2001: Una Odisea Simbólica

Hace algunos años me tocó preparar un trabajo sobre el contenido esotérico de la película 2001: Odisea en el Espacio. Eran tiempos de intensos estudios humanistas y de búsqueda del patrimonio esotérico occidental perdido en el mundo moderno. En esa época era miembro activo de una institución fundamental para Occidente, en cuyo atanor se hornearon los valores más elevados de nuestra sociedad, y acaso de nosotros mismos: la Masonería.

Éste artículo está reciclado, ampliado y retocado para hacerlo más ágil. Además, tuve especial cuidado de quitarle cualquier indicio de conocimientos que deben permanecer secretos. Pues bien, dadas las explicaciones del caso, les invito al estudio de la simbología de la película 2001, Odisea en el Espacio.

Antes de comenzar, debo destacar que éstos no son todos los símbolos ocultos que tiene la película, sino sólo aquellos que pude descubrir. Puede haber muchos más a la espera del espectador sagaz.

Eres libre de especular, como quieras, sobre el significado filosófico y alegórico de 2001. Stanley Kubrick

Descubrimiento

Lo recuerdo bien. Era un adolescente en ese entonces y la película ya era muy antigua, toda rayada y cortada. Pero no por eso me dejó indiferente. Se abrió el telón y las butacas comenzaron a temblar en respuesta a un sonido tan bajo que parecía sólo vibración, similar a un sismo, el que hubiera provocado una estampida a no ser por el timbre de los bronces que inundaban la sala. Se trataba de un himno vibrante que enaltecía el amanecer, dando sus respetos a la “Luz Eterna”. Era la obertura de Así Habló Zaratustra, escrita por Richard Strauss, la que muy apropiadamente daba inicio a una película única y reveladora.

Una escena portentosa apareció ante mí: un planeta azul, acuático y vital, más envuelto en la sombra de la noche eterna, el que comenzaba a ser iluminado por el sol naciente que se entreveía en un fulguroso horizonte.

Toda la escena simbolizaba el “Amanecer del Hombre”.

Símbolos

Ese no es el único símbolo representado en la película, pues ésta joya cinematográfica se desliza a la vez en muchos planos superpuestos, llevando un mensaje que es a la vez racional y místico, fantasioso y científico, pues su objetivo final es transmitir algo de la esencia del Hombre, de su gloria y su tragedia. Pretende impregnarnos, con algo de sus esperanzas y de su razón de existir. Todo esto codificado en un lenguaje de comunicación visual de difícil acceso al espectador casual, pues para entender muchas escenas es necesario acceder a lo trascendente, sin olvidar que se requiere de claves adicionales que sólo el conocimiento oculto puede brindar. Para entender esa película se requiere, entonces, de una actitud similar a la lectura de un libro místico o religioso.

A modo de preámbulo, para aquellos que no están interiorizados con el esoterismo, se debe primero separar las cosas claramente. El esoterismo no tiene ninguna relación directa con la magia, el espiritismo o la seudo ciencia. Se trata simplemente del conocimiento secreto y tradicional que mantienen una sociedad para si misma. Generalmente ese conocimiento consiste en simbología y esquemas para la comunicación reservada de ideas. Algo así como los sistemas de encriptación de información que usan los espías. Aquí mencionaré la Cábala Hebrea y otras técnicas muy usadas para codificar información, y eso es precisamente a que me refiero cuando hablo de simbolismo. Además mencionaré el Hermetismo, que es una filosofía muy antigua la que, por tradición, se le atribuye a un genio iluminado legendario: Hermes Trismegisto.

La película

La película dirigida por Stanley Kubrick está basada en la novela homónima de Arthur C. Clarke. Ambas, película y novela aparecen en 1968 en medio de la efervescencia de los preparativos para el viaje a la Luna. En su época tuvo un gran éxito basado en el realismo de sus escenas, las que satisfacían a un público ávido de espacio y de futuro. Hoy, 38 años después, ya pasado el verdadero 2001, nos hemos dado cuenta que tal película es única en muchos aspectos y que, a pesar del centenar de películas de Ciencia Ficción posteriores -las que contaron con mejor tecnología y mayores presupuestos-, seguirá siendo considerada como una cumbre de su género durante mucho tiempo más. ¿Por qué?

Porque tras la fachada de una historia convencional se oculta un mensaje secreto y subliminal, revelándonos simbólicamente la Biblia.
La película está basada en el cuento El centinela de Arthur Clarke. Durante la filmación de 2001 fue redactado en forma simultánea el guión y la novela, por lo tanto el contraste entre ambas nos da visiones complementarias. Clarke nos da una visión más racional, si se quiere, de la historia, aún cuando no está exenta de esoterismo revelador. Sin embargo, es Stanley Kubrick quien hizo el mayor uso del simbolismo, dejando sus huellas en el propio film. Presente a la vista de todos, pero oculto al espectador casual. Lo que aquí se explica es el resultado de la visión de conjunto de ambas obras.

Esquema del filme

Tanto el filme como la película están divididos en cuatro historias independientes, a detallar:

1. El amanecer del hombre

Un asolado paisaje africano de hace unos 3 millones de años cobija a una manada de antropoides proto-humanos, probablemente australopitecos. Éstos seres caminan de manera casi erguida, más aún no han descubierto el uso de las herramientas y de las armas. Por tal razón sufren continuamente de hambre e inanición, a pesar de vivir entre muchas presas de caza.

Un día los antropoides se encuentran con una lápida pulida y brillante, de origen extraterreno, enviada a la tierra por seres desconocidos para cambiar el curso de la evolución. La lápida manipula las mentes de los australopitecos quienes entonces aprenden a usar sus manos para manipular armas.

En las escenas siguientes “Vigilante de la Luna”, el líder del grupo, usa las armas para cazar y para matar a un miembro de una tribu rival. A la sombra del monolito había nacido el hombre, a la vez creador y homicida.

2. El viaje a Clavius

Un gran misterio rodea el viaje de Heywood Floyd hacia la Luna, donde se encontró un monolito extraterrestre de 3 millones de años de antigüedad. Para evitar las filtraciones de esa noticia se difunde el engaño de que la base lunar americana estaba afectada por una epidemia.

Se describe en gran detalle el viaje de Floyd hacia el monolito, cuya primera fase es en un trasbordador rumbo a la estación espacial. Toda la escena es destacada con las alegres notas del Danubio Azul. Luego hay escenas de un alunizaje, de la base lunar, y de un viaje hacia el cráter Clavius. Una vez allí, mientras se toman fotografías, el monolito despierta de su letargo lanzando una enorme emisión de energía en dirección a Júpiter.

3. Entre Planetas

Una nave de cien metros de largo, pintada de lúgubre blanco, con una cabina esférica, navega en el vació espacial con cinco hombres a bordo, tres de ellos reposando en sus ataúdes de hibernación. Les hace compañía un computador Hal 9000, el primer ser cibernético con inteligencia artificial.

Después de un error de juicio del cual le culpan, el computador comienza a sospechar que los humanos le van a desconectar. Ante el riesgo inminente de morir, Hal 9000 mata a cuatro de los tripulantes humanos, comenzando por Frank Poole, quien es atacado en el exterior de la nave por Hal usando una capsula a control remoto.

David Bowman, luego de sobrevivir a otro atentado, entra en el cerebro del computador y le desactiva pieza a pieza, matándolo. Al morir Hal en su cerebro se proyecta una grabación con el objetivo de la misión: reconocer un nuevo monolito que se descubrió en Júpiter.

4. A través de la Puerta de las Estrellas

Al llegar a Júpiter, Bowman se encuentra con un nuevo monolito, esta vez de gigantescas dimensiones, suspendido en torno al satélite Japeto. Bowman ingresa a una cápsula y viaja hacia la lápida para explorarla. Intenta entonces posarse sobre la lápida, pero al hacerlo se ve conducido a otras dimensiones, a un universo muy distante. Recorre una ruta compuesta por innumerables agujeros de gusano, los que les permiten llegar en instantes a lugares ubicados a millones de años luz de la Tierra, siendo testigo de los más extraordinarios prodigios naturales y tecnológicos, los cuales no entiende a cabalidad.

Luego existe una secuencia que refleja el encuentro consigo mismo en distintas edades y épocas, culminando el filme con la escena de un feto gigantesco que, a modo de Tierra, cubre el espacio. Cierra la película la misma música de Strauss, marcando nuevamente el Amanecer del Hombre. Esta vez se trata del superhombre: el hombre de las estrellas.

Análisis Simbólico

Sin duda, viéndola tal cual la película resulta impresionante. Se nos está hablando en un lenguaje muy fino del pasado, del futuro, de nuestras criaturas artificiales y del primer encuentro con los extraterrestres: seres tan poderosos como dioses, o quizás los propios dioses. Sin embargo, cifrado en la película y en la novela, como una parte integral de la misma, existe una extensa trama simbólica de la cual comentaremos algunos de los más relevantes y fáciles de descubrir.

No debemos olvidar que Clarke y Kubrick son occidentales curiosos, y en particular éste último manejaba los simbolismos de la Cábala Hebrea. Ambos, por lo tanto, estaban imbuidos en la mística occidental.

La lápida

Un extraño objeto, fúnebre y metálico, está presente como un hilo común en toda la película. Un monolito con el aspecto de una lápida que lleva en sí las misteriosas proporciones 1-4-9, las cuales son repetidas hasta el cansancio. En su novela, Clarke insiste en forma majadera que las proporciones 1-4-9 corresponderían a los 3 primeros cuadrados. Vale decir, sería una forma cifrada de expresar, a quien quisiera saber, que sus constructores sabían matemáticas. Que se estaba en presencia de inteligencia extraterrestre. Sin embargo estas cifras ocultan algo más profundo todavía, pero para hacerlo debemos interpretar esas proporciones por medio de la Cábala.
En los documentos sobre el monolito en la Luna, que son mostrados a la cámara durante una escena de la película, se le llama TMA-1. TMA se supone es una abreviatura de “Monolito de Tycho” (Tycho Monolyte) pero que también corresponde en hebreo, y leyendo al revés -en el orden natural en que ese idioma es leído-, a las letras Alef, Mem y Teth, cuyos números cabalísticos corresponden a 1, 40 y 9, respectivamente. Ahora bien, en Cábala Hebrea el cero a la derecha es irrelevante, por lo tanto 40 corresponde a cuatro. Llevando entonces ese 4 a letras encontramos que corresponde a la letra “D” ó Daleth. La sigla TMA equivale entonces a la combinación de letras “TDA”. Su equivalente numérico, de acuerdo a la posición de las letras del alfabeto Hebreo, es entonces “941”.

En resumen, la sigla “TMA” es otra manera de escribir las proporciones 1-4-9 del monolito. ¿Coincidencia? No lo creo. Quienes conocen de numerología tienen esa extraña pasión de codificar mensajes secretos; ocultos a la vista del público pero presente de todas maneras. Este no es el primer caso de encriptación que existe en artes y, muy por el contrario, en muchísimas obras famosas existe ese juego misterioso. Quizás uno de los más conocidos es el que aparece en una obra que otrora se consideró anónima: La Celestina. Hoy se sabe que su autor fue Fernando de Rosas, y que era abogado, y eso se descubrió al descifrar un mensaje secreto que existía en un poema de la misma obra.

Por lo tanto, resulta evidente que en la película Kubrick se tomó el trabajo de mostrarnos de frente que aplicó Cábala Hebrea en la película, quizás para encaminarnos hacia su sentido religioso y trascendente. Vale decir, nos está revelando que 2001 lleva en sí algo más de lo que es aparente a simple vista. Pero eso no es todo, algo más se desprende de la sigla “TDA”.

En numerología Pitagórica y en Cábala Hebrea, la letra “A” equivale al numero uno. Este número representa al Todo. Vale decir, a Dios, al cosmos y al infinito. El número cuatro, simbolizado por el cuadrado, la cruz y el tetragrama, representa los cuatro elementos (el mundo físico), los puntos cardinales (el espacio), las cuatro estaciones del año (el tiempo) y a las cuatro virtudes humanas (fortaleza, justicia, prudencia y templanza). Además es el número de letras que hay en el nombre de Dios, YHVH. El número 9 por su parte, representa la cuadratura de Saturno (curiosamente el destino del viaje en la novela es Saturno, en tanto que en la película la meta es Júpiter). Además es tres veces el número tres, por lo que en numerología Cabalística es un símbolo de la perfección.

Es más, en el Árbol de la vida de los Cefirotes, esquema fundamental de la Cábala Hebrea, “A” representa la iluminación, “D” la compasión y “T” el raciocinio. El monolito entonces brinda la iluminación al hombre y representa la compasión de una inteligencia superior, que le guía hacia el raciocinio o conocimiento. Es curioso que esa sea precisamente la función del monolito en la película.

Finalmente, la lápida es muy semejante en forma a las Tablas de la Ley, representando por esto mismo a la Torah o Ley Hebrea. La Ley Hebrea es la guía que transforma al hombre de antropoide a ser moral, tal como el monolito hizo con el australopiteco. En efecto, las Tablas descubiertas por Moisés cambiaron el destino del Hombre, convirtiéndose en el faro que guía la historia humana. La lápida representa entonces el Tao Chino, el Karma Hindú, o el destino expresado en el rico lenguaje de la mística Judeocristiana.
El monolito nos enseña, nos guía y es, además, la puerta hacia las estrellas, hacia el futuro, al infinito. O, lo que es lo mismo, representa a Dios.

Caín

En la escena de la Aurora del Hombre, que nos recuerda de inmediato el Génesis, el antropoide se convierte en humano a través de una conexión cerebral con la lápida, la que le reprograma el cerebro, y por medio de eso cambia la sociedad.

El nombre del personaje de Clarke es “Vigilante de la Luna”, nombre totalmente fuera de contexto para unos seres que ni siquiera hablaban y que no tenían nombres. Por lo tanto ese nombre sólo puede estar relacionado con el monolito en la Luna o quizás con Caín Cabe preguntarse si acaso su nombre está relacionado de alguna manera con el primer asesino.

Caín era agricultor y en la prehistoria ésta actividad se regía por los ciclos de la Luna. Entre los descendientes de Caín estuvo Enoch, quien fue rey de una ciudad, es decir, el “Homo Políticus”. También entre sus descendientes se contaba a Tubal-Caín el primer fundidor de metales: el “Homo Faber”. Y otro de ellos fue Jubal, el primer fabricante de instrumentos musicales, quien representa al “Homo Ludens”. Por lo tanto en la película, “Vigilante de la Luna” es el primer hombre en el amplio sentido, el antecesor de quienes crearon la sociedad, la tecnología y las artes. Es más, “Vigilante de la Luna” es el primer asesino, tal como el Caín bíblico.
En el filme el aspecto político (el liderazgo), el fabril (la creación de nueva tecnología) y el lúdico (la música de Strauss y de otros autores) están siempre presentes, ya enunciados en el primer asesino.

Arriba y abajo

El desarrollo de las escenas espaciales de esplendorosa tecnología es contrastado, tanto en la novela como en la película, con la espantosa vulgaridad o simplicidad de los actos humanos. Floyd es un pretencioso representante del gobierno, más preocupado del que dirán, y de mantener las apariencias, que de la trascendencia del descubrimiento. Además, las escenas se ven plagadas de familiaridad y trivialidad: conversaciones intrascendentes donde destacan las cosas comunes, tales como las vacaciones pasadas, los cumpleaños, las llamadas telefónicas, los menús y las conversaciones rutinarias. Sin olvidar las conferencias plagadas de explicaciones absurdas.
Tal trivialidad ocurre allá, en el espacio exterior, tal cual como aquí en la Tierra. Arriba es como Abajo, de la misma forma como Platón nos describe un mundo de ideas y un mundo de realidades; un mundo de espíritu y materia. Concepto éste último que es básico del ocultismo, y que ha sido atribuido al propio Hermes Trismegisto, y que aparece escrito tanto en la Tabla Esmeralda (Alquimia) como en el Kybalion (manual básico de esoterismo) y representado por la Estrella de David. E incluso registrado en el Padre Nuestro: “Así en la Tierra como en el Cielo”.

La escena de transición, cuando “Vigilante de la Luna” lanza la primera arma al aire y esta se convierte en un transporte espacial es considerada una de las secuencias más brillantes del cine. En un segundo se resume la evolución del hombre. Miles de años de progreso tecnológico, todos fruto del primer crimen. Sin embargo, la escena tiene una segunda lectura. El hueso está en la tierra y la nave espacial en el cielo, por lo que existe una unión entre ambos planos. Vale decir, se cumple nuevamente el principio hermético de que arriba es como abajo. Planos diferentes pero iguales; complementarios en la creación de la realidad.

Un comentario interesante, que aparece en el sitio recomendado más abajo, es que Kubrick nos revela con pequeños detalles como en el espacio el hombre pierde el control de las herramientas. Esto se ve en la forma como Floyd pierde su pluma que flota libre, en como la azafata debe aprender de nuevo a caminar, y en el hecho más cómico de que Floyd debe aprender de nuevo a usar el baño por que es ahora, literalmente, un bebé en el espacio.

Hal, el Leviatán

Hal es un nuevo tipo de ser que aparece en escena. Es la herramienta convertida en ente independiente, y su rol en la película es revelarse ante su creador. Desentrañar las claves ocultas del conflicto entre Hal y David Bowman es complejo, pues no existe ninguna clave directa ni en la novela ni en la película. Sin embargo, en la novela cuando Hal mata a Poole, Clarke nos dice lo siguiente:

“El gesto de Poole era el eco del capitán Ajab cuando pegado a los flancos de la ballena blanca, su cadáver había hecho señas a la tripulación del Pequeod, llamándola a su fatal destino”.

Esta referencia es a Moby Dick, la mítica ballena blanca e inmortal de la novela de Melville. En esa misma novela su autor se refiere a los cachalotes en estos términos:

“¿No tiene un ligero parecido con un pez gigantesco? ¿Incluso con el mismo Leviatán?”.

La ballena Moby Dick es descrita en la novela homónima como la peor de su género, no solo es el pez de Jonas (Jonas 2) sino el mismísimo Leviatán de Job. Éste monstruo es descrito en Job 40-41.

“Y a Leviatán (…) Ya pierden su confianza y son derribados por su propia vista (…) sus ojos se parecen al brillo de la aurora (…) su corazón es duro como la roca y resistente como piedra de molino (…) mira de frente a los más insolentes, es rey de todas las fieras”.

La nave Discovery, gobernada por Hal quien es a la vez el cerebro y la nave en sí, con sus ojos omnipresentes, rojos de pez y de la aurora, es el Leviatán, aquella fiera que doblega el orgullo del hombre por designio divino.

El Discovery es una metáfora de la bestia inmortal: una criatura fruto del hombre, pero inspirada por Dios para castigar su soberbia.

Iniciaciones

En varias secciones de la película hay iniciaciones. La primera le ocurre al “Vigilante de la Luna” en su encuentro con el monolito, evento que le lleva a un estado superior de conciencia. La segunda ocurre (solo en la novela) cuando Bowman resucita en su ataúd de hibernación. Es más, en la novela Clarke se refiere a la sala de hibernaciones como al “Hibernaculum”, clara referencia a Tabernáculo o lugar de rituales hebreos. Otro ritual iniciático le ocurre a Hal 9000 en Tierra, cuando es programado por su constructor, tema que se devela durante la muerte del robot. La iniciación final le ocurre a Bowman cuando cruza el monolito, dirigiéndose a nuevos universos y esferas de conciencia. Se trata de la iniciación sublime pues Bowman muere para convertirse en semilla.

El Mesías

El deceso de Bowman es precedido por una cena con los ingredientes de la pascua (que en hebreo significa “paso”). Bowman se convierte literalmente en el Mesías, lo cual es claramente expuesto en la novela, y su símbolo es el feto que aparece al final de la película. También puede interpretarse como la Última Cena de Jesús o de un condenado a muerte pues Bowman sabe que va a morir, pues lo ve reflejado en su aspecto de anciano en estado agónico. Entonces, mientras come sus últimos alimentos, una copa cae al piso más el líquido permanece. El contenedor se quiebra pero el espíritu permanece.

Un nuevo niño nos ha nacido, el Mesías, el elegido de la casa de David. Casa representada por la letra “D” en el centro del número 1-4-9 y simbolizado por su propia estrella, la que apunta a la tierra y al cielo, la estrella de Israel. Tierra y cielo como la película misma. Surge entonces el coro celestial cantando Así Habló Zaratustra, dedicada a una obra de Nietzche. Este último profeta predijo: “Dios ha muerto, que viva el superhombre”.
Ha nacido un Mesías que es el superhombre: el hombre de las estrellas.

El título

Finalmente el título mismo de la novela y la película es muy expresivo. La aventura ocurre en el año 2001 que es el año de inicio del siglo XXI, y del tercer milenio. Se trata de un cambio que no solo de milenio sino milenarista. Se trata de ese momento en que el destino de la humanidad cambia para siempre. Del instante en que nos encontramos por primera vez con los extraterrestres, o quizás con el propio Creador.

Por otra parte, como queda claro en la novela de Clarke, durante el viaje Bowman leía La Odisea:

“que era de todos los libros el que más vívidamente le hablaba a través de los abismos del tiempo”

La Odisea, como sabemos, es un libro mitológico y por lo tanto altamente simbólico. Que mejor prueba de la intensión de los autores que el propio título de la obra. Es más, la película puede ser interpretada también bajo la perspectiva de la obra de Homero, lo cual arrojaría más luces sobre la misma.

Conclusiones

¿Eran acaso Clarke y Kubrick ocultistas? Por el brillante manejo del simbolismo judeocristiano y occidental que hacen gala tanto en la película como en la novela, pareciera que si lo fueron. Sin embargo, de algo estamos seguros, se sabe que, al menos Kubrick, bebía de la vertiente mística judía. Además, es obvio que ambos conocían las claves de la encriptación de símbolos en las obras de arte, técnica muy usada por los grandes artistas, como se descubre al leer, por ejemplo, La Divina Comedia de Dante o El Paraíso Perdido de Milton, al ver la opera Don Juan de Mozart e incluso al escuchar algunos un grupo de rock como Pink Floyd.

Se puede aventurar entonces que ambos aprendieron en esa vieja escuela fundada por Hermes Trismegisto: el hermetismo. Es más, quien haya leído el cuento de Clarke Los nueve billones de nombres de Dios (1953), ya sabrá que tal autor es fluente en Cábala Hebrea, disfrazada en ese cuento como Budismo Tibetano. Por esa razón, Clarke no solo despierta el interés de los fanáticos de la Ciencia Ficción Dura por su realismo, sino que también el de los aficionados al ocultismo por su profundidad filosófica. En efecto, el cuento mencionado forma parte de la obra El Retorno de los Brujos de Pauwels y Bergier, ensayo iniciático, ideal para aquellos que quieren dar un vistazo al conocimiento hermético.

Por su parte Kubrick es considerado uno de los maestros del cien, y 2001 en particular es su obra maestra. Kubrick también filmó La Naranja Mecánica, otra obra de ciencia ficción que es muy profunda y simbólica. En sus planes estuvo filmar I.A.: Inteligencia Artificial pero murió antes de poder realizar ese proyecto, el cual fue llevado a la pantalla usando sus notas y en su honor por Steven Spielberg.
Como fuera, 2001 nos deja una visión trascendente del Hombre y es un ejemplo de uso magistral del simbolismo en pro de la expresión de un ideal. Se trata de un poema a las grandes inquietudes: ¿Qué somos? ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos? ¿Cuál es el sentido de todo?
El simbolismo está enraizado en el patrimonio genético del Hombre y se manifiesta en su capacidad de manejarlo, particularmente en el arte. Pues el Hombre percibe el mundo no solo en su faceta racional, de números y letras, sino que también por aquello que se expresa en la metáfora y el símbolo.

Creo que con esto es suficiente. Y es tiempo de ver nuevamente ese filme, para poder apreciarlo con nuevos ojos. Los dejo pues voy a ver nuevamente el film. Tengo la esperanza de cazar nuevos símbolos esta vez. Finalmente, permítanme dejarles una enseñanza simbólica:

Símbolo = figura universal.

por Omar E. Vega

En la Web:
http://www.kubrick2001.com

Bibliografía:
2001: Una Odisea Espacial. Filme de Stanley Kubrick y Arthur Clarke.
2001: Una Odisea Espacial. Novela de Arthur Clarke.
2001 o la Historia Secreta de Kubrick. El Mercurio. Cuerpo E, pag. 20. 4 de Julio de 1999.
Norman Keagan, libro sobre el cine de Kubrick.
Frank McConnell. El cine y su imaginación romántica.
Moby Dick. H. Melville.
La Biblia. Génesis. Job.
Cábala al alcance de todos.