Genocidio

El mundo haciéndose pedazos ante mis ojos. En mis manos, deshaciéndose como un terrón de azúcar al apretar los dedos, los granos pegajosos se adhieren a la piel, causándome escalofríos de placer y desagrado. Luego el viento sideral se lleva todo vestigio de la existencia de la tierra. Al fin queda el vacío, el silencio, la paz.

Un intenso dolor en la espalda. Humedad de saliva en mi antebrazo. Despierto en el escritorio, regresando  a la realidad de los planos, los diagramas, los cálculos. Salgo de un sueño cósmico para caer en uno numérico. El anhelo de mi vida a punto de concretarse.

Tres décadas de trabajo bajo el mando del ejército, ideando armas que le den la supremacía a este país sobre el resto del orbe. Ante mis superiores hincho mi pecho de orgullo por nuestros logros. Dominamos la región, luego  el planeta. La mayor potencia deportiva, económica, cultural. Como soporte y protección de esta hegemonía, el máximo poder bélico que pueda ostentar una nación.

En mi interior, mientras estrecho las manos de los líderes de la patria, siento repulsión por sus diminutas pretensiones. La sonrisa que ellos interpretan como satisfacción nacionalista, no puede ser más sardónica. Desprecio su fútil autosuficiencia al pronunciar sus dictamines autoritarios, sus normas racistas y elitistas. No es que no comparta la opinión sobre la inferioridad de las etnias que están siendo sistemáticamente segregadas y eliminadas. En lo que no estoy de acuerdo es en que seamos nosotros dignos de autoproclamarnos los próceres de un mundo mejor. Que un indígena nombre las constelaciones ¿lo hace dueño del firmamento?

Cada logro de mi país, cada cultura que es absorbida hasta desaparecer, cada aldea masacrada, cada enfermedad que se dispersa aniquilando millares de vidas, cada guerra ganada y que devasta la economía y la moral de los otros pueblos, cada kilometro que avanza esta mancha negra que tiñe la tierra, me convence más de lo diminuta que es la humanidad.

Mis estudios han servido bien a los propósitos de la patria. He conseguido logros impensados en los campos de la bioquímica, la biomecánica, la física.  Pero bajo la superficie existe un plan mayor, configurado en cada molécula de mi cuerpo. Los esquemas mecánicos, las estructuras genéticas, la energía necesaria, tanto como la manera de obtenerla y manejarla, el lugar donde construir. Todo el plan ha estado dentro de mí, esperando el día en que ellos hagan la petición necesaria.

El día llegó. La máquina comienza a funcionar.

Me piden crear el arma definitiva, el terror máximo, capaz de dominar de forma terminante el planeta, sometiéndolos a la sombra constante de su posible activación. El dedo que estará a milímetros del botón, a la espera de la más mínima provocación, para desolar un estado completo, reduciéndolo a polvo. Alteraría magnéticamente los niveles de gravedad, haciéndolos tan inestables, que en ciertos momentos los escombros flotarían y en otros, aplastarían la superficie, generando capas geológicas tan comprimidas que parecerían haber existido hace milenios. Además, fuera del radio de inestabilidad gravitacional, se propagarían agentes bioquímicos y biomecánicos que azotarían con pandemias millones de veces más terribles que las plagas bíblicas. La búsqueda de antídotos sofocaría cualquier amago de represalia de parte de los pueblos fronterizos. No habría país que quisiera ser nuestro enemigo, ni siquiera vecino de uno. El terror los neutralizaría.

Todas estas eran patrañas, basura.

Los experimentos de exhibición a escala menor, causaban efectos similares. Un espectáculo, una tapadera.

Sabía que lo desearían, los insté siempre a evaluar lo poco conveniente que eran las guerras. Bajo el disfraz del pacifismo, les enrostraba las cifras de compatriotas caídos, los altos costos de cada operación y del desarrollo de nuevas tecnologías bélicas. Cuando la solicitud fue hecha, retrasé los avances lo máximo que mi ansiedad  me lo permitía, para no dar evidencias de una planificación previa. El hermetismo era una de las premisas fundamentales, así que no más de media docena de personas tenía conocimiento del proyecto en su totalidad. Los estudios fueron encargados de forma independiente, con otros fines sin ninguna relación entre si. Aparte de los dignatarios castrenses, un ayudante de mi entera confianza asistía la coordinación de los procesos. La construcción de las piezas mecánicas, la nanotecnología, al igual que el desarrollo de los componentes bioquímicos y la energía, se rigieron bajo el mismo sistema de los estudios. No había forma de que alguien ajeno a la cúpula los interrelacionara.

El arma lista, fue presentada a los mandatarios asistentes a la cumbre mundial. Sus rostros se derritieron como muñecos de cera en el incendio de su museo al escuchar el discurso de nuestro líder dentro del salón secreto. Tras un espejo los veía, pero mi sonrisa no iba dirigida a sus decadentes semblantes, si no que a hacía mi jerarca y a su patética expresión triunfante.

Muchos años pasaron antes de que alguna nación se atreviera a desafiarnos. Muchos años esperé el momento para ver presionado ese botón.

Ahora, reviso los planos como lo he hecho cada día de mi larga peregrinación, de mi silenciosa peregrinación hacia la aniquilación de la humanidad. Cualquiera que los revise, por erudito que sea en estas materias, no notará la trampa que esconde mi artilugio. Las escalas están cambiadas en mi cabeza, fueron traspasadas poco a poco durante la fabricación. Mi ayudante fue preparado ante cualquier imprevisto.

Estamos en la sala de control. El gobernante tendrá el honor de posar su dedo en el interruptor y desencadenar el exterminio definitivo.  Mis manos sudan dentro de los bolsillos, escondidas para ocultar mi excesivo nerviosismo. La yema se acerca hasta hacer contacto pero no presión. El jerarca me mira y antes de que pronuncie palabra alguna de lo que tenía preparado para ese momento, irrumpen fuerzas especiales en la habitación, ordenándonos detener el procedimiento.

El superior del escuadrón se dirige a su excelencia, informándole que el arma es una trampa.

Soy interrogado, más bien en un procedimiento de rutina. Me explican que de forma paralela se ordenaron controles a los procesos de elaboración del arma. Cuando se activó el procedimiento ante la amenaza extranjera, también lo hizo una nueva revisión con mayores estándares de control. El fallo fue descubierto minutos antes de la hora de ejecución.

Luego me informaron que el responsable estaba identificado y localizado.

Mi ayudante fue encontrado en su habitación, muerto junto a una nota suicida donde explicaba con lujo detalle su proceder y sus motivaciones para tan vil acto de terrorismo planetario. No había dudas de la autenticidad de la carta, como tampoco de que hubiese sido él quien se dio el tiro en la cabeza.  Lo preparé muy bien. El tiro en la cabeza destruyó el implante que intervino en su cerebro y lo hizo actuar según lo especificado en el nano chip.

Ese cadáver y la nota eran mi seguro ante la eventualidad de que se cancelara la activación del arma. Creí que, de detenerse la detonación, sería por una tregua de última hora. Pero subestimé la arrogancia de mi jerarca. La verdad no me esperaba que el motivo de la suspensión fuera el descubrimiento en la diferencia de las escalas energéticas y los volúmenes de agentes bioquímicos. Pero al ser mi ayudante quien coordinaba los procesos de elaboración, el flujo de información pasaba por él, sólo entregándome resultados que coincidían con los planos escritos con mi puño y letra.

Soy una víctima más de este terrible engaño. Se me ha instado a desarrollar correctamente y con más ojos una nueva arma, que gracias a mis mejoras les ofrecería mayor seguridad y efectividad.

Mi plan no ha sido desechado si no más bien modificado. Y aprendiendo de mis errores y de los triunfos de mi patria, he filtrado los planos a la nación enemiga, para que en paralelo desarrollen una segunda arma, que asegurará la eliminación de nuestra raza humana.

Autor: Fraterno Dracon Saccis

Un comentario sobre “Genocidio”

  1. Me gusto de tu texto todo lo psicodelico que vi en ello.Pienso que no se trata de patriotismo sino de un asunto del nacionalsocialismo,pero mal visto desde tu perspectiva.Encuanto a la posible destruccion de la humanidad estai , equivocado porque te encontrai en el planeta de los simios
    .Bueno,vai vai fraterno dracon

Los comentarios están cerrados.