Conviértase en brujo, conviértase en escéptico

Conviertase en brujo, conviertase en sabioCuando uno mira la tapa de Conviértase en Brujo, Conviértase en Sabio (Georges Charpak & Henri Broch), pareciera estar en presencia de un libro de autoayuda mística de contenido muy cuestionable. Las palabras “Brujo” y “Sabio” resaltan por sobre todo, a la vez que aparece la fotografía de un tipo en actitud misteriosa.

Nada más alejado de la realidad.

Conviértase en Brujo, Conviértase en Sabio en un libro de difusión científica que tiene como objetivo el quitarle el aura de magia y misterio a muchos fenómenos que parecieran ser de otro mundo, pero que un análisis objetivo demuestra que son más pedestres de lo que uno pensaría. La idea es que utilizando razonamiento lógico, principios físicos, sentido común y simples estadísticas se puede demostrar que las supersticiones y los fenómenos paranormales tienen su origen únicamente en nuestra mente y sociedad, y no en hipotéticos espíritus ociosos, por poner un caso, cuya única razón de existir es la de atormentar a las personas.

Si bien estamos hablando de un libro cuya edición en el mercado local data al menos del año 2003, es un tema que no pierde actualidad. Siendo nuestra sociedad bastante crédula y ávida por los sensacionalismos; que encuentra en el horóscopo el curso de acción del día; en donde videntes de toda clase, parasicólogos, ufólogos y adivinadores desfilan por los matinales de la tv y muchas veces hasta logran portada en los diarios; estando nuestra sociedad, en definitiva, impregnada por supersticiones y rodeada de literatura seudocientífica, un libro que eduque y ejercite nuestra capacidad de escepticismo es algo que de verdad se agradece.

El libro es pródigo en ejemplos prácticos, que uno hasta puede ejecutar y que realmente funcionan. Como ejemplo, desmitifica al horóscopo. No son pocas las personas que “realmente” leen su destino en aquella colección de generalidades sin nombre ni apellido que publican a diario casi todos los periódicos y revistas. Los autores demuestran efectivamente que los consejos del horóscopo están escritos de modo tal que cualquier conjunto de consejos son aplicables a cualquier persona, independiente del signo zodiacal. En definitiva, concluyen, el horóscopo funciona, pero eso no implica que el destino de las personas esté codificado en el movimiento de los planetas o que sea producto de la acción de fuerzas misteriosas. Lo llaman Efecto Pozo: conforme más vago o general es el mensaje, más gente está inclinada a aceptar ese mensaje para sí.

Otro ejemplo. Todos sabemos que nadie es infalible. Es decir, todos podemos equivocarnos. Pocas cosas son más obvias que ésta. Pues bien, si nadie es infalible, sucede también que nadie es absolutamente falible, vale decir, que se equivoque siempre. Un astrólogo, en particular, puede predecir y predecir hechos y por puro azar puede apuntarle a algún pronóstico. Lo realmente extraño sería si se equivocara siempre o bien si siempre acertara. El punto es que normalmente uno nunca se entera de los fracasos de los pronósticos astrológicos, o bien son olvidados rápidamente. Por el contrario, sus éxitos son publicitados en los medios de comunicación, a grandes letras, siendo en ocasiones titulares en algunos periódicos amarillistas. La gente sólo se entera de los éxitos puntuales y absolutamente casuales, pero no de los numerosos (y obviamente silenciosos) fracasos. El resultado, desde el punto de vista de un observador aleatorio, es que el astrólogo luce un inquietante poder metahumano de adivinación. Un argumento similar, utilizando conceptos estadísticos sencillos, esgrimen los autores para explicar las curaciones milagrosas. Y los ejemplos continúan.

Por supuesto, este libro no pretende revolucionar las creencias religiosas de nadie. Simple y humildemente pretende inculcar un mínimo de pensamiento escéptico, característica que no sólo puede ser utilizada en inquietudes intelectuales de sobremesa, sino que también en situaciones prácticas: descubrir y alejarse de embaucadores, por citar un ejemplo.

En la escala de 1.0 a 7.0, Conviértase en Brujo, Conviértase en Sabio tiene nota máxima.

Título Original: Devenez sorciers, devenez savants
Traducción: Núria Viver Barri
1ª edición: enero 2003
© Éditions Odile Jacob, 2002
© Ediciones B, S.A., 2003
ISBN: 84-666-1086-2002

nota: versión original de un fragmento publicado originalmente en ArgoNavis #12, pág. 14.

14 comentarios en “Conviértase en brujo, conviértase en escéptico”

  1. Un libro no debería “educar para el escepticismo”, sino educar para el análisis crítico, donde también hay cabida para lo inexplicable, lo vago, lo impenetrado y toooodas esas áreas que en algún momento la ciencia oficial dijo que no existían, que eran patrañas o alucinaciones. Célebre es la resolución de la REal Academia de Ciencias Francesa que declaró que los meteoritos eran fantasía popular y cosas de gente ignorante “es imposible que caigan piedras del cielo, porque…en el cielo no hay piedras”.

    Tino, la ciencia trabaja justamente con lo comprobable, ese es su ámbito. Por eso es inadecuado usarla como herramienta para lo que no es comprobable o analizable con método científico. Ahora, si no puedes salir del paradigma ese que dice “si no es comprobable, no existe”, entonces ahí no hablo más, porque ahí no hay discusión posible.

    Igual esta discusión me parece anticuada. La gente de ciencia que he conocido se burla de los escépticos decimonónicos y hablan sin problemas del espíritu, los fenómenos paranormales y la incertidumbre frente a temas reales pero inabordables.

  2. Como digo yo: aún estamos en el baño con la puerta cerrada y no conocemos el pasillo, los demás dormitorios, salas y cocina… y menos el jardín. Somos todavía bebés de pecho en lo que a descubrimientos científicos se trata y creo que lo seremos por muchos años más, hasta que llegue otra gran revolución.

  3. La ciencia descubre la joya del conocimiento de entre la fantasía. La navaja de Occam se usa para acuchillar despiadadamente cada elucubración salida de las bocas de charlatanes, magos y otros pseudo-sabios.

    La ciencia no tiene respeto por lo sobrenatural y los mundos fantasiosos, simplemente porque esas ideas no se condicen con la realidad. En otras palabras, la ciencia es el estudio de lo real, lo demás no interesa, pues si no es real no existe.

    No se admiten fantasmas, magias o energías ocultas en el club científico.

    Omar

  4. Ando flojo como para repetir lo que ya escribí en el artículo sobre escepticismo. Básicamente,”escepticismo” en el sentido que se le da en ciencia no quiere decir exactamente lo que han planteado en los comentarios anteriores. El escepticismo es una escuela de pensamiento que permite separar lo que es analizable científicamente de lo que no lo es. Tras hacer ese análisis, lo demas son posturas personales. Hay gente de ciencia que opina que ese resultado hace una demarcación sin más peso que el trazar una frontera política en un continente, de modo que en realidad cualquier fenómeno es analizable científicamente, sólo que la respuesta puede ser muy desagradable para muchas personas y por eso tal análisis muchas veces es dejado de lado. Por otra parte hay gente de ciencia que cree que la demarcación es dura, y que todo lo demás son pamplinas. En ese sentido no veo a la ciencia como algo muy distinto a cualquier otra actividad humana, como escribir CF o armar una religión, que aceptan tantas variantes como practicantes tienen.

    El libro del cual rmundaca hace una presentación aquí, tiene un efecto que considero liberador, como cualquier libro que haga evidente una posibilidad de elegir. Hay fenómenos que cotidianamente se nos presentan como no analizables científicamente, como propios de otra realidad. Los autores de este libro plantean que varios de esos fenómenos sí son analizables científicamente y que de hecho su explicación no sólo existe hace rato sino que a menudo ha estado en manos de personas que en lugar de compartirla, la han usado inescrupulosamente para explotar a quienes la desconocen. Este libro no dicta, propone. Si alguien desea ignorar que existe una explicación científica, puede hacerlo, tanto como yo me lo paso por la vida, por ejemplo, escogiendo ignorar que muchas cosas tienen una explicación religiosa. Tal elección es personal y es lo que permite que nos distribuyamos en el abanico que va desde el cientificismo hasta la gnosis. Libros como éste hacen posible esa elección, y éste es su principal mérito.

  5. Tremendo comentario Eduardo. Es un poco ese espíritu el que motiva mis comentarios. “Varios de esos fenómenos si son analizables científicamente”. Ese “Varios” es el que me mueve a decir “ojo, hay más cosas también”. La lata son los cerebros con parálisis de los fanáticos exclusionistas de siempre que dicen que “el resto son pamplinas”, pero ya me acostumbré un poco a tenerlos cerca, son simpáticos, como los monitos del zoológico: hacen ruido, se golpean la cabeza aullando, se ríen a veces, en fin, lindo espectáculo. Triste eso si.

  6. Cuando Paul Dirac descubrió la ecuación del electrón, a principios del siglo XX, Lord Kelvin, en un notable arrebato de entusiasmo declaró que la física estaba llegando a su fin y que en muy poco tiempo los científicos tendrían que irse para la casa porque ya no habrían fenómenos nuevos. A poco andar apareció la teoría cuántica y fue el fin de la física, pero la física clásica…

    Históricamente sí han existido fenómenos que están más allá del entendimiento actual (y seguirán existiendo). Con el tiempo la humanidad ha ido arrancándole más y más secretos a la naturaleza. El punto, Jorge, no es que existan fanáticos exclusionistas de cerebro paralizado que con un gesto magnámino de su mano desprecien lo desconocido (¿un fanático de esos sería un entusiasta de la ciencia ficción?); el punto es cuál ha sido históricamente el método de extracción de conocimientos a la naturaleza que en la práctica ha sido más exitoso. Yo no discuto sobre si tal o cual fenómeno existe o no, discuto sobre la forma de abordarlo. Si eso no se entiende entonces nada que hacer.

    Creer en maravillas superhumanas sin mayor cuestionamiento mantiene a la gente tranquila y feliz, pero le impone anteojeras y frena la curiosidad. Hay gente que realmente se espanta y exije la horca cuando se le menciona que es posible que no exista dios, o que no hay nada después de la muerte. Esa es una actitud un tanto insana que no sirve para desarrollar el conocimiento.

    Como sea, al final del día cada quien cuece habas como se le da la gana y otros sacudimos nuestras jaulas lo mejor que podemos.

  7. no me refería a ti Tino, claramente. Sino al pelotudo que no se cansa de tirar la primera piedra y después llorar cuando le devuelven el peñascazo. Que, dicho sea de paso, me tiene podrido.

  8. ¿Apareció el circo de Don Omar?
    Definitivo, por la salud mental del grupo no le contesto más a este tipo.
    De más que todos deben estar aburridísimos de ésto. Además, ya son la una de la mañana y tengo que seguir trabajando.

  9. Siempre recuerdo algo que leí en mi tiena infancia. Un tipo, de bigote, con cara de serio y muy importante (según la foto que acompañaba el texto)decía en el siglo 18 que era imposible que una máquina mas pesada que el aire pudiese volar. Bueno, lo que sigue ya todos lo conocemos, pero a eso voy… nada es definitivo y la ciencia es sólo una rama del conocimiento humano y No la última palabra. Es importante pero no es suficiente, eso y nada más. A veces soy tan escéptico que ni en la ciencia creo…bien venida teoría cuántica…

  10. Creo que la ciencia es la herramienta que usa la logica para resolver los problemas y adelantar en el conocimiento de la materia, llamese molecula o isla universo, fisica, quimica, son esfuerzos para comprender y dominar el entorno. No sacamos nada con denostar contra una herramienta que nos saco de la supersticion y el temor a un espiritu todopoderoso que nos tenia en el bolsillo .Los griegos comenzaron con ella, pero gracias a la religion cristiana, se dejo de usar por mas de quinientos annos , pero con el Renacimiento, la ciencia volvio a ocupar el lugar que le corresponde : una herramienta en manos de la humanidad, que ya nos llevo a la Luna .

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