Editorial TauZero #12

¿Existe alguna persona quien haya soñado con viajar en el tiempo, al pasado por ejemplo, y así poder realizar cambios, corregir errores, tomar otras decisiones? Estoy casi seguro que todo el mundo ha soñado con aquello. En ciencia ficción los viajes en tiempo son el tópico más clásico, ahí tienen El Ruido de un Trueno de Bradbury y El Fin de la Eternidad del Buen Doctor. Sucede esto mismo en los cómics. A los seguidores del Noveno Arte no le es desconocido las Megasagas, historias que tienen como objetivo el corregir errores en la continuidad de los héroes y villanos debido a una mala interacción entre los diversos guionistas a la vez que corrigen anacronismos insoslayables debido al paso del tiempo.       No soy muy entendido en cómics, pero aún así recuerdo una saga DC llamada Hora Cero, en donde Hal Jordan, un Linterna Verde que se desquicia cuando le destruyen su ciudad natal, decide utilizar el poder de su anillo para reconstruir por completo la historia del universo, para que su ciudad continúe existiendo. Por supuesto que sus planes no tienen éxito pues toda la batería de héroes DC lo detiene, pero aún así la historia es re-escrita. En la nueva continuidad, la historia de Superman, por citar un ejemplo, es modificada. Aparecen nuevos enemigos como Conducto (un mercenario que lanza rayos de kryptonita para desesperación del Azuloso) y el look del kryptoniano se actualiza. Se elimina de la continuidad a Superboy (Clark Kent de adolescente, no el clon) y a la horrorosa mascota con capa: Krypto. Por otro lado, Kent deja de ser un nerd y se deja del pelo largo, muy en la onda de los 1990’s.       Se me viene otro ejemplo, esta vez desde la Casa de las Ideas, Marvel. Allí se introdujo la serie “Ultimate”, en donde las historias son re-escritas desde cero, pero según conceptos actuales. Por ejemplo mis favoritos, The Fantastic Four, que en la historia clásica adquieren sus poderes debido a una desafortunada exposición a rayos cósmicos cuando volaban en el espacio, ya no resulta tan creíble en una época en donde la Humanidad tiene una estación espacial permanentemente en órbita y posee dispositivos explorando Marte y Saturno.       En Ultimate Fantastic Four no es un viaje al espacio y la correspondiente dosis de radiación cósmica la que otorga los poderes al cuarteto. Sino algo que ahora suena tan intrigante y misterioso como los rayos cósmicos hace varias décadas: Se trata de una exposición a la “N-Zone” o Zona Negativa, una suerte de realidad acoplada a la nuestra, y que Reed Richards está estudiando en conjunto con el ejército norteamericano. Una de las bondades de esa N-Zone, es que de alguna forma permite la existencia de un objeto en todo su “Espacio de Fase”. Aquí es cuando el guionista introduce algo de probabilidades aplicadas a teoría cuántica y mucho de álgebra lineal para explicar que los poderes de los Cuatro Fantásticos en rigor corresponden a versiones alternativas de ellos mismos dentro de su espacio de fase. Del mismo modo como puede existir un Reed Richards invisible o con forma de manzana o uno normal, también existe uno que es elástico. Lo mismo ocurre para el resto de los amigos… Uf!, Estoy divagando. Pero creo que entienden el punto de re-escribir el pasado y actualizar historias. ¿Y todo esto que tiene que ver con TauZero? Pues que nosotros hemos hecho exactamente eso: hemos reinventado nuestro propio pasado.       Todo comenzó cuando Sergio me sugirió hacer algunos cambios pues ambos habíamos detectado errores en diversos números de Tau. Pero cuando quise buscar una razón lapidaria para negarme a hacer aquello, y argumentar que nuestra Historia debía estar escrita a sangre y fuego y que debía permanecer inalterada porque sí, no soné muy contundente ni convencido de lo que decía… y por ende no tuve éxito en hacerlo desistir. Después que la mezcla de inercia-extrañeza inicial se diluyera en mí, la sugerencia comenzó a parecerme una buena idea, tan buena que le dije a Sergio que hiciese todos los cambios que estimase conveniente. 

     La idea fue entonces rescribir nuestra propia historia. ¿Por qué? Sencillamente porque tenemos la libertad para hacerlo y porque es divertido. En nuestras vidas comunes no podemos ir atrás y corregir las metidas de pata o cambiar algo lo que no nos gusta… pero en este proyecto nada nos lo impide. Que disfruten el experimento. 

Rodrigo Mundaca Contreras

        Febrero 2005

Licantropía contemporánea

Érase una vez un hombre extremadamente profesional y perfeccionista llamado Cristóbal Landsburg quien era el Cirujano Plástico y Reconstructivo más prestigioso de un largo y angosto país llamado Chile.       El Dr. Landsburg se especializó en Cirugía General y en Cirugía Plástica y Reconstructiva en Inglaterra, donde se graduó con honores y donde se desempeñaría durante tres años. A su regreso a Chile fue médico colaborador de la Clínica Alemana de Santiago y Médico Interconsultor de la Clínica Las Condes, se convirtió en Miembro Titular de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética; de la Sociedad de Cirujanos de Chile y por supuesto; del Colegio Médico de Chile.       Landsburg era, además, el único chileno Fellow del Royal College of Surgeons of England y se definía a sí mismo como un “hombre de mundo”, practicaba el tenis y el golf, era socio del Hogar de Cristo, amaba las Bellas Artes y a las mujeres hermosas, le agradaba tanto la música clásica como el pop sofisticado y era, además, un hombre lobo. Sí, uno de esos sujetos que en las noches de luna llena tienen por costumbre mutar en feroces bestias antropófagas de mal carácter y peor aliento.        El primer viaje de placer del Dr. había sido al paradisíaco Hawai, locación de su serie favorita de los 1980’s: Magnum P.I. Landsburg se bañó en las tibias aguas de la costa norte de Oahu junto a la mansión de Robin Masters, dio un paseo en un helicóptero pintado con los mismos colores que el de T.C. y se defraudó mucho al no encontrar ningún nigthclub en Honolulu con el nombre de “King Kamehameha Beach Club”.  

     Cuatro años después del debut de Magnum, apareció en las pantallas chilenas la sofisticada serie Miami Vice. Pese a que el Dr. no se perdía un solo capítulo y que adoptó el look de Don Jhonson durante un tiempo, Magnum seguía siendo su serie de televisión favorita. Por alguna razón se identificaba más con el personaje de Tom Selleck que con el de Sonny Crockett o Ricardo Tubbs (el teniente Castillo en su opinión era un verdadero hijo de puta y consideraba que Saundra Santiago no estaba nada de mal). Magnum era un tipo independiente, a diferencia de los policías de Miami. No tenía mayores responsabilidades y hacía lo que se le venía en gana, una manera de enfrentar la vida que ya deseaba poseer Landsburg que cómo hemos ya dicho era un sujeto perfeccionista, algo que quedó demostrado en el test de rorschach al que se había sometido antes de iniciar su psicoterapia.      Con el transcurrir de los años la elección del sitio donde vacacionar se tornó en extremo complicada para el Dr., mientras se especializaba en Inglaterra había visitado gran parte de Europa y tras su regreso a Chile; los principales balnearios y enclaves turísticos internacionales, incluyendo Miami, por supuesto. Existía sin embargo un lugar que anhelaba conocer al que todavía no viajaba, un lugar que evocaba en él primigenios terrores infantiles: Transilvania. El Dr. buscó por Internet la página de una empresa turística que ofreciera recorridos guiados por aquel lugar hasta que dio con una que ofrecía un tour completísimo, “de manera que nadie le cuente historias y mentiras del famoso conde Vlad Drácula.” El Dr. Landsburg de inmediato llamó a la agencia con sede en Boston y contrató el servicio.      El tour comprendía un recorrido completo por Rumania; un paseo por las ruinas de la corte de Drácula y sus tesoros expuestos en Bucarest; un almuerzo en la casa donde Vlad Tepes pasó su infancia; una visita al castillo Bran, ubicado en el sendero que conduce a la verdadera fortaleza del conde; pases gratis para observar un juicio de brujas simulado; una cena en el restaurante Golden Krone y finalmente una invitación a un baile de máscaras, con cena incluida, en el propio castillo Drácula. 

     En esa época el Dr. Landsburg estaba más habituado a Río de Janeiro, Cancún o la misma Hawai, por lo que las ciudades de Europa Oriental le parecieron algo monótonas y lóbregas. Bucarest, a pesar de todo, le pareció más soportable que Praga o Budapest.        Cierta noche, durante su estadía en Bucarest, el Dr. Landsburg decidió abandonar su alojamiento para embriagarse de aquella sensación de lo romántico y oculto que tanto anhelaba encontrar. En un principio caminó por la calle Victoria, la espaciosa avenida principal, para luego abandonarla y vagar por las antiguas callejuelas, de casas pequeñas incrustadas en la mampostería de muelles y puentes. No le tomó mucho tiempo percatarse que estaba totalmente perdido. Luego de vagar bajo los escasos faroles que pestañeaban tímidamente en la oscura y húmeda penumbra, el Dr. Landsburg se encontró en las cercanías de un lugar reconocible, la antigua iglesia Domnita Baleasa en la Plaza mayor frente al Palacio de Justicia. El Dr. divisó una silueta que le pareció era una persona y se dirigió hacia ella con la esperanza de obtener alguna información sobre cómo volver a su hotel.      El encuentro de aquella noche arruinó el resto de las vacaciones del Dr. Landsburg. La silueta que parecía humana resultó ser la de un animal que intempestivamente le mordió la pierna derecha para luego desaparecer. Era peludo y gruñía como un perro, pero no era un perro como pudo percatarse a su regreso a Chile.   2 

     La primera metamorfosis encontró al Dr. en medio de un desfile de modas a beneficio de la Corporación del Trasplante, organizado por la Cámara Chilena de Alta Costura en el exclusivo centro de eventos CasaPiedra, ubicada en medio de un desfile de modas a beneficio de la Corporación del Trasplante, organizado por la Cámara Chilena de Alta Costura en el exclusivo centro de eventos CasaPiedra, ubicada en Avda. Monseñor Escrivá de Balaguer 5600, Vitacura (una reunión familiar de 10 personas o un evento comercial de 2.200 personas. Desde lo más convencional y tradicional hasta lo más original y diferente. Cualquier encuentro que tenga en mente, en CasaPiedra siempre resultará un éxito).      –¿Qué te ocurre? –preguntó a Landsburg su atractiva acompañante al notar como este se retorcía y sudaba de manera muy poco decorosa.       –No me siento muy bien –dijo el Dr.–, me duele mucho el estómago. Voy al baño y vuelvo. 

     –Ya, pero no te demores –replicó María Gracia Larraín, 28 años, kinesióloga de profesión, signo zodiacal Virgo y caballo de fuego en el horóscopo chino.         Landsburg se puso de pie y se alejó de la pasarela por la cual desfilaban los maniquíes vivientes. Una última mirada a las esbeltas muchachas provocó en él una copiosa salivación y no de lascivia sino de hambre. Las modelos se le antojaron como trozos de carne que avanzaban colgados de una correa transportadora, ¡y eso pese a que él era vegetariano!      Cada paso que daba era un suplicio, el Dr. levantó la mirada hacia el cielo y vio que la Luna estaba llena. La visión del rechoncho disco plateado capturó su vista y por unos segundos creyó fusionarse en aquella superficie lechosa. Un intenso dolor en su bajo vientre lo retrotrajo a la realidad.       “María Gracia no me va a perdonar el haberla dejado plantada”, pensó Landsburg y se dirigió hacia su vehículo con la intención de marcharse a su casa, pero al llegar a los estacionamientos los espasmos fueron tan fuertes que cayó al suelo. Era como si tuviera algo dentro que le desgarraba los órganos, como si en su interior hubiese una cosa que intentaba salir, algo con garras y colmillos al más puro estilo de Alien: El Octavo Pasajero. “Alguna porquería me cayó mal, seguramente uno de esos canapés del cocktail”, reflexionó el Dr. mientras yacía unos segundos sobre el frío pavimento. Una vez que el dolor disminuyó lo suficiente como para permitirle ponerse de pie, Landsburg abordó su Ferrari 308 GTS color rojo (el mismo modelo que conducía Tom Selleck en Magnum) y se alejó de aquel sitio. El Dr. coleccionaba Ferraris y el 308 había sido su primera y más querida “pieza”, poseía también un Daytona Spyder negro (mejor conocido como 365GTB/4 por los especialistas) y un Testarossa blanco, el primer Ferrari construido especialmente para el mercado norteamericano (cabe agregar que estos fueron los automóviles que utilizó Sonny Crockett en Miami Vice).       Por alguna razón inexplicable Landsburg no condujo hacia su casa sino que se vio impelido a alejarse cada vez más de la ciudad. Los dolores hacían que se doblara sobre el volante y varias veces hizo sonar la bocina involuntariamente. Comenzó a sentir calor, un calor tan intenso que sudaba como si hubiesen 45 grados a la sombra. El Dr. Landsburg ya no resistió más, estacionó el Ferrari a un lado de la carretera y corrió hacia los arbustos mientras se despojaba del traje Armani (de líneas depuradas y ausencia de detalles llamativos) cuyo roce le quemaba la piel. Completamente desnudo cayó de rodillas en medio de un claro. Sintió los rayos lunares sobre su espalda y cada uno de sus cabellos se erizaron, su pene se erectó violentamente, sus brazos se alzaron y se tensaron, sus piernas se expandieron, su piel se cubrió de un oscuro y denso pelaje, su rostro se alargó y de su boca brotaron agudos colmillos. Landsburg sentía como atravesaban su cuerpo fuerzas caóticas y primigenias, clavó sus garras en la tierra húmeda y profirió un intenso rugido. La temporada de caza había sido inaugurada. 

     Las primeras luces de la mañana encontraron al Dr. Landsburg abrazado a los restos carcomidos de una vaca. Landsburg se alejó del animal muerto y se sumergió en una acequia para limpiar la sangre que le cubría de pies a cabeza. El Dr. no se duchaba con agua caliente por lo que el agua helada no le incomodó en lo más mínimo. Luego de esto se sentó sobre la hierba intentando entender cómo era que estaba tomándoselo todo con tanta calma. “Debo estar en shock”, pensó. “Sí, eso es, estoy en schok. Aquel animal que me mordió era un hombre lobo, yo soy ahora un hombre lobo…”       El Dr. recogió su carísima ropa, abordó su Ferrari, puso en marcha el motor y encendió la radio. El nuevo single del último álbum de Madonna, Frozen, resonó por los parlantes. A Landsburg le agradó lo que escuchaba y tomó nota mental de adquirir el disco compacto, apretó el acelerador y se marchó a su casa. 

3       Landsburg sabía que lo suyo no era un desorden licantrópico, estado mental en el que el sujeto cree ser una bestia que suele ser la más peligrosa de su región (el lobo y el oso en Europa y el noreste de Asia, la hiena o leopardo en África, y el tigre en la India, China y Japón). A él le constaba que su transformación era real pese a que los exámenes médicos a los cuales se había sometido no arrojaron ningún resultado anómalo. De cualquier forma debería tomar medidas especiales para que nadie descubriera su secreto. El Dr. no estaba casado y vivía solo junto a sus dos empleadas domésticas; Doña Julia, que lo había cuidado desde niño y a la que él había contratado luego de la muerte de los Landsburg progenitores; y la Consuelo, que estaba para desempeñar las labores que Doña Julia ya no estaba en condiciones de llevar a cabo. Consuelo llevaba dos años trabajando para Landsburg y era peruana, de una localidad ubicada al norte de Lima llamada Chimbote. Debido a la mala situación económica de su país, Consuelo (madre soltera a la edad de 15 años) tuvo que dejar a su hija de 6 años al cuidado de sus abuelos y emigrar a Chile. Pese a que la idea de una mocosa pululando por la casa no le complacía en extremo, Doña Julia convenció al Dr. de traer a la hija de Consuelo, Marleni, a vivir con ellos.      Completaba el staff de Landsburg el jardinero Felipe Vargas (que venía día por medio) y “Jaimito”, quien una vez a la semana se encargaba del aseo general de la casa (lo que le tomaba cerca de 12 horas) con una prolijidad tal que sus servicios eran requeridos en varios hogares del barrio alto. El Dr. tenía también dos Rottweilers a quienes había bautizado Apolo y Zeus como los dobermans de Higgins en Magnum. Los canes se mostraban un tanto hostiles ahora que su amo era un hombre lobo, pero no quería deshacerse de ellos aún.        “Bastará con asegurarme que no haya nadie en la casa las noches de luna llena”, meditó Landsburg y así lo hizo para su próxima transformación.  

     Estaba completamente solo en su enorme casa repleta de obras de artes y altar del buen gusto. Se encerró en la habitación de los trastos (que había ordenado limpiar a Jaimito) con un costillar de buey y deslizó la llave debajo de la gruesa e inexpugnable puerta sobre un papel para así poder recuperarla.       El Dr. emergió al día siguiente de aquel cuarto con heridas en los brazos y piernas producto de sus propios mordiscos, las paredes de la habitación mostraban hendiduras de garras por todos lados y el picaporte de la puerta había sido arrancado y probablemente se lo había comido. Nunca había experimentado un suplicio de tal magnitud, un anhelo de libertad tan agobiante. De la misma manera que el circunspecto Higgins no podía restringir las libertades que se otorgaba Thomas Magnum, él no podía encerrar al lobo. 

      Landsburg tomó una ducha y mientras pensaba la explicación que la daría a su servidumbre por los destrozos (que atribuiría a los canes y que proporcionaría, además, la excusa perfecta para deshacerse de ellos) observó como sus lesiones y magulladuras desaparecían. “Ahora soy prácticamente inmortal”, reflexionó el Dr. 4 

     Como es de suponerse, Landsburg no se atrevió a confesar su licantropía con nadie y mucho menos buscar asistencia médica. ¡Él, un hombre de ciencia afectado por una maldición que desafiaba toda lógica! En un esfuerzo por comprender el mal que le aquejaba, recopiló toda la información posible sobre hombres lobos que pudo hallar, enterándose que este ser no era una invención del Hollywood de los años cincuenta sino algo tan antiguo como la humanidad misma. Fe de esto la proporcionaban la multitud de nombres con el que se había conocido al hombre lobo a través de la historia. Los romanos le llamaron versipellis o gerulfus, garwali los normandos, werewolf los anglosajones, wáhr-wólfe los alemánes, Loupgarou los franceses, waerulf los danéses, warulf los suecos, vircolac los eslavos, procolici los rumanos, la lista suma y sigue. Tan antigua era la tradición del hombre lobo de hecho, que investigadores japoneses habían encontrado representaciones de estos y otros seres teriantropos en pinturas rupestres de hace más de 10.000 años. Los hombres lobo y vampiros eran tan viejos como el arte mismo y pertenecían a un mundo en que humanos y bestias no se habían diferenciado.       Con respecto al término “licantropía” este hallaba su origen en el héroe arcadio Licaón que tuvo la mala idea de sacrificar a un niño y servírselo en un banquete a el irascible Zeus para de esta forma poner a prueba su divinidad. Obviamente que a Zeus, que no era un antropófago como su padre Cronos, no le cayó en gracia la broma de su anfitrión a quien en castigo transformó en lobo.  

     El desorden mental licantrópico también parecía ser muy antiguo. Marcelus Sidetes, en el siglo II ya se refería a él como una forma de alienación: “Los hombres son atacados por el mal especialmente en febrero y acechan, solitarios, en los cementerios, como frenéticos lobos.”       De acuerdo a los estudios históricos se podía reconocer a un hombre lobo mediante cinco rasgos físicos que conservaba en su forma humana; cejas espesas, dientes rojizos, un dedo medio bastante largo, uñas largas y orejas situadas muy atrás y muy abajo de la cabeza. El Dr. sólo respondía a una de dichas características; las cejas espesas, pero siempre las había tenido así, ¡cómo se burlaban los niños de él en la escuela!, hasta le habían apodado Beto en alusión al malhumorado títere de tupidas cejas de Plaza Sésamo. 

     Además de los rasgos físicos, la historia señalaba ciertos modos de conducta típicos de los hombres lobo. Se les suponía amantes de la noche (mucha gente bohemia lo es sin ser hombre lobo o vampiro) y cultores de la soledad (¿qué esperaban?, ¿que los hombres lobo se organizaran para formar clubes o sindicatos?) y parecían acosados por una profunda melancolía (cuando te despiertas, después de una noche de luna llena junto a algunos restos humanos mordisqueados, no andas por ahí con una sonrisa de oreja a oreja).       Durante los primeros meses, cuando aún no asumía completamente su condición, Landsburg llegó a odiar la Luna. La veía engordar, noche tras noche y se decía: “cuando estés llena maldita, también me llenaré yo”. Por ese entonces las ideas más descabelladas surcaban su mente, se preguntaba, por ejemplo, si el destruir la Luna, sacarla de la órbita de la Tierra, cesaría su suplicio.

       Después de documentarse lo suficiente, el Dr. Landsburg se percató que para la historia el hombre lobo era algo común: Collin de Plaucy incluso contaba que una mañana de 1542 se había visto a ciento cincuenta hombres-lobo en una plaza de Constantinopla. “Tal vez mi condición no sea tan extraordinaria después de todo”, pensaba el Dr. Landsburg. Probablemente no podría encontrar la Sociedad de Hombres Lobos Anónimos en las páginas amarillas pero le bastaba con saber que había otros como él por ahí, ocultando su verdadera naturaleza al mundo, sufriendo y haciendo sufrir.       Pronto la actitud del Dr. cambió radicalmente y pudo superar las barreras, impuestas por su formación científica, que le impedían aceptar plenamente el fenómeno del que era objeto. “Después de todo la ciencia no es otra cosa sino un pensamiento paranoide aplicado a la naturaleza”, pensaba el Dr. Landsburg, quien terminó por convencerse de incluso estar predestinado a ser un hombre lobo producto de algunas curiosas coincidencias. Era cáncer y la Luna, que gatillaba la transformación, es el regente de dicho signo zodiacal. El Dr. Landsburg, además, era perro en el horóscopo chino y como todos saben, el perro evolucionó a partir del lobo.       A medida que las transformaciones se iban sucediendo, Landsburg conservaba cada vez más las impresiones y reminiscencias de su yo-lobo. Los objetos confeccionados por el hombre le repelían, mientras que los árboles, rocas y arbustos se le antojaban entes vivos que carecían de nombre y que no estaban agrupados por la palabra o el pensamiento. En su mente de lobo no existían especies ni géneros sino meramente individuos.       En estado humano el Dr. conservaba muchas de las capacidades lupinas, su sentido del olfato y del oído se desarrollaron extraordinariamente, al igual que su capacidad atlética. Su aspecto físico y su salud también mejoraron, rumoreándose incluso que se había operado él mismo, quitándose veinte años de encima. La dieta vegetariana de Landsburg no cambió en absoluto ya que contrario a lo que podría pensarse, en estado humano no sentía un deseo inusual de comer carne. Sólo comía carne en noches de luna llena, carne humana. 

      Estos beneficios colaterales, junto al firme propósito de adaptarse a su nuevo estado y evitar caer en la autocompasión le llevaron a enfrentar su problema de una forma positivista algo exagerada (siendo esto no otra cosa sino un mecanismo de autodefensa para soportar la maldición). En aquel entonces al Dr. no le preocupaban mayormente las personas que morían con la llegada de la luna llena, después de todo no era su culpa que mensualmente, y en un par de noches, se registrarán entre 7 y 9 asesinatos en los que poco y nada quedaba de las víctimas para ser reconocidas por sus adoloridos deudos.       “Yo soy el otro”, escribió Gerard de Nerval, idea tan antigua como la de los hombres-lobo y que han repetido incansablemente los poetas desde Blake y los románticos alemanes. El lobo, el otro yo del Dr. Landsburg, era el culpable de las muertes. Él había tratado de evitarlo, había puesto las esposas, se había retirado a su casa en la playa, mas todo era inútil. Había investigado y no había cura.  

     –¿Cura? ¡Lo mío no es una enfermedad! Es una condición –se decía el Dr. Landsburg–. Como el daltonismo por ejemplo.       El lobo ya no asustaba a Landsburg y había dejado de maldecir a la Luna, a la cual ahora profesaba su amor.        –Me da lo mismo que me digan que la Luna es una roca inerte en el firmamento, yo sé positivamente que no lo es –solía decir el Dr. parafraseando a Lawrence–. La Luna, símbolo femenino mortuorio y cíclico. Controladora de todos los planos cósmicos sujetos a la ley del devenir: aguas, lluvia, vegetación, fecundidad, hombres lobo…       A pesar que el lobo como símbolo es ambivalente, el Dr. imbuido por su positivismo prefirió quedarse con el aspecto benéfico, en contraposición al feroz y satánico. El lobo es símbolo de la luz porque ve en la noche, esa era su significación entre los nórdicos y los griegos que lo atribuyeron a Belen y Apolo. Entre los mongoles, el lobo tenía carácter celeste y se le consideraba el ancestro del gran Gengis Khan. También en China se le vincula al cielo, siendo personificación de la estrella Sirius, guardián del palacio celestial (la Osa Mayor). El hecho que el lobo desempeñara el papel de psicopompo y que su boca fuera el símbolo de reintegración cíclica en la mitología escandinava hicieron creer al Dr. que las víctimas de su yo-lupino no podían encontrar una mejor forma de morir. La adaptabilidad del ser humano parece no tener límites, se decía Landsburg, uno se acostumbra a todo. La Fontaine estaba en lo correcto cuando, al oír lamentar la suerte de los condenados en las llamas del Hades dijo: “Pienso que al final se acostumbrarán y estarán allí como el pez en el agua”. 

5       La primera víctima humana de Landsburg fue “la Jacqueline”, una muchacha que ejercía el comercio sexual. Jacqueline tenía tan sólo doce años cuando el borracho de su padre llevó a casa a un amigo suyo para que la violase. Ella se negó enérgicamente y el padre mismo la violó para que no se hiciera la caprichosa, luego le tocó el turno a su amigo. Desde aquella noche Jacqueline no volvió a oponer resistencia. Durante años tuvo relaciones sexuales con su padre hasta que lo arrolló un camión, Jacqueline fue acogida entonces por uno de los amigos del viejo que oficiaba de proxeneta y que la obligó a prostituirse. Landsburg la despedazó con rapidez para luego seguir con Rodrigo Fuentes; taxista; 62 años; jubilado de Carabineros; padre de dos hijos y abuelo de cinco nietos; fanático del fútbol, los buenos asados y la de proxeneta y que la obligó a prostituirse. Landsburg la despedazó con rapidez para luego seguir con Rodrigo Fuentes; taxista; 62 años; jubilado de Carabineros; padre de dos hijos y abuelo de cinco nietos; fanático del fútbol, los buenos asados y la Sonora de Tommy Rey. Don Rolo (como le decían en el barrio) había tenido la mala idea de detener su vehículo para contemplar la carnicería. Mala suerte.      Landsburg se sirvió luego a Delia Jorquera (una anciana vagabunda de la que no podemos decir mucho salvo que apestaba a orines) y a Javier Eltit; Diseñador Gráfico de una importante agencia de publicidad; 35 años; de signo zodiacal Géminis; muy imbuido en los temas esotéricos y fanático de bandas como Atari Teenage Riot, Nine Inch Nails y Slayer. Javier viajaba por la costanera a 140 km./hora en su moto Steed cuando el licántropo le saltó encima. Antes de tocar tierra ya estaba muerto con el cuello seccionado. Su novia de 19 años, Esperanza Gubbins (prima del estudiante de Literatura y joven promesa de la narrativa chilena, Carlos Andrade), lo esperaba en el departamento que ambos compartían para celebrar el primer aniversario desde que vivían juntos. Había preparado una cena especial y esperaba hacer el amor toda la noche con Javier, a quien llamaba cariñosamente “Pinky” y cuyos restos los efectivos policiales habrían de reunir en cinco bolsas distintas. 

     El licántropo ya había saciado su hambre, pero de todas maneras mató a una persona más antes que despuntara el alba, un borracho que dormía sobre el banco de una plaza y que resultó ser no otro que Miguel Alvarado alias “Cocofla”, estudiante de cuarto año de Sociología de la Universidad Arcis. Cocofla venía de un recital de Bad Religion en la Discotheque Laberinto, había estado dos horas encerrado en el baño de mujeres para no pagar y luego se había emborrachado con unas botellas de vodka y pisco que habían entrado clandestinamente unos conocidos suyos. Terminada la tocata y abandonado por sus amigos, Cocofla intentó abordar una micro pero antes de llegar al paradero lo venció la borrachera, y ahí, durmiendo la mona sobre un banco lo encontró el lobo.       En un principio, Landsburg pensó que le descubrirían, sobre todo cuando los periódicos sensacionalistas comenzaron a especular sobre la desaparición de varias personas que no dejaban más rastros que algunas manchas de sangre. Primero, se habló de un asesino en serie, las versiones sobre un monstruo de pelaje grisáceo y dientes agudos como navajas eran demasiado absurdas, incluso para la prensa amarillista. Finalmente los medios debieron aceptar la existencia de, por lo menos, un animal noctívago con una particular debilidad por la carne humana. Se recomendó a la población santiaguina no abandonar sus hogares las noches de luna llena, que era cuando la bestia cobraba sus víctimas pero esto no sirvió de nada. Existían personas de hábitos nocturnos que no se intimidarían por un perro grande, por lo demás, ¿quién se va a estar preocupando de observar el estado de la Luna antes de salir de noche?

       Siempre en Lunes, el programa de televisión con el más alto rating desde que se inventara el people meter y que ni siquiera el Dr. Landsburg se perdía, invitó como era de esperarse a expertos en el tema. Szandor Rivero, periodista argentino especializado en desenmascarar fraudes paranormales desestimó, pese a las rotundas evidencias, que se tratara de un hombre lobo.       –La primera mención a un hombre lobo sería en el siglo quinto A.C. –señaló Rivero al ser consultado sobre el tema–, cuando los griegos, al asentarse en las costas del Mar Negro tomaron a los habitantes de otras regiones por hechiceros capaces de metamorfosearse en bestias salvajes. La leyenda más conocida sin embargo proviene de la campiña francesa. Basta decir que entre 1520 y 1630 tuvieron lugar más de 30,000 juicios a hombres-lobo en dicho país. La mayoría de las personas que fueron llevadas ante los tribunales eran gente pobre, que provenía de tierras bajas con elevaciones de menos de 500 1520 y 1630 tuvieron lugar más de 30,000 juicios a hombres lobo en dicho país. La mayoría de las personas que fueron llevadas ante los tribunales eran gente pobre, que provenía de tierras bajas con elevaciones de menos de 500 metros sobre el nivel del mar. Una teoría reciente señala que toda esta psicosis colectiva de hombres lobo fueron resultado del hongo Ergot, que se desarrolló en el pan de centeno, la principal fuente de alimentación de los pobres. Dicho hongo, era un poderoso alucinógeno. La histeria de hombres lobo sería el resultado de una alucinación en masa ya que gran parte de los acusadores y acusados eran consumidores de pan de centeno. El pan que comían los ricos se elaboraba sobre la base de trigo, inmune al hongo Ergot. Esto explica la ausencia de casos de licantropía en dicho segmento de la población. 

     –¿Qué es lo que quiere decir, profesor Rivero? –preguntó la preciosa Carolina Russolo, una de los tres conductores del programa cuya profesión era la de reina de belleza.       –Quiero decir que estamos ante un caso de psicosis colectiva, similar a la ocurrida en Francia en el siglo XV –contestó Rivero–. Me temo que estamos a las puertas de una nueva caza de brujas.  

     Al igual que en los libros filosóficos de Tlön, Siempre en Lunes suele incluir la tesis y la antítesis, el riguroso pro y el contra de una doctrina. Su director, Bertrand González, sabe bien que un programa de televisión que no encierre su contraprograma es un programa incompleto por lo que también invitó al afamado investigador de lo paranormal Jaime Cáceres, experto en OVNIs, psicofonías, apariciones marianas y otras yerbas.        –Sólo por siaca, Don Jaime –dijo el Pipe Marambio, de profesión bueno pa’l hueveo y a quien Landsburg conocía de los tiempos en que Marambio animaba las fiestas del Club de Polo–, ¿qué precauciones tenemos que tomar pa’ protegernos de los hombre lobos? 

     –El método más seguro para eliminar a un hombre lobo –dijo Cáceres– es la plata.      –O sea que le tiro unas monedas y listo, profe –acotó el Pipe provocando las carcajadas del público. 

     –Me refiero a penetrar su cabeza, corazón o cualquier otra parte vital de su cuerpo con el metal llamado plata –continuó Cáceres sin perder su habitual compostura–. La plata tiene el mismo efecto corrosivo en los hombres-lobo que el ácido en el cuerpo humano, neutraliza las capacidades regenerativas de la criatura. El hombre lobo, ya sea en forma humana o de lobo, no será capaz de regenerarse con la nueva luna llena y morirá indeclinablemente. Ahora bien, cabe señalar que no existen aún pruebas que confirmen que el responsable de las muertes sea un hombre lobo, ni siquiera existen pruebas de que esta criatura mitológica exista, yo tengo otra teoría…      –¿Y cual es esa teoría, profesor? –preguntó la hermosísima Carolina, una de las pocas mujeres que no necesitaba bisturí de acuerdo al Dr. Landsburg (por lo menos hasta que los años se le vinieran encima) y que gustaba de leer indistintamente tanto a Paulo Coelho como Nietszche, además de mantener una relación extra-marital con el Pipe (la cual era un secreto a voces). 

     –Yo creo, Carolina –dijo muy serio Cáceres–, que las muertes son obra del chupacabras.       –¿Del chupacabras? –exclamó sorprendido el Pipe–, no hueveé profe.      –Mis investigaciones me han llevado a concluir que el EBA (o ente biológico anómalo) conocido como chupacabras, es la mascota olvidada de un equipo de investigación alienígena. Lo que en un principio no era más que un cachorro se ha desarrollado y ahora posee la capacidad y fuerza necesaria para alimentarse de humanos. El chupacabras puede teletransportarse utilizando los campos geomagnéticos de la Tierra, lo que representa una enorme ventaja evolutiva.

      –Eso explicaría entonces sus ataques en distintos puntos del planeta, y el que haya sido imposible su captura –comentó la superlativamente agraciada Carolina como si diera crédito a las palabras del charlatán.       –En efecto, Carolina –respondió el embelesado ufólogo con la mirada fija en aquellos grandes ojos azules de nuestra única Miss Universo–. Usted además de bella es muy inteligente. 

     –¡Por favor! –exclamó indignado Rivero–, que este asunto no involucre hombres lobos no quiere decir que usted los reemplace por el aún menos probable chupacabras, ¿tiene usted alguna noción mínima de ciencia?, ¿ha oído hablar de la Paradoja de Fermi?      Samuel Álvarez, de profesión humorista y tercer y último integrante en importancia del triunvirato de conductores trata de calmar los encendidos ánimos de Rivero con el chiste de rigor: dos siameses llegan al médico, uno está todo rasguñado, el médico pregunta ¿cuál de ustedes es el hombre lobo?        El Pipe y el resto de los conductores, invitados, público y tele-espectadores se desternillan de la risa, todos menos Szandor Rivero que no se explica cómo fue que aceptó venir al programa.  

     Landsburg, que había seguido la transmisión desde la comodidad de su cama king size en compañía de María Gracia (con la que había hecho el amor cinco veces durante las tandas comerciales), apagó la tele. Inmersos en la oscuridad del dormitorio los amantes se abrazaron y María Gracia dijo:      –Tú deberías tener un programa de televisión.  

     –¿Yo en la tele? –preguntó Landsburg–. Debes estar bromeando.      –De ninguna manera –aseveró María Gracia– eres muy fotogénico, Cristóbal, tienes mucha mejor facha que el roto ordinario del Pipe Marambio, ¡no sé que le encuentran a ese gallo! 

     –Es simpático, representa muy bien al chileno bueno pa’l hueveo. Yo no sería capaz de conducir un programa como Siempre en Lunes.      –No hablo de que hagas un programa como ese, sino algo que tenga que ver con lo tuyo. 

     –¿Con la cirugía?      –Sí, se podría hacer un casting de gente que necesite arreglarse algo, pero no deformidades congénitas o de grado patológico, nada de labios leporinos, secuelas cicatrizales de quemaduras, pérdidas de sustancia por resección de tumores o accidentes, eso no lo quiere ver el público. 

     –¿Qué entonces? ¿Liftings, mamoplastias, abdominoplastias, lipoaspiraciones…?      –You got the idea, Chris. En el programa se mostraría a los pacientes en tu consulta hablando de que quieren hacerse y porqué, luego podría ir parte de la operación y después como quedaron y la forma en que la operación ha mejorado sus vidas. Ellos no pagarían un peso, sería financiado por el canal, y tú te convertirías en una estrella mediática. 

     –No sé si quiera convertirme en una estrella mediática.      –Hasta te tengo un nombre para el programa, “Cirugía del cuerpo y del alma”, es una idea ganadora, te lo aseguro. 

     –No sé, no me convence.       –Bueno, si no lo haces tú ya verás como alguien se te adelanta –sentenció María Gracia volteándose. 

     Landsburg permaneció despierto unos minutos más en medio del silencio nocturno, reflexionado lo positivo que era que se tomara a la broma los ataques del licántropo para finalmente concluir que dentro de un tiempo sería tan habitual que murieran despedazadas cinco o seis personas durante las noches de luna llena que nadie daría mayor importancia al asunto, pero el Dr. se equivocaba. 6 

     Pese a que Landsburg no poseía plena conciencia en estado de lobo, sí recordaba algunos detalles de sus correrías nocturnas y conservaba suficiente conciencia como para no atacar a un familiar, amigo o cliente, así mismo como niños y mujeres embarazadas (cabe recordar que el hombre lobo en forma lupina retiene suficiente conocimiento como para reconocer víctimas, evadir trampas, etc.). Como bien sabemos el licántropo se había zampado a criminales menores, parejas de enamorados, pordioseros, trabajadoras sexuales, nadie que fuera significativo para el gran público. Pero entonces, tragedia nacional, ¡el hombre lobo se había comido al Pipe Marambio!       Luto nacional, banderas a media asta. Fue la gota que colmó el vaso, el Gobierno decidió que era tiempo de hacer su entrada y optó, no sin las acostumbradas discrepancias partidistas, a decretar toque de queda en Santiago las noches de luna llena, lo que se conoció como “restricción lunar”. Una vez más las fuerzas armadas se volcaron a las calles para “garantizar la paz ciudadana” y “hacer cumplir la normativa”. Se cometieron algunos excesos pero después de todo era por el bien del país. Lo irónico de todo esto, es que el Dr. no era el responsable de la muerte del Pipe, sino un asesino a sueldo contratado por Maximiliano Canala-Etcheverría, el celoso y multimillonario marido de la Russolo.       Michael Fallon era británico y un especialista en realizar homicidios que aparentaran ser accidentes, razón por la que se había ganado el apodo de “Accident-Man”. Para él fue muy fácil deshacerse del Pipe simulando un ataque del hombre lobo, cobró la otra mitad de su paga (que el anciano marido de la reina de belleza depositó en una cuenta en Suiza) y regresó a su apacible casita de ladrillos en la ciudad de Lowestoft en el condado de Suffolk, Inglaterra, donde vivía junto a sus tres gatos.       En cuanto a la brillante medida implementada por el Gobierno, esta duró tan sólo unos meses. La gente ya estaba harta de la restricción vehicular, los ahorros de luz forzados, las botillerías cerradas después de las doce de la noche… La oposición, que hace tiempo exigía que el Gobierno tomara cartas en el asunto le echó luego en cara el implementar un régimen del terror y hasta se dijo que el monstruo era un sistema de limpieza étnica del gobierno, coludido en cierto complot internacional orquestado por los socialistas. Giorgio Giordano, el diputado ecológico, llamó por otra parte a un acto público en contra de la restricción lunar, que se sumaba a todas las otras medidas que amenazaban la libertad y derechos ciudadanos. Finalmente, los militares se negaron a seguir protegiendo a la ciudadanía. ¿Quién nos protege a nosotros?, alegó el general al mando. Al monstruo le gustaban tanto los militares como los civiles.  

     Debido a la delicada situación que vivía el país, es decir, Santiago y sus alrededores, el Dr. Landsburg decidió abandonar Chile durante un tiempo. Dejó a su socio, el doctor Víctor Carrera a cargo de la clínica y emprendió un viaje de dos años a Israel, Alemania, Brasil y Estados Unidos, donde se especializó en los nuevos procedimientos de la cirugía plástica y degustó la carne extranjera. Landsburg intentó, además, contactarse con otros de su especie e incluso regresó a Rumania en busca del lobo alfa que le había engendrado, pero todo fue en vano. ¿Cómo era posible que él fuera el único hombre lobo en el mundo?, se preguntaba Landsburg, ¿dónde estaban sus demás hermanos? Ante el fracaso de sus pesquisas el Dr. hubo de contentarse con observar a los lobos enjaulados de los zoológicos de las principales capitales que visitó. Para su sorpresa ahora podía distinguir perfectamente a los machos de las hembras, que despertaron en él novedosos deseos zoofílicos. Era una suerte que en su forma lupina su principal deseo fuera el de cazar y no reproducirse ya que en Chile no había ni una sola loba (ni siquiera en el zoológico metropolitano) y encontraba indigno cruzarse con una perra.       A su regreso a Chile el ambiente socio-político se hallaba más tranquilo y la polémica del momento se centraba en el magnate norteamericano George Kettenmann y su proyecto de crear un “santuario de la naturaleza” en la Décima Región. Kettenmann era partidario de lo que el ecofilósofo noruego Arne Naess denominó “ecología profunda”, algo que nadie sabía muy bien de qué se trata pero que aparentemente se asemeja a las ideas de San Francisco de Asís y a lo que en países desarrollados se conoce como “perennial philosophy”, término cercano al ecocentrismo.       Kettenmann había publicado un aviso en la prensa local pidiendo información que condujese a la captura de los responsables de una matanza de lobos marinos cerca de una empresa salmonera de la zona y como respuesta se produjo una avalancha de denuncias que señalaban el presunto acoso de Kettenmann hacia los colonos, además de surgir versiones que señalaban que el territorio del norteamericano (el 22 por ciento del total de terrenos de la provincia de Palena) era una amenaza a la seguridad de la nación, y que daría paso a una nueva Colonia Dignidad, un basurero nuclear, o una nueva patria judía.        Ajeno a estas polémicas, Landsburg reformó la clínica de cirugía plástica convirtiéndola en clínica estética, especializándose en la tecnología láser, y cambiando el bisturí por el rayo de luz colimado, coherente y monocromático. Al igual que en la mayoría de los países industrializados el Chile de la década de los 1990’s experimentaba un auténtico boom de cirugías estéticas por lo que el Dr. estaba ganado dinero a camionadas. 

     Los servicios de Landsburg ya no eran un bastión exclusivo de la clase alta y tanto secretarias como vendedores de seguros se endeudaban con el banco para cortarse unas cuantas lonjas de cadera o hacerse un lifting. La cosa llegaba a tal extremo que unos padres, tan necios como ricos, quisieron regalar a su hija, con motivo de su decimocuarto cumpleaños, una implante de pechos. El Dr. Landsburg se negó a hacer la intervención explicándoles que a los doce años la niña aún no terminaba de desarrollar sus propios senos. Los padres encolerizados demandaron al Dr. pero los jueces, como es lógico, le dieron la razón a Landsburg.       Rosa Montero, lúcida cronista de la revista El Sábado de El Mercurio (al que el Dr. estaba suscrito por supuesto), había redactado: “Vivimos en un mundo hipertecnológico en el que casi todo es posible, y el deseo de ser Dios es demasiado fuerte. ¿Qué mayor poder aparente sobre la vida puede haber que el de construirnos a nosotros mismos? Cambiar de sexo, como los transexuales; de raza, como los chinos; o, más modestamente, de nariz, de glúteos, de barriga. Cambiar de cuerpo, en fin, y luchar contra los estragos de la edad, como si la eternidad fuera posible. Pero no lo es, y, por mucho que nos estiremos y recosamos, la muerte siempre acaba por devorarnos.” ¡Que identificado se sintió el Dr. Landsburg con esas palabras! Él era un dios que dispensaba inmortalidad a sus pacientes pero que también acababa con la vida de los indeseados, él cambiaba de cuerpo y nunca envejecería, lo que podría suponer un problema a la larga, pero el Dr. ya se ocuparía de ello a su debido tiempo.    

7      Los medios de comunicación volvieron a divulgar las andanzas del monstruo y una vez más el gobierno intentó decretar estado de emergencia y restricción lunar pero nadie hizo caso, había mayor mortandad por conductores ebrios que por un hombre lobo. El Dr. nunca se había sentido más seguro y confiado. Entonces comenzaron sus verdaderos problemas.  

     Lo primero fueron ciertos indicios de que su yo lupino se estaba tornando incontrolable, cuyo mejor ejemplo fue la cirugía que hubo de practicarle a una dama de la alta sociedad que había recibido un zarpazo de la bestia en los glúteos. La excelentísima señora era una de sus mejores clientes y cada vez que le solicitaban ser portada de revista acudía con él a “arreglarse” algo. Imaginen la preocupación del Dr., hasta ese momento sólo había atacado a desconocidos (lo que de alguna manera alivianaba su sentimiento de culpa) pero ya no podría estar seguro de no zamparse a algún amigo, cliente o familiar. A esto hubo de sumarle Landsburg una demanda por cuasidelito de lesiones graves interpuesta por una de sus pacientes luego de que se acreditara que había dejado una compresa de gasa en uno de sus implantes. El Sexto Juzgado del Crimen de Santiago decidió someterlo a proceso por el cuasidelito de lesiones graves debido a esta negligencia médica “inexcusable” y el escándalo que se desató al filtrarse la noticia fue de proporciones afectando profundamente la impecable reputación del Dr. Pero lo peor estaba aún por llegar tras el infortunado fallecimiento de una paciente en su exclusiva clínica.       El procedimiento llevado a cabo por su socio, el Dr. Carrera, había consistido en una doble cirugía: implante mamario y estiramiento de abdomen, lo que significó casi seis horas de pabellón. A eso de las tres de la tarde del día siguiente, la paciente comenzó con síntomas de taquicardia y baja de presión. El doctor Carrera consultó con Landsburg quien concluyó que probablemente tendrían que efectuar una transfusión sanguínea, pero antes de llevarla a cabo la paciente falleció a causa de una embolia pulmonar, una complicación poco frecuente pero propia de cirugías estéticas de alta complejidad como es efectuar dos procedimientos en una misma intervención.  

     Dos querellas (una criminal y otra civil) fueron interpuestas en contra del Dr. Landsburg y su socio. Su reputación se hundió más aún y el escándalo creció a proporciones insoportables, Landsburg lo único que deseaba era huir al extranjero, deseo que no podía llevar a la práctica debido a la orden de arraigo emitida en su contra.        El único consuelo del Dr. ante todos estos contratiempos era que pronto habría Luna llena pero incluso esto le producía cierto resquemor ante la posibilidad de que el lobo actuara descuidadamente.  

     Esa noche, como cada mes, el Dr. Landsburg había abierto los ventanales de par en par y contemplaba pacientemente al sol ocultarse tras la cordillera mientras escuchaba los Conciertos brandenburgueses de Bach. Cuando el astro estaba a punto de abandonar completamente el firmamento y justo en el mismo instante en que se oía el increíble solo de clavelín del primer movimiento del quinto concierto, Landsburg comenzó a resoplar fuertemente por la nariz y a jadear como un cánido. Ya adoptando la pose cuadrúpeda, saltó por la ventana hacia el enorme patio de su residencia y dio la bienvenida al lobo.        El licántropo estaba impaciente y en vez de merodear por las periferias de la ciudad, lejos de su exclusivo barrio donde nadie se metía con nadie y nadie veía nada, irrumpió con violencia en la casa de sus vecinos modificando inesperadamente sus hábitos de cacería. Primero atacó a los dos perros de la familia (un dogo argentino que respondía al nombre de Polo y un pastor belga llamado Lucas) para luego seguir con la asesora del hogar cuya habitación se ubicaba en un pasillo junto a la cocina.     La Sra. Eduviges tenía 54 años y era oriunda de Panguipulli, llevaba diez años trabajando con la familia Arestizabal-Hoffman y se sentía muy agradecida de sus patrones que la trataban dignamente y le tenían el pago de sus imposiciones al día. A los pies de la escalera que conducía al segundo piso y los agradecida de sus patrones que la trataban dignamente y le tenían el pago de sus imposiciones al día. A los pies de la escalera que conducía al segundo piso y los dormitorios el licántropo se encontró con el jefe de hogar en pijama y empuñando una pistola, José Ignacio Arestizabal Lorenzini, de 47 años, era colega del Dr. Landsburg; había estudiado Medicina en la Universidad de Chile y Psiquiatría en la misma casa de estudios; tenía un postgrado en el Nacional Addiction Centre, Institute os Psychiatry of Maudsley and Bethlehem Hospital, University of London y un postgrado en Abuso de sustancias de la Universidad de Yale; le gustaba practicar el parapente, sus escritores favoritos eran Tom Clancy y Robert Ludlum y le gustaban las películas de James Bond. El licántropo recibió cinco disparos en el cuerpo y luego destrozó a José Ignacio. Arriba le esperaban abrazados en una esquina los restantes miembros del núcleo familiar. Francisca Hoffman Cruchaga tenía 32 años y era “Artista visual”, poseía una licenciatura en arte mención escultura y un postítulo en arquitectura y manejo del paisaje de la Universidad Católica, la Pancha había participado en un sinnúmero de exposiciones tanto en Chile como en el extranjero y para ella el arte podía definirse en la frase de Joseph Beuys: “Denken ist Form”. Luciano Arestizabal Hoffman tenía 9 meses, pesaba 11 kilos, medía 79 cms. y gustaba de llorar y beber leche del pecho de su madre; Candelaria Arestizabal Hoffman tenía 13 años, estudiaba en las Monjas Francesas y era fanática del animé y Placebo, sus amigas la llamaban “Candy”, tenía el cabello rubio y quería desesperadamente tinturárselo negro, pero sus padres se lo habían prohibido. El licántropo dio cuenta de ellos de una forma particularmente bestial dejando tras de sí un escenario de sangre y vísceras que los periodistas no dudarían de calificar como “dantesco”.       El hombre lobo se disponía a retirarse del hogar de la extinta familia cuando una potente luz penetró de improviso por la ventana del dormitorio, la intensidad del foco cegó al licántropo y este huyó hacia los faldeos precordilleranos contiguos al Arrayán, corriendo velozmente con su perseguidor volando detrás de él por sobre las copas de los árboles más altos. Una y otra vez el licántropo cambió bruscamente de dirección en busca de un fragmento más tupido de bosque, sólo para ver de nuevo frente a si el rayo de luz del helicóptero, un A-H 64 Apache de esos que fueron utilizados exitosamente durante la guerra de Golfo de 1991 cuando destruyeron más de 800 blindados e inutilizaron radares estratégicos iraquíes.  

     El Apache que perseguía a Landsburg estaba diseñado para combatir tanto de día como de noche y con cualquier condición meteorológica, estaba armado de un cañón de 30 milímetros montado en el eje y sobre el fuselaje; de un lanzacohetes de 70 milímetros y de cuatro lanzadores de misiles de tipo Hellfire (antitanques), Sidewinder (antiaéreos) y Sidearm (antirradares). Este helicóptero por supuesto que no pertenecía a la Fuerza Aérea chilena, sino a cierto particular muy acaudalado e inescrupuloso.       Tras una hora de persecución el Apache acorraló al licántropo en un yermo al pie de un acantilado. El lobo intentó trepar por la rocosa muralla pero le fue imposible, el helicóptero había descendido cortándole la vía de escape. Dos hombres con atuendos paramilitares se bajaron del Apache y el licántropo se dispuso a atacarles, los sujetos le apuntaron con sus fusiles y antes que pudiera saltarles encima lo acribillaron a balazos. El Dr. jamás había recibido una bala en el cuerpo, ya fuese en estado lupino o como humano, pero sabía que estas no eran balas comunes, eran balas de plata.       Los poderosos músculos del licántropo se contrajeron al igual que garras, comillos y pelaje. En medio de un indescriptible y dulce dolor más cercano al éxtasis divino que otra cosa el hombre lobo recuperó su forma humana.  

     El asombroso factor regenerativo de Landsburg no estaba funcionando, parecía increíble, pero se estaba muriendo.       –¿Quiénes son ustedes? –logró balbucear el Dr. mientras escupía sangre e intentaba ponerse de pie.      –Esto es de parte del Sr. George Kettenmann –dijo uno de los sujetos desenvainando una katana de plata–. Usted es una muy mala propaganda para Chile como destino turístico, el Sr. Kettenmann ha tolerado suficiente su existencia y no puede permitir que un hombre lobo ajeno a la Hermandad le arruine su proyecto de instalar un resort para licántropos en el sur. 

      –¿De qué hermandad está hablando?        –La Hermandad del Plenilunio, la organización más grande de licántropos del mundo.

      –¿Y por qué nunca se me invitó a unirme?       –Usted fue mordido por un miembro expulsado de la hermandad, y al ser un lobo beta engendrado por un alfa desafiliado no posee el derecho a incorporarse a la organización.  

     –¿Que hay del lobo alfa que me infectó?      –Fue eliminado poco después que lo mordiera, esa misma noche de hecho. Le estábamos siguiendo la pista hacía meses a ese desgraciado. Si usted no hubiese abandonado su habitación del hotel todo esto podría haberse evitado Dr. 

     Todo quedaba muy claro ahora. Landsburg no había podido encontrar más hombres lobos porque estos le rehuían. Él era como un leproso para ellos, el hijo bastardo que se negaban a reconocer.      –Nuestro jefe me ha pedido que le lleve su cabeza –dijo el sujeto de la katana–, así que si me permite… 

     Mucho se ha especulado sobre lo que experimenta la mente de alguien que está a punto de morir y no son pocos quienes postulan que la vida entera del individuo pasa ante sus ojos en un breve instante. En el caso del Dr. Landsburg, su mente se fijó en un recuerdo en particular: el último capítulo de Magnum P.I., tanto el “aparente”, como el verdadero.       Anticipándose a la presunta cancelación de la serie en la primavera de 1987, los productores de Magnum filmaron un dramático y surrealista final en el que el personaje interpretado por Tom Selleck era asesinado de un balazo para luego irse directo al cielo. Sin embargo el programa favorito del Dr. gozaría inesperadamente de una nueva temporada, obligando a los guionistas a convertir la muerte y ascensión al Reino Celestial de Magnum en un “sueño”. El verdadero final de la serie saldría al aire en mayo de 1988 en un capítulo de dos horas en el cual Thomas Magnum abandonaría el negocio detectivesco, se reuniría con su hija perdida y se reincorporaría a la armada. ¿Era este, al igual que en el caso de Magnum, sólo un final aparente? ¿Se extendería la temporada de caza para el licántropo hasta su verdadero retiro?  

     La hoja de la katana cercenó de un sólo y certero golpe la cabeza del Dr. Landsburg que rodó por el suelo con una expresión beatífica en el rostro, expresión que posteriormente sorprendería a George Kettenmann. © 1997-2003, Sergio Alejandro Amira A. 

El hombre lobo en la ciencia ficción

terror. No sé que diablos será y puede que sátira sea la forma más adecuada para definirlo. Sea como sea e independiente de la taxonomía debo mencionar que es el único cuento de mi producción (en su versión original al menos) que le ha agradado minimamente al riguroso y taciturno ex-pope de la ciencia ficción chilena, Luis Saavedra.      Licantropía contemporánea data del año 1997, y sufrió varias correcciones menores hasta su versión definitiva del 2004. Encuentro particular deleite en los cuentos que toman ideas cliché o tópicos gastados dándoles una vuelta de tuerca y eso fue lo que pretendí con Licantropía… La idea original surgió tras la lectura en un suplemento de viajes que detallaba las ofertas turísticas de Transilvania. De inmediato imaginé a un personaje chileno viajando a las tierras del Conde Drácula y siendo mordido por un hombre lobo. ¿Por qué no por un vampiro?, no sé, hubiera sido lo más lógico pero yo no tenía en mente escribir sobre vampiros sino sobre hombres lobo.  

     A la hora de diseñar al personaje pensé: ¿quién sería el tipo menos probable como para convertirse en un hombre lobo? La respuesta: un acaudalado cirujano plástico. El resto surgió sólo. Hasta ese momento la única obra de ficción que había leído sobre el tema de la licantropía era A la deriva entre los islotes de Lagerhans: Latitud 38º 54’N, longitud 77º 00’13 O, cuento de Harlan Ellison incluido en Los Premios Hugo 1973-1975 (según Asimov esta narración ganó el Hugo ya que cuando se imprimió el título no quedó espacio para el resto de los nominados). A la deriva… comienza con el siguiente párrafo: “Cierta mañana, al despertarse en su cama de algas después de tener sueños inquietos, Moby Dick se halló transformada en el capitán Ahab”. ¡Grande Ellison!, ¡que buena alegoría! Pero hasta ahí no más las alabanzas para el diminuto y temperamental escritor. Nada más de lo suyo que he leído me ha gustado, ni siquiera su mediocre antología Visiones Peligrosas, que salvo el cuento de Sturgeon no ofrece nada realmente “peligroso” e  incluye algunas narraciones bochornosamente malas.      Mi idea era escribir algo parecido a A la deriva… entonces, pero por suerte lo que salió fue muy distinto. Lo que más apreciaba del cuento de Ellison era la sutileza con que trata el tema del licántropo haciéndolo tan imperceptible que se transforma casi en un ruido de fondo, algo muy distinto a lo que ocurre en mi narración, donde el hombre lobo es una estridencia omnipresente que se hace sentir desde el título, que adopté del poeta surrealista Louis Aragón. Obsérvese sus versos: 

Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y unocerca de Paviacuando me apresaron en la campiña por donde [deambulaba víctima de los primeros efectos del [mallos campesinos no quisieron creerme cuando les [dije la verdad  

Rehusaron tomarme por lobo furioso a causa de mi piel humana y Santos Tomases eternos de la ciencia  

experimental. Cuando les confesé que mi piel lupina estaba 

[oculta entre pellejo y carne 

con sus puñales me hicieron tajos en los miembros   [y el cuerpo 

para verificar mis melancólicas afirmaciones      no me tocaron la cara 

     espantados por la atroz poesía de mis rasgos.       Luego de escribir Licantropía contemporánea, y mientras husmeaba entre los escasos títulos de ciencia ficción de la librería Catalonia, encontré El Hombre Lobo Insólito, y sin dudarlo dos veces desembolsé el oneroso precio que por él exigían. Este libro forma parte de una tríada sobre monstruos clásicos que completan Frankenstein Insólito y Drácula Insólito, de hecho posteriormente encontraría estos tres títulos en otra librería, ¡por el mismo precio que yo había comprado El Hombre Lobo Insólito!  

     Volví a encontrarme en esta recopilación con A la deriva…, el cuento de Harlan Ellison, quien además escribe el prólogo. Aunque no queda del todo claro me parece que Ellison no actuó como antologador en este caso, dicha función no está acreditada y sólo figuran como responsables los Editores Asociados: David Keller, Megan Miller y John Betancourt, que asumo habrán seleccionado los cuentos. De cualquier forma y como suele ocurrir en estos casos la calidad de las narraciones es muy dispar correspondiendo las más afortunadas no a los “grandes nombres” anunciados en la portada como Robert Silverberg o Philip José Farmer, sino a los menos conocidos (el cuento de Silverberg de hecho es malísimo).        El único relato de esta antología que trata el tema del hombre lobo en clave de ciencia ficción es Y la luna llena brillará de Brad Strickland. Están Ellison y Niven también, pero en el caso del primero la condición licantrópica del protagonista es un mero vehículo para justificar un viaje al interior del “alma” humana (literalmente), y en lo que al autor de Mundo Anillo respecta, su relato no involucra hombres lobos propiamente tales sino seres humanoides que evolucionaron del lobo en vez del mono.       El cuento de Strickland relata las desventuras del último hombre lobo sobre la faz de la Tierra, sometido a estudios psíquicos y biológicos por parte de un indolente científico. “Usted no posee derechos.”, señala el doctor a Kazak, el hombre lobo, “ La Constitución planetaria garantiza derechos a los humanos, y usted es un licántropo. Algo muy diferente. Tal vez un Homo sapiens ferox.” El doctor Iglace también nos revela que la licantropía no es una maldición sino una condición, genética por un lado, y contagiosa por el otro. La mordedura de un hombre lobo en su forma lupina, explica el doctor, conlleva una secreción de las glándulas salivares que altera el ADN de manera sutil pero crucial en las personas que poseen el gen licantrópico recesivo. Otras características de la licantropía explicadas de manera verosímil por Strickland son:

      La voracidad del hombre lobo. La transformación exige un gran gasto de energía y el licántropo debe comer por lo menos un tercio de su peso humano normal para hacer la transición de hombre a lobo y de lobo a hombre sin efectos secundarios nocivos. La biomasa perdida al cambiar de hombre a lobo va a para a la formación del pelaje y la reorganización del esqueleto y musculatura.        La plata como método para eliminar a un hombre lobo. La plata actúa como catalizador y debilita dos de las hormonas del licántropo. La plata en si misma no se ve afectada por la reacción pero la estimula, cortocircuitando la capacidad regenerativa del hombre lobo.  

     La Luna llena como agente catalizador de la metamorfosis. Esto se debe a una forma sutil de radiación provocada por la luz solar al incidir en la superficie lunar, activando un proceso que hace desprenderse determinadas partículas subatómicas del suelo de la Luna. “Cuando la Luna esta en cuarto creciente, incluso en tres cuartos, la radiación es demasiado débil para influirle. Sólo cuando la luna está enteramente plena la reacción llega a la Tierra con la intensidad suficiente para generar la transformación.” La única solución para escapar al influjo de las radiaciones propuesta por el Dr. Iglace 45Zerosubatómicas del suelo de la Luna. “Cuando la Luna esta en cuarto creciente, incluso en tres cuartos, la radiación es demasiado débil para influirle. Sólo cuando la luna está enteramente plena la reacción llega a la Tierra con la intensidad suficiente para generar la transformación.” La única solución para escapar al influjo de las radiaciones propuesta por el Dr. Iglace sería estar protegido por una capa de material de mil kilómetros de espesor o volar alrededor de la tierra una vez al mes en un avión rápido de modo que la Tierra se interpusiera constantemente con la luna. Posible pero poco práctico.      El otro relato de ciencia ficción referente a hombres lobo que he leído es Plenisol, de Brian Aldiss. Plenisol transcurre en un mundo dominado por gigantescas ciudades mecanizadas en las que el hombre se ha recluido amputándose finalmente del todo de la naturaleza. “…una ciudad estaba separada de otra ciudad por extensiones de vegetación que las aislaban mutuamente como un planeta está aislado de otro planeta. Muy pocos de los habitantes de las ciudades pensaban siquiera en el exterior; los que iban físicamente al exterior tenían algún elemento de anormalidad en ellos.” Estos sujetos eran los hombres lobos al que el protagonista, el oficial Balank junto a su robot, esperan dar caza adentrándose en el bosque.       Los hombres lobos del cuento eran y habían sido siempre enemigos del hombre, quienes lo llamaban El Hermano Oscuro. Las máquinas les daban caza de un modo implacable pero los hombres-lobo poseían poderes que no estaban al alcance de hombres o máquinas y que les permitían sobrevivir sin la ayuda de las ciudades. 

     En este cuento, además, las máquinas han conseguido avanzar ocho millones de años en su exploración del tiempo, interrumpido su avance por una desviación en los quanta del espectro electromagnético. Plataforma Uno; la máquina situada a muchos centenares de siglos adelante, que por primera vez había traspasado la barrera del tiempo y establecido contacto con todas las civilizaciones gobernadas por máquinas posteriores a su propia época, había decidido que las operaciones debían limitarse ahora al espacio de tiempo que había quedado abierto. Las imágenes transmitidas desde el lejano futuro mostraban desiertos de hielo sobre los que brillaba un pequeño sol azul, tan brillante como la luna llena. El sol había pasado por sus fases de blanca y enana avanzando hacia el período principal de su existencia en que se convertiría en una enana roja. “Entonces alcanzaría la madurez y arrojaría sobre su tercer planeta la luz de una perpetua luna llena.” Las ciudades aún existían, y las máquinas, objetos similares a los dinosaurios que vagaban por los yermo paisajes y ascendían al espacio, “construyendo allí monstruosos brazos unidos por membranas que se extendían lejos de la órbita de la Tierra para recoger energía y el envolver al pobre sol en una amplia red de fuerza magnética.” De los seres humanos de aquel distante futuro no había señal alguna.     En la escena final el robot confiesa a Balank, quien tenía sus sospechas sobre las motivaciones reales del androide, que los hombres lobo representan una amenaza para las máquinas mucho mayor que los humanos. Hombre y máquina se disponen a luchar mientras sin saberlo son observados por el hombre lobo al que pretendían dar caza. Para el hombre lobo el desenlace de aquella pequeña lucha carece de importancia ya que sabe que su raza ha ganado ya su guerra contra el género humano y que la verdadera batalla aún estaba por llegar, la batalla contra las máquinas. “Pero aquel momento llegaría. Y entonces derrotarían a las máquinas. En los largos días en que el sol brillaría siempre sobre la bendita Tierra como una luna llena… en aquellos días, su raza vería terminada su espera y entraría en su propio reino salvaje.”       Por supuesto que un artículo titulado “El hombre lobo en la CF” no puede obviar la novela Darker Than You Think (1940) de Jack Williamson, en la que los “shape-shifters” pueden adoptar no sólo formas lobunas sino también las de anacondas y tigres dientes de sable, además de poseer la facultad de hacerse invisibles. Williamson ofrece una explicación pseudocientífica del fenómeno licantrópico que es poco convincente pero imaginativa y sus hombres lobos no existen como meros depredadores de la humanidad sino como los destinados a regir el mundo. Williamson retoma el tema de los hombres lobo en su novela de 1994 Demon Moon, en la cual licántropos, unicornios y wyverns son todos alienígenas inteligentes. Otras obras que tratan el tema y que están en las antípodas la una de la otra son WerewolveSS (1990) de Jerry y Sharon Ahern y The Runton Werewolf (1994) de Ritchie Perry. WerewolveSS trata sobre hombres lobo creados mediante ingeniería genética por Hitler para ser utilizados como su más letal cuerpo de guerreros (de ahí la doble “S” de werewolf, ¡que originales estos Ahern!) mientras que The Runton Werewolf es un libro infantil en el cual los vampiros y hombres lobo son los inofensivos descendientes de una pareja de alienígenas atrapados en la Tierra.  

     No puedo terminar este artículo sin referirme a la injustamente olvidada serie de dibujos animados La Conspiración Roswell (1999). Yo solía verla a eso de la medianoche en el verano del 2000 y si mal no recuerdo la transmitían en el Cartoon Network antes de Men in Black. La calidad de la animación de Roswell no era tan buena como la de MIB, pero como ciencia ficción era muy superior a esta disparatada serie basada en la no menos disparatada película basada a su vez en un cómic del cual no tengo ningún conocimiento pero del cual cabe la posibilidad que sea también un disparate (esta clase de trasvasijes nunca me ha convencido del todo).         La Conspiración Roswell iba sobre un grupo de agentes que descubre la existencia en la Tierra de distintas razas alienígenas que usan a los humanos con fines alimenticios, deportivos e incluso para fines aún más siniestros. Para combatir a los extraterrestres se forma una entidad multi-nacional oculta bajo tierra llamada la Alianza Global, compuesta por científicos, militares, policías y agencias de inteligencia cuya base de operaciones es un bunker en la pequeña localidad de Roswell. La existencia de distintos monstruos y criaturas míticas como vampiros, zombies, yetis, minotauros y cíclopes en esta serie es justificada a través de la invasión alienígena (una de las más memorable relecturas fue la del último hijo de Kryptón, que es presentado como un solitario alienígena superpoderoso impulsado a obrar el bien que finalmente sufre el rechazo de sus protegidos al descubrirse su verdadera y repugnante forma).  

     Los licántropos de La Conspiración Roswell son seres bípedos de dos metros de altura, copioso pelaje, garras, y protuberantes espinas dorsales. Viven diez años, son violentos, carnívoros y pueden adoptar forma humana (la avanzada tecnología de los licántropos les permitió esclavizar a los sasquatchs y yetis, con una descarga EMP que revirtió la polaridad magnética de su planeta).      Y llegamos al final del presente texto, espero que haya servido como ejemplo de la forma en que la ciencia ficción puede absorber y regurgitar hasta los temas más vetustos y desgastados.  © 2004, Sergio Alejandro Amira. 

Firefly: la marca del fénix

Hace unos meses leí un reportaje refiriéndose al último proyecto del creador de Buffy como una suerte de spin off no autorizado de La Guerra de las Galaxias, en otras palabras una visión distinta de lo que pudo ser una suerte de aventuras de Han Solo. Si bien el artículo en cuestión estaba repleto de errores (incluyendo el contrato nunca existente de una segunda temporada), la idea básica no dejaba de tener cierto grado de verdad con una sola gran diferencia que el encargado de dicha nota obviamente no consideró: que la pequeña nueva obra de Joss Whedon goza de una maravillosamente inusual consistencia científica.       Para quienes no lo conocen, Joss Whedon es el creador de la serie Buffy The Vampire Slayer, co creador de Ángel y actualmente guionista de Astonishing X-Men. Mas la primera sorpresa de todo esto es que Firefly es su primer proyecto personal que no tiene ninguna relación con la serie que lo ha llevado al éxito y motivo el cual renunció a dirigir la adaptación de la historieta de Marvel Comics: Iron-Man.        Al igual que lo hizo en su momento Straczynski con B5, Whedon dio vida a un universo carente de algunos elementos que hizo famosa a la clásica spaceopera (como los robots), pero a la vez poseedor de una lógica científica.  

     Dado que Firefly se sitúa en los límites de la colonización espacial (no digo decadencia por falta de información para respaldarlo), la serie es considerada como un western futurista, algo así como ese casi desconocido dibujo animado Bravestarr con algunos mínimos elementos de Galaxy Rangers.       En este caso la idea básica es: en un futuro no muy lejano, ante el agotamiento de los principales recursos energéticos, se impulsa el desarrollo de la colonización espacial para encontrar otras fuentes; este proceso al cabo de unos años le brinda tantos beneficios a los planetas más centralizados que estos se quedan con gran parte del desarrollo tecnológico dejando a los mundos fronterizos en algo parecido a los pueblos del viejo oeste. Una guerra civil para cambiar esto sacude a la galaxia y como era de esperarse, los mundos centrales (cuyo organismo principal es conocido como la Alianza) la ganan conservando el control de las colonias que obtienen los elementos que los enriquecen y a la vez empobreciendo a la frontera en donde surge una peligrosísima raza de infrahumanos denominados Reavers, quienes torturan y masacran todo lo que se les ponga en el camino.        Con la Alianza pisándole los talones y fastidiando cada posible error, el Capitán Malcolm Reynolds, unÊ ex-sargento que luchó por la independencia de los mundos fronterizos, al mando de la Serenity, una nave clase Firefly, recorre algunas lejanas colonias en busca de trabajo que les permita sobrevivir junto a quienes lo acompañan, un grupo de gente conformados de la más diversa clase que van desde una muy respetable prostituta hasta un doctor cuya hermana fue sometida a experimentos por agentes especiales de la Alianza.      Son trece episodios entre los que incluye el piloto extraoficial de 90 minutos, los que conforman esta serie, pero cada uno brilla por las mismas razones por las que Whedon se consagró con Buffy: un sorprendente manejo de los recursos. Todo esta hecho con un nivel de perfeccionismo único desde los efectos especiales hasta los más mínimos detalles sociológicos de la historia, entre ellos el hecho que los mismos actores hablen como segundo idioma el chino, lengua que en la actualidad está tomando tanta relevancia como el inglés.  

     Encabezando el reparto esta Nathan Fillon, un actor no muy conocido que había ganado cierta fama con la serie cómica Two Guys and a Girl, quien encarna al ya mencionado Malcolm Reynols o Mal como le gusta que lo llamen en su doble significación con respecto al español, pese a esto se trata de un individuo de sólidos principios, de carácter duro bordeando lo agresivo, conoce mejor que nadie de la tripulación los lugares que recorren lo que hace presentir que guarda un oscuro secreto, especialmente sobre los Reavers.       Su principal apoyo es Zoe, con quien combatió en la guerra, la comandante y esposa del piloto de la Serenity, una mujer de armas de tomar con quien tiene una comunicación casi “telepática”. Contrariamente a él, Wash, el marido de Zoe no se conforma con ser un buen piloto sino también es el punto de equilibrio ante la agresividad y pesimismo de Mal.      A estos tres se suman la ingeniero, Kaylee, una joven con cierto grado de inocencia; Jayne un desquiciado mercenario sin moral y buen humor, Book un misterioso pastor; Inara, una prostituta que ayuda controlar el temperamento de Mal; y no menos importante Simon, un doctor proveniente de una prestigiosa familia de clase alta quien trabaja en la nave a cambio de protección para él y su hermana River, cuyo extraño comportamiento les ha de causar más de un serio problema.  

     Esta fauna de personajes interactúa en el universo mencionado donde Whedon no pierde la oportunidad de ir explorando profundamente a cada uno permitiendo al mismo tiempo una armónica evolución, sorprendiendo también la incorporación de algunos personajes y elementos secundarios.       A esto se suman los ya mencionados efectos especiales, quizás los mejores vistos desde el fin de Star Trek Voyager, en donde los sets de tamaño real se combinan con un muy bien logrado CGI, ofreciendo algunas de las más  impresionantes escenas jamás vistas en televisión en donde interactúan naves espaciales con el mundo real a escala verdadera. Ya en el primer episodio se ve como la Serenity se coloca tras Mal y Zoe en un acantilado manteniendo las proporciones exactas con el diseño de la nave.       Más lejos aún, Whedon no se aventura usar la clásica pistola de rayos láser, reemplazándola por la de balas, no sin que episodios posteriores haga presente la existencia de estas, tratando de mantener cierta consistencia científica, a lo que se debe sumar el respeto a la teoría de la inexistencia de sonido en el espacio y el desarrollo de nuevo armamento espacial más acorde con una tecnología limitada por las circunstancias mencionadas en párrafos anteriores.       Joss Whedon no sólo crea su propio universo del futuro sino lo hace brillar a través de una consistencia científica y un puñados de personajes que nada tienen que envidiar a clásicos como Star Trek, más aún, no cae en la tentación del uso forzado de la sensualidad y la acción, todo está dado en dosis justas y acorde con la lógica del guión.  

     Dado el gran éxito de ventas de la colección de DVDs que compilan los 13 episodios, Universal compró los derechos y autorizó la filmación de una película de presupuesto tentativo de 50 millones de dólares con fecha de estreno septiembre del 2005, bajo la dirección del mismísimo Whedon. Ya los primeros informes de este proyecto apuntan a un guión que no dejará insatisfechos a los seguidores de la serie ni mucho menos del trabajo de Whedon, cuya reputación incluso le permitió hace poco firmar contrato para adaptar la heroína de DC Comics, Wonder Woman.  © 2004, Juan Carlos Sánchez. Sobre el autor: Periodista nacido un día trece de 1977. Escribe desde los 7 años. Ha escrito un puñado de novelas, más de 100 poemas y algunos cuentos entre ellos Trilogía de los malditos cuya primera parte: De las Cenizas de Sigalión participó en el segundo concurso de narrativa de su universidad. Si bien se he mantenido en el género de anticipación centrándose en personajes de complejos problemas psicológicos, ocasionalmente he escrito algunos dramas, algo de horror y recientemente alguna que otra cosa romántica. Sus mayores influencias son Frank Herbert, J Michael Strazynsky y Bruce Springsteen. 

El traidor en el árbol

Mi familia es una familia católica chilena tradicional. Desde pequeño cumplí con los ritos obligatorios de comunión, visitas a la iglesia y películas sacras en semana santa como todo buen niño de esta patria. Pero debo confesar que siempre guardé, como un pecadillo secreto, un atado de dudas sobre las historias sagradas: Desde preguntas profundas y teológicas del orden ¿Cómo es que Cristo nos salva muriendo? Hasta anecdóticas del tipo ¿Cómo es que sabemos lo que conversó Cristo con su padre en Gethsemaní?, estaba solo y la detención fue inmediatamente posterior.

Pero como una herida sin sanar en el costado de mi culposa mente, la duda que más me inquietaba era por qué Judas se había suicidado. Continúa leyendo El traidor en el árbol

Formas alternativas de hacer la guerra

Armas Biológicas Si tuviera que dar una opinión acerca del ántrax, diría que pertenece al selecto grupo de enfermedades que han saltado a la fama de la noche a la mañana. Y es que, a raíz de los atentados ocurridos el 11 de Septiembre del 2001, no existe persona a nuestro alrededor que ignore su existencia. Y a pesar de que en su momento íbamos contando como si fueran “estampitas” los casos de ántrax ocurridos en Estados Unidos, pocas personas tienen, si no un pleno conocimiento del tema, al menos una clara comprensión de la realidad de ésta y otras enfermedades que se barajan como candidatas para ser utilizadas como armas biológicas. Muchas veces miramos la TV y en algunas ocasiones observamos unos sujetos enfundados en trajes plásticos de colores vivos, como de astronautas, y nos quedamos con esa imagen, elaborando castillos fantasiosos de hipótesis. Sin embargo, es justo decir que, si bien los medios de comunicación han querido brindar información precisa sobre el tema, también han contribuyeron en parte a esa ola de terror que dominó al mundo. En su loca carrera por “informar” fueron haciendo exactamente lo contrario, mal informar a la población. De ahí surge este artículo, con el fin de otorgar un panorama más verídico sobre el tema, apegándonos a hechos científicos y no sensacionalistas, dentro de un lenguaje no técnico, pero comprensible. Hablaremos primeramente del ántrax, por ser el más conocido. Posteriormente se tratarán otras enfermedades como la viruela, la plaga o las fiebres hemorrágicas, quienes también se han presentado como opciones de armas biológicas. No dejaremos de lado un vistazo rápido a las armas químicas, solo para diferenciarlas de las anteriores. 

 Un tema de moda que no tiene nada de novedoso        Primeramente, una definición sencilla de los que es un arma biológica es que se trata de todo aquel microorganismo o biotoxina utilizada para mermar las fuerzas enemigas o sus poblaciones civiles. Apegándonos a esto, veremos que el tema de las armas biológicas no es enteramente nuevo. Para comenzar, uno de los primeros usos de estas armas se remonta al año de 1346, cuando los Tartaros catapultaban los cuerpos de sus hombres que habían muerto de plaga, sobre las ciudades de Kaffa (ahora Feodosia, Ukrania). Por otro lado, ropa contaminada con el virus de la viruela fue distribuida deliberadamente entre los nativos americanos por los conquistadores europeos, ocasionando epidemias devastadoras en el norte y sur de América. La Segunda Guerra Mundial provocó que países como Japón, Alemania, Estados Unidos y otros comenzaran sus investigaciones en este campo. Así, EU logró almacenar unas 5,000 bombas con ántrax, arsenal que fue destruido en 1973 por orden de Richard Nixon. Para 1975, la Convención de Armas Biológicas prohibió el uso de tal armamento por parte de los países que firmaron el acuerdo. Sin embargo, las investigaciones continuaron en diversas parte del mundo, como lo demostró la evidencia presentada por Boris Yeltsin en 1992 sobre una epidemia de ántrax en 1979 en Sverdlovsk (ahora Ekaterinbug), Rusia, como parte de una liberación intencionada de esporas por parte de un laboratorio microbiológico militar. Actualmente su programa ha sido detenido, pero los investigadores del ramo podrían estar brindando su experiencia en otras naciones. Por último, las inspecciones en Irak han arrojado el dato que también ellos han comenzado sus investigaciones en el campo de las armas biológicas y químicas. 

Conociendo al ántrax       La bacteria del ántrax (Bacillus anthracis) fue el primer microorganismo en la historia en ser identificado como agente causante de enfermedades. Para 18950 se había observado en la sangre de ovejas muertas de ántrax y en 1877 fue aislada por primera vez por Robert Koch. Posteriormente, en 1881, Louis Pasteur ideó una vacuna con la cual realizó el histórico experimento de inmunizar 24 ovejas, 1 cabra y 6 vacas, haciéndolas resistentes al ántrax. Esta bacteria tiene forma de bacilo (o bastoncillo) y ante condiciones desfavorables, tiene la capacidad de formar esporas muy resistentes. El ántrax se considera como una zoonosis, es decir, una enfermedad que ataca primariamente a los animales, siendo la infección humana mero accidente. De esta manera, en forma natural el hombre adquiere la infección al tener contacto con animales, siendo la infección humana mero accidente. De esta manera, en forma natural el hombre adquiere la infección al tener contacto con animales infectados o sus productos (pieles, pelos, heces, etc.).  

     Las manifestaciones clínicas del ántrax son diversas. Comenzaremos con el ántrax cutáneo, el más frecuente (95% de los casos). Esta forma se produce al inocularse las esporas en la piel a través de un rasguño o una lesión que altere la estructura de la piel. Dentro de ésta última, las esporas se desarrollan por 2 a 5 días para después producir vesículas. Luego, las vesículas se rompen y reemplazan por una escara negra. El crecimiento de los ganglios linfáticos durante la enfermedad produce dolor intenso. El peligro de esta forma de ántrax es que la infección puede pasar de la piel al tórax, impedir la respiración o invadir el cerebro causando meningitis por ántrax. Rara vez existe contagio de persona a persona en el ántrax cutáneo.       Otra forma de ántrax es el pulmonar (o ántrax por inhalación) que se presenta casi siempre en los trabajadores que manipulan piel o pelo de animales. El período de incubación (período de tiempo que tarda en aparecer la enfermedad desde que la bacteria entra al cuerpo) es de 2 a 60 días. En esta enfermedad hay un progreso a la invasión de los pulmones produciendo dolor en el tórax, dificultad para respirar, acumulo de líquido en pulmones, producción de secreciones mucosas amarillentas y viscosas, así como fiebre. No es raro que cause meningitis y hemorragia cerebral. La muerte se presenta en 3 de cada 4 personas enfermas con ántrax pulmonar. Por fortuna, no hay transmisión de persona a persona.  

     Por último está el ántrax digestivo, el cual se presenta al ingerir carne poco cocida de animal infectado. Su período de incubación es de 1 a 7 días. En esta infectado. Su período de incubación es de 1 a 7 días. En esta forma se presenta dolor abdominal, fiebre, vómitos, diarrea muy líquida con sangre. La pérdida de líquidos conduce al choque hipovolémico.  El ántrax, ¿es realmente como lo pintan? 

     Se ha señalado en varios documentos serios que el ántrax y el virus de la viruela son los mejores candidatos para ser armas biológicas. Ambos patógenos pueden permanecer estables en aerosol en forma de partículas de 5 micras o menos. Ese tamaño es suficientemente pequeño para alcanzar los alvéolos de los pulmones y garantizar una mayor probabilidad de daño. En el caso del ántrax, la dosis infecciosa es mínima, del orden de 50,000 esporas solamente. Sin embargo, hay varias cosas por aclarar en cuanto al ántrax. Primeramente, aunque se ha querido difundir la idea de que el ántrax es una enfermedad rara, lo cierto es que es todo lo contrario. De hecho, en Estados Unidos es endémica (es decir, existen casos en forma habitual todos los años) en el ganado de los estados de Louisiana, Texas, Dakota del Sur, Nebrazka y California. Ello no ofrece mayor problema, pues lo animales que sobreviven al ántrax adquirido de forma natural, resisten bien las infecciones subsecuentes.       Por otro lado, aunque se quiera dar un aire de terror alrededor del ántrax, realmente no puede ser considerada como un arma biológica ideal. Para empezar, la exposición al ántrax tiene un peligro muy bajo. Para ponerlo en forma práctica, podemos tener en nuestras manos una carta con esporas de dicha bacteria y el riesgo de adquirir la enfermedad es relativamente bajo. Lo anterior se debe a que las esporas no son volátiles, es decir, no pueden adquirir la forma de aerosol espontáneamente. Otro punto importante es que solo la forma cutánea ha demostrado una transmisión de persona a persona, como se ha mencionado, pero solo en raras ocasiones. Y aunque la forma cutánea es la más frecuente, ello solo es cierto a la enfermedad sucedida en forma natural, no como consecuencia de un ataque bioterrorista. Prácticamente uno podría tocar el polvo de esporas de ántrax, y si no existen lesiones en la piel, jamás nos infectaríamos con esta bacteria. En cuanto a la mortalidad elevada en el caso del ántrax pulmonar, ésta solo ocurre en la forma natural, ya que la evolución de la enfermedad es muy rápida e impiden un diagnóstico y un tratamiento oportuno. También se debe a que la enfermedad es relativamente rara, lo que puede hacer pensar a los médicos en muchas otras enfermedades pulmonares antes de sospechar en ántrax pulmonar. Sin embargo, si la comunidad médica sabe que se está utilizando ántrax con fines bioterroristas, inmediatamente el ántrax pulmonar pasa a ser una de las principales sospechas diagnósticas ante cualquier enfermedad pulmonar. Así se logra un tratamiento más rápido y se reduce la mortalidad. Esto ocurrió en Estados Unidos, donde al saber de los primeros casos de ántrax pulmonar, inmediatamente se dieron alarmas a todos los organismos médicos y hospitales del país para descartar ántrax pulmonar en los casos sospechosos. 

     Por su parte, el ántrax digestivo es muy difícil de producir en un ataque bioterrorista, pues requiere contaminar los alimentos con grandes cantidades de esporas, lo que no resulta muy costeable. Además esta el problema de evitar una cocción adecuada de los alimentos que hayan sido contaminados.  Agentes que podrían utilizarse en el terrorismo químico y biológico 

Agentes químicos Agentes nerviosos: Tabun, Sarín, Soman, GF, VX. 

Agentes sanguíneos: Cianuro de hidrógeno, cloruro de cianuro. Agentes cutáneos (causantes de ampollas): Lewisite, mostazas de nitrógeno y sulfuro, fosgeno. 

Agentes pulmonares: Fosgeno, cloro, cloruro de vinil. Agentes biológicos  

Viruela mayor (Smallpox) Ántrax (Bacillus anthracis) 

Plaga (Yersinia pestis) Botulismo (toxina de Clostridium botulinum) 

Tularemia (Francisella tularensis) Fiebres hemorrágicas de Ébola y de Marburg (Filovirus) 

Fiebres de Lassa y Fiebre hemorrágica argentina (Arenavirus)   Viruela, supuestamente erradicada del mundo…      Ya desde tiempos inmemorables han quedado registros de epidemias devastadoras que han corrido por cuenta de la viruela. La severidad de las mismas era tal que las personas no reconocían como parientes suyos a aquellos familiares enfermos, hasta que la enfermedad hubiera pasado o el pariente hubiera muerto. No obstante, la falta de un reservorio animal y lo eficaz que fue la vacunación produjo que la OMS declarara erradicada la viruela a nivel mundial, en el año de 1980. En la actualidad, la vacuna no se aplica a la población, por lo que esta es teóricamente susceptible al virus de la viruela si reapareciera. Pero ¿cómo podría reaparecer un virus considerado como erradicado del planeta? Una vía es que algún virus de la misma familia que el de la viruela, pero que infectara a animales sufriera una mutación y adquiriera la capacidad para infectar al hombre. La otra vía sería que escapara de alguno de los dos lugares donde aún hay virus de la viruela, aunque sólo conservados como muestras. Estos lugares son el Center for Diseases Control and Prevention, en Atlanta, Georgia, y en el Research Institute for Viral Preparations, en Moscú. Independientemente de los eventos sucedidos en los últimos años, se ha venido especulando que muy posiblemente algunos países de Medio Oriente hayan podido obtener muestras de la reserva rusa, para fines militares.       La principal forma clínica de la viruela es la llamada viruela major, la cual cursa con máculas (manchas en la piel), pápulas (elevaciones pequeñas de la piel) y vesículas, además de fiebre, malestar general y dolor de cabeza. Las lesiones invaden todo el cuerpo. Uno de cada 4 pacientes con esta enfermedad moría. Otras formas de viruela eran la viruela hemorrágica (en donde las lesiones en la piel se acompañaban de hemorragias), la viruela confluente (donde las lesiones en la piel se unían unas con otras para formar lesiones más grandes) y la viruela minor (parecida a la viruela major, pero más leve).      La única forma de prevenir la viruela es mediante la vacunación. Desafortunadamente no hay suficientes vacunas contra la viruela en la actualidad, como para proteger a toda la población.  

La Peste, la gran muerte negra de la Edad Media       La peste es probablemente la enfermedad más devastadora conocida por el mundo. La peste, plaga o muerte negra ha sido la causante de grandes epidemias en la antigüedad, principalmente durante la Edad Media, donde cobró millones de vidas. La peste es causada por la bacteria Y. pestis, la cual infecta las ratas, siendo la picadura de pulgas el mecanismo por el cual la bacteria se transmite de un roedor a otro. Ocasionalmente, la pulga puede picar al hombre, pasándole la infección. En el sitio de la picadura puede aparecer una pústula (una vesícula llena de pus) o más frecuentemente no aparecer nada. Poco después, al irse diseminando la bacteria, aparecen nódulos (masas redondeadas por debajo de la piel) inflamados y dolorosos en los ganglios de la ingle, los llamados bubones. Esta es la llamada peste bubónica, en la cual la bacteria invade el bazo, el hígado, los pulmones y las picadura puede aparecer una pústula (una vesícula llena de pus) o más frecuentemente no aparecer nada. Poco después, al irse diseminando la bacteria, aparecen nódulos (masas redondeadas por debajo de la piel) inflamados y dolorosos en los ganglios de la ingle, los llamados bubones. Esta es la llamada peste bubónica, en la cual la bacteria invade el bazo, el hígado, los pulmones y las meninges, provocando hemorragias en todos ellos, a la vez que en otras partes del cuerpo se coagula la sangre dentro de los mismos vasos sanguíneos. Si los microorganismos llegan a los pulmones se produce la peste neumónica, la cual es altamente contagiosa. Después de aparecer los bubones, la muerte ocurre en los próximos 5 días. Si hay peste neumónica, la muerte ocurre en los siguientes 3 días.

  Botulismo, el poder de una toxina        El botulismo aparece tras el consumo de la toxina botulínica producida por la bacteria Clostridium botulinum. Esta toxina puede contaminar varios tipos de alimentos, como son las salchichas, la carne poco cocida, las verduras y las frutas mal cocidas enlatadas (caseras), los condimentos y los productos derivados del pescado. La toxina botulínica es una de las más potentes hasta ahora conocidas y puede causar la enfermedad en 18 a 36 horas después de haber sido ingerida. El botulismo se caracteriza por debilidad, mareo, estreñimiento, sequedad de boca y ausencia de fiebre. También hay visión borrosa, dificultad para deglutir y hablar, pérdida de la fuerza muscular de la cabeza a los pies y paro respiratorio. La mortalidad es elevada. 

Fiebres Hemorrágicas de Ébola y Marburg       El brote por el virus Ébola ocurrió en Etiopia en los años 1961-62. Posteriormente, en 1967 ocurrieron los brotes por el virus Marburg en varios laboratorios de Marburg, Frankfurt y Belgrado. Desde entonces ha habido unos 7 brotes por el virus Ébola en varios países de África, además de algunos casos aislados por el virus Marburg.  

     El virus Ébola se transmite de persona a persona a través del contacto personal estrecho, o por contacto con la sangre de los enfermos o de los cadáveres. El período de incubación es de 2 a 21 días, tras lo cual se presenta fiebre, vómito, dolor abdominal, dolor de cabeza y diarrea. Posteriormente hay enrojecimiento de las conjuntivas, dolor de garganta al comer, hemorragias nasales, bucales, gastrointestinales y genitales (en mujeres). Puede acompañarse por maculas en la piel. Cinco a nueve de cada diez personas infectadas por Ébola mueren.  Agentes Químicos 

     De acuerdo con la inteligencia militar y varias agencias gubernamentales  de EUA, al menos 10 países tienen la capacidad de producir y diseminar armas químicas y biológicas. El primer agente nervioso fue desarrollado en los 30’s, en Alemania, y fue el gas Tabun. Continuó el gas Sarín seguido del gas Soman a finales de los 30’s y principios de los 40’s. El agente V se desarrollo en los 50’s. La versión VX es la más potente de todas pues es más estable, menos volátil y menos soluble en agua, lo que permite su persistencia en el ambiente varias semanas después de su liberación.       Los agentes nerviosos afectan la transmisión de los impulsos nerviosos, algo similar a como sucede con las sustancias organofosforadas (utilizados como insecticidas). Dependiendo del grado de exposición, los síntomas aparecen a los pocos minutos o hasta 18 horas después. Hay agitación, confusión, delirio, alucinaciones, epilepsia y coma. 

Los agentes cutáneos son conocidos por causar quemaduras y ampollas en los afectados. Sus efectos son devastadores a nivel de piel, mucosas y aparato respiratorio. Estas sustancias carecen de olor y color. El mecanismo de acción es uniéndose a moléculas como los ácidos nucleicos, afectando los procesos biológicos como la división celular y la síntesis del ADN. Los primeros de olor y color. El mecanismo de acción es uniéndose a moléculas como los ácidos nucleicos, afectando los procesos biológicos como la división celular y la síntesis del ADN. Los primeros síntomas aparecen entre 2 y 24 horas después del contacto con el agente. Hay irritación de ojos, lagrimación, tos y sensación de quemazón. Posteriormente hay inflamación en piel, aparición de ampollas y descamación. La muerte es producida por la lesión al aparato respiratorio.      Los agentes sanguíneos como el cianuro de hidrógeno son efectivos solo en espacios confinados, ya que es muy volátil. La forma de actuar de estos químicos son inhibiendo la utilización de oxígeno por la célula, por lo que se detiene toda actividad celular. La exposición a altas concentraciones produce la muerte instantánea. Bajas concentraciones producen aumento en la frecuencia cardiaca, dolor de cabeza, epilepsia y coma antes de la muerte.  

Producción de armas de Irak *      8,000 litros de solución de ántrax. 

     20,000 litros de toxina botulínica.      340 litros de Clostridium perfringens. 

     10 litros de ricina.      * = Estas cifras son la producción que alguna vez tuvo Irak en el pasado, aunque actualmente no se han encontrado tales reservas. 

Arma Biológica Ideal       Hemos analizado algunas enfermedades que podrían servir como armas biológicas. No obstante, podemos especular como podría ser un arma biológica ideal, en base a los 6 puntos siguientes: 

     1.- Debe ser capaz de transmitirse fácilmente de persona a persona. Un ejemplo de esta característica es la viruela o el Ébola, dos infecciones muy contagiosas. El ántrax aquí pierde toda posibilidad de éxito, pues su contagiosidad es baja.      2.- El período de incubación no debe ser muy corto. Ya dijimos que el período de incubación es el tiempo que pasa entre la adquisición del microorganismo y las primeras manifestaciones de la enfermedad. Aunque una enfermedad con un período extremadamente corto (de incluso horas) es buen argumento para las películas, en el mundo real no es muy eficaz. Un período tan corto limitaría la epidemia rápidamente, ya que los pacientes no tendrían oportunidad de viajar y diseminar la infección a otros sitios. Morirían prácticamente en el mismo lugar donde adquirieron la infección. De ahí el éxito con el síndrome respiratorio agudo grave o SARS, presentada a partir de febrero del 2003 en el sureste asiático. Con un período de incubación de 2 a 7 días permite a los infectados viajar a cualquier lugar del mundo sin saber que son portadores del agente infeccioso y que pueden iniciar nuevos brotes en lugares distantes.  

     3.- Morbilidad y mortalidad elevadas. Por morbilidad entendemos la capacidad para producir enfermedad. Tomemos el ejemplo de un virus llamado de Epstein-Barr para el cual se ha investigado que casi todo el mundo podría haber tenido una infección por el mismo. Solo que la mayoría de las veces (para fortuna nuestra), la infección es asintomática, es decir, jamás nos damos cuenta por que nunca sentimos nada raro. Entonces de nada sirve que tengamos un microorganismo que sea capaz de transmitirse fácilmente o que sea altamente contagioso, si solo producirá enfermedad en algunos cuantos sujetos. Técnicamente sería un desperdicio, ¿no? Algo similar ocurre con la mortalidad.      4.- Fácil de obtener y transportar. En películas y libros podemos ver que algunos microorganismos hipotéticos son creados en laboratorios de alta tecnología, transportados en recipientes llamativos y cosas así. En realidad, una buena arma biológica deberá ser obtenida en gran escala, pero a bajo costo. De ahí que sean una forma alternativa de hacer la guerra. Si queremos gastar mucho dinero, mejor hagamos armas químicas o nucleares. Además, para poder diseminar el arma biológica y hacer mella en el enemigo precisamente debe pasar inadvertida, no enlatada en envases lujosos y futuristas. Se ha planteado que grupos terroristas podrían infectar a algunos de sus miembros y enviarlos a los países blanco, para ahí iniciar las epidemias. 

     5.- Que produzcan enfermedades de difícil tratamiento para el enemigo, pero no para el atacante. El ántrax que se encuentra en el medio natural es destruido fácilmente con la bien conocida penicilina. Sin embrago, su manipulación genética por algunos laboratorios ha derivado en cepas resistentes a múltiples medicamentos. Por lo tanto, eliminar la enfermedad es sumamente difícil en estos casos. Ahora tomemos el ejemplo de la viruela. Si algún grupo contara con la vacuna contra la misma, podría liberar el virus tranquilamente sabiendo que sus miembros vacunados sobrevivirían fácilmente. El meollo es atacar al enemigo, pero resistir al microorganismo ya que no podemos tener completo control sobre a donde se disemine geográficamente.       6.- Que sea capaz de autoperpetuarse. La toxina botulínica es una de las toxinas más efectivas que existen, aunque usarla confiere un problema. Los sujetos a los que se le administre serán los únicos afectados. Como se trata de una toxina, no puede reproducirse y solo afecta a aquella persona a la que le fue administrada (y eso si la dosis fue lo suficientemente elevada como para poder hacerle algo). Cosa contraría ocurre si hablamos de un virus o una bacteria, los cuales se reproducen y en un momento dado pueden pasar a otros sujetos. 

     Ahora bien, aunque el ántrax no es un arma biológica muy eficiente de acuerdo a estos puntos señalados, si cumple su cometido en el bioterrorismo. No ha causado muchos decesos, ni los causará, aunque si ha infundido miedo en EUA y alrededor del mundo. Luego, ha sido exitosa como elemento bioterrorista, nada más. © 2004, José Fco. Camacho A. 

Lecturas recomendadas:        Noeller TP. Biological and chemical terrorism: Recognition and management. Cleve Clin J Med, 2001; 12: 1001-16.       Bush LM, Abrams BH, Beall A, Johnson CC. Index case of fatal inhalational anthrax due to bioterrorism in the United States. N Engl J Med, 2001; 345: 1607-10.

      Gordon SM. The threat of bioterrorism: A reason to learn more about anthrax and smallpox. Cleve Clin J Med 1999; 66: 592-600.      LaForce FM. Anthrax. Clin Infect Dis, 1994; 19: 1009-14. 

     Martínez CPA, Colonias VA. La amenaza bioterrorista: Un enfoque global para los médicos asistenciales desde las perspectivas española y europea. Rev Invest Clin, 2002; 54: 7-11.  Sobre el autor: José Fco. Camacho A. nació en 1979 en la ciudad de Querétaro, México. Actualmente es médico general en vías de iniciar la especialidad de cirugía general. Como pasatiempo escribe ensayos de divulgación, cuentos de ciencia ficción y relatos cortos, así como un Manual de Microbiología y Parasitología Médica. 

¿Ciencia Apática?

De alguna manera, la verdad, la ciencia y  la compasión, deben ir ligadas en cada tópico  

que se devela al entendimiento del hombre.  “El conocimiento envanece, pero el amor  

edifica   (1 Co. 8:1b) 

A manera de presentación, no soy científica, sino una ávida lectora de género de la ciencia, y de igual modo, de la literatura de fantasía y ficción que se derivan de los tópicos tanto especulativos como ya evidenciales de la misma. Llegué por un mero accidente a conocer de este espacio de expresión, y me he interesado en cada uno de los números que han salido a la luz gracias a la colaboración de los que como yo, comparten el gusto por las disciplinas científicas, y los pasatiempos que surgen de ellas.       Sin embargo, como parte de una sociedad que se dice “en pleno avance del conocimiento tecnológico, científico, económico, social y político” ( ah, por cierto, soy mexicana), aún veo con tristeza que el grupo en el que me he autocatalogado partícipe, es una minoría con respecto al porcentaje de seres humanos pensantes que este maravilloso país tiene. Y es una lástima. Soy una de los convencidos de que no dos, sino un montón de cabezas piensan mejor que una. Es por eso que me embarga una especie de rabia-tristeza-impotencia al comprobar que la divulgación del conocimiento científico tal y como debe establecerse en los medios de enseñanza, de comunicación, e incluso entretenimiento, aún no ha llegado a superar su etapa de “pañales”. 

     A pesar de todo, y con ánimo –aunque ya pasé la etapa de la adolescencia-juventud en la que consideraba que podría llegar a cambiar el mundo, algún día– de afectar la cultura un tanto apática de las mayorías de este país, sigo aportando granitos de arena (algunos definitivamente enterrados entre los demás granitos de arena y piedritas que otros muchos de mayor entendimiento que yo en este universo de ciencia, letrados y filósofos tecnólogos, y otros que por ahí, poquiteramente hablando, han tenido cierta influencia en unos cuantos conocidos, y otros tantos extraños que se han topado con mis ideas y divulgaciones de pensamiento).      Bueno, el asunto de este breve ensayo (o mejor dicho, escrito) es una contraidea que la ha motivado un artículo recién salido en el número 7 del e-zine TauZero, Carl Sagan & Michio Kaku, nacido de la opinión de Rodrigo Mundaca Contreras. En él, deja manifestada su visión personal de lo que puede ser la imagen de un científico, o “científico estándar”; socialmente se ha tomado esta imagen en clichés no sólo de la cultura latina, sino a nivel mundial. Yo tenía hasta hace poco, esa misma visión, pero me ha sorprendido sobremanera el comprobar que no hay algo más alejado de la verdad en los que realmente son Científicos enamorados de la disciplina de la observación, creación de teorías, descubrimiento de leyes y aplicaciones prácticas a tales descubrimientos y creaciones personales, y al mismo tiempo, enamorados de la humanidad de una manera extraordinaria. Tomo el ejemplo de la sorprendente revelación que tuve hace unos tres meses, del trabajo pacifista y social que Albert Einstein realizaba dentro de las sociedades universitarias, buscando en todo momento que los estudiantes que devoraban ávidamente sus tratados, ensayos de leyes y teorías, e intentaban a toda costa ser alumnos de sus cátedras, entendieran el valor de la naturaleza humana aun sobre toda ley física, o enunciado científico que hubiese hasta el momento. Sus conferencias y manifestaciones (¡¡¡Sí, Albert Einstein se manifestó públicamente por el desarme!!!¡¡¡Era pacifista!!!) en las conferencias científicas, tanto en Europa como en América, y de una forma de expresión sublime y hermosa, en las cartas que dirigía a los jóvenes que conocía, hijos de amigos, familiares y allegados profesionistas con quienes compartía opiniones, deja muy en claro la preocupación que sostenía cada día de su vida por el género humano, por sus semejantes, y lo que él podía aportar para beneficio de esos semejantes. Es interesante ver a Albert momento. Sus conferencias y manifestaciones (¡¡¡Sí, Albert Einstein se manifestó públicamente por el desarme!!!¡¡¡Era pacifista!!!) en las conferencias científicas, tanto en Europa como en América, y de una forma de expresión sublime y hermosa, en las cartas que dirigía a los jóvenes que conocía, hijos de amigos, familiares y allegados profesionistas con quienes compartía opiniones, deja muy en claro la preocupación que sostenía cada día de su vida por el género humano, por sus semejantes, y lo que él podía aportar para beneficio de esos semejantes. Es interesante ver a Albert Einstein fungiendo en un papel que yo desconocía por completo, y es más interesante, cada vez que encuentro alguna pieza del rompecabezas que estoy tratando de armar con respecto a la vida, obra y pensamiento de uno de los hombres que ayudó a cambiar el rostro de la ciencia en los últimos 100 años, darme cuenta que no era solamente un genio, y que no se le tiene que reconocer sólo como el creador (erróneamente, diría yo) de la bomba atómica o de las teorías de la relatividad, sino que antes de eso, tener plena conciencia, tal y como él la tuvo de sí mismo al mostrar responsabilidad hacia la sociedad en la que se desenvolvía, que era un ser humano, un hombre que tenía temor hacia Dios, que poseía conciencia social, pensamiento y conocimiento de la fragilidad de la vida, y que hizo valiosos y bellísimos aportes para el bienestar de la humanidad.  

     No es el único ejemplo. Podríamos citar a Benjamín Franklin (enteramente desconocido de la comunidad latinoamericana, a lo que he descubierto con verdadera tristeza), o un Hipócrates, o Luis Pasteur, o incluso de autores de ciencia, tecnología, sociología, etc., que desempeñaban labores científicas de trascendencia e importancia extraordinarias, tales como un Isaac Asimov, o investigadores científicos como un Jaques Costeau, o el mismo Carl Sagan, como lo menciona Mundaca en su ártículo, o de muchos otros que ahora representan parte de la comunidad de científicos contemporáneos, y de los cuales, dicho con vergüenza (mea culpa, no he ordenado mis tiempos), no me he dado a la tarea de buscar sus motivaciones personales por los que la ciencia ahora forma parte de sus vidas.       No es un reproche por la visión generalizada que la mayoría tiene (y teníamos) de los científicos, sino un reto a mostrar un interés más abierto para conocer el trasfondo del pensamiento de cada científico, y un desafío para demostrar que todos y cada uno de nosotros podríamos alcanzar el nivel de científicos, investigadores, tecnólogos, pero con una meta determinada, sin importar lo estrafalario que sea la imagen que adoptemos, pero sí con la completa convicción de que ese interés no lo determina la cantidad que el Nobel entrega cada año o los aplausos recopilados en cada sesión de conferencias científicas, sino que se hace por amor a la humanidad, por amor e interés a los que comparten con nosotros este planeta, para representar con nuestras acciones la meta verdadera de la ciencia, la razón de la verdad puesta al servicio del hombre, por el hombre. 

© 2004, Laura Elizabeth Vázquez.  Sobre la autora: Laura Elizabeth Vázquez es mexicana, estudiante de 5º semestre de Informática, colaboradora de tiempos alternos en una sociedad cultural y madre de un adolescente en tiempos libres. Dentro de la sociedad cultural a la que pertenece, ha participado en actividades informativas, tales como colaboración en la página de Internet y publicaciones con traducción y revisión de artículos científicos y de enseñanza. Dentro de las actividades universitarias, colaboradora en los eventos del departamento de Idiomas y Lengua Extranjera I y II y actualmente se desempeña como Coordinadora del Primer Taller de Comunicación y Creación de Ensayos, Cuentos y Relatos.