Recuerdos del futuro

Poster Blade Runner
Baradit ha publicado una columna de opinión en La Nacion Domingo, relativa a Blade Runner y la celebración de los 25 años de la película cuya novela me resultó un tanto insípida…

(En general no comulgo con los fans de P.K.D. pero mejor no sigo porque ya siento el olor a petróleo y el rumor lejano de antorchas, jejeje)

Recuerdos del futuro

“Blade Runner” no se trata de replicantes, se trata de la memoria. Nos recuerda que somos lo que recordamos. Eso era lo que Roy Batty, Leon, Zhora y Prissy sabían. Y eso era lo que buscaban al escapar a la Tierra, sostener la memoria.

Por Jorge Baradit

¿Existe alguna película que haya sido capaz de superar al libro en que se basa? ¿Pueden?, quizá “Spartacus”, quizá “Gone With the Wind”, quizá “2001, A Space Oddisey”. Definitivamente no “El Perfume”… no la penosa adaptación de la increíble novela de Patrick Süskind (cuando una película como la de Tom Twyker, de reciente estreno, debe recurrir a 15 minutos de voz en off iniciales para explicar su contenido, hay algo que funciona mal).

En fin, el punto es que siempre usamos la palabra quizás buscando una novela superada por su versión cinematográfica, sin embargo no es éste el caso. La obra en que se basa la maravillosa “Blade Runner”, “Do the androids dream with electric sheep?”, del recurrente Philip K. Dick, es una soberana lata que me ha resultado imposible atacar jamás. Siempre me he preguntado de dónde sacó Ridley Scott la genialidad para producir una metamorfosis semejante desde un texto laxo, aburrido y carente de todo brillo. De dónde obtuvo esos Recuerdos del futuro, esa sensación de estar asistiendo a un mundo real lleno de información irrelevante (como es la realidad) y no a una maqueta pobre, diseñada y perfecta salida de la mente de un tipo al que le puedes reconocer perfectamente el estilo. ¿De dónde sacó en 1982 esa certeza que entonces no era más que una locura?: el futuro estaba a la vuelta de la esquina e iba a consistir en la acumulación de culturas, en la estratificación de tecnologías, en la convivencia de lo obsoleto con lo ultramoderno. En la convivencia de dios y la computadora, con dios en la computadora cuestionando al universo. La corbata y el auto volador, el híbrido y la comida china, la suciedad y la ingeniería genética. El futuro y la desesperanza. Por primera vez el futuro y la desesperanza. El futuro y el alcoholismo, el futuro y la soledad en medio de las multitudes.

CELEBRAR LA NADA

“Blade Runner” cumple 25 años y toda la maquinaria Hollywoodense se prepara para estrujar una vez más a este hijo pródigo, rechazado al nacer (obviamente por no producir de inmediato los dólares necesarios) y celebrado con posterioridad como uno de los hitos cinematográficos más importantes de la década de los 80.

Pero “Blade Runner” ya es presente y no entiendo muy bien qué es lo que hay que celebrar. La cinta de Ridley Scott nos recuerda que el futuro llegó y que no fue distribuido, que el hacinamiento, la falta de energía, el tráfico de órganos, la manipulación tecnológica encubierta y la desesperanza son la verdadera promesa detrás del progreso ilustrado. Basta con ir este domingo al Persa Bío-bío y verán hacinamiento, pequeños puestos envueltos en humo de aceite de empanadas y olor a incienso, motherboards y chips junto a imágenes de Buda y atún chino, teclados Apple de última generación junto a hierbas para sahumerios y brujería. Y sabrán con certeza que “Blade Runner” está aquí. Y que en realidad no hay mucho que celebrar.

MALDITA MEMORIA

Desde la primera vez que la vi, a los 14 años, ha ido creciendo en mi interior. Desde un primer acercamiento frustrante (¿disparos de revólver en el futuro?…dónde estaban los lasers y los alienígenas, por dios!!) hasta una extraña simbiosis en que los diálogos y sus imágenes se han ido convirtiendo en parte de mis diálogos y mis imágenes, ocupando un gran porcentaje de esos recuerdos fabricados con cine que anidan en nuestros corazones. Porque “Blade Runner” no se trata de replicantes, se trata de la memoria, se trata de aquello que nos hace humanos, de aquello que nos hace ser. Nos recuerda que lo que nos define no es una fecha de nacimiento, unos padres definidos o un lugar de origen, ni siquiera la materia de la que estamos hechos, sino aquello que recordamos. La particular estructura de recuerdos que generan una luminosa red de temores, amores, dolores, colores y olores asociados a números, letras, encuadres y puntos de vista; que consiguen armar ese discurso único, esa dirección de cámara en tiempo real nebulosa y difusa que es la memoria de cada uno. Somos lo que recordamos, y los recuerdos se mezclan, hacen el amor entre personas, tienen hijos y se reproducen hasta que ya no sabemos bien a quién pertenecía que en ese punto lejano en el pasado en que los hechos dieron a luz un momento, que lentamente se irá convirtiendo en recuerdo. Pueden ser un atado de fotografías en el cajón de un mueble, pueden ser las improbables historias de cualquiera que terminamos haciendo nuestras. Eso nos hace humanos. Eso era lo que Roy Batty, Leon, Zhora y Prissy sabían. Y eso era lo que buscaban al escapar a la Tierra, sostener la memoria. La sobrevida pero como sostén de la memoria, no sus cuerpos de tejido sintético próximo a caducar.

Ellos no querían olvidar, hundirse en la noche sin fondo del olvido, como cualquier ser humano ¿No es eso acaso lo que también persigue Ridley Scott al retocar una y otra vez esta gran fotografía de 117 minutos que parece no dejarlo tranquilo, aún después de 25 años? Todavía hoy busca pulir su obra para dejarla prístina como un recuerdo grabado en DVD. Ridley lucha contra la naturaleza misma de los recuerdos que es avanzar, mezclarse y morir. Todavía no encuentra la paz que si halló Roy Batty segundos antes de morir, cuando comprendió que no se puede luchar contra el olvido de otra manera que no sea la más antigua y humana de todas, entregarle sus propios recuerdos a otro ser humano, sentado en el suelo como frente a una fogata para que tome la posta y su vida haya valido en algo la pena. Hay un dicho normando antiquísimo que reza así: “Todos los hombres son mortales. Pero existe algo eterno: la gloria en el recuerdo de un hecho grandioso”. Finalmente eso era lo que buscaba Roy Batty, permanecer en el recuerdo ya que no en la carne y quiero creer que lo consiguió cuando nos regala su maravillosa letanía final:

“He visto cosas que ustedes no creerían.
Naves de ataque envueltas en llamas, fuera del hombro de Orión.
Vi rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Ahora es tiempo de morir”
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4 thoughts on “Recuerdos del futuro”

  1. Falto mencionar el increible soundtrack de Vangelis…

    (y no es “Prissy”, el nombre del personaje es “Pris”)

  2. Muy buena nota.
    Hay un tema de Los Redondos que dice “el futuro llego hace rato…” y creo que ese es el mayor aporte de este film de culto, lo inexorable del tiempo.
    Y en cuanto a Dick siempre me gustaron mucho mas sus relatos con final sorpresa que sus novelas.

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