposible que se parezca a lo de al lado. Yo creo que ésa materia, de esa materia hay hambre. Mi identidad, mi propio ser situado en un punto geográfico, contexto cultural específico, con influencias específicas, eso es lo que puedo ofrecer para competir. Lo particular es lo que me va a hacer poder competir. Competir en términos de poder ser elegido para ser publicado.

¿Qué advertencia le harías al lector de Ygdrasil?

Que se entretenga… Hasta hace unos años atrás, siempre que un chileno filmaba una película, escribía una novela, estaba haciendo la gran obra de su vida, y estaba enviándole un mensaje a la humanidad… no sé, un texto definitivo. Y ha habido muy poca soltura en ese sentido, y a los que asumen esa soltura se les tacha de superficiales. Parece que yo soy un superficial. Y yo lo único que quiero es que la gente que lea la novela la pase bien, que se sorprenda. Hay mucho de qué sorprenderse, creo yo. Y que se sienta estimulada a pensar distinto, a pensar diferente, a divergir. Sin divergencia no hay universo. La divergencia produce plantas, dinosaurios y cuásares. Entonces, más que una advertencia es una invitación a que la disfruten, la pasen bien, se entretengan, y entren a un mundo súper distinto. Pero reconocible por lo menos para la gente del territorio, creo.

Para terminar, ¿te considerabas un escritor?

No, no me considero un escritor. Es muy grande esa palabra.

por Gabriel Mérida