Premio Nacional de Literatura

Ya casi no viene gente, y lo entiendo. La primera vez esto estaba lleno, más de diez mil personas. Mucho más. Neruda descendió sobre la plaza, el poncho ondeando al viento. Huidobro apareció de la nada, severo, seco e impecable bajo la lluvia. Se dijeron algo sin mirarse, pero se ha olvidado. Nadie recuerda las palabras. Sólo los golpes.

Pelearon durante una hora. Murieron más de tres mil personas. Sobreviví escondido en una grieta en la fachada de La Moneda, causada por un buen golpe de Pablo. Escuché las explosiones acurrucado junto a una anciana, respirando polvo, mirando el cielo. Ese combate lo ganó Neruda. Nadie encontró nunca el cadáver de Huidobro.
Han pasado más de 50 años, y ha habido algunos combates interesantes, sin duda. El del 69 fue sangriento y absurdo, divertido, intenso. Un verdadero anticombate, mi favorito después del del 45.
Desde entonces, de mal en peor. Zurita ganó el premio en el 2000, pero su pelea dejó sin virgen al Cerro San Cristóbal. Sólo murieron 37 personas. De Lafourcade no se ha vuelto a saber nada.
Luego Volodia… aburrido. Un viejo de cuarenta metros y dos mil toneladas de peso. Ni siquiera los rayos de neutrinos de Bolaño y las garras de antimateria de Varas pudieron con él.
Yo estoy viejo, muy viejo, y mi memoria falla. He seguido viniendo todas las veces, pero no es como antes. Sólo yo y unos cuantos niños grabándolo todo con sus teléfonos, esperando a que alguien muera o algo se derrumbe mientras los postulantes se pelean por el premio.
Dicen que está hecho de estrellas.

Fotografía: Vicente Huidobro se estrella contra la fachada del palacio de gobierno tras un puñetazo especialmente certero de Pablo Neruda. El Mercurio, 1945.

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