Lo absoluto (primera parte)

Los guardianes de la Eternidad, esos hombres que viajan entre los diferentes planos de la realidad intentando arreglar las cosas de acuerdo a un sistema moral relativo al homo-sapiens, descubren una regularidad portentosa.

En todos los planos de realidad Pinochet muere a los 91 años, sin haber sido condenado por las instituciones legales, aplaudido y rodeado de su familia. En todos los planos de realidad, y en todos los tiempos de la historia, en todos las naciones de todos los continentes colonizados por esta desnuda raza de primates superiores, en todos los corazones, tienen sentido las palabras del hijo de Macduff extraídas del Macbeth, de Shakespeare:

Hijo: ¿Y deben ser colgados todos los traidores?
Lady Macduff: Todos.
Hijo: ¿Y quién los colgará?
Lady Macduff: Pues los hombres honestos.
Hijo: Entonces los traidores son unos tontos, porque hay suficientes traidores como para derrotar a los hombres honestos y colgarlos a ellos.

En todos los planos de realidad las miles de declaraciones, cantos, himnos, calumnias, diatribas, juramentos, maldiciones y quejas se estrellan contra el maligno exceso del mal, mientras el núcleo del mal sigue actuando entre las sombras a la espera del inexistente juicio final.

En Plaza Italia bailan (en nuestras casas bailamos todos), felices de tener a un mezquino malvado a quien maldecir para que nuestra propia maldad y mezquindad palidezcan por contraste.

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