Ciencia Ficción y LHC

El pasado 13 de septiembre se publicó en lanacion.cl una nota relativa al LHC de carácter lúdico, festivo, relajado. Lo planteado por el periodista era que ya había mucha literatura seria sobre la máquina, y que era tiempo de divagar y fantasear sobre el tema: ¿Qué crees tú que sucederá con el LHC cuando comiencen las colisiones de partículas?

La nota puede leerse completa acá. Opina un rabino, Paulina Assmann (estudiante de doctorado en física en el CECS), el maestro Lecaros y Ortega, TauZero y… un ufólogo. Y bueno, para aquellos amigos que han protestado (con justa razón, me temo) por el uso del nombre TauZero en una nota donde también aparece un personaje de aquellos, les digo: la ufología también es ciencia ficción, con la salvedad que sus adeptos se quedaron en la golden age y que de verdad se la creen. Así que tanto ellos como nosotros tenemos licencia para fantasear. Eso.

Y bueno, ya que estamos en el tema, les invito a dejar en los comments sus delirios personales sobre El Ultimate Doomsday Machine, mal llamado LHC. Como idea, van los fragmentos originales que escribí para la nota de La Nación. A propósito, lean los comments que los lectores dejaron en ese sitio 🙂

1) Imagino el LHC como un gran switch cósmico. Hasta donde se sabe, el universo visible corresponde a algo así como el 30% de todo lo que existe, siendo el 70% faltante de naturaleza desconocida y que a falta de mejor nombre se la denomina “materia oscura”. Pues bien, ¿y que tal si las supercolisiones de partículas, que serán capaces de alcanzar los niveles de energía del inicio del tiempo, de alguna forma “enciende” el universo y nos permite asomarnos y ver esa materia oscura? ¿Y qué tal si nos encontramos con un universo traslapado, poblado con seres que han estado ahí desde siempre, usando por completo todo ese espacio infinito que nunca supimos por qué estaba tan vacío, y observándonos tan perplejos como nosotros a ellos?

2) Tal vez la partícula divina, el bosón de higgs, no deba su nombre al capricho científico, y tenga un significado más literal. ¿Qué tal si ese universo traslapado que mencionaba más arriba corresponde al mundo donde han ido todos los seres humanos fallecidos de todos los tiempos, el paraíso católico? El bosón de higgs nos daría la llave para acceder a esa meta-realidad, provocando con dicho proceso un desajuste cósmico tan severo en los planes de Dios, tal que nos haríamos merecedores instantáneos del Apocalipsis.

3) Hay un experimento mental conocido prosaicamente como el “el gato de schrödinger”. Un gato es puesto dentro de una caja opaca junto con un artefacto que puede o no envenenarlo, según un detonador activado aleatoriamente. La pregunta es si el gato, dado cierto tiempo, está vivo o muerto. Se piensa que en el instante en que se abre la tapa para observar el estado del gato, el universo se bifurca en dos, ambos exactamente iguales excepto por la salud del gato. Así, si se observa un gato vivo en este universo, hay otro en donde se observa un gato muerto. En esta lógica, ¿qué tal si con las colisiones provocan, de algún modo, ondas de perturbación desconocidas que afecten la geometría de nuestra realidad y comencemos a sufrir una multiplicación exponencial de personas, animales y objetos, que correspondan a todas las alternativas, la suma de historias de Feynman, de todas las decisiones a las que nos vemos enfrentados cada día? Nuestro mundo en poco tiempo colapsaría con semejante locura.

4) Tal vez las colisiones importantes ya ocurrieron, y la linealidad del tiempo fue devastada en el proceso. Tal vez estamos viviendo en una nueva realidad, con nuevos recuerdos y proyectos de vida. Es más, tal vez toda la realidad se esté redefiniendo continuamente, y no nos damos cuenta, un poco como lo descrito en el cuento “El asesino infinito” de Greg Egan. Tal vez estemos perdiendo hermanos, permutando padres, ganando deudas, adquiriendo nuevas experiencias y perdiendo lindísimos recuerdos, siendo sustituidos por otro set de experiencias y recuerdos completamente distintos. Si ese fuera el caso tal vez no haya forma de darse cuenta que estamos viviendo en una versión ucrónica de nuestra propia realidad. Tal vez haya que preguntarle al I ching si estamos viviendo la versión correcta de la realidad, tal como lo hizo Philip K. Dick al terminar de escribir “El Hombre en el Castillo”.