Por Rodrigo Mundaca

Y cumplimos un año de vida. Un año. Se comenzó como el caballo inglés, rápido y potente, pero al cabo de poco tiempo, los problemas aparecieron y el proyecto entró en fuga criogénica (para quienes no han leído Hyperion, algo así como animación suspendida). Los detalles del problema fueron comentados en la editorial #3 correspondiente a diciembre de 2003. En aquel número, hicieron su aparición las dos personas con quienes se formó el grupo de trabajo conocido como “El Núcleo”, el comité editorial.

Normalmente, no se esperaría que las personas que forman este comité editorial tuvieran mucha afinidad entre sí, y de hecho no la tenemos. ¿Qué cosa en común pueden tener un cientista político, un artista visual y un ingeniero electrónico? bien, pues aparte del gusto común por la literatura de ciencia ficción, absolutamente nada.exxPero lejos que nuestra natural inclinación a diverger en todo sea un obstáculo, aquello se ha convertido en una fortaleza. ¿Y cómo es eso? de la siguiente forma: si el comité editorial posee valores y creencias distintas, aquello necesariamente debe reflejarse en nuestra criatura, TauZero.

El resultado es que TauZero es una vitrina para que cualquier tipo de persona interesada en colaborar, pueda hacerlo. No importan sus creencias o no creencias religiosas ni sus preferencias privadas (bueno, en rigor si nos importan, pero hacemos la vista gorda aquí, jejeje). Lo único que nos importa es la historia que se quiere contar, el mensaje que se desea transmitir, el conocimiento que se desea enseñar y la opinión que se desea compartir.

Esta edición de TauZero es particularmente un reflejo de nuestras naturales diferencias. Vamos viendo:

Ronald Mennickent Cid, astrónomo, cristiando devoto y profesor-tutor del trabajo final de universidad de quien redacta estas líneas, ha escrito, a petición mía, un ensayo en donde nos habla sobre ciencia y religión. Un tema siempre escabroso, siempre conflictivo. Yo mismo tengo mis reservas en el tema y por eso mismo pensé que un científico hablando sobre religión y de como esta sí puede ser compatible con la ciencia sería muy valioso para quien se interesa en estos temas. Y aquí lo tienen…

A. César Osses, amigo personal y colega en la universidad, es en lo que a creencias religiosas se refiere, el exacto opuesto de Ronald. Hace tiempo que le había pedido que escribiera para TauZero, pero no se había dado el tiempo para escribir algún relato. Pero sucedió que cayó a sus manos el texto que por estos días venden en todos lados, y dado el tema que se trata, decidió escribir una reseña sobre él. El libro en cuestión es el Código Da Vinci, de Dan Brown.

Los relatos de ficción son tres en esta oportunidad, debido a la longitud de dos de ellos. Hay uno, muy breve, que mezcla habilidosamente la religión y la ciencia ficción. Se titula He visto un Ángel, y su lenguaje pródigo en adjetivos y descripciones, me resulta muy bello. Por otro lado La Caja de Santiago Eximeno, es un relato que pese a su longitud, logró horrizarme. No mucho, pero lo logró. Por último, No es Oro, de José Carlos Canalda es un cuento con una clara ironía ecológica. Alvin Toffler en su libro El shock del futuro señala que la ciencia ficción es un tipo de literatura sin restricción en donde todos los puntos de vista son explorados. En el relato, se presenta a nuestro planeta desde una curiosa perspectiva que más de alguna reflexión logra extraerle a uno.

Tiempo atrás, Pablo, un gran admirador de Philip K. Dick, escribió un ensayo para el fanzine Fobos. Aquel ensayo apareció en el #18 (junio de 2003) y se tituló Philip K. y la guerra. Debido al valor de aquel trabajo, se ha creído que es una buena idea el divulgarlo también en TauZero.

Por otro lado, el buen Sergio, alguna vez me comentó que estaba preparando un ensayo sobre mi superhéroe favorito: Superman. En algún momento me envió un borrador para que evaluara los cálculos sobre la gravedad kryptoniana y la terrestre. Los resultados distaron mucho de dejarme conforme y así se lo hice saber. Pero el buen Sergio, desconfiado por naturaleza, no aceptó mis razones y exigió una opinión experta. Suspiré y decidí buscar la opinión autorizada que me solicitaba. Buscando y buscando, finalmente logré convencer a mi amigo Julio para que hiciera los cálculos necesarios… cuando se los enseñe a Sergio, parece que tampoco estuvo conforme… desafortunadamente para él, los resultados matemáticos son irrebatibles… De todas formas, para tener la última palabra en la discusión, me exigió que en la editorial me explayara sobre la razón de mi gusto por este superhéroe que usa la ropa interior encima de sus ridículamente ajustados pantalones.

Superman es un ser con características únicas en nuestro mundo. Criado por gente sencilla, este extraterrestre adquirió una moralidad casi idealizada. Estos valores únicos, unidos a sus extraordinarias habilidades, las utiliza para ayudar a los humanos, defendiéndolos de super-villanos y diversas catástrofes que, de otro modo, producirían un gran perjuicio en la civilización. El ser un estorbo para los inmorales planes de los chicos malos le ha obligado a utilizar un alter ego de actitud diametralmente opuesta a la del héroe, con el objeto de poder llevar una vida normal, hasta donde ello sea posible…

Y bueno, la verdad es que personalmente me identifico con este personaje. Por supuesto que no ando por ahí vistiendo mallas ni capa ni me lanzo desde los techos de las casas; pero de alguna manera me siento con la obligación de ayudar a los humanos. De forma similar al amigo kryptoniano, normalmente soy de carácter apacible, inocente e incluso hasta tengo cara de tonto, según algun@s. La verdad es que aquello no me afecta en lo más mínimo, pues prefiero que se me vea así, en vez de un ser arrogante y desagradable, por ejemplo. Aquella actitud, sin embargo, tiende a acabarse en cuanto siento que se intenta vulnerar mi dignidad o la de alguna persona que goza de mis simpatías: en aquel momento rasgo mis vestiduras, dejando al descubierto una gran “S” en el pecho, la aparente cara de tonto se desaparece, un risito me cae en la frente, y todo el poder dormido en el interior emerge para castigar y poner en su justo lugar al insolente. De todas formas, aquello no ocurre con mucha frecuencia, pues la mayor parte del tiempo y con la mayor parte de los villanos no vale la pena utilizar mis poderes… A diferencia del kryptoniano, yo no soy completamente invulnerable, pero al menos lo soy de actitud jejeje. Mi punto débil, mi kryptonita, es la sangre. Soy hemofóbico y la sola vista de la sangre muchas veces me marea y, algunas veces, me induce al desmayo. Podría continuar señalando paralelos, como por ejemplo el equivalente de Lois Lane, pero la verdad es que no quiero hacer de esta editorial un libro, de modo que finalizo aquí.

Hasta la próxima!

Rodrigo Mundaca Contreras