La Brújula Dorada

Brujula doradaPor Jorge Baradit (*)

Es cierto, la historia de una niña y sus aventuras junto a un animal que habla ya fue contada, la epopeya del niño elegido que va en busca de su destino usando artilugios mágicos es casi un template de “curso de guión, uno”. Pero no nos engañemos. Como decía Borges, solo existe una cantidad limitada de historias para contar y lo que disfrutamos son variaciones de arquetipos eternos. Lo que tenemos en “La Brújula Dorada”, de Philip Pullman, es una de esas historias que ofrecen una variación maravillosa y llena de vitalidad de un arquetipo eterno. Sus páginas no se limitan a repetir la fórmula fantástico-épica tan en boga, sino a ofrecer párrafos llenos de creatividad y sorpresa en un lenguaje accesible para el público al que es dirigido. Pullman es capaz de ofrecer un mundo novedoso cuando parecía que los mundos novedosos habían sido todos descritos y redescritos hasta el cansancio, aburridos de tanto elfo y mundos celtas lejanos plagados de nombres altisonantes y descripciones de batallas eternas y genealogías latas. Apelando a la cruza de géneros en un ejercicio lleno de valentía, Pullman hila una historia fantástica aderezada con ciencia ficción, magia, conjura política, aventura y thriller de misterio. Hay monstruos y brujas tanto como energías ambáricas y poder atómico; hay conjuras teológicas oscuras y aventuras veloces sobre trineos siberianos; hay fantasmas decimonónicos y cuerpos astrales directamente salidos de los mundos de la esoteria y la pseudociencia. Hay riqueza y creatividad en un ejercicio de la aventura dinámico, incesante y maravilloso. No estamos hablando de literatura para la literatura, está claro, estamos hablando del lenguaje al servicio de una historia, a la manera más antigua de todas: el relato de una aventura maravillosa que pudo haber ocurrido en un tiempo y lugar indefinido. La palabra retrocediendo hasta desaparecer, para dejar en su lugar una sucesión de diálogos e imágenes poderosas y soprendentes que te hacen desear estar ahí y acompañar a los protagonistas en su aventura.

La historia parte con la pequeña Lyra, ese arquetipo de la niña valiente en el umbral de la juventud tan caro a Hayao Miyazaki que recuerda a Naausicaa y a Mononoke, entrando a la aventura a través de un accidente. Escondida en un armario junto a su daimonion (porque en este mundo todas las personas tienen una personificación de su alma en la forma de un animal) y descubriendo un complot asesino contra Lord Asriel, tío de Lyra y encarnación de todo lo admirable por ella. Lord Asriel logra huir del atentado gracias a la ayuda de la niña y como resultado ésta queda enterada de un misterio que implica el secuestro de cientos de niños por una organización teológica fundamentalista, su traslado hacia algún punto cercano al polo norte y su relación con macabros experimentos relacionados con un misterioso “polvo”, producto al parecer de la actividad de partículas subatómicas relacionadas con las auroras boreales. Por supuesto la niña termina embarcada en la aventura de rescatar a los niños del poder de la Junta de Oblación y a su tío Asriel de las garras de los poderosos panserbjoerne, osos acorazados inteligentes, con la ayuda de sus valientes amigos giptanos. Todo en una especie de mundo paralelo ucrónico, una tierra donde nunca hubo revolución industrial y los zeppelines a hidrógeno cruzan el mismo cielo que brujas montadas en escobas.

El libro da origen a una superproducción fílmica que ha abierto una polémica al menos en Estados Unidos. Según alguna institución conservadora ligada a la iglesia, el libro y la película incitarían a los niños a descreer de dios y deberíamos abstenernos de exponer a nuestros hijos a semejante peligro. Como buena institución fundamentalista cree que dios y ellos son lo mismo y se sienten con derecho de interpretar sus deseos con pasmosa claridad. Es cierto que el libro despliega imaginería gnóstica y pagana, pero no menos que otros relatos mucho más famosos que éste. También es cierto que presenta a una institución religiosa dogmática involucrada en secuestro de niños, pero personalmente tiendo a celebrar ese cuestionamiento de las agrupaciones fundamentalistas que tanto daño ocasionan y han ocasionado más que criticarlo. La verdad es que juzgar al libro de esta manera nos llevaría a revisar casi todas las historias para niños existentes. Ya veo mañana a PETA manifestándose en contra de Caperucita Roja por incitar al odio hacia los lobos o a alguna asociación de “gente pequeña” a eliminar a los enanos del cuento de Blancanieves por considerarlos vejatorios. La Brújula Dorada es una gran historia de aventura e intriga con un grado de complejidad interesante para un best seller infantil entre diez a catorce años. Es una gran oportunidad para acostumbrar a los niños a leer la historia antes de verla en el cine, ejercicio estimulante y enriquecedor. La verdad, si alguien hubiera puesto este libro en mis manos cuando yo tenía doce años lo habría amado con todo mi corazón y, lo más importante, habría querido leer más.

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Philip Pullman, inglés nacido en 1946, vivió de pequeño en Zimbawe y Australia a raíz del trabajo de sus padres. A los diez años leyó El Paraíso Perdido, de John Milton, que se convertiría en una gran influencia en sus obras en particular de la saga de la Materia Oscura, de la que La Brújula Dorada es su primer tomo y su obra más premiada.

(*) Comentario publicado originalmente en Cultura, diario La Tercera 08-12-2007

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