[Bitácora Metahumana]: Martes 19 julio 2005

Dormí cuatro horas y he despertado fresco como una lechuga. Me acompaña mi taza de café y estoy listo para continuar dónde nos quedamos anoche. Aquel día lunes en el briefing room del Precinto…

El sargento Conrad habló sobre varias denuncias llegadas durante la noche anterior relativas a Goosebump, quien pese a haber cumplido su condena aparentemente había vuelto a la andadas. Dada la naturaleza sobrenatural de este delincuente el sargento designó a Necrosis al caso junto a Sleepwalker. Eso me dejaba sin compañera y crucé los dedos para que no me endosaran a la nueva. El sargento sabía que, dada mi velocidad, era el menos indicado para servir de chaperón a los novatos por lo que puso a Clarice con la pareja de Sleepwalker mientras durase la investigación del caso Goosebump. A Johnston y Fernández les tocó el homicidio de una familia cuyos restos semidevorados habían sido esparcidos por toda la casa. “Lycanes” oí murmurar a Clarice. Por lo visto en la academia los entrenaban bien estos días en el apartado “prejuicios y saltar-a-conclusiones-antes-de-tiempo”. La teniente Ursula “Ursa” Majors y Darren Delphis debían hacerse cargo del asesino en serie de vagabundos. La policía normal estaba investigando el caso pero no hacían grandes progresos. Ya iban seis vagos muertos en una semana y pese a que nada parecía indicar que el asesino fuese un meta se nos derivó el caso. Chicago debía ser segura incluso para la escoria de la sociedad.

El resto estábamos en patrullaje corriente.

Para las 11:00 a.m. he recorrido la ciudad de punta a cabo cinco veces sin novedad alguna. Estoy gozando de mi coffee-break cuando una voz mecánica en mi oído anuncia: “Todos los oficiales dirigirse a LaSalle con Washington Boulevard, actividad meta hostil en curso”. Me toma cinco minutos correr desde Cullerton con Calumet Avenue hasta el frontis del Chicago Tokio Bank, hacia donde se ha trasladado la pelea. ¿Y qué es lo que veo al llegar? coches volcados, fuego, la policía normal evacuando el área, gente gritando y huyendo, cuerpos mutilados, tres colegas caídos y dos de ellos tratando de hacer frente nada menos que a Dean Campadelli, alias el heroico Dino-Man, mejor conocido como el malévolo y antropófago Thesaurus (un meta “oficialmente muerto” a manos de Overman).

Dino no siempre fue un meta-criminal. Su primer trabajo fue en los Justicieros de Phoenix (donde entabló amistad con Xinetix) e incluso formó parte del Escuadrón de la Justicia durante un breve tiempo, antes de pasarse al lado oscuro. Mientras pudo controlar su transformación, Dino fue uno de esos metas “en el closet”. En su disfraz de nulo aparentaba ser un tímido bibliotecario en Washington, tenía una hermosa novia periodista y planeaba retirarse del servicio activo para casarse con ella y llevar una vida “normal”, esa con la que muchos de nosotros sueñan equivocadamente. Pero entonces ocurrió la tragedia. Por alguna razón desconocida Dino se transformó en plena biblioteca revelando así su verdadera identidad a los atónitos concurrentes. Ofuscado y totalmente fuera de control, Dino comenzó a destruirlo todo y por vez primera probó la carne humana. Sus compañeros del Escuadrón llegaron para detener su furia la cual se había extendido fuera de la biblioteca. Tras una hora lograron detenerlo pero ni siquiera Shutdown logró regresarle a su forma humana. Cuarenta heridos de gravedad, veintitrés civiles fallecidos, dos bajas metas (Voidvod y Wraith) y cuantiosos daños a la propiedad privada y pública fue el saldo de la locura de Dino-Man, que desde entonces y gracias al ingenio de un periodista que unió el oficio de Dean con su habilidad meta de transformarse en un gigantesco dinosaurio de escamas azules y tres ojos; fue conocido como Thesaurus.

Dino fue sentenciado a la pena capital pero antes que pudiese ser ejecutado huyó durante el gran apagón eléctrico causado por Lady Lightning en todo el Estado de Columbia. Desde entonces fue el más insistente adversario de Overman y el Escuadrón de la Justicia, por lo general trabajando para la organización subversiva de involutivos autodenominados 20.000 Fathoms.

El viejo Dino siempre fue un hueso duro de roer, inmune a la telepatía y coerción no había nada que la hermosa Bridget pudiera hacer fuera de revolotearle cual insecto nocturno en torno a una ampolleta. El pirótico Sheldon tampoco parecía estar dañándolo mucho. ¡Rookies! La gruesa piel de ese monstruo antropófago no podía ser dañada con fuego, balas ni armas cortopunzantes, pero yo conocía el truco para vencerlo. Fue durante una misión de la Unidad Omega (la recuperación del cuerpo de Salväsche) en las junglas prehistóricas de la Antártida, sede de los 20.000 Fathoms. Allí Dino se mimetizaba con la fauna local perfectamente y nos tomó por sorpresa, de un mordisco devoró de la cintura hacia arriba a Hollister y con su poderosa cola envió lejos a Xinetix. Dino es muy fuerte y prácticamente invulnerable por lo que soportó todos los poderosos golpes que Powerhouse logró propinarle. Entonces pensé: “puede que la forma de acabarlo no esté en la potencia del golpe, sino en la cantidad de ellos aplicados en un mismo lugar…” Y fue así, con la modesta fuerza que me brinda mi supervelocidad, que derribé al temible Thesaurus.

Mientras Sheldon volaba por los aires para luego estrellarse contra una muralla de Woolsworth yo me planté frente a Dino y alzando los puños sobre mi cabeza golpeé unas mil veces por segundo su bajo-vientre y me alejé, conociendo ya lo que vendría a continuación. Thesaurus abrió sus poderosas fauces y vomitó todo lo que había ingerido, brazos, piernas y un torso humano completo cayeron junto a otras porquerías. Luego el hombre-dinosaurio se derrumbó pesadamente sobre un bus sin tripulantes, aplastándolo.

Me acerqué para rematar al viejo Dino, insertándole mi bastón neuronal por un ojo si era necesario, pero éste me miró y dijo: “no has cambiado nada desde nuestro último enfrentamiento en la Antártida, Speedy.”

¡Como odiaba ese maldito apodo! “Repite eso y te meteré esta vara neuronal por el…” No alcancé a terminar la frase. Dean “Dino” Campadelli, el temible Thesaurus, exhaló un última bocanada de aire y murió.

Lo que siguió a la pelea fue bastante confuso, la primera consecuencia fue que de la noche a la mañana me había convertido en toda una celebridad, “El héroe que salvó a Chicago” aunque nunca creí que yo fuera el causante de la muerte de Dino como dijeron las autoridades, y mucho menos que se tratase de un clon del original. Si bien los científicos han logrado clonar desde lechugas hasta humanos, las habilidades metas por una extraña razón son imposibles de duplicar así como no puedes hacer un facsímil del alma de una persona.

Estoy convencido que el supuesto clon de Thesaurus era Dino en persona, después de todo, a Salväsche también se le había dado por muerto a manos de Overman y ahí lo tienen, trabajando en el Centro de Investigación Militar Rockefeller, en Nueva York.

No compraba nada de lo que decía nadie. Mis compañeros me felicitaban, el alcalde me felicitaba, la prensa, los ciudadanos me felicitaban y yo no tenía valor suficiente para decir que todo había sido un montaje. Porque esa era mi impresión… sólo esperaba que la muerte de Dino no me pusiera en aprietos con los 20.000 Fathoms, después de todo se suponía que Thesaurus estaba muerto y no intervenir cuando uno de los suyos estaba echando abajo la ciudad que me fue encomendada proteger estaba lejos de nuestro acuerdo. De todas formas en cualquier momento esperaba ser contactado por Soren. La llamada no tardó en llegar y mi viejo amigo me pidió que nos reuniésemos en la azotea del edificio más alto de Chicago a la medianoche.

A las 23:00 hrs. Ya me encontraba en la terraza del edificio corporativo de Microsoft, lugar inexpugnable al que sólo podía llegar corriendo por la pared hacia arriba (como había sido mi caso) o llegando desde el cielo (como lo hizo Soren).

Durante la Guerra de Inframérica, Soren Englehart recibió el apodo de “el bombardero rojo”. Una de sus especialidades era arrojar bombas de napalm sobre los guerrilleros ocultos en la espesa jungla amazónica lo que le provocaba un particular deleite. En nuestra unidad él era el único volador por lo que nunca formaba parte de las incursiones terrestres. Pero en cierta ocasión la guerrilla logró raptar a un científico venezolano que trabajaba para Sommervogel Genetics y que algo sabía de cómo estimular la aparición de habilidades metas en nulos. Una vez proporcionada la locación del cuartel enemigo, Soren recibió la orden de bombardearlo y asegurarse que nadie, incluyendo el científico secuestrado, quedase con vida. Soren llevó a cabo la misión de manera perfecta como de costumbre, pero una vez que bajó a tierra para comprobar la muerte del Dr. Vicente Forte pudo percatarse sobre la presencia de los cuerpos chamuscados de niños, mujeres y ancianos. Los condenados guerrilleros mantenían al Dr. Forte pirsionero en un objetivo no-militar, una aldea de pacíficos aborígenes que habían tomado por la fuerza. Esta información por supuesto estaba en manos de nuestros superiores, que prefirieron omitirla a la hora de impartir las órdenes. A partir de ese momento Soren no fue el mismo. Abandonó la milicia y no tardó en unirse a los Fathoms. Yo sabía que esto iba a ocurrir, uno no puede escapar a su verdadera naturaleza por mucho tiempo y Soren era un involutivo, después de todo. Era cuestión de tiempo para que traicionara nuestra causa… y a mí.

Gracias a Soren supe que, durante su aparente “deceso”, Dino estuvo encarcelado en una prisión submarina ultrasecreta que para todo efecto no existe. “Alguien lo sacó de allí y lo puso acá, Randall, y créeme que no fuimos nosotros”, aseguró Soren.

—¿Para qué harían eso?” —pregunté—, “¿para poner a prueba las habilidades de un grupo de meta-humanos de segunda categoría?, ¿para intentar asesinarme acaso? ¿Y que le prometieron a Dino a cambio de sacarle de su celda?

—Tal vez sólo eso —respondió Soren—. Sacarlo de su prisión tras una década de encierro, permitirle morir combatiendo a otros metas, morir como un guerrero sobre la superficie y no como un fósil en el fondo del mar. Todo lo que puedo asegurarte es que los Fathoms no tenemos nada que ver en esto y que tampoco tomaremos represalias de ningún tipo. Campadelli no significa nada para nosotros desde que nos vendió al Escuadrón de la Justicia. Obtuvo lo que merecía y por suerte se cruzó en tu camino antes que en el mío. ¡Cómo habría gozado torturando a ese enorme hijo de puta! Es todo cuanto te puedo decir de momento, Randall, ahora debo marcharme.

Soren desplegó sus enormes alas rojas y se disponía a emprender el vuelo cuando le pregunté por mi familia.

—¿Cómo están las niñitas, Soren?

—Muy bien, amigo. Sanas y a salvo como te lo prometí.

—¿Y ella? —inquirí simulando desinterés.

—Janet está bien, aunque creo que nunca podrá librarse de tu recuerdo. Hace unas noches me pidió que me vistiera con tu viejo uniforme, ¿puedes creerlo?

—¿Y lo hiciste?

—Por supuesto, yo amo a tu mujer.

—Sí, lo sé Soren —respondí clavando la vista en el suelo. El murciélago carmesí apoyó una de sus zarpas en mi hombro y me dijo:

—Es inevitable que ocurriera, Randall. Janet es una mujer bella e inteligente.

—Lo sé, ¡lo sé maldito bastardo!

—Debiste pensarlo mejor entonces antes de ponerte a jugar con fuego, después de todo es la supervelocidad y no la pirokinesis lo tuyo, Randall.

Soren cerró sus garras sobre mi hombro y sentí como sus uñas se clavaban en mi carne.

—Te mantendré informado, amigo. Mientras tanto seguiré “cuidando” de tu familia. Sabes que soy un meta de palabra.

Dicho esto, Soren se impulsó hacia las nubes perdiéndose en la noche sin luna. Las heridas junto a mi cuello ya se estaban sanando, pero las de mi alma ningún factor de curación lograría reparar en un buen tiempo.

Regresé a mi apartamento a encender el notebook y redactar estas líneas. Pese a lo dicho por Englehart sigo sin convencerme de haber sido quien mató a Campadelli pese a que la autopsia asegurara que mis golpes le habían provocado un ataque cardíaco. ¡El tipo poseía cuatro corazones, por amor de Dios!, ¡es imposible que resistiera tan poco! Los mismos sujetos que sacaron a Dino de la cárcel submarina programaron su muerte, con una droga o algún dispositivo controlado a distancia. ¿Querían estos poderes invisibles convertirme acaso en un héroe entregándome en bandeja de plata a un viejo enemigo derrotado de antemano? Me sentía como Rocky cuando su entrenador le dice que todas sus últimas peleas han sido arregladas. Alguien arregló la pelea, ¿quién?, ¿por qué razón?, ¿cuántos meta-criminales supuestamente muertos están encerrados en aquella prisión ultra-secreta?, ¿Cauldron acaso? Estoy seguro que Soren sabe más de lo que me dijo y si bien es probable que los Fathoms no tengan nada que ver en el asunto si es posible que el Bombardero Rojo sea parte del complot. No puedo confiar en nadie, todo lo que puedo hacer es mantenerme alerta y redactar esta bitácora. [continuará]

2 comentarios sobre “[Bitácora Metahumana]: Martes 19 julio 2005”

  1. Lo leere con atencion como a todos tus textos. Pregunta obligada…¿Que paso con Calabozo del Androide?; ¿finalmente le llego su hora mas oscura?
    Gracias. Mexico.

  2. Se pone interesante esta bitácora.

    Me gustó este Thesaurus, muy brutal. Lástima que fuese tan corta su aparición.
    ¿qué criaturas abominables nos depara esta historia?
    Me he enganchado, ahora sí, con este relato.

    ¿Quién esta detras del montaje?
    ¿Por qué eligen a Randall para esta representación?

    No se detenga señor Amira, que hay gente esperando más productos de su autoría.

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