Yo, Palta.

¿Como podía anticiparlo? Cuando se paraba a pensar en ello le daban ganas de estar muerto como todos los demás. Por eso no se detenía, mantenía al país funcionando como un reloj Suizo. ¿Existiría Suiza todavía? Quizá su reloj de pulsera fuera el único que quedaba funcionando sobre la faz de la Tierra. Lo usaba para coordinar su gobierno. Para saber a que hora dirigirse por Cadena Nacional a todos los Chilenos, a que hora robar fondos de Chile Deportes, a que hora pasar leyes contra las pymes… pero luego se le agotó el material, así que empezó a retroceder. Usaba el mismo raido traje de General con el que había salido del Bunker, esperando periodistas y recibido por cadáveres. Revivió el gobierno militar cientos de veces, su mejor trabajo. Practicó variantes creativas del golpe, Allende militar versus Pinochet socialista, y aún más atrás.

La verdad, no sabía mucha historia, y tenía un gran vacío entre los Gobiernos Radicales y el Combate Naval de Iquique. A Pratt no sabía como imitarlo, y terminó por deducirlo, de su pelada, de su valentía, se lo figuró severo y mojigato, con algo de poeta reprimido.

Un día caminando por la alameda vió una portada rota de Las Ultimas Noticias, y hechó de menos la farándula. Pero su humor era político, no sabía hacer farándula. Miró nostálgico hacia el horizonte. Pensó. Si tan solo el Kramer hubiera sobrevivido, el país seguiría completo.

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