El sueño de Hierro

La novela de Normand Spinrad El sueño de hierro (1972) no es sólo una ucronía, sino además una ucronía dentro de una ucronía. Spinrad propone un mundo producto de la divergencia creada por un Adolf Hitler que, tras intervenir un breve periodo en actividades políticas extremistas en Alemania, emigra a Nueva York en 1919.

En la ucronía “principal” que propone la novela, Hitler se convierte en ilustrador de pulps de ciencia-ficción, iniciándose como autor de dicho género en 1935 y llegando incluso a dirigir una revista llamada Storm y a ganar un Hugo póstumo en la convención de 1955 por su novela El señor de la swastika. Esta otra ucronía, que compone el grueso del libro, es la historia de Feric Jaggar, un joven genéticamente puro quien habita una Tierra alterna cuya población ha sufrido los efectos de una guerra termonuclear que ha causado horrendas mutaciones de las cuales la más peligrosa es la representada por los malignos y telepáticos “Doms” de Zin (capaces de coaccionar y someter a los demás seres convirtiéndolos en títeres). La agenda de los Doms incluye la infiltración de la capital de los “hombres verdaderos”, Heldon, y la corrupción del caudal genético de sus ciudadanos.

Feric, al igual que el propio Hitler, ha nacido fuera de la nación que terminará liderando (es hijo de exiliados políticos), y una vez cumplida la mayoría de edad, viaja a Heldon para someterse a las pruebas de pureza racial y así obtener la ciudadanía helder. Apenas Feric arriba al control fronterizo descubre que los funcionarios están bajo el sistema de dominio de un mutante de Zin que permite la entrada de todo tipo de aberraciones genéticas, y al que Feric intenta desenmascarar sin éxito.

Feric volverá más tarde sin embargo, encabezando una muchedumbre de hombres verdaderos que rescatará a los oficiales fronterizos eliminando al Dom. A partir de este punto Feric, convencido que el triunfo de Heldon, la pureza genética y la verdadera humanidad se han fundido con su destino personal, inicia una meteórica carrera política que le llevara, tras hacerse del mítico Gran Garrotte de Held, a convertirse en el Comandante Supremo de Heldon y a declararle la guerra a los mutantes. Al mando de sus ejércitos Feric llegará hasta la capital misma de Zin, destruyéndola por completo antes que un Dom sobreviviente detone el arma definitiva de los “antiguos” que en cuestión de minutos envía al aire millones de toneladas de polvo radiactivo. Las matrices de tus preciosas mujeres de sangre pura sólo producirán enanos jorobados, caras de loro, pieles azules y docenas de nueva mutaciones, quizá incluso nuestra propia especie, sentencia el anciano Dom antes de ser destrozado por el Gran Garrote de Helm (este vil ataque de los Doms no será un contratiempo para Feric por supuesto).

El señor de la swastika está escrita en el mismo tono que un panfleto propagandístico fanático. Feric Jaggar es prácticamente invencible, un übermensch cuyos enemigos están descritos con una vileza tal, que justifica todas las atrocidades contra ellos cometidas en nombre de la humanidad “verdadera.”

Al final de El sueño de hierro nos es posible conocer algunos aspectos del mundo alternativo en que El señor de la swastika fue escrita, esto gracias al comentario de un tal Horace Whipple que ridiculiza la obra de Hitler, un libro, según él, pletórico de obsesiones fálicas, fetichismo, y homosexualidad, …escrito en seis semanas por un escritor de pulps que nunca demostró talento literario, y que bien pudo haber escrito el libro mientras sufría los primeros síntomas de una paresia.

La lectura del comentario de Whipple nos muestra los alcances, más allá del mundillo literario de la ciencia ficción de la edad de oro, de una Tierra donde Hitler nunca lideró el partido nazi. En esta versión alterna de nuestro mundo la Gran Unión Soviética ha alcanzado niveles de antisemitismo tan atroces como los de la Alemania nazi (pereciendo cinco millones de judíos en la ultima década), además de dominar Eurasia, la mayor parte de África y las republicas sudamericanas, alzándose sólo Japón y Estados Unidos como últimos bastiones de la libertad, en un mundo que parece destinado a perecer bajo la marea roja. Whipple, basado en ciertos indicios que señalaban que el incipiente partido nazi de su mundo habría sido antisemita, especula que los Dominantes de Zin tal vez simbolizaran a los judíos de no ser por que evidentemente son una alegoría de la Unión Soviética, a raíz de esto Whipple se muestra desconcertado con respecto a los mutantes que infestan El señor de la swastika, no encontrando paralelo alguno para ellos con la realidad contemporánea. Esta incapacidad de extrapolación, dada por el contexto histórico de la realidad divergente de El sueño de hierro, hace que Whipple además, considere altamente inverosímil el surgimiento de un ser como el protagonista de la obra de Hitler, y más aún, la idea que una nación se arrojara a sus pies …por obra de manifestaciones multitudinarias de fetichismo publico, de orgías de estridente simbolismo fálico, y de asambleas de oratoria histérica adornadas con antorchas. Un personaje como Feric Jaggar, concluye Whipple, podría ofrecer un liderazgo férreo a una nación, pero a un alto precio, podríamos ganar el mundo, pero perderíamos nuestras almas.

© 2006, Sergio Alejandro Amira

Título: El Sueño de Hierro.
Autor: Norman Spinrad
Título original : The Iron Dream (1972)
Traducción: Aníbal Leal
Portada: Manuel Calderón
Precio: 15.95 euros
Páginas: 270
ISBN: 84-96013-25-1