Los Pilares del Imperio

La literatura de ciencia ficción en Chile fue sacudida, a fines del tercer trimestre de 2005, por Ygdrasil, la ópera prima de Jorge Baradit. Considerando lo pequeño de la oferta de género fantástico en Chile, resulta curioso y tal vez injusto que la obra de ciencia ficción comentada en estas líneas, aparecida casi al mismo tiempo que Ygdrasil, haya pasado casi sin levantar una mota de polvo en la prensa.

Los Pilares del Imperio, la obra de Miguel Lagos Infante, nos presenta un argumento que promete situar a nuestro país en el centro de una revolución a escala planetaria. Vamos viendo: un científico chileno, Ismael Grau, descubre un material plástico que posee casi 100 veces la conductividad eléctrica del cobre y, comparado con éste, es muchísimo más barato de producir. Las implicancias de tan prodigioso material prometen revolucionar el mercado, según lo narrado en la historia.

A partir del anuncio del descubrimiento, Grau, un idealista investigador que cree que cualquier aporte que sea un adelanto para la civilización será bien recibido, se ve envuelto en una suerte de juego de estrategia entre transnacionales eléctricas que desean sepultar el material, el estado chileno, CODELCO, CORFO y un político que visualiza en el plástico superconductor una amenaza a la principal riqueza de Chile, el cobre.

Necesariamente hay que hacer notar algunos detalles de la novela. En primer lugar, señalar que su argumento cae en uno de los clichés del género: el del científico solitario que inventa una sustancia que revoluciona la civilización tal y como la conocemos. Otro elemento, que es típico de las novelas pulp del género, es la utilización de personajes femeninos completamente prescindibles, que sólo están para adornar la ambientación o como pared que escucha los sesudos monólogos del protagonista. En Los Pilares… esta situación está presente primero bajo la forma de la esposa de Grau, y luego en diversas mujeres.

Si bien la novela está bien redactada (¿mérito del autor o de un anónimo corrector de estilo?) llama la atención los diálogos de los personajes, que en ocasiones lucen algo forzados o incluso irreales. El ejemplo más evidente es la sutil pedantería que exhibe el protagonista con sus interlocutores, ninguno de los cuales acusa recibo. En la vida real cualquier persona necesariamente reaccionaría a aquello.

Por otro lado, lo prometedor del argumento central se disuelve paulatinamente conforme los elementos propios de una novela de género fantástico y las maquinaciones a nivel internacional son reemplazadas por las calenturientas aventuras eróticas de su protagonista. Si uno se pone quisquilloso, hasta podría llegar a pensar que su autor puso especial énfasis en presentar al protagonista como la cruza entre un científico y James Bond: un genio de la física que se dedica a seducir mujeres cuando no está revolucionando el mundo con sus ecuaciones y haciéndose multimillonario en el proceso. De acuerdo a este criterio, la novela exhibe dos partes muy bien delimitadas. En la primera de ellas se desarrolla toda la acción relativa a los conflictos de intereses del estado chileno y las transnacionales eléctricas. En la segunda mitad todo eso se difumina y se transforma en una historia de amor, viajes de negocios y fiestas al estilo de las películas de espionaje.

Personalmente creo que el excesivo espacio dedicado a narrar las historias románticas de Miguel Grau, y que a la postre termina por agotar, podría haberse evitado perfectamente si el editor hubiera sido algo más prolijo en su trabajo y su autor contase con una pizca de autocrítica. El resultado habría sido una historia más ágil, más breve, menos digresiva y, tal vez, con un final no insípido.

A pesar de lo anterior, la lectura de la novela entretiene; de modo que si ese fue su objetivo, el autor lo consiguió. Por otro lado, si escribiendo Los Pilares… el profesor Lagos Infante quiso revolucionar el género fantástico, le tengo malas noticias: no lo logró.

En la escala de 1.0 a 7.0, le otorgo un indulgente 5.0.

5 thoughts on “Los Pilares del Imperio”

  1. No la he leído, pero el argumento me recuerda inevitablemente una novela corta bastante bien lograda del italiano Pino Cacucci que está en “Outland Rock” (edición española de Seix Barral). Es la historia de un dentista gordo, antiestético y solterón que inventa en su laboratorio un remedio infalible y baratísimo para las caries. Apenas trata de patentar su receta, empiezan a estallar bombas a su alrededor. Por lo que recuerdo (perdí el libro), hay una fuga interminable, aventuras eróticas (menos recargadas, parece, que las del libro que comentas) y todas las convenciones del género. La ventaja es que es corta y se lee de una sola vez.

  2. Gracias por el interés en mi novela y por los comentarios. Van algunos míos.

    En efecto, “Los pilares del imperio” fue escrita para entretener, al lector y al autor, como propósito primordial. Creo que uno no tiene derecho a aburrir a los demás, especialmente a un lector que ha confiado en que pasará un buen rato con el libro. Por supuesto, esto no descarta que pueda perseguir también otro objetivo. No sería entretenido si así fuera.

    No hubo correcciones editoriales, ni de estilo, ni de nada. Nadie puso mano en mi trabajo. La novela había sido aprobada antes en Ediciones B, pero la editora quiso cambiarme la escritura y preferí retirarla. No le devolví el adelanto porque me hizo perder casi un año.

    En realidad, el tema de la narración es la Verdad, ese ente metafísico cuya búsqueda ha sido el motor de la cultura, que amedrenta a tantos, que muchos le niegan hasta su mera existencia, y que algunos pocos persiguen con fascinación. En efecto, el protagonista es algo pesado, como suelen serlo los que creen en la verdad y sólo consideran los hechos, sin adulteraciones amables. (Luego de doctorarse, Albert Einstein tuvo que emplearse en la oficina de patentes de Berna para ganarse la vida; no consiguió un cargo académico porque, aunque brillante, era un ladrillo de plomo; pero siempre tuvo la razón). La protagonista, Silvia, no es una pared sino una mujer extraordinariamente talentosa, aunque pesadísima. El amor de ambos es una mezcla de calentura y admiración mutua, como debe ser el amor. Ella es la más honesta de todos los personajes; al menos se avergüenza de traicionar a la verdad por ambición. En ella está la clave de la novela, no en Ismael.

    La segunda parte, aunque disimulado por clichés de best seller, es la que contiene la tesis principal. Desde una aldea provinciana, alejada de los grandes centros del poder, poblada de seres explotados por una oligarquía ignorantona y por los charlatanes de la política, Ismael, el aprendiz de mago, es proyectado por su descubrimiento al ámbito de los señores del imperio. Allí comprende que el gran poder del imperio se apoya, como todos los de la Historia, en tres pilares: la cultura, el comercio y la milicia, en afortunada asociación. Los señores del comercio (Arkright), de la cultura (Wilkinson) y de la guerra (Jones) lo acogen, y él se deja acoger. Agnes es el hada que lo guiará en los laberintos imperiales. Los grandes magos de la corte (Jenkins, Donovan) reciben a Ismael, y él ya no los abandonará más.

    Silvia no es decorado, sino la portavoz del mensaje principal; hay un capítulo entero dedicado a sus cavilaciones. Finalmente Rodrigues (con “s” y sin tilde) revela a Ismael que ella fue en el pasado una maga buena, que al ser rechazada injustamente por los grandes magos se transformó en bruja. Finalmente ella se redime y todo indica que será acogida. Se reunirá con Ismael y vivirán para siempre en la capital del imperio. No volverán a sus tristes aldeas.

    La historia tiene un final trágico, aunque tácito, contenido en la teoría de Silvia que revela Rodrigues: jamás la aldea provinciana saldrá de su lamentable condición porque, en el pensamiento de Silvia, “constituye un pueblo desvalido, carente de una elite intelectual sólidamente establecida y reconocida por la sociedad, de una clase cuya autoridad se base en el saber objetivo. Es sólo un pueblo que no tiene a quién recurrir cuando se enfrenta a problemas medianamente complejos, una masa desprovista de una guía confiable, y que está a merced de canallas como yo, que me he dedicado a estudiar científicamente sus debilidades.”

    Estimado amigo, por favor, te ruego que vuelvas a leer, considerando que:

    La clave de la novela está en Silvia, no en Ismael.

    (Tal vez fue un error de mi parte haber escondido tanto el meollo. Lo siento.)

  3. Estimado Rodrigo:

    Por si le interesa, Mago editores publicó recientemente una segunda novela mía. Se llama “La carpeta roja” y es una historia de amor, ambición y ciencia. Narra cómo un descubrimiento científico importante es sepultado porque afecta al balance estratégico global en la época de la guerra fría, y los problemas que debe enfrentar el descubridor por causa de su genio creativo.

    “El impredecible desarrollo de la cultura y el saber constituye la máquina de la Historia. La codicia y la ambición son el timón y las hélices. -Ennio Valbusa”.

    Está disponible a $6400 en http://www.magoeditores.cl, bastante más barato que en librerías.

    Miguel Lagos

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