El Hombre que salvó al mundo

Me levanté temprano como todos los días. Pongo el despertador a las seis y media porque me toma casi noventa minutos llegar al laboratorio. Seguí la misma rutina de siempre. Encendí el plasma en un canal de noticias, fui al baño a mear, luego a la cocina a activar la máquina del café y después de vuelta al baño a darme una ducha. Tiene que entender que a esa hora de la mañana la costumbre es más fuerte que cualquier decisión consciente, y soy una especie de zombie capaz de pasar muchas cosas por alto hasta que las tengo frente a la cara. Hace unos años, por ejemplo, mi ex-novia se quedó a dormir en el departamento. Follamos… ¿puedo decir follamos? Bueno, tuvimos sexo y todo eso, pero a la mañana siguiente no me di cuenta de que ella estaba en la cama hasta que salí de la ducha, y me dio un buen susto. Obviamente sigue siendo mi ex-novia.

El caso es que me metí al cilindro rociador y me lavé tranquilamente, recuperando digamos el 80% de la actividad cerebral normal. El resto lo recupero con el café. Pasé unos segundos más en la ducha hasta que estuve seco. Mi departamento tiene uno de esos cilindros de limpieza con secador incluido, seguro que los ha visto en los compranuncios. Salí de la ducha dispuesto a enfrentarme a otro día de laboratorio y entonces lo noté.

No se si habrá pasado mientras me lavaba o si estuvo así toda la noche y simplemente se me pasó desapercibido. Había algo raro en el espejo, y todavía me costó un poco definir el qué, porque era una de esas cosas tan fuera de lo común, tan ridículamente absurda que uno tiene que luchar contra la incredulidad y descartar paso a paso una lista interminable de explicaciones científicas.

Mi reflejo había desaparecido.

En realidad no era sólo mi reflejo. El espejo no reflejaba nada en absoluto, o estaba reflejando una habitación ficticia, algo que no estaba allí realmente. Parecía ser otro baño, más o menos como el mío, con los elementos básicos de un baño cualquiera, pero sin las marcas de un uso cotidiano que abundan en el mío. No había jabón ni cepillo de dientes, y estirando un poco el cuello vi que el suelo estaba lleno de cables. Estiré tanto el cuello, de hecho, que hubiera chocado con el espejo si no fuera porque, y entonces lo descubrí, no había ningún espejo. ¡Sobre mi lavamanos ahora había un agujero al departamento de al lado! O eso pensé entonces, equivocadamente.

De todas formas no pude pensar mucho en ello, porque algo hizo un ruido a mis espaldas y al darme vuelta vi a un hombre frente a mí. Otra vez me quedé de piedra, no tanto por la sorpresa o el miedo, sino porque el hombre se parecía demasiado a mí mismo. Era… Bueno, era realmente idéntico, excepto tal vez en el corte de pelo y alguna cicatriz corporal. Oh, sí, olvidaba mencionar que los dos estábamos desnudos. Pero él llevaba algo en la mano, y no parecía ni de lejos tan desconcertado como yo.

Mi cerebro seguía trabajando en ello cuando sentí un pinchazo en el cuello. Alcancé a escuchar una disculpa mientras me desmayaba. Algo como “lo siento” o “lo siento mucho”. Lo que más me llamó la atención, lo recuerdo bien, fue que su voz sonaba como una mala grabación de la mía.

Cuando volví a despertar, y ahora todo se pone más extraño, doctora, cuando volví a despertar estaba nuevamente en mi cama. Sentía un ligero dolor de cabeza, pero por lo demás estaba bastante despejado, lo que resultaba anormal. Ya le dije que cuando me levanto soy como un cascarón vacío y hago las cosas automáticamente. Pues ahora estaba lúcido. Lúcido y limpio. La almohada olía a champú, y en realidad el despertador ni siquiera había sonado. Yo nunca me despierto antes de que suene el despertador.

Me levanté y dije “luz”, pero la luz no se encendió. Tuve que buscar el interruptor, y cuando lo encontré y la habitación dejó de estar a oscuras sufrí un nuevo sobresalto. Como supondrá, doctora, no estaba en mi dormitorio. Lo primero que pensé fue que estaba en el departamento de al lado. Fui al baño, todavía desnudo, y casi me rompo la crisma al enredarme con la maraña de cables del suelo. El baño era el que había visto antes, limpio y básico y en desuso. La ducha era cuadrada y de perillas, en lugar de cilíndrica y de botones como la mía y las de, imagino, todos los departamentos de mi edificio. Pero lo más importante es que el espejo estaba donde se suponía que debía estar, encima del lavamanos. Me devolvió el reflejo burlonamente, y cuando puse mis manos sobre él lo sentí tan sólido como el que más.

Pensé en romperlo y pasar a mi departamento y acabar con aquella broma de mal gusto, pero eso me dio la idea de que todo era, precisamente, una broma de mal gusto, algo para un programa de televisión. De repente imaginé fibras ópticas en cada esquina, filmando mis reacciones, y fue consciente de mi desnudez, así que volví al dormitorio, abrí el armario y me vestí con ropa que no era mía. Por supuesto, la ropa me quedó perfectamente, aunque el botón del pantalón estaba a la izquierda.

Mientras me vestía encendí el televisor, un plasma parecido al mío, pero mejor, y de una marca que nunca había visto antes. Pasé varios canales sin encontrar ninguno conocido. ¿Sabe lo difícil que es eso? Soy de esas personas que puede pasar el fin de semana completo tirado en la cama viendo televisión. Mi servicio de SNG tiene más de 300.000 canales, y en la parrilla de uso frecuente habrá unos 200. Y le aseguro que los he visto todos. ¡Todos!

Me quedé unos minutos pegado a la pantalla, intrigado a medias por la sorpresa de hallar canales desconocidos y desconcertado por noticias y películas que sonaban… No se cómo explicarlo, doctora. Alienígenas, tal vez. Todo estaba como desfasado, como fuera de foco. Si aquello era una broma, estaba muy bien ejecutada.

Pero como ya habrá adivinado, no era una broma.

Una vez vestido me propuse regresar a mi departamento. Lo primero que pensé fue romper el espejo, pero el marco estaba lleno de cables y parecía a la vez caro y peligroso. Los cables bajaban por la pared hasta el suelo, y reptaban por el piso del baño y la habitación, desapareciendo bajo la puerta. Abrí la puerta y entré a un pasillo estrecho de cemento, como de búnker.

No se si tengo que decir que aquello no era un departamento de mi edificio. Al final del pasillo encontré una especie de taller de mecánico. Pero de un mecánico profesional con conocimientos de informática y física cuántica, a juzgar por la cantidad y calidad de los aparatos que había en el lugar. La verdad es que yo no soy muy bueno con las computadoras y ese tipo de cosas. O sea, claro, tengo mi Playbox y un wiiPod y un perfil en WOL, y uso ePhone como todo el mundo, pero lo cierto es que no se cómo funciona nada de eso. Mi área es la biología.

Di un par de vueltas por el taller sin atreverme a tocar nada, y regresé al pasillo. A medio camino había una puerta, y detrás unas escaleras subiendo a oscuridad. En uno de los escalones encontré un sobre con mi nombre escrito. Lo tomé y lo abrí.

Ahora, doctora, se cómo va a sonar esto, pero antes de sacar una conclusión precipitada tenga en cuenta los resultados del test farmacológico que me hice esta misma mañana.

El mensaje que había en el sobre decía más o menos así:
* * *

Hola Jack.

Esto puede no sonarte tan extraño después de todo, dada tu afición a la fantasía y la ciencia ficción. Estoy seguro de que has oído hablar de la teoría de los muchos mundos de Hugh Everman, así que no voy a perder tiempo con eso. Lo que quieres es una explicación rápida y simple, y es ésta: mi nombre es Jack Twotter y vivo en una dimensión paralela a la tuya.

Hace cinco años recibí un mensaje que me cambió la vida. Gracias a él entré al Doctorado en Física de Entramado. Desde entonces he estado tratando de desentrañar los misterios del viaje interdimensional, buscando una salida a mi propio mundo. Hace unos meses lo conseguí. De entre las muchas realidades existentes, fue la tuya la que apareció primero en mi destramador de probabilidades. Debe haber otras, pero no quise arriesgarme a perder la oportunidad.

Llevo varias semanas estudiándote. Hubiera querido tener más tiempo para aprender a comportarme como tú, sin despertar demasiadas sospechas, dentro de lo posible. Incluso compré algunos libros de genética y bioquímica. Pero ahora el tiempo se hace poco y no puedo seguir esperando.

Ahora me encuentro en tu mundo, tu dimensión, y tengo la intención de tomar tu lugar. No será fácil. Tampoco te será fácil tomar el mío, pero una vez que sepas las razones que tuve para huir, no importará demasiado.

Como verás, acomodé parte del sótano para que se pareciera a tu dormitorio y tu baño. Ahora me parece un esfuerzo ridículo, que no ayuda en nada a la transición.

No espero que me perdones, Jack. No lo merezco. Trata de disfrutar al máximo de este día. Mi casa es cómoda, y las entretenciones de mi mundo son similares a las del tuyo. La humanidad es la humanidad a lo largo y ancho del multiverso.

El mensaje que me llevó a estudiar ingeniería y matemáticas dimensionales, y a joderte la vida de esta manera, está en el disco que acompaña a esta carta. Hay un reproductor en la casa, sólo tienes que subir las escaleras. La contraseña es tu apellido. También encontrarás un cuadernillo con notas sobre mi vida. La mayoría de los nombres serán los mismos. Ojalá sirva de algo.

Lo siento mucho, Jack.
* * *

4 thoughts on “El Hombre que salvó al mundo”

  1. Muy buen cuento Guayec. Te felicito, me gustó mucho.
    Ya lo había leído, eso sí. Alncancé a leerlo en el poco tiempo que alcanzó a estar publicado en la factoría. Es un relato que tiene hartas fintas dentro de la finta, por lo que cuesta un poco descifrarlo lo que lo hace sorprendente y entretenido. Incluso en lo de la “doctora” me engañó.
    Saludos y sigue así.

  2. Me gustan mucho los cuentos de guayec. Es dueño de una prosa muy amena, elocuente y ligera que provoca que sus relatos se lean con mucha fluidez. Uno ni se da cuenta que está leyendo hasta que se acaba el texto!!

    Ojalá se animara a escribir una novela 🙂

  3. “Me gustan mucho los cuentos de guayec”….. Guayec tiene novia…… XP

    bromas aparte, ha sido el cuento de guayeco que mas me ha gustado, tiene ese aire a lo P. K Dick (a propósito de tu Ubik) pero consigue su propia vida.

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