Astros que rigen nuestras vidas

Esa mañana tomé la revista de espectáculos y la comencé a hojear con cierto desenfado. Era sábado y me encontraba de descanso, después de una semana ajetreada. Leí algunos artículos banales, me enteré de las privacidades de los famosos y llegue a las últimas páginas. Invariablemente en este tipo de publicaciones encontramos esta socorrida sección, la de los horóscopos. Para mi signo decía: “Hoy será un día ajetreado. No emprenda trabajos demasiado complejos o podría terminar en desagradables fracasos. Su número de la suerte es 7”. Lo anterior apoyaba mi tesis de quedarme recostado en cama todo el día, viendo la televisión y tal vez leyendo algún libro entretenido. Al final de cuentas, si yo hacía alguna empresa difícil, podría derivar en un terrible fiasco. No obstante decidí navegar contra corriente y fui a colocarme frente al monitor de mi computadora y comencé a teclear estas palabras. Espero que Plutón en la casa de Aries no se moleste, que Marte se haga de la vista corta con mi signo ascendente y que los astros me dejen por lo menos un par de minutos para lograr un poco más que un trabajo fallido.

Origen de la astrología

Imaginémonos en la antigüedad, unos 34,000 años atrás. El mundo era completamente diferente, pues nos encontramos en los albores de la humanidad. Se trataba de los habitantes de la Edad de Piedra, los cuales fueron los primeros cazadores. Para ese entonces comenzaron observando el cielo, haciéndose miles de preguntas en torno al mismo. Poco a poco fueron observando los cambios más gruesos que se sucedían cada noche, al punto que dejaron tallados en huesos las fases de la luna, indicándonos que al menos tenían un registro de la posición de la luna respecto al tiempo. Esas fueron las primeras observaciones que hizo el hombre del cielo nocturno. Lo anterior suena lógico, dado que la luna es el segundo astro más brillante después del Sol. Tal vez estas observaciones eran simple curiosidad, sin relacionarlo con nada en su entorno. Pasaría mucho tiempo antes de que las observaciones se hicieran más precisas, abarcando ahora a las estrellas. Hará unos 4,000 años antes de Cristo, los sumerios utilizaron las observaciones previas para poder predecir los eclipses lunares. Sin embargo, otro avance que hicieron fue la construcción de mapas celestes, agrupando ciertas estrellas formando diferentes constelaciones, las que se podían ver en distintas épocas del año. Fue en esas lejanas fechas cuando nació lo que sería todo un negocio de gran éxito hasta nuestros días. Los sumerios crearon las antecesoras de las actuales constelaciones: El carnero (aries), el toro del cielo (tauro), los grandes gemelos (géminis), el trabajador del lecho del río (cáncer), el león (leo), la anunciadora de la lluvia (virgo), el creado a la vida en el cielo (libra), el escorpión del cielo (escorpión), la cabeza de fuego alada (capricornio), el pez-cabra (capricornio), la urna (acuario) y el sedal de pesca con el pez prendido (piscis). A cada una de estas constelaciones se les fue asignando una personalidad o una historia, tratando de explicar el por qué eran así y por qué estaban en cielo. Sin embargo se trata de un ejemplo de antiguas pareidolias.

Además de todo lo anterior, las civilizaciones antiguas observaron que los cambios en el cielo se correlacionaban con las épocas anuales en la agricultura por lo que no tardaron demasiado en establecer una relación entre los astros y los cambios en la tierra. Esto fue muy evidente en el antiguo Egipto donde observaron el comportamiento del Nilo y, en base a ello, dividieron al año en 3 estaciones: La época de inundaciones, de plantación y la de cosecha. Cada una tenía una duración de 4 meses. El año civil fue establecido en 365 días alrededor del año del 3,000 a.C. Este año civil fue establecido en base al tiempo promedio de la llegada de las inundaciones en Heliópolis, al norte del actual El Cairo. Luego, si las alteraciones en el cielo producían en la Tierra cambios bastante notorios, ¿no era justo pensar que los astros también regían el mismísimo destino de la humanidad? Así se llegó a pensar en aquellos tiempos, de suerte que fue el inicio de la pseudociencia llamada astrología, es decir, el conjunto de creencias que afirman que nuestros caminos son regidos por el paso de los planetas por cada una de las constelaciones del zodiaco. Esta pseudociencia pretende conocer y predecir el destino de las personas, además de ser capaz de pronosticar sucesos futuros. Quienes profesan esta “disciplina” sostienen que los astros en su paso por el cielo ejercen algún tipo de influencia en la personalidad, conducta e, incluso, en el físico de la gente, además de afectar el curso de sus vidas e intervenir en sucesos importantes. A más de 5,000 años desde su inicio, la astrología continúa teniendo demasiados adeptos a lo largo del mundo.

La astrología en sus inicios era una mezcla de religión y ciencia. En su lado científico, se encargaría de predecir algunos eventos astronómicos, como eran las fases de la luna, los eclipses de sol y de luna, el paso de los planetas por cada una de las constelaciones. En su lado religioso, trataría de correlacionar los grandes eventos de la humanidad o de las personas por individual, con los sucesos que ocurrían en el cielo. Al final tendría que venir una división de la astrología como tal, naciendo la astronomía. Esta última se convertiría en una ciencia por sí misma, aplicando leyes físicas a los astros, verificando sus observaciones, comprobando sus hipótesis. En el curso de la historia, la astronomía ha estado equivocada, como fue el caso del geocentrismo que dominó toda la Edad Media hasta la llegada de Nicolás Copérnico, Galileo Galilei y Johannes Kepler, quienes lograron filtrar la idea de que era el Sol el encargado de ocupar el centro del sistema solar. O la idea de la existencia del éter, el cual llenaría el Universo y que posteriormente se descubrió que fuera de las estrellas, planetas y demás astros, el Universo no era más que vacío. O el concepto que en la luna o en Marte hay vida, todo basado en las primeras observaciones con telescopios rudimentarios, pero que ulteriormente se ha comprobado lo erróneo de la creencia; en base a mejores instrumentos de observación, viajes que se han realizado a la luna y sondas enviadas a Marte y otros planetas.

¿Y qué hay con la ciencia?

He aquí una cualidad de la ciencia: Aunque a veces suele ser difícil, es capaz de cambiar sus creencias y corregirse a sí misma. Un ejemplo clásico resulta en el entusiasmo de los físicos del siglo XIX, los cuales afirmaban que en pocos años la humanidad sería capaz de conocer todas las leyes físicas, con lo cual esta rama de la ciencia estaría completa. Y sin embargo, a partir de los estudios, cálculos y experimentos realizados a principios de 1900, se descubre que nuestro mundo y el Universo están gobernados por dos grandes pilares de la física moderna: La teoría cuántica y la teoría de la relatividad espacial. Actualmente creemos en estas teorías, pero la ciencia no está cerrada a que las mismas estén equivocadas, incompletas o que sean complementarias de algo más complejo. La ciencia se corrige a sí misma. En lo que hoy creemos, mañana podemos darnos cuenta que tenemos que cambiarlo por algo más ajustado a la naturaleza y a la realidad.

Por su parte, la astrología como pseudociencia, esencialmente no ha cambiado desde sus orígenes. Aunque en la lejana Roma antigua se comenzó a creer que la astrología no era más que supersticiones y engaños, la astrología sobrevivió al ataque. Llegó la Edad Media, con el predominio del cristianismo que atacó también a la astrología, no porque se tratara de un conjunto de conocimientos erróneos, sino porque contradecía sus enseñanzas: Dios había dado al hombre el libre albedrio. Este último enunciado no correspondía con la astrología quien afirmaba que los astros determinaban en cierta forma los eventos importantes de los hombres, dejando de fuera la libre voluntad del hombre otorgada por Dios. A pesar de ser condenada por el cristianismo, la astrología sobrevivió mucho mejor que otras conductas paganas, ya que incluso muchos de los Reyes católicos de la Edad Media solían pedir consejo astrológico para la toma de decisiones.

En el renacimiento, se publicó el libro póstumo de Nicolás Copérnico, De revolutionibus orbium coelestium, en el que se proponía que los planetas giraban alrededor del Sol y no en torno a la Tierra. La idea fue apoyada por Galileo Galilei, aunque fue acallado por la Iglesia. El heliocentrismo fue un golpe duro a la astrología y al cristianismo debido a que, por un lado, echaba por el suelo todas las predicciones de la astrología al señalar que los planetas no giraban en torno a la Tierra y, por el otro, contradecía las escrituras, dejando a la Tierra como un sencillo lugar que gira en torno a una estrella y no como un lugar privilegiado para el hombre, en el centro de todo el Universo.

Posterior al siglo XIV y con un mayor auge de la ciencia en general (incluida la astronomía), la astrología tuvo que hacer algunas correcciones, pero sólo para adaptarse a la realidad que se iba descubriendo en aquel entonces. Como ejemplo tenemos la revelación de nuevos planetas, como en el caso de Neptuno que fue descubierto en 1846 y que se convirtió en el planeta regente de Piscis, cuando antes de su descubrimiento su planeta regente era Júpiter. Obsérvese claramente lo anterior, debido a que la astrología es la que tuvo que cambiar, adecuándose a los conocimientos que va arrojando la ciencia, la astronomía. La ciencia con sus leyes es capaz de hacer cálculos, incluso antes de tener un completo cuadro de la realidad. Así, por ejemplo, en el caso de la existencia de Plutón, predicha por astrónomos de finales del siglo XIX y buscado por Percival Lowell a partir de 1894 en base a las anomalías producidas en las órbitas de Neptuno y Urano. La astrología con todo su arsenal de adivinaciones no pudo realizar las predicciones sobre la existencia de otros planetas en el sistema solar. Pronto la astrología adoptaría a Neptuno, Urano y Plutón para dar más ascendentes y regir a otros signos zodiacales.

El futuro de la astrología

Ahora bien, ¿Qué pasará con la astrología con el descubrimiento de los planetas enanos? ¿Acaso no debe dárseles la misma importancia a Ceres, Sedna, Quour o Myriostos como se la da a Plutón? También está la duda de lo que pasará con aquellas personas con signo Escorpión, regidos por Plutón, y que actualmente ya no posee el status de planeta. De acuerdo, puede ser solo cuestión de definiciones y que Plutón continúe siendo un elemento importante en nuestro sistema solar y, por ende, de la astrología, pero ¿no debería recibir también un trato especial Caronte, su luna, la que tiene un diámetro de más de la mitad de la que posee Plutón? De hecho, ahora los astrónomos piensan que se trata de un sistema planetario doble (o debería decir “planetario enano doble”) ¿Eso influirá en las cartas astrológicas?

La astrología en primer lugar sólo alcanza a emitir predicciones que son generalizaciones y son demasiado ambiguas. Una frase como “tendrás una visita inesperada”, “habrá grandes problemas en el trabajo” o “en el amor estarás excelente con tu pareja”, probablemente sean verdaderas, pero aplicables a cualquier persona, en cualquier día del año. ¿Y si no se cumplen? No hay problema, porque no tienen ninguna repercusión seria.

¿Por qué no brindan algo más útil, tal vez como el número de la lotería, el momento exacto en el cual nos robarán el auto para avisar a la policía o el momento en el cual tendremos mayor posibilidad de contraer una infección para tomar algún tipo de profilaxis? A lo mucho tendremos un “será tu día de suerte, ten cuidado con los que te rodean o tu salud estará mal en este mes”. Y volvemos a lo mismo, pues dichas frases se pueden aplicar en cualquier situación, que va desde el encontrar nuestro preciado reloj perdido hasta ganar alguna rifa, o sencillamente no haber tenido grandes obstáculos durante la jornada laboral. Al final, fue nuestro día de suerte…

¿Qué hay de malo con la astrología?

El problema de la astrología son las generalizaciones y la vaguedad de sus predicciones. En la historia de la humanidad ha habido cientos de astrólogos que han predicho una y otra vez algún tipo de guerra o fin del mundo, sin haber obtenido algún resultado honroso. Y aunque acertasen, todo podría reducirse a meras cuestiones de azar, probabilidad o simplemente mediante el estudio somero y concienzudo de la política, economía y situación armamentística de los países alrededor del globo. Es algo similar a lo que ocurre con los horóscopos: Puede darnos una predicción que sea altamente compatible con lo que nos ocurra y la alcanzamos a recordar firmemente. Sin embargo, por nuestra cabeza han pasado cientos de otros horóscopos que no nos han convencido en sus afirmaciones, pero al final sólo recordamos la que fue certera. Los astrólogos certeros se recuerdan como aquellos que hicieron alguna adivinación futura y se cumplió, pero dejamos de lado el resto de los desatinos que le precedieron o que están por realizar. Se trata del llamado Efecto Forer (por el psicólogo Bertram R. Forer que la acuñó en 1948) o falacia de validación personal, en la cual los individuos aceptan como altamente precisas las descripciones de su personalidad supuestamente realizadas específicamente para ellos, pero que no son más que juicios generales y ostentosamente vagas, por lo que pueden aplicarse a casi cualquier sujeto a las que se les presente.

Tratando de dar una base solida a la astrología, el psicólogo francés Michel Gauquelin trató de aplicar las reglas de la estadística a la astrología. Fue a él que surgió el denominado Efecto Marte. Gauquelin sostuvo en base a sus cálculos que la probabilidad que una persona fuera un campeón deportista es mayor “cuando Marte se asoma en el horizonte o culmina en el meridiano”. A final de cuentas, el análisis estadístico de Guaquelin tenía demasiados errores, como el dejar fuera algunos deportes para ajustar la estadística, el no corroborarse lo mismo con los hermanos gemelos, donde uno era un excelente deportista y el otro poseía una profesión totalmente opuesta, etc. Otro de los experimentos que realizó Gauquelin, fue el de solicitar una carta astral a una agencia especializada en este servicio, obteniendo una descripción de una personal social, moral y sentimentalmente cuasi-perfecta. Lo que después aclaró es que había brindado la hora y fecha de nacimiento de un reconocido asesino serial, el doctor Marcel Petiot, conocido como el “doctor muerte”. La burla a la astrología fue más allá, cuando Gauquelin fundó su propia agencia para el confeccionamiento de cartas astrales. A cada una de las personas que solicitaron el servicio, se le otorgó la misma carta que le fue elaborada con los datos del doctor Petiot. ¿Qué obtuvo a cambio? Clientes satisfechos. Al parecer las cartas astrológicas se ajustaban a todos sus clientes. Son las ventajas de dar generalizaciones, ambigüedades y poca claridad en las predicciones.

Los argumentos que da la astrología en su propia defensa no aclaran muchas dudas. Defienden la influencia de los planetas y las estrellas en la conducta del hombre, pero no nos dicen nada de por qué astros con mucha más energía y poder no son contados para la elaboración de los horóscopos o cartas astrales. Dejan fuera los agujeros negros, los cuásares, las nebulosas e incluso la gran mayoría de los cometas y meteoros. Tampoco tienen en cuenta al cinturón de asteroides, ni mucho menos al cinturón de Kuiper. Incluso la forma de aprender esta disciplina es poco clara. Para llegar a ser un astrónomo respetable se exige acudir a la Universidad, aprender una buena parte de física, algo de química y algunos otros aspectos técnicos. En cualquier lado del planeta hay Universidades donde se puede aprender la ciencia de la astronomía. Por otro lado, la astrología no es tan complaciente. No hay colegios, universidades o cursos formales para educar generaciones de astrólogos. La mayoría de los mismos han aprendido de textos cuyas bases están en viejos textos. No hay actualización en esta disciplina y si una serie de argumentos que no vale la pena estudiar por su falta de lógica. Nunca se ha especificado cómo es que los astros “influyen en nuestras vidas”. Los astrólogos solo afirman que sucede y ya. Nunca se han preocupado por explicar cómo es que los planetas colocados en constelaciones que han ido cambiando en los últimos 5,000 años desde que fueron conceptuadas.

Las fuerzas del universo

Todas las fuerzas del Universo se clasifican en cuatro tipos distintos, la gravitacional, la electromagnética, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil. Las dos últimas fuerzas actúan a nivel del átomo, es decir, a cortas distancias, la electromagnética lo hace a distancia mucho más grandes y la gravitacional aún más. Por lo anterior, descartamos las fuerzas que interactúan a nivel del átomo. No van más allá de las distancias entre una y otra partículas subatómicas o átomos. La fuerza electromagnética si tiene influencia sobre nuestras vidas, tan así que dependemos completamente de ella día con día. Pero no es la fuerza electromagnética de Marte, Júpiter o Saturno la que tiene influencia en el andar diario del hombre. Están demasiado distantes como para que las fuerzas de estos planetas tengan una influencia sobre nuestras vidas o eventos importantes. Es la fuerza electromagnética de nuestro propio planeta la que tiene poder sobre nuestras vidas.

El Sol arroja segundo a segundo partículas cargadas, protones y electrones, los cuales viajan a grandes velocidades y constituyendo lo que se denomina como viento solar. Al llegar a la Tierra, estas partículas tienen una velocidad de 300 a 500 kilómetros/segundo, con una densidad de 5 a 10 partículas por centímetro cubico. De no haber existido este campo electromagnético alrededor de nuestro planeta, los seres vivos en la superficie hubieran muerto hace mucho tiempo debido al micro-bombardeo continuo durante miles de años. Y si este campo electromagnético desapareciera en la actualidad, el viento solar haría mella sobre nuestros sistemas electromagnéticos, entre los que se cuentan los sistemas de navegación aérea, de posicionamiento global, de telecomunicaciones, etc.

De desaparecer nuestro campo electromagnético, podríamos hacer una predicción al estilo de la astrología, pero sin recurrir a artificios ideados en torno a los planetas: Ese sería un día terrible para todos.

Pero esperemos, aún falta la fuerza gravitacional. Si este fuera el medio para que los planetas ejercieran algún tipo de influjo sobre nosotros es también de dudarse. La madre ejerce durante el parto una fuerza de marea 12 millones de veces más intensa que la Luna. Los planetas son más grandes que la Luna, pero están a distancias mucho mayores por lo que la fuerza gravitacional es casi nula en forma individual entre las personas que vivimos en este planeta. Por lo tanto, ninguna de las cuatro fuerzas básicas de la física actual puede sostener las creencias de la astrología.

Continuamos con las pruebas que la astrología puede brindarnos para corroborar su validez y certeza. Mediante la astronomía podemos saber cuándo ocurrirá un eclipse de Luna con décadas o cientos de años de anticipación. Pero podemos pasar una tarde completa revisando las predicciones para una fecha dada que se escriben en las revistas o en los servicios “especializados” en la materia. Encontraremos ciertas semejanzas, pero que no irán más allá de la mera coincidencia. No hay una uniformidad en ellos y pueden brindarnos predicciones que pueden llegar a ser opuestas. Y a pesar de ser opuestas, aun estas predicciones pueden aplicarse en un mismo individuo en un momento dado, debido a lo generales que son. La astrología no muestra pruebas de sus predicciones. Se hace gala de los éxitos, pero se ocultan todos los fracasos. A diferencia de la astrología, la ciencia no elimina las pruebas que le son adversas. De hecho, aprende de esas mismas pruebas. En forma similar a lo expresado por Edison, la ciencia puede aprender a hacer las cosas de la forma adecuada, pero también puede aprender cientos de formas de no hacer las cosas. La astrología no ha mostrado esta cualidad, nunca se ha preocupado por explicar el porqué ha fallado en sus predicciones. Sencilla-mente se equivoca y no pasa nada.

Por otro lado, no podemos llegar a creer lo que pueda decir cualquier astrólogo proclamado por sí mismo o por la propaganda como un afamado o autoridad en esta área, sencillamente porque cualquier ser humano puede mentir o equivocarse, especialmente cuando las bases de esta “disciplina” son tan turbias. Es recomendable basarse en las evidencias, más que en el juicio emitido por una autoridad. No se trata de un argumentum ad hominem (argumento dirigido al hombre), como podrían los astrólogos reclamar frente a esta aseveración. No se pretende atacar al astrólogo que hace una aseveración en vez de atacar al argumento en sí mismo. Sencillamente se señala que los representantes de estas creencias deberían dar pruebas de lo que afirman, no solo expresar por expresar. Además los resultados deben ser altamente reproducibles, de modo que no sea el azar quien sea responsable de los resultados de una predicción dada. Si la astrología cumpliera con esto, todas las predicciones deberían ser reproducibles por cualquiera, en base a sus reglas y leyes, cosa que no ocurre.

Conclusión

Así pues la astrología, un elemento que poseen la mayoría de las revistas de farándula y de modas. No puede faltar o no serían lo que son. Sin embargo, no podemos pasarnos la vida basándonos en ella, al saber que no contiene ningún fundamento científico. Johannes Kepler vivió de ella. Aportó su granito de arena al saber astronómico, pero alguien tenía que darle de comer y ese era la astrología y la elaboración de cartas astrales y horóscopos. A pesar de todo, Kepler sabía que esta disciplina era mentira pura. Observémosla como un negocio que se vende en revistas, en consultas telefónicas o en personajes que ansían ser reconocidos y famosos. No dejemos que se mezcle con las finas fibras de la ciencia, de la astronomía, la cual en últimas fechas nos ha venido a decir que los astros sí tienen una relación con nuestras vidas. No para predecir el futuro, sino sólo observando el pasado lejano.

En un inicio existió el Big Bang, a partir del cual fueron creados los electrones, los protones y los neutrones, entre un mar de otras partículas subatómicas. Estos se fueron combinando y se crearon los primeros átomos de hidrógeno. Más adelante los gases de hidrógeno se condensarían para formar zonas de alta densidad y presión, es decir, las estrellas. Gracias a estas centrales nucleares naturales es que el hidrógeno al fusionarse da origen a otro elemento abundante en el Universo, el helio. Y así sucesivamente, la fusión de diversos átomos sencillos ha dado origen a otros mucho más complejos y pesados, como el carbono, el oxígeno, el nitrógeno, el fósforo, etc. Gracias a la muerte de estrellas pretéritas, estos elementos han ido a parar a este pálido planeta azul, donde se fueron combinando por reacciones físicas y químicas, formando moléculas cada vez más complejas y especializadas. Aparecieron las primeras formas de vida, tal vez como protoalgas, flotando en los primitivos mares de la Tierra. Estos microscópicos entes se combinaron formando seres pluricelulares acuáticos. Posteriormente invadieron la tierra mediante el desarrollo de pulmones y huesos óseos. Se diversificaron, caminaron, corrieron, reptaron, volaron. Una de ellas se irguió, conquistó el fuego, inventó la escritura y ha ido descubriendo los pormenores de la naturaleza. Nuestra relación con los astros no viene de lo que vemos ahora en los cielos nocturnos.

Muchas de las estrellas que se ven actualmente tal vez ni siquiera existan ya, debido a las grandes distancias existentes en el Universo. Han muerto, pero su luz arrojada hace cientos o miles de años atrás aún nos está llegando. Esta es la relación que tenemos con los astros. Sí que nos han influenciado, así como han influenciado la existencia misma de todas las criaturas de este planeta.[x]

José Fco. Camacho A.

6 comentarios sobre “Astros que rigen nuestras vidas”

  1. Ok con el artículo, incluso muy similar a otros publicados en esta misma web tratando el mismo tema.
    Pero a mi juicio olvida algo (nuevamente): el valor simbólico de la astrología. El saber que el destino no está en las estrellas sino en manos de uno mismo. Los símbolos de la astrología, así como en el tarot y otros métodos adivinatorios, todas esas “descripciones generales” funcionan como gatillantes para que el individuo que consulta encuentre su propia respuesta. No se trata de las estrellas, ni de los asteroides, ni de fuerzas del universos, ni nada por el estilo, sino de símbolos.
    Lo digo desde el punto de vista de un escéptico que aprendió a leer el tarot y que después de muchas lecturas “exitosas” (nótese el entrecomillas) me di cuenta de que la respuesta de los problemas no estaba en las cartas, sino en la propia persona que consulta. Claro, ya que gracias a los planteamientos generales que se leen en la interpretación de las cartas el consultante da con su respuesta internamente… debe ser de modo muy similar a lo que le pasa a un paciente en el psicólogo (guardando por supuesto las diferencias profesionales). En ningún caso se puede determinar el destino, pero actuando hoy, se puede deducir un destino probable, no?
    Charlatanes que dicen poder lograr todo con poco hay en todos lados, no solo en la astrología, sino en la religión, en la ciencia, en la política… etc. lástima que haya gente que crea ciegamente en ellos.
    Mientras tanto, yo rescato lo que si es valioso para mi, en este caso, el simbolísmo.
    Saludos,

    1. Una de mis pasiones es la astronomía, una ciencia que por el origen común con la astrología cuenta con su simbolismo, siendo la muestra la presencia de 88 constelaciones, dentro de las cuales se encuentran las 12 del zodiaco. Ahí termina casi todo. La influencia de los astros es nula en el camino de cualquier ser humano en lo individual. Lo triste de nuestra época contemporánea es que muchas personas no vean como algo simbólico o como un simple efecto de gatillo las generalizaciones que hace la astrología y pseudociencias afines (no “métodos adivinatorios”), y dejen guiar su vida en base a un conocimiento que no tiene ningún fundamento.
      En una era donde estamos adentrándonos en los secretos del átomo, donde hemos ido aprendiendo poco a poco los secretos del pasado en la Tierra, en el Cielo, en los confines del Universo, en donde podemos hacer predicciones basadas en la razón, como lo son los eclipses o al menos el clima más probable en un par de días, es lamentable que un numero enorme de gente se guie por símbolos, en vez de razonar y analizar con lógica lo que pasa a su alrededor, el potencial que tiene, las cualidades y defectos de sus personas, conocer su entorno y no solo tratar de encontrar una respuesta caída del cielo. Podemos actuar hoy y deducir un destino probable, es cierto. Pero actuando con base al conocimiento de nuestro entorno diario y conociendo nuestro potencial y la capacidad para hacer adecuadamente nuestro trabajo diario es cómo podemos planificar y crear un futuro el cual no está dictaminado por ningún astro. Charlatanes hay en todos lados, también es cierto, pero la misión que deberíamos tener cada uno de nosotros es identificar todas esas falacias y dejarlas de lado, así se trate de un religioso, de un político o de un científico. Ese es uno de los puntos medulares de la ciencia, la capacidad para corregirse a sí misma, aun cuando haya habido y existan en un futuro errores o mentiras entre sus filas de integrantes. Tomemos a la astrología y demás afines como el inocente comentario de “te ves bien hoy”, el cual nos puede levantar el ánimo y ser un gatillo para tener un estupendo día, pero no tomemos sus comentarios como algo que defina por completo nuestras vidas o que nos lleve a un estado de simbolismo que se aleje de nuestra realidad.
      Gracias…

      Atte.
      Jose Fco. Camacho A.

  2. La astrología no es una ciencia ni pretende serlo; la astrología no se basa en la influencia de ningún astro; cuando estudies las bases de la astrología,entonces escribirás un artículo científico.
    La astrología es un espejo que refleja la imagen,no la crea; y desde luego yo no miro astrología a la hora de decidir en mi vida; miro la vida.

      1. Si las tiene, las de la observación. Tuvieron el tiempo suficiente para organizar tipos de personalidades que coincidieron con patrones que se repetían en el cielo, y ese mismo tiempo es el que les ha favorecido para notar y comprobar que, por más años que pasen, es posible encontrar una norma en el carácter y actitud del hombre, los que pasan a ser los atributos de la configuración astrologica individual.
        Quizás los factores que influyeron en dichas categorías que la astrología afirma nunca han sido los astros, si no otros desconocidos que tampoco importa encontrar, pero es lo primero que tuvieron a mano para relacionar como fuente ya que veian una coincidencia, sin importar las razones.
        Eso es trabajo de la ciencia, la cual no tendría por qué interesarse en la astrología y tal vez ni siquiera molestarse en escribir un artículo sobre ella cuando se analiza sobre sus mismas leyes. Se transforma en el tipico juego de probar la existencia de dios.
        (y es cosa de conocer un poco sobre astrologia para darse cuenta que mencionar el horoscopo de las revistas en un artículo que pretende ser riguroso sobre el tema, no es mas que una ofensa en pos de reducir al absurdo este conjunto de creencias).

  3. Desde mi punto de vista es una falacia pretender que somos propietarios de nuestro destino , y voy a dar algunas razones que me hacen pensar tal cosa , ninguno de nosotros puede decidir cuando nacer ,ni dónde ni como ,ni siquiera somos capaces de manejar más o menos nuestras vidas ya que toda ella está sujeta a eventos que nos son ajenos , creo que la humanidad está inexorablemente llamada a cumplir un destino que ya está escrito en algún lugar del espacio tiempo destino en el que está inmerso toda la materia que forma el universo . Vivimos lo que yo llamaría la ilusión del libre albedrío , la libertad o es completa o no es libertad . De que destino somos dueños si miles de millones de seres transcurrimos nuestras efímeras vidas individuales sobre un insignificante planeta que nos lleva sobre el girando a 530 km x hora y este a su vez arrastrado tras una estrella a más de 100000 km x hora .
    Nuestros cuerpos son casi un 70% agua , es lógico después de comprobar los efectos de la gravitación universal en este elemento , negar la influencia de los astros en los seres humanos ? Claro la ciencia con el afán de desfenestrar a la astrología reduce la influencia astral al sol y la luna , pero acaso estos a su vez no son presos de una mecánica celeste mucho mayor , la de la galaxia , el universo todo .
    Cuando el ser humano deje de vanagloriarse de sí mismo y empezar a ser consciente de su insignificancia , como lo hacían los antiguos que todas las noches descubrían una nueva maravilla en los cielos empezaremos a tener mayor comprensión del todo en el que transcurre la evolución universal .

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