El traidor en el árbol

Mi familia es una familia católica chilena tradicional. Desde pequeño cumplí con los ritos obligatorios de comunión, visitas a la iglesia y películas sacras en semana santa como todo buen niño de esta patria. Pero debo confesar que siempre guardé, como un pecadillo secreto, un atado de dudas sobre las historias sagradas: Desde preguntas profundas y teológicas del orden ¿Cómo es que Cristo nos salva muriendo? Hasta anecdóticas del tipo ¿Cómo es que sabemos lo que conversó Cristo con su padre en Gethsemaní?, estaba solo y la detención fue inmediatamente posterior.

Pero como una herida sin sanar en el costado de mi culposa mente, la duda que más me inquietaba era por qué Judas se había suicidado.

Debemos convenir que la decisión de entregar a su maestro no fue un espasmo salido de la nada, sino el producto de una idea amasada por días, quizás por meses de profundas reflexiones, de esas que llevan también a profundas convicciones. El arrepentimiento mostrado pocas horas después de su crucial acto no se condice con la trascendencia de una acción que, seguramente, le tomó semanas decidir, planear, compartir con los sacerdotes y finalmente ejecutar.

Nada se dice en los evangelios tampoco acerca de las razones de Judas para tan terrible acto de traición. A lo largo de la historia se han planteado sólo especulaciones, supuestas relaciones con grupos de la resistencia disconformes con el llamado pacífico de Jesús, un supuesto trato entre Judas y los sacerdotes para que el Nazareno fuera escuchado ante el sanedrín, etc. Sólo confusión, solo suposiciones.

Un poema de Nezahualcoyotl, el tlatoani poeta de los mexicas, escribió: “No venimos a crear confusión, sino a desatar nudos.” Desgraciadamente mi cabeza trabaja sola y tiende a correr desnuda entre bosques de símbolos y a susurrarme entuertos y mentiras divertidas llenas de esos mismos nudos.

Borges aventura que el Mesías sería quien cargara con todos nuestros pecados y muriera con ellos, llevándoselos lejos. Argumenta que todos condenaron y gritaron contra Jesús, pero quien cargó con el pecado más grande de todos, matar al hijo de dios, fue nuestro verdadero salvador: Judas en solitario.

Mi fábula es un poco más modesta, un ejercicio de reinterpretación de la reinterpretación. Es un texto absolutamente innecesario nacido como una rama delgada desde el tronco portentoso del razonamiento borgiano original. Una ociosidad que, de todo corazón, invito a no continuar leyendo. Imaginemos que el rostro de Jesús no es bien conocido por los sacerdotes (Judas debe identificarlo con un beso al momento de la detención), imaginemos que él sabe que va a ser detenido, torturado y ejecutado. Imaginémoslo atrincherado en el Monte de los Olivos, atemorizado por su destino. Imaginémoslo idear una treta de último minuto pidiéndole a uno de sus discípulos, el más parecido físicamente quizás (quizá su hermano, o su gemelo, para agregar más confusión a la historia), que lo reemplace en el momento de la detención (él es demasiado importante para morir). Imaginemos, entonces, a Jesús entregando a un Judas sereno y orgulloso de morir por su maestro, mudo para evitar defenderse o delatar el truco. Entero hasta el final, seguro de estar protegido por una fuerza superior, sólo titubeando al ver que los cielos no se abrían para descolgarlo de su sufrimiento. “Dios mío, por qué me has abandonado”.

Trasladémonos hasta el Monte de los Olivos, donde Jesús recibe la noticia de la muerte de Judas. La crisis es inevitable, todo está perdido. Se siente incapaz de seguir hablando de amor y sacrificio después de lo que ha hecho. Se siente muerto por dentro, incapaz de soportar haberse negado al llamado del destino y haber asesinado a un hermano. Se siente muerto por dentro, siente que sólo debe llevar eso un poco más adelante y decide colgarse de un madero, como una forma de acercarse un poco al destino que fue incapaz de y sacrificio después de lo que ha hecho. Se siente muerto por dentro, incapaz de soportar haberse negado al llamado del destino y haber asesinado a un hermano. Se siente muerto por dentro, siente que sólo debe llevar eso un poco más adelante y decide colgarse de un madero, como una forma de acercarse un poco al destino que fue incapaz de afrontar. Pero dios es precavido, la impostura se perdió en el bosque de los recuerdos de un puñado de analfabetos iluminados y al cabo de un par de siglos, ya nadie recordaba quién realmente había colgado de cuál madero esa tarde lluviosa en Palestina.

La memoria mezcla y olvida, separa y confunde. En la búsqueda de certezas reconstruimos recuerdos con los retazos que los hechos van dejando atrás. Ninguna historia es cierta, ningún registro es válido. Ante ese horror, me regocijo fabricando una historia que me agrade, que entretenga mi espera mientras aguardo mi turno de ser olvidado, como todo lo demás.

© 2004, Jorge Baradit.

Jorge Baradit es un diseñador gráfico que sólo se dedicó a escribir historias porque no aguantaba las imágenes que tenía que cargar en la cabeza. Nacido en Valparaíso, gemelo, gallo y león, llegó atrasado a todas las fiestas que inauguraron el período más esquizoide del siglo XX. Cyberpunk por consecuencia, vive intoxicado de rayos catódicos, ondas electromagnéticas, comida intervenida genéticamente, aire contaminado, ideas tóxicas y sexo inseguro. Sobresaturado de información, cruza la ciudad en una moto, medio mareado por las luces, leds y líneas de alta tensión como un bit atrasado esquivando apenas las neuronas grasosas del tendido urbano. Fue rebelde pero ahora está demasiado cómodo debajo de su plumón de pluma de ganso.

3 comentarios en “El traidor en el árbol”

  1. Una intriga que perfectamente pudo existir y que desapareció luego del concilio de Nicea, donde la biblia fue manipulada al antojo del poder.
    Creo que existió un tipo místico llamado Jeshua, que tuvo muchos seguidores, pero que por sus ideas radicales, contrarias a los cliches de la ley de moises, fue eliminado en una intriga política.
    Ya que se el hijo de un dios menor, o que resucitara, es otra cosa que se agregó como en todo mito.
    Es interesante también la asociación de la resurrección de cristo con los zombies. ¿habrá hecho una sangrienta eucaristía consumiendo sangre y carne humana?

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