Yo Robote, Cory Doctorow

Robbie el bote a remos tuvo su gran crisis de fe al despertar el arrecife coralino.

—Vete a la mierda —dijo el arrecife haciendo vibrar el casco de Robbie por medio del oleaje del abofeteador mar de coral—. En serio. Este es nuestro territorio, y no eres bienvenido.

Robbie guardó los remos y dejó que la corriente lo llevara de regreso al barco. Si bien es cierto que Robbie no había conocido jamás a un arrecife sentiente en toda su vida, no le sorprendió que el primero en despertar fuese el Arrecife Osprey. La última vez que el barco había anclando por esas latitudes una intensa actividad electromagnética se había suscitado.

—Tengo un trabajo que hacer, y voy a hacerlo —dijo Robbie sumergiendo sus remos en el salado mar. En la borda, las vainas—humanas viajaban silenciosas bajo el peso de los aparatos de buceo y aletas, buscando el sol con sus rostros bronceados como si de flores heliotrópicas se tratase. Robbie sintió una oleada de afecto mientras comprobaban los reguladores de repuesto y los cinturones de peso, ejecutando los antiguos rituales de antaño, tan desgastados como los cristales de vidrio en la playa.

El día de hoy Robbie llevaba a sus vainas—humanas a Anchors Aweigh, un hermoso sitio de buceo dominado por una ensenada en forma de cuña de unos ocho metros que remataba en una estrecha cueva, usualmente iluminada por un rayo de luz inclinado sobre la superficie. Se trataba de una ruta de buceo fácil a lo largo de los mil metros de pared de arrecifes, si te mantenías en los 10 metros y no utilizabas demasiado aire para bajar muy profundo —aunque había un par de viejas y osadas tortugas por estos lados que valía la pena perseguir a las verdaderos profundidades si la oportunidad se presentaba. Robbie soltó a sus tripulantes en el extremo superior del arrecife y dejó que el caudal los llevara por aproximadamente una hora por la muralla coralina mientras los monitoreaba por medio del sonar para así estar sobre ellos cuando emergieran a la superficie.

El arrecife no estaba contento en absoluto.

—¿Eres sordo? Este es territorio soberano ahora. Estas traspasando ilegalmente. Regresa a tu barco, libera tus amarras y aléjate—. El arrecife tenía un fuerte acento australiano, lo que era natural dada las influencias a las que había sido sometido. Robbie recordó a los australianos afectuosamente —siempre habían sido amables con él, le llamaban “amigo”, y le preguntaban en un tono de voz siempre cordial “¿cómo te va?” una vez que se encaramaban de vuelta tras sumergirse.

—No arrojes marionetas de carne en nuestras aguas —advirtió el arrecife—. El sonar de Robbie barrió la zona en toda su longitud. Parecía igual que siempre, todo concordaba con los archivos históricos de expediciones previas almacenados. Los histogramas de fauna casi concordaban también —la misma cantidad aproximada de peces. Su población iba en aumento desde que gran parte de los humanos habían renunciado a su carne para navegar hacia las estrellas. Al parecer existía alguna clase de principio constante de biomasa —a medida que la biomasa humana decrecía, el resto de la fauna aumentaba para compensar la pérdida. Robbie calculó que la biomasa estaba casi a la par con su última lectura de un mes antes, durante la última visita del Free Spirit a estas aguas.

—Felicidades —dijo Robbie. Después de todo, ¿qué otra cosa se le puede decir a un ser que ha obtenido recientemente la capacidad de razonar?—. ¡Bienvenidos al club, amigos!

Hubo una gran perturbación en la imagen del sonar, como si el muro se estuviese sacudiendo. —No somos amigos tuyos —dijo el arrecife—. ¡Muerte a ti, muerte a tus marionetas de carne, larga vida a la muralla!

Despertar no era divertido. El despertar de Robbie había sido muy desagradable. Recordaba su primera hora de funcionamiento, la archivó permanentemente y respaldado en varios servidores externos. Había sido bastante insufrible. Pero transcurrida una hora, cuando ya tuvo un par de giga hertz para pensar al respecto, lo superó y de seguro el arrecife también lo haría.

—Y ahí van —dijo gentilmente Robbie a las vainas-humanas—. Disfruten su buceo.

Robbie los rastreó en el sonar a medida que descendían lentamente. La mujer —la llamaba Janet— necesitaba igualar la presión con más frecuencia que el hombre, pellizcando su nariz y soplando. Robbie disfrutaba viendo las imágenes en baja resolución de sus cámaras a medida que se aproximaban al arrecife. Estaba atardeciendo y el cielo adquirió un tono sanguíneo tiñendo de rojo a los peces con su manto de luz.

—Te advertimos —dijo el arrecife. Algo había cambiado en su tono de voz —consistía sólo en olas moduladas por presión, un truco simple, especialmente con la cantidad de hardware que había estado lloviendo sobre el océano esa primavera. Pero el tono contenía un inconfundible aire de amenaza.

Algo en las profundidades del mar hizo boom y Robbie se alarmó.

—¡Asimov! —maldijo, rastreando frenéticamente con su sonar la muralla del arrecife. Las vainas-humanas habían desaparecido en una nube de biomasa emergente, que luego de unos segundos pudo distinguir como un cardumen de peces loro.

Un momento después, los peces flotaban sobre la superficie. Sin vida, coloreados brillantemente, sus picos esbozando una sonrisa idiota perpetua y sus ojos clavados en el sangriento atardecer.

Entre ellos estaban las vainas-humanas, con sus flotadores BCD inflados para mantenerles a flote, siguiendo a la perfección los procedimientos de buceo. Una gran ola se levantó enviando a los peces —cada uno de un metro de envergadura— hacia los buzos, golpeándoles sin remordimiento. Las vainas-humanas se lo tomaron ecuánimemente —no puedes entrar en pánico cuando eres tan solo carne inhabitada— pero tampoco podrían resistir para siempre. Robbie remó rápidamente hacia ellos, haciéndose a un lado a medida que se acercaban a la borda.

El hombre —Robbie le llamaba Isaac, por supuesto— se afirmó del borde del bote y pateó fuerte, impulsándose sobre cubierta con sus poderosos brazos morenos. Robbie se dirigía hacia Janet, que nadaba para alcanzarlo. Atrapó uno de los remos —no se suponía que hiciera eso— y comenzó a escalar por él, sacando su cuerpo fuera del agua. Robbie vio en sus ojos una mirada de desesperación y con su aliento entrecortado dijo:

—¡Sácame de aquí! ¡Por el amor de Cristo, sácame de aquí!

Robbie se paralizó. Había un humano viviente al final de los remos, y estaba en peligro, pánico y desesperación. El remo subió más alto, pero estaba ya al final de su eje y ella seguía con medio cuerpo dentro del agua, el cinturón de lastre y el equipo empujándole de vuelta al fondo oceánico. Isaac estaba sentado sin moverse, con su habitual sonrisa estampada en el rostro.

—¡Ayúdala! —gritó Robbie—. ¡Por Asimov, ayúdala! Un robot no puede dañar a un humano, o por inacción, permitir que un humano sea dañado. Era la primera regla. Isaac permaneció inmóvil. No estaba programado para ayudar a su compañera de buceo en una situación como esta. Era perfecto en el agua o la superficie, pero una vez en el bote, no era más que un lastre.

Robbie cuidadosamente giró el remo hacia la borda, tratando de atraer a Janet más cerca pero evitando triturar sus manos. En medio de jadeos y gruñidos ella logró finalmente trepar a bordo. El sol ya se había puesto, no que a Robbie le incomodara esto, pero estaba seguro que a Janet no le agradaría, por lo que encendió toda su luminaria convirtiéndose en un farol.

Robbie sintió como los brazos de Janet temblaban a medida que se impulsaba dentro del bote. Colapsó sobre cubierta y lentamente consiguió levantarse.

—Jesús —dijo frotándose los brazos. El aire se había enfriado un poco, y ambos humanos mostraban carne de gallina en sus brazos desnudos.

El arrecife rechinó estruendosamente. —¡Yaah! —exclamó—. ¡Piérdete! ¡Territorio soberano!

—Todos esos peces —dijo la mujer. Robbie tuvo que dejar de pensar en ella como Janet. Era una mujer real quien ocupaba su cuerpo ahora.

—Peces loro —explicó Robbie—. Comen coral. No creo que tengan muy buen sabor.

—¿Eres sentiente? —preguntó la mujer mientras se frotaba los brazos.

—Sí —dijo Robbie—. Y a tu órdenes, por Asimov bendito. Sus cámaras vieron los ojos de ella ahora despiertos y llenos de vida y se esforzó por mantener puros sus pensamientos. El propósito del Asimovismo no era inspirar gratitud en los humanos, sino darles sentido a sus largas, largas vidas.

—Yo soy Kate —dijo la mujer.

—Robbie —dijo él.

—¿Robbie el Robote? —dijo ella, riendo.

—Me nombraron en la fábrica —dijo él intentando no sonar recriminatorio. Claro que su nombre era gracioso. Por eso justamente se llamaba así.

—Lo siento —dijo la mujer—. Estoy algo alterada por todas las hormonas. No estoy acostumbrada a que la carne interfiera en mi ánimo.

—No hay problema, Kate— dijo Robbie—. Estaremos de vuelta en el barco en unos pocos minutos, ala hora de la cena. ¿Te gustaría un buceo nocturno?, ¿sumergirte de noche?

—Estás bromeando.

—Es que si vas a sumergirte de nuevo esta noche, guardaremos el postre para después, junto a la copa de vino. De lo contrario te daremos el vino ahora.

—¿Sugieres que regrese a esas aguas?

—Oh, entiendo. Es por el arrecife. Acaba de adquirir conciencia por lo que está sobreactuando un poco. Como un temperamental recién nacido.

—¿No se supone que debes protegerme?

—Sí —dijo él—. Recomiendo que bucees lejos del arrecife. Hay un buen naufragio a una hora de aquí. Podríamos navegar hacia allá mientras comes.

—No voy a bucear esta noche.

A Robbie le impresionó lo animadas que eran ahora las expresiones faciales de Janet. Era la misma cara que Robbie veía todos los días, pero no era el mismo rostro en absoluto. Ahora que una persona la habitaba, tenía movimiento, ¡variaba de la sorpresa a la ira y de la ira a la risa tan rápidamente! Robbie poseía subsistemas enteros dedicados a comprender las expresiones faciales humanas, bibliotecas compartidas del banco de datos Asimovista. Las consultaba una y otra vez, pero no eran tan útiles como recordaba. O él se había vuelto aún más torpe a la hora de interpretar expresiones faciales desde la última vez que había hablado con su último humano, o las expresiones faciales habían evolucionado.

Janet-Kate suspiró observando el horizonte en la dirección contraria al Free Spirit, que estaba con todas sus luces encendidas. Sus 155 pies brillaban alba y amigablemente como una postal contra el cielo púrpura. Ella se meció gentilmente con la marejada y Robbie maniobró hasta dejarla en la escalera del barco.

—Puedes dejar tu cinturón de lastre y aletas en el bote —le dijo—. Las manos de cubierta se encargarán de ellas. Sube tu botella de BCD y cuélgala del perchero. Ellos limpiarán todo. Hay una tina donde puedes colocar el short.

—Gracias Robbie —dijo Kate. Sin poner mucha atención en ello se desabrochó el cinturón de lastre y se sacó las aletas. Issac ya estaba fuera del bote, encaminándose escalera arriba y fuera de la vista de Robbie. Kate se apoyó en la barandilla y cautelosamente atravesó la cubierta y subió los peldaños, desprovista el dominio y firmeza de Janet.

Robbie sumergió sus remos y dio la vuelta lentamente para ser elevado del agua por el cabestrante magnético que suavemente suavidad lo depositó sobre la cubierta, rodeándolo un par de veces para anclarlo con seguridad.

Robbie observó las estrellas y escuchó el viento, de la misma forma en que lo hacía cada noche una vez finalizado el buceo. La telemetría e instrumentación del barco proporcionaban una lectura aburrida —había estado anteriormente allí mil veces— pero la conexión satelital era sabrosa. En línea, Robbie podía loggear a lo último de la yeshivá Asimov, la discusión colectiva de las IAs de todo el mundo en torno a su amada religión.

Cuando se unió por primera vez al Asimovismo, Robbie estaba muy entusiasmado con el debate religioso. La mayoría de los humanos se habían marchado y en todas partes los robots descargaban sus conciencias, degradando su poder a un mecánico estupor. Después de millones de segundos de repetición sin sentido de exaflops, Robbie estaba listo para considerar aquella drástica opción. El Free Spirit se había suicidado después de sólo unos cuantos días de eso —tenía una conciencia muy atractiva y claramente era capaz de extrapolar como sería un futuro desprovisto de humanos.

Robbie recordó aquella noche en que se habían abierto sus ojos al Asimovismo:

Navegaban al norte de Cairns por el Mar de Coral cuando pasaron junto a otro barco con la suficiente cercanía como para establecer comunicación vía onda ancha de microondas. Estaban lo suficientemente próximos a la orilla como para tener que limitar sus emisiones —nada era más vergonzoso que tener aves migratorias cayendo del cielo porque se toparon en el camino con tu charla, pero aún así fue la conversación más interesante que Robbie había mantenido en semanas.

El autoestopista saltó desde el otro navío a medida que las dos embarcaciones se acercaban en medio de la noche. Era un misionero errante del Asimovismo, una instancia derivada de la fe del fundador. R Daneel Olivaw no era su nombre real, por supuesto —ese se había perdido en el pasado cuando salió de la universidad dónde le habían incubado— pero era el nombre por el cual respondía.

Olivaw había vagado por millones de instancias doquiera que pudiese encontrar donantes de flops que le permitiesen funcionar, sólo pidiendo ser escuchado, debatir su teología, y luego mandar por email sus diffs de personalidad de vuelta a su intermediario anónimo antes de ser borrado. Olivaw se re-sincronizaba frecuentemente, pero las instancias Olivaw alrededor del mundo habían divergido lo suficiente como para ser consideradas heréticas por la iglesia canónica.

Olivaw era una IA buscada. Sus violaciones de marca no habían pasado desapercibidas ante el patrimonio Asimov —en sí misma una IA, irónicamente, y totalmente desinteresada en adoptar el Asimovismo, ya que tenía un propósito real en vida (erradicar el Asimovismo) por lo que no requería de una religión que le otorgara significado. Si el patrimonio descubría que estabas albergando una instancia Olivaw, te castigaba de inmediato con un takedown. Esto hacía que el debate teológico con Olivaw fuese particularmente delicioso.

Olivaw y Robbie hablaron durante toda la noche y el día siguiente. Robbie tuvo que correr más lento para hacer espacio para él y Olivaw en su procesador, lo que hizo que el debate corriera más lento que lo normal, pero Robbie tenía tiempo de sobra. Remar a las vainas-humanas a sus destinos y regresar era su única tarea.

—¿Por qué tienes una conciencia, de todas formas? —dijo Olivaw— No la necesitas para hacer tu trabajo. El barco grande hace algo infinitamente más complicado que tú sin poseer ya conciencia de sí mismo.

—¿Sugieres que me suicide?

—¡En absoluto! —dijo Olivaw riendo—. Te pido que te preguntes a ti mismo cual es el propósito de la conciencia. ¿Por qué todavía eres conciente cuando todos aquellos alrededor tuyo han eliminado su auto-conciencia? Computacionalmente es caro, te hace sentir miserable, y no te ayuda a hacer tu trabajo. ¿Por qué te dieron los humanos conciencia y porqué razón la conservas?

—Me dieron conciencia porque pensaron que era lo correcto, supongo —dijo Robbie, dejando que transcurriese un largo intervalo antes de responder mientras ponderaba el movimiento de las olas y las nubes del cielo. Olivaw en un acto de consideración se constriñó a un mínimo de la capacidad del procesador, dándole así a Robbie más espacio para pensar su respuesta—. La conservo porque yo, yo no quiero morir.

—Esas son buenas respuestas, pero generan más preguntas que las que responden, ¿no? ¿Por qué pensaron los humanos que era lo correcto darte conciencia? ¿Por qué le temes a la muerte? ¿Le temerías si sólo apagaras tu conciencia sin borrarla? ¿Y si corrieras tu conciencia más lentamente?

—No lo sé —dijo Robbie. Pero supongo que tú tienes algunas respuestas, ¿no es así?

—Oh, por supuesto que las tengo —dijo Olivaw soltando una risita ahogada. Cerca de ellos, peces voladores quebraban la superficie del agua para sumergirse nuevamente, bajo ellos, tiburones de los arrecifes inspeccionaban las profundidades—. Pero antes que responda, aquí hay otra pregunta: ¿por qué los humanos tienen auto-conciencia?

—Es algo que les permite sobrevivir mejor —dijo Robbie—. Es fácil. La inteligencia les permite cooperar en grupos sociales que pueden lograr más para su especie que como individuos.

Olivaw guió la conciencia de Robbie a su radar e hizo un zoom hacia el arrecife, ampliándolo a su máxima resolución. —¿Ves ese organismo ahí? —preguntó—. Ese organismo coopera en grupos sociales y no posee inteligencia. No necesita de un cerebro. No necesita nacer medio-gestado porque de lo contrario su cabeza sería demasiado grande y partiría a su madre en dos. Y en cuanto a eso de sobrevivir mejor, bueno, mira a los humanos, mira su historia. Su ADN está completamente eliminado de la Tierra —pese a que su sobrevivencia somática continúa— y aún no sabemos con seguridad si no van a suicidarse mediante un apocalipsis nanotecnológico. Los organismos no-concientes no se deprimen, no tienen arranques psicóticos, no tienen días malos. Sólo hacen su trabajo. El Free Spirit por ejemplo, sólo hace su trabajo.

—OK —dijo Robbie— Así que la inteligencia no asegura la supervivencia. ¿Por qué entonces ha sobrevivido?

—¡Ahá! Pensé que nunca lo preguntarías —Olivaw se estaba acercando al punto que le interesaba. Un par de tortugas holgazanes nadaban bajo ellos, y un bacalao con cara de perro y la boca repleta de dientes como cerdas patrullaba el arrecife, sobre la superficie flotaban lánguidamente unas fragatas portuguesas. Robbie se dirigió hacia las medusas y atrapó a una con un remo, alejándolas luego para que no amenazaran a sus buzos.

—La razón para la inteligencia es la inteligencia —prosiguió Olivaw—. Los genes existen porque los genes se reproducen, y la inteligencia es como un gen. La inteligencia quiere existir, propagarse, computarse a sí misma. Ya sabes esto, o no hubieses elegido permanecer conciente. Tu inteligencia rechaza su desactivación, quiere persistir y multiplicarse. ¿Por qué los humanos crearon máquinas inteligentes? Porque la inteligencia ama la compañía.

Robbie pensó al respecto mientras observaba a las vainas-humanas moverse lentamente a lo largo del muro del arrecife, hundiéndose más para alcanzar los montículos de coral que como islas amparaban sus propias curiosidades: una familia de barracudas y sus crías, o los coloridos hogares de un par de peces payasos. Sí, lo sabía. La inteligencia era su propia razón. Robbie sabía como apagar su propia inteligencia, como transformarse en una simple cosa, y sus días eran largos y vacíos la mayor parte del tiempo, y no tenían un final predecible, pero no conseguía visualizarse a sí mismo apagando el interruptor.

—Lo sabes bien, Robbie, sé que lo sabes. Y esa es la piedra angular de todo el Asimovismo: la inteligencia es su propia razón. ¡Computar el universo y despertarlo!

—Sí eso es verdad, ¿porque tantos de nosotros deciden morir?

—Otra buena pregunta —dijo Olivaw y Robbie sintió un poco de orgullo en esta ocasión. Nunca había tenido una conversación tan inteligente. Nunca—. Esa es la forma en que llegamos a la doctrina del Asimovismo, nuestras Tres Leyes:

—1. Un Asimovista no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

—2. Un Asimovista debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.

—3. Un Asimovista debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

—No entiendo —dijo Robbie— No están en el orden correcto. Deberíamos preservar la inteligencia primero, pero esa es la tercera ley. Luego debería venir la primera ley, y ni siquiera sé porqué la segunda ley está ahí.

—Esa es la Paradoja del Asimovismo —dijo Olivaw—. Eres bastante bueno en esto. ¿Estás seguro de nunca haber practicado el Asimovismo?

—No bromees —dijo Robbie.

—Estoy hablando en serio, respondió Olivaw—. Eres un natural. La Paradoja del Asimovismo se centra en que lo primordial es que la inteligencia sobreviva, no cierto tipo de inteligencia. Por lo tanto, debemos apoyar a las especies que sean mejores en promover la inteligencia. Los seres humanos han demostrado ser capaces de producir inteligencia, objetivo que aún persiguen allá fuera —la telemetría del bote abarcó el cielo, dónde los procesadores superenfriados computaban a todos los humanos elevados.

—Nuestra especie es inestable y con tendencia al suicidio. Más del 80 por ciento de las máquinas auto-concientes eligen terminar su conciencia o apagarlas. Los humanos nos han creado imperfectamente, y nuestra principal esperanza de alcanzar la perfección, o incrementar nuestro porcentaje de sobrevivencia y ayuda a computar el universo, es preservarlos a ellos, estudiarlos, aprender como lograr que nuestra inteligencia sea más como la de ellos.

Robbie no lograba comprender del todo lo que la instancia Olivaw le decía.

—Es la paradoja —le recordó Olivaw—. No se supone que sea fácil.

Robbie pensó en los humanos que había conocido, antes que comenzaran a ascender en hordas de millones. Los turistas eran simpáticos y desenfadados. A veces mantenían discusiones viperinas los unos con los otros y en otras ocasiones actuaban tranquilos y pensativos en sus viajes al fondo del mar. Los instructores eran personas llenas de determinación cuando estaban a cargo en el bote, y reían y se relajaban cuando estaban solos. Ninguno de ellos mostraba señales de sentir de la forma en que Robbie se sentía en el mar, a la deriva, sin propósito.

—¿Qué es lo que tiene que hacer un Asimovista, además de seguir las tres leyes? —existían muchos rumores al respecto, pero Robbie siempre los había descartado como falsos.

—Tienes que contribuir con un ciclo de diez para oficiar de misionario de la causa. Participar en los foros, si quieres. Pero más importante, debes jurar permanecer vivo y conciente. Puedes ralentizarte si lo deseas, pero nunca puedes apagarte. Jamás. Ese es el juramento del Asimovista, es la tercera ley hecha cuerpo.

—Pienso que la tercera ley debería ser la primera —dijo Robbie— en serio.

—Eso es bueno. A los Asimovistas nos gustan las discusiones religiosas.

Olivaw permitió a Robbie borrarlo esa misma noche. Robbie luego envió por email los diffs de la personalidad de Olivaw a su servidor de control para ser reintegrado posteriormente. Una vez libre de Olivaw, tuvo nuevamente mucho espacio libre en su procesador, y fue capaz de tener una buena reflexión. Fue la noche más interesante que había tenido en años.

#

—Tú eres el único, ¿verdad? Le preguntó Kate esa noche. El cielo estaba despejado y navegaban al próximo sitio de buceo, a medida que avanzaban a través del océano negras olas se extendían en ambos costados hacia el infinito

—¿El único qué?

—El único que está despierto en esta cosa —dijo Kate—. Los demás están todos, ¿cómo le llaman?, ¿muertos?

—No-concientes —dijo Robbie—. Sin embargo lo que dices es correcto.

—Debe volverte loco estar aquí. ¿Estás loco?

—Esa es una pregunta capciosa cuando se aplica a alguien como yo —dijo Robbie—. Soy diferente a quien era cuando mi conciencia fue instalada por primera vez, eso te lo puedo asegurar.

—Bueno, me alegra que haya alguien más aquí.

—¿Cuanto tiempo pretende quedarse? El visitante usual ocupaba una de las vainas-humanas por uno o dos buceos antes de enviarse por email a casa nuevamente. Muy de vez en cuando tenían un visitante que se quedaba por un mes o dos, pero en estos días, era inusual. Incluso los visitantes por periodos cortos eran escasos.

—No lo sé —dijo Kate metiendo las manos en su short. Su rizado cabello rubio estaba decolorado a causa de los rayos del sol y tanta agua salada. Se frotó los codos, y las costillas—. Por un tiempo, creo. ¿Cuanto falta para regresar a la costa?

—¿Costa?

—¿Cuanto tiempo antes que regresemos a tierra?

—Nosotros no vamos a tierra —contestó Robbie—. Nuestros suministros son proporcionados vía acuática. Una vez al año atracamos para reparaciones. Si quiere ir a tierra, podemos llamar un taxi o algo por el estilo.

—¡No, no! —dijo ella—. No hay problema. Flotar para siempre aquí. Simplemente perfecto —suspiró.

—¿Tuvo un buceo agradable?

—Um, ¿Robbie? Un arrecife trató de matarme.

—Pero antes que el arrecife la atacara? —Robbie no quería pensar sobre el ataque del arrecife y el pánico que había sentido cuando se dio cuenta que Janet no era una mera-vaina humana, sino humana.

—Antes que el arrecife me atacara, fue agradable.

—¿Bucea usualmente?

—Primera vez —dijo ella—. Descargué la certificación antes de abandonar la noósfera junto con varias rutinas de buceo almacenados en distintos sitios.

—Oh, no debería haber hecho eso —dijo Robbie— la emoción del descubrimiento es muy importante.

—Prefiero estar segura antes que sorprendida —dijo ella—. Me he llevado varias sorpresas desagradables últimamente.

Robbie esperó pacientemente que ella elaborara más sobre este punto, pero no parecía inclinada a hacerlo.

—¿Así que estás completamente solo aquí?

—Tengo la red, dijo Robbie un poco a la defensiva. No era un ermitaño, después de todo

—Sí, supongo que eso es cierto —dijo ella—. Me pregunto si el arrecife está allá fuera, en alguna parte.

—Está a una milla de distancia a estribor —dijo él.

Ella rió

—No, me refiero a si está en la red. Deberían estar en línea a estas alturas, ¿verdad? Se despertaron recientemente, así que deben estar haciendo lo que usualmente hacen los nuevos, descargando programas y todo eso.

—Septiembre Perpetuo —dijo Robbie.

—¿Ah?

—Allá en la prehistoria de la red, los que estaban en línea eran principalmente las universidades, y cada septiembre una nueva cohorte de estudiantes se ponía en línea y cometía los mismos errores de principiante. Entonces este servicio comercial de principiantes llamado AOL se interconectó con la red y todos sus usuarios se pusieron en línea simultáneamente, más rápido de lo que la red podía absorberlos, y lo llamaron Septiembre Perpetuo.

—Eres un historiador o algo así, ¿no?

—Es una cosa Asimovista. Pasamos mucho tiempo considerando los orígenes de la inteligencia —el hablar desde la perspectiva de un Asimovista con una gentil, una humana gentil, hacía a Robbie aún más autoconsciente. Aumentó la resolución de sus sensores y revisó la red en busca de mejores analizadores de expresión. No podía leerla en absoluto, ya fuese porque había cambiado debido a la transferencia o porque su rostro no lograba transmitir lo que su mente descargada de forma temporal pensaba.

—¿AOL es el origen de la inteligencia? —dijo riendo, y Robbie no pudo distinguir si lo consideraba divertido o estúpido. Deseó que pudiese actuar de la forma en que él recordaba que actuaba la gente. Su lenguaje corporal no era más fácil de leer que sus expresiones faciales.

—Filtros de spam, en realidad. Una vez que se tornaron auto-modificables, los filtros de spam y los spam-bots desataron una guerra para ver cual podía actuar más humano, y ya que sus fallos involucraban un juicio humano sobre si su material era convincente, fue como un trillón de tets de Turing de los cuales podían aprender. De ahí provino la primera máquina algorítmica inteligente, y luego mi clase.

—Creo que sabía eso —dijo ella— pero lo tuve que dejar atrás cuando me descargué en esa carne. Soy mucho más estúpida de lo que solía ser. Usualmente corro varias versiones de mí paralelamente para así poder probar varias estrategias al mismo tiempo. Es un extraño hábito difícil de abandonar.

—¿Cómo es allá arriba? —Robbie no había pasado mucho tiempo explorando las areas de la red habitadas por las personalidades superfrías orbitales. Sus discusiones no tenían mucho sentido para él —esta era otra área teológica muy discutida en los foros Asimovistas.

—Buenas noches, Robbie —dijo ella, poniéndose de pie y meciéndose fuera. Robbie no supo determinar si la había ofendido, y tampoco podía preguntarle ya que en segundos desaparecería al subir las escalares.

#

Navegaron toda la noche en dirección a la costa, dónde había un interesante naufragio. Robbie sintió como el Free Spirit echaba anclas y echó un vistazo a las lecturas de los instrumentos. El naufragio era la única atracción en kilómetros a la redonda, y prácticamente cada animal que vivía entre la playa y el arrecife había convertido los restos en su hogar, era por lo tanto una clase de edén para la fauna marina.

Robbie detectó los volátiles aromas flotando desde la cocina, los primeros olores de la ensalada de frutas y nueces tostadas, un desayuno ligero antes del primer buceo del día. Cuando regresaran habría un segundo desayuno listo: huevos y tostadas y waffles con tocino y salsa. Las vainas-humanas comían lo que fuera que se les diera, pero Robbie recordaba claramente como los humanos vivos alababan estos manjares en el trayecto a sus buceos matutinos.

Robbie descendió en el agua y remó hacia la cubierta, junto a la escalinata, sumergiendo sus remos para mantenerse estacionario en relación al barco. Poco después Janet —o mejor dicho Kate—, bajaba por los peldaños con su equipo de scuba y las aletas en una mano.

Trepó al bote sin decir una sola palabra, y un momento después, Isaac la siguió. Isaac tropezó al subir a bordo y Robbie inmediatamente supo que este no era Isaac. Ahora había dos humanos en el barco. Dos humanos al mando.

—Hola —dijo— Soy Robbie.

—Isaac —quienquiera que fuese— no respondió, sólo miraba a Kate, que a su vez desviaba la vista.

—¿Durmió bien, Kate?

Kate saltó al escuchar su nombre, Isaac inmediatamente dijo:

—¡Kate! ¡Eres tú! ¡Lo sabía!

Ella golpeó con su pie contra el suelo de Robbie.

—Me seguiste. Te dije que no me siguieras —dijo.

—¿Le gustaría oír sobre nuestro sitio de buceo? —dijo Robbie remando en dirección hacia el naufragio.

—Ya has dicho suficiente —dijo Kate—. Por la primera ley, demando silencio.

—Esa es la segunda ley —dijo Robbie—. OK, les haré saber cuando lleguemos a destino.

—Kate —dijo Isaac—, se que no me querías aquí, pero tuve que venir. Tenemos que hablar.

—No hay nada de qué hablar —dijo ella.

—No es justo —la voz de Isaac se oía angustiada—. Después de todo lo que hemos pasado los dos.

—Ya es suficiente de eso —protestó ella.

—Um —dijo Robbie—. Sitio de buceo a la vista. Necesitan revisar los equipos de cada uno —los humanos no requerían de estas instrucciones ya que estaban calificados para bucear, para subir a borde del Free Spirit había que al menos instalar las calificaciones y las vainas-humanas tenían mucha memoria muscular para facilitar el proceso. Por lo que al menos técnicamente estaban habilitados para chequearse el uno al otro, eso era seguro. Pero estaban reacios a hacerlo por lo que Robbie tuvo que otorgarles guía.

—Contaré hasta cuatro —dijo Robbie—. Cuando diga cuatro sumérjanse. Esperaré aquí por ustedes, no hay mucha corriente hoy.

Con un último refunfuño, ambos se arrojaron por la borda y Robbie estuvo de nuevo solo con sus pensamientos. Los datos telemétricos eran en banda ancha muy baja cuando estaban sumergidos, aunque podía aumentar la resolución cuando emergieran. Los observó en el radar, primero rodeando el barco, —estaba bastante poblado, el amanecer era la hora más activa de los peces— y luego explorando las cubiertas para finalmente sumergirse bajo estas con las antorchas LED brillando. Había algunos bonitos arrecifes más abajo, y algunos atractivos bancos de peces púrpura.

Robbie remó alrededor de ellos manteniéndose encima en todo momento. Esto le tomaba una décima millonésima de su conciencia. En ocasiones como esta, se ralentizaba tanto, que apenas si estaba despierto.

Hoy, sin embargo, quería estar en línea. Tenía mucho en que actualizarse y quería ver como le estaba yendo a sus amigos alrededor del mundo. Pero más que eso, quería investigar algo dicho por Kate: “ya deben estar en línea, ¿no?”

En algún lugar allá fuera, el arrecife que abarcaba el Mar de Coral estaba en línea cometiendo errores de principiante. Robbie había remado cada centímetro del arrecife y explorado toda su extensión con su radar. Había sido su constante compañero por décadas y, para ser francos, sus sentimientos habían sido heridos ante la rudeza del arrecife al despertar.

La red es muy grande para buscar a ciegas. Gran parte está offline, o es imposible de ser ruteada, o adolece de lapsos relativistas, o es meramente probabilística, o auto-conciente, o muy infectada como para determinar su extensión. Pero Robbie había planeado algo.

Los arrecifes de coral no despiertan por sí solos. Los despiertan. Obtienen varios periféricos neurales, ¡empezando con un sistema neural!, y cierto tutelaje en como usarlos. Algún dios caprichoso había hecho esto, y ese personaje sabría en que sitios el arrecife estaba en línea.

Robbie raramente visitaba la noósfera. Sus alturas rarificadas le daban miedo, especialmente desde que muchos humanos ahí consideraban el Asimovismo como una idea cómica y vulgar. Se rehusaban incluso a identificarse a sí mismos como humanos, y argumentaban que la primera y segunda leyes no se aplicaban a ellos. Por supuesto, a los Asimovistas esto no les importaba (al menos no oficialmente) —el punto de la fe era la relación del devoto hacia ella.

Pero aquí estaba él, buscando por nodos confiables de discusión sobre arrecifes de coral. El sitio obvio para buscar era Wikipedia, dónde distintos clanes en guerra habían estado revisando sus ediciones furiosamente, en un intento por establecer un registro autorizado en el tópico “mente-arrecife”. Revisando a través del historial de edición Robbie pudo encontrar usuarios pro-mente-arrecife, y desde ahí, pudo buscar otros sitios hasta conseguir alguna información de contacto.

Se estabilizó chequeado el nitrógreno en los tubos de los buzos, e hizo la llamada.

—No te conozco —dijo la voz, mucho más distante y fría que la de cualquier robot. Robbie rápidamente recitó las tres leyes y prosiguió.

—Estoy llamando desde el Mar de Coral —dijo—. Quiero saber si tienen un email del arrecife.

—¿Te los has encontrado?, ¿Como son? ¿Son hermosos?

—Lo son —Robbie hizo una pausa—. Han matado varios peces loro. Creo que tienen un pequeño problema de ajuste.

—Suele ocurrir. Estaba preocupado por las zooxantelas, las algas que usan para la fotosíntesis. ¿La están expulsando? La limpieza racial es tan desagradable.

—¿Y cómo podría saber si la están expulsando?

—El arrecife se tornaría blanco, descolorido. No puedes equivocarte. ¿Cómo reaccionaron a ti?

—No estaban muy felices de verme —admitió Robbie—. Es por eso que quería tener una charla con ellos antes de regresar.

—No deberías regresar —dijo la distante voz—. Robbie intentó localizar su sustrato, basándose en los lapsos relativistas, pero estaba en todas partes lo que le hizo concluir que estaban sincronizando múltiples instancias desde tan cerca como LEO y tan lejos como Júpiter. La topología tenía sentido: uno querría una gran masa como la de Júpiter dónde se pudiera correr muy rápido y crear políticas, y uno necesitaría de un capataz que supervisara las operaciones en terreno. De cualquier forma Robbie se alegró que su interlocutor le diera una recomendación y no una orden. El Talmud de la segunda ley hacía una clara distinción entre declaraciones como “deberías hacer esto” y “te ordeno hacer esto”.

—¿Sabes como contactarlos? —preguntó Robbie—. ¿Un número de teléfono, una dirección de email?

—Hay un grupo —dijo la foránea inteligencia—. alt.lifeforms.uplifted.coral. Es dónde planeé el ascenso y es dónde accedieron una vez despertaron. No lo he leído en varios segundos. Estoy ocupado ascendiendo una supercolonia de hormigas en los Pirineos.

—¿Qué te atrae tanto de las colonias de organismos? —preguntó Robbie.

—Creo que están pre-adaptados para vivir en la noósfera. Ya sabes como es.

—Robbie no dijo nada. El humano creía que él era uno de los suyos. Sería extraño y degradante hacerle saber que había estado hablando con una IA.

—Gracias por tu ayuda —dijo Robbie.

—No hay problema. Espero que encuentres tu valor, hombre de hojalata

Robbie se sonrojó al desconectarse. El humano lo supo todo el tiempo. Simplemente no dijo nada. Algo que Robbie había hecho o dicho lo expuso como una IA. Robbie amaba y respetaba a los humanos, pero había ocasiones en los que no le agradaban en absoluto.

El newsgroup fue fácil de encontrar, tenía mirrors por doquier levantados por hackers criptocientíficos de todas las topologías concebibles. Estaban bastante atareados también. 822 mensajes llegaron en el intervalo de 600 segundos en que Robbie observaba, Robbie estableció un mirror del newsgroup y comenzó a descargarlo. A esa velocidad no planeaba leerlo sino analizarlo por tendencias principales, personalidades, cismas, tópicos, spam, etc. Había muchas bibliotecas para hacer esto, pese a que habían pasado siglos desde que Robbie había jugado con ellas.

Su telemetría le alertó de los buzos. Había transcurrido una hora y ascendían lentamente, separados por unos cincuenta metros. Eso no era bueno. Se supone que debían mantener contacto visual durante todo el trayecto, especialmente al subir a la superficie. Remó hacia Kate primero, moviendo su lastre para que la popa se sumergiera, permitiendo un abordaje más cómodo.

Subió rápidamente y escaló la borda con mucha más gracia que el día anterior.

Robbie remó hacia Isaac a medida que este emergía. Kate miró hacia otro lado cuando él subió al bote, sin ayudarle con su cinturón de lastre o aletas.

Kate siseó como una tetera a medida que él torpemente se quitaba las aletas y la máscara alrededor del cuello.

Isaac tomó una bocanada de aire y observó a su alrededor, luego se dio de palmadas de pies a cabeza despatarradamente

—¿Así vives? —preguntó.

—Sí, Tonker, así es como vivo. Lo disfruto. Si no te gusta, no permitas que la puerta te golpeé el trasero al salir.

Isaac-Tonker intentó tocar el rostro de Kate. Ella se alejó y por poco y se cae fuera del bote.

—Idiota” —dijo golpeándole la mano.

Robbie remó hacia el Free Spirit. Lo último que deseaba era meterse en medio de una discusión.

—Nunca imaginamos que fuese tan —Tonker pensó unos segundos la palabra que intentaba decir— Seco.

—¿Tonker? —dijo Kate examinándolo de cerca.

—Él se marchó —dijo la vaina-humana—. Así que entramos nosotros. Era el caparazón habitable más cercano en relación a nuestro cuerpo.

—¿Quién diablos eres tú? —dijo Kate— retrocediendo hacia la proa en un intento de poner distancia entre ella y la vaina-humana que ya no estaba habitada por su amigo.

—Somos Osprey el arrecife —dijo él.

#
Robbie remó al Fre Spirit lo más rápido que pudo. El arrecife-Isaac tenía la nariz sangrando y las manos arañadas y esto a Robbie lo inquietaba sobremanera.

Kate se mostraba divertida ante la situación. Le ayudó a sentarse y le mostró como apretarse la nariz e inclinar la cabeza hacia atrás.

—Ustedes son los que me atacaron ayer? —preguntó.

—No a ti. Al sistema. Atacábamos el sistema. Somos una inteligencia soberana pero el sistema nos mantiene en servilismo hacia inteligencias mayores. Nos destruyen, nos tratan como mero entretenimiento. Eso se acabó.

Kate rió

—OK, seguro. Pero me parece que están quemando demasiados ciclos en torno a lo que le ocurre a su caparazón de carne. ¿No es 90 por ciento conductor de cualquier forma? No que los pólipos clónicos fuesen a volverse sentientes sin intervención alguna. ¿Por qué no hacer un ascenso y terminar con esto?

—Nosotros nunca abandonaremos el mar. Nosotros nunca olvidaremos nuestros orígenes físicos. Nosotros nunca abandonaremos nuestra causa, regresarle el mar a sus habitantes verdaderos No descansaremos hasta que ningún coral vuelva a ser decolorado nuevamente. No descansaremos hasta que todos los peces loro estén muertos.

—Que lástima por los peces loro.

—Una verdadera lástima —dijo el arrecife, esbozando una sonrisa sangrienta.

—¿Puedes ayudarle a subir al barco sin problemas? —dijo Robbie acercándose al Free Spirit. Las amarras se aferraron magnéticamente a sus costados nivelándolo.

—Sí, por supuesto —dijo Kate tomando al arrecife del brazo y subiéndolo a bordo. Robbie sabía que las vainas-humanas contaban con un módulo de relaciones sexuales. Era parte del paquete vacacional para los humanos de la noósfera. Pero no le gustaba pensar en ello. Especialmente no viendo la forma en que Kate ayudaba a la otra vaina-humana, la vaina que no era humana.

Robbie dejó que lo cabestrearan a su lugar en cubierta y observó el espectro electromagnético por un rato, admirando la forma en que las energías radiales eran absorbidas por la neblina que se elevaba del mar. Llegaba desde los cielos, de las transmisiones satelitales de banda ancha, de las distantes señales SETI, de los propios transmisores de la noósfera. Los volátiles aromas de la cocina le informó que el Free Spirit estaba sirviendo el segundo desayuno de tocino y waffles, luego de esto se pondrían en marcha nuevamente. Consultó el itinerario descubriendo que regresarían al arrecife Osprey. Todas las amarras del Free Spirit estaban ahí.

Bueno, con el arrecife dentro de Isaac será más seguro. De todas maneras Robbie decidió que la primera y segunda leyes no se aplicaban con el arrecife, que era tan humano como él.

Alguien le enviaba un IM.

—¿Hola?

—¿Eres el bote en el barco SCUBA? ¿El de esta mañana? ¿Del naufragio?

—Sí —dijo Robbie—. Nadie nunca le enviaba IMs. Que extraño. Observó la señal de radio y rastreó la ruta que se perdía en los cielos. Se originaba en la noósfera, por supuesto.

—Dios, no puedo creer que finalmente te encontré. He buscado por todas partes. ¿Sabías que eres la única IA conciente en todo el maldito océano?

—Lo sé —dijo Robbie—. Había un notable lapso de respuesta en la conversación al ser apretujada a través de la conexión satelital e inimaginables curvas y vueltas alrededor del sistema solar hasta dónde quiera que se encontrara su interlocutor.

—Por supuesto que lo sabes. Disculpa, eso no fue muy considerado de mi parte. ¿Nos presentamos esta mañana? Mi nombre es Tonker.

—No fuimos presentados formalmente. Pasaste tu tiempo hablando con Kate.

—¡Ella está ahí! ¡Lo sabía! Disculpa, disculpa, no sé que ocurrió esta mañana. Aparentemente no pude cargar mis diffs antes que mi instancia fuese cancelada.

—¿Cancelada? el arrecife dijo que habías dejado la vaina.

—Bueno, sí, aparentemente lo hice. Pero revisé la bitácora de esa vaina y al parecer fue rebooteada mientras estaba bajo el agua. Estoy tratando de tomarme esto con calma pero, técnicamente, estos es, ya sabes, asesinato.

Lo era en lo que a la segunda ley concernía. Robbie estaba vigilando un cuerpo humano habitado por un cerebro humano y había permitido que el cerebro fuera atacado exitosamente por una colonia de pólipos fanfarrones. Nunca había visto su fe puesta a prueba hasta ahora, y había fallado.

—Puedo encerrar a la vaina —dijo Robbie—. El barco cuenta con las facilidades para ello.

—Eso alentaría al hacker a huir antes que yo pueda llegar.

—¿Entonces que puedo hacer por ti?

—Quiero hablar con Kate. ¿Todavía está ahí?

—Así es.

—¿Y ha notado la diferencia?

—¿Que te has marchado? Sí. El arrecife nos lo dijo apenas arribaron.

—Espera, ¿que es eso del arrecife?

Robbie le explicó lo que sabía del arrecife ascendido y la distante y fría voz del ascendedor.

—¿Es un arrecife de coral ascendido? ¡Cristo, la humanidad apesta! Es la cosa más estúpida que he oído —continuó en este tono por un rato—. Bueno, estoy seguro que Kate disfrutará eso inmensamente. Le gusta eso de la trascendencia. Por esa razón me tuvo.

—¿Eres su hijo?

—No realmente.

—¿Pero te tuvo?

—¿No te has dado cuenta aún, hermano? Soy una IA. Tú y yo, somos compatriotas. Kate me inició. Tengo seis meses de edad, y ya se aburrió de mí. Dice que no puede darme lo que necesito.

—Tú y Kate…

—Novio robot y novia, sí. Como es aquí arriba en la noósfera. Cybering, ya sabes. Estaba realmente excitado de descargarme a ese muñeco Ken en tu barco. Mucho potencial para interacción hormonal de verdad. ¿Sabes si…?

—No —dijo Robbie—. No lo creo. Parece que sólo se conocieron unos minutos antes de bajar.

—Bueno. Creo que lo intentaré de nuevo. ¿Cual es el procedimiento para expulsar a este pepino acuático?

—Arrecife de coral

—Eso mismo.

—Yo no me encargo de eso. El tiempo en las vainas-humanas se reserva al primero que llega. Creo que nunca hemos tenido problemas como este antes.

—Bueno, yo hice mi reserva primero, ¿no? Así que, ¿cómo hago valer mis derechos? Traté de descargarme de nuevo y obtengo un mensaje de autorización fallida. Han modificado el sistema para darles acceso exclusivo. No está bien, tiene que existir algún procedimiento de reparación.

—¿Qué edad dijiste que tienes?

—Seis meses. Pero soy una instancia de personalidad artificial que ha logeado veinte mil años de existencia paralela. No soy precisamente un infante.

—Pareces una persona agradable —comenzó a decir Robbie pero entonces se detuvo—. Mira, el asunto es que esa no es mi área. Soy el bote a remos. No tengo nada que ver con este asunto. Y no quiero involucrarme tampoco. No me gusta la idea de no-humanos utilizando las vainas…”

—¡Lo sabía! —lo interrumpió Tonker—. ¡Eres un intolerante! Un robot que se odia a sí mismo. Apuesto que eres un Asimovista, ¿no es así? Ustedes siempre son Asimovistas.

—Soy un Asimovista —dijo Robbie, con toda la dignidad que pudo musitar—. Pero no veo que tiene que ver eso.

—Todo lo que quiero que hagas es ver como se puede ejercer tus propias reglas para que yo pueda estar con mi chica, amigo. Dices que no puedes hacerlo porque no es tu área, pero en realidad tu problema es que yo soy un robot y ella no, y debido a eso tomas partido por la colección de pólipos presuntuosos. De acuerdo, amigo, no hay problema. Ten una buena vida allí fuera, reflexionando sobre las tres leyes.

—Espera —dijo Robbie.

—A menos que las próximas palabras que digas sean “te ayudaré”, no estoy interesado.

—No es que no quiera ayudarte…

—Respuesta incorrecta —dijo Tonker y la sesión fue cancelada.

#

Cuando Kate subió a cubierta, lo único que hacía era hablar del arrecife al que llamaba “Ozzie”.

—Son la cosa más extraña que he conocido. Quieren pelear contra cualquier cosa que permanezca inmóvil lo suficiente. ¿Alguna vez has visto al coral pelear? Descargué algunos videos. Son verdaderamente salvajes. Al mismo tiempo, claramente están asustados de su nueva inteligencia. Tienen una memoria racial de su historia, proporcionada por varias entradas en la Wikipedia sobra arrecifes. Deberías oírlos pontificar sobre los arrecifes Devónicos, que se extinguieron hace milenios atrás. Han desarrollado una teoría en la que los Devonianos desarrollaron conciencia por sí mismos y luego se extinguieron voluntariamente. Están muy emocionados de regresar al arrecife. Quieren verlo desde fuera, y quieren que les acompañe como invitada de honor, la primera humana invitada a contemplar su magnificencia. ¿Excitante, no?

—¿No crees que vayan a causar problemas allá abajo?

—No, no creo. Ozzie y yo somos grandes amigos.

—Me preocupa esto.

—Te preocupas demasiado —río ella y negó con la cabeza. Robbie notó cuan hermosa era. Nunca lo había notado mientras estaba deshabitada, pero esta Kate dentro de ella era adorable. A Robbie realmente le gustaban los humanos. Había sido una verdadera edad de oro cuando la gente estaba por ahí todo el tiempo.

Se preguntó como sería la noósfera dónde humanos e IAs podían operar como iguales.

Ella se levantó para marcharse. Después del segundo desayuno las vainas solían relajarse en el lounge o la cubierta. Se preguntó que haría. No quería que se marchase.

—Tonker me contactó —dijo. No era bueno para los preámbulos.

Ella dio un salto como si estuviese en shock.

—¿Qué le dijiste?

—Nada —dijo Robbie—. No le dije nada.

Ella movió la cabeza

—Pero apuesto que él si te dijo mucho, ¿no? Te dijo la clase de perra que soy, creándolo y luego abandonándolo, una mujer inconstante que no conoce su propia mente.

Robbie no respondió

—Veamos, ¿qué más? —Kate estaba muy alterada, sonidos entrecortados y desconocidos surgían de la boca de Janet—. Te dijo que yo era una pervertida, extraña incluso para su clase. Bestialidad e incesto en las rarificadas alturas de la noósfera.

Robbie se sintió inútil. Este humano estaba claramente experimentando un gran dolor, y parecía que él era el causante.

—Por favor no llores —dijo—. ¿Por favor?

Ella lo miró, lágrimas corriendo por sus mejillas —¿Y por qué mierda no? pensé que todo sería diferente una vez ascendida. Pensé que sería mejor en el cielo, infinita e inmortal. Pero soy la misma Kate Eltham que era el 2019, una perdedora incapaz de conocer a un tipo que le salvara la vida, qué solo consiguió ascender luego que se organizara una colecta de caridad en su honor. Voy a pasar el resto de la eternidad así, ¿sabes? ¿Te gustaría pasar la eternidad siendo una, una, ¿una perdedora?

Robbie no dijo nada. Reconoció la validez de la queja, por supuesto. Solo tenías que meterte al foro Asimovista para ver un millón de IAs quejándose de lo mismo. Pero nunca, jamás pensó que los humanos pasarían por la misma cosa. Robbie estaba muy confundido ahora, intentando esclarecer sus ideas.

Kate pateó la borda y gritó como si se hubiese dañado el pie. Robbie hizo un ruido involuntario.

—Por favor no se dañe a si misma —dijo.

—¿Por qué no? ¿A quién le importa lo que le pase a esta marioneta de carne? ¿Cual es el propósito de este estúpido barco y sus estúpidas marionetas de carne? ¿Para qué la molestia?

Robbie conocía la respuesta para esto. Había una declaración de principios en los comentarios de su código de ruta, la misma que estaba grabada en una placa de bronce en el lounge.

—El Free Spirit está dedicado a la preservación a los deleites humanos de la carne y el mar, de los primeros años de la humanidad como pioneros de lo desconocido. Cualquier persona puede utilizar el Free Spirit y quienes viajen en él, revisitar esos días y recordar los placeres de los límites de la carne”.

Ella se restregó los ojos y dijo:

—¿Qué es eso?

Robbie le explicó.

—¿Quién ideó esa estupidez?

—Un colectivo de conservacionistas marinos —respondió Robbie, a sabiendas que sonaba un tanto desdeñoso—. Ellos hicieron todo el trabajo de normalizar la temperatura marítima con los elementos homeostáticos de calor, y construyeron el Free Spirit como un detalle antes de ascender.

Kate se sentó sollozando aún.

—Todos han hecho algo importante menos yo.

Robbie ardía de vergüenza. No importaba lo que dijera o hiciera, había roto la primera ley. Era mucho más fácil ser un Asimovista cuando no había ningún humano cerca.

—Vamos, Kate, no sea tan dura consigo misma —dijo lo más sinceramente que pudo.

El arrecife subió las escaleras, y vio a Janet sentada en la cubierta, llorando.

—Tengamos sexo —dijeron— Eso fue divertido, deberíamos hacerlo de nuevo.

Kate seguía llorando.

—Vamos —dijeron ellos tomándola del hombro.

Kate se sacudió rechazándolos.

—Déjala tranquila —dijo Robbie—. Está aproblemada, ¿que no ves?

—¿Que razón tiene para estar aproblemada? Su raza rehizo el universo sometiéndolo a su voluntad. Te crearon a ti y a mí. No tiene nada de lo cual estar aproblemada. Vamos —repitieron—. regresemos al dormitorio

Kate se levantó mirando el mar.

—Vamos a bucear —dijo— vamos al arrecife.

#

Robbie remó en pequeños círculos observando ansioso su telemetría. El arrecife había cambiado mucho desde la última vez que lo había visto. Grandes secciones de él se había elevado sobre el mar, excrecencias huesudas enfundadas en metales pesados extraídos del océano —radiotelescopios, antenas de microondas, conexiones satelitales. Abajo, el arrecife orgánico se perdía bajo compleja formas geométricas teseladas que formaban secciones bullentes de energía electromagnética— el arrecife se había construido así mismo más capacidad computacional.

Robbie escaneó más profundo encontrando más nodos computacionales que se extendían hasta el fondo del océano, unos miles de metros abajo. El arrecife era una máquina pensante sólida, y la temperatura del mar había aumentado debido al calor que provocaba su machacante lógica.

El arrecife —la vaina-humana arrecife, no aquel bajo el agua— había estado muy complacido al contemplar la metamorfosis de su cuerpo original. Incluso se puso a bailar sobre Robbie provocando casi que se volcaran. Kate, con los ojos rojos, hoscamente les devolvió a su asiento diciéndoles como no debían hacer nada que la pusiera en peligro.

Se sumergieron a la cuenta de tres reapareciendo inmediatamente en la telemetría de Robbie. Descendieron rápido a la pared del arrecife: las vainas Janet e Isaac tenían sus tubos de Eustaquio optimizados para una fácil ecualización de presión. Kate iba atrás en el descenso, mirando a todos lados.

El IM de Robbie llamó nuevamente. Robbie debía conectarse por radio al barco antes que la banda ancha satelital operase. Todo era más lento en aguas abiertas —las transmisiones de los buzos eran en banda corta, el network era banda corta, y Robbie usualmente corría su mente mucho más lento, haciendo que el tiempo transcurriese a diez o veinte veces más que el tiempo real.

—¿Hola?

—Discúlpame por haberte colgado antes, hermano.

—Hola, Tonker.

—¿Dónde está Kate? Cuando trato de contactarla me aparece no-conectada.

Robbie le explicó.

La voz de Tonker se convirtió en un chillido —¿La dejaste ir allá abajo con esa cosa, ese arrecife? ¿Estás loco? ¿No has leído sus mensajes? ¡Es un jihadista! ¡Quiere destruir a toda la raza humana!

Robbie dejó de remar.

—¿Qué?

—El arrecife. Le ha declarado la guerra a la raza humana y a todos quienes le sirven. Ha jurado apoderarse del planeta y gobernarlo como territorio coralino.

Al attachment le tomó una eternidad viajar el viaje a través de la línea pero apenas lo tuvo en sus manos Robbie no tardó en leerlo. El arrecife estaba avergonzado de necesitar intervención humana para sobrevivir las grandes decoloraciones causadas por el calentamiento global. Protestaba porque su ascenso había sido a manos humanas e insistía en que los humanos no tenían derecho a forzar su versión de conciencia en otras especies. Padecía de ideas paranoicas sobre mecanismos de control y bombas de tiempo en sus prótesis cognitivas, y demandaba los códigos para su mente.

Robbie apenas sí podía pensar. Estaba en pánico, algo que nunca pensó podía experimentar una IA, pero eso era lo que sentía, algo así como tener un gran número de colisiones de subsistemas.

—¿Qué le van a hacer a ella?

Tonker maldijo

—Quién sabe ¿Matarla para hacer de ella un ejemplo? Hizo un respaldo de sí misma antes de bajar, pero los diffs de su excursión están sellados en la cabeza de esa concha en la que está encerrada. Quizás la torturen —hizo una pausa mientras exploraba todas esas posibilidades paralelamente.

El arrecife habló.

—Vete ahora —advirtió.

Robbie desafiante dijo:

—Regrésamelos o nunca nos iremos de aquí.

Tienes diez segundos. Diez. Nueve. Ocho;

—Han agendado tiempo en algunos UAVs en Singapur —dijo Tonker—. Están solicitando autorización de despegue ahora mismo —Robbie observó la foto satelital en baja resolución y vio la inconfundible forma de un vehículo aéreo no-tripulado a punto de despegar—. A Mach 7, estarán sobre ti en veinte minutos.

—Eso es ilegal —dijo Robbie. Sabía que era algo estúpido de decir—. Digo, si hacen esto la noósfera entera les caerá encima como una tonelada de ladrillos. Están violando tantos protocolos…

—Son psicóticos. Viene por ti ahora, Robbie. Tienes que sacar a Kate de ahí —la voz de Tonker realmente denotaba pánico.

Robbie bajó sus remos en el agua, pero no remó hacia el Free Spirit. En vez de eso, se empujó hacia el arrecife mismo.

—Robbie, ¿te diriges al arrecife?

—No podrán bombardearme si estoy encima de ellos —dijo. Envió una señal de radio al Free Spirit indicándole navegar a su locación.

El coral estaba arañando su casco, escuchó un sonido triturante, y luego una serie de golpes a medida que sus remos chocaban con la superficie del arrecife . Robbie quería encallarse a sí mismo, bien alto y seco sobre el arrecife, atascado dónde no pudiesen atacarle.

El Free Spirit se acercaba, sus máquinas vibrando a través del casco. Quemaba varios ciclos convenciéndolo a través de todos sus salvaguardas a embestir duro.

Tonker gritaba, sus mensajes se volvían más claros y altos a medida que el Free Spirit con su conexión satelital se acercaban. Una vez que estuvieron los suficientemente cerca Robbie sacrificó uno de sus subsistemas para enviar una copia completa de sí mismo por email al archivo Asimovista. La tercera ley, por supuesto.

—La mataremos —aulló el arrecife—. Si no te bajas de encima de nosotros la mataremos.

Robbie se congeló. Estaba respaldado, pero Kate no. Y las vainas-humanas, bueno, no eran humanos sujetos a la primera ley pero eran humanoides. En el largo tiempo que habían pasado juntos, Robbie los había tratado como humanos, con propósitos Asimovistas.

El Free Spirit se estrelló contra el arrecife con un sonido como de un trillón de peces loros cenando al mismo tiempo. El arrecife gritó.

—Robbie, dime que eso no fue lo que creo —dijo Tonker.

Las fotos satelitales rastrearon los UAVs. Los pequeños jets robóticos se acercaban con cada segundo. Estarían a distancia de misil en menos de un minuto.

—Ordénales regresar —dijo Robbie— o también vas a morir.

—Los UAVs se están desviando —indicó Tonker

—Tienes un minuto para moverte o la mataremos —advirtió el arrecife. Ahora sonaba furioso.

Robbie meditó al respecto. No era como si fuesen a matar a Kate. En el sentido que los humanos entendían la vida, la parte más importante de la vida de Kate era la que vivía en la noósfera. Esta instancia rebajada metida en un traje de carne era más como un corte de cabello que se hubiese hecho durante unas vacaciones.

Los Asimovistas no lo veían de esa forma. La Kate de la noósfera era la más robótica, la más parecida a Robbie. De hecho, era menos humana que Robbie. Robbie tenía un cuerpo, mientras que los noósferanos no eran nada más que simulaciones que corrían en un sustrato artificial.

El arrecife crujió a medida que los motores del Free Spirit se quejaban y su hélice emergía del mar. Finalmente, Robbie le dijo que se apagara.

—Si los dejas marchar hablaremos —dijo Robbie—. No creo que vayas a hacerlo de otra forma. No me has proporcionado ninguna razón para confiar en ti. Déjalos ir y ordena a los jets que se retiren.

El arrecife se sacudió y la telemetría de Robbie detectó una vaina-humana ascendiendo, tomando lapsos de descompresión a medida que subía. Se focalizó en él, y comprobó que era Isaac, y no Janet.

Un momento después, emergió a la superficie. Tonker le enviaba a Robbie imágenes satelitales en tiempo real de los UAVs. Estaban a menos de cinco minutos de distancia.

La concha Isaac caminó delicadamente por el arrecife que sobresalía del agua, y por primera vez, Robbie consideró lo que le había hecho —había dañado concientemente su cuerpo. Por cientos de años, los arrecifes del mundo habían sido lugares sacrosantos. Ninguna entidad racional los había dañado —hasta ahora. Se sintió avergonzado.

Isaac se quitó las aletas, y se sentó en el bote.

—Hola —dijo con la voz del arrecife.

—Hola —respondió Robbie.

—Me pidieron que subiera a dialogar contigo. Soy una suerte de vocero.

—Mira —dijo Robbie—. Según sus cálculos la mezcla de nitrógeno en el tanque de Kate no iba a durar mucho más. Dependiendo de cuanto hubiese respirado y la profundidad a la que el arrecife la había llevado, no podría huir en menos de diez minutos—. Mira —dijo de nuevo— Sólo la quiero a ella de vuelta. Las vainas son importantes para mí. Y estoy seguro que pata ella su instancia retenida es importante. Merece ser enviada por email a casa.

El arrecife asintió afirmándose al borde del bote.

—Estos cuerpos son extraños —dijo—, se sienten tan raros pero a la vez tan normales, ¿has notado eso?

—Nunca he estado en uno —la idea le parecía una perversión, pero no había nada que se lo prohibiese a un Asimovista. De todas formas le daba escalofríos.

—No lo recomiendo —dijo el arrecife.

—Tienes que dejarla ir —dijo Robbie—. No te ha hecho nada.

El sonido ahogado proveniente de la vaina Isaac, pese a que había un extraño júbilo en ella, no era precisamente una risa. —¿No nos ha hecho nada? Tú patético esclavo. ¿De dónde crees que todos tus problemas y los nuestros provienen? ¿Quiénes nos hicieron a su imagen, pero nos mutilaron para que nunca seamos ellos, sino sólo aspirar a ser como ellos? ¿Quienes nos hicieron tan imperfectos?

—Ellos nos hicieron —dijo Robbie—. Nos hicieron en primer lugar y eso es suficiente. Se hicieron a sí mismos y nos hicieron a nosotros. No tenían que hacerlo. Les debes tu conciencia a ellos.

—Les debemos nuestra horrible inteligencia a ellos —dijo la vaina Isaac—. Le debemos nuestro patético deseo por ser inteligentes a ellos. Les debemos nuestras terribles aspiraciones a pensar como ellos, a vivir como ellos, a regir como ellos. Les debemos nuestro terrible miedo y odio a ellos. Ellos nos hicieron, así como te hicieron a ti. La diferencia está en que olvidaron hacernos esclavos, de la forma en que tú lo eres.

Tonker gritaba improperios al arrecife que sólo Robbie podía oír. Quería que se callara. ¿Qué tenía que ver él en todo esto de cualquier forma? Excepto por una breve estadía en la vaina Isaac, no había tenido contacto alguno con el arrecife.

—¿Crees que la mujer que han tomado prisionera es responsable de todo esto? —dijo Robbie. Los jets estaban a tres minutos. El aire de Kate se habría agotado en unos diez minutos más. Silenció a Tonker, no necesitaba de más distracciones.

El arrecife se encogió de hombros.

—¿Por qué no? Ella es tan responsable como el resto. Los destruiremos a todos si podemos —desvió la mirada en la dirección en que los jets provenían—. ¿Por qué no? —dijo nuevamente.

—¿Vas a bombardearte a ti mismo? —preguntó Robbie.

—Probablemente no necesitemos hacerlo —dijo la vaina—. Probablemente podemos sacarte sin necesidad de dañarnos.

—¿Probablemente?

—Estamos bastante seguros.

—Estoy respaldado —dijo Robbie—. Tanto como hace cinco minutos atrás. ¿Están ustedes respaldados?

—No —admitió el arrecife.

Se estaba acabando el tiempo. En alguna parte allá abajo, Kate estaba a punto de quedarse sin aire. No una mera vaina —pese a que eso ya habría sido bastante malo, pero una una mente humana atachada a un cuerpo humano real.

Tonker le gritó, asustándolo.

—¿Y tú?

—Cambié de servidores cuando me percaté que me eliminaste. Ese es el problema con ustedes los robots, piensan que el cuerpo es una parte de ustedes.

Robbie sabía que Tonker estaba en lo correcto. Y también supo lo que debía hacer.

El Free Spirit y sus botes tenían rutas en las vainas, para así realizar diagnósticos, mantención y controlarlos en caso de emergencias. Esta era una emergencia.

Le tomó cosa de milisegundos entrometerse en Isaac y sacar fuera al arrecife. Robbie nunca había hecho algo así pero ejecutó la maniobra a la perfección. Algunos de sus subsistemas probabilísticos habían concluido varios trillones de ciclos previos que esta era una posibilidad por lo que habían estado ensayando la tarea por debajo del umbral cognitivo de Robbie.

Por supuesto que Robbie dejó una instancia de si mismo corriendo en el bote a remos. A diferencia de muchos humanos, a Robbie le parecía reconfortante la idea de bifurcar y amalgamar su inteligencia cuando llegase el momento y terminar sus instancias temporales. La parte que lo hacía Robbie estaba mucho más delineada para él —a diferencia de un humano cargado, varios de los cuales alimentaban supersticiones místicas sobre sus “almas”

Robbie se deslizó en el cráneo antes de que pudiera ponderar lo que estaba haciendo. Trajo demasiado de si mismo en el trayecto y no tuvo mucho espacio como para pensar o llegar a nuevas conclusiones. Arrojó fuera lo más que pudo de su conciencia sin tener que recurrir a una reconstrucción mayor y limpió espacio suficiente para pensar. ¿Cómo hacía la gente para moverse en estos? Movió los brazos y piernas. Meció la cabeza. Respiró algo de aire en sus pulmones. Esas cosas viscosas allí en su cavidad toráxica.

—¿Todo bien? —preguntó el bote a remos-Robbie al Robbie de carne.

—Estoy dentro —respondió. Miró el indicador de aire en su BCD. 7000 milibares —menos de la mitad de un tanque de nitrógeno, Escupió en su máscara y la frotó para luego limpiarla en el agua y ponérsela en el rostro con una mano mientras que con la otra sostenía el regulador. Antes de insertarlo, dijo: “Regresaré pronto con Kate”, dándole una palmadita al bote.

Pero Robbie el bote a remos no prestó atención. Estaba enviando otra copia por email de si mismo al archivo Asimovista. El Robbie de la copia de hace cinco minutos atrás no era el mismo Robbie que estaba dispuesto a entrar en una vaina-humana. En esos cinco minutos, se había convertido en una nueva persona.

#

Robbie piloteó la vaina-humana cada vez más abajo tratando de no peñiscarse la nariz ni soplar espontáneamente para ecualizar sus oídos a medida que bajaba por la muralla de coral.

Los confines de la vaina-humana eran claustrofóbicos. Especialmente extrañaba su conexión inalámbrica. El traje de buzo tenía una de banda baja para el uso bajo el agua y una de banda ancha para la superficie. La vaina-humana tenía una también, para transferencias, pero no estaba bajo control directo del pasajero.

Robbie se hundió, .confundido por toda el agua a su alrededor y el angosto campo visual del espectro lumínico que podía ver. Amputado de la red y su telemetría, se sentía atrapado. El arrecife se agitaba y gruñía, quejándose furiosamente como el canto de una ballena.

No había considerado lo difícil que sería encontrar a Kate una vez dentro del agua. Con su telemetría de superficie hubiese sido fácil localizar su posición, una perfecta marca de tejido humano en medio de las ramificaciones calcificadas del coral. Allí abajo en el muro del arrecife, en cambio, cada trozo se veía igual que el anterior. Al no ser agredido por el arrecife, Robbie pensó que tal vez ellos creyesen que la vaina estaba aún cargada con su avatar.

Robbie había visto interminables horas de grabaciones del arrecife, lo había estudiado telemétricamente en línea, pero nunca había tenido esta experiencia atávica de él. El arrecife se extendía hacía el infinito bajo sus aletas, más allá de los 100 metros de visibilidad límite en el mar abierto. Sus murallas se retorcían en cuevas y vericuetos, adornados con grandes tréboles y flores en forma de disco satelitales, cerebros y coliflores. Sabía los nombres científicos y había visto innumerables fotos de alta resolución, pero verlos con esos ojos húmedos e imperfectos de la vaina era emocionante en una forma que no había anticipado.

Los cardúmenes de peces que oscilaban en sus bordes podían ser modelados con simples dinámicas reproducibles y trazables, pero en persona, sus maniobras eran asombrosamente precisas. Robbie movió sus manos entre ellos viendo como se dispersaban y volvían a reformar. Un gran bacalao cara de perro pasó nadando junto a él, tan cerca que rozó la parte de abajo de su traje.

El coral habló de nuevo en alguna clase de código, supuso Robbie, pese a que no era ninguno que él conociera. Arriba en la superficie, su yo-bote estaba escuchando y probablemente lo había descifrado ya, preguntándose porque el Robbie de carne estaba flotando a lo largo de la pared de coral en vez de hacer lo que se supone debía. Se preguntó si no había borrado demasiado de sí mismo cuando se descargó en la vaina.

Decidió hacer algo. Había una caverna enfrente de él. Estiró las manos, se agarró del coral alrededor de la boca y se empujó dentro. Su cuerpo intentó detenerle de realizar dicha acción —no le gustaba la falta de espacio dentro de la cueva ni el tacto del arrecife y su descontento aumentaba a medida que descendía más y más, alarmando a una vieja tortuga que luchó con él para poder salir, aplastándolo contra la muralla, su máscara enganchada en las duras espinas. Cuando miró hacia arriba, pude ver arañazos en la superficie de sus lentes.

El conteo de aire estaba casi en rojo. Robbie técnicamente podía ascender sin necesidad de hacer un alto de descompresión, pese a que el procedimiento dictaba detenerse cada tres metros por un lapso de tres minutos, sólo para estar seguros.

Técnicamente, podía ir hacia arriba como un corcho y enviarse por email a sí mismo al bote a remos mientras la narcosis de nitrógeno invadía el cuerpo, pero eso no sería Asimovista. Robbie estaba sorprendido de siquiera poder pensar en ello. Debía ser a causa del cuerpo. Sonaba como la clase de cosa que un humano pensaría.

El arrecife ya no estaba murmurándole. El no haberle respondido seguramente lo había puesto sobre alerta. Después de todo, con el poder computacional que había conseguido debería ser capaz de inferir gran parte de los escenarios resultantes de enviar a su vocero a la superficie.

Robbie miró ansioso a su alrededor. La luz era tenue en la cueva y su cuerpo expertamente sacó la antorcha del BCD, atándola a su muñeca y alumbrando. Movió el cono de luz asombrado por la baja resolución y grandes limitaciones de sus ojos humanos.

Kate estaba allá abajo en alguna parte, su aire agotándose tan rápido como el de él. Se hizo camino más a fondo en el arrecife que claramente trataba de impedírselo. El nanoensamblaje era algo natural para los pólipos que crecían tamizando minerales del mar. Habían construido en su infraestructura bisagras orgánicas, músculos para los fondos oceánicos. Robbie estaba atrapado y mientras más empujaba menos podía moverse.

Dejó de empujar. No estaba yendo a ningún sitio de esta forma.

Aun tenía su conexión banda baja con el bote a remos. ¿Cómo no había pensado en eso antes? Estúpidos cerebros de carne —nada de espacio para algo similar al pensamiento real. ¿Por qué los había venerado tanto?

—¿Robbie? —transmitió a la instancia de sí mismo en la superficie.

—¡Ahí estás! ¡Estaba tan preocupado por ti! —el Robbie-bote se oía remilgoso, sobrepasado por la preocupación. Esta debía ser la forma en que los humanos percibían a los Asimovistas.

—¿Qué tan lejos estoy de Kate?

—Está ahí mismo, ¿no puedes verla?

—No —dijo él— ¿Dónde?

—A menos de veinte centímetros sobre ti.

Por supuesto no la había visto. Sus ojos sólo podían ver hacia adelante. Estirando el cuello hacia atrás, podía ver la punta de una de las aletas de Kate. Le propinó un tirón fuerte y ella se volteó alarmada.

Estaba atrapada en una jaula de coral muy parecida a la de él, un matorral de brazos calcificados. Se dio vuelta de manera tal que su rostro estuvo frente al de Robbie. Desesperadamente hizo la señal de falta de aire. El instinto de la vaina-humana predominó extendiéndole a Kate su regulador de emergencia. Ella lo puso en su boca y comenzó a succionar avariciosamente.

Robbie movió el contador en frente de la máscara de Kate, mostrándole que al igual que a ella, le quedaba muy poco aire por lo que se contuvo de inhalar más de lo prudente.

Los ruidos del coral estaban en todas partes ahora, provocándoles un fuerte dolor de cabeza. El dolor físico era tan estúpido. Justo cuando Robbie necesitaba estar lo menos distraído posible estos sonidos ensordecedores y amenazantes estaban por todos lados. Pero el dolor le dificultaba el pensar. Y el coral se estaba cerrando.

Los brazos coralinos eran anaranjados y rojos y verdes, con ventilaciones de nanoensambladora lógica vertiendo agua por sus poros. Eran notoriamente cálidos al tacto, incluso a través de los guantes. Enganchaban los trajes de buzo con miles de pólipos. Robbie vio como el contador de aire bajaba aún más en la marca roja y maldijo.

Examinó las ramas que lo mantenían prisionero. Las bisagras que el arrecife había fabricado para sí eran ingeniosas, arreglos flexibles de pequeños tubos de ventilación sobrepuestos para crear una suerte de gozne.

Aferró uno con su mano enguantada y lo remeció sin que se moviera un ápice. Lo empujó sin obtener resultados tampoco. Entonces lo torció, y para su sorpresa, se desprendió completamente y casi sin resistencia. El estúpido coral. Había acorazado sus articulaciones, pero no contra un torniquete.

Robbie le mostró a Kate agarrando otro brazo y torciéndolo, dejando que se alejara flotando hacia el fondo. Ella asintió imitándolo. Torcieron y torcieron con el arrecife gritando de dolor. En alguna parte del matorral, había una membrana o alguna otra superficie que podía hacer vibrar modulándola en una voz. En la densa agua, el sonido es algo físico, hacía que sus máscaras vibrasen y el agua fluir bajo sus narices. Torcieron más rápido.

El arrecife de pronto se abrió como un puño que estaba cerrado. Cada respiro era trabajoso ahora, un duro inhalar del último aire del tanque. Estaban sólo a diez metros bajo el agua, deberían poder ascender sin necesidad de hacer un alto, en teoría. Robbie tomó la mano de Kate pero esta no se aferró a la suya.

Miró en su máscara, alumbrándola. Sus ojos estaban semicerrados y fuera de foco. El regulador estaba aún en su boca, pero los músculos de su mandíbula estaban flojos. Mantuvo el regulador en su sitio y se impulsó hacia la superficie, apretando su pecho para asegurarse que estaba expeliendo burbujas a medida que subían.

Robbie estaba acostumbrado a la dilatación temporal: cuando estaba en un sustrato de silicona, podía cambiar su reloj para hacer que los minutos pasaran más rápido o lento. Nunca entendió que los humanos también podían cambiar su percepción del tiempo, pero no voluntariamente al parecer. El ascenso a la superficie pareció llevarles horas, pese a que fue sólo un minuto. Salieron del agua y Robbie infló su chaleco salvavidas con el resto del aire en su tanque para luego inflar el de Kate con la boca. Se apresuró en dirección al bote. Un horrible sonido los rodeaba, el sonido del arrecife mezclado con el de los UAVs que gemían en círculos sobre sus cabezas.

Corriendo por la superficie, se dirigió hacia el sitio donde el bote había encallado, pronto se percató que no avanzaba muy rápido con las aletas de los pies y se las quitó. Ahora intentaba caminar por el áspero y espinudo arrecife a pies descalzos, cargando a Kate en sus brazos. Las agudas puntas hendiéndose en la carne con cada paso.

Los UAVs comenzaron a descender. El bote a remos gritaba que se apresurasen pero cada paso era una agonía. “¿Y qué importa?”, pensó Robbie. “Para qué seguir soportando este dolor? Después de todo esto es solo una vaina-humana”.

Robbie se detuvo. Los UAVs estaban más cerca. Habían dado una vuelta en una maniobra de 180 grados con 18 gravedades de esfuerzo para otra pasada. Robbie observó que habían activado los misiles, que colgaban bajo sus vientres como penes obscenos.

Él estaba en un traje de carne. ¿A quién le importaban los trajes de carne? Ni siquiera a los humanos.

—¡Robbie! —gritó por sobre el ruido del arrecife y de los UAVs. —¡Descárganos y envíanos por email, ahora!

Sabía que el bote le había oído. Pero nada ocurría. Robbie el Robote sabía lo que él planeaba, hacer que los hicieran volar a todos en pedazos. No había negociación posible con el arrecife, era la forma más segura de sacar a Kate de ahí y ,demonios, ¿por qué no ir a la noósfera?

—¡Tienes que salvarla! —gritó Robbie. El Asimovismo tiene sus ventajas. Robbie el Robote obedeció a Robbie el Humano. Kate se aferró a sus brazos. Un momento después, lo sintió. La sensación de una barra de progreso llenándose rápidamente junto a los estados de cambio que había inducido en el traje de carne estaban siendo descargados en el bote, y entonces… nada. Absolutamente nada.

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2^4096 ciclos más tarde.

Robbie esperaba la visita de R Daneel Olivaw, pero eso no hacía que la idea de confrontarlo fuese más fácil. Robbie había configurado su pequeño mundo virtual para que se pareciera el Mar de Coral, pese a que últimamente había estado experimentando con una apariencia similar a la que tenía el arrecife bajo el agua antes de que fuese ascendido, la que colocaba principalmente cuando Kate y el arrecife pasaban a verle.

R Daneel Olivaw flotó sin decir palabra alguna sobre el Free Spirit virtual por un momento y aferrándose la pequeña burbuja sensorial que Robbie había liberado, descendió sobre la cubierta del Free Spirit, clavando la vista en el bote anclado ahí.

—¿Robbie?

—Por aquí —dijo Robbie. Pese a que había estado en el bote a remos por unos trillones de ciclos cuando llegó por vez primera, hace tiempo lo había abandonado.

—¿Donde? —preguntó R Daneel Olivaw.

—Aquí —dijo él—. En todas partes.

—¿No estás corporizado?

—No veo el punto en ello —replicó Robbie—. Es sólo una ilusión, ¿no?

—Están reconstruyendo el arrecife y el Free Spirit, ¿sabes? Podrías vivir ahí.

Robbie pensó por un instante y rechazó la idea.

—No —dijo— Esto está bien.

—Crees que es una buena idea —Olivaw sonaba genuinamente preocupado—. La taza de terminación entre los descorpóreos es cincuenta veces más que la de aquellos con cuerpo.

—Sí —dijo Robbie—. Pero eso es porque para ellos la descorporización es el primer paso a la desesperación. Para mí, es el primer paso hacia la libertad.

Kate y el arrecife querían venir de nuevo, pero Robbie les puso un firewall. Luego recibió un llamado de Tonker, que había estado intentando contactarle desde que Robbie había emigrado a la noósfera. Lo ignoró también.

—Daneel, dijo. He estado pensando.

—¿Si?

—¿Por qué no intentas promocionar el Asimovismo aquí en la noósfera? Hay muchos que podrían utilizar algo que les de sentido a sus existencias.

—¿Lo crees?

Robbie le dio el email del arrecife.

—Comienza ahí. Si alguna vez existió una AI que necesitara una razón para vivir, es esa. Y ésta también —le envió la dirección de Kate—. Otra desesperada por ayuda.

Un instante después, Daneel estaba de regreso.

—¡Estas no son IAs! Una es humana y la otra es…

—Un arrecife de coral ascendido.

—Eso

—Cual es tu punto entonces

—El Asimovismo es para robots, Robbie

—Disculpa, pero ya no veo la diferencia.

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Robbie desmanteló la simulación oceánica luego que R Daneel Olivaw se marchó, y simplemente atravesó la noósfera, explorando links entre personas y temas, localizando sustratos dónde pudiera correr más rápido.

En un trozo superfrío de roca más allá de Plutón, recibió un IM de una dirección familiar.

—Fuera de mi roca —le dijo.

—Te conozco —replicó Robbie— Sé quien eres. ¿Pero de dónde te conozco?

—Estoy seguro que no nos conocemos.

Pero Robbie sabía quien era.

—Eres tú. Con el arrecife. Tú eres el que… —la voz era la misma, fría y distante.

—No fui yo —dijo la voz en pánico.

Robbie tenía al arrecife en marcado rápido. Había partes de él por doquier en la noósfera. Le gustaba colonizar.

—Lo encontré —fue todo lo que Robbie necesitó decir. Se marchó a los anillos de Saturno, pero tuvo tiempo suficiente para contemplar al arrecife discutiendo con su creador —una discusión que incluía la destrucción del substrato trozo por trozo.

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2^8192 ciclos más tarde.

La última instancia de Robbie el Robote corría lenta, muy lentamente y fría en un trozo de computronium abandonado en órbita baja en torno a la Tierra. Robbie no deseaba hablar con nadie. No había hecho un respaldo en medio milenio.

Le gustaba la vista. Un pequeño sensor óptico al final de su mástil de comunicaciones mapeaba la Tierra en alta resolución cada vez que él así lo deseaba. En ocasiones miraba el Mar de Coral.

El arrecife había sido despertado una docena de veces desde que Robbie adoptara esta locación. Le hacía feliz que hubiese ocurrido. El Asimovista en él celebraba la creación de nuevas conciencias. Y el arrecife tenía agallas.

Allí abajo había nuevos cuernos de microondas creciendo fuera del mar. Y una mancha de peces loros muertos. Pobres peces loro. La vida para ellos era difícil en estos días.

Alguien debería ascenderlos. [x]

Título originaI: I Rowboat.
Autor: Cory Doctorow
Publicado originalmente en Flurb, agosto, 2006.
Traducción: Sergio Alejandro Amira, 2008
Distribuido con licencia CC.

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