“Hermana, soy una poeta”


Sí, una leve brisa
sopla en el pueblo
y yo puedo ver a través de las ropas
de toda la gente.
No hay razón alguna
para esconder estas palabras que vengo sintiendo,
ni hay excusa para comentar
los libros que he venido leyendo.
Pero sigo.
Lo hago.

La razón, es que soy una poeta.
Hermana, soy una poeta.

A lo largo del camino,
más allá de las puertas de la prisión,
releo mis novelas de crímenes
mientras me pregunto
si hay alguien aquí
que se sienta como yo.
¿Es que es malo lo que hago?
¿O lo que soy?.


Por supuesto, la razón, es que soy una poeta.
Hermana, soy una poeta.


Y por sobre Long Island,
todos ellos te lanzan sus camionetas Citroen encima.
No los saludas
ni les das la mano.
Huelen a pastillas de menta.
Lo único que tú tienes es tu propia juventud.
Pero estás sola, sola y más sola,
esperando las luces que no vendrán esta vez.

La razón de todo, es que soy una poeta.
Hermana, soy una poeta.

Gabriela Mistral, Long Island, 1953. Inédito.