BATTLESTAR LATORRE

Fecha estelar. Noviembre 22, 1997

Hoy es el día del retiro, del regreso a casa definitivo del Latorre. El fin de mis mejores 5 años. Desde la ventana de mi privado veo como el horizonte de Marte se curva bajo Fobos y Deimos. La Tierra se aparece apenas como un punto de luz azul allá adelante, siempre adelante, bajo un círculo solar que parece imagen del egipcio Amon.

En estos cinco años llevé a la nave hasta el mismo corazón de las colonias del Régimen Khrayt, usando la batería central del acorazado para cañonear las lunas refineras del enemigo. Fueron amargas victoria, perdí un tercio de mi tripulación, pero logramos derrotar al adversario. Y lo que es más grande aún, sobrevivir. De más está repetir que en los anales de la gran guerra, las hazañas de nuestro magnífico acorazado serán escritas a la par de lo logrado por la flota de portaaviones norteamericanos en 1982, en el sistema capital Khrayt. No puedo ocultar que siento pena. Cuando me entregaron el mando del Latorre sabía que serían sus últimos años, es increíble lo rápido que pueden pasar cinco años en el espacio.

Fue en 1933 cuando ellos aparecieron. Los grandes Vagones de Batalla Khrayt cubrieron los cielos y en cosa de días arrasaron con las grandes ciudades. Y la Tierra se defendió, como pudo, pero se defendió. No poseíamos ni la tecnología ni los medios para combatir en el espacio, pero desde la superficie eramos un pueblo fiero que no iba a dejar que sus civilizaciones cayeran bajo el peso de un imperio colonizador y asesino. Y llamamos la atención. En 1935 aparecieron los Reticuli a auxiliarnos. Su ataque sorpresa provocó un momentáneo retiro de las fuerzas Khrayt, pero no debíamos equivocarnos, no fue una victoria, todo lo contrario. Los Reticuli nos advirtieron que debíamos estar preparados para el contraataque y nos advirtieron que teníamos seis meses para preparar un flota de combate con armas atómicas y facultad de plegar el espacio a través de saltos por agujeros de gusano. Ellos nos facilitaron la tecnología, nosotros la adaptamos a los buques más poderosos de las escuadras de cada nación soberana de la unión terrestres.

Y el Almirante Latorre fue el astro-acorazado insignia de la fuerza espacial chilena. Gloriosa máquina, nacida como buque de superficie, reformateada en nave de combate interplanetaria, que bajo el mando del Capitán Arturo Osorio consiguiera una de las primeras victorias terrestres en la batalla de Ganímedes de 1950. El Latorre fue sumando estrellas tras estrellas, ganándose con toda justicia el apodo de nave insignia de las fuerzas del hemisferio sur, estando a la par de los grandes portaaviones estelares gringos de las clases Essex y Nimitz.

Pero hoy termina su carrera. El Latorre es un leviatan viejo y cansado, que surca las estrellas con la lentitud de un mastodonte de la primera generación de astronaves. Hoy la guerra parece al fin estar finalizando y mi misión es llevar al viejo””L junto a su tripulación a un merecido descanso. Seas despedido con honores, gran Latorre.

Capitán Alberto Adama
B.S. Almirante Latorre
Marina Aliada

9 thoughts on “BATTLESTAR LATORRE”

  1. Pancho, man,

    BUENISIMO…
    me dio algo en la guata mientras lo leía. Esa sensación de aventura cuando el texto tiene ángel.

    Más,más!!!!!!!!!!

  2. que se pudra el latorre ese!
    son mejores los iglues de cucarachas
    anti nucleares.
    las guerras son para depresivos maniaticos que quieren reputacion de guardian del supermercado.
    que se pudra el latorre y todos los soldaditos!

  3. Buena la historia, aunque muy corta para mi gusto. Pero creo que mejor debería llamarse Space Cruiser Latorre, pues me recordó más al Space Cruiser Yamato. Je, je, je, ya me lo imagino disparando su cañón principal contra los Khrayt, mientras las demás baterías repelen los cazas enemigos.

Los comentarios están cerrados.